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Wiegedood
There's Always Blood at the End of the Road (2022)
Century Media

Tracklist:  

01. FN SCAR 16      
02. And in Old Salamano’s Room, the Dog Whimpered Softly      
03. Noblesse Oblige Richesse Oblige   
04. Until It Is Not   
05. Now Will Always Be   
06. Wade   
07. Nuages    
08. Theft and Begging     
09. Carousel       


Cuarto disco de Wiegedood, banda belga de Black Metal que hace varios años se ha posicionado como una de las más sobresalientes dentro de las novedades en el género. El trío conformado por Levy Seynaeve (voz y guitarras), Gilles Demolder (guitarras) y Wim Sreppoc (batería) ya venía anunciando una obra que se distanciaría de la trilogía anterior: “De dodden hebben het goed” (2015), “De dodden hebben het goed II” (2017) y “De dodden hebben het goed III” (2018), con una continuidad en el arte de las tapas, pero también en el sonido, si bien se percibían diferencias que daban cuentan de un desarrollo.

En esto de las “series” hicieron algo similar a Amenra con sus “misas” (desde “Mass I” hasta “Mass VI”): el grupo del que formó parte Levy Seynaeve en paralelo con su propio proyecto, hasta que finalmente decidió abandonar a los grandes exponentes del Post-Metal. Dicho sea de paso, también Amenra interrumpió o terminó el patrón que seguía con sus lanzamientos. La portada, si bien no prosigue con la imagen campestre y las ruinas que había en los discos precedentes, sí mantiene el símbolo de la banda, centrado y cubierto de sangre, sobre un fondo empedrado.

“FN SCAR 16” fue el tercer single lanzado con un video atrapante. Millones de cucarachas desplazándose a toda velocidad por urbes modernas bajo una colorida iluminación estroboscópica, evocando una situación de caos. Esos insectos que suelen tomarse como representación de la suciedad y el amontonamiento, también tienen la fama de que sobrevivirán a lo que sea que pueda ocurrirle al mundo. A su vez, aparece una de las representaciones más antiguas del “terraplanismo”: el plato sostenido por elefantes parados sobre una tortuga.

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El frenesí del videoclip encaja perfecto con la letra y la vorágine sonora del track, donde ya se exponen los recursos más virtuosos de la banda: una batería implacablemente trituradora, unas guitarras que emiten un tremolo riffing afilado, y distintas voces alternadas. La elaboración de los riffs es excelente, hasta podría decirse con reminiscencias clásicas como “El vuelo del moscardón” de Rimsky Korsakov (hasta en la asociación con insectos).

Le sigue “And in Old Salamano’s Room, the Dog Whimpered Softly” que persiste con la avalancha de la canción anterior. En esta ocasión, por momentos se oyen dramáticos gritos de fondo y aparecen lapsos más lentos, con machaques ansiógenos y un solo de guitarra melódico. La batería, nuevamente acelerada, da inicio a “Noblesse Oblige Richesse Oblige”, que da paso a otro tipo de riffs, más apesadumbrados, así como a algún que otro punteo, aunque el track -entre varios cortes- recupera la velocidad desesperante de las pistas previas, dando la sensación de un clamor ante un fin que se acerca demasiado rápido. Surgen algunos elementos Noise que también son propios de este álbum.

“Until It Is Not” es el tema más pegadizo, con ecos del estilo que hace rato vienen cultivando Mgla y toda la horda de bandas que los imitan. Esto no le resta mérito, pues se trata de un solo track entre nueve y no del disco entero. Por otra parte, el timbre de voz es diferente, el trabajo de las guitarras se distingue –en especial, por la calidad melódica- y el contexto de la totalidad resignifica la canción.

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El segundo corte de difusión fue “Now Will Always Be” con un visualizer bastante ambiguo. Tiene el principio más “tranquilo” –si cabe el término- hasta que el ritmo cambia abruptamente. El trabajo de las guitarras muestra aún más versatilidad y una voz cavernosa, profunda, invoca un semblante ritual, casi ancestral, a lo largo de un recorrido casi Drone. La voz corrosiva de siempre también emerge esporádicamente. El final de este track en particular resulta muy cautivante y emotivo, y el bajo sobresale por primera vez.

Encontramos un interludio bastante particular en “Wade”, con una solitaria y sucia guitarra, y luego una sección de cuerdas igual de rústicas. “Nuages” fue el primer single, con un video que nos recuerda a “El Silencio de los Inocentes”: una escena de un hombre secuestrado a merced de quien aparenta ser un psicópata. Llegado este punto, hay que reiterar lo acertado de lograr una verdadera coherencia entre lo visual y lo musical. Tanto tiempo de exposición a esta sublime catástrofe ya empieza a generar tensión. Hacia el final todo se ralentiza y se torna más inquietante. La experiencia avanza con “Theft and Begging”, con todos los atributos ya puestos sobre la mesa anteriormente, aunque en una combinación distinta.

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Lo último es “Carousel”, que también tuvo un visualizer deliberadamente precario que muestra el proceso de montaje para la imagen de la portada. Aquí se halla la particularidad de cierta similitud armónica con Amenra, banda de la que proviene Seynaeve, y vuelven esas voces casi religiosas. Las guitarras insisten en hacer contorsiones que catalizan sentimientos de desorden.

Se trata de un disco impactante que nos invita a celebrar que las bandas sigan animándose a asumir el riesgo de la creación, en vez de quedar estancadas en sus propias fórmulas o las ajenas. Muy probablemente consiga su lugar entre lo más destacado de este año que recién comienza.

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There's Always Blood at the End of the Road (2022)
Century Media

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02. And in Old Salamano’s Room, the Dog Whimpered Softly      
03. Noblesse Oblige Richesse Oblige   
04. Until It Is Not   
05. Now Will Always Be   
06. Wade   
07. Nuages    
08. Theft and Begging     
09. Carousel       





Cuarto disco de Wiegedood, banda belga de Black Metal que hace varios años se ha posicionado como una de las más sobresalientes dentro de las novedades en el género. El trío conformado por Levy Seynaeve (voz y guitarras), Gilles Demolder (guitarras) y Wim Sreppoc (batería) ya venía anunciando una obra que se distanciaría de la trilogía anterior: “De dodden hebben het goed” (2015), “De dodden hebben het goed II” (2017) y “De dodden hebben het goed III” (2018), con una continuidad en el arte de las tapas, pero también en el sonido, si bien se percibían diferencias que daban cuentan de un desarrollo.

En esto de las “series” hicieron algo similar a Amenra con sus “misas” (desde “Mass I” hasta “Mass VI”): el grupo del que formó parte Levy Seynaeve en paralelo con su propio proyecto, hasta que finalmente decidió abandonar a los grandes exponentes del Post-Metal. Dicho sea de paso, también Amenra interrumpió o terminó el patrón que seguía con sus lanzamientos. La portada, si bien no prosigue con la imagen campestre y las ruinas que había en los discos precedentes, sí mantiene el símbolo de la banda, centrado y cubierto de sangre, sobre un fondo empedrado.

“FN SCAR 16” fue el tercer single lanzado con un video atrapante. Millones de cucarachas desplazándose a toda velocidad por urbes modernas bajo una colorida iluminación estroboscópica, evocando una situación de caos. Esos insectos que suelen tomarse como representación de la suciedad y el amontonamiento, también tienen la fama de que sobrevivirán a lo que sea que pueda ocurrirle al mundo. A su vez, aparece una de las representaciones más antiguas del “terraplanismo”: el plato sostenido por elefantes parados sobre una tortuga.

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“Until It Is Not” es el tema más pegadizo, con ecos del estilo que hace rato vienen cultivando Mgla y toda la horda de bandas que los imitan. Esto no le resta mérito, pues se trata de un solo track entre nueve y no del disco entero. Por otra parte, el timbre de voz es diferente, el trabajo de las guitarras se distingue –en especial, por la calidad melódica- y el contexto de la totalidad resignifica la canción.

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Encontramos un interludio bastante particular en “Wade”, con una solitaria y sucia guitarra, y luego una sección de cuerdas igual de rústicas. “Nuages” fue el primer single, con un video que nos recuerda a “El Silencio de los Inocentes”: una escena de un hombre secuestrado a merced de quien aparenta ser un psicópata. Llegado este punto, hay que reiterar lo acertado de lograr una verdadera coherencia entre lo visual y lo musical. Tanto tiempo de exposición a esta sublime catástrofe ya empieza a generar tensión. Hacia el final todo se ralentiza y se torna más inquietante. La experiencia avanza con “Theft and Begging”, con todos los atributos ya puestos sobre la mesa anteriormente, aunque en una combinación distinta.

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