
Astaroth, Bélcebu, Lucifer (2026)
Independiente
Tracklist:
01. Astaroth
02. Artesano Cósmico
03. Bélcebu
04. Solve Et Coagula
05. Lucifer
06. Crux Sacra
Por: Freya Beatriz Sesma
Desde las profundidades del underground de la Ciudad de México, Montsanto entrega una obra masiva, densa y cargada de una identidad cultural fascinante. Astaroth, Belcebú, Lucifer es un viajesote que fusiona la pesadez aplastante del doom metal con las texturas arenosas del stoner, la crudeza del sludge y la hipnosis del drone. Una atmósfera inmersiva que rinde homenaje al cine de culto mexicano y la mística de la lucha libre. Al escucharlo, es inevitable imaginar una de esas clásicas películas en blanco y negro donde “El Santo” o “Blue Demon” se enfrentan a sectas satánicas, vampiros y monstruos de bajo presupuesto, pero con una banda sonora que suena como si la tierra misma se estuviera abriendo.
El sonido de Montsanto está construido sobre muros de fuzz y afinaciones bajísimas. La producción (o la intencional falta de pulcritud en ella) le da un tono añejo que encaja perfectamente con su temática de horror de serie clasificación B. Los elementos de drone aseguran que el oyente sea arrastrado lentamente hacia un trance, mientras que los riffs de stoner y sludge le inyectan el ritmo necesario para que la experiencia se vuelva un ritual ocultista lleno de groove.
La lista de canciones está diseñada como un descenso gradual a los infiernos, invocando a la trinidad impía que da título al disco, con “Astaroth” da pie a una apertura monumental y desafiante. Con casi trece minutos de duración, este tema es un ejercicio puro de drone y doom. Se toma su tiempo para construir una muralla de sonido asfixiante, marcando el paso lento y pesado que dominará el resto del disco. Es el equivalente sonoro a la lenta resurrección del villano en una película de terror de los años 60; “Artesano Cósmico” es un respiro relativo tras la colosal pista inicial. Aquí se notan más las influencias del Stoner, con un riff más directo y cabalgante que evoca viajes astrales y psicodelia oscura.
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En “Bélcebu” empieza la obscuridad absoluta. La segunda entidad demoníaca es invocada con un sludge viscoso, crudo y agresivo. La atmósfera se siente amenazante, ideal para una escena de combate en un ring rodeado de fuego; “Solve Et Coagula” hace referencia a la máxima alquímica de “disolver y coagular*, esta pista funciona como el puente perfecto hacia el clímax. Probablemente el tema más dinámico del disco, donde los cambios de tempo mantienen al oyente atrapado en su telaraña de distorsión; “Lucifer”: El portador de la luz llega con una densidad brutal. Los riffs aquí son monolíticos, arrastrándose con una lentitud solemne y fúnebre. Es el punto más alto del concepto de doom tradicional dentro del álbum.
“Crux Sacra” es el cierre perfecto (“La Santa Cruz”), tras invocar a los tres demonios, el álbum termina con un ritual sonoro catártico de más de ocho minutos. Mezcla el zumbido hipnótico del drone con golpes rítmicos que suenan como una procesión fúnebre, dejando que el acople de las guitarras se desvanezca en el vacío.
Astaroth, Belcebú, Lucifer es una declaración de intenciones siniestra por parte de Montsanto. Logra que el ocultismo pesado del doom metal conecte de manera tan natural con el imaginario de la lucha libre y el cine fantástico mexicano. Altamente recomendado para los puristas del sonido lento y denso, pero sobre todo para aquellos que aprecian cuando una banda inyecta su propia identidad cultural e idiosincrasia en géneros que suelen ser muy rígidos. Prepárate para afinar en tonos graves, ponerte la máscara de plata y bajar a pelear contra los demonios del averno.

Astaroth, Bélcebu, Lucifer (2026)
Independiente
Tracklist:
01. Astaroth
02. Artesano Cósmico
03. Bélcebu
04. Solve Et Coagula
05. Lucifer
06. Crux Sacra
Por: Freya Beatriz Sesma
Desde las profundidades del underground de la Ciudad de México, Montsanto entrega una obra masiva, densa y cargada de una identidad cultural fascinante. Astaroth, Belcebú, Lucifer es un viajesote que fusiona la pesadez aplastante del doom metal con las texturas arenosas del stoner, la crudeza del sludge y la hipnosis del drone. Una atmósfera inmersiva que rinde homenaje al cine de culto mexicano y la mística de la lucha libre. Al escucharlo, es inevitable imaginar una de esas clásicas películas en blanco y negro donde “El Santo” o “Blue Demon” se enfrentan a sectas satánicas, vampiros y monstruos de bajo presupuesto, pero con una banda sonora que suena como si la tierra misma se estuviera abriendo.
El sonido de Montsanto está construido sobre muros de fuzz y afinaciones bajísimas. La producción (o la intencional falta de pulcritud en ella) le da un tono añejo que encaja perfectamente con su temática de horror de serie clasificación B. Los elementos de drone aseguran que el oyente sea arrastrado lentamente hacia un trance, mientras que los riffs de stoner y sludge le inyectan el ritmo necesario para que la experiencia se vuelva un ritual ocultista lleno de groove.
La lista de canciones está diseñada como un descenso gradual a los infiernos, invocando a la trinidad impía que da título al disco, con “Astaroth” da pie a una apertura monumental y desafiante. Con casi trece minutos de duración, este tema es un ejercicio puro de drone y doom. Se toma su tiempo para construir una muralla de sonido asfixiante, marcando el paso lento y pesado que dominará el resto del disco. Es el equivalente sonoro a la lenta resurrección del villano en una película de terror de los años 60; “Artesano Cósmico” es un respiro relativo tras la colosal pista inicial. Aquí se notan más las influencias del Stoner, con un riff más directo y cabalgante que evoca viajes astrales y psicodelia oscura.
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En “Bélcebu” empieza la obscuridad absoluta. La segunda entidad demoníaca es invocada con un sludge viscoso, crudo y agresivo. La atmósfera se siente amenazante, ideal para una escena de combate en un ring rodeado de fuego; “Solve Et Coagula” hace referencia a la máxima alquímica de “disolver y coagular*, esta pista funciona como el puente perfecto hacia el clímax. Probablemente el tema más dinámico del disco, donde los cambios de tempo mantienen al oyente atrapado en su telaraña de distorsión; “Lucifer”: El portador de la luz llega con una densidad brutal. Los riffs aquí son monolíticos, arrastrándose con una lentitud solemne y fúnebre. Es el punto más alto del concepto de doom tradicional dentro del álbum.
“Crux Sacra” es el cierre perfecto (“La Santa Cruz”), tras invocar a los tres demonios, el álbum termina con un ritual sonoro catártico de más de ocho minutos. Mezcla el zumbido hipnótico del drone con golpes rítmicos que suenan como una procesión fúnebre, dejando que el acople de las guitarras se desvanezca en el vacío.
Astaroth, Belcebú, Lucifer es una declaración de intenciones siniestra por parte de Montsanto. Logra que el ocultismo pesado del doom metal conecte de manera tan natural con el imaginario de la lucha libre y el cine fantástico mexicano. Altamente recomendado para los puristas del sonido lento y denso, pero sobre todo para aquellos que aprecian cuando una banda inyecta su propia identidad cultural e idiosincrasia en géneros que suelen ser muy rígidos. Prepárate para afinar en tonos graves, ponerte la máscara de plata y bajar a pelear contra los demonios del averno.







