

Texto por Kia Stuck
El sol, los cielos despejados y unas temperaturas más propias del Mediterráneo que de la costa de Yorkshire recibieron a los asistentes cuando Fortress Festival regresó al Scarborough Spa para celebrar su cuarta edición y otro fin de semana completamente agotado dedicado al black metal y, este año, también al dungeon synth. El contraste entre el entorno costero y la música que resonaba dentro del recinto sigue siendo una de las características más distintivas del festival, atrayendo a seguidores llegados de todo Reino Unido y de otros países.
Reaper Agency lleva años demostrando que sabe exactamente lo que hace y lo que quiere conseguir. Y eso no ocurre únicamente con Fortress Festival, sino también con el resto de eventos que organiza. La recogida de pulseras comenzó ya el viernes, permitiendo a los asistentes recogerlas con antelación y evitando colas innecesarias durante la primera jornada. De principio a fin, todo funcionó con fluidez, incluso con algunos cambios en el sistema de circulación para acceder y salir del Ocean Room. En definitiva, una vez más hay que reconocer el trabajo de Reaper Agency por ofrecer un festival excelentemente organizado.
Con público llenando tanto el Grand Hall como el Ocean Room desde el mediodía, la primera jornada volvió a demostrar por qué Fortress se ha convertido en una cita tan importante dentro del calendario del metal extremo. Ya fuera a través de las atmósferas envolventes de algunas de sus propuestas más expansivas o mediante la agresividad de las bandas más extremas, el festival ofreció un inicio de fin de semana variado y memorable.
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Los encargados de abrir Fortress Festival en el Grand Hall fueron Groza, una tarea nada sencilla para cualquier banda. Debido al calor y al horario temprano, la sala tardó un par de canciones en llenarse, pero para el tercer tema ya había una cantidad considerable de público frente al escenario. Basándose principalmente en el material de Nadir, los alemanes combinaron intensidad con una palpable sensación de melancolía e introspección. Su actuación destacó no solo por la contundencia de su sonido, sino también por la carga emocional de sus composiciones más recientes. La respuesta del público fue creciendo desde el primer momento, con numerosos asistentes siguiendo el ritmo de las canciones. Como apertura del festival, Groza dejó una impresión muy positiva.
El Ocean Room ofreció un contraste radical con la llegada de Black Cilice. En su única actuación en Reino Unido y exclusiva para Fortress Festival, la banda reunió a una sala completamente abarrotada y transformó el espacio en un entorno mucho más opresivo e intenso. El público se agolpó frente al escenario desde el comienzo, completamente inmerso en el sonido crudo y abrasivo del grupo. La única nota negativa fue la enorme cantidad de humo utilizada durante el concierto, que por momentos llegó a dificultar tanto la visión del público como la de los propios músicos sobre el escenario.
De vuelta en el Grand Hall, Mesarthim ofreció una de las actuaciones más inmersivas de toda la primer jornada de Fortress Festival. Su combinación de black metal atmosférico y extensos pasajes dominados por sintetizadores transformó la sala en un vasto paisaje sonoro de carácter cósmico. La propuesta funcionó especialmente bien en directo, generando una experiencia que resultó intensa y, al mismo tiempo, sorprendentemente contemplativa. Más que una reacción explosiva, el público respondió con una atención constante, dejándose llevar por los cambios entre los momentos más agresivos y las secciones más expansivas y electrónicas. Fue una actuación centrada en la atmósfera y la amplitud sonora, pero que mantuvo un desarrollo sólido de principio a fin.
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La buena dinámica continuó en el Ocean Room con Aeon Winds. Su black metal atmosférico con influencias folk se trasladó con eficacia al directo, equilibrando agresividad y melodía durante todo el concierto. A esas alturas de la tarde, la sala ya registraba una gran afluencia de público y la respuesta fue muy positiva, con aplausos constantes para una actuación que destacó por la riqueza de sus composiciones y por la capacidad de mantener la atención de los asistentes.
En el Grand Hall fue el turno de Ossaert, que ofrecieron una actuación profundamente absorbente. Lejos de buscar el impacto inmediato, los neerlandeses permitieron que sus composiciones se desarrollaran de manera gradual, construyendo tensión mediante largos pasajes que alternaban momentos contenidos y casi meditativos con explosiones de intensidad propias del black metal más tradicional. Fue una actuación que recompensó la atención del público, con transiciones cuidadas y una estructura muy trabajada. La audiencia permaneció concentrada durante todo el concierto, siguiendo atentamente una propuesta basada más en la atmósfera y la construcción de las canciones que en el espectáculo visual.
Cuando Fortress Festival alcanzaba el punto medio de su primera jornada, Midnight Odyssey aportó una atmósfera más reflexiva en el Ocean Room. Los asistentes parecían perfectamente dispuestos a dejarse llevar por sus extensos paisajes sonoros durante esta actuación exclusiva para Reino Unido. La banda permitió que las canciones evolucionaran a su propio ritmo, creando una experiencia envolvente y pausada. De nuevo, el abundante uso de humo sobre el escenario se convirtió en una pequeña distracción, dificultando por momentos la visibilidad tanto para el público como para los fotógrafos.
Uno de los mayores nombres del día llegó con Akercocke, que reunió a una gran cantidad de público en el Grand Hall. La banda británica ofreció una de las actuaciones más completas de la jornada gracias a su combinación de precisión técnica, presencia escénica y contundencia. Interpretando íntegramente Choronzon, el grupo alternó con naturalidad entre pasajes extremadamente agresivos y otros más elaborados y complejos. La reacción del público del Fortress Festival habló por sí sola, con aplausos constantes, cuernos en alto y numerosas letras coreadas desde las primeras filas. Décadas después de su formación, Akercocke sigue ocupando un lugar único dentro del metal extremo británico.
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Las altas temperaturas del Ocean Room apenas afectaron al entusiasmo del público durante la actuación de Totenwache. Basándose principalmente en su material más reciente, la formación alemana ofreció un concierto sólido y profundamente arraigado en las tradiciones del black metal. Riffs constantes, melodías gélidas y una intensidad invariable mantuvieron a la sala completamente involucrada pese a las condiciones. Para cuando terminó el concierto, tanto la banda como el público parecían haber asumido el calor como parte de la experiencia, generando una de las atmósferas más animadas de todo el escenario durante el fin de semana.
A esas alturas de la noche, el Grand Hall estaba preparada para algo diferente. La llegada de Dødheimsgard confirmó rápidamente esa sensación. Vicotnik apareció vestido con un traje negro, un velo rojo cubriendo su rostro y varias varillas de incienso en la mano. Mientras los primeros acordes de “Et Smelter” comenzaban a sonar bajo una iluminación tenue, la presencia de la banda generó una sensación de expectación inmediata. Con una formación compuesta por nueve músicos, el grupo aprovechó al máximo todas las posibilidades del escenario. Su interpretación de Black Medium Current se movió con naturalidad entre momentos de intensidad y otros de enorme amplitud sonora, construyendo una actuación ambiciosa y cuidadosamente diseñada. Más que apoyarse únicamente en la agresividad, la banda atrapó al público de Fortress Festival mediante la atmósfera, los contrastes dinámicos y una producción escénica que figuró entre las más memorables del día.
En el Ocean Room, Whoredom Rife aportó una dosis directa y sin concesiones de black metal noruego. A pesar del calor acumulado dentro del recinto, el público permaneció completamente implicado durante toda la actuación, respondiendo con entusiasmo a la energía constante de la banda. Su actuación exclusiva para Reino Unido volvió a demostrar la solidez de la programación de la Ocean Room, ofreciendo un marcado contraste respecto a algunas de las propuestas más atmosféricas y experimentales del festival.
Pocas bandas despertaban tanta expectación como Old Man’s Child. Durante gran parte de su existencia, el proyecto liderado por Galder funcionó prácticamente como una banda de estudio, pasando más de veinte años sin ofrecer conciertos. Incluso desde su regreso a los escenarios, sus apariciones han sido extremadamente escasas, convirtiendo esta actuación en una de las grandes citas del fin de semana.
La expectación era evidente en un Grand Hall completamente llena mucho antes de que la banda apareciera sobre el escenario. Cuando finalmente comenzó el concierto, la respuesta del público estuvo a la altura de las circunstancias, con una ovación inmediata y una recepción entusiasta durante toda la actuación. Dada la escasez de oportunidades para ver a Old Man’s Child en directo, el concierto tuvo la sensación de estar presenciando una ocasión realmente especial más que una actuación habitual de festival. El cierre con “The Millennium King” puso el broche perfecto a una primera jornada extraordinaria.
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Si el primer día dejó algo claro es que Fortress Festival destaca por mucho más que la calidad de su cartel. Desde la apertura de puertas, el ambiente alrededor del Scarborough Spa fue excepcional, ayudado en gran medida por el magnífico tiempo que llevó a muchos asistentes a referirse en tono de broma a la localidad como “Scarbados” durante el fin de semana.
Las zonas de merchandising permanecieron concurridas durante toda la jornada y la oferta gastronómica volvió a ser uno de los puntos fuertes del evento, con el regreso de Goth Burgers, los puestos de pizza y la excelente propuesta culinaria preparada por el restaurante Farrer’s dentro del recinto.
La organización fue difícil de criticar. Los cambios entre bandas se desarrollaron sin problemas, las colas avanzaron con rapidez y todo el recinto mantuvo un ambiente cómodo y acogedor pese al lleno absoluto. Combinado con una primera jornada musical de gran nivel, Fortress volvió a demostrar por qué tantos aficionados regresan año tras año a la costa de North Yorkshire.

- Groza
- Groza
- Black Cilice
- Black Cilice
- Mesarthim
- Mesarthim
- Aeon Winds
- Aeon Winds
- Ossaert
- Ossaert
- Midnight Odyssey
- Midnight Odyssey
- Akercocke
- Akercocke
- Totenwache
- Totenwache
- Dødheimsgard
- Dødheimsgard
- Whoredom Rife
- Whoredom Rife
- Old Man’s Child
- Old Man’s Child
- Old Man’s Child
- Old Man’s Child


Texto por Kia Stuck
El sol, los cielos despejados y unas temperaturas más propias del Mediterráneo que de la costa de Yorkshire recibieron a los asistentes cuando Fortress Festival regresó al Scarborough Spa para celebrar su cuarta edición y otro fin de semana completamente agotado dedicado al black metal y, este año, también al dungeon synth. El contraste entre el entorno costero y la música que resonaba dentro del recinto sigue siendo una de las características más distintivas del festival, atrayendo a seguidores llegados de todo Reino Unido y de otros países.
Reaper Agency lleva años demostrando que sabe exactamente lo que hace y lo que quiere conseguir. Y eso no ocurre únicamente con Fortress Festival, sino también con el resto de eventos que organiza. La recogida de pulseras comenzó ya el viernes, permitiendo a los asistentes recogerlas con antelación y evitando colas innecesarias durante la primera jornada. De principio a fin, todo funcionó con fluidez, incluso con algunos cambios en el sistema de circulación para acceder y salir del Ocean Room. En definitiva, una vez más hay que reconocer el trabajo de Reaper Agency por ofrecer un festival excelentemente organizado.
Con público llenando tanto el Grand Hall como el Ocean Room desde el mediodía, la primera jornada volvió a demostrar por qué Fortress se ha convertido en una cita tan importante dentro del calendario del metal extremo. Ya fuera a través de las atmósferas envolventes de algunas de sus propuestas más expansivas o mediante la agresividad de las bandas más extremas, el festival ofreció un inicio de fin de semana variado y memorable.
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Los encargados de abrir Fortress Festival en el Grand Hall fueron Groza, una tarea nada sencilla para cualquier banda. Debido al calor y al horario temprano, la sala tardó un par de canciones en llenarse, pero para el tercer tema ya había una cantidad considerable de público frente al escenario. Basándose principalmente en el material de Nadir, los alemanes combinaron intensidad con una palpable sensación de melancolía e introspección. Su actuación destacó no solo por la contundencia de su sonido, sino también por la carga emocional de sus composiciones más recientes. La respuesta del público fue creciendo desde el primer momento, con numerosos asistentes siguiendo el ritmo de las canciones. Como apertura del festival, Groza dejó una impresión muy positiva.
El Ocean Room ofreció un contraste radical con la llegada de Black Cilice. En su única actuación en Reino Unido y exclusiva para Fortress Festival, la banda reunió a una sala completamente abarrotada y transformó el espacio en un entorno mucho más opresivo e intenso. El público se agolpó frente al escenario desde el comienzo, completamente inmerso en el sonido crudo y abrasivo del grupo. La única nota negativa fue la enorme cantidad de humo utilizada durante el concierto, que por momentos llegó a dificultar tanto la visión del público como la de los propios músicos sobre el escenario.
De vuelta en el Grand Hall, Mesarthim ofreció una de las actuaciones más inmersivas de toda la primer jornada de Fortress Festival. Su combinación de black metal atmosférico y extensos pasajes dominados por sintetizadores transformó la sala en un vasto paisaje sonoro de carácter cósmico. La propuesta funcionó especialmente bien en directo, generando una experiencia que resultó intensa y, al mismo tiempo, sorprendentemente contemplativa. Más que una reacción explosiva, el público respondió con una atención constante, dejándose llevar por los cambios entre los momentos más agresivos y las secciones más expansivas y electrónicas. Fue una actuación centrada en la atmósfera y la amplitud sonora, pero que mantuvo un desarrollo sólido de principio a fin.
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La buena dinámica continuó en el Ocean Room con Aeon Winds. Su black metal atmosférico con influencias folk se trasladó con eficacia al directo, equilibrando agresividad y melodía durante todo el concierto. A esas alturas de la tarde, la sala ya registraba una gran afluencia de público y la respuesta fue muy positiva, con aplausos constantes para una actuación que destacó por la riqueza de sus composiciones y por la capacidad de mantener la atención de los asistentes.
En el Grand Hall fue el turno de Ossaert, que ofrecieron una actuación profundamente absorbente. Lejos de buscar el impacto inmediato, los neerlandeses permitieron que sus composiciones se desarrollaran de manera gradual, construyendo tensión mediante largos pasajes que alternaban momentos contenidos y casi meditativos con explosiones de intensidad propias del black metal más tradicional. Fue una actuación que recompensó la atención del público, con transiciones cuidadas y una estructura muy trabajada. La audiencia permaneció concentrada durante todo el concierto, siguiendo atentamente una propuesta basada más en la atmósfera y la construcción de las canciones que en el espectáculo visual.
Cuando Fortress Festival alcanzaba el punto medio de su primera jornada, Midnight Odyssey aportó una atmósfera más reflexiva en el Ocean Room. Los asistentes parecían perfectamente dispuestos a dejarse llevar por sus extensos paisajes sonoros durante esta actuación exclusiva para Reino Unido. La banda permitió que las canciones evolucionaran a su propio ritmo, creando una experiencia envolvente y pausada. De nuevo, el abundante uso de humo sobre el escenario se convirtió en una pequeña distracción, dificultando por momentos la visibilidad tanto para el público como para los fotógrafos.
Uno de los mayores nombres del día llegó con Akercocke, que reunió a una gran cantidad de público en el Grand Hall. La banda británica ofreció una de las actuaciones más completas de la jornada gracias a su combinación de precisión técnica, presencia escénica y contundencia. Interpretando íntegramente Choronzon, el grupo alternó con naturalidad entre pasajes extremadamente agresivos y otros más elaborados y complejos. La reacción del público del Fortress Festival habló por sí sola, con aplausos constantes, cuernos en alto y numerosas letras coreadas desde las primeras filas. Décadas después de su formación, Akercocke sigue ocupando un lugar único dentro del metal extremo británico.
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Las altas temperaturas del Ocean Room apenas afectaron al entusiasmo del público durante la actuación de Totenwache. Basándose principalmente en su material más reciente, la formación alemana ofreció un concierto sólido y profundamente arraigado en las tradiciones del black metal. Riffs constantes, melodías gélidas y una intensidad invariable mantuvieron a la sala completamente involucrada pese a las condiciones. Para cuando terminó el concierto, tanto la banda como el público parecían haber asumido el calor como parte de la experiencia, generando una de las atmósferas más animadas de todo el escenario durante el fin de semana.
A esas alturas de la noche, el Grand Hall estaba preparada para algo diferente. La llegada de Dødheimsgard confirmó rápidamente esa sensación. Vicotnik apareció vestido con un traje negro, un velo rojo cubriendo su rostro y varias varillas de incienso en la mano. Mientras los primeros acordes de “Et Smelter” comenzaban a sonar bajo una iluminación tenue, la presencia de la banda generó una sensación de expectación inmediata. Con una formación compuesta por nueve músicos, el grupo aprovechó al máximo todas las posibilidades del escenario. Su interpretación de Black Medium Current se movió con naturalidad entre momentos de intensidad y otros de enorme amplitud sonora, construyendo una actuación ambiciosa y cuidadosamente diseñada. Más que apoyarse únicamente en la agresividad, la banda atrapó al público de Fortress Festival mediante la atmósfera, los contrastes dinámicos y una producción escénica que figuró entre las más memorables del día.
En el Ocean Room, Whoredom Rife aportó una dosis directa y sin concesiones de black metal noruego. A pesar del calor acumulado dentro del recinto, el público permaneció completamente implicado durante toda la actuación, respondiendo con entusiasmo a la energía constante de la banda. Su actuación exclusiva para Reino Unido volvió a demostrar la solidez de la programación de la Ocean Room, ofreciendo un marcado contraste respecto a algunas de las propuestas más atmosféricas y experimentales del festival.
Pocas bandas despertaban tanta expectación como Old Man’s Child. Durante gran parte de su existencia, el proyecto liderado por Galder funcionó prácticamente como una banda de estudio, pasando más de veinte años sin ofrecer conciertos. Incluso desde su regreso a los escenarios, sus apariciones han sido extremadamente escasas, convirtiendo esta actuación en una de las grandes citas del fin de semana.
La expectación era evidente en un Grand Hall completamente llena mucho antes de que la banda apareciera sobre el escenario. Cuando finalmente comenzó el concierto, la respuesta del público estuvo a la altura de las circunstancias, con una ovación inmediata y una recepción entusiasta durante toda la actuación. Dada la escasez de oportunidades para ver a Old Man’s Child en directo, el concierto tuvo la sensación de estar presenciando una ocasión realmente especial más que una actuación habitual de festival. El cierre con “The Millennium King” puso el broche perfecto a una primera jornada extraordinaria.
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Si el primer día dejó algo claro es que Fortress Festival destaca por mucho más que la calidad de su cartel. Desde la apertura de puertas, el ambiente alrededor del Scarborough Spa fue excepcional, ayudado en gran medida por el magnífico tiempo que llevó a muchos asistentes a referirse en tono de broma a la localidad como “Scarbados” durante el fin de semana.
Las zonas de merchandising permanecieron concurridas durante toda la jornada y la oferta gastronómica volvió a ser uno de los puntos fuertes del evento, con el regreso de Goth Burgers, los puestos de pizza y la excelente propuesta culinaria preparada por el restaurante Farrer’s dentro del recinto.
La organización fue difícil de criticar. Los cambios entre bandas se desarrollaron sin problemas, las colas avanzaron con rapidez y todo el recinto mantuvo un ambiente cómodo y acogedor pese al lleno absoluto. Combinado con una primera jornada musical de gran nivel, Fortress volvió a demostrar por qué tantos aficionados regresan año tras año a la costa de North Yorkshire.

- Groza
- Groza
- Black Cilice
- Black Cilice
- Mesarthim
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- Aeon Winds
- Ossaert
- Ossaert
- Midnight Odyssey
- Midnight Odyssey
- Akercocke
- Akercocke
- Totenwache
- Totenwache
- Dødheimsgard
- Dødheimsgard
- Whoredom Rife
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- Old Man’s Child
- Old Man’s Child
- Old Man’s Child
- Old Man’s Child

































