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Call of the Crow 2026 – Día 1: “El renacer de la tormenta en North Yorkshire”
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Luego de la experiencia única que supuso la primera edición de Call of the Crow el año pasado, un festival que nació prácticamente en el ojo de la tormenta, regresé a North Yorkshire con unas expectativas todavía más altas. Afortunadamente, NeCrow Events no solo logró cumplirlas, sino que volvió a superarlas con creces.

Al llegar a Pealie’s Barn el viernes, apenas unas horas antes del comienzo oficial del festival, fue imposible no percibir ciertos cambios respecto a la edición inaugural. El escenario principal presentaba una decoración más elaborada, con varias calaveras que reforzaban aún más su estética oscura y ceremonial. Sin embargo, la modificación más evidente se encontraba en el Longhall. Esta vez, el escenario había sido trasladado al lado opuesto del recinto y situado a nivel del suelo, dejando atrás la plataforma elevada utilizada el año anterior.

Aunque aquella ubicación en el balcón aportaba una sensación adicional de dramatismo, el cambio resultó ser un acierto. La nueva disposición reforzó la cercanía entre artistas y público, haciendo que el espacio se sintiera todavía más íntimo. Y sería precisamente allí donde comenzaría esta nueva entrega de Call of the Crow.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Call of the Crow 2025 – Día I: “Bajo la tormenta, la llama del black metal”

Hacia las 13:30, los asistentes ya comenzaban a llenar el recinto. Pealie’s Barn, una granja del siglo XVIII cuidadosamente restaurada pero fiel a su esencia original, sigue siendo un enclave prácticamente perfecto para un festival de black metal. La combinación de su arquitectura histórica, sus estructuras de piedra y madera y la atmósfera rural de North Yorkshire crean un entorno difícilmente igualable.

A las 14:30 llegaba el momento de inaugurar oficialmente el festival con Blades of Folmar en el Longhall. Cubierto por una túnica negra que ocultaba por completo su figura y una máscara que parecía haber sido tallada directamente en piedra, el artista abrió el fin de semana con una cautivadora actuación de dungeon synth ante un recinto completamente abarrotado.

La experiencia resultó casi hipnótica. Bajo un entramado de vigas centenarias, rodeados de paredes de ladrillo visto y pequeñas hornacinas iluminadas por velas, mientras grandes candelabros de hierro proyectaban una tenue luz sobre el recinto, la música y el entorno se fundieron en una única experiencia inmersiva. Costaba imaginar una manera más apropiada de dar comienzo a Call of the Crow, y Blades of Folmar cumplió su cometido de forma sobresaliente.

El segundo y último artista que ocuparía el escenario del Longhall durante aquella jornada sería Wolcensmen. Sentado con su guitarra acústica y acompañado únicamente por una modesta percusión accionada con los pies, consiguió transportar a todos los presentes a tiempos remotos. Sus interpretaciones, cargadas de un marcado espíritu medieval y narrativo, envolvieron a la audiencia en relatos de otra época y terminaron convirtiéndose, para muchos asistentes, en uno de los momentos más memorables de la primera jornada.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Call of the Crow 2025 Día II: la segunda vigilia del cuervo

Después de que Blades of Folmar y Wolcensmen establecieran los cimientos atmosféricos del día, llegaba el turno de que Miško Boba tomara el control del escenario principal. Era el momento en que las guitarras distorsionadas, los blast beats y las voces extremas comenzaban a dominar el festival.

Kanopa irrumpió con fuerza, invocando una vez más las tormentas sobre North Yorkshire. Los desgarradores registros vocales de Miško Boba parecían surgir directamente del inframundo, mientras las composiciones de la banda, profundamente influenciadas por la tradición y el folclore lituano, guiaban a la audiencia a través de historias y narraciones que muchos preferirían mantener en silencio. Sin embargo, Kanopa las expone sin reservas, elevando su voz con una convicción imposible de ignorar.

Pocos pueden decir que han tenido la oportunidad de presenciar tanto el debut en directo de Magnetar como su segundo concierto, precisamente en Call of the Crow. Cuando escuché su álbum debut por primera vez, tuve la sensación de estar ante una propuesta con un enorme potencial. Verlos sobre el escenario en sus dos primeras actuaciones no hizo más que reforzar esa impresión.

Lo más destacable de esta presentación fue comprobar la evolución experimentada en tan poco tiempo. Si en su estreno los nervios eran evidentes, en esta ocasión la banda se mostró completamente liberada de aquella presión inicial, actuando con la confianza y seguridad propias de un grupo con años de experiencia. La soltura con la que se desenvolvieron sobre el escenario dejó una impresión muy positiva, algo que quedó reflejado en las conversaciones del público durante todo el fin de semana. Magnetar fue, sin duda, uno de los nombres más comentados de esta edición.

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Al tomar el escenario, Bianca consiguió imponer su presencia desde el primer instante. El guitarrista y el bajista aparecieron con media cara cubierta de pintura negra, mientras que la vocalista lucía lo que parecía un velo oscuro trazado sobre sus ojos, complementado con detalles rojizos que generaban un contraste visual llamativo.

Con su álbum debut habiendo cumplido ya un año y respaldado por excelentes críticas, la banda ofreció una actuación devastadora. Su propuesta oscila constantemente entre la tensión y el desgarro emocional. En varios momentos, Bianca parecía conducir al público hasta el borde de la locura mediante pasajes más contenidos, voces limpias y atmósferas inquietantes, solo para romper cualquier sensación de calma con explosiones de agresividad absoluta. Los gritos de la vocalista evocaban la imagen de una banshee, una presencia espectral cuyo lamento atravesaba por completo el recinto.

Patristic era, personalmente, una de las bandas que más esperaba ver en directo. Su álbum debut, Catechesis, publicado en junio de 2025, ha ocupado durante meses un lugar recurrente en mis listas de reproducción. Lo que hace grande a este trabajo de estudio no disminuye cuando se traslada al escenario; ocurre exactamente lo contrario.

La intensidad que transmite el disco se multiplica en directo, algo que quedó patente cuando se generó el primer mosh pit de la noche. La interpretación vocal de Lorenzo merece una mención especial por su potencia y autoridad, pero sería injusto no destacar también el trabajo de Enrico, Shatrath y Veneficus. Todos ellos demostraron ser músicos excepcionales y responsables de una maquinaria perfectamente engrasada. Teniendo en cuenta la extraordinaria recepción de Catechesis tanto por parte de la prensa especializada como del público, el impacto de su actuación resultó tan impresionante como esperado.

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Tras semejante despliegue de intensidad, Arð aportó un necesario cambio de ritmo con su característico Monastic Northumbrian Doom. El proyecto liderado por Mark Deeks fue recibido entre una auténtica ovación, dejando claro el enorme cariño que despierta entre los asistentes.

Y aunque Patristic tuvo el mérito de protagonizar el primer mosh pit de la jornada, Arð fue responsable de uno de los momentos más peculiares y entrañables del día. Lo que probablemente pueda describirse como el circle pit más lento de la historia tomó forma frente al escenario. Los participantes avanzaban caminando pausadamente en círculo mientras realizaban headbangs al mismo ritmo. La escena reflejaba visualmente el marcado descenso de intensidad respecto a las actuaciones anteriores, pero precisamente por eso fue recibida con entusiasmo y buen humor por parte de todo el público.

Para cerrar la primera noche de Call of the Crow llegó el turno de Winterfylleth. Considerados desde hace años como una de las bandas más respetadas del black metal británico, los ingleses ofrecieron una actuación cargada de emotividad y significado.

La ocasión servía además para celebrar las casi dos décadas transcurridas desde la publicación de su primer demo, Rising of the Winter Full Moon, y el carácter especial del concierto se hizo evidente desde el comienzo. Con varios antiguos integrantes presentes durante la actuación, hubo momentos en los que más de diez personas compartían simultáneamente el escenario. Sin embargo, lo más destacable fue observar las sonrisas de todos ellos. Más allá de la música, aquello transmitía una auténtica sensación de celebración colectiva.

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Sus casi veinte años de trayectoria quedaron reflejados en una ejecución impecable y en una solidez interpretativa inquebrantable. La audiencia respondió con el mosh pit más grande de la noche, alcanzando tal nivel de intensidad que incluso el personal de seguridad de Pealie’s Barn tuvo que pedir moderación al público ante el temor de que la situación se descontrolara aún más.

Pero la actuación de Winterfylleth ofreció algo más que un excelente concierto. También puso de manifiesto la estrecha red de relaciones humanas que existe entre muchos músicos de la escena del black metal británico. Presenciar sobre el escenario el respeto mutuo, la camaradería y el reconocimiento construido durante tantos años fue una experiencia que transmitió mucho más que cualquier discurso.

Y así concluía la primera jornada de Call of the Crow 2026. Un día marcado por actuaciones memorables, atmósferas irrepetibles, intensidad, emoción y una pasión absoluta por la música. Sin embargo, aquello era solo la mitad de la experiencia. Todavía quedaba una jornada más por delante.

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Call of the Crow 2026 – Día 1: “El renacer de la tormenta en North Yorkshire”
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Al llegar a Pealie’s Barn el viernes, apenas unas horas antes del comienzo oficial del festival, fue imposible no percibir ciertos cambios respecto a la edición inaugural. El escenario principal presentaba una decoración más elaborada, con varias calaveras que reforzaban aún más su estética oscura y ceremonial. Sin embargo, la modificación más evidente se encontraba en el Longhall. Esta vez, el escenario había sido trasladado al lado opuesto del recinto y situado a nivel del suelo, dejando atrás la plataforma elevada utilizada el año anterior.

Aunque aquella ubicación en el balcón aportaba una sensación adicional de dramatismo, el cambio resultó ser un acierto. La nueva disposición reforzó la cercanía entre artistas y público, haciendo que el espacio se sintiera todavía más íntimo. Y sería precisamente allí donde comenzaría esta nueva entrega de Call of the Crow.

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Hacia las 13:30, los asistentes ya comenzaban a llenar el recinto. Pealie’s Barn, una granja del siglo XVIII cuidadosamente restaurada pero fiel a su esencia original, sigue siendo un enclave prácticamente perfecto para un festival de black metal. La combinación de su arquitectura histórica, sus estructuras de piedra y madera y la atmósfera rural de North Yorkshire crean un entorno difícilmente igualable.

A las 14:30 llegaba el momento de inaugurar oficialmente el festival con Blades of Folmar en el Longhall. Cubierto por una túnica negra que ocultaba por completo su figura y una máscara que parecía haber sido tallada directamente en piedra, el artista abrió el fin de semana con una cautivadora actuación de dungeon synth ante un recinto completamente abarrotado.

La experiencia resultó casi hipnótica. Bajo un entramado de vigas centenarias, rodeados de paredes de ladrillo visto y pequeñas hornacinas iluminadas por velas, mientras grandes candelabros de hierro proyectaban una tenue luz sobre el recinto, la música y el entorno se fundieron en una única experiencia inmersiva. Costaba imaginar una manera más apropiada de dar comienzo a Call of the Crow, y Blades of Folmar cumplió su cometido de forma sobresaliente.

El segundo y último artista que ocuparía el escenario del Longhall durante aquella jornada sería Wolcensmen. Sentado con su guitarra acústica y acompañado únicamente por una modesta percusión accionada con los pies, consiguió transportar a todos los presentes a tiempos remotos. Sus interpretaciones, cargadas de un marcado espíritu medieval y narrativo, envolvieron a la audiencia en relatos de otra época y terminaron convirtiéndose, para muchos asistentes, en uno de los momentos más memorables de la primera jornada.

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Después de que Blades of Folmar y Wolcensmen establecieran los cimientos atmosféricos del día, llegaba el turno de que Miško Boba tomara el control del escenario principal. Era el momento en que las guitarras distorsionadas, los blast beats y las voces extremas comenzaban a dominar el festival.

Kanopa irrumpió con fuerza, invocando una vez más las tormentas sobre North Yorkshire. Los desgarradores registros vocales de Miško Boba parecían surgir directamente del inframundo, mientras las composiciones de la banda, profundamente influenciadas por la tradición y el folclore lituano, guiaban a la audiencia a través de historias y narraciones que muchos preferirían mantener en silencio. Sin embargo, Kanopa las expone sin reservas, elevando su voz con una convicción imposible de ignorar.

Pocos pueden decir que han tenido la oportunidad de presenciar tanto el debut en directo de Magnetar como su segundo concierto, precisamente en Call of the Crow. Cuando escuché su álbum debut por primera vez, tuve la sensación de estar ante una propuesta con un enorme potencial. Verlos sobre el escenario en sus dos primeras actuaciones no hizo más que reforzar esa impresión.

Lo más destacable de esta presentación fue comprobar la evolución experimentada en tan poco tiempo. Si en su estreno los nervios eran evidentes, en esta ocasión la banda se mostró completamente liberada de aquella presión inicial, actuando con la confianza y seguridad propias de un grupo con años de experiencia. La soltura con la que se desenvolvieron sobre el escenario dejó una impresión muy positiva, algo que quedó reflejado en las conversaciones del público durante todo el fin de semana. Magnetar fue, sin duda, uno de los nombres más comentados de esta edición.

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Con su álbum debut habiendo cumplido ya un año y respaldado por excelentes críticas, la banda ofreció una actuación devastadora. Su propuesta oscila constantemente entre la tensión y el desgarro emocional. En varios momentos, Bianca parecía conducir al público hasta el borde de la locura mediante pasajes más contenidos, voces limpias y atmósferas inquietantes, solo para romper cualquier sensación de calma con explosiones de agresividad absoluta. Los gritos de la vocalista evocaban la imagen de una banshee, una presencia espectral cuyo lamento atravesaba por completo el recinto.

Patristic era, personalmente, una de las bandas que más esperaba ver en directo. Su álbum debut, Catechesis, publicado en junio de 2025, ha ocupado durante meses un lugar recurrente en mis listas de reproducción. Lo que hace grande a este trabajo de estudio no disminuye cuando se traslada al escenario; ocurre exactamente lo contrario.

La intensidad que transmite el disco se multiplica en directo, algo que quedó patente cuando se generó el primer mosh pit de la noche. La interpretación vocal de Lorenzo merece una mención especial por su potencia y autoridad, pero sería injusto no destacar también el trabajo de Enrico, Shatrath y Veneficus. Todos ellos demostraron ser músicos excepcionales y responsables de una maquinaria perfectamente engrasada. Teniendo en cuenta la extraordinaria recepción de Catechesis tanto por parte de la prensa especializada como del público, el impacto de su actuación resultó tan impresionante como esperado.

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Y aunque Patristic tuvo el mérito de protagonizar el primer mosh pit de la jornada, Arð fue responsable de uno de los momentos más peculiares y entrañables del día. Lo que probablemente pueda describirse como el circle pit más lento de la historia tomó forma frente al escenario. Los participantes avanzaban caminando pausadamente en círculo mientras realizaban headbangs al mismo ritmo. La escena reflejaba visualmente el marcado descenso de intensidad respecto a las actuaciones anteriores, pero precisamente por eso fue recibida con entusiasmo y buen humor por parte de todo el público.

Para cerrar la primera noche de Call of the Crow llegó el turno de Winterfylleth. Considerados desde hace años como una de las bandas más respetadas del black metal británico, los ingleses ofrecieron una actuación cargada de emotividad y significado.

La ocasión servía además para celebrar las casi dos décadas transcurridas desde la publicación de su primer demo, Rising of the Winter Full Moon, y el carácter especial del concierto se hizo evidente desde el comienzo. Con varios antiguos integrantes presentes durante la actuación, hubo momentos en los que más de diez personas compartían simultáneamente el escenario. Sin embargo, lo más destacable fue observar las sonrisas de todos ellos. Más allá de la música, aquello transmitía una auténtica sensación de celebración colectiva.

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Sus casi veinte años de trayectoria quedaron reflejados en una ejecución impecable y en una solidez interpretativa inquebrantable. La audiencia respondió con el mosh pit más grande de la noche, alcanzando tal nivel de intensidad que incluso el personal de seguridad de Pealie’s Barn tuvo que pedir moderación al público ante el temor de que la situación se descontrolara aún más.

Pero la actuación de Winterfylleth ofreció algo más que un excelente concierto. También puso de manifiesto la estrecha red de relaciones humanas que existe entre muchos músicos de la escena del black metal británico. Presenciar sobre el escenario el respeto mutuo, la camaradería y el reconocimiento construido durante tantos años fue una experiencia que transmitió mucho más que cualquier discurso.

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