


En la vida a veces hay que despedirse. Cerrar etapas. Dar vuelta de página y mirar al frente lo que nos depara un nuevo día. Suele ser complicado. Incluso doloroso, pero es parte natural del ciclo. Y es un proceso por el que todos tenemos que pasar. Todos sin excepción.
El pasado 16 de agosto al gran Bobby Liebling le tocó comenzar a decir adiós a Argentina. Ya que fue la primera de las dos noches en las que se presentó con Pentagram en el país, para dar sus últimos shows ante sus fanáticos. El famoso “the last dance”. Algo irónico pensando que el icónico cantante a sus 72 años se encuentra capaz en el momento de mayor popularidad y auge de su carrera.
No obstante, tal como lo indica el nombre de su gira “Last Daze Here in Latin America 2026”, el músico llegó para poner punto final a sus visitas y como resultado dejó dos noches memorables, de las cuales, tuvimos el privilegio de asistir a la primera. La del domingo, en Uniclub. Mismo lugar donde había tocado el año pasado. Y tal como ocurrió en 2025, el público respondió con una concurrencia masiva.
Desde temprano, una gran cantidad de personas se encontraba dentro y los alrededores del sitio, con la expectativa de disfrutar de una noche llena de doom metal. Los que entraron primero pudieron hacerlo desde el segundo uno ya que para abrir la jornada, estuvo Sangre de Barro. Poderoso trío de rock y stoner que arrancó a horario, 19:30, y se encargó de ir tiñendo las paredes de negro con su propuesta pesada, muy heredera de The Obsessed.
Con un sonido denso y una guitarra que destacaba por su afinación grave, el grupo argentino entró rápidamente en sintonía con la gente y desplegó un arsenal de recursos musicales que para nada desentonaron con el tono que pedía la fecha. Un buen plato de entrada para arrancar la jornada.
Le siguió Hërpes que tampoco tuvo problemas para entrar y acomodarse dentro de la sintonía musical de la noche. Con su heavy/doom tradicional, pusieron marcha a una actuación que destacó por el ritmo galopante y acelerado de sus guitarras fusionado con la fuerza y contundencia del doble bombo de la batería.
Tal como nos tienen acostumbrados, lucieron sus túnicas y capuchas negras para ayudar a construir un ambiente más ceremonial y ocultista. Propio de un ritual. Y es que así se sintió buena parte de su show. Como un rito de iniciación para lo que vendría a continuación.
Con un Uniclub colmado de punta a punta, y un aire espeso que segundo a segundo fue escaseando, la gente fue buscando su pequeño hueco dentro del lugar, a la espera del comienzo de la fiesta.
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Afortunadamente, la espera no se hizo larga y Pentagram salió a escena. El público estalló. El recibimiento fue total. Aunque claramente, las miradas y teléfonos se posaban sobre un solo individuo. Y sí. Nos referimos a Bobby. Al hombre que todos estaban esperando. Al padre de la criatura. A la leyenda que sobrevivió a todo. Y a sus 72 años estaba parado sobre el escenario, recibiendo la ovación con la que todo musico sueña. Escuchando a la gente gritar su nombre. Y sintiendo a flor de piel cada aplauso de sus fanáticos. Sin duda, una bienvenida tan monumental como pocas veces se ve.
Y es que poco importó con que tema arrancaron. Que músicos los acompañaban. O como sonó el grupo. La gente lo quería a ver a él. Y bastaron unos pocos segundos para entender el motivo. Ya que esto no sólo se debió al meme o el momento de viralización que tuvo el señor Liebling hace más de un año. Sino que desde el segundo uno, el frontman atrapó a todo el mundo con su magnetismo y presencia sobre el escenario.
No solo se trató del canto. Desde su pose, sus pasos, su mirada. En todo aspecto, resultaba cautivante verlo. Enigmático. Se movía con total libertad de un lado a otro. Se paraba de una forma excéntrica. Y dejaba que su cuerpo fluyera al ritmo de la música. Estaba completamente enchufado. Y para variar, no se sentía forzado. Cada movimiento lo hacía de forma natural. Como si realmente, sintiera vibrar cada nota en su interior.
Despegar el ojo de él, era perderse una parte vital del espectáculo. Pero el resto de la banda no se quedó atrás. Tanto el bajista y el guitarrista estuvieron en todo momento conectados con la gente, por medio del ritmo y las pulsaciones que ofrecía la música.
Tal como sucedió el año pasado, el grupo dejó caer algunos temas de su último trabajo discográfico, Lightning in a Bottle. Pero los más cantados y coreados fueron los clásicos, que no podían faltar tratándose de una despedida. “Sinister”, “When the Screams Come”, “The Ghoul”, “Sign of the Wolf”, “Forever My Queen”. Todos himnos que tuvieron su espacio para ser interpretados y celebrados una vez más. Como mínimamente merecían.
El show no tuvo una gran extensión si nos ponemos a ver la duración total. Un total de 13 temas, recorriendo en mayor medida el primer y último disco de la banda. Pero en compensación, cada minuto se vivió y respiró con una intensidad digna para un adiós. Recordando el gran legado de Pentagram. Y aplaudiendo por última vez a la influyente figura de Bobby. Un hombre que nos demostró que el éxito puede llegar a cualquier edad. Y la grandeza también.
Fotos de Fer Díaz
Gentileza de Vientos de Poder
Etiquetas: doom metal, Heavy doom, Pentagram, Proto Metal



En la vida a veces hay que despedirse. Cerrar etapas. Dar vuelta de página y mirar al frente lo que nos depara un nuevo día. Suele ser complicado. Incluso doloroso, pero es parte natural del ciclo. Y es un proceso por el que todos tenemos que pasar. Todos sin excepción.
El pasado 16 de agosto al gran Bobby Liebling le tocó comenzar a decir adiós a Argentina. Ya que fue la primera de las dos noches en las que se presentó con Pentagram en el país, para dar sus últimos shows ante sus fanáticos. El famoso “the last dance”. Algo irónico pensando que el icónico cantante a sus 72 años se encuentra capaz en el momento de mayor popularidad y auge de su carrera.
No obstante, tal como lo indica el nombre de su gira “Last Daze Here in Latin America 2026”, el músico llegó para poner punto final a sus visitas y como resultado dejó dos noches memorables, de las cuales, tuvimos el privilegio de asistir a la primera. La del domingo, en Uniclub. Mismo lugar donde había tocado el año pasado. Y tal como ocurrió en 2025, el público respondió con una concurrencia masiva.
Desde temprano, una gran cantidad de personas se encontraba dentro y los alrededores del sitio, con la expectativa de disfrutar de una noche llena de doom metal. Los que entraron primero pudieron hacerlo desde el segundo uno ya que para abrir la jornada, estuvo Sangre de Barro. Poderoso trío de rock y stoner que arrancó a horario, 19:30, y se encargó de ir tiñendo las paredes de negro con su propuesta pesada, muy heredera de The Obsessed.
Con un sonido denso y una guitarra que destacaba por su afinación grave, el grupo argentino entró rápidamente en sintonía con la gente y desplegó un arsenal de recursos musicales que para nada desentonaron con el tono que pedía la fecha. Un buen plato de entrada para arrancar la jornada.
Le siguió Hërpes que tampoco tuvo problemas para entrar y acomodarse dentro de la sintonía musical de la noche. Con su heavy/doom tradicional, pusieron marcha a una actuación que destacó por el ritmo galopante y acelerado de sus guitarras fusionado con la fuerza y contundencia del doble bombo de la batería.
Tal como nos tienen acostumbrados, lucieron sus túnicas y capuchas negras para ayudar a construir un ambiente más ceremonial y ocultista. Propio de un ritual. Y es que así se sintió buena parte de su show. Como un rito de iniciación para lo que vendría a continuación.
Con un Uniclub colmado de punta a punta, y un aire espeso que segundo a segundo fue escaseando, la gente fue buscando su pequeño hueco dentro del lugar, a la espera del comienzo de la fiesta.
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Afortunadamente, la espera no se hizo larga y Pentagram salió a escena. El público estalló. El recibimiento fue total. Aunque claramente, las miradas y teléfonos se posaban sobre un solo individuo. Y sí. Nos referimos a Bobby. Al hombre que todos estaban esperando. Al padre de la criatura. A la leyenda que sobrevivió a todo. Y a sus 72 años estaba parado sobre el escenario, recibiendo la ovación con la que todo musico sueña. Escuchando a la gente gritar su nombre. Y sintiendo a flor de piel cada aplauso de sus fanáticos. Sin duda, una bienvenida tan monumental como pocas veces se ve.
Y es que poco importó con que tema arrancaron. Que músicos los acompañaban. O como sonó el grupo. La gente lo quería a ver a él. Y bastaron unos pocos segundos para entender el motivo. Ya que esto no sólo se debió al meme o el momento de viralización que tuvo el señor Liebling hace más de un año. Sino que desde el segundo uno, el frontman atrapó a todo el mundo con su magnetismo y presencia sobre el escenario.
No solo se trató del canto. Desde su pose, sus pasos, su mirada. En todo aspecto, resultaba cautivante verlo. Enigmático. Se movía con total libertad de un lado a otro. Se paraba de una forma excéntrica. Y dejaba que su cuerpo fluyera al ritmo de la música. Estaba completamente enchufado. Y para variar, no se sentía forzado. Cada movimiento lo hacía de forma natural. Como si realmente, sintiera vibrar cada nota en su interior.
Despegar el ojo de él, era perderse una parte vital del espectáculo. Pero el resto de la banda no se quedó atrás. Tanto el bajista y el guitarrista estuvieron en todo momento conectados con la gente, por medio del ritmo y las pulsaciones que ofrecía la música.
Tal como sucedió el año pasado, el grupo dejó caer algunos temas de su último trabajo discográfico, Lightning in a Bottle. Pero los más cantados y coreados fueron los clásicos, que no podían faltar tratándose de una despedida. “Sinister”, “When the Screams Come”, “The Ghoul”, “Sign of the Wolf”, “Forever My Queen”. Todos himnos que tuvieron su espacio para ser interpretados y celebrados una vez más. Como mínimamente merecían.
El show no tuvo una gran extensión si nos ponemos a ver la duración total. Un total de 13 temas, recorriendo en mayor medida el primer y último disco de la banda. Pero en compensación, cada minuto se vivió y respiró con una intensidad digna para un adiós. Recordando el gran legado de Pentagram. Y aplaudiendo por última vez a la influyente figura de Bobby. Un hombre que nos demostró que el éxito puede llegar a cualquier edad. Y la grandeza también.
Fotos de Fer Díaz
Gentileza de Vientos de Poder
Etiquetas: doom metal, Heavy doom, Pentagram, Proto Metal











