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Devin Townsend en Barcelona: “una metamorfosis acústica en L’Hospitalet”
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Por: Israel Ramirez

Hay artistas que necesitan escenarios monumentales y toneladas de amplificadores para demostrar su grandeza. Otros son capaces de llenar una sala con apenas una guitarra, un micrófono y sus propias historias. Devin Townsend pertenece a esta segunda categoría, aunque su trayectoria esté ligada a algunas de las propuestas más complejas y extremas del metal contemporáneo.

El pasado sábado, el músico canadiense cerró en Salamandra su gira europea Metamorphosis, con un espectáculo que fue mucho más que un concierto acústico: un recorrido por su extensa discografía, acompañado de anécdotas, humor y reflexiones personales.

La gira llegó en un momento especialmente significativo para Devin. En una entrevista publicada pocos días antes, habló del final de una relación de 36 años, la pérdida de su perro y las dificultades económicas relacionadas con su ambicioso proyecto The Moth. Un contexto que ayuda a comprender el carácter íntimo de esta propuesta, en la que decidió prescindir de una gran producción para acercarse a sus seguidores de una manera mucho más directa.

Primer set: del metal extremo a la sensibilidad melódica

A las 20:00, con un escenario minimalista, un par de guitarras, un micrófono y un portátil, Devin Townsend comenzó un viaje por diferentes etapas de su carrera. La apertura con “Funeral”, de Ocean Machine: Biomech (1997), permitió apreciar de inmediato su extraordinaria capacidad vocal.

La sorpresa llegó con “Love?”, de Strapping Young Lad, demostrando que incluso una composición asociada al metal extremo puede adquirir una dimensión diferente en este formato. Después, “Ih-Ah!”, de Addicted (2009), aportó melodías luminosas y armonías que conectaron rápidamente con el público, seguida de “Deadhead”, de Accelerated Evolution (2003), uno de los momentos más emotivos del set.

También hubo espacio para el humor con “Fake Punk”, del proyecto Punky Brüster, incluido en Cooked on Phonics (1996). A continuación, fragmentos de “S.Y.L.”, “Hyperdrive!”, “AAA” y “Seventh Wave” sirvieron para ilustrar la evolución musical y personal del canadiense, que explicó cómo había cambiado su relación con la rabia y la agresividad que marcaron parte de sus primeros trabajos.

La interacción con los asistentes dejó uno de los momentos más divertidos de la noche. Ante la pregunta de por qué nunca había formado una banda de black metal, alguien propuso llamarla “Deathvin”. La ocurrencia le encantó.

El primer set concluyó con “Christeen”, de Infinity (1998), y “Lightworker”, de Lightwork (2022), antes de una pausa de veinte minutos.

Segundo set: historias, recuerdos y nuevas perspectivas

A las 21:20 comenzó la segunda parte con un solo de guitarra. Uno de los momentos más particulares llegó con “Bring”, seguido de fragmentos de “Deep Peace”, de Terria (2001), “Aftermath”, de Strapping Young Lad, y “Storm”.

Los recuerdos de su antigua banda ocuparon buena parte de la narración. Devin explicó cómo, a pesar de las expectativas de la discográfica y de haber llegado a los grandes festivales internacionales, su visión de la vida había cambiado. Finalmente, comunicó a sus compañeros Byron Stroud y Gene Hoglan su decisión de abandonar Strapping Young Lad, cerrando así una etapa fundamental de su carrera.

La intensidad regresó con “Shitstorm”, “Let It Roll” y “Almost Again”, antes de continuar con “Solar Winds”, “Coast”, “Supercrush!” y “The Mighty Masturbator”. El recorrido pasó después a territorios más atmosféricos con “Feather”, de Ghost (2011), para llegar a una recta final que reunió “Kingdom”, “Midnight Sun”, “Why?”, “From the Heart” y “Life”.

El repertorio mostró la amplitud de un compositor capaz de transitar entre el metal industrial, el rock progresivo, las melodías accesibles y los paisajes sonoros más introspectivos. Despojadas de buena parte de sus arreglos originales, las canciones revelaron su esencia: melodías, estructuras, emociones y una voz capaz de sostener por sí sola buena parte del espectáculo.

El poder de despojarse de todo

Las crónicas de otras fechas europeas también destacaron la combinación de música, humor, relatos autobiográficos y cercanía con el público que caracterizó esta gira. En Barcelona, esos elementos adquirieron un significado especial al tratarse del cierre del recorrido europeo.

Devin Townsend no intentó reproducir a pequeña escala sus grandes producciones ni competir con la potencia de Strapping Young Lad. Su propuesta fue otra: compartir las historias detrás de las canciones y mostrar al músico que existe más allá de los escenarios monumentales.

Y ahí estuvo precisamente el acierto de la noche. El espectáculo permitió descubrir que detrás de una discografía tan compleja existe un artista que ha cambiado, cuestionado sus decisiones y encontrado nuevas formas de expresarse a lo largo de los años.

Con Metamorphosis, Devin Townsend cerró su gira europea mirando hacia dentro y reconectando con sus seguidores. La noche del sábado en Salamandra fue una demostración de que la grandeza musical no siempre necesita amplificadores, efectos o una banda completa.

A veces, basta con una guitarra, una voz y la voluntad de compartir la propia historia. Porque la metamorfosis no consiste en dejar de ser quien uno es, sino en descubrir todo lo que todavía puede llegar a ser.

Fotos: Jaume Estrada

 

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Devin Townsend en Barcelona: “una metamorfosis acústica en L’Hospitalet”
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Por: Israel Ramirez

Hay artistas que necesitan escenarios monumentales y toneladas de amplificadores para demostrar su grandeza. Otros son capaces de llenar una sala con apenas una guitarra, un micrófono y sus propias historias. Devin Townsend pertenece a esta segunda categoría, aunque su trayectoria esté ligada a algunas de las propuestas más complejas y extremas del metal contemporáneo.

El pasado sábado, el músico canadiense cerró en Salamandra su gira europea Metamorphosis, con un espectáculo que fue mucho más que un concierto acústico: un recorrido por su extensa discografía, acompañado de anécdotas, humor y reflexiones personales.

La gira llegó en un momento especialmente significativo para Devin. En una entrevista publicada pocos días antes, habló del final de una relación de 36 años, la pérdida de su perro y las dificultades económicas relacionadas con su ambicioso proyecto The Moth. Un contexto que ayuda a comprender el carácter íntimo de esta propuesta, en la que decidió prescindir de una gran producción para acercarse a sus seguidores de una manera mucho más directa.

Primer set: del metal extremo a la sensibilidad melódica

A las 20:00, con un escenario minimalista, un par de guitarras, un micrófono y un portátil, Devin Townsend comenzó un viaje por diferentes etapas de su carrera. La apertura con “Funeral”, de Ocean Machine: Biomech (1997), permitió apreciar de inmediato su extraordinaria capacidad vocal.

La sorpresa llegó con “Love?”, de Strapping Young Lad, demostrando que incluso una composición asociada al metal extremo puede adquirir una dimensión diferente en este formato. Después, “Ih-Ah!”, de Addicted (2009), aportó melodías luminosas y armonías que conectaron rápidamente con el público, seguida de “Deadhead”, de Accelerated Evolution (2003), uno de los momentos más emotivos del set.

También hubo espacio para el humor con “Fake Punk”, del proyecto Punky Brüster, incluido en Cooked on Phonics (1996). A continuación, fragmentos de “S.Y.L.”, “Hyperdrive!”, “AAA” y “Seventh Wave” sirvieron para ilustrar la evolución musical y personal del canadiense, que explicó cómo había cambiado su relación con la rabia y la agresividad que marcaron parte de sus primeros trabajos.

La interacción con los asistentes dejó uno de los momentos más divertidos de la noche. Ante la pregunta de por qué nunca había formado una banda de black metal, alguien propuso llamarla “Deathvin”. La ocurrencia le encantó.

El primer set concluyó con “Christeen”, de Infinity (1998), y “Lightworker”, de Lightwork (2022), antes de una pausa de veinte minutos.

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A las 21:20 comenzó la segunda parte con un solo de guitarra. Uno de los momentos más particulares llegó con “Bring”, seguido de fragmentos de “Deep Peace”, de Terria (2001), “Aftermath”, de Strapping Young Lad, y “Storm”.

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El repertorio mostró la amplitud de un compositor capaz de transitar entre el metal industrial, el rock progresivo, las melodías accesibles y los paisajes sonoros más introspectivos. Despojadas de buena parte de sus arreglos originales, las canciones revelaron su esencia: melodías, estructuras, emociones y una voz capaz de sostener por sí sola buena parte del espectáculo.

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Las crónicas de otras fechas europeas también destacaron la combinación de música, humor, relatos autobiográficos y cercanía con el público que caracterizó esta gira. En Barcelona, esos elementos adquirieron un significado especial al tratarse del cierre del recorrido europeo.

Devin Townsend no intentó reproducir a pequeña escala sus grandes producciones ni competir con la potencia de Strapping Young Lad. Su propuesta fue otra: compartir las historias detrás de las canciones y mostrar al músico que existe más allá de los escenarios monumentales.

Y ahí estuvo precisamente el acierto de la noche. El espectáculo permitió descubrir que detrás de una discografía tan compleja existe un artista que ha cambiado, cuestionado sus decisiones y encontrado nuevas formas de expresarse a lo largo de los años.

Con Metamorphosis, Devin Townsend cerró su gira europea mirando hacia dentro y reconectando con sus seguidores. La noche del sábado en Salamandra fue una demostración de que la grandeza musical no siempre necesita amplificadores, efectos o una banda completa.

A veces, basta con una guitarra, una voz y la voluntad de compartir la propia historia. Porque la metamorfosis no consiste en dejar de ser quien uno es, sino en descubrir todo lo que todavía puede llegar a ser.

Fotos: Jaume Estrada

 

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Call of the Crow 2026 – Día 1: “El renacer de la tormenta en North Yorkshire”
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Cursum Perficio (2026)

 



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