

La jornada inaugural de Copenhell 2025 confirmó por qué este festival danés se ha consolidado como uno de los referentes imprescindibles de la escena metalera europea. El cartel de aquel miércoles ofreció una radiografía precisa del momento actual del género: diversidad de sonidos, propuestas con identidad y una comunión constante entre tradición, renovación y riesgo. Desde los matices del metalcore y el grunge, hasta el grindcore más visceral o las fusiones más audaces, el festival arrancó con una intensidad que augura una edición memorable.
Con los horarios en mano, abrimos la jornada con Dead Poet Society, que trajeron su particular cóctel de alt-rock, pop melódico, blues y country rock. A pesar de los tropiezos técnicos que afectaron al guitarrista —y provocaron momentos de tensión—, la banda supo reconectar gracias a su entrega escénica, canciones pegajosas y la energía contagiosa del público, que respondió con circlepits y vítores que ayudaron a salvar el show. De allí nos dirigimos a ver a los franceses Last Train, que contaron con un nutrido grupo de seguidores entregados tanto a sus himnos clásicos como a los temas de su reciente álbum III.
La baja inesperada de Myles Kennedy por motivos logísticos fue cubierta a última hora por los daneses Vulvatorious, y aunque hubo escepticismo previo, su actuación disipó cualquier duda. Con Ditte Krøyer como líder imponente, la banda ofreció un concierto cargado de fuerza, visceralidad y posicionamiento político, con temas como “Fuck You, Incel” que desataron walls of death y una respuesta inmediata del público. Krøyer (en estado de gracia) dominó la escena con una mezcla de carisma, rabia y autenticidad que encendió el Hades Stage.
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Al salir del Copenhell CON —un espacio vibrante donde se mezclan videojuegos, cómics, charlas y cultura alternativa— decidí quedarme un momento más frente al escenario Pandemonium, atraído por el inicio del show de Employed To Serve, una potente banda británica de metalcore que me sorprendió gratamente con su energía y presencia. Aunque su actuación prometía mucho más y me dejó con ganas de seguir disfrutándolos, el llamado de uno de los escenarios principales me obligó a continuar mi recorrido por el festival.
En el escenario Helvíti, Skunk Anansie hizo una entrada poderosa con “This Means War”, demostrando que, aunque su pico comercial fue en los años 90, siguen siendo una fuerza escénica imbatible. Con Skin al frente, desplegaron carisma, potencia vocal y una puesta en escena vibrante, incluyendo momentos memorables como su inmersión entre el público durante “I Can Dream”. Sin embargo, el set —de apenas 45 minutos— dejó gusto a poco, y la falta de interacción vocal del público en temas como “Charlie Big Potato” o “An Artist is an Artist” le restó parte del impacto emocional que la banda propuso con tanta entrega.
Luego vino el turno de Sylosis, encargados de darle un golpe de autoridad al Pandemonium. Su propuesta, una potente mezcla de thrash técnico, metal melódico y matices progresivos, dejó claro por qué son una de las joyas del metal británico actual. Josh Middleton lideró un espectáculo intenso que arrancó moshpits desde el primer minuto, culminando en un circlepit descomunal. La ejecución fue impecable y el público respondió con una entrega total.
El viaje continuó en Pandemonium con la esperada presentación de Kittie, banda pionera del nu-metal femenino, que regresó con un sonido renovado y más pesado tras una década de pausa. Con una producción más cuidada pero sin perder la energía cruda de sus inicios, reafirmaron su vigencia ante una audiencia que llenó el escenario y coreó con fervor. Morgan Lander, guitarrista y vocalista, brilló con su potente entrega vocal, especialmente en los nuevos temas que marcaron una evolución clara y convincente.
En Helvíti, uno de los platos fuertes fue Within Temptation, banda neerlandesa que continúa su evolución musical con Bleed Out, álbum que incorpora elementos de metalcore y electrónica sin renunciar a su esencia gótica. Sharon den Adel ofreció una actuación impecable, vocalmente poderosa y escénicamente teatral. Envuelta en una máscara con pinchos bajo ruinas ficticias, capturó la atención del público desde el inicio. La dedicación de una canción a las víctimas de la guerra en Ucrania añadió una dimensión emocional que el público agradeció con respeto y ovación. Más tarde, Wormrot, trío grindcore de Singapur, sacudió el Gehenna con una actuación explosiva. Con temas que rara vez superaban los dos minutos, entregaron una descarga brutal sin perder el control. El clímax llegó con “Eternal Sunshine of the Spotless Grind” justo al atardecer, en un contraste entre caos y belleza que pareció cinematográfico. La entrega emocional del vocalista Arif Suhaimi, que agradeció con la mano en el pecho, redondeó un momento genuino e inolvidable.
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Uno de los actos que menos me intereso fue el de Poppy, cuya transformación de muñeca robótica a ícono del metal experimental dejó al público entre la fascinación y el desconcierto. Su espectáculo (sin escenografía, con músicos enmascarados, nose si es para cambiarlos facil o que no quieren dar la cara para esta propuesta) centró todo en ella, que alternó dulzura con gritos guturales y logró, incluso, convocar un wall of death. Fue un set impredecible y caótico en el mejor sentido, donde lo visual se subordinó a una performance intensa, rupturista y sin etiquetas, pero que nos hace pensar serio en la actualidad del metal hoy en día. Dizzy Mizz Lizzy, ícono danés del rock alternativo, ofreció un concierto “by request” que viajó al corazón de su repertorio más clásico, especialmente de su debut. Aunque el inicio fue irregular (con problemas de mezcla y una voz algo opacada), el trío fue ganando fuerza con temas como “Glory” y la emotiva “Silverflame”. La conexión con el público, cargada de nostalgia y complicidad generacional, terminó por elevar el concierto a una de las experiencias más emotivas del día.
Finalmente, el cierre quedó en manos de Dethklok, leyenda nacida en la animación que encontró su espacio en la realidad gracias a un show meticulosamente ejecutado. Mientras la banda tocaba en penumbras, las animaciones proyectadas y el humor característico del personaje Facebones mantenían la esencia original de Metalocalypse. Aunque parte del público ya se había retirado por la hora, quienes se quedaron vivieron un espectáculo único que mezcló brutalidad, sátira y virtuosismo técnico, cerrando el primer día por todo lo alto.
La primera jornada de Copenhell 2025 fue una celebración del metal en su forma más amplia: desde propuestas con décadas de historia hasta experimentaciones sin miedo al riesgo. Cada banda aportó algo distinto y valioso, recordándonos que el metal —lejos de ser un género estático— sigue mutando, creciendo y reuniendo almas afines en torno al ruido, la furia, la emoción y, sobre todo, la libertad. ¡Y Todo dentro del Copenhell, el Infierno que tanto queremos!.

- Dead Poet Society
- Dead Poet Society
- Last Train
- Vulvatorious
- Vulvatorious
- Vulvatorious
- Ambiente
- Employed To Serve
- Employed To Serve
- Employed To Serve
- Skunk Anansie
- Skunk Anansie
- Skunk Anansie
- Ambiente
- Sylosis
- Sylosis
- Sylosis
- Sylosis
- Ambiente
- Kittie
- Kittie
- Kittie
- Kittie
- Within Temptation
- Within Temptation
- Within Temptation
- Ambiente
- Wormrot
- Wormrot
- Ambiente
- Dizzy Mizz Lizzy
- Dizzy Mizz Lizzy


La jornada inaugural de Copenhell 2025 confirmó por qué este festival danés se ha consolidado como uno de los referentes imprescindibles de la escena metalera europea. El cartel de aquel miércoles ofreció una radiografía precisa del momento actual del género: diversidad de sonidos, propuestas con identidad y una comunión constante entre tradición, renovación y riesgo. Desde los matices del metalcore y el grunge, hasta el grindcore más visceral o las fusiones más audaces, el festival arrancó con una intensidad que augura una edición memorable.
Con los horarios en mano, abrimos la jornada con Dead Poet Society, que trajeron su particular cóctel de alt-rock, pop melódico, blues y country rock. A pesar de los tropiezos técnicos que afectaron al guitarrista —y provocaron momentos de tensión—, la banda supo reconectar gracias a su entrega escénica, canciones pegajosas y la energía contagiosa del público, que respondió con circlepits y vítores que ayudaron a salvar el show. De allí nos dirigimos a ver a los franceses Last Train, que contaron con un nutrido grupo de seguidores entregados tanto a sus himnos clásicos como a los temas de su reciente álbum III.
La baja inesperada de Myles Kennedy por motivos logísticos fue cubierta a última hora por los daneses Vulvatorious, y aunque hubo escepticismo previo, su actuación disipó cualquier duda. Con Ditte Krøyer como líder imponente, la banda ofreció un concierto cargado de fuerza, visceralidad y posicionamiento político, con temas como “Fuck You, Incel” que desataron walls of death y una respuesta inmediata del público. Krøyer (en estado de gracia) dominó la escena con una mezcla de carisma, rabia y autenticidad que encendió el Hades Stage.
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Al salir del Copenhell CON —un espacio vibrante donde se mezclan videojuegos, cómics, charlas y cultura alternativa— decidí quedarme un momento más frente al escenario Pandemonium, atraído por el inicio del show de Employed To Serve, una potente banda británica de metalcore que me sorprendió gratamente con su energía y presencia. Aunque su actuación prometía mucho más y me dejó con ganas de seguir disfrutándolos, el llamado de uno de los escenarios principales me obligó a continuar mi recorrido por el festival.
En el escenario Helvíti, Skunk Anansie hizo una entrada poderosa con “This Means War”, demostrando que, aunque su pico comercial fue en los años 90, siguen siendo una fuerza escénica imbatible. Con Skin al frente, desplegaron carisma, potencia vocal y una puesta en escena vibrante, incluyendo momentos memorables como su inmersión entre el público durante “I Can Dream”. Sin embargo, el set —de apenas 45 minutos— dejó gusto a poco, y la falta de interacción vocal del público en temas como “Charlie Big Potato” o “An Artist is an Artist” le restó parte del impacto emocional que la banda propuso con tanta entrega.
Luego vino el turno de Sylosis, encargados de darle un golpe de autoridad al Pandemonium. Su propuesta, una potente mezcla de thrash técnico, metal melódico y matices progresivos, dejó claro por qué son una de las joyas del metal británico actual. Josh Middleton lideró un espectáculo intenso que arrancó moshpits desde el primer minuto, culminando en un circlepit descomunal. La ejecución fue impecable y el público respondió con una entrega total.
El viaje continuó en Pandemonium con la esperada presentación de Kittie, banda pionera del nu-metal femenino, que regresó con un sonido renovado y más pesado tras una década de pausa. Con una producción más cuidada pero sin perder la energía cruda de sus inicios, reafirmaron su vigencia ante una audiencia que llenó el escenario y coreó con fervor. Morgan Lander, guitarrista y vocalista, brilló con su potente entrega vocal, especialmente en los nuevos temas que marcaron una evolución clara y convincente.
En Helvíti, uno de los platos fuertes fue Within Temptation, banda neerlandesa que continúa su evolución musical con Bleed Out, álbum que incorpora elementos de metalcore y electrónica sin renunciar a su esencia gótica. Sharon den Adel ofreció una actuación impecable, vocalmente poderosa y escénicamente teatral. Envuelta en una máscara con pinchos bajo ruinas ficticias, capturó la atención del público desde el inicio. La dedicación de una canción a las víctimas de la guerra en Ucrania añadió una dimensión emocional que el público agradeció con respeto y ovación. Más tarde, Wormrot, trío grindcore de Singapur, sacudió el Gehenna con una actuación explosiva. Con temas que rara vez superaban los dos minutos, entregaron una descarga brutal sin perder el control. El clímax llegó con “Eternal Sunshine of the Spotless Grind” justo al atardecer, en un contraste entre caos y belleza que pareció cinematográfico. La entrega emocional del vocalista Arif Suhaimi, que agradeció con la mano en el pecho, redondeó un momento genuino e inolvidable.
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Uno de los actos que menos me intereso fue el de Poppy, cuya transformación de muñeca robótica a ícono del metal experimental dejó al público entre la fascinación y el desconcierto. Su espectáculo (sin escenografía, con músicos enmascarados, nose si es para cambiarlos facil o que no quieren dar la cara para esta propuesta) centró todo en ella, que alternó dulzura con gritos guturales y logró, incluso, convocar un wall of death. Fue un set impredecible y caótico en el mejor sentido, donde lo visual se subordinó a una performance intensa, rupturista y sin etiquetas, pero que nos hace pensar serio en la actualidad del metal hoy en día. Dizzy Mizz Lizzy, ícono danés del rock alternativo, ofreció un concierto “by request” que viajó al corazón de su repertorio más clásico, especialmente de su debut. Aunque el inicio fue irregular (con problemas de mezcla y una voz algo opacada), el trío fue ganando fuerza con temas como “Glory” y la emotiva “Silverflame”. La conexión con el público, cargada de nostalgia y complicidad generacional, terminó por elevar el concierto a una de las experiencias más emotivas del día.
Finalmente, el cierre quedó en manos de Dethklok, leyenda nacida en la animación que encontró su espacio en la realidad gracias a un show meticulosamente ejecutado. Mientras la banda tocaba en penumbras, las animaciones proyectadas y el humor característico del personaje Facebones mantenían la esencia original de Metalocalypse. Aunque parte del público ya se había retirado por la hora, quienes se quedaron vivieron un espectáculo único que mezcló brutalidad, sátira y virtuosismo técnico, cerrando el primer día por todo lo alto.
La primera jornada de Copenhell 2025 fue una celebración del metal en su forma más amplia: desde propuestas con décadas de historia hasta experimentaciones sin miedo al riesgo. Cada banda aportó algo distinto y valioso, recordándonos que el metal —lejos de ser un género estático— sigue mutando, creciendo y reuniendo almas afines en torno al ruido, la furia, la emoción y, sobre todo, la libertad. ¡Y Todo dentro del Copenhell, el Infierno que tanto queremos!.

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