


El black metal siempre se caracterizó por explorar e incursionar en distintas expresiones artísticas para expandir sus límites sonoros. Si bien en esta década resulta menos frecuente encontrar propuestas realmente únicas dentro del género, todavía existen excepciones. Ese es justamente el caso de las bandas que encabezaron este co-headline tour denominado Regal Vengeance Tour: Dödsrit y Lamp of Murmuur.
Esta gira tan especial e íntima se llevó a cabo en un venue de características similares: Spillestedet Stengade, ubicado en el corazón de Nørrebro, uno de los barrios más característicos de la capital danesa.
Los primeros en salir al escenario fueron Lamp of Murmuur, proyecto unipersonal liderado por M. Poco se sabe realmente sobre su persona, más allá de que reside en Estados Unidos y que, por supuesto, utiliza músicos sesionistas para sus giras.
El show comenzó con los músicos tomando posición sobre el escenario. Todos aparecieron utilizando el clásico corpsepaint y con la boca cubierta, salvo M, quien llevaba una capa con capucha y dejaba el rostro parcialmente visible para poder cantar.
Luego de una breve introducción instrumental, la banda dio paso a “Forest of Hallucinations”, canción que también abre su último trabajo, The Dreaming Prince in Ecstasy (2025).
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Desde el primer momento, el sonido fue extremadamente nítido y claro. La batería sonaba sólida y potente en el centro de la mezcla, mientras que el bajo se distinguía lo justo y necesario. Las guitarras, por su parte, estaban completamente al frente, brillosas y muy presentes, algo que terminaba siendo fundamental considerando que los riffs oscuros y las atmósferas creadas por ellas son el eje principal de la música del grupo.
La voz también ocupó un rol protagónico dentro de la mezcla, permitiendo apreciar todos los matices interpretativos de M: desde los clásicos alaridos del black metal tradicional hasta growls profundos y pequeños pasajes de voces limpias.
Si bien la ejecución general fue muy buena, hubo algunas pequeñas imperfecciones que no pasaron desapercibidas para el líder del proyecto, quien en distintos momentos se acercó a marcar errores puntuales a algunos músicos sobre el escenario. De todas maneras, se trató únicamente de detalles menores dentro de una presentación sólida.
Tras 45 minutos de show, Lamp of Murmuur abandonó el escenario entre aplausos y ovaciones de un recinto completamente lleno.
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Luego llegó el turno de Dödsrit. La banda sueca, que mezcla black metal melódico, crust punk y pasajes atmosféricos, ofreció una presentación muchísimo más agresiva y directa, aunque igual de emotiva.
Desde el comienzo quedó claro que el grupo sonaba extremadamente ajustado y preciso. Cada cambio de ritmo, cada explosión de velocidad y cada transición más melancólica aparecían ejecutadas con enorme naturalidad y contundencia. El sonido volvió a acompañar de gran manera, permitiendo que todos los instrumentos se entendieran perfectamente incluso en los momentos más caóticos.
La banda terminó interpretando seis canciones en lugar de las siete que figuraban originalmente en el setlist, aunque eso no afectó en absoluto la intensidad de la presentación.
El gran protagonista de la noche fue Georgios, guitarrista y vocalista, quien se robó constantemente todas las miradas gracias a su presencia escénica y a una ejecución impecable tanto en la guitarra como en las voces. Christoffer, vocalista principal del grupo, también realizó un muy buen trabajo desde lo interpretativo, aunque su guitarra —la tercera dentro de la formación— sonó bastante baja durante gran parte del concierto y terminó resultando casi innecesaria dentro de una mezcla ya muy cargada.
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Un detalle interesante fue que varios de los músicos que acompañaron a Lamp of Murmuur durante su presentación también formaban parte de la alineación en vivo de Dödsrit, algo que terminó reforzando todavía más la conexión artística entre ambas propuestas dentro de esta gira conjunta.
Sobre el final del show, la intensidad terminó explotando definitivamente cuando el público abrió un moshpit enorme y furioso en el centro de la sala. Entre empujones, gritos y gente chocándose constantemente, el recital cerró de la manera más lógica posible: con caos absoluto y una audiencia completamente entregada.
El Regal Vengeance Tour dejó en claro que todavía existen bandas capaces de llevar al black metal hacia terrenos nuevos sin perder la esencia oscura y emocional que define al género. Tanto Lamp of Murmuur como Dödsrit ofrecieron dos miradas distintas, pero complementarias, sobre cómo expandir los límites del sonido extremo. En un Spillestedet Stengade completamente entregado, la noche terminó convirtiéndose en una experiencia intensa, íntima y profundamente emotiva. Un recordatorio de que, incluso dentro de un género tan explorado, todavía quedan caminos por descubrir.
Etiquetas: atmospheric black metal, Black Metal, Copenhague, Crust Black Metal, Crust Punk, Dödsrit, Lamp of Murmuur, Spillestedet Stengade


El black metal siempre se caracterizó por explorar e incursionar en distintas expresiones artísticas para expandir sus límites sonoros. Si bien en esta década resulta menos frecuente encontrar propuestas realmente únicas dentro del género, todavía existen excepciones. Ese es justamente el caso de las bandas que encabezaron este co-headline tour denominado Regal Vengeance Tour: Dödsrit y Lamp of Murmuur.
Esta gira tan especial e íntima se llevó a cabo en un venue de características similares: Spillestedet Stengade, ubicado en el corazón de Nørrebro, uno de los barrios más característicos de la capital danesa.
Los primeros en salir al escenario fueron Lamp of Murmuur, proyecto unipersonal liderado por M. Poco se sabe realmente sobre su persona, más allá de que reside en Estados Unidos y que, por supuesto, utiliza músicos sesionistas para sus giras.
El show comenzó con los músicos tomando posición sobre el escenario. Todos aparecieron utilizando el clásico corpsepaint y con la boca cubierta, salvo M, quien llevaba una capa con capucha y dejaba el rostro parcialmente visible para poder cantar.
Luego de una breve introducción instrumental, la banda dio paso a “Forest of Hallucinations”, canción que también abre su último trabajo, The Dreaming Prince in Ecstasy (2025).
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Desde el primer momento, el sonido fue extremadamente nítido y claro. La batería sonaba sólida y potente en el centro de la mezcla, mientras que el bajo se distinguía lo justo y necesario. Las guitarras, por su parte, estaban completamente al frente, brillosas y muy presentes, algo que terminaba siendo fundamental considerando que los riffs oscuros y las atmósferas creadas por ellas son el eje principal de la música del grupo.
La voz también ocupó un rol protagónico dentro de la mezcla, permitiendo apreciar todos los matices interpretativos de M: desde los clásicos alaridos del black metal tradicional hasta growls profundos y pequeños pasajes de voces limpias.
Si bien la ejecución general fue muy buena, hubo algunas pequeñas imperfecciones que no pasaron desapercibidas para el líder del proyecto, quien en distintos momentos se acercó a marcar errores puntuales a algunos músicos sobre el escenario. De todas maneras, se trató únicamente de detalles menores dentro de una presentación sólida.
Tras 45 minutos de show, Lamp of Murmuur abandonó el escenario entre aplausos y ovaciones de un recinto completamente lleno.
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Luego llegó el turno de Dödsrit. La banda sueca, que mezcla black metal melódico, crust punk y pasajes atmosféricos, ofreció una presentación muchísimo más agresiva y directa, aunque igual de emotiva.
Desde el comienzo quedó claro que el grupo sonaba extremadamente ajustado y preciso. Cada cambio de ritmo, cada explosión de velocidad y cada transición más melancólica aparecían ejecutadas con enorme naturalidad y contundencia. El sonido volvió a acompañar de gran manera, permitiendo que todos los instrumentos se entendieran perfectamente incluso en los momentos más caóticos.
La banda terminó interpretando seis canciones en lugar de las siete que figuraban originalmente en el setlist, aunque eso no afectó en absoluto la intensidad de la presentación.
El gran protagonista de la noche fue Georgios, guitarrista y vocalista, quien se robó constantemente todas las miradas gracias a su presencia escénica y a una ejecución impecable tanto en la guitarra como en las voces. Christoffer, vocalista principal del grupo, también realizó un muy buen trabajo desde lo interpretativo, aunque su guitarra —la tercera dentro de la formación— sonó bastante baja durante gran parte del concierto y terminó resultando casi innecesaria dentro de una mezcla ya muy cargada.
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Sobre el final del show, la intensidad terminó explotando definitivamente cuando el público abrió un moshpit enorme y furioso en el centro de la sala. Entre empujones, gritos y gente chocándose constantemente, el recital cerró de la manera más lógica posible: con caos absoluto y una audiencia completamente entregada.
El Regal Vengeance Tour dejó en claro que todavía existen bandas capaces de llevar al black metal hacia terrenos nuevos sin perder la esencia oscura y emocional que define al género. Tanto Lamp of Murmuur como Dödsrit ofrecieron dos miradas distintas, pero complementarias, sobre cómo expandir los límites del sonido extremo. En un Spillestedet Stengade completamente entregado, la noche terminó convirtiéndose en una experiencia intensa, íntima y profundamente emotiva. Un recordatorio de que, incluso dentro de un género tan explorado, todavía quedan caminos por descubrir.
Etiquetas: atmospheric black metal, Black Metal, Copenhague, Crust Black Metal, Crust Punk, Dödsrit, Lamp of Murmuur, Spillestedet Stengade








