

El bar huele a cerveza rancia y fritanga. Llevo varios vasos de tequila en el cuerpo. Escondido de todos. Esperando la hora de salir para la Starving. Vuelvo a repasar mi Instagram en el móvil. Un hombre alto de belleza indiscutible, trajeado, desliza la silla y se sienta a mi mesa.
Corbata roja, pañuelo asomando. Vaso de pata de elefante con un hielo y líquido amarillento: “¿Se puede, Mauro?” Intento contestar pero mi voz no sale. Quiero levantarme pero mi cuerpo no responde. “Sé por lo que has pasado”, dice con voz profunda, “Lo que pasas. Lo que te queda. Años de cubículo.” Pausa valorativa. Mirada fria. Ojos negros. Me conoce. “Te traigo un trato. Debes decidirte antes de que apure mi trago”. Asiento mientras da un buen sorbo y deja una moneda antigua sobre la mesa. Muestra la cara y veo mi rostro grabado. Luego la gira, muestra la cruz. También mi cara grabada, pero mucho más joven. Brilla.
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“Dilema del hombre, Mauro”. Continua con sus ojos fijos en mí. Una sonrisa ligera se dibuja en su cara. “Si dejas visible la cara madura te aseguro que vives veinte años más. Como poco. Asegurados. Sin enfermedades. Sin arrepentimientos. Solo la paz de saber que tu vida sigue.” Da otro trago, lento, sin quitarme la vista de encima.
Estoy incómodo. Paralizado. “Si dejas visible la cara joven: Retrocedemos.” Gesticula con las manos, aclara su garganta, “Te despiertas en la fecha que decidas, con todo tu conocimiento actual. ¿14 años? ¿20? ¿30? Lo revives todo. Puedes cambiar. O puedes repetir. El riesgo de volver a fallar. De volver a obedecer. De volver a ser el hombre que eres.” Otro trago, casi apurando. Su mirada se clava en mí. Pozo de sabiduría cínica. “¿Aceptas la prórroga de una vida que odias, o te atreves a enfrentar, sabiendo el final, todas las primeras veces que decidiste evitar?”
El tipo desliza la moneda hacia mí. Su sonrisa se hace más ancha mientras levantaba el vaso. Acerco la mano a la moneda. Pesa más de lo que parece. La giro. La vuelvo a girar. Pienso en retroceder… volver a sentir ese miedo…, esa mirada de mis padres. ¿Y si no compro el traje? ¿y si me enfrento a mis miedos?
Soy Mauro, llevo 25 años madrugando y vistiendo de traje. Odio mi vida y mi trabajo. Cuerpo cansado. Alma en llamas.
Bajando la rampa que da acceso a la Starving repaso mentalmente: Hablar con la banda sobre la canción que quieren en vídeo. Pedir al técnico una luz general elevada, dentro de las indicaciones marcadas por los organizadores. Pedir permiso para fotografiar el altar y su rito. Estoy muy nervioso. Quiero hacerlo lo mejor posible, no me ha ocurrido antes que una banda me pida hacer las fotos. El concierto de hoy es especial y genuino. Nethervault va a grabar su primer disco. Y lo va a hacer con un directo. Valientes. Atrevidos. Verdaderos.
Desde que entro a la sala el ambiente es profesional pero distendido. Técnicos de sonido preparan la grabación mientras el técnico de la sala ajusta para el sonido que escucharemos como público. Es muy interesante ser testigo de sus conversaciones en argot técnico, probar cables, cambiar configuraciones, definir parámetros. Las caras de los cuatro miembros de Nethervault parecen todavía relajadas, aunque concentrados. No sobra el tiempo, hay que probar las voces de Carmen (voces y sinte) y Fran (bajo y voces) además de ajustar el sinte y probar todo el conjunto. Antes de mi llegada ya se probaron las cuerdas de David (guitarra) y la batería de Javi. Tras varias pruebas, que aprovecho para sacar fotos de pre-show, está listo y al gusto de todos, escuchas, in-ear, volumen… es momento para la colocación del altar y su rito. Momento que llevaba meses anticipando.
Si alguna vez he sentido respeto en un concierto queda eclipsado por la sensación total de veneración al presenciar el ritual para el altar. Las luces muy bajas ayudan a crear el ambiente en las fotos. Las cerillas prendiendo dan luces puntuales. El humo rellena la escena. Las instantaneas van saliendo mientras se colocan las velas, se prende el cigarro, se murmuran palabras. Todo en conjunto espectacular e íntimo.
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Para cuando me quiero dar cuenta la sala está repleta y el concierto a punto de comenzar. Me coloco lo más frontal posible. La luz me permite estar en una ISO de 10.000 con un diafragma de f4.0. El obturador lo moveré, pero sin bajar de 1/250, si necesito más luz abriré diafragma. Empiezo con el 50mm. Mi plan son fotos con este objetivo durante la primera canción y cambiar con cada tema pasando por el angular, el 23mm y el 200mm. El arranque del tema hace estallar la sala. Los que están presentes son fans de la banda y quieren participar en la grabación. La comunión con el grupo es instantánea. Las caras de todos reflejan la alegría, los sonidos de aprobación no tardan en recorrer el espacio. Se ve muy concentrado al cuarteto. Es maravilloso comprobar como se entienden y como se intercambian rápidas miradas.
Los temas son largos en duración. Con desarrollos y construcciones. Partes muy instrumentales con fragmentos cantados. El estilo es poco común y con personalidad, esta banda cree en lo que hace. Se ve auténtico. ¿Stoner, doom? Yo no lo sé. Sonidos grabes, pesados, arrastrados. Batería contundente, con precisión y ritmos que evolucionan. La guitarra disfruta de partes con riffs, momentos preciosos, más melódicos, que se enfrentan con lo profundo de lo anterior. El teclado regala sonidos alargados y otorga de carácter los temas haciéndolos propios. El bajo tiene personalidad y me encanta comprobar, pegado al escenario, cómo se concentran, moviendose en un lento vaivén, clavando las notas, Nethervault en estado puro. Cuando entran las voces de Carmen se paraliza el tiempo, cuando entran las de Fran, notas el calor del averno.
Javi siempre dibuja una ligera sonrisa y mueve los brazos por encima de la cabeza. Con el quinto tema subo al escenario por el lado y comienzo a retratar su energía. La batería es preciosa y la luz muy buena. Me pierdo en sus ritmos sin parar de disparar, busco ángulos bajos, ángulos altos, tomas más abiertas y otras buscando sus ojos.
David está muy concentrado, su zona del escenario es la más oscura, me coloco justo enfrente suyo y tiro fotos lo más bajo que puedo, es alto y la guitarra queda en primer témino. Compenso el diafragma y la ISO, aún así pasarán por retoque porque salen muy oscuras. Quiero recoger su concentración y su conexión con los demás.
Carmen fue el reto para mí, con el pelo y el sinte me parecía que no conseguía congelar su entrega y delicadeza. Disparé desde dentro de la barra con el 200mm para buscar el ángulo que quitara el micro del cuadro, hubiera hecho muchas más pero no me gusta estar demasiado tiempo en el mismo sitio.
Con Fran probé el gran angular y el 23mm, el bajo es muy largo, el mástil quiero incluirlo en el encuadre. Salieron buenas capturas de su intensidad y momentos cantando o tocando.
Uno a uno los temas fueron volando, el cuarto lo grabé en video y me encantó vivirlo pegado al escenario. Cada cierre iba seguido de una ovación, silbidos, aplausos, gritos y muestras de cariño para la banda. Se me pasó volando y quedé desfondado. Ahora solo espero que lo publiquen pronto. Que podáis escuchar lo que fue una noche de aquelarre y música entre amigos.
Aprieto la moneda en la mano. Camino por las calles desérticas de la ciudad. La decisión está tomada. Recuperar el tiempo perdido. Enfrentarme a mis miedos. Fotografiar. Sentirme vivo. Sin mirar atrás. Cuerpo cansado. Mente en llamas.


El bar huele a cerveza rancia y fritanga. Llevo varios vasos de tequila en el cuerpo. Escondido de todos. Esperando la hora de salir para la Starving. Vuelvo a repasar mi Instagram en el móvil. Un hombre alto de belleza indiscutible, trajeado, desliza la silla y se sienta a mi mesa.
Corbata roja, pañuelo asomando. Vaso de pata de elefante con un hielo y líquido amarillento: “¿Se puede, Mauro?” Intento contestar pero mi voz no sale. Quiero levantarme pero mi cuerpo no responde. “Sé por lo que has pasado”, dice con voz profunda, “Lo que pasas. Lo que te queda. Años de cubículo.” Pausa valorativa. Mirada fria. Ojos negros. Me conoce. “Te traigo un trato. Debes decidirte antes de que apure mi trago”. Asiento mientras da un buen sorbo y deja una moneda antigua sobre la mesa. Muestra la cara y veo mi rostro grabado. Luego la gira, muestra la cruz. También mi cara grabada, pero mucho más joven. Brilla.
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“Dilema del hombre, Mauro”. Continua con sus ojos fijos en mí. Una sonrisa ligera se dibuja en su cara. “Si dejas visible la cara madura te aseguro que vives veinte años más. Como poco. Asegurados. Sin enfermedades. Sin arrepentimientos. Solo la paz de saber que tu vida sigue.” Da otro trago, lento, sin quitarme la vista de encima.
Estoy incómodo. Paralizado. “Si dejas visible la cara joven: Retrocedemos.” Gesticula con las manos, aclara su garganta, “Te despiertas en la fecha que decidas, con todo tu conocimiento actual. ¿14 años? ¿20? ¿30? Lo revives todo. Puedes cambiar. O puedes repetir. El riesgo de volver a fallar. De volver a obedecer. De volver a ser el hombre que eres.” Otro trago, casi apurando. Su mirada se clava en mí. Pozo de sabiduría cínica. “¿Aceptas la prórroga de una vida que odias, o te atreves a enfrentar, sabiendo el final, todas las primeras veces que decidiste evitar?”
El tipo desliza la moneda hacia mí. Su sonrisa se hace más ancha mientras levantaba el vaso. Acerco la mano a la moneda. Pesa más de lo que parece. La giro. La vuelvo a girar. Pienso en retroceder… volver a sentir ese miedo…, esa mirada de mis padres. ¿Y si no compro el traje? ¿y si me enfrento a mis miedos?
Soy Mauro, llevo 25 años madrugando y vistiendo de traje. Odio mi vida y mi trabajo. Cuerpo cansado. Alma en llamas.
Bajando la rampa que da acceso a la Starving repaso mentalmente: Hablar con la banda sobre la canción que quieren en vídeo. Pedir al técnico una luz general elevada, dentro de las indicaciones marcadas por los organizadores. Pedir permiso para fotografiar el altar y su rito. Estoy muy nervioso. Quiero hacerlo lo mejor posible, no me ha ocurrido antes que una banda me pida hacer las fotos. El concierto de hoy es especial y genuino. Nethervault va a grabar su primer disco. Y lo va a hacer con un directo. Valientes. Atrevidos. Verdaderos.
Desde que entro a la sala el ambiente es profesional pero distendido. Técnicos de sonido preparan la grabación mientras el técnico de la sala ajusta para el sonido que escucharemos como público. Es muy interesante ser testigo de sus conversaciones en argot técnico, probar cables, cambiar configuraciones, definir parámetros. Las caras de los cuatro miembros de Nethervault parecen todavía relajadas, aunque concentrados. No sobra el tiempo, hay que probar las voces de Carmen (voces y sinte) y Fran (bajo y voces) además de ajustar el sinte y probar todo el conjunto. Antes de mi llegada ya se probaron las cuerdas de David (guitarra) y la batería de Javi. Tras varias pruebas, que aprovecho para sacar fotos de pre-show, está listo y al gusto de todos, escuchas, in-ear, volumen… es momento para la colocación del altar y su rito. Momento que llevaba meses anticipando.
Si alguna vez he sentido respeto en un concierto queda eclipsado por la sensación total de veneración al presenciar el ritual para el altar. Las luces muy bajas ayudan a crear el ambiente en las fotos. Las cerillas prendiendo dan luces puntuales. El humo rellena la escena. Las instantaneas van saliendo mientras se colocan las velas, se prende el cigarro, se murmuran palabras. Todo en conjunto espectacular e íntimo.
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Para cuando me quiero dar cuenta la sala está repleta y el concierto a punto de comenzar. Me coloco lo más frontal posible. La luz me permite estar en una ISO de 10.000 con un diafragma de f4.0. El obturador lo moveré, pero sin bajar de 1/250, si necesito más luz abriré diafragma. Empiezo con el 50mm. Mi plan son fotos con este objetivo durante la primera canción y cambiar con cada tema pasando por el angular, el 23mm y el 200mm. El arranque del tema hace estallar la sala. Los que están presentes son fans de la banda y quieren participar en la grabación. La comunión con el grupo es instantánea. Las caras de todos reflejan la alegría, los sonidos de aprobación no tardan en recorrer el espacio. Se ve muy concentrado al cuarteto. Es maravilloso comprobar como se entienden y como se intercambian rápidas miradas.
Los temas son largos en duración. Con desarrollos y construcciones. Partes muy instrumentales con fragmentos cantados. El estilo es poco común y con personalidad, esta banda cree en lo que hace. Se ve auténtico. ¿Stoner, doom? Yo no lo sé. Sonidos grabes, pesados, arrastrados. Batería contundente, con precisión y ritmos que evolucionan. La guitarra disfruta de partes con riffs, momentos preciosos, más melódicos, que se enfrentan con lo profundo de lo anterior. El teclado regala sonidos alargados y otorga de carácter los temas haciéndolos propios. El bajo tiene personalidad y me encanta comprobar, pegado al escenario, cómo se concentran, moviendose en un lento vaivén, clavando las notas, Nethervault en estado puro. Cuando entran las voces de Carmen se paraliza el tiempo, cuando entran las de Fran, notas el calor del averno.
Javi siempre dibuja una ligera sonrisa y mueve los brazos por encima de la cabeza. Con el quinto tema subo al escenario por el lado y comienzo a retratar su energía. La batería es preciosa y la luz muy buena. Me pierdo en sus ritmos sin parar de disparar, busco ángulos bajos, ángulos altos, tomas más abiertas y otras buscando sus ojos.
David está muy concentrado, su zona del escenario es la más oscura, me coloco justo enfrente suyo y tiro fotos lo más bajo que puedo, es alto y la guitarra queda en primer témino. Compenso el diafragma y la ISO, aún así pasarán por retoque porque salen muy oscuras. Quiero recoger su concentración y su conexión con los demás.
Carmen fue el reto para mí, con el pelo y el sinte me parecía que no conseguía congelar su entrega y delicadeza. Disparé desde dentro de la barra con el 200mm para buscar el ángulo que quitara el micro del cuadro, hubiera hecho muchas más pero no me gusta estar demasiado tiempo en el mismo sitio.
Con Fran probé el gran angular y el 23mm, el bajo es muy largo, el mástil quiero incluirlo en el encuadre. Salieron buenas capturas de su intensidad y momentos cantando o tocando.
Uno a uno los temas fueron volando, el cuarto lo grabé en video y me encantó vivirlo pegado al escenario. Cada cierre iba seguido de una ovación, silbidos, aplausos, gritos y muestras de cariño para la banda. Se me pasó volando y quedé desfondado. Ahora solo espero que lo publiquen pronto. Que podáis escuchar lo que fue una noche de aquelarre y música entre amigos.
Aprieto la moneda en la mano. Camino por las calles desérticas de la ciudad. La decisión está tomada. Recuperar el tiempo perdido. Enfrentarme a mis miedos. Fotografiar. Sentirme vivo. Sin mirar atrás. Cuerpo cansado. Mente en llamas.











