


El Okkult Session volvió a convertir Barcelona en un punto de encuentro para los amantes de las sonoridades más oscuras del metal. Con un cartel que reunió diferentes vertientes del género, desde el black metal atmosférico hasta el funeral doom y el metal gótico, la jornada ofreció un recorrido por distintas formas de entender la oscuridad, con Paradise Lost y Tiamat como grandes protagonistas.
Sotabosc llevó a La Carpa una propuesta que combinó la agresividad del black metal atmosférico con desarrollos pausados y elementos de post-rock. La formación catalana defendió una identidad marcada tanto por el uso del catalán como por su posicionamiento antifascista, integrando ambas facetas en una actuación compacta y de atmósfera sombría. Entre los momentos destacados estuvieron “Nerthus”, “Heimdall” y “Freyja”, composiciones procedentes de la revisión del material de Ulmus que adquirieron una nueva dimensión mediante guitarras eléctricas y pasajes progresivos.
El concierto fue creciendo hasta desembocar en “El batec dels Maquis / Records vius en la foscor”, una pieza de más de quince minutos que permitió al grupo explorar su vertiente más experimental mediante cambios de ritmo, secciones instrumentales y voces cargadas de intensidad. Sotabosc cerró su intervención reivindicando una manera propia de entender el underground catalán, donde música e identidad conviven de forma inseparable.
Desde Alicante, Hela cambió radicalmente el registro con una propuesta centrada en el doom metal, las afinaciones graves y las composiciones de desarrollo pausado. “Crystal Bridge” estableció las coordenadas de su actuación, mientras que “Nomad” profundizó en los matices más clásicos del género. La voz y las guitarras sostuvieron una atmósfera densa que encontró una buena respuesta entre los asistentes.
“Emerald Mirror” amplió los desarrollos instrumentales antes de que “Golden Snake” aportara otro de los momentos destacados, combinando contundencia y dinamismo sin abandonar las raíces del grupo. Hela demostró su capacidad para mantener la atención a través de composiciones extensas, equilibrando melodía, oscuridad y distorsión en una de las propuestas nacionales más interesantes de la jornada.
Los estadounidenses Evoken sumergieron La Carpa en la densidad del funeral doom con una actuación dominada por riffs aplastantes, pasajes melódicos y una atmósfera envolvente. “Matins” abrió el repertorio con guitarras limpias y melodías arpegiadas, antes de que “Of Purest Absolution” introdujera distorsiones más pesadas y una interpretación vocal desgarrada. El grupo alternó estos registros con la introspectiva “Omniscient” y la intensidad de “The Unechoing Dread”, presentada en directo como “Unrecognized”.
La recta final mantuvo la tensión con “Compline” e “In Pestilence, Burning”, durante la cual el bajista alzó un par de cráneos en una escena acorde con la estética ritual de la banda. “Antithesis of Light” puso el broche a una actuación que conjugó pesadez, melodía y dramatismo, confirmando la capacidad de Evoken para construir atmósferas opresivas sin renunciar a los matices.
Tiamat desplegó en Barcelona un recorrido por distintas etapas de su discografía, con Johan Edlund al frente y su inconfundible sombrero rojo como parte de una presencia escénica magnética. El viaje arrancó con “In a Dream”, enlazada con “Clouds” y “Smell of Incense”, antes de que un problema técnico con la guitarra interrumpiera brevemente “The Sleeping Beauty”. Superado el contratiempo, la banda recuperó el pulso con “Divided” y “Cain”, manteniendo intacta la atmósfera melancólica y psicodélica de su propuesta.
La intensidad creció con “Whatever That Hurts” y “The Ar”, esta última acompañada por uno de los momentos más teatrales de la noche, cuando Edlund se enroscó el cable del micrófono alrededor del cuello simulando un ahorcamiento. El concierto avanzó después entre la elegancia de “Visionaire”, “Love in Chains” y “Wings of Heaven”, la sofisticación gótica de “Phantasma De Luxe” y “Brighter Than the Sun”, y la respuesta entusiasta que provocó “Vote for Love”. “Gaia” cerró la actuación con toda su carga emocional, dejando como resultado una interpretación sólida, marcada por el carisma de Edlund y la riqueza de un repertorio que sigue conectando con el público.
La oscuridad de Paradise Lost tomó el escenario con un repertorio que recorrió distintas épocas de su trayectoria. Nick Holmes, Greg Mackintosh, Aaron Aedy, Steve Edmondson y Jeff Singer arrancaron con “Serpent on the Cross” antes de recuperar la vertiente más accesible de la banda con “One Second”. Tras “The Last Time”, Holmes protagonizó uno de los intercambios más divertidos de la noche: después de saludar al público y mencionar su procedencia de West Yorkshire, tuvo que frenar los cánticos de «¡Yorkshire, Yorkshire!» con un seco «Ah, parad». Más adelante, las bromas continuaron cuando alguien pidió “Rotting Misery”, una canción que el vocalista aseguró que ni siquiera habían ensayado.
El grupo recuperó su faceta más pesada con “Faith Divides Us – Death Unites Us” y “The Enemy”, antes de que Holmes brindara con el público justo antes de “As I Die”, uno de los momentos más celebrados. “Salvation” y “Requiem” dieron paso a la respuesta especialmente entusiasta que provocó “Say Just Words”, mientras que “Hallowed Land” recuperó el espíritu de Draconian Times. La contundencia de “Tyrants Serenade” contrastó después con su oscura reinterpretación de “Smalltown Boy”, el clásico de Bronski Beat.
La recta final mantuvo el nivel con “Embers Fire” y “Ghosts”, antes de que “Silence Like the Grave” pusiera fin al concierto entre melodías sombrías y guitarras cargadas de emoción. La compenetración de la formación y la personalidad de Holmes, alternando ironía y seriedad sin romper la atmósfera, sostuvieron una actuación que mostró la vigencia de un repertorio capaz de transitar entre melodía, contundencia y oscuridad. Solo quedaron ganas de escuchar tres canciones más para completar una velada prácticamente redonda.



El Okkult Session volvió a convertir Barcelona en un punto de encuentro para los amantes de las sonoridades más oscuras del metal. Con un cartel que reunió diferentes vertientes del género, desde el black metal atmosférico hasta el funeral doom y el metal gótico, la jornada ofreció un recorrido por distintas formas de entender la oscuridad, con Paradise Lost y Tiamat como grandes protagonistas.
Sotabosc llevó a La Carpa una propuesta que combinó la agresividad del black metal atmosférico con desarrollos pausados y elementos de post-rock. La formación catalana defendió una identidad marcada tanto por el uso del catalán como por su posicionamiento antifascista, integrando ambas facetas en una actuación compacta y de atmósfera sombría. Entre los momentos destacados estuvieron “Nerthus”, “Heimdall” y “Freyja”, composiciones procedentes de la revisión del material de Ulmus que adquirieron una nueva dimensión mediante guitarras eléctricas y pasajes progresivos.
El concierto fue creciendo hasta desembocar en “El batec dels Maquis / Records vius en la foscor”, una pieza de más de quince minutos que permitió al grupo explorar su vertiente más experimental mediante cambios de ritmo, secciones instrumentales y voces cargadas de intensidad. Sotabosc cerró su intervención reivindicando una manera propia de entender el underground catalán, donde música e identidad conviven de forma inseparable.
Desde Alicante, Hela cambió radicalmente el registro con una propuesta centrada en el doom metal, las afinaciones graves y las composiciones de desarrollo pausado. “Crystal Bridge” estableció las coordenadas de su actuación, mientras que “Nomad” profundizó en los matices más clásicos del género. La voz y las guitarras sostuvieron una atmósfera densa que encontró una buena respuesta entre los asistentes.
“Emerald Mirror” amplió los desarrollos instrumentales antes de que “Golden Snake” aportara otro de los momentos destacados, combinando contundencia y dinamismo sin abandonar las raíces del grupo. Hela demostró su capacidad para mantener la atención a través de composiciones extensas, equilibrando melodía, oscuridad y distorsión en una de las propuestas nacionales más interesantes de la jornada.
Los estadounidenses Evoken sumergieron La Carpa en la densidad del funeral doom con una actuación dominada por riffs aplastantes, pasajes melódicos y una atmósfera envolvente. “Matins” abrió el repertorio con guitarras limpias y melodías arpegiadas, antes de que “Of Purest Absolution” introdujera distorsiones más pesadas y una interpretación vocal desgarrada. El grupo alternó estos registros con la introspectiva “Omniscient” y la intensidad de “The Unechoing Dread”, presentada en directo como “Unrecognized”.
La recta final mantuvo la tensión con “Compline” e “In Pestilence, Burning”, durante la cual el bajista alzó un par de cráneos en una escena acorde con la estética ritual de la banda. “Antithesis of Light” puso el broche a una actuación que conjugó pesadez, melodía y dramatismo, confirmando la capacidad de Evoken para construir atmósferas opresivas sin renunciar a los matices.
Tiamat desplegó en Barcelona un recorrido por distintas etapas de su discografía, con Johan Edlund al frente y su inconfundible sombrero rojo como parte de una presencia escénica magnética. El viaje arrancó con “In a Dream”, enlazada con “Clouds” y “Smell of Incense”, antes de que un problema técnico con la guitarra interrumpiera brevemente “The Sleeping Beauty”. Superado el contratiempo, la banda recuperó el pulso con “Divided” y “Cain”, manteniendo intacta la atmósfera melancólica y psicodélica de su propuesta.
La intensidad creció con “Whatever That Hurts” y “The Ar”, esta última acompañada por uno de los momentos más teatrales de la noche, cuando Edlund se enroscó el cable del micrófono alrededor del cuello simulando un ahorcamiento. El concierto avanzó después entre la elegancia de “Visionaire”, “Love in Chains” y “Wings of Heaven”, la sofisticación gótica de “Phantasma De Luxe” y “Brighter Than the Sun”, y la respuesta entusiasta que provocó “Vote for Love”. “Gaia” cerró la actuación con toda su carga emocional, dejando como resultado una interpretación sólida, marcada por el carisma de Edlund y la riqueza de un repertorio que sigue conectando con el público.
La oscuridad de Paradise Lost tomó el escenario con un repertorio que recorrió distintas épocas de su trayectoria. Nick Holmes, Greg Mackintosh, Aaron Aedy, Steve Edmondson y Jeff Singer arrancaron con “Serpent on the Cross” antes de recuperar la vertiente más accesible de la banda con “One Second”. Tras “The Last Time”, Holmes protagonizó uno de los intercambios más divertidos de la noche: después de saludar al público y mencionar su procedencia de West Yorkshire, tuvo que frenar los cánticos de «¡Yorkshire, Yorkshire!» con un seco «Ah, parad». Más adelante, las bromas continuaron cuando alguien pidió “Rotting Misery”, una canción que el vocalista aseguró que ni siquiera habían ensayado.
El grupo recuperó su faceta más pesada con “Faith Divides Us – Death Unites Us” y “The Enemy”, antes de que Holmes brindara con el público justo antes de “As I Die”, uno de los momentos más celebrados. “Salvation” y “Requiem” dieron paso a la respuesta especialmente entusiasta que provocó “Say Just Words”, mientras que “Hallowed Land” recuperó el espíritu de Draconian Times. La contundencia de “Tyrants Serenade” contrastó después con su oscura reinterpretación de “Smalltown Boy”, el clásico de Bronski Beat.
La recta final mantuvo el nivel con “Embers Fire” y “Ghosts”, antes de que “Silence Like the Grave” pusiera fin al concierto entre melodías sombrías y guitarras cargadas de emoción. La compenetración de la formación y la personalidad de Holmes, alternando ironía y seriedad sin romper la atmósfera, sostuvieron una actuación que mostró la vigencia de un repertorio capaz de transitar entre melodía, contundencia y oscuridad. Solo quedaron ganas de escuchar tres canciones más para completar una velada prácticamente redonda.























