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Gutalax en Valencia: “Goregrind, escobillas y otras formas de celebrar un festivo”
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Texto: Alba Burgos Mirón

Hay conciertos a los que uno va a disfrutar de la música, otros a descubrir nuevas bandas y luego están los de Gutalax, donde nunca sabes muy bien si has comprado una entrada para un concierto de goregrind o para una convención internacional de fontanería. El pasado 12 de octubre, aprovechando que el calendario nos regalaba un festivo, la Peter Rock de Valencia colgó el cartel de Sold Out para recibir a los checos, dispuestos a demostrar que la música extrema y las escobillas de baño pueden convivir en perfecta armonía. Porque hay pocas cosas que unan tanto a la humanidad como un buen festivo, unas voces imposibles de reproducir y un repertorio que haría sonrojar al mismísimo departamento de saneamiento municipal.

Pink Socks: elegancia, drogas y una retirada prematura

Los encargados de abrir la velada fueron los locales Pink Socks, que llegaron dispuestos a poner patas arriba la sala con su punk gamberro y una propuesta en la que la elegancia brilló por su ausencia, salvo por el detalle de salir al escenario con un pasamontañas rosa. Todo un derroche de clase al que el cantante añadió unas pezoneras que, por desgracia, tuvieron una vida bastante más corta de lo esperado: apenas habían empezado a hacer su trabajo cuando dejaron de formar parte del vestuario, privándonos de una de las pocas barreras que separaban aquella actuación del desnudo integral.

Acompañados de Cocanejo, su mascota, un conejo enfarlopado que parecía necesitar más ayuda que el propio público, los valencianos supieron darse a conocer rápidamente. Y es que, aunque no te supieras ninguna de sus letras, tampoco hacía falta estudiar demasiado: con escuchar un par de veces aquello de “soy un cayetano de la Caye Borroka, oposito a policía y me hincho a farlopa”, del tema Soy un Cayetano de la Caye Borroka, ya estabas preparado para formar parte del coro. Su repertorio también nos dejó perlas como “Fuck Ambiguos” y “Parkour en Magaluf”, títulos que dejan claro que Pink Socks son unos cachondos. Pero el momento culminante llegó con “Skinheads por obligación”, toda una oda a los calvos que interpretaron acompañados de uno de esos “skinheads” sobre el escenario.

Con poco más de un año de trayectoria, Pink Socks ya están inmersos en su Last Tour. Sí, habéis leído bien: apenas les ha dado tiempo a aprenderse las canciones y ya están pensando en despedirse. Una decisión precipitada para algunos, visionaria para otros. Quizá simplemente hayan entendido antes que nadie que lo importante no es cuánto dura una carrera musical, sino la cantidad de veces que puedes gritar “Coca, speed y puta Real Madrid” antes de que te echen del local.

En cualquier caso, cumplieron con su cometido: calentar el ambiente, presentar sus credenciales y dejar claro que, si el futuro del punk valenciano depende de estos individuos, estamos en buenas manos.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Gutalax en Barcelona: “Cuando la m*erda se convierte en la fiesta del año”

Gutalax: cuando las escobillas se convierten en instrumentos de culto

Empieza a sonar la música de Los vigilantes de la playa. Es la señal de que los checos Gutalax están a punto de hacer su entrada en una Peter Rock hasta arriba de gente. Un éxito de convocatoria que solo puede compararse con el agotamiento de existencias de escobillas de baño en el ultramarinos de al lado de la sala.

Musicalmente, lo de Gutalax es puro goregrind: guitarras distorsionadas, ritmos a toda velocidad y unas voces guturales que parecen salir directamente de las alcantarillas. Un estilo que no está precisamente pensado para poner de fondo en una cena romántica. Y aquí el cantante merece una mención especial, porque su rango vocal es digno de estudio. Lo mismo suena como un gorrino disfrutando de un baño de barro que se transforma en una rana croando en mitad de una charca. Un auténtico therian vocal que cambia de especie sin necesidad de abandonar el micrófono. No sabemos si estudió canto en un conservatorio o en una granja, pero lo cierto es que domina ambas disciplinas con una solvencia envidiable.

Con el público preparado para lo que se avecinaba, Gutalax arrancaron con “Assmeralda” y, a partir de ahí, desplegaron su repertorio de profundas reflexiones sobre la condición humana y, más concretamente, sobre todo aquello que ocurre después de comer. Temas como “Poopcorn”, “Buttman” y “We Are What We Shit” fueron cayendo uno tras otro, demostrando que hay bandas que necesitan toda una carrera para encontrar su identidad y otras que la encuentran directamente en el cuarto de baño. También hubo espacio para recordar a la saga cinematográfica Fast & Furious con una canción de su particular versión, “Fart and Furious“. Vin Diesel estaría orgulloso,

La respuesta del público estuvo a la altura de semejante despliegue. Las escobillas de baño se alzaban como si fueran antorchas en una peregrinación, mientras el crowdsurfing llevaba a los más animados hasta el escenario, donde la fiesta continuaba. Entre tanto, los gritos de «¡Shitbusters!» resonaban por la sala y dejaban claro que aquella noche nadie había venido a escuchar baladas precisamente. Si alguien esperaba una velada elegante, con interpretaciones delicadas y letras cargadas de metáforas sobre el amor, se había equivocado de puerta.

Y entre tanta escatología, también hubo espacio para un bonito homenaje a Gino, el encargado del merch, porque hasta en una fiesta dedicada a las deposiciones hay lugar para los sentimientos. Al final, una banda puede cantar sobre las cosas más desagradables imaginables, pero siempre hay alguien detrás del puesto de camisetas que merece su momento de gloria.

En definitiva, una noche para el recuerdo en la que el público supo aprovechar el 12 de octubre para darlo todo, levantar escobillas y disfrutar de una fiesta en la que la música, los guturales y las referencias fecales fueron los grandes protagonistas. Y es que hay festivos que se aprovechan descansando y otros que se celebran haciendo crowdsurfing con una escobilla en la mano. Cada uno elige sus prioridades.

Fotografias: Suso Pardal

 

 

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Gutalax en Valencia: “Goregrind, escobillas y otras formas de celebrar un festivo”
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Texto: Alba Burgos Mirón

Hay conciertos a los que uno va a disfrutar de la música, otros a descubrir nuevas bandas y luego están los de Gutalax, donde nunca sabes muy bien si has comprado una entrada para un concierto de goregrind o para una convención internacional de fontanería. El pasado 12 de octubre, aprovechando que el calendario nos regalaba un festivo, la Peter Rock de Valencia colgó el cartel de Sold Out para recibir a los checos, dispuestos a demostrar que la música extrema y las escobillas de baño pueden convivir en perfecta armonía. Porque hay pocas cosas que unan tanto a la humanidad como un buen festivo, unas voces imposibles de reproducir y un repertorio que haría sonrojar al mismísimo departamento de saneamiento municipal.

Pink Socks: elegancia, drogas y una retirada prematura

Los encargados de abrir la velada fueron los locales Pink Socks, que llegaron dispuestos a poner patas arriba la sala con su punk gamberro y una propuesta en la que la elegancia brilló por su ausencia, salvo por el detalle de salir al escenario con un pasamontañas rosa. Todo un derroche de clase al que el cantante añadió unas pezoneras que, por desgracia, tuvieron una vida bastante más corta de lo esperado: apenas habían empezado a hacer su trabajo cuando dejaron de formar parte del vestuario, privándonos de una de las pocas barreras que separaban aquella actuación del desnudo integral.

Acompañados de Cocanejo, su mascota, un conejo enfarlopado que parecía necesitar más ayuda que el propio público, los valencianos supieron darse a conocer rápidamente. Y es que, aunque no te supieras ninguna de sus letras, tampoco hacía falta estudiar demasiado: con escuchar un par de veces aquello de “soy un cayetano de la Caye Borroka, oposito a policía y me hincho a farlopa”, del tema Soy un Cayetano de la Caye Borroka, ya estabas preparado para formar parte del coro. Su repertorio también nos dejó perlas como “Fuck Ambiguos” y “Parkour en Magaluf”, títulos que dejan claro que Pink Socks son unos cachondos. Pero el momento culminante llegó con “Skinheads por obligación”, toda una oda a los calvos que interpretaron acompañados de uno de esos “skinheads” sobre el escenario.

Con poco más de un año de trayectoria, Pink Socks ya están inmersos en su Last Tour. Sí, habéis leído bien: apenas les ha dado tiempo a aprenderse las canciones y ya están pensando en despedirse. Una decisión precipitada para algunos, visionaria para otros. Quizá simplemente hayan entendido antes que nadie que lo importante no es cuánto dura una carrera musical, sino la cantidad de veces que puedes gritar “Coca, speed y puta Real Madrid” antes de que te echen del local.

En cualquier caso, cumplieron con su cometido: calentar el ambiente, presentar sus credenciales y dejar claro que, si el futuro del punk valenciano depende de estos individuos, estamos en buenas manos.

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Musicalmente, lo de Gutalax es puro goregrind: guitarras distorsionadas, ritmos a toda velocidad y unas voces guturales que parecen salir directamente de las alcantarillas. Un estilo que no está precisamente pensado para poner de fondo en una cena romántica. Y aquí el cantante merece una mención especial, porque su rango vocal es digno de estudio. Lo mismo suena como un gorrino disfrutando de un baño de barro que se transforma en una rana croando en mitad de una charca. Un auténtico therian vocal que cambia de especie sin necesidad de abandonar el micrófono. No sabemos si estudió canto en un conservatorio o en una granja, pero lo cierto es que domina ambas disciplinas con una solvencia envidiable.

Con el público preparado para lo que se avecinaba, Gutalax arrancaron con “Assmeralda” y, a partir de ahí, desplegaron su repertorio de profundas reflexiones sobre la condición humana y, más concretamente, sobre todo aquello que ocurre después de comer. Temas como “Poopcorn”, “Buttman” y “We Are What We Shit” fueron cayendo uno tras otro, demostrando que hay bandas que necesitan toda una carrera para encontrar su identidad y otras que la encuentran directamente en el cuarto de baño. También hubo espacio para recordar a la saga cinematográfica Fast & Furious con una canción de su particular versión, “Fart and Furious“. Vin Diesel estaría orgulloso,

La respuesta del público estuvo a la altura de semejante despliegue. Las escobillas de baño se alzaban como si fueran antorchas en una peregrinación, mientras el crowdsurfing llevaba a los más animados hasta el escenario, donde la fiesta continuaba. Entre tanto, los gritos de «¡Shitbusters!» resonaban por la sala y dejaban claro que aquella noche nadie había venido a escuchar baladas precisamente. Si alguien esperaba una velada elegante, con interpretaciones delicadas y letras cargadas de metáforas sobre el amor, se había equivocado de puerta.

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