


El Festival Sun & Thunder 2025 devolvió el metal a Andalucía con una potencia inusitada, eligiendo como bastión el majestuoso Castillo Sohail de Fuengirola. A pesar de ciertas carencias organizativas —una zona de descanso sin luz ni agua, duchas insuficientes, una carpa de prensa precaria y conciertos programados en horas infernales bajo el sol— la música logró imponerse como fuerza dominante, haciendo que las piedras del castillo vibraran con cada riff. Así, entre subidas y bajadas por las empinadas laderas del recinto, el metal se desplegó en todas sus formas. Bajo este marco ardiente y simbólico, la primera descarga llegó con una banda que encendió el festival desde el primer compás: Docka Pussel, que demostró ser mucho más que una simple banda de apertura. Con “Blood” y “November” tomaron el control de un público aún acomodándose, pero fue con “Mother Storm” que el ambiente se transformó por completo. Su presencia poderosa se sintió como una declaración de intenciones: el festival acababa de comenzar, y lo hacía en llamas.
Sin respiro, el Marenostrum recibió una segunda descarga, esta vez desde Barcelona, donde el metalcore melódico encontró a sus representantes en Astray Valley. Con un sonido matizado y una formación consolidada, el cuarteto liderado por la magnética Clau Violette ofreció una actuación impecable. Su setlist comenzó con “Darkest Times”, para luego avanzar con “Neon Misery” y “When the Sun Goes Down”. Desde Midnight Sun (2023) sonaron la intensa “The Hunger”, la hipnótica “The Storm” y la coreada “Pray For The Devil”, sin olvidar su más reciente single, “Synthetic Heart”. El cierre llegó con “Your Skin”, dejando claro que su música es tan intensa como versátil, y que incluso el calor abrasador se rendía ante su propuesta.
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Cuando el ambiente parecía estabilizarse, una fusión inesperada rompió moldes. La mezcla de flamenco y metal emergió con fuerza gracias a Breed 77, quienes irrumpieron con la brutal “Petróleo”. Sus raíces británicas-gibraltareñas se manifestaron en un sonido único, donde “A Matter of Time”, “The River” y “La Última Hora” sacudieron conciencias. Con un setlist generoso que incluyó “The Battle of Hatin’”, “Final Prayer”, “World’s on Fire” e incluso una poderosa versión de “Zombie” de The Cranberries, culminaron con “Revolution on My Mind”, confirmando su estatus como embajadores del mestizaje sonoro más salvaje.
El rugido del thrash no tardó en hacerse sentir, y fue Soldier quien asumió esa misión con brutal precisión. Desde Asturias, desplegaron su artillería con temas como “Between Two Masters” de Gas Powered Jesús (2012), y “Corrupted (Sex In Prison)” de The Great Western Oligarchy (2015). Phil, su frontman, canalizó pura energía, mientras Pei García dominaba el bajo con fiereza. “Theory Of Nothing” y “Straight To Valhalla” —de The Sleeping Of Reason (2018)— fueron solo una parte del ataque, que culminó con “Destroyers” y “Revolt”, dejando tras de sí una estela de destrucción sonora.
La jornada continuó con uno de los nombres más esperados. Bajo un sol aún implacable, Jelusick transformó la tarde en una lección magistral de hard rock y progresivo. Dino Jelusick, conocido por su paso por Whitesnake y su victoria en Eurovisión Junior 2003, lideró una banda que equilibró técnica y emoción. Comenzaron con “Power to the People” y una versión explosiva de “Fade Away” (Animal Drive), para seguir con temas como “Healer”, “Died”, “Seasons” y “Chaos Master”. El clímax llegó con su interpretación de “Burn” de Deep Purple, que dejó al público eufórico, rendido ante su despliegue de talento.
La energía no decayó cuando el metal melódico tomó el escenario de la mano de Dragonfly. Desde su irrupción con “Sólo Depende De Ti” de Domine (2006), el setlist fue un repaso poderoso a su carrera: “Soy” (Génesis, 2017), “Ángeles Con Una Sola Ala” (Alma Irae, 2008), “Vuela Conmigo” y “El Peso Del Mundo” (Atlas, 2013), y la épica despedida con “No lo verán caer”. Virtuosismo, entrega y emoción hicieron que el calor pasara a un segundo plano.
Con la caída de la tarde y la brisa marina colándose entre las torres del castillo, llegó el turno de Omnium Gatherum, una tormenta finlandesa de death metal melódico que desató su furia desde “Louto” hasta “New Dynamic”. Jukka Pelkonen, imparable, lideró un viaje que incluyó “Slasher”, “The Last Hero”, “Gods Go First” y “Soul Journeys”, en un espectáculo que combinó brutalidad y armonía como solo ellos saben hacerlo.
Con el sol comenzando a retirarse, Mind Driller ofreció un torbellino industrial visual y sonoro. Desde “The Void” (2024) hasta “Ich Bin Anders!”, el trío vocal compuesto por V Stone, Daniel N.Q. y Estefanía Aledo marcó un antes y un después. “Game Over”, “Insanity”, “Armour” y “End of the World” sacudieron al público, mientras los riffs y bases electrónicas generaban una atmósfera bizarra y adictiva. Cerraron con “The Fallout” y “Rotten” (Involution, 2019), dejando claro que no hay escenario que se les resista.
La propuesta progresiva y teatral llegó desde Castellón con Dry River, quienes transformaron el escenario en un teatro sonoro. Con Ángel Belinchón al frente, temas como “Culpable”, “Segundo Intento”, “Camino” y “Capitán Veneno” se sucedieron con elegancia y emoción. “Me va a Faltar el Aire” y “Traspasa mi piel” fueron coreadas con fervor por un público que pareció hipnotizado por la precisión técnica y emocional de la banda.
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El momento culminante de la noche llegó con Kreator, quienes desataron un auténtico infierno sonoro desde la apertura con “The Patriarch” y “Violent Revolution”. Con un repertorio demoledor, repasaron clásicos como “Enemy of God”, “People of the Lie”, “Hate Über Alles” y “Satan Is Real” (Gods Of Violence, 2017). Pirotecnia, muros de la muerte y una comunión total con el público fueron constantes hasta el cierre con “Flag of Hate” y “Pleasure to Kill”, dejando al festival en ebullición.
El contraste llegó con una oscuridad majestuosa: Paradise Lost sumió al castillo en una penumbra encantadora. “Enchantment”, “Pity The Sadness”, “Eternal”, “Faith Divides Us – Death Unites Us” y “Say Just Words” fueron solo algunos de los himnos que tejieron un concierto profundo, melancólico y magnético. Su versión de “Smalltown Boy” y el cierre con “Ghosts” nos dejó en un estado de introspección que sólo ellos pueden provocar.
Ya entrada la noche, Myrkur ofreció una catarsis entre lo ancestral y lo etéreo. La voz de Amalie Bruun nos arrastró entre lenguas nórdicas y paisajes helados con “Like Humans”, “Spine”, “Mothlike” y “Devil in the Detail” (Spine, 2023), junto a joyas como “Dybt i skoven”, “Leaves of Yggdrasil” (Folkesange, 2020), “Ulvinde” (Mareridt, 2017) y su emotiva versión de “Song to Hall Up High” de Bathory. La suya fue una experiencia sensorial, inmersiva y profundamente espiritual.
Cuando parecía que nada más podía sorprendernos, Leo Jiménez demostró por qué es considerado la “voz de acero”. Desde “Desde niño” y “Volar” hasta “Perro Traidor” y “Grande” (Stravaganzza), su set fue un recorrido emocional por toda una carrera. Con momentos íntimos y descargas demoledoras, Leo conquistó a sus fieles con autenticidad y potencia, cerrando un show inolvidable.
A punto de finalizar la jornada, los suizos Samael convirtieron la oscuridad en un arma sonora. Temas como “Rain”, “Angel’s Decay” y “Ceremony of Opposites” arrasaron, reforzados por su puesta en escena intensa y mecánica. “Moongate”, “My Saviour” y “Black Supremacy” dieron paso al clímax con “Reign of Light” y “Infra Galaxia”, cerrando el primer día con un estruendo ritual.
Así concluyó la primera jornada del Sun & Thunder 2025: entre luz, sombra, calor abrasador y metal en todas sus formas, el castillo volvió a vibrar como en tiempos antiguos. La música, a pesar de todo, triunfó.




El Festival Sun & Thunder 2025 devolvió el metal a Andalucía con una potencia inusitada, eligiendo como bastión el majestuoso Castillo Sohail de Fuengirola. A pesar de ciertas carencias organizativas —una zona de descanso sin luz ni agua, duchas insuficientes, una carpa de prensa precaria y conciertos programados en horas infernales bajo el sol— la música logró imponerse como fuerza dominante, haciendo que las piedras del castillo vibraran con cada riff. Así, entre subidas y bajadas por las empinadas laderas del recinto, el metal se desplegó en todas sus formas. Bajo este marco ardiente y simbólico, la primera descarga llegó con una banda que encendió el festival desde el primer compás: Docka Pussel, que demostró ser mucho más que una simple banda de apertura. Con “Blood” y “November” tomaron el control de un público aún acomodándose, pero fue con “Mother Storm” que el ambiente se transformó por completo. Su presencia poderosa se sintió como una declaración de intenciones: el festival acababa de comenzar, y lo hacía en llamas.
Sin respiro, el Marenostrum recibió una segunda descarga, esta vez desde Barcelona, donde el metalcore melódico encontró a sus representantes en Astray Valley. Con un sonido matizado y una formación consolidada, el cuarteto liderado por la magnética Clau Violette ofreció una actuación impecable. Su setlist comenzó con “Darkest Times”, para luego avanzar con “Neon Misery” y “When the Sun Goes Down”. Desde Midnight Sun (2023) sonaron la intensa “The Hunger”, la hipnótica “The Storm” y la coreada “Pray For The Devil”, sin olvidar su más reciente single, “Synthetic Heart”. El cierre llegó con “Your Skin”, dejando claro que su música es tan intensa como versátil, y que incluso el calor abrasador se rendía ante su propuesta.
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Cuando el ambiente parecía estabilizarse, una fusión inesperada rompió moldes. La mezcla de flamenco y metal emergió con fuerza gracias a Breed 77, quienes irrumpieron con la brutal “Petróleo”. Sus raíces británicas-gibraltareñas se manifestaron en un sonido único, donde “A Matter of Time”, “The River” y “La Última Hora” sacudieron conciencias. Con un setlist generoso que incluyó “The Battle of Hatin’”, “Final Prayer”, “World’s on Fire” e incluso una poderosa versión de “Zombie” de The Cranberries, culminaron con “Revolution on My Mind”, confirmando su estatus como embajadores del mestizaje sonoro más salvaje.
El rugido del thrash no tardó en hacerse sentir, y fue Soldier quien asumió esa misión con brutal precisión. Desde Asturias, desplegaron su artillería con temas como “Between Two Masters” de Gas Powered Jesús (2012), y “Corrupted (Sex In Prison)” de The Great Western Oligarchy (2015). Phil, su frontman, canalizó pura energía, mientras Pei García dominaba el bajo con fiereza. “Theory Of Nothing” y “Straight To Valhalla” —de The Sleeping Of Reason (2018)— fueron solo una parte del ataque, que culminó con “Destroyers” y “Revolt”, dejando tras de sí una estela de destrucción sonora.
La jornada continuó con uno de los nombres más esperados. Bajo un sol aún implacable, Jelusick transformó la tarde en una lección magistral de hard rock y progresivo. Dino Jelusick, conocido por su paso por Whitesnake y su victoria en Eurovisión Junior 2003, lideró una banda que equilibró técnica y emoción. Comenzaron con “Power to the People” y una versión explosiva de “Fade Away” (Animal Drive), para seguir con temas como “Healer”, “Died”, “Seasons” y “Chaos Master”. El clímax llegó con su interpretación de “Burn” de Deep Purple, que dejó al público eufórico, rendido ante su despliegue de talento.
La energía no decayó cuando el metal melódico tomó el escenario de la mano de Dragonfly. Desde su irrupción con “Sólo Depende De Ti” de Domine (2006), el setlist fue un repaso poderoso a su carrera: “Soy” (Génesis, 2017), “Ángeles Con Una Sola Ala” (Alma Irae, 2008), “Vuela Conmigo” y “El Peso Del Mundo” (Atlas, 2013), y la épica despedida con “No lo verán caer”. Virtuosismo, entrega y emoción hicieron que el calor pasara a un segundo plano.
Con la caída de la tarde y la brisa marina colándose entre las torres del castillo, llegó el turno de Omnium Gatherum, una tormenta finlandesa de death metal melódico que desató su furia desde “Louto” hasta “New Dynamic”. Jukka Pelkonen, imparable, lideró un viaje que incluyó “Slasher”, “The Last Hero”, “Gods Go First” y “Soul Journeys”, en un espectáculo que combinó brutalidad y armonía como solo ellos saben hacerlo.
Con el sol comenzando a retirarse, Mind Driller ofreció un torbellino industrial visual y sonoro. Desde “The Void” (2024) hasta “Ich Bin Anders!”, el trío vocal compuesto por V Stone, Daniel N.Q. y Estefanía Aledo marcó un antes y un después. “Game Over”, “Insanity”, “Armour” y “End of the World” sacudieron al público, mientras los riffs y bases electrónicas generaban una atmósfera bizarra y adictiva. Cerraron con “The Fallout” y “Rotten” (Involution, 2019), dejando claro que no hay escenario que se les resista.
La propuesta progresiva y teatral llegó desde Castellón con Dry River, quienes transformaron el escenario en un teatro sonoro. Con Ángel Belinchón al frente, temas como “Culpable”, “Segundo Intento”, “Camino” y “Capitán Veneno” se sucedieron con elegancia y emoción. “Me va a Faltar el Aire” y “Traspasa mi piel” fueron coreadas con fervor por un público que pareció hipnotizado por la precisión técnica y emocional de la banda.
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El contraste llegó con una oscuridad majestuosa: Paradise Lost sumió al castillo en una penumbra encantadora. “Enchantment”, “Pity The Sadness”, “Eternal”, “Faith Divides Us – Death Unites Us” y “Say Just Words” fueron solo algunos de los himnos que tejieron un concierto profundo, melancólico y magnético. Su versión de “Smalltown Boy” y el cierre con “Ghosts” nos dejó en un estado de introspección que sólo ellos pueden provocar.
Ya entrada la noche, Myrkur ofreció una catarsis entre lo ancestral y lo etéreo. La voz de Amalie Bruun nos arrastró entre lenguas nórdicas y paisajes helados con “Like Humans”, “Spine”, “Mothlike” y “Devil in the Detail” (Spine, 2023), junto a joyas como “Dybt i skoven”, “Leaves of Yggdrasil” (Folkesange, 2020), “Ulvinde” (Mareridt, 2017) y su emotiva versión de “Song to Hall Up High” de Bathory. La suya fue una experiencia sensorial, inmersiva y profundamente espiritual.
Cuando parecía que nada más podía sorprendernos, Leo Jiménez demostró por qué es considerado la “voz de acero”. Desde “Desde niño” y “Volar” hasta “Perro Traidor” y “Grande” (Stravaganzza), su set fue un recorrido emocional por toda una carrera. Con momentos íntimos y descargas demoledoras, Leo conquistó a sus fieles con autenticidad y potencia, cerrando un show inolvidable.
A punto de finalizar la jornada, los suizos Samael convirtieron la oscuridad en un arma sonora. Temas como “Rain”, “Angel’s Decay” y “Ceremony of Opposites” arrasaron, reforzados por su puesta en escena intensa y mecánica. “Moongate”, “My Saviour” y “Black Supremacy” dieron paso al clímax con “Reign of Light” y “Infra Galaxia”, cerrando el primer día con un estruendo ritual.
Así concluyó la primera jornada del Sun & Thunder 2025: entre luz, sombra, calor abrasador y metal en todas sus formas, el castillo volvió a vibrar como en tiempos antiguos. La música, a pesar de todo, triunfó.
