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30° Aniversario de: Gothic, de Paradise Lost
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Halifax es un lugar conocido por un par de cosas bastante particulares: sus inviernos largos y fríos, y su producción de caramelos y chocolates, cosas que seguramente vayan de la mano. Pero a fines de los ochentas, esta ciudad del norte de Inglaterra, ubicada en la zona de Yorkshire, ciertamente no era conocida por su escena metalera, que en el contexto inglés tenía lugares como Londres y Birmingham como centros del género. Tampoco es que todo Yorkshire estuviera desprovisto de representantes metaleros, con bandas como Saxon y Def Leppard habiendo tenido sus inicios ahí, pero Halifax no parecía ser el terreno más fértil para el género. Fue en este ambiente tan contrario a ese sonido que un grupo de amigos oriundos de la ciudad decidió formar una banda en 1988.

La primera imagen conocida de Paradise Lost

El cantante Nick Holmes, los guitarristas Gregor Mackintosh y Aaron Aedy, el bajista Stephen Edmondson y el baterista Matthew Archer tenían un par de cosas en común, sobre todo su gusto por el metal extremo: bandas como Celtic Frost, Sodom, Bathory y demás representantes extremos de los ochentas estaban entre los preferidos del quinteto, junto a grupos de doom metal como Candlemass y Trouble. La otra era la corta edad de los miembros, con la mayoría de ellos apenas habiéndose graduado de la secundaria.

Según indicó Aedy en una entrevista con Excuse The Blood, fue justamente Holmes, el más joven del grupo, el que sugirió el nombre “Paradise Lost” para bautizar a la banda. Inspirado en el poema épico “El Paraíso Perdido” de John Milton, Holmes admitió que ninguno de los músicos leyó nunca el libro, pero que a todos les parecía un buen nombre y que no era tan cliché como los de otras bandas de metal extremo, además de que podían cambiarlo por algo mejor más adelante. Ese “algo mejor” nunca llegó.

Durante 1988 y 1989 Paradise Lost comenzaron a dar sus primeros recitales en los bares Queens Hall y Frog & Toad en la vecina Bradford, nunca alejándose mucho de su ciudad natal por la falta de fondos, y en el medio también lograron grabar tres demos, cada uno mejorando la calidad de sonido del anterior pero siempre sonando excesivamente crudos. Pero entre el ruido de la cinta de estos cassettes, se podía distinguir el pesado death y doom metal de estos primeros años de la banda. El productor de los dos últimos demos fue Paul “Hammy” Halmshaw: por esa época él era baterista de la banda de grindcore Sore Throat, pero desde hacía unos años también se estaba empezando a hacer un nombre tanto en la producción como publicación de música, gracias a su sello Peaceville Records. Originalmente un sello de música punk, no pasó mucho tiempo hasta que Halmshaw empezara a firmar con bandas de heavy metal, y Paradise Lost sería una de las primeras.

Imagen incluida en la contratapa de “Lost Paradise”

El debut “Lost Paradise”, editado el 5 de febrero de 1990, era ante todo una continuación de lo hecho en los demos, con los ritmos lentos mezclados con las voces guturales de Nick Holmes. Esa combinación no era algo necesariamente nuevo: grupos estadounidenses como Obituary y Autopsy, con sus respectivos debuts “Slowly We Rot” y “Severed Survival” de 1989, habían mostrado cómo el death metal se podía separar de sus raíces thrasheras y crear las mismas atmósferas de pesadilla con la mitad de la velocidad, e incluso potenciarlas con esa nueva característica. Sin embargo, Paradise Lost eran parte de una nueva camada de grupos que le daban a este nuevo sonido, el “death doom metal”, una identidad y características propias, y que a principios de los noventas tendría a Inglaterra como uno de los centros más importantes de este sonido extremo.

A pesar de todo esto, es obvio que “Lost Paradise” es el debut de una banda muy joven, sobre todo en que la producción era superior a la de los demos pero no por mucho. Es un sonido crudo y algo precario, con un bajo al que le falta presencia y unas guitarras con un sonido extraño, aunque no por eso un obstáculo: en el documental “Over The Madness”, Hammy mencionó que grababa las guitarras rítmicas completamente limpias, y luego agregaba la distorsión en post producción.

Fuera de esos puntos más técnicos, la performance de los músicos también era imperfecta, con riffs y ritmos bastante básicos, instrumentos que a veces se siente que están haciendo lo propio sin compaginarse con el resto. En una entrevista de diciembre de 1995 con la revista española Popular 1 Rock and Roll Magazine, Greg Mackintosh dijo que al día de hoy siente que “Lost Paradise” es más “un demo en vinilo que un álbum”, incluso estando de acuerdo con que su salida fue algo precipitada.

Sin embargo, ya se podían encontrar algunos elementos en los que ahondaría a futuro Paradise Lost, más específicamente en la canción “Breeding Fear”. La canción sigue el estilo de death metal pesado típico de esta primera época de la banda, pero tiene una corta participación de la cantante de sesión Kay Field en el comienzo. Siendo la última canción del álbum aparte del instrumental “Lost Paradise”, al menos en la versión en vinilo, no sería descabellado pensar que este detalle era una pista de lo que el quinteto planeaba a futuro.

A pesar de todas estas contras, “Lost Paradise” le dio la oportunidad a los ingleses de dar sus primeros recitales fuera de Bradford: durante septiembre de 1990, Paradise Lost tocaron en Liverpool, Londres, Escocia y Gales, e incluso dieron su primer viaje internacional al realizar cinco conciertos en los Países Bajos. Como parte de la promoción del álbum, Peaceville editó “In Dub”, un maxi single con las canciones “Rotting Misery” y “Breeding Fear” remixadas en clave dub, y que constituye uno de los lanzamientos más particulares de la carrera de Paradise Lost.

Terminada su mini gira europea de un mes, la banda no dejó pasar mucho tiempo hasta ponerse a trabajar de nuevo: en noviembre de ese mismo año, Paradise Lost estaban de vuelta en los Academy Music Studios, el mismo lugar donde grabaron su álbum debut, para preparar su segundo trabajo. Pero en apenas un año, las cosas habían empezado a cambiar.

“Entre 1984 y 1990, no escuché otra cosa que death y thrash metal”, dijo Nick Holmes en una entrevista con Cryptic Rock, y continúa diciendo que “cuando comienzas una banda, descubres otros grupos y diferentes estilos musicales”. En el caso de Paradise Lost, este proceso de descubrimiento llevó a que el grupo comenzara a prestarle más atención al rock gótico con el que habían crecido: Sisters of Mercy, Siouxsie and the Banshees, Bauhaus, Christian Death, The Cure, The Cult y demás. Muchas de las bandas góticas inglesas de principios de los ochentas eran, al igual que ellos, oriundas del norte de Inglaterra, y aunque los miembros de Paradise Lost eran metaleros, ellos solían juntarse con los góticos durante sus salidas, porque no había lugares donde pasaran heavy metal, como cuenta Holmes en una entrevista con Reflections of Darkness. A pesar de que los grupos de punks, góticos y metaleros eran, según una entrevista de Mackintosh para Xsnoize, bastante sectarios, pasaban el rato en los mismos lugares y compartían el gusto por la música oscura. Con este nuevo enfoque y con el ingeniero Keith Appleton, dueño de Academy Music Studios, detrás de la consola, Paradise Lost dedicaron tres meses a darle forma a su segundo álbum.

Editado el 19 de marzo de 1991, “Gothic” era una declaración de principios ya desde su título: aunque Celtic Frost pueden considerarse precursores de las atmósferas góticas con su álbum “Into The Pandemonium” (1987), Paradise Lost fue una de las primeras bandas, si no la primera, de heavy metal en aplicar el término “gótico” para definir su estilo, dando origen a la etiqueta de “metal gótico”. Según Greg Mackintosh, el grupo ya había usado el término “metal gótico” en una entrevista de 1989, aunque en ese caso era una frase dicha al paso. Es con “Gothic” donde la banda empezó a tomarse en serio esa idea, algo que podía ver ya desde la portada: en contraste con el robot haciendo un saludo nazi, diseñado por el dibujante de cómics Duncan Fegredo, que aparecía en la portada de “Lost Paradise”, este segundo álbum tiene una imagen oscura y abstracta, y la mayor parte de las ediciones omiten el título del álbum. El bajista Stephen Edmondson dijo en el libro “Precious Metal”, de Albert Mudrian, que la portada es una foto del bolsillo de pecho del cárdigan de Matthew Archer, ampliada y distorsionada hasta dejarla casi irreconocible.

El aspecto “gótico” de esta nueva etapa de Paradise Lost no se limitaba sólo a nombres y estéticas, sino que se reflejaba en la música: “Gothic”, la canción título y apertura del álbum, ya mostraba casi todos los elementos de la nueva fórmula de los ingleses. A lo largo de sus casi cinco minutos, se pueden escuchar riffs muchísimo más melódicos, una performance muchísimo más pulida y sin tanto del desprolijo juvenil del debut, y las delicadas voces de la cantante Sarah Marrion contrastando con los gritos guturales de Holmes. Aunque las voces femeninas sólo se repiten en “The Painless”, ambas canciones marcarían el antecedente de la dinámica “bella y bestia” que tantos otros grupos seguirían durante las tres décadas siguientes.

También se pueden escuchar arreglos de orquesta, acreditados a la The Raptured Symphony Orchestra, que incluso tiene su propia sección justo antes del solo de guitarra en el siguiente track “Dead Emotion”, y cierra el ábum con el instrumental “Desolate”.

En “Shattered”, Holmes usa por primera vez su voz limpia, aunque con un estilo ultra grave que está lejos de lo que se vería en los siguientes álbumes. Por otro lado, sus voces guturales siguen siendo tan brutales como de costumbre, ahora ayudadas por una producción que, sin ser perfecta, es mucho más clara y trabajada: aunque en su conjunto los instrumentos puede llegar a sonar un tanto apagados, en este nuevo contexto esa característica va de la mano con la atmósfera oscura y pesimista del álbum, como si todo se desarrollara en las ruinas de una catedral donde apenas entrara la luz.

Canciones como “Dead Emotion” y “Falling Forever”, con esas pausas en las guitarras que hacen que las voces de Holmes sean todavía más agresivas, son mucho más directas, todavía conservando los riffs deathmetaleros. Y hablando de las guitarras, Gregor Mackintosh y Aaron Aedy son las grandes estrellas en el aspecto instrumental: Mackintosh provee las líneas melódicas que guían cada tema, mientras que Aedy da su apoyo con sus punteos. Y aunque la producción no les sea lo más provechosa para sus instrumentos, tanto Edmondson como Archer hacen perfectamente su trabajo de proveer la base de las canciones.

El aspecto lírico también evolucionó con respecto al debut: la banda admite que las letras de “Lost Paradise” no estaban pensadas de manera muy profunda, es fácil notar que las de “Gothic” usan menos imágenes de horror gráfico y dolor físico, enfocándose más a un horror existencial, más filosófico. Además, hay una dosis extra de referencias religiosas, como en “Rapture” y “Falling Forever”, entre otras.

“Gothic” no es un álbum perfecto: casi todos los elementos utilizados a lo largo de sus 39 minutos serían pulidos y perfeccionados en los siguientes álbumes de Paradise Lost, y después de la primera canción las voces femeninas y la orquesta hacen apariciones muy esporádicas. Pero es un trabajo que fue pionero en tantas cosas, que es difícil juzgarlo sin tener que pensar en que muchos de los estándares actuales se originaron a partir de la influencia de este álbum.

Con la salida de “Gothic” y los debuts de My Dying Bride (“As The Flower Withers”, de 1992) y Anathema (“Serenades”, de 1993), la prensa musical metalera popularizó el término “Peaceville Three” (“Los Tres de Peaceville”) para agrupar a estos tres grupos, considerados pioneros del death doom gótico en el inicio de la década, marcando un antes y un después en la historia del metal extremo, y aunque Paul “Hammy” Halmshaw diga odiar el término y lo rechace porque reduzca y simplifiqie la historia del sello e ignore sus orígenes punk, es uno que ha sobrevivido al día de hoy, casi al mismo nivel que el “Big Four del Thrash Estadounidense” o el “Big Three del Thrash Alemán”. Sin embargo y a pesar de haber sido la primera de esas tres bandas en hacerse un nombre junto a Peaceville, sería Paradise Lost la que tendría la carrera más corta junto al sello de Halmshaw: luego de la gira europea “March of the Cross” y habiendo completado su contrato por dos álbumes, el quinteto firmó con el sello Music For Nations, con el que refinarían su fórmula en sus siguientes discos y se convertirían en una de las bandas cabecera de la explosión del metal gótico durante los noventas. Y nada de eso hubiera ocurrido si las ideas primitivas pero honestas contenidas en “Gothic”.

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30° Aniversario de: Gothic, de Paradise Lost
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Halifax es un lugar conocido por un par de cosas bastante particulares: sus inviernos largos y fríos, y su producción de caramelos y chocolates, cosas que seguramente vayan de la mano. Pero a fines de los ochentas, esta ciudad del norte de Inglaterra, ubicada en la zona de Yorkshire, ciertamente no era conocida por su escena metalera, que en el contexto inglés tenía lugares como Londres y Birmingham como centros del género. Tampoco es que todo Yorkshire estuviera desprovisto de representantes metaleros, con bandas como Saxon y Def Leppard habiendo tenido sus inicios ahí, pero Halifax no parecía ser el terreno más fértil para el género. Fue en este ambiente tan contrario a ese sonido que un grupo de amigos oriundos de la ciudad decidió formar una banda en 1988.

La primera imagen conocida de Paradise Lost

El cantante Nick Holmes, los guitarristas Gregor Mackintosh y Aaron Aedy, el bajista Stephen Edmondson y el baterista Matthew Archer tenían un par de cosas en común, sobre todo su gusto por el metal extremo: bandas como Celtic Frost, Sodom, Bathory y demás representantes extremos de los ochentas estaban entre los preferidos del quinteto, junto a grupos de doom metal como Candlemass y Trouble. La otra era la corta edad de los miembros, con la mayoría de ellos apenas habiéndose graduado de la secundaria.

Según indicó Aedy en una entrevista con Excuse The Blood, fue justamente Holmes, el más joven del grupo, el que sugirió el nombre “Paradise Lost” para bautizar a la banda. Inspirado en el poema épico “El Paraíso Perdido” de John Milton, Holmes admitió que ninguno de los músicos leyó nunca el libro, pero que a todos les parecía un buen nombre y que no era tan cliché como los de otras bandas de metal extremo, además de que podían cambiarlo por algo mejor más adelante. Ese “algo mejor” nunca llegó.

Durante 1988 y 1989 Paradise Lost comenzaron a dar sus primeros recitales en los bares Queens Hall y Frog & Toad en la vecina Bradford, nunca alejándose mucho de su ciudad natal por la falta de fondos, y en el medio también lograron grabar tres demos, cada uno mejorando la calidad de sonido del anterior pero siempre sonando excesivamente crudos. Pero entre el ruido de la cinta de estos cassettes, se podía distinguir el pesado death y doom metal de estos primeros años de la banda. El productor de los dos últimos demos fue Paul “Hammy” Halmshaw: por esa época él era baterista de la banda de grindcore Sore Throat, pero desde hacía unos años también se estaba empezando a hacer un nombre tanto en la producción como publicación de música, gracias a su sello Peaceville Records. Originalmente un sello de música punk, no pasó mucho tiempo hasta que Halmshaw empezara a firmar con bandas de heavy metal, y Paradise Lost sería una de las primeras.

Imagen incluida en la contratapa de “Lost Paradise”

El debut “Lost Paradise”, editado el 5 de febrero de 1990, era ante todo una continuación de lo hecho en los demos, con los ritmos lentos mezclados con las voces guturales de Nick Holmes. Esa combinación no era algo necesariamente nuevo: grupos estadounidenses como Obituary y Autopsy, con sus respectivos debuts “Slowly We Rot” y “Severed Survival” de 1989, habían mostrado cómo el death metal se podía separar de sus raíces thrasheras y crear las mismas atmósferas de pesadilla con la mitad de la velocidad, e incluso potenciarlas con esa nueva característica. Sin embargo, Paradise Lost eran parte de una nueva camada de grupos que le daban a este nuevo sonido, el “death doom metal”, una identidad y características propias, y que a principios de los noventas tendría a Inglaterra como uno de los centros más importantes de este sonido extremo.

A pesar de todo esto, es obvio que “Lost Paradise” es el debut de una banda muy joven, sobre todo en que la producción era superior a la de los demos pero no por mucho. Es un sonido crudo y algo precario, con un bajo al que le falta presencia y unas guitarras con un sonido extraño, aunque no por eso un obstáculo: en el documental “Over The Madness”, Hammy mencionó que grababa las guitarras rítmicas completamente limpias, y luego agregaba la distorsión en post producción.

Fuera de esos puntos más técnicos, la performance de los músicos también era imperfecta, con riffs y ritmos bastante básicos, instrumentos que a veces se siente que están haciendo lo propio sin compaginarse con el resto. En una entrevista de diciembre de 1995 con la revista española Popular 1 Rock and Roll Magazine, Greg Mackintosh dijo que al día de hoy siente que “Lost Paradise” es más “un demo en vinilo que un álbum”, incluso estando de acuerdo con que su salida fue algo precipitada.

Sin embargo, ya se podían encontrar algunos elementos en los que ahondaría a futuro Paradise Lost, más específicamente en la canción “Breeding Fear”. La canción sigue el estilo de death metal pesado típico de esta primera época de la banda, pero tiene una corta participación de la cantante de sesión Kay Field en el comienzo. Siendo la última canción del álbum aparte del instrumental “Lost Paradise”, al menos en la versión en vinilo, no sería descabellado pensar que este detalle era una pista de lo que el quinteto planeaba a futuro.

A pesar de todas estas contras, “Lost Paradise” le dio la oportunidad a los ingleses de dar sus primeros recitales fuera de Bradford: durante septiembre de 1990, Paradise Lost tocaron en Liverpool, Londres, Escocia y Gales, e incluso dieron su primer viaje internacional al realizar cinco conciertos en los Países Bajos. Como parte de la promoción del álbum, Peaceville editó “In Dub”, un maxi single con las canciones “Rotting Misery” y “Breeding Fear” remixadas en clave dub, y que constituye uno de los lanzamientos más particulares de la carrera de Paradise Lost.

Terminada su mini gira europea de un mes, la banda no dejó pasar mucho tiempo hasta ponerse a trabajar de nuevo: en noviembre de ese mismo año, Paradise Lost estaban de vuelta en los Academy Music Studios, el mismo lugar donde grabaron su álbum debut, para preparar su segundo trabajo. Pero en apenas un año, las cosas habían empezado a cambiar.

“Entre 1984 y 1990, no escuché otra cosa que death y thrash metal”, dijo Nick Holmes en una entrevista con Cryptic Rock, y continúa diciendo que “cuando comienzas una banda, descubres otros grupos y diferentes estilos musicales”. En el caso de Paradise Lost, este proceso de descubrimiento llevó a que el grupo comenzara a prestarle más atención al rock gótico con el que habían crecido: Sisters of Mercy, Siouxsie and the Banshees, Bauhaus, Christian Death, The Cure, The Cult y demás. Muchas de las bandas góticas inglesas de principios de los ochentas eran, al igual que ellos, oriundas del norte de Inglaterra, y aunque los miembros de Paradise Lost eran metaleros, ellos solían juntarse con los góticos durante sus salidas, porque no había lugares donde pasaran heavy metal, como cuenta Holmes en una entrevista con Reflections of Darkness. A pesar de que los grupos de punks, góticos y metaleros eran, según una entrevista de Mackintosh para Xsnoize, bastante sectarios, pasaban el rato en los mismos lugares y compartían el gusto por la música oscura. Con este nuevo enfoque y con el ingeniero Keith Appleton, dueño de Academy Music Studios, detrás de la consola, Paradise Lost dedicaron tres meses a darle forma a su segundo álbum.

Editado el 19 de marzo de 1991, “Gothic” era una declaración de principios ya desde su título: aunque Celtic Frost pueden considerarse precursores de las atmósferas góticas con su álbum “Into The Pandemonium” (1987), Paradise Lost fue una de las primeras bandas, si no la primera, de heavy metal en aplicar el término “gótico” para definir su estilo, dando origen a la etiqueta de “metal gótico”. Según Greg Mackintosh, el grupo ya había usado el término “metal gótico” en una entrevista de 1989, aunque en ese caso era una frase dicha al paso. Es con “Gothic” donde la banda empezó a tomarse en serio esa idea, algo que podía ver ya desde la portada: en contraste con el robot haciendo un saludo nazi, diseñado por el dibujante de cómics Duncan Fegredo, que aparecía en la portada de “Lost Paradise”, este segundo álbum tiene una imagen oscura y abstracta, y la mayor parte de las ediciones omiten el título del álbum. El bajista Stephen Edmondson dijo en el libro “Precious Metal”, de Albert Mudrian, que la portada es una foto del bolsillo de pecho del cárdigan de Matthew Archer, ampliada y distorsionada hasta dejarla casi irreconocible.

El aspecto “gótico” de esta nueva etapa de Paradise Lost no se limitaba sólo a nombres y estéticas, sino que se reflejaba en la música: “Gothic”, la canción título y apertura del álbum, ya mostraba casi todos los elementos de la nueva fórmula de los ingleses. A lo largo de sus casi cinco minutos, se pueden escuchar riffs muchísimo más melódicos, una performance muchísimo más pulida y sin tanto del desprolijo juvenil del debut, y las delicadas voces de la cantante Sarah Marrion contrastando con los gritos guturales de Holmes. Aunque las voces femeninas sólo se repiten en “The Painless”, ambas canciones marcarían el antecedente de la dinámica “bella y bestia” que tantos otros grupos seguirían durante las tres décadas siguientes.

También se pueden escuchar arreglos de orquesta, acreditados a la The Raptured Symphony Orchestra, que incluso tiene su propia sección justo antes del solo de guitarra en el siguiente track “Dead Emotion”, y cierra el ábum con el instrumental “Desolate”.

En “Shattered”, Holmes usa por primera vez su voz limpia, aunque con un estilo ultra grave que está lejos de lo que se vería en los siguientes álbumes. Por otro lado, sus voces guturales siguen siendo tan brutales como de costumbre, ahora ayudadas por una producción que, sin ser perfecta, es mucho más clara y trabajada: aunque en su conjunto los instrumentos puede llegar a sonar un tanto apagados, en este nuevo contexto esa característica va de la mano con la atmósfera oscura y pesimista del álbum, como si todo se desarrollara en las ruinas de una catedral donde apenas entrara la luz.

Canciones como “Dead Emotion” y “Falling Forever”, con esas pausas en las guitarras que hacen que las voces de Holmes sean todavía más agresivas, son mucho más directas, todavía conservando los riffs deathmetaleros. Y hablando de las guitarras, Gregor Mackintosh y Aaron Aedy son las grandes estrellas en el aspecto instrumental: Mackintosh provee las líneas melódicas que guían cada tema, mientras que Aedy da su apoyo con sus punteos. Y aunque la producción no les sea lo más provechosa para sus instrumentos, tanto Edmondson como Archer hacen perfectamente su trabajo de proveer la base de las canciones.

El aspecto lírico también evolucionó con respecto al debut: la banda admite que las letras de “Lost Paradise” no estaban pensadas de manera muy profunda, es fácil notar que las de “Gothic” usan menos imágenes de horror gráfico y dolor físico, enfocándose más a un horror existencial, más filosófico. Además, hay una dosis extra de referencias religiosas, como en “Rapture” y “Falling Forever”, entre otras.

“Gothic” no es un álbum perfecto: casi todos los elementos utilizados a lo largo de sus 39 minutos serían pulidos y perfeccionados en los siguientes álbumes de Paradise Lost, y después de la primera canción las voces femeninas y la orquesta hacen apariciones muy esporádicas. Pero es un trabajo que fue pionero en tantas cosas, que es difícil juzgarlo sin tener que pensar en que muchos de los estándares actuales se originaron a partir de la influencia de este álbum.

Con la salida de “Gothic” y los debuts de My Dying Bride (“As The Flower Withers”, de 1992) y Anathema (“Serenades”, de 1993), la prensa musical metalera popularizó el término “Peaceville Three” (“Los Tres de Peaceville”) para agrupar a estos tres grupos, considerados pioneros del death doom gótico en el inicio de la década, marcando un antes y un después en la historia del metal extremo, y aunque Paul “Hammy” Halmshaw diga odiar el término y lo rechace porque reduzca y simplifiqie la historia del sello e ignore sus orígenes punk, es uno que ha sobrevivido al día de hoy, casi al mismo nivel que el “Big Four del Thrash Estadounidense” o el “Big Three del Thrash Alemán”. Sin embargo y a pesar de haber sido la primera de esas tres bandas en hacerse un nombre junto a Peaceville, sería Paradise Lost la que tendría la carrera más corta junto al sello de Halmshaw: luego de la gira europea “March of the Cross” y habiendo completado su contrato por dos álbumes, el quinteto firmó con el sello Music For Nations, con el que refinarían su fórmula en sus siguientes discos y se convertirían en una de las bandas cabecera de la explosión del metal gótico durante los noventas. Y nada de eso hubiera ocurrido si las ideas primitivas pero honestas contenidas en “Gothic”.

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