


Uniclub volvió a vestirse de negro para recibir a Tribulation, en una noche que combinó mística, sobriedad y una convocatoria moderada pero comprometida. Cerca de cien personas se acercaron al recinto de Guardia Vieja para presenciar el regreso de los suecos en formato headliner, una visita esperada por quienes han seguido la transformación del grupo desde sus días más ligados al death metal hacia ese presente donde el gothic heavy de atmósferas densas define su identidad.
La jornada comenzó con la presentación de Rhaug. La banda local de black metal atmosférico viene demostrando un nivel sonoro y profesional de excelencia, y esta vez no fue la excepción. Durante aproximadamente 45 minutos, mientras la gente terminaba de ingresar al lugar, el grupo nos sumergió en una inmersión catártica absoluta.
Más que un simple show de apertura, el cuarteto propuso una inmersión progresiva en un clima denso. Los riffs fueron construyéndose pacientemente y la base rítmica iba preparando el terreno para lo que vendría después. Cada vez que me toca verlos, la sensación es la misma: hay evolución, hay trabajo y hay una identidad cada vez más clara dentro del circuito local.
Mientras el público terminaba de ingresar y acomodarse, el ambiente comenzaba a transformarse. Luces tenues, humo sutil y una expectativa que crecía sin estridencias.
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Ya sabíamos que esta gira latinoamericana traía una particularidad: la presencia de Luana Dametto (Crypta) en batería, reemplazando temporalmente al histórico Oscar Leander. Y fue justamente ella quien apareció primero en escena. Su ingreso fue recibido con aplausos cálidos y gestos de aprobación inmediatos. Sin necesidad de discursos ni presentaciones extensas, se acomodó detrás del kit con una actitud concentrada, profesional y completamente enfocada en lo que debía hacer.
Sin embargo, el inicio del show de Tribulation no fue del todo limpio. Al momento de la salida del bajista y vocalista Johannes Andersson, un sonido molesto e incómodo se filtró en la mezcla. No fue un desperfecto grave, pero sí lo suficientemente notorio como para desviar la atención durante algunos minutos. Afortunadamente, la situación se estabilizó con rapidez y el show pudo continuar sin mayores sobresaltos.
Una vez estabilizado el sonido, la banda se convirtió en una entidad demoledora. Arrancaron con la introducción de “The Unrelenting Choir” para luego arremeter con “Tainted Skies”. Es fascinante observar la dualidad de las guitarras: Adam Zaars, el arquitecto de la atmósfera, y Joseph Tholl, quien con una actitud de “rockstar” clásica y movimientos fluidos, se lleva todas las miradas acercando el mástil al público.
La respuesta del público fue inmediata: cabezas en movimiento, puños en alto y coros acompañando las líneas más reconocibles. No hubo euforia desmedida, pero sí una conexión sostenida que se mantuvo durante gran parte del set.
El setlist fue un repaso por su discografía reciente, haciendo foco en su identidad actual. Sonaron piezas como “Nightbound” y “Hamartia”, donde la voz de Johannes —ahora más profunda y narrativa— guió a los presentes por pasajes sombríos. Dametto, desde el fondo, fue un reloj suizo: precisa, contundente y con una seriedad que aportó una estabilidad rítmica que la banda necesitaba para estas canciones.
Hubo momentos de gran intensidad con “Suspiria de Profundis”, un guiño a sus raíces más extremas, y la infaltable “The Lament”, que fue el punto de mayor euforia. Aquí el público, aunque escaso, se hizo sentir: puños en alto, cánticos y una entrega total ante el despliegue teatral de los músicos, quienes lucían sus maquillajes vampirescos y ropas decadentes con una naturalidad envidiable.
Para el bises, Tribulation no guardó nada. “Melancholia” y “Strange Gateways Beckon” pusieron el punto final a una jornada de casi 80 minutos de show. A pesar de los traspiés técnicos del inicio y de que la sala no estaba a tope, la sensación general fue de satisfacción. La banda demostró oficio y una soltura que solo los años de ruta te dan.
Cuando la música se apagó, el aura gótica quedó flotando en Uniclub, Tribulation probó que no necesita de estadios llenos para generar una misa negra de alta calidad. La combinación de su elegancia sueca con la potencia de Luana y la oscuridad de Rhaug conformó una fecha más que interesante de este inicio de año.
Etiquetas: Black Metal Atmosférico, Crypta, Death Metal, metal gótico, Rhaug, Tribulation


Uniclub volvió a vestirse de negro para recibir a Tribulation, en una noche que combinó mística, sobriedad y una convocatoria moderada pero comprometida. Cerca de cien personas se acercaron al recinto de Guardia Vieja para presenciar el regreso de los suecos en formato headliner, una visita esperada por quienes han seguido la transformación del grupo desde sus días más ligados al death metal hacia ese presente donde el gothic heavy de atmósferas densas define su identidad.
La jornada comenzó con la presentación de Rhaug. La banda local de black metal atmosférico viene demostrando un nivel sonoro y profesional de excelencia, y esta vez no fue la excepción. Durante aproximadamente 45 minutos, mientras la gente terminaba de ingresar al lugar, el grupo nos sumergió en una inmersión catártica absoluta.
Más que un simple show de apertura, el cuarteto propuso una inmersión progresiva en un clima denso. Los riffs fueron construyéndose pacientemente y la base rítmica iba preparando el terreno para lo que vendría después. Cada vez que me toca verlos, la sensación es la misma: hay evolución, hay trabajo y hay una identidad cada vez más clara dentro del circuito local.
Mientras el público terminaba de ingresar y acomodarse, el ambiente comenzaba a transformarse. Luces tenues, humo sutil y una expectativa que crecía sin estridencias.
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Ya sabíamos que esta gira latinoamericana traía una particularidad: la presencia de Luana Dametto (Crypta) en batería, reemplazando temporalmente al histórico Oscar Leander. Y fue justamente ella quien apareció primero en escena. Su ingreso fue recibido con aplausos cálidos y gestos de aprobación inmediatos. Sin necesidad de discursos ni presentaciones extensas, se acomodó detrás del kit con una actitud concentrada, profesional y completamente enfocada en lo que debía hacer.
Sin embargo, el inicio del show de Tribulation no fue del todo limpio. Al momento de la salida del bajista y vocalista Johannes Andersson, un sonido molesto e incómodo se filtró en la mezcla. No fue un desperfecto grave, pero sí lo suficientemente notorio como para desviar la atención durante algunos minutos. Afortunadamente, la situación se estabilizó con rapidez y el show pudo continuar sin mayores sobresaltos.
Una vez estabilizado el sonido, la banda se convirtió en una entidad demoledora. Arrancaron con la introducción de “The Unrelenting Choir” para luego arremeter con “Tainted Skies”. Es fascinante observar la dualidad de las guitarras: Adam Zaars, el arquitecto de la atmósfera, y Joseph Tholl, quien con una actitud de “rockstar” clásica y movimientos fluidos, se lleva todas las miradas acercando el mástil al público.
La respuesta del público fue inmediata: cabezas en movimiento, puños en alto y coros acompañando las líneas más reconocibles. No hubo euforia desmedida, pero sí una conexión sostenida que se mantuvo durante gran parte del set.
El setlist fue un repaso por su discografía reciente, haciendo foco en su identidad actual. Sonaron piezas como “Nightbound” y “Hamartia”, donde la voz de Johannes —ahora más profunda y narrativa— guió a los presentes por pasajes sombríos. Dametto, desde el fondo, fue un reloj suizo: precisa, contundente y con una seriedad que aportó una estabilidad rítmica que la banda necesitaba para estas canciones.
Hubo momentos de gran intensidad con “Suspiria de Profundis”, un guiño a sus raíces más extremas, y la infaltable “The Lament”, que fue el punto de mayor euforia. Aquí el público, aunque escaso, se hizo sentir: puños en alto, cánticos y una entrega total ante el despliegue teatral de los músicos, quienes lucían sus maquillajes vampirescos y ropas decadentes con una naturalidad envidiable.
Para el bises, Tribulation no guardó nada. “Melancholia” y “Strange Gateways Beckon” pusieron el punto final a una jornada de casi 80 minutos de show. A pesar de los traspiés técnicos del inicio y de que la sala no estaba a tope, la sensación general fue de satisfacción. La banda demostró oficio y una soltura que solo los años de ruta te dan.
Cuando la música se apagó, el aura gótica quedó flotando en Uniclub, Tribulation probó que no necesita de estadios llenos para generar una misa negra de alta calidad. La combinación de su elegancia sueca con la potencia de Luana y la oscuridad de Rhaug conformó una fecha más que interesante de este inicio de año.
Etiquetas: Black Metal Atmosférico, Crypta, Death Metal, metal gótico, Rhaug, Tribulation




