


La noche de metal y rock progresivo de Haken, en el marco de su gira In A Fever Dream Europe, tuvo en Ancient Fragments e Ihlo dos excelentes aliados para abrir el camino hacia el plato fuerte. Ambas formaciones demostraron la riqueza y versatilidad de la escena contemporánea con dos actuaciones sólidas y precisas, donde la solvencia técnica, las atmósferas cinemáticas y la contundencia sonora fueron elevando progresivamente la temperatura de la sala.
Ancient Fragments rompió el fuego con una propuesta que equilibró la contundencia del djent con pasajes de notable belleza melódica. Desde los primeros compases de “Naive”, la banda dejó patente su solvencia rítmica y la amplitud de su registro vocal, alternando pasajes cristalinos con matices rasgados. Sin apenas conceder respiro, aceleraron las pulsaciones con “Here I Remain”, apoyándose en giros métricos impredecibles y capas de sintetizador que envolvieron la sala en un sonido denso y expansivo.
Hacia el ecuador de su actuación, la dimensión épica e hipnótica de “Horizon” permitió descubrir su faceta más cinematográfica, antes de cerrar el set con el demoledor riffage de “Fever Dream”. Un broche contundente para una actuación quirúrgica, fresca y muy bien recibida por el público.
Tomando el relevo sobre el escenario, Ihlo elevó aún más el listón con un directo de enorme carga emocional y ejecución milimétrica. La formación británica arrancó con la fuerza sincopada de “Wraith”, cuyo pulso pesado y sus melodías de marcada fragilidad atraparon a la audiencia desde el primer acorde. A continuación, enlazaron con naturalidad con “Source”, desplegando amplios colchones de teclado y texturas atmosféricas que desembocaron en un estribillo explosivo.
El concierto de Ihlo alcanzó uno de sus momentos culminantes con la progresión in crescendo de “Reanimate”, un auténtico ejercicio de tensión y liberación en el que cada instrumento encontró su espacio con absoluta nitidez. Tras la melancólica y dinámica “Cenotaph”, los británicos encararon el tramo final con “Parhelion”, condensando sus riffs más incisivos antes de desembocar en un cierre de intensidad asfixiante.
Hay conciertos que comienzan cuando se apagan las luces. El de Haken en Barcelona empezó un poco antes: desde los primeros instantes, la expectación de una sala completamente entregada dejaba claro que el público había venido dispuesto a dejarse llevar por el particular universo sonoro de la banda británica.
Haken es una de las formaciones más reconocibles del metal progresivo contemporáneo. Su música combina precisión técnica, fuerza, cambios de ritmo, amplias atmósferas y una manera especialmente cuidada de construir cada composición. Pero, por encima de todo, la banda ha conseguido desarrollar una identidad propia dentro de una escena en la que diferenciarse no resulta sencillo.
En directo, esa identidad adquiere una dimensión todavía más física. La iluminación, las sombras, los cambios de intensidad y la disposición de los músicos sobre el escenario forman parte de un mismo lenguaje. No estoy simplemente ante una banda ejecutando sus canciones: todo parece pensado para convertir la música en una experiencia visual y envolvente.
Nada más comenzar, la oscuridad domina la sala. Entre luces y sombras aparece un círculo rojo, prácticamente el único elemento reconocible sobre el escenario. La imagen resulta hipnótica y, durante unos segundos, concentra toda mi atención. Es la antesala perfecta para lo que está a punto de suceder.
Desde el primer minuto, Haken consigue una conexión inmediata con el público. Las palmas espontáneas comienzan a marcar el ritmo y, casi sin darme cuenta, se establece una especie de comunión entre el escenario y la audiencia. Cada cambio rítmico, cada riff y cada pasaje instrumental encuentra su respuesta al otro lado de la sala. La sensación es la de estar asistiendo a algo que se construye entre todos.
El sonido se vuelve progresivamente más contundente. La batería de Raymond Hearne sostiene buena parte de la arquitectura del concierto, mientras guitarras y bajo funcionan como dos columnas que mantienen en pie el entramado instrumental. Richard Henshall, convertido en el único guitarrista de la formación, adquiere un protagonismo especial, mientras Pete Jones amplía el espacio sonoro con sus teclados y sintetizadores.
Al frente, Ross Jennings se mueve con naturalidad entre los registros melódicos y los momentos de mayor agresividad. En el repertorio más reciente aparecen también voces rasgadas, incorporadas por primera vez al directo, que aportan una dimensión diferente a algunas de las composiciones.
La gira sirve también como presentación en directo de las nuevas canciones de In a Fever Dream. El repertorio incorpora varios estrenos absolutos, algo que convierte la experiencia en especialmente interesante incluso para quienes conocen bien la trayectoria de la banda.
“In a Fever Dream” abre la puerta a este nuevo universo. Su carácter atmosférico e introspectivo va creciendo poco a poco hasta desembocar en un desarrollo instrumental de mayor intensidad, apoyado en baterías complejas y sintetizadores envolventes. Es un comienzo que deja claro desde dónde quiere hablar Haken esta noche. Después llega “Initiate”, recuperando una pieza fundamental del repertorio de Vector. El contraste funciona a la perfección: la banda puede pasar de las atmósferas más abstractas a una descarga mucho más directa sin perder en ningún momento la coherencia.
Con “Delirium”, otro estreno en directo, la intensidad aumenta. El tema avanza con un pulso firme y demuestra que la complejidad no tiene por qué estar reñida con la contundencia. Algo parecido sucede con “Bleeding Sky”, donde los riffs pesados conviven con líneas vocales melódicas y una marcada sensación de dinamismo. A lo largo del concierto percibo constantemente ese equilibrio que define a Haken: por un lado, la precisión casi matemática del metal progresivo; por otro, una búsqueda evidente de emoción. La técnica está presente en cada detalle, pero rara vez parece convertirse en un fin en sí misma.
“Sempiternal Beings”, perteneciente a Fauna, representa otra etapa de la trayectoria reciente de la banda y permite comprobar cómo el repertorio mantiene un hilo conductor pese a recorrer diferentes momentos de su carrera. Uno de los momentos que más me llama la atención llega con “A Cell Divides”, recuperada por primera vez desde 2020. Su regreso introduce una inevitable dosis de nostalgia para quienes siguen a la banda desde la etapa de Vector, pero también funciona perfectamente dentro de la dinámica del concierto.
La parte instrumental adquiere después un protagonismo especial con “The Endless Knot” y “Nil by Mouth”. En esta última, un solo de teclado irrumpe entre una iluminación dominada por tonos rojos y blancos. Las sombras vuelven a apoderarse del escenario mientras la voz de Jennings aporta un matiz más oscuro y angustioso. Durante unos instantes, música e iluminación parecen formar una única pieza. Y esa tensión entre contrastes se mantiene durante toda la noche: luz y oscuridad, melodía y agresividad, pasajes ambientales y auténticas explosiones instrumentales.
Una de las cosas que más valoro del concierto es que la técnica nunca parece estar ahí únicamente para demostrar capacidad. Todo está al servicio de la canción. Guitarras, bajo y batería construyen una base contundente, mientras los teclados amplían las dimensiones del sonido. La iluminación acompaña cada transición y convierte algunos pasajes en auténticas estampas visuales, pero sin competir con la música.
Haken entiende el directo como una extensión natural de sus composiciones. Las atmósferas densas, los cambios de ritmo y los desarrollos progresivos encuentran una traducción visual que ayuda a mantener la atención incluso durante los momentos más complejos. Hay instantes en los que la banda parece desaparecer parcialmente entre las sombras para volver a emerger con toda su fuerza. En otros, el rojo domina por completo el escenario y transforma la sala en un espacio casi irreal. Yo misma tengo la sensación de estar entrando y saliendo constantemente de distintos estados de ánimo.
A medida que el concierto se acerca al final, la intensidad no disminuye. “Invasion”, procedente de Virus, vuelve a conectar con una de las etapas más potentes de la banda, mientras “Eclipsed by You”, otro estreno en directo, introduce un contraste más atmosférico e íntimo.
Después llega “Lotus”, una composición extensa y progresiva que se convierte en uno de los grandes momentos del bloque principal. Aquí Haken despliega todo su arsenal: cambios rítmicos, capas de sonido, desarrollos instrumentales y una construcción que avanza poco a poco hasta alcanzar su punto culminante.
Cuando los músicos abandonan el escenario, el público todavía espera más. Yo también tengo la sensación de que la noche no debería haber terminado todavía. Finalmente, la banda regresa para interpretar “Prosthetic”, un cierre explosivo construido sobre riffs agresivos y una energía especialmente física. El último tramo del concierto se convierte en una descarga colectiva y la respuesta de la sala está a la altura.
La despedida es intensa. El público responde con cánticos y aplausos mientras los músicos se reúnen sobre el escenario. Durante unos instantes parece que todavía puede llegar otro capítulo, pero finalmente no hay un nuevo bis.
Poco a poco, los asistentes comienzan a abandonar la sala. Algunos se detienen frente al puesto de merchandising para llevarse una camiseta, un CD o algún otro recuerdo de Haken. La noche se va apagando de la misma manera en que comenzó: entre luces, sombras y la sensación de haber recorrido durante unas horas un universo sonoro muy particular.
Al salir, me queda la impresión de haber asistido a un concierto cuidadosamente construido hasta el último detalle. Haken no necesita convertir su directo en un espectáculo excesivo. Le basta con conseguir que música, iluminación e interpretación avancen en la misma dirección.
Y cuando esas tres piezas encajan, el resultado es un directo intenso, envolvente y profundamente reconocible. Una noche de metal progresivo en la que la técnica nunca estuvo reñida con la emoción.
- @pablogandaraph
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La noche de metal y rock progresivo de Haken, en el marco de su gira In A Fever Dream Europe, tuvo en Ancient Fragments e Ihlo dos excelentes aliados para abrir el camino hacia el plato fuerte. Ambas formaciones demostraron la riqueza y versatilidad de la escena contemporánea con dos actuaciones sólidas y precisas, donde la solvencia técnica, las atmósferas cinemáticas y la contundencia sonora fueron elevando progresivamente la temperatura de la sala.
Ancient Fragments rompió el fuego con una propuesta que equilibró la contundencia del djent con pasajes de notable belleza melódica. Desde los primeros compases de “Naive”, la banda dejó patente su solvencia rítmica y la amplitud de su registro vocal, alternando pasajes cristalinos con matices rasgados. Sin apenas conceder respiro, aceleraron las pulsaciones con “Here I Remain”, apoyándose en giros métricos impredecibles y capas de sintetizador que envolvieron la sala en un sonido denso y expansivo.
Hacia el ecuador de su actuación, la dimensión épica e hipnótica de “Horizon” permitió descubrir su faceta más cinematográfica, antes de cerrar el set con el demoledor riffage de “Fever Dream”. Un broche contundente para una actuación quirúrgica, fresca y muy bien recibida por el público.
Tomando el relevo sobre el escenario, Ihlo elevó aún más el listón con un directo de enorme carga emocional y ejecución milimétrica. La formación británica arrancó con la fuerza sincopada de “Wraith”, cuyo pulso pesado y sus melodías de marcada fragilidad atraparon a la audiencia desde el primer acorde. A continuación, enlazaron con naturalidad con “Source”, desplegando amplios colchones de teclado y texturas atmosféricas que desembocaron en un estribillo explosivo.
El concierto de Ihlo alcanzó uno de sus momentos culminantes con la progresión in crescendo de “Reanimate”, un auténtico ejercicio de tensión y liberación en el que cada instrumento encontró su espacio con absoluta nitidez. Tras la melancólica y dinámica “Cenotaph”, los británicos encararon el tramo final con “Parhelion”, condensando sus riffs más incisivos antes de desembocar en un cierre de intensidad asfixiante.
Hay conciertos que comienzan cuando se apagan las luces. El de Haken en Barcelona empezó un poco antes: desde los primeros instantes, la expectación de una sala completamente entregada dejaba claro que el público había venido dispuesto a dejarse llevar por el particular universo sonoro de la banda británica.
Haken es una de las formaciones más reconocibles del metal progresivo contemporáneo. Su música combina precisión técnica, fuerza, cambios de ritmo, amplias atmósferas y una manera especialmente cuidada de construir cada composición. Pero, por encima de todo, la banda ha conseguido desarrollar una identidad propia dentro de una escena en la que diferenciarse no resulta sencillo.
En directo, esa identidad adquiere una dimensión todavía más física. La iluminación, las sombras, los cambios de intensidad y la disposición de los músicos sobre el escenario forman parte de un mismo lenguaje. No estoy simplemente ante una banda ejecutando sus canciones: todo parece pensado para convertir la música en una experiencia visual y envolvente.
Nada más comenzar, la oscuridad domina la sala. Entre luces y sombras aparece un círculo rojo, prácticamente el único elemento reconocible sobre el escenario. La imagen resulta hipnótica y, durante unos segundos, concentra toda mi atención. Es la antesala perfecta para lo que está a punto de suceder.
Desde el primer minuto, Haken consigue una conexión inmediata con el público. Las palmas espontáneas comienzan a marcar el ritmo y, casi sin darme cuenta, se establece una especie de comunión entre el escenario y la audiencia. Cada cambio rítmico, cada riff y cada pasaje instrumental encuentra su respuesta al otro lado de la sala. La sensación es la de estar asistiendo a algo que se construye entre todos.
El sonido se vuelve progresivamente más contundente. La batería de Raymond Hearne sostiene buena parte de la arquitectura del concierto, mientras guitarras y bajo funcionan como dos columnas que mantienen en pie el entramado instrumental. Richard Henshall, convertido en el único guitarrista de la formación, adquiere un protagonismo especial, mientras Pete Jones amplía el espacio sonoro con sus teclados y sintetizadores.
Al frente, Ross Jennings se mueve con naturalidad entre los registros melódicos y los momentos de mayor agresividad. En el repertorio más reciente aparecen también voces rasgadas, incorporadas por primera vez al directo, que aportan una dimensión diferente a algunas de las composiciones.
La gira sirve también como presentación en directo de las nuevas canciones de In a Fever Dream. El repertorio incorpora varios estrenos absolutos, algo que convierte la experiencia en especialmente interesante incluso para quienes conocen bien la trayectoria de la banda.
“In a Fever Dream” abre la puerta a este nuevo universo. Su carácter atmosférico e introspectivo va creciendo poco a poco hasta desembocar en un desarrollo instrumental de mayor intensidad, apoyado en baterías complejas y sintetizadores envolventes. Es un comienzo que deja claro desde dónde quiere hablar Haken esta noche. Después llega “Initiate”, recuperando una pieza fundamental del repertorio de Vector. El contraste funciona a la perfección: la banda puede pasar de las atmósferas más abstractas a una descarga mucho más directa sin perder en ningún momento la coherencia.
Con “Delirium”, otro estreno en directo, la intensidad aumenta. El tema avanza con un pulso firme y demuestra que la complejidad no tiene por qué estar reñida con la contundencia. Algo parecido sucede con “Bleeding Sky”, donde los riffs pesados conviven con líneas vocales melódicas y una marcada sensación de dinamismo. A lo largo del concierto percibo constantemente ese equilibrio que define a Haken: por un lado, la precisión casi matemática del metal progresivo; por otro, una búsqueda evidente de emoción. La técnica está presente en cada detalle, pero rara vez parece convertirse en un fin en sí misma.
“Sempiternal Beings”, perteneciente a Fauna, representa otra etapa de la trayectoria reciente de la banda y permite comprobar cómo el repertorio mantiene un hilo conductor pese a recorrer diferentes momentos de su carrera. Uno de los momentos que más me llama la atención llega con “A Cell Divides”, recuperada por primera vez desde 2020. Su regreso introduce una inevitable dosis de nostalgia para quienes siguen a la banda desde la etapa de Vector, pero también funciona perfectamente dentro de la dinámica del concierto.
La parte instrumental adquiere después un protagonismo especial con “The Endless Knot” y “Nil by Mouth”. En esta última, un solo de teclado irrumpe entre una iluminación dominada por tonos rojos y blancos. Las sombras vuelven a apoderarse del escenario mientras la voz de Jennings aporta un matiz más oscuro y angustioso. Durante unos instantes, música e iluminación parecen formar una única pieza. Y esa tensión entre contrastes se mantiene durante toda la noche: luz y oscuridad, melodía y agresividad, pasajes ambientales y auténticas explosiones instrumentales.
Una de las cosas que más valoro del concierto es que la técnica nunca parece estar ahí únicamente para demostrar capacidad. Todo está al servicio de la canción. Guitarras, bajo y batería construyen una base contundente, mientras los teclados amplían las dimensiones del sonido. La iluminación acompaña cada transición y convierte algunos pasajes en auténticas estampas visuales, pero sin competir con la música.
Haken entiende el directo como una extensión natural de sus composiciones. Las atmósferas densas, los cambios de ritmo y los desarrollos progresivos encuentran una traducción visual que ayuda a mantener la atención incluso durante los momentos más complejos. Hay instantes en los que la banda parece desaparecer parcialmente entre las sombras para volver a emerger con toda su fuerza. En otros, el rojo domina por completo el escenario y transforma la sala en un espacio casi irreal. Yo misma tengo la sensación de estar entrando y saliendo constantemente de distintos estados de ánimo.
A medida que el concierto se acerca al final, la intensidad no disminuye. “Invasion”, procedente de Virus, vuelve a conectar con una de las etapas más potentes de la banda, mientras “Eclipsed by You”, otro estreno en directo, introduce un contraste más atmosférico e íntimo.
Después llega “Lotus”, una composición extensa y progresiva que se convierte en uno de los grandes momentos del bloque principal. Aquí Haken despliega todo su arsenal: cambios rítmicos, capas de sonido, desarrollos instrumentales y una construcción que avanza poco a poco hasta alcanzar su punto culminante.
Cuando los músicos abandonan el escenario, el público todavía espera más. Yo también tengo la sensación de que la noche no debería haber terminado todavía. Finalmente, la banda regresa para interpretar “Prosthetic”, un cierre explosivo construido sobre riffs agresivos y una energía especialmente física. El último tramo del concierto se convierte en una descarga colectiva y la respuesta de la sala está a la altura.
La despedida es intensa. El público responde con cánticos y aplausos mientras los músicos se reúnen sobre el escenario. Durante unos instantes parece que todavía puede llegar otro capítulo, pero finalmente no hay un nuevo bis.
Poco a poco, los asistentes comienzan a abandonar la sala. Algunos se detienen frente al puesto de merchandising para llevarse una camiseta, un CD o algún otro recuerdo de Haken. La noche se va apagando de la misma manera en que comenzó: entre luces, sombras y la sensación de haber recorrido durante unas horas un universo sonoro muy particular.
Al salir, me queda la impresión de haber asistido a un concierto cuidadosamente construido hasta el último detalle. Haken no necesita convertir su directo en un espectáculo excesivo. Le basta con conseguir que música, iluminación e interpretación avancen en la misma dirección.
Y cuando esas tres piezas encajan, el resultado es un directo intenso, envolvente y profundamente reconocible. Una noche de metal progresivo en la que la técnica nunca estuvo reñida con la emoción.
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