

Madrid, 16 de enero de 2026 — Hay noches en las que el metal no es solo música, sino un refugio. El pasado jueves, Madrid se presentó bajo un manto de frío persistente y una lluvia incesante que parecía querer disuadir a cualquiera de salir de casa. Sin embargo, en el corazón del distrito de Tetuán, la Sala Nazca se convirtió en un búnker de sonidos extremos para recibir la visita de los neerlandeses Legion of the Damned, escoltados por una avanzadilla riojana de alto nivel.
A pesar de ser una jornada laborable y de las condiciones meteorológicas adversas, lo que restó en número de asistentes se ganó en fervor. La audiencia, aunque no muy numerosa, estuvo compuesta por ese núcleo duro de seguidores que no entiende de previsiones climáticas, mostrando una entrega absoluta desde el primer acorde.
Los encargados de abrir fuego fueron Ataxia. La banda de La Rioja desplegó un Death Metal de corte clásico pero con pinceladas técnicas que rápidamente caldearon el ambiente. Su estilo se define por una base rítmica demoledora y voces guturales que emanan una rabia orgánica.
A pesar de enfrentarse a una sala que aún estaba terminando de recibir a los más rezagados por la lluvia, Ataxia no escatimó en energía. Su propuesta, directa y sin concesiones, sirvió para establecer el tono de lo que sería una noche de pura agresión sonora, demostrando que el underground nacional tiene una salud de hierro.
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Tras el breve cambio de rigor, fue el turno de Sacra. También procedentes de tierras riojanas, el grupo ofreció un contraste interesante al elevar la apuesta hacia terrenos más sombríos. Su estilo navega con maestría entre el Melodic Death y el Black Metal, creando atmósferas mucho más densas que sus predecesores.
El uso de armonías de guitarra más complejas y una estructura de canciones que alterna la velocidad del blast beat con pasajes más atmosféricos permitió que el público se sumergiera en una experiencia más inmersiva. Sacra demostró una gran presencia escénica, logrando que los presentes olvidaran por completo el frío que reinaba en el exterior de la sala.
Finalmente, el plato fuerte. Legion of the Damned saltó al escenario con la seguridad de quien sabe que es uno de los nombres más consistentes del metal extremo europeo. El cuarteto neerlandés es una institución en la fusión del Thrash y el Death Metal, caracterizados por un sonido que ellos mismos denominan como una “apisonadora”: riffs de guitarra cortantes, una precisión quirúrgica en la batería y la voz rasgada y autoritaria de Maurice Swinkels.
Desde clásicos como “Malevolent Rapture” hasta sus composiciones más recientes, la banda ejecutó un setlist frenético. La conexión con el público madrileño fue instantánea; los seguidores, volcados sobre las primeras filas, respondieron con mosh pits constantes a cada envite de la banda. Fue un recital de fuerza bruta y profesionalidad, donde la calidad del sonido en Nazca permitió apreciar cada detalle de su ataque sónico.
La velada del jueves fue un recordatorio de que la escena extrema no necesita grandes estadios para brillar. La comunión entre Legion of the Damned, Sacra y Ataxia y su fiel audiencia madrileña convirtió una noche desapacible en un evento memorable. Al salir de la sala, la lluvia seguía cayendo, pero el calor de la descarga todavía vibraba en los oídos de los metalheads que presenciaron el asalto.


Madrid, 16 de enero de 2026 — Hay noches en las que el metal no es solo música, sino un refugio. El pasado jueves, Madrid se presentó bajo un manto de frío persistente y una lluvia incesante que parecía querer disuadir a cualquiera de salir de casa. Sin embargo, en el corazón del distrito de Tetuán, la Sala Nazca se convirtió en un búnker de sonidos extremos para recibir la visita de los neerlandeses Legion of the Damned, escoltados por una avanzadilla riojana de alto nivel.
A pesar de ser una jornada laborable y de las condiciones meteorológicas adversas, lo que restó en número de asistentes se ganó en fervor. La audiencia, aunque no muy numerosa, estuvo compuesta por ese núcleo duro de seguidores que no entiende de previsiones climáticas, mostrando una entrega absoluta desde el primer acorde.
Los encargados de abrir fuego fueron Ataxia. La banda de La Rioja desplegó un Death Metal de corte clásico pero con pinceladas técnicas que rápidamente caldearon el ambiente. Su estilo se define por una base rítmica demoledora y voces guturales que emanan una rabia orgánica.
A pesar de enfrentarse a una sala que aún estaba terminando de recibir a los más rezagados por la lluvia, Ataxia no escatimó en energía. Su propuesta, directa y sin concesiones, sirvió para establecer el tono de lo que sería una noche de pura agresión sonora, demostrando que el underground nacional tiene una salud de hierro.
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Tras el breve cambio de rigor, fue el turno de Sacra. También procedentes de tierras riojanas, el grupo ofreció un contraste interesante al elevar la apuesta hacia terrenos más sombríos. Su estilo navega con maestría entre el Melodic Death y el Black Metal, creando atmósferas mucho más densas que sus predecesores.
El uso de armonías de guitarra más complejas y una estructura de canciones que alterna la velocidad del blast beat con pasajes más atmosféricos permitió que el público se sumergiera en una experiencia más inmersiva. Sacra demostró una gran presencia escénica, logrando que los presentes olvidaran por completo el frío que reinaba en el exterior de la sala.
Finalmente, el plato fuerte. Legion of the Damned saltó al escenario con la seguridad de quien sabe que es uno de los nombres más consistentes del metal extremo europeo. El cuarteto neerlandés es una institución en la fusión del Thrash y el Death Metal, caracterizados por un sonido que ellos mismos denominan como una “apisonadora”: riffs de guitarra cortantes, una precisión quirúrgica en la batería y la voz rasgada y autoritaria de Maurice Swinkels.
Desde clásicos como “Malevolent Rapture” hasta sus composiciones más recientes, la banda ejecutó un setlist frenético. La conexión con el público madrileño fue instantánea; los seguidores, volcados sobre las primeras filas, respondieron con mosh pits constantes a cada envite de la banda. Fue un recital de fuerza bruta y profesionalidad, donde la calidad del sonido en Nazca permitió apreciar cada detalle de su ataque sónico.
La velada del jueves fue un recordatorio de que la escena extrema no necesita grandes estadios para brillar. La comunión entre Legion of the Damned, Sacra y Ataxia y su fiel audiencia madrileña convirtió una noche desapacible en un evento memorable. Al salir de la sala, la lluvia seguía cayendo, pero el calor de la descarga todavía vibraba en los oídos de los metalheads que presenciaron el asalto.

















