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A Colossal Weekend 2026 – Día 3: “Introspección y descontrol”
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La tercera y última jornada del A Colossal Weekend terminó de confirmar todo lo que el evento venía construyendo desde el primer día: una experiencia profundamente emocional, pesada y artística, donde cada escenario ofrecía una identidad propia. Entre black metal atmosférico, post metal hipnótico, doom aplastante y una rave industrial descontrolada para cerrar la noche, el último día del festival fue una auténtica celebración de la música alternativa en todas sus formas.

El cierre comenzó en el Basement con Puke Wolf. El grupo danés de post hardcore ofreció una presentación impredecible y extremadamente entretenida, construida sobre una constante sensación de caos controlado y conexión emocional.

Los tres integrantes —guitarra, bajo y batería— también se encargaban de las voces, lo que aportaba una enorme variedad a las canciones. Los temas pasaban de momentos calmos y sensibles a explosiones tensas y pesadas, aunque siempre conservando un costado emotivo muy marcado.

Además, el show estuvo lleno de sorpresas. Sin previo aviso, miembros de otras bandas participantes del festival comenzaron a subir al escenario para cantar o tocar distintos instrumentos. Varios de ellos incluso se arrojaron al público y continuaron cantando entre la audiencia, reforzando todavía más esa sensación de cercanía y comunión colectiva. Una presentación sumamente interesante que, sin dudas, quedará grabada en la memoria de quienes estuvieron presentes.

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Luego llegó el turno de Morpholith, otra agrupación proveniente de Islandia que trasladó todo el peso del doom metal y las temáticas de horror cósmico y ocultismo hacia las paredes del Basement.

Su sonido oscuro y aplastante resonó con enorme fuerza dentro del sótano de Vega. Los pasajes densos entre bajo, guitarras y guturales lograban erizar la piel mientras incentivaban un headbanging constante y casi ritualístico.

La batería estuvo a cargo de uno de los integrantes de Katla, quien realizó un trabajo formidable sosteniendo los tiempos lentos y pesados del doom tradicional con golpes extremadamente potentes y precisos.

En síntesis, fue una presentación atronadora donde cada instrumento se hizo notar con absoluta furia, entregando uno de los shows más pesados y opresivos de toda la jornada.

Los locales Sunken fueron los encargados de abrir el escenario principal durante la última jornada del festival. Su propuesta de black metal atmosférico, profundamente emotivo y con fuerte influencia del depressive black metal, encontró una respuesta inmediata por parte del público, que ya colmaba buena parte de Store Vega.

La banda se encuentra presentando su disco “Lykke”, material que tuvo un enorme recibimiento dentro de la escena local. El show contó únicamente con cuatro canciones, aunque extremadamente largas y cargadas de desarrollos climáticos.

Más allá de las múltiples variaciones internas, el grupo construye sus composiciones a partir de patrones rítmicos repetitivos sobre los cuales las guitarras van agregando distintos matices y texturas. Los riffs cargados de tremolo picking súper veloz y emotivo se sostenían sobre una base de bajo y batería precisa y contundente.

Sin embargo, el punto más impactante de la banda fue su vocalista, Martin Skyum Thomasen, dueño de un dominio vocal realmente inhumano. Durante largos pasajes sostuvo gritos altísimos y desgarradores, experimentando constantemente entre llantos, gruñidos y esos característicos alaridos extremos propios del black metal depresivo.

El sonido fue simplemente perfecto. Cada instrumento se escuchaba con absoluta claridad y muchísima potencia, formando una pared gigantesca de riffs y gritos sostenida por una base rítmica ajustadísima. Sunken demostró por qué lentamente se está convirtiendo en uno de los grandes representantes del black metal danés dentro de la escena europea.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR: Sunken – Lykke (2025)

A continuación fue el turno de Pelican y su mezcla de post metal instrumental, melodía y pesadez atmosférica. La banda norteamericana, ya completamente consolidada dentro de la escena under del metal, ofreció una presentación tan precisa como emocional.

El setlist de diez canciones incluyó composiciones extensas y profundas como “Indelible” y “Drought”, desplegando toda la capacidad narrativa de una banda que logra transmitir muchísimo sin necesidad de utilizar voces.

La formación clásica de dos guitarras, bajo y batería funcionó con absoluta precisión. Laurent Schroeder, uno de los miembros originales que regresó recientemente a la banda, asumió un rol protagonista desde la guitarra principal, ejecutando riffs monumentales y cargados de emotividad en canciones como “The Creeper”.

Pero no todo fue melodía y atmósfera. También hubo momentos de violencia sonora y machaque constante impulsados por la batería de Larry Herweg, quien brindó una actuación impecable detrás de los parches.

En vivo, Pelican sonó increíblemente ajustado. Cada músico entendía perfectamente cuándo tomar protagonismo y cuándo dejar espacio al resto, construyendo una experiencia dinámica y muy inmersiva.

Al finalizar el show, incluso tuvimos la posibilidad de conversar con los músicos, quienes se mostraron sumamente cálidos y predispuestos a sacarse fotos y compartir algunos minutos con los fans antes de continuar la gira por Europa.

Sin demasiado descanso, volvimos inmediatamente al Basement para asistir al show de Ellereve. La banda liderada por Elisa Teschner desplegó una propuesta profundamente emocional que navega entre el post metal y el doom con enorme sensibilidad.

Con apenas siete canciones, el grupo dejó completamente clara su identidad musical, combinando riffs densos y distorsionados con una fuerte carga melancólica. La gran protagonista fue Elisa, cuya presencia escénica y capacidad vocal resultaron hipnóticas durante toda la presentación.

Las voces melódicas resonaban con fuerza sobre las bases pesadas y los ritmos frenéticos de batería, construyendo una experiencia introspectiva y emocionalmente muy intensa.

Lamentablemente, tuvimos que retirarnos antes de que terminara el show para llegar a tiempo al gran headliner de la noche: Russian Circles.

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El trío oriundo de Chicago ofreció, sin dudas, uno de los mejores conciertos de todo el festival. Su combinación de post rock y post metal instrumental sonó gigantesca desde el primer minuto.

El sonido fue ultra nítido y extremadamente potente. Cada instrumento contaba con una presencia enorme dentro de la mezcla, pero sin invadir nunca el espacio del otro.

La batería funcionaba como una pared sólida y contundente, precisa hasta el absurdo y con una naturalidad que hacía parecer imposible que estuviera triggeada. El bajo aportaba una profundidad enorme, encargándose de sostener toda la pesadez de las canciones.

La guitarra, por su parte, fue el elemento más versátil de toda la propuesta. En algunos momentos se sumaba completamente a la agresión y la distorsión, mientras que en otros se limitaba a colorear con atmósferas etéreas, riffs experimentales o pasajes casi psicodélicos. La gigantesca pedalera permitía cambios constantes de sonido entre canción y canción.

Por encima de todo esto aparecían pequeñas pistas ambientales y sonidos etéreos que terminaban de adornar una ejecución impecable.

La experiencia estuvo acompañada por un juego de luces inmersivo y potentísimo que ayudó a sumergir al público en una especie de trance audiovisual. La audiencia respondió completamente hipnotizada, moviendo la cabeza de manera constante durante más de una hora de show.

No hubo interacción con el público. No hizo falta. Russian Circles construyó un viaje sonoro tan potente e inmersivo que terminó posicionándose entre lo mejor de todo el festival.

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El cierre oficial del Colossal Weekend regresó nuevamente al Basement con la presentación del DJ de industrial y noise John Cxnnor.

Y la verdad fue un cierre fantástico, completamente entregado a la fiesta y el caos. La música osciló entre techno industrial pesadísimo y momentos más relajados, incluso dejando lugar para clásicos inesperados como “Sabotage” de Beastie Boys.

Los DJs se encargaron de volver completamente loco al público arrojando objetos, saludando a la audiencia y hasta flameando banderas mientras la gente respondía bailando desenfrenadamente, armando pogo y apropiándose del caos colectivo.

Después de más de una hora de rave intensa y frenética, el festival llegó oficialmente a su final.

El Colossal Weekend vuelve a demostrar año tras año por qué es una experiencia tan especial. Desde un line-up cuidadosamente curado hasta la excelente calidad de sonido, organización y, sobre todo, el enorme cariño que se siente constantemente entre artistas, público y organización, el festival se consolida como una cita imprescindible dentro de la escena alternativa europea. Gracias por otro año inolvidable. Nos vemos en el próximo.

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El cierre comenzó en el Basement con Puke Wolf. El grupo danés de post hardcore ofreció una presentación impredecible y extremadamente entretenida, construida sobre una constante sensación de caos controlado y conexión emocional.

Los tres integrantes —guitarra, bajo y batería— también se encargaban de las voces, lo que aportaba una enorme variedad a las canciones. Los temas pasaban de momentos calmos y sensibles a explosiones tensas y pesadas, aunque siempre conservando un costado emotivo muy marcado.

Además, el show estuvo lleno de sorpresas. Sin previo aviso, miembros de otras bandas participantes del festival comenzaron a subir al escenario para cantar o tocar distintos instrumentos. Varios de ellos incluso se arrojaron al público y continuaron cantando entre la audiencia, reforzando todavía más esa sensación de cercanía y comunión colectiva. Una presentación sumamente interesante que, sin dudas, quedará grabada en la memoria de quienes estuvieron presentes.

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La batería estuvo a cargo de uno de los integrantes de Katla, quien realizó un trabajo formidable sosteniendo los tiempos lentos y pesados del doom tradicional con golpes extremadamente potentes y precisos.

En síntesis, fue una presentación atronadora donde cada instrumento se hizo notar con absoluta furia, entregando uno de los shows más pesados y opresivos de toda la jornada.

Los locales Sunken fueron los encargados de abrir el escenario principal durante la última jornada del festival. Su propuesta de black metal atmosférico, profundamente emotivo y con fuerte influencia del depressive black metal, encontró una respuesta inmediata por parte del público, que ya colmaba buena parte de Store Vega.

La banda se encuentra presentando su disco “Lykke”, material que tuvo un enorme recibimiento dentro de la escena local. El show contó únicamente con cuatro canciones, aunque extremadamente largas y cargadas de desarrollos climáticos.

Más allá de las múltiples variaciones internas, el grupo construye sus composiciones a partir de patrones rítmicos repetitivos sobre los cuales las guitarras van agregando distintos matices y texturas. Los riffs cargados de tremolo picking súper veloz y emotivo se sostenían sobre una base de bajo y batería precisa y contundente.

Sin embargo, el punto más impactante de la banda fue su vocalista, Martin Skyum Thomasen, dueño de un dominio vocal realmente inhumano. Durante largos pasajes sostuvo gritos altísimos y desgarradores, experimentando constantemente entre llantos, gruñidos y esos característicos alaridos extremos propios del black metal depresivo.

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Pero no todo fue melodía y atmósfera. También hubo momentos de violencia sonora y machaque constante impulsados por la batería de Larry Herweg, quien brindó una actuación impecable detrás de los parches.

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