


La banda eslava volvió a Copenhague en lo que fue su gira europea más grande hasta la fecha, acompañados por dos bandas soporte: Textures, con una propuesta prog-groovy, y Unprocessed, con un progresivo súper técnico mezclado con math rock. Dos grupos de soporte que tienen sinergia con Jinjer.
Fue el domingo primero de marzo en el Amager Bio, completamente sold out, cuando a las 19:20 Textures rompió el silencio prematuramente con el instrumental “Void”, un tema con mística y build up. En lo que fue un setlist durísimo de 40 minutos, que explotaba tímpanos y sacudía cabelleras desde temprano. El sonido era ruido indistinguible sin protección en los oídos, en verdad muy fuerte para apreciar.
El grupo neerlandés demuestra que el metal progresivo no tiene límites y repasaron los éxitos de su discografía como “Awake” y “Reaching Home”. La banda, pese a estar apretada en el escenario, transmitía toda su energía como si se tratase de los primeros shows de la gira; a destacar el vocalista Daniël de Jongh.
Los siguientes en fila eran los alemanes de Unprocessed, que en un setlist de una hora se volcaron más a su trabajo más fresco, Angel. Fue a las 20:15 cuando arrancaron con “111”. Un show de lo más técnico, donde la banda enseñó virtuosismo y limpieza en un vaivén de math rock y metalcore.
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Comparado con la apertura, el sonido fue una gran mejora, mucho más comprensible y nivelado. Algo clave cuando se trata de oír una banda tan dinámica y con pasajes complejos. Proponiendo algo que me recuerda más a bandas como Polyphia y Tesseract, y que me alegra haber descubierto en vivo.
Fue a las 21:35 cuando el prólogo de King of Everything empezó a sonar y nos advertía de la llegada del grupo ucraniano más grande y pesado. Continuando con esta gira de su último álbum, Duél, lanzado en 2025, que revela otro giro de tuerca más pesado a esta fórmula de progresivo alternativo. Un trabajo conceptual que pinta escenas que nos remontan al siglo XIX entre aristocracia y pistolas a pedernal.
Desde el vamos, la producción y el audio fueron espectaculares, pero Tatiana no va a estar de acuerdo conmigo: noté muchas caras y señas de parte de la vocalista quejándose cuando arrancaron “Duél”, aludiendo a que la guitarra y la batería estaban demasiado fuertes en su retorno. También, un par de temas más tarde hubo un falso start a “Fast Draw”. Aun así, Tati no defraudó y se encargó de darnos espectáculo con su bestial voz, presencia y coreografías que reflejan lo que cantan.
Los músicos se notaban algo agotados a esta altura de la gira, más que nada por gestos y algún pequeño desliz tocando. Como cuando en el pasaje de bajo y voz de “Green Serpent” Eugene erró una nota y un amargado tiró un vaso, cayendo cerca del bajista. Nada que pueda hacernos quebrar el disfrute del show, pero no todos opinan igual. Nótese que se habían agotado las entradas, pero el público en general estuvo más bien apaciguado; esperaba más de este lado.
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Luego de un arranque con algunos baches, ya a partir de la cuarta pieza la banda estaba tirando con todos sus cañones y nos tenía al frente de la valla cantando y gozando. La protagonista de este acto fue Tatiana una vez más; su carisma, su registro, sus movimientos y conexión con la gente hicieron que todo sea memorable. En temas como “I Speak Astronomy” y “Judgement” dejó en claro que los guturales no son su único truco: los growls, raspados y voces limpias y melódicas son otros de los recursos que la caracterizan y la convierten en la frontwoman que amamos.
Un show tremendo, en lo que la misma banda describió como su gira con mayor producción y mejor setlist, reuniendo canciones de Micro y Macro en adelante, y sin dejar afuera los hits como “Pisces” y “Sit Stay Roll Over” para el cierre, donde sí se picó la gente.
Cuando finalmente las luces se encendieron y el rugido del Amager Bio se fue apagando, quedó la sensación de haber presenciado a una banda que sigue creciendo incluso en medio del desgaste natural de una gira larga. Con algunos tropiezos técnicos y un público que tardó en entrar en calor, Jinjer terminó imponiendo su peso específico sobre el escenario: precisión, brutalidad y una presencia escénica difícil de igualar. Y si algo volvió a quedar claro esa noche en Copenhague es que, con Tatiana Shmayluk al frente, el cuarteto ucraniano no solo interpreta su música: la encarna. Entre riffs demoledores, cambios imposibles y una voz capaz de pasar de la furia al lirismo en segundos, la banda se despidió dejando claro por qué hoy ocupa un lugar privilegiado dentro del metal moderno.
Fotos: Joachim V. Vilstrup



La banda eslava volvió a Copenhague en lo que fue su gira europea más grande hasta la fecha, acompañados por dos bandas soporte: Textures, con una propuesta prog-groovy, y Unprocessed, con un progresivo súper técnico mezclado con math rock. Dos grupos de soporte que tienen sinergia con Jinjer.
Fue el domingo primero de marzo en el Amager Bio, completamente sold out, cuando a las 19:20 Textures rompió el silencio prematuramente con el instrumental “Void”, un tema con mística y build up. En lo que fue un setlist durísimo de 40 minutos, que explotaba tímpanos y sacudía cabelleras desde temprano. El sonido era ruido indistinguible sin protección en los oídos, en verdad muy fuerte para apreciar.
El grupo neerlandés demuestra que el metal progresivo no tiene límites y repasaron los éxitos de su discografía como “Awake” y “Reaching Home”. La banda, pese a estar apretada en el escenario, transmitía toda su energía como si se tratase de los primeros shows de la gira; a destacar el vocalista Daniël de Jongh.
Los siguientes en fila eran los alemanes de Unprocessed, que en un setlist de una hora se volcaron más a su trabajo más fresco, Angel. Fue a las 20:15 cuando arrancaron con “111”. Un show de lo más técnico, donde la banda enseñó virtuosismo y limpieza en un vaivén de math rock y metalcore.
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Comparado con la apertura, el sonido fue una gran mejora, mucho más comprensible y nivelado. Algo clave cuando se trata de oír una banda tan dinámica y con pasajes complejos. Proponiendo algo que me recuerda más a bandas como Polyphia y Tesseract, y que me alegra haber descubierto en vivo.
Fue a las 21:35 cuando el prólogo de King of Everything empezó a sonar y nos advertía de la llegada del grupo ucraniano más grande y pesado. Continuando con esta gira de su último álbum, Duél, lanzado en 2025, que revela otro giro de tuerca más pesado a esta fórmula de progresivo alternativo. Un trabajo conceptual que pinta escenas que nos remontan al siglo XIX entre aristocracia y pistolas a pedernal.
Desde el vamos, la producción y el audio fueron espectaculares, pero Tatiana no va a estar de acuerdo conmigo: noté muchas caras y señas de parte de la vocalista quejándose cuando arrancaron “Duél”, aludiendo a que la guitarra y la batería estaban demasiado fuertes en su retorno. También, un par de temas más tarde hubo un falso start a “Fast Draw”. Aun así, Tati no defraudó y se encargó de darnos espectáculo con su bestial voz, presencia y coreografías que reflejan lo que cantan.
Los músicos se notaban algo agotados a esta altura de la gira, más que nada por gestos y algún pequeño desliz tocando. Como cuando en el pasaje de bajo y voz de “Green Serpent” Eugene erró una nota y un amargado tiró un vaso, cayendo cerca del bajista. Nada que pueda hacernos quebrar el disfrute del show, pero no todos opinan igual. Nótese que se habían agotado las entradas, pero el público en general estuvo más bien apaciguado; esperaba más de este lado.
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Un show tremendo, en lo que la misma banda describió como su gira con mayor producción y mejor setlist, reuniendo canciones de Micro y Macro en adelante, y sin dejar afuera los hits como “Pisces” y “Sit Stay Roll Over” para el cierre, donde sí se picó la gente.
Cuando finalmente las luces se encendieron y el rugido del Amager Bio se fue apagando, quedó la sensación de haber presenciado a una banda que sigue creciendo incluso en medio del desgaste natural de una gira larga. Con algunos tropiezos técnicos y un público que tardó en entrar en calor, Jinjer terminó imponiendo su peso específico sobre el escenario: precisión, brutalidad y una presencia escénica difícil de igualar. Y si algo volvió a quedar claro esa noche en Copenhague es que, con Tatiana Shmayluk al frente, el cuarteto ucraniano no solo interpreta su música: la encarna. Entre riffs demoledores, cambios imposibles y una voz capaz de pasar de la furia al lirismo en segundos, la banda se despidió dejando claro por qué hoy ocupa un lugar privilegiado dentro del metal moderno.
Fotos: Joachim V. Vilstrup




















