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Jaqueline Vanek (Molded in Blackness): “No organizo un evento: construyo un universo inmersivo”
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Con motivo de la celebración este próximo mes de octubre de Molded in Blackness —un encuentro pionero que entrelaza la densidad de la música extrema con la vanguardia de las artes plásticas oscuras—, desde Track to Hell iniciamos una serie de conversaciones con sus protagonistas para desgranar los matices de una propuesta inédita en la sala Revi Live de Madrid.

En esta ocasión, tenemos el privilegio de dialogar con la creadora, directora y comisaria de la muestra: la galardonada fotógrafa y artista visual de origen austriaco Jaqueline Vanek. Con una trayectoria firmemente consolidada en el simbolismo y el surrealismo conceptual, Vanek analiza con nosotros las inquietudes conceptuales que dieron vida al festival, las sinergias entre el sonido y la imagen, y los pilares fundamentales que sustentan su aplaudido imaginario fotográfico.


– Molded in Blackness se presenta como una propuesta con una identidad sumamente definida y atmosférica. ¿Cuál fue el catalizador o la inquietud personal que te impulsó a dar vida a este proyecto y a coordinar un encuentro de estas características?

Molded in Blackness nace de una necesidad muy personal. Llevo gran parte de mi vida moviéndome entre la fotografía, las artes visuales, la música oscura y diferentes formas de expresión que suelen habitar espacios alternativos. Durante años sentí que existían escenas paralelas que compartían una sensibilidad común, pero que rara vez se encontraban en un mismo lugar de manera orgánica.

Quería crear una experiencia donde la música, la imagen, la estética, la oscuridad, la emoción y la creatividad convivieran bajo una misma identidad. No se trata simplemente de organizar un evento, sino de construir un universo inmersivo donde las personas puedan sentirse identificadas, inspiradas y libres para conectar con aquello que normalmente permanece oculto.

Además, este proyecto representa un gran reto personal y profesional para mí. Por primera vez estoy poniendo realmente en práctica los conocimientos adquiridos durante mis estudios como Experto en Gestión Cultural, Dirección y Gestión de Galerías y Nuevos Espacios Culturales

Molded in Blackness comenzó como una iniciativa completamente personal, impulsada en solitario y con mucha ilusión, y en el camino he tenido la suerte de encontrar personas que han creído en la idea y me están tendiendo la mano de distintas maneras. Su apoyo, colaboración y confianza son algo que agradezco infinitamente, porque me recuerdan que los proyectos culturales más especiales suelen construirse gracias a la suma de muchas voluntades y sensibilidades compartidas.

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– La elección del espacio es crucial para acompañar a un evento como este. ¿Qué te ha llevado a escoger la sala Revi Live como el templo donde albergar esta experiencia?

Buscaba un espacio que permitiera cuidar la atmósfera y la experiencia visual. Revi Live ofrecía precisamente ese equilibrio. Es una sala que permite trabajar con una puesta en escena potente, con buenas condiciones técnicas y suficiente versatilidad para desarrollar la identidad que quiero transmitir. Para mí era muy importante que el espacio no fuera únicamente un contenedor, sino una parte activa de la experiencia, aportando un gran escenario, buen sonido e iluminación.

Además, buscaba un lugar que me permitiera integrar otra de las dimensiones fundamentales de Molded in Blackness: el arte visual. Desde el principio tuve claro que quería dar espacio a la obra de diferentes artistas y crear un diálogo natural entre la música y las artes visuales. Revi Live ofrece esa posibilidad, permitiendo que las exposiciones formen parte de la experiencia general del evento y que el público pueda descubrir distintas propuestas creativas en un mismo entorno. De esta forma, el espacio se convierte en algo más que una sala de conciertos: en un punto de encuentro para distintas disciplinas artísticas que comparten una sensibilidad común.

– Lo que se ha revelado del cartel es realmente apetecible. Como mente creadora del evento, ¿qué criterio has seguido a la hora de invitar a los artistas y bandas que formarán parte?

Más allá de estilos concretos, he buscado artistas que transmitan algo auténtico. Me interesan las propuestas con personalidad, aquellas que consiguen crear mundos propios y provocar emociones profundas.

Las bandas y artistas visuales seleccionados comparten una dimensión artística que va más allá de lo puramente musical o visual. Algunos destacan por su intensidad emocional, otros por su capacidad atmosférica o por la fuerza de su imaginario. Quería que cada participante aportara una pieza distinta a un mismo relato, que existiera diversidad, pero también coherencia.

En el caso de los artistas visuales, la selección también tiene un componente muy personal. Llevo años siguiendo el trabajo de algunos de ellos, observando su evolución creativa. Con varios de ellos he tenido además el privilegio de compartir exposiciones en galerías extranjeras, por lo que contar con su participación en Molded in Blackness supone para mí un doble honor, tanto a nivel profesional como humano.

Cada uno de los artistas participantes —Michał Karcz, Nihil, Sylwia Mazurek, Matthew Lombard, Esther Limones, Above Abyss, Jorge Romero y Melissa Antúnez— ocupa un lugar especial. Los considero creadores únicos, con una voz propia perfectamente reconocible. Aunque sus estilos y lenguajes son diferentes, todos comparten algo esencial: una conexión con la oscuridad entendida no como un elemento superficial o estético, sino como un territorio profundo de exploración emocional, simbólica y creativa. Esa mirada hacia lo oculto, lo introspectivo y lo trascendente es precisamente uno de los hilos conductores que une sus obras y que encaja de forma natural con la identidad de Molded in Blackness.

Algo similar ocurre con las bandas que forman parte de esta primera edición. Orly, Alta Rossa, The Moth Gatherer y Counteractt no han sido elegidas únicamente por su calidad musical, sino por su capacidad para generar emociones, atmósferas y narrativas propias. Son proyectos con identidad, honestidad y una sensibilidad artística que encaja perfectamente con la filosofía del evento.

En muchos casos llevo años siguiendo sus trayectorias, observando cómo han evolucionado y cómo han desarrollado universos creativos cada vez más personales. Reunir a todos estos artistas y bandas en un mismo espacio supone, para mí, la materialización de muchas influencias, admiraciones e inquietudes acumuladas durante años. De alguna manera, Molded in Blackness es también el punto de encuentro entre creadores cuya obra me ha acompañado durante mucho tiempo y que comparten una misma voluntad de explorar las zonas más profundas, emocionales y oscuras de la experiencia humana.

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– Dada tu trayectoria artística en la fotografía y el modelaje dentro de la cultura oscura, posees una mirada marcadamente plástica. Desde tu perspectiva, ¿cómo dialogan la música extrema y las artes visuales? ¿Qué sinergias se crean entre el sonido y la imagen?

Para mí siempre han estado profundamente conectadas. De hecho, muchas de mis fotografías nacen escuchando música. Hay canciones que inmediatamente generan imágenes en mi mente, paisajes emocionales o escenas completas que después intento traducir al lenguaje visual. En ese sentido, la música no solo acompaña mi proceso creativo, sino que muchas veces actúa como el detonante de una obra.

La música extrema tiene una enorme capacidad narrativa. Puede transmitir melancolía, trascendencia, espiritualidad, dolor, rabia o belleza sin necesidad de palabras. Las artes visuales hacen algo similar mediante la luz, la composición, la textura, el color o la ausencia de él. Ambas disciplinas trabajan con emociones, símbolos y atmósferas, aunque utilicen herramientas diferentes.

Desde mi perspectiva, tanto la música como la fotografía buscan provocar una reacción emocional en quien las experimenta. Un riff, una voz desgarrada o una determinada progresión musical pueden generar sensaciones muy parecidas a las que provoca una imagen poderosa. No se trata únicamente de lo que vemos o escuchamos, sino de aquello que sentimos y de las interpretaciones personales que nacen a partir de esa experiencia.

Además, dentro de las escenas oscuras, la dimensión visual siempre ha tenido una importancia enorme. Las portadas de discos, la estética de las bandas, la iluminación de los conciertos, el vestuario, la escenografía o incluso la identidad gráfica de un lanzamiento forman parte del mismo lenguaje artístico. Muchas veces la primera conexión que tenemos con una obra musical es visual, y esa imagen condiciona la manera en que nos acercamos al sonido.

Creo que cuando ambas disciplinas dialogan correctamente se produce una experiencia mucho más poderosa. La imagen amplifica la emoción del sonido y el sonido aporta movimiento, profundidad y contexto a la imagen. Es una relación casi simbiótica donde cada elemento potencia al otro.

Precisamente esa visión es una de las bases sobre las que he construido Molded in Blackness. Quería crear un espacio donde la música no estuviera aislada de las artes visuales, sino que ambas convivieran y se enriquecieran mutuamente. Que el público pudiera contemplar una obra, dejarse envolver por una atmósfera sonora y experimentar ambas cosas como parte de un mismo universo creativo. Porque, al menos para mí, nunca han sido disciplinas separadas, sino diferentes formas de expresar emociones, explorar la oscuridad y contar historias que muchas veces resultan difíciles de explicar con palabras.

– ¿Existe alguna banda, obra o álbum en particular que te haya inspirado especialmente a lo largo de tu vida, alguna que te haya dejado una impronta o te haya servido de banda sonora para tus procesos creativos?

Es difícil elegir porque la música ha sido una influencia constante durante toda mi vida. No la entiendo únicamente como entretenimiento, sino como una herramienta capaz de modificar estados emocionales, despertar recuerdos y abrir espacios mentales desde los que crear. Muchas de las fotografías, proyectos artísticos e incluso decisiones importantes que he tomado han estado acompañadas por una banda sonora concreta.

Sin embargo, hay bandas que han dejado una huella especialmente profunda en mi imaginario creativo. Amenra y Cult of Luna son dos ejemplos claros. Ambas poseen una capacidad extraordinaria para construir atmósferas emocionales intensas y paisajes sonoros que trascienden la música para convertirse casi en experiencias físicas.

También me han influido enormemente artistas y bandas que se mueven entre lo oscuro, lo ambiental y lo experimental. Me atraen especialmente aquellas propuestas que no buscan únicamente ser escuchadas, sino que crean universos completos. Son obras que invitan a la contemplación, que dejan espacio para la interpretación personal y que generan una sensación muy similar a la que experimento frente a una pieza artística poderosa.

Más allá de la inspiración estética, hay discos que han estado presentes en momentos importantes de mi vida y que inevitablemente han acabado formando parte de mi identidad creativa. Algunas obras se convierten en compañeras de viaje durante años; regresamos a ellas una y otra vez y, aunque las canciones no cambien, nosotros sí lo hacemos. Con cada escucha descubrimos nuevos matices y significados. Creo que esa capacidad de acompañarnos en diferentes etapas de la vida es una de las cosas más fascinantes que tiene la música.

Por eso me resulta difícil señalar un único álbum o una única obra. Más que canciones concretas, existen sonidos, atmósferas y emociones que han permanecido conmigo durante décadas y que siguen alimentando mi forma de entender la creatividad. Hay música que funciona como auténticas puertas hacia determinados estados emocionales, lugares de introspección desde los que nacen las ideas. Y cuando encuentro una canción capaz de provocar eso, sé que tarde o temprano acabará dejando algún rastro en mis fotografías, en mis proyectos o en la manera en que observo el mundo.

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– Tradicionalmente, las áreas de producción y dirección en los festivales de corte más extremo han estado masculinizadas. Como mujer, fotógrafa y gestora cultural liderando este proyecto, ¿cómo valoras la escena actual en términos de representación y liderazgo femeninos dentro de las vertientes artísticas más oscuras?

Creo que la situación ha mejorado considerablemente respecto a años atrás, aunque todavía existe margen para seguir avanzando.

Cada vez encontramos más mujeres liderando proyectos, dirigiendo festivales, trabajando en producción, fotografía, diseño, management, comunicación o formando parte de bandas. También vemos más mujeres ocupando espacios de decisión dentro de la industria cultural y musical, algo que durante mucho tiempo fue menos habitual. Esa diversidad enriquece enormemente la escena porque aporta nuevas perspectivas, sensibilidades y formas de entender la creación y la gestión cultural.

Además, creo que las escenas vinculadas a la música extrema, el arte oscuro y las culturas alternativas están viviendo una evolución interesante. Aunque históricamente muchos de estos ámbitos estuvieron dominados por hombres, hoy es mucho más común encontrar mujeres.

Personalmente nunca he querido que mi trabajo se definiera exclusivamente por el hecho de ser mujer. Siempre he preferido que hablen los proyectos, el esfuerzo invertido y los resultados obtenidos. Mi objetivo con Molded in Blackness no es demostrar que una mujer puede organizar un evento de estas características, sino crear una experiencia cultural de calidad que tenga identidad propia y que conecte con las personas.

Sin embargo, también soy consciente de que la visibilidad tiene un valor importante. Cuando una persona ve a alguien con quien puede identificarse ocupando determinados espacios, entiende que esos espacios también están a su alcance. Por eso considero que es positivo que existan referentes femeninos en todos los ámbitos de la cultura, no como una excepción o una rareza, sino como algo natural.

En mi propio recorrido profesional he tenido la suerte de encontrar mujeres extraordinarias dentro de la fotografía, las artes visuales, la música y la gestión cultural. Muchas de ellas han desarrollado papeles admirables con una enorme dedicación y profesionalidad, y creo que su trabajo ha contribuido a abrir caminos para las generaciones que vienen detrás.

También pienso que el verdadero avance llega cuando dejamos de sorprendernos por quién ocupa una posición de liderazgo y empezamos a valorar únicamente la calidad del trabajo realizado. Ojalá llegue un momento en el que no sea necesario destacar si quien dirige un festival, una galería o una banda es un hombre o una mujer, porque lo verdaderamente relevante sea la propuesta artística, la visión y la capacidad de llevarla a cabo.

En ese sentido, si Molded in Blackness puede aportar algo, me gustaría que fuera precisamente eso: demostrar que los proyectos culturales nacen de la pasión, la perseverancia y el compromiso, independientemente del género de la persona que los impulsa. Y si además puede servir de inspiración para que otras mujeres se animen a desarrollar sus propias iniciativas dentro de la música o el arte, será una satisfacción añadida.

– Este tipo de eventos van mucho más allá del puro entretenimiento. ¿Qué te gustaría a ti que el público se llevase consigo tras haber vivido la experiencia de Molded in Blackness?

Vivimos en una época donde todo sucede muy rápido y donde muchas experiencias se consumen de forma superficial. Molded in Blackness pretende ser justamente lo contrario: una experiencia que permanezca en la memoria más allá de las horas que dura el evento. No quiero que sea simplemente un concierto o una exposición a la que se asiste y luego se olvida, sino un momento capaz de dejar una huella emocional en quien lo vive.

Me gustaría que el público pudiera desconectar por unas horas del ruido cotidiano y sumergirse en un universo donde la música, el arte y la atmósfera inviten a sentir, reflexionar y experimentar las cosas de una manera más profunda. Que puedan descubrir una banda que no conocían, una obra que les conmueva o una conversación inesperada con alguien que comparte inquietudes similares.

También me gustaría que las personas sintieran que forman parte de algo más grande que ellas mismas. Uno de los aspectos que más valoro de las escenas alternativas es esa sensación de comunidad que surge cuando personas de lugares y trayectorias muy diferentes se reúnen alrededor de una sensibilidad común.

Si alguien sale del evento sintiendo que ha descubierto algo nuevo, que ha conectado consigo mismo, que ha encontrado inspiración o simplemente que durante unas horas ha pertenecido a un lugar donde se sentía comprendido, entonces habré conseguido mi objetivo. Y si semanas o meses después sigue recordando alguna canción, alguna imagen o alguna emoción vivida allí, sabré que Molded in Blackness ha cumplido realmente su propósito.

– Y, a nivel más personal, ¿qué es lo que a ti te genera una mayor expectación o ilusión de este evento?

Probablemente es el momento de verlo cobrar vida. Cuando trabajas durante muchos meses en una idea, llega un punto en el que deja de existir únicamente en tu cabeza y comienza a materializarse frente a ti. Durante todo ese tiempo convives con bocetos, conversaciones, correos, decisiones, dudas, ilusiones y horas de trabajo que muchas veces permanecen invisibles para los demás. Por eso creo que el instante en el que las puertas se abren y todo empieza a suceder tiene algo casi mágico.

Me emociona pensar en ver a los artistas cuyas obras he admirado durante años expuestas en un mismo espacio, observar cómo el público se detiene frente a ellas y descubrir las diferentes interpretaciones que cada persona hace de las mismas. Del mismo modo, será muy especial ver a las bandas sobre el escenario y sentir cómo toda la energía acumulada durante meses de preparación se transforma en una experiencia real y compartida.

También me ilusiona enormemente reunir a personas de diferentes disciplinas creativas dentro de un mismo entorno y comprobar las conexiones que surgen de manera espontánea. Muchas veces los proyectos más interesantes nacen precisamente de esos encuentros inesperados entre músicos, fotógrafos, ilustradores, artistas visuales o simplemente personas que comparten una sensibilidad similar.

Pero si soy sincera, hay un componente emocional muy importante. Molded in Blackness es un proyecto muy personal, una idea que me ha acompañado durante mucho tiempo y que finalmente he decidido hacer realidad. Por eso creo que una de las mayores satisfacciones será poder detenerme unos minutos en medio de todo el movimiento, observar lo que está ocurriendo y pensar: “ha valido la pena”. Ver cómo algo que comenzó como una intuición, una necesidad creativa y casi un sueño, se convierte en un espacio real lleno de arte, música y personas conectando entre sí es, sin duda, lo que más ilusión me hace.

– Además de la celebración de Molded in Blackness, ¿qué nuevos proyectos tienes en el horizonte?

Continúo desarrollando mi trabajo fotográfico y visual, que sigue siendo una parte fundamental de mi vida. Estoy continuamente trabajando nuevas imágenes y series personales donde continúo explorando conceptos relacionados con la identidad, la oscuridad, el simbolismo, el surrealismo y los paisajes emocionales. Son líneas de investigación artística que me acompañan desde hace años y que siguen evolucionando constantemente junto a mi propia experiencia personal y creativa.

Paralelamente, sigo trabajando con bandas y artistas a través de Obnubil Studio, realizando sesiones promocionales, retratos y distintos proyectos visuales vinculados al ámbito musical. La relación entre imagen y música continúa siendo uno de los ejes centrales de mi trabajo, y es un terreno en el que sigo encontrando nuevas formas de expresión y colaboración.

También continúo desarrollando mi labor como fotógrafa de conciertos, redactora y creadora de contenidos a través de Obnubil Magazine, fotografiando en festivales, realizando entrevistas y publicando reportajes relacionados con la escena musical nacional e internacional. De hecho, es bastante probable que cuando esta entrevista vea la luz me encuentre de camino a Copenhell, o ya inmersa en la cobertura del festival en Copenhague, con cámara en mano. Esa combinación entre viajar, descubrir música en directo, conocer personas creativas y contar historias a través de imágenes sigue siendo una de las cosas que más disfruto de mi profesión.

Además, sigo involucrada en proyectos vinculados al diseño, la dirección visual y mi marca Obnubil, así como en futuras colaboraciones artísticas que iré anunciando próximamente. Y, por supuesto, gran parte de mi energía está ahora centrada en el crecimiento de Molded in Blackness. Mi intención es que no sea únicamente un evento puntual, sino una plataforma cultural con recorrido, capaz de seguir generando encuentros entre música, arte y creación contemporánea en futuras ediciones.

En realidad, todos estos proyectos comparten una misma esencia. Ya sea a través de una fotografía, una exposición, una entrevista, una sesión para una banda o un evento como Molded in Blackness, mi objetivo sigue siendo el mismo: crear.

– Para aquellos que deseen profundizar en tu universo estético, ¿dónde o a través de qué plataformas podemos contemplar y seguir de cerca tu obra fotográfica?

La mejor forma de adentrarse en mi universo visual es a través de mi Instagram o mi página web oficial, donde pueden encontrar una selección amplia de mis trabajos:

En cuanto a todo trabajo relacionado con la música:

Y, por supuesto:

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Jaqueline Vanek (Molded in Blackness): “No organizo un evento: construyo un universo inmersivo”
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Con motivo de la celebración este próximo mes de octubre de Molded in Blackness —un encuentro pionero que entrelaza la densidad de la música extrema con la vanguardia de las artes plásticas oscuras—, desde Track to Hell iniciamos una serie de conversaciones con sus protagonistas para desgranar los matices de una propuesta inédita en la sala Revi Live de Madrid.

En esta ocasión, tenemos el privilegio de dialogar con la creadora, directora y comisaria de la muestra: la galardonada fotógrafa y artista visual de origen austriaco Jaqueline Vanek. Con una trayectoria firmemente consolidada en el simbolismo y el surrealismo conceptual, Vanek analiza con nosotros las inquietudes conceptuales que dieron vida al festival, las sinergias entre el sonido y la imagen, y los pilares fundamentales que sustentan su aplaudido imaginario fotográfico.


– Molded in Blackness se presenta como una propuesta con una identidad sumamente definida y atmosférica. ¿Cuál fue el catalizador o la inquietud personal que te impulsó a dar vida a este proyecto y a coordinar un encuentro de estas características?

Molded in Blackness nace de una necesidad muy personal. Llevo gran parte de mi vida moviéndome entre la fotografía, las artes visuales, la música oscura y diferentes formas de expresión que suelen habitar espacios alternativos. Durante años sentí que existían escenas paralelas que compartían una sensibilidad común, pero que rara vez se encontraban en un mismo lugar de manera orgánica.

Quería crear una experiencia donde la música, la imagen, la estética, la oscuridad, la emoción y la creatividad convivieran bajo una misma identidad. No se trata simplemente de organizar un evento, sino de construir un universo inmersivo donde las personas puedan sentirse identificadas, inspiradas y libres para conectar con aquello que normalmente permanece oculto.

Además, este proyecto representa un gran reto personal y profesional para mí. Por primera vez estoy poniendo realmente en práctica los conocimientos adquiridos durante mis estudios como Experto en Gestión Cultural, Dirección y Gestión de Galerías y Nuevos Espacios Culturales

Molded in Blackness comenzó como una iniciativa completamente personal, impulsada en solitario y con mucha ilusión, y en el camino he tenido la suerte de encontrar personas que han creído en la idea y me están tendiendo la mano de distintas maneras. Su apoyo, colaboración y confianza son algo que agradezco infinitamente, porque me recuerdan que los proyectos culturales más especiales suelen construirse gracias a la suma de muchas voluntades y sensibilidades compartidas.

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– La elección del espacio es crucial para acompañar a un evento como este. ¿Qué te ha llevado a escoger la sala Revi Live como el templo donde albergar esta experiencia?

Buscaba un espacio que permitiera cuidar la atmósfera y la experiencia visual. Revi Live ofrecía precisamente ese equilibrio. Es una sala que permite trabajar con una puesta en escena potente, con buenas condiciones técnicas y suficiente versatilidad para desarrollar la identidad que quiero transmitir. Para mí era muy importante que el espacio no fuera únicamente un contenedor, sino una parte activa de la experiencia, aportando un gran escenario, buen sonido e iluminación.

Además, buscaba un lugar que me permitiera integrar otra de las dimensiones fundamentales de Molded in Blackness: el arte visual. Desde el principio tuve claro que quería dar espacio a la obra de diferentes artistas y crear un diálogo natural entre la música y las artes visuales. Revi Live ofrece esa posibilidad, permitiendo que las exposiciones formen parte de la experiencia general del evento y que el público pueda descubrir distintas propuestas creativas en un mismo entorno. De esta forma, el espacio se convierte en algo más que una sala de conciertos: en un punto de encuentro para distintas disciplinas artísticas que comparten una sensibilidad común.

– Lo que se ha revelado del cartel es realmente apetecible. Como mente creadora del evento, ¿qué criterio has seguido a la hora de invitar a los artistas y bandas que formarán parte?

Más allá de estilos concretos, he buscado artistas que transmitan algo auténtico. Me interesan las propuestas con personalidad, aquellas que consiguen crear mundos propios y provocar emociones profundas.

Las bandas y artistas visuales seleccionados comparten una dimensión artística que va más allá de lo puramente musical o visual. Algunos destacan por su intensidad emocional, otros por su capacidad atmosférica o por la fuerza de su imaginario. Quería que cada participante aportara una pieza distinta a un mismo relato, que existiera diversidad, pero también coherencia.

En el caso de los artistas visuales, la selección también tiene un componente muy personal. Llevo años siguiendo el trabajo de algunos de ellos, observando su evolución creativa. Con varios de ellos he tenido además el privilegio de compartir exposiciones en galerías extranjeras, por lo que contar con su participación en Molded in Blackness supone para mí un doble honor, tanto a nivel profesional como humano.

Cada uno de los artistas participantes —Michał Karcz, Nihil, Sylwia Mazurek, Matthew Lombard, Esther Limones, Above Abyss, Jorge Romero y Melissa Antúnez— ocupa un lugar especial. Los considero creadores únicos, con una voz propia perfectamente reconocible. Aunque sus estilos y lenguajes son diferentes, todos comparten algo esencial: una conexión con la oscuridad entendida no como un elemento superficial o estético, sino como un territorio profundo de exploración emocional, simbólica y creativa. Esa mirada hacia lo oculto, lo introspectivo y lo trascendente es precisamente uno de los hilos conductores que une sus obras y que encaja de forma natural con la identidad de Molded in Blackness.

Algo similar ocurre con las bandas que forman parte de esta primera edición. Orly, Alta Rossa, The Moth Gatherer y Counteractt no han sido elegidas únicamente por su calidad musical, sino por su capacidad para generar emociones, atmósferas y narrativas propias. Son proyectos con identidad, honestidad y una sensibilidad artística que encaja perfectamente con la filosofía del evento.

En muchos casos llevo años siguiendo sus trayectorias, observando cómo han evolucionado y cómo han desarrollado universos creativos cada vez más personales. Reunir a todos estos artistas y bandas en un mismo espacio supone, para mí, la materialización de muchas influencias, admiraciones e inquietudes acumuladas durante años. De alguna manera, Molded in Blackness es también el punto de encuentro entre creadores cuya obra me ha acompañado durante mucho tiempo y que comparten una misma voluntad de explorar las zonas más profundas, emocionales y oscuras de la experiencia humana.

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– Dada tu trayectoria artística en la fotografía y el modelaje dentro de la cultura oscura, posees una mirada marcadamente plástica. Desde tu perspectiva, ¿cómo dialogan la música extrema y las artes visuales? ¿Qué sinergias se crean entre el sonido y la imagen?

Para mí siempre han estado profundamente conectadas. De hecho, muchas de mis fotografías nacen escuchando música. Hay canciones que inmediatamente generan imágenes en mi mente, paisajes emocionales o escenas completas que después intento traducir al lenguaje visual. En ese sentido, la música no solo acompaña mi proceso creativo, sino que muchas veces actúa como el detonante de una obra.

La música extrema tiene una enorme capacidad narrativa. Puede transmitir melancolía, trascendencia, espiritualidad, dolor, rabia o belleza sin necesidad de palabras. Las artes visuales hacen algo similar mediante la luz, la composición, la textura, el color o la ausencia de él. Ambas disciplinas trabajan con emociones, símbolos y atmósferas, aunque utilicen herramientas diferentes.

Desde mi perspectiva, tanto la música como la fotografía buscan provocar una reacción emocional en quien las experimenta. Un riff, una voz desgarrada o una determinada progresión musical pueden generar sensaciones muy parecidas a las que provoca una imagen poderosa. No se trata únicamente de lo que vemos o escuchamos, sino de aquello que sentimos y de las interpretaciones personales que nacen a partir de esa experiencia.

Además, dentro de las escenas oscuras, la dimensión visual siempre ha tenido una importancia enorme. Las portadas de discos, la estética de las bandas, la iluminación de los conciertos, el vestuario, la escenografía o incluso la identidad gráfica de un lanzamiento forman parte del mismo lenguaje artístico. Muchas veces la primera conexión que tenemos con una obra musical es visual, y esa imagen condiciona la manera en que nos acercamos al sonido.

Creo que cuando ambas disciplinas dialogan correctamente se produce una experiencia mucho más poderosa. La imagen amplifica la emoción del sonido y el sonido aporta movimiento, profundidad y contexto a la imagen. Es una relación casi simbiótica donde cada elemento potencia al otro.

Precisamente esa visión es una de las bases sobre las que he construido Molded in Blackness. Quería crear un espacio donde la música no estuviera aislada de las artes visuales, sino que ambas convivieran y se enriquecieran mutuamente. Que el público pudiera contemplar una obra, dejarse envolver por una atmósfera sonora y experimentar ambas cosas como parte de un mismo universo creativo. Porque, al menos para mí, nunca han sido disciplinas separadas, sino diferentes formas de expresar emociones, explorar la oscuridad y contar historias que muchas veces resultan difíciles de explicar con palabras.

– ¿Existe alguna banda, obra o álbum en particular que te haya inspirado especialmente a lo largo de tu vida, alguna que te haya dejado una impronta o te haya servido de banda sonora para tus procesos creativos?

Es difícil elegir porque la música ha sido una influencia constante durante toda mi vida. No la entiendo únicamente como entretenimiento, sino como una herramienta capaz de modificar estados emocionales, despertar recuerdos y abrir espacios mentales desde los que crear. Muchas de las fotografías, proyectos artísticos e incluso decisiones importantes que he tomado han estado acompañadas por una banda sonora concreta.

Sin embargo, hay bandas que han dejado una huella especialmente profunda en mi imaginario creativo. Amenra y Cult of Luna son dos ejemplos claros. Ambas poseen una capacidad extraordinaria para construir atmósferas emocionales intensas y paisajes sonoros que trascienden la música para convertirse casi en experiencias físicas.

También me han influido enormemente artistas y bandas que se mueven entre lo oscuro, lo ambiental y lo experimental. Me atraen especialmente aquellas propuestas que no buscan únicamente ser escuchadas, sino que crean universos completos. Son obras que invitan a la contemplación, que dejan espacio para la interpretación personal y que generan una sensación muy similar a la que experimento frente a una pieza artística poderosa.

Más allá de la inspiración estética, hay discos que han estado presentes en momentos importantes de mi vida y que inevitablemente han acabado formando parte de mi identidad creativa. Algunas obras se convierten en compañeras de viaje durante años; regresamos a ellas una y otra vez y, aunque las canciones no cambien, nosotros sí lo hacemos. Con cada escucha descubrimos nuevos matices y significados. Creo que esa capacidad de acompañarnos en diferentes etapas de la vida es una de las cosas más fascinantes que tiene la música.

Por eso me resulta difícil señalar un único álbum o una única obra. Más que canciones concretas, existen sonidos, atmósferas y emociones que han permanecido conmigo durante décadas y que siguen alimentando mi forma de entender la creatividad. Hay música que funciona como auténticas puertas hacia determinados estados emocionales, lugares de introspección desde los que nacen las ideas. Y cuando encuentro una canción capaz de provocar eso, sé que tarde o temprano acabará dejando algún rastro en mis fotografías, en mis proyectos o en la manera en que observo el mundo.

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Creo que la situación ha mejorado considerablemente respecto a años atrás, aunque todavía existe margen para seguir avanzando.

Cada vez encontramos más mujeres liderando proyectos, dirigiendo festivales, trabajando en producción, fotografía, diseño, management, comunicación o formando parte de bandas. También vemos más mujeres ocupando espacios de decisión dentro de la industria cultural y musical, algo que durante mucho tiempo fue menos habitual. Esa diversidad enriquece enormemente la escena porque aporta nuevas perspectivas, sensibilidades y formas de entender la creación y la gestión cultural.

Además, creo que las escenas vinculadas a la música extrema, el arte oscuro y las culturas alternativas están viviendo una evolución interesante. Aunque históricamente muchos de estos ámbitos estuvieron dominados por hombres, hoy es mucho más común encontrar mujeres.

Personalmente nunca he querido que mi trabajo se definiera exclusivamente por el hecho de ser mujer. Siempre he preferido que hablen los proyectos, el esfuerzo invertido y los resultados obtenidos. Mi objetivo con Molded in Blackness no es demostrar que una mujer puede organizar un evento de estas características, sino crear una experiencia cultural de calidad que tenga identidad propia y que conecte con las personas.

Sin embargo, también soy consciente de que la visibilidad tiene un valor importante. Cuando una persona ve a alguien con quien puede identificarse ocupando determinados espacios, entiende que esos espacios también están a su alcance. Por eso considero que es positivo que existan referentes femeninos en todos los ámbitos de la cultura, no como una excepción o una rareza, sino como algo natural.

En mi propio recorrido profesional he tenido la suerte de encontrar mujeres extraordinarias dentro de la fotografía, las artes visuales, la música y la gestión cultural. Muchas de ellas han desarrollado papeles admirables con una enorme dedicación y profesionalidad, y creo que su trabajo ha contribuido a abrir caminos para las generaciones que vienen detrás.

También pienso que el verdadero avance llega cuando dejamos de sorprendernos por quién ocupa una posición de liderazgo y empezamos a valorar únicamente la calidad del trabajo realizado. Ojalá llegue un momento en el que no sea necesario destacar si quien dirige un festival, una galería o una banda es un hombre o una mujer, porque lo verdaderamente relevante sea la propuesta artística, la visión y la capacidad de llevarla a cabo.

En ese sentido, si Molded in Blackness puede aportar algo, me gustaría que fuera precisamente eso: demostrar que los proyectos culturales nacen de la pasión, la perseverancia y el compromiso, independientemente del género de la persona que los impulsa. Y si además puede servir de inspiración para que otras mujeres se animen a desarrollar sus propias iniciativas dentro de la música o el arte, será una satisfacción añadida.

– Este tipo de eventos van mucho más allá del puro entretenimiento. ¿Qué te gustaría a ti que el público se llevase consigo tras haber vivido la experiencia de Molded in Blackness?

Vivimos en una época donde todo sucede muy rápido y donde muchas experiencias se consumen de forma superficial. Molded in Blackness pretende ser justamente lo contrario: una experiencia que permanezca en la memoria más allá de las horas que dura el evento. No quiero que sea simplemente un concierto o una exposición a la que se asiste y luego se olvida, sino un momento capaz de dejar una huella emocional en quien lo vive.

Me gustaría que el público pudiera desconectar por unas horas del ruido cotidiano y sumergirse en un universo donde la música, el arte y la atmósfera inviten a sentir, reflexionar y experimentar las cosas de una manera más profunda. Que puedan descubrir una banda que no conocían, una obra que les conmueva o una conversación inesperada con alguien que comparte inquietudes similares.

También me gustaría que las personas sintieran que forman parte de algo más grande que ellas mismas. Uno de los aspectos que más valoro de las escenas alternativas es esa sensación de comunidad que surge cuando personas de lugares y trayectorias muy diferentes se reúnen alrededor de una sensibilidad común.

Si alguien sale del evento sintiendo que ha descubierto algo nuevo, que ha conectado consigo mismo, que ha encontrado inspiración o simplemente que durante unas horas ha pertenecido a un lugar donde se sentía comprendido, entonces habré conseguido mi objetivo. Y si semanas o meses después sigue recordando alguna canción, alguna imagen o alguna emoción vivida allí, sabré que Molded in Blackness ha cumplido realmente su propósito.

– Y, a nivel más personal, ¿qué es lo que a ti te genera una mayor expectación o ilusión de este evento?

Probablemente es el momento de verlo cobrar vida. Cuando trabajas durante muchos meses en una idea, llega un punto en el que deja de existir únicamente en tu cabeza y comienza a materializarse frente a ti. Durante todo ese tiempo convives con bocetos, conversaciones, correos, decisiones, dudas, ilusiones y horas de trabajo que muchas veces permanecen invisibles para los demás. Por eso creo que el instante en el que las puertas se abren y todo empieza a suceder tiene algo casi mágico.

Me emociona pensar en ver a los artistas cuyas obras he admirado durante años expuestas en un mismo espacio, observar cómo el público se detiene frente a ellas y descubrir las diferentes interpretaciones que cada persona hace de las mismas. Del mismo modo, será muy especial ver a las bandas sobre el escenario y sentir cómo toda la energía acumulada durante meses de preparación se transforma en una experiencia real y compartida.

También me ilusiona enormemente reunir a personas de diferentes disciplinas creativas dentro de un mismo entorno y comprobar las conexiones que surgen de manera espontánea. Muchas veces los proyectos más interesantes nacen precisamente de esos encuentros inesperados entre músicos, fotógrafos, ilustradores, artistas visuales o simplemente personas que comparten una sensibilidad similar.

Pero si soy sincera, hay un componente emocional muy importante. Molded in Blackness es un proyecto muy personal, una idea que me ha acompañado durante mucho tiempo y que finalmente he decidido hacer realidad. Por eso creo que una de las mayores satisfacciones será poder detenerme unos minutos en medio de todo el movimiento, observar lo que está ocurriendo y pensar: “ha valido la pena”. Ver cómo algo que comenzó como una intuición, una necesidad creativa y casi un sueño, se convierte en un espacio real lleno de arte, música y personas conectando entre sí es, sin duda, lo que más ilusión me hace.

– Además de la celebración de Molded in Blackness, ¿qué nuevos proyectos tienes en el horizonte?

Continúo desarrollando mi trabajo fotográfico y visual, que sigue siendo una parte fundamental de mi vida. Estoy continuamente trabajando nuevas imágenes y series personales donde continúo explorando conceptos relacionados con la identidad, la oscuridad, el simbolismo, el surrealismo y los paisajes emocionales. Son líneas de investigación artística que me acompañan desde hace años y que siguen evolucionando constantemente junto a mi propia experiencia personal y creativa.

Paralelamente, sigo trabajando con bandas y artistas a través de Obnubil Studio, realizando sesiones promocionales, retratos y distintos proyectos visuales vinculados al ámbito musical. La relación entre imagen y música continúa siendo uno de los ejes centrales de mi trabajo, y es un terreno en el que sigo encontrando nuevas formas de expresión y colaboración.

También continúo desarrollando mi labor como fotógrafa de conciertos, redactora y creadora de contenidos a través de Obnubil Magazine, fotografiando en festivales, realizando entrevistas y publicando reportajes relacionados con la escena musical nacional e internacional. De hecho, es bastante probable que cuando esta entrevista vea la luz me encuentre de camino a Copenhell, o ya inmersa en la cobertura del festival en Copenhague, con cámara en mano. Esa combinación entre viajar, descubrir música en directo, conocer personas creativas y contar historias a través de imágenes sigue siendo una de las cosas que más disfruto de mi profesión.

Además, sigo involucrada en proyectos vinculados al diseño, la dirección visual y mi marca Obnubil, así como en futuras colaboraciones artísticas que iré anunciando próximamente. Y, por supuesto, gran parte de mi energía está ahora centrada en el crecimiento de Molded in Blackness. Mi intención es que no sea únicamente un evento puntual, sino una plataforma cultural con recorrido, capaz de seguir generando encuentros entre música, arte y creación contemporánea en futuras ediciones.

En realidad, todos estos proyectos comparten una misma esencia. Ya sea a través de una fotografía, una exposición, una entrevista, una sesión para una banda o un evento como Molded in Blackness, mi objetivo sigue siendo el mismo: crear.

– Para aquellos que deseen profundizar en tu universo estético, ¿dónde o a través de qué plataformas podemos contemplar y seguir de cerca tu obra fotográfica?

La mejor forma de adentrarse en mi universo visual es a través de mi Instagram o mi página web oficial, donde pueden encontrar una selección amplia de mis trabajos:

En cuanto a todo trabajo relacionado con la música:

Y, por supuesto:

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