

El Auditorio Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid albergó la segunda de las dos fechas de Linkin Park en la capital, una cita marcada por la expectación masiva y el calor extremo. España atraviesa estos días una intensa ola de calor que ha convertido el recinto en una auténtica caldera desde primeras horas de la tarde. El clima fue tan implacable que los servicios sanitarios tuvieron muchísimo trabajo atendiendo constantes golpes de calor, bajadas de tensión y otros contratiempos derivados de las altas temperaturas, obligando a desplegar un “hospital de campaña” en el recinto. En este contexto tan adverso, es de justicia destacar y agradecer el esfuerzo de la organización por amortiguar la situación, disponiendo de grandes barreños con hielo llenos de botellas de agua que el personal se encargó de repartir constantemente entre el público a lo largo de todo el perímetro del escenario. Un escenario, por cierto, enorme, que contaba con una pasarela central de una altura no muy elevada, detalle que ayudó notablemente a realizar el trabajo fotográfico desde el foso.
A nivel técnico, el audio del recinto estuvo correcto, un logro muy valorable teniendo en cuenta los problemas de sonido que habían empañado la jornada del día anterior en el primer asalto de la banda. El apartado visual, sin duda, fue de lo mejor de todo el espectáculo. El diseño de iluminación ofreció un despliegue moderno y profundamente inspirado en la imaginería de los años noventa, recurriendo a estéticas de baja fidelidad y texturas de estilo grunge que “ensuciaban” con gran acierto la realización de vídeo proyectada en las dos pantallas laterales. A esto se sumó en varias canciones un espectacular juego de láseres que se proyectaban directamente contra la montaña que corona el auditorio, ofreciendo una estampa muy chula. En esas mismas colinas, a ambos lados de las gradas, se congregaban grupos de personas para disfrutar del concierto de forma gratuita, como suele ser habitual en el Auditorio.
Linkin Park es la banda que definió el auge del nu metal a nivel global, un estilo musical muy singular que nació a finales de los noventa entrelazando las guitarras pesadas y distorsionadas del metal alternativo con ritmos, bases y estructuras propias del hip-hop, el rock industrial y la música electrónica. Las características que hacen único a este género son la ausencia casi total de solos de guitarra tradicionales, el protagonismo de los samplers o el ‘scratching’ de los DJs y, sobre todo, una dinámica vocal de contrastes extremos que alterna versos rapeados con estribillos melódicos o desgarrados. Con una trayectoria legendaria iniciada con el histórico “Hybrid Theory” en el año 2000 —uno de los álbumes debut más vendidos de la historia— y consolidada con “Meteora” en 2003, la banda ha firmado éxitos intergeneracionales que forman parte de la cultura popular contemporánea.
El concierto arrancó con una enorme carga emocional, rindiendo un explícito recuerdo a su fallecido cantante original, Chester Bennington, cuya sombra y legado siguen flotando en cada nota de la formación. A partir de ahí, el despliegue de himnos fue incontestable. Entre los momentos más destacados de la noche, cabe reseñar la tremenda energía de Mike Shinoda, quien en un momento del directo no dudó en bajar del escenario para bañarse de masas con el público de las primeras filas, aprovechando la cercanía para regalarle a una seguidora llamada Sara una gorra firmada. Asimismo, resultó impresionante la labor de Colin Brittain a la batería, demostrando una versatilidad brutal y confirmando que es un músico capaz de adaptarse a todos los registros y a la exigencia técnica que requiere el catálogo de la banda. El aspecto puramente escénico dejó estampas preciosas gracias al lanzamiento de confeti en hasta tres ocasiones distintas, inundando el cielo de Rivas y creando composiciones visuales espectaculares para la cámara.
Lo mejor del evento fue, sin ningún género de dudas, el componente humano: ver a tanta gente genuinamente feliz, saltando, cantando, abrazándose y besándose. Fue una muestra perfecta de generaciones unidas exclusivamente por el amor a la banda, uniendo a padres que crecieron con el grupo y a jóvenes que descubren ahora sus canciones. Momentos como la interpretación de “Numb” resultaron espectaculares, y escuchar “In the End” coreada por miles de gargantas puso los pelos de punta durante todo el tema.
Sin embargo, a nivel estrictamente musical y de entrega, la noche dejó un pero bastante grande. El concierto no llegó a golpear emocionalmente con la contundencia esperada. A pesar de la espectacularidad del montaje, en largos tramos de la actuación dio la sensación de que la banda simplemente “cumplía” de forma profesional con el guion establecido, pero sin terminar de dejarse el alma sobre las tablas. Esta falta de garra e implicación física provocó que la enorme pasarela central, que estaba diseñada para romper la distancia con la masa y devorar el escenario, quedara muy desaprovechada durante la mayor parte del set. Un directo correcto y visualmente impecable, pero al que le faltó ese punto de sudor, riesgo y rabia orgánica para convertirse en la noche memorable que prometía ser.
Etiquetas: auditorio miguel rios, Chester Bennington, Colin Brittain, Concierto Madrid, Conciertos 2026, Conciertos Madrid, Cronica Concierto, Hybrid Theory, In The End, Linkin Park, Live Music Photography, Madrid Metal, Meteora, Mike Shinoda, Nu Metal, Numb, Rivas Vaciamadrid


El Auditorio Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid albergó la segunda de las dos fechas de Linkin Park en la capital, una cita marcada por la expectación masiva y el calor extremo. España atraviesa estos días una intensa ola de calor que ha convertido el recinto en una auténtica caldera desde primeras horas de la tarde. El clima fue tan implacable que los servicios sanitarios tuvieron muchísimo trabajo atendiendo constantes golpes de calor, bajadas de tensión y otros contratiempos derivados de las altas temperaturas, obligando a desplegar un “hospital de campaña” en el recinto. En este contexto tan adverso, es de justicia destacar y agradecer el esfuerzo de la organización por amortiguar la situación, disponiendo de grandes barreños con hielo llenos de botellas de agua que el personal se encargó de repartir constantemente entre el público a lo largo de todo el perímetro del escenario. Un escenario, por cierto, enorme, que contaba con una pasarela central de una altura no muy elevada, detalle que ayudó notablemente a realizar el trabajo fotográfico desde el foso.
A nivel técnico, el audio del recinto estuvo correcto, un logro muy valorable teniendo en cuenta los problemas de sonido que habían empañado la jornada del día anterior en el primer asalto de la banda. El apartado visual, sin duda, fue de lo mejor de todo el espectáculo. El diseño de iluminación ofreció un despliegue moderno y profundamente inspirado en la imaginería de los años noventa, recurriendo a estéticas de baja fidelidad y texturas de estilo grunge que “ensuciaban” con gran acierto la realización de vídeo proyectada en las dos pantallas laterales. A esto se sumó en varias canciones un espectacular juego de láseres que se proyectaban directamente contra la montaña que corona el auditorio, ofreciendo una estampa muy chula. En esas mismas colinas, a ambos lados de las gradas, se congregaban grupos de personas para disfrutar del concierto de forma gratuita, como suele ser habitual en el Auditorio.
Linkin Park es la banda que definió el auge del nu metal a nivel global, un estilo musical muy singular que nació a finales de los noventa entrelazando las guitarras pesadas y distorsionadas del metal alternativo con ritmos, bases y estructuras propias del hip-hop, el rock industrial y la música electrónica. Las características que hacen único a este género son la ausencia casi total de solos de guitarra tradicionales, el protagonismo de los samplers o el ‘scratching’ de los DJs y, sobre todo, una dinámica vocal de contrastes extremos que alterna versos rapeados con estribillos melódicos o desgarrados. Con una trayectoria legendaria iniciada con el histórico “Hybrid Theory” en el año 2000 —uno de los álbumes debut más vendidos de la historia— y consolidada con “Meteora” en 2003, la banda ha firmado éxitos intergeneracionales que forman parte de la cultura popular contemporánea.
El concierto arrancó con una enorme carga emocional, rindiendo un explícito recuerdo a su fallecido cantante original, Chester Bennington, cuya sombra y legado siguen flotando en cada nota de la formación. A partir de ahí, el despliegue de himnos fue incontestable. Entre los momentos más destacados de la noche, cabe reseñar la tremenda energía de Mike Shinoda, quien en un momento del directo no dudó en bajar del escenario para bañarse de masas con el público de las primeras filas, aprovechando la cercanía para regalarle a una seguidora llamada Sara una gorra firmada. Asimismo, resultó impresionante la labor de Colin Brittain a la batería, demostrando una versatilidad brutal y confirmando que es un músico capaz de adaptarse a todos los registros y a la exigencia técnica que requiere el catálogo de la banda. El aspecto puramente escénico dejó estampas preciosas gracias al lanzamiento de confeti en hasta tres ocasiones distintas, inundando el cielo de Rivas y creando composiciones visuales espectaculares para la cámara.
Lo mejor del evento fue, sin ningún género de dudas, el componente humano: ver a tanta gente genuinamente feliz, saltando, cantando, abrazándose y besándose. Fue una muestra perfecta de generaciones unidas exclusivamente por el amor a la banda, uniendo a padres que crecieron con el grupo y a jóvenes que descubren ahora sus canciones. Momentos como la interpretación de “Numb” resultaron espectaculares, y escuchar “In the End” coreada por miles de gargantas puso los pelos de punta durante todo el tema.
Sin embargo, a nivel estrictamente musical y de entrega, la noche dejó un pero bastante grande. El concierto no llegó a golpear emocionalmente con la contundencia esperada. A pesar de la espectacularidad del montaje, en largos tramos de la actuación dio la sensación de que la banda simplemente “cumplía” de forma profesional con el guion establecido, pero sin terminar de dejarse el alma sobre las tablas. Esta falta de garra e implicación física provocó que la enorme pasarela central, que estaba diseñada para romper la distancia con la masa y devorar el escenario, quedara muy desaprovechada durante la mayor parte del set. Un directo correcto y visualmente impecable, pero al que le faltó ese punto de sudor, riesgo y rabia orgánica para convertirse en la noche memorable que prometía ser.
Etiquetas: auditorio miguel rios, Chester Bennington, Colin Brittain, Concierto Madrid, Conciertos 2026, Conciertos Madrid, Cronica Concierto, Hybrid Theory, In The End, Linkin Park, Live Music Photography, Madrid Metal, Meteora, Mike Shinoda, Nu Metal, Numb, Rivas Vaciamadrid

















