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SonicBlast 2026 – Dia 2: “La sobrecarga perfecta”
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Primer día oficial de festival, y lo empezamos con el anuncio de las fechas para la próxima edición. Una noticia bajo el manto de la edición 15 aniversario, y cómo no, comenzaron las especulaciones y los sueños en voz alta. Me conformaría con que 2 o 3 de las bandas que mencionamos estuviesen presentes, pero ahora, vamos con el jueves.

Lo que para mí y para algunas personas cercanas con las que pude conversar de esto, fue uno de los mayores problemas de esta edición, era la absoluta sobrecarga de bandas que quería ver el jueves. Tuve la sensación de que todo lo que me apetecía con más fuerza, tocaba el jueves. Esto, inevitablemente, me dejaba muy coja el resto de la edición. Viernes y sábado me daban un poco más igual y el bajón fue apoderándose de mí desde que se publicaron los horarios. Por esta razón, viví este día con mucha más intensidad que los siguientes.

El día comenzaba con un cambio de horario que adelantaba a Elephant Tree, uno de mis mayores reclamos este año. Tocaba darse prisa para poder disfrutar de los londinenses bajo el sol. Lamentablemente, minutos antes de actuar, anunciaban que Jack, uno de sus guitarras, no podía subir al escenario por problemas de salud. A pesar de esto, dieron un absoluto espectáculo como trío y su guitarras sonó de alguna forma cuando escuchamos la intro de Sails.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: SonicBlast 2026 – Día 1: “El reencuentro que marca el final del verano”

El turno tras los británicos, era para la banda australiana Clamm, que aunque no lo sabíamos todavía, no iba a ser su única actuación. La gente de Melbourne y su punk bastante irreverente y singular, cazaron al público desde el primer corte. Buena hora para estos devenires, y sobre todo, porque era la perfecta introducción para que nos diesen unas cuantas patadas en la boca en el siguiente concierto.

Turno de Trash Talk, que venían de California para recordarnos que un concierto real es el que iguala artista con audiencia, y los iguala en términos de estatus, de pasión, de compromiso y de diversión. Verdadero hardcore desde el principio hasta el final, del que emociona y fatiga. Una entrega de 10, una performance de agradecer y un mensaje que debería resonar en todos los festivales.

Lo único malo de Trash Talk fue que terminasen para dar inicio a Midnight, donde me costó mucho entrar porque aún era Mediatarde y me parecía una sobremesa de señoros. Quizás la luz del sol no favoreció al espectáculo e hizo que se les vieran un poco las costuras, pero no conseguí disfrutar de ninguna de sus bromas.

Por suerte, lo que venía después me ilusionaba un poco más. Frankie and the Witch Fingers y su ¿tercera? aparición en un festival donde se les quiere mucho. Prueba de ello, fue la de sonido, que hicimos codo con codo para que les costase menos solucionar los problemas de monitores en el escenario. Una vez superado, el rodillo de la psicodelia que se formó en algún garaje de Indiana, invadió Âncora para que todo el mundo saltase, sudase y riese con esta gran banda, que para mi gusto, debería de ocupar un slot algo más tardío, para despertar a mucha gente que a la 1:00 está pidiendo el cambio.

Tras cinco o seis temas, era momento de coger sitio para ver a Deafheaven en primera fila y notar como la bola sónica nos dejaba inmóviles. Sin duda uno de los nombres propios de esta edición y una de las bandas más potentes en el panorama del metal moderno, tanto por trayectoria como por propuesta. El post-black metal se queda algo corto para todo lo que nos ofrece esta banda. Los de San Francisco vienen de sacar uno de los mejores discos de 2025 y así lo demostraron en la práctica copando su setlist de varios de estos temas. No faltó Sunbather, pero sin duda Winona fue el momento cumbre de la noche. Una de las mejores actuaciones que les he visto a pesar de no contar con Shiv a las guitarras. La banda se lo dejó todo y chorrearon desde el primer minuto. La puesta en escena entre azules y verdes, mucho misterio y un dress-code ineludible. Sin aliento, sin energía, casi vacíos pero con la sensación de haber visto algo histórico, tuvimos que darnos prisa para otro de los momentos estelares del día.

Desde Oklahoma, y portando el estandarte de la distopía y el fin de toda belleza y armonía, llegó el tiempo del predicador de la queja y el desaliento. Chat Pile, hicieron que abrazar un cubo de basura golpeado fuese reconfortante. La noche fue suya por momentos a pesar de que su concierto tuviera lugar tras Deafheaven. Mi sensación después de verles y de tenerles ya como una banda referente en estos últimos años, es la misma que tuve en su día cuando era niño y escuché a Korn o a los primeros Slipknot. Quizás un neo nu-metal para adultos por lo que supone. Cambios muy profundos en todo lo arraigado al sludge o el noise y una actitud mitad festiva y mitad combativa que te hace ver la extinción como algo no tan aburrido. Sus irregulares idas y venidas en sus canciones son el motor perfecto de un público que pide a gritos actitudes que se habían perdido.

Sin tiempo casi para recuperarnos, nos sorprendió muy para bien la irrupción de Snapped Ankles, en el stage 2. La banda de Londres, propuso un post-punk con más synth que punk, muy divertido y bailable. Bailable para gente oscura, ya me entendéis. Tardamos en identificar todos los estímulos que estábamos recibiendo, bien por la hora o bien por la sobredosis de sonido que acabábamos de recibir. Se nos hicieron cortos, pero divertidos. Y aquí, creo que comenzó mi problema con la noche.

Después de todo esto, tocaba enfrentarse, y digo bien, enfrentarse a Bongzilla y Mephistofeles, dos bandas titánicas del doom, una por historia y otra por proyección. Bandas que me gustan, tanto para escuchar en casa como para ver en concierto, pero… ¿era el momento?

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Aquí abro debate y creo que es algo que por mucho que el festival nos haya acostumbrado a que el doom, el stoner o el sludge son los estilos que reinan en el cartel, deberíamos de darle una vuelta al orden de consumo.

Personalmente creo que hubiese disfrutado mucho más a Bongzilla o Mephistofeles antes de Deafheaven o Chat Pile, y entrada la madrugada, unos Snapped Ankles seguidos de Frankie and the Witch Fingers habrían sido la píldora de energía que gran parte del festival necesitaba. Quizás estoy diciendo una barbaridad, pero creo que un pequeño cambio hubiese sido maravilloso.

Pues bien, segundo concierto de Bongzilla, y ahora sí, con todas sus letras. Un muro de sonido que poco se parecía a lo que vimos la noche anterior. No noté a la gente demasiado conectada, quizás por lo que comentaba, o simplemente por las horas, el calor acumulado y este tipo de cosas que suceden en un festival de verano.

Lo mismo me pasó con Mephistofeles, a los que tenía muchas ganas de ver por fin. Un tramo complicado de la noche para seguir moviendo el cuello. Aún así, la banda de Argentina demostró que son todo lo que se les atribuye dejando claro que hay mucho recorrido todavía por delante. En ningún caso es culpa suya que no fuese uno de los slots de la noche.

Tras el encuentro en el cruce de caminos, este Fausto necesitaba dormir.

 

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SonicBlast 2026 – Dia 2: “La sobrecarga perfecta”
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Primer día oficial de festival, y lo empezamos con el anuncio de las fechas para la próxima edición. Una noticia bajo el manto de la edición 15 aniversario, y cómo no, comenzaron las especulaciones y los sueños en voz alta. Me conformaría con que 2 o 3 de las bandas que mencionamos estuviesen presentes, pero ahora, vamos con el jueves.

Lo que para mí y para algunas personas cercanas con las que pude conversar de esto, fue uno de los mayores problemas de esta edición, era la absoluta sobrecarga de bandas que quería ver el jueves. Tuve la sensación de que todo lo que me apetecía con más fuerza, tocaba el jueves. Esto, inevitablemente, me dejaba muy coja el resto de la edición. Viernes y sábado me daban un poco más igual y el bajón fue apoderándose de mí desde que se publicaron los horarios. Por esta razón, viví este día con mucha más intensidad que los siguientes.

El día comenzaba con un cambio de horario que adelantaba a Elephant Tree, uno de mis mayores reclamos este año. Tocaba darse prisa para poder disfrutar de los londinenses bajo el sol. Lamentablemente, minutos antes de actuar, anunciaban que Jack, uno de sus guitarras, no podía subir al escenario por problemas de salud. A pesar de esto, dieron un absoluto espectáculo como trío y su guitarras sonó de alguna forma cuando escuchamos la intro de Sails.

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El turno tras los británicos, era para la banda australiana Clamm, que aunque no lo sabíamos todavía, no iba a ser su única actuación. La gente de Melbourne y su punk bastante irreverente y singular, cazaron al público desde el primer corte. Buena hora para estos devenires, y sobre todo, porque era la perfecta introducción para que nos diesen unas cuantas patadas en la boca en el siguiente concierto.

Turno de Trash Talk, que venían de California para recordarnos que un concierto real es el que iguala artista con audiencia, y los iguala en términos de estatus, de pasión, de compromiso y de diversión. Verdadero hardcore desde el principio hasta el final, del que emociona y fatiga. Una entrega de 10, una performance de agradecer y un mensaje que debería resonar en todos los festivales.

Lo único malo de Trash Talk fue que terminasen para dar inicio a Midnight, donde me costó mucho entrar porque aún era Mediatarde y me parecía una sobremesa de señoros. Quizás la luz del sol no favoreció al espectáculo e hizo que se les vieran un poco las costuras, pero no conseguí disfrutar de ninguna de sus bromas.

Por suerte, lo que venía después me ilusionaba un poco más. Frankie and the Witch Fingers y su ¿tercera? aparición en un festival donde se les quiere mucho. Prueba de ello, fue la de sonido, que hicimos codo con codo para que les costase menos solucionar los problemas de monitores en el escenario. Una vez superado, el rodillo de la psicodelia que se formó en algún garaje de Indiana, invadió Âncora para que todo el mundo saltase, sudase y riese con esta gran banda, que para mi gusto, debería de ocupar un slot algo más tardío, para despertar a mucha gente que a la 1:00 está pidiendo el cambio.

Tras cinco o seis temas, era momento de coger sitio para ver a Deafheaven en primera fila y notar como la bola sónica nos dejaba inmóviles. Sin duda uno de los nombres propios de esta edición y una de las bandas más potentes en el panorama del metal moderno, tanto por trayectoria como por propuesta. El post-black metal se queda algo corto para todo lo que nos ofrece esta banda. Los de San Francisco vienen de sacar uno de los mejores discos de 2025 y así lo demostraron en la práctica copando su setlist de varios de estos temas. No faltó Sunbather, pero sin duda Winona fue el momento cumbre de la noche. Una de las mejores actuaciones que les he visto a pesar de no contar con Shiv a las guitarras. La banda se lo dejó todo y chorrearon desde el primer minuto. La puesta en escena entre azules y verdes, mucho misterio y un dress-code ineludible. Sin aliento, sin energía, casi vacíos pero con la sensación de haber visto algo histórico, tuvimos que darnos prisa para otro de los momentos estelares del día.

Desde Oklahoma, y portando el estandarte de la distopía y el fin de toda belleza y armonía, llegó el tiempo del predicador de la queja y el desaliento. Chat Pile, hicieron que abrazar un cubo de basura golpeado fuese reconfortante. La noche fue suya por momentos a pesar de que su concierto tuviera lugar tras Deafheaven. Mi sensación después de verles y de tenerles ya como una banda referente en estos últimos años, es la misma que tuve en su día cuando era niño y escuché a Korn o a los primeros Slipknot. Quizás un neo nu-metal para adultos por lo que supone. Cambios muy profundos en todo lo arraigado al sludge o el noise y una actitud mitad festiva y mitad combativa que te hace ver la extinción como algo no tan aburrido. Sus irregulares idas y venidas en sus canciones son el motor perfecto de un público que pide a gritos actitudes que se habían perdido.

Sin tiempo casi para recuperarnos, nos sorprendió muy para bien la irrupción de Snapped Ankles, en el stage 2. La banda de Londres, propuso un post-punk con más synth que punk, muy divertido y bailable. Bailable para gente oscura, ya me entendéis. Tardamos en identificar todos los estímulos que estábamos recibiendo, bien por la hora o bien por la sobredosis de sonido que acabábamos de recibir. Se nos hicieron cortos, pero divertidos. Y aquí, creo que comenzó mi problema con la noche.

Después de todo esto, tocaba enfrentarse, y digo bien, enfrentarse a Bongzilla y Mephistofeles, dos bandas titánicas del doom, una por historia y otra por proyección. Bandas que me gustan, tanto para escuchar en casa como para ver en concierto, pero… ¿era el momento?

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Personalmente creo que hubiese disfrutado mucho más a Bongzilla o Mephistofeles antes de Deafheaven o Chat Pile, y entrada la madrugada, unos Snapped Ankles seguidos de Frankie and the Witch Fingers habrían sido la píldora de energía que gran parte del festival necesitaba. Quizás estoy diciendo una barbaridad, pero creo que un pequeño cambio hubiese sido maravilloso.

Pues bien, segundo concierto de Bongzilla, y ahora sí, con todas sus letras. Un muro de sonido que poco se parecía a lo que vimos la noche anterior. No noté a la gente demasiado conectada, quizás por lo que comentaba, o simplemente por las horas, el calor acumulado y este tipo de cosas que suceden en un festival de verano.

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