


Foto de portada: Nico Cardinale, gentileza Nepenthe Rock
Tras dos años de espera, Alesana, el quinteto de regresó a la Argentina para dar una cátedra de post-hardcore en el Abasto con una premisa, ejecutar de manera íntegra el disco The Emptines (2010) y más. En una noche que desbordó nostalgia y energía, Uniclub fue el refugio de una audiencia que demostró que la estética y el sentimiento de la Bond Street siguen más vivos que nunca.
Un jueves, fue el día elegido para realizarse un show en donde la zona del Abasto se tiñó de negro y flequillos para recibir nuevamente a los norteamericanos. La cita en Uniclub no era una más; marcaba el retorno de la banda después de dos años y la oportunidad de ver cómo envejeció una propuesta que fue estandarte de toda una generación. Al llegar al venue, cerca de las 20:10, la postal era clara: una “Generación Bond Street 2.0” copaba el venue de Guardia Vieja al 3300. Desde adolescentes que descubren el género hasta treinteañeros que llevan el legado de la mítica galería porteña en la piel, todos se congregaron para lo que prometía ser un ritual de gritos y melodías.
El lugar presentaba un marco impecable, con un 80% de su capacidad cubierta. A pesar de los años, el poder de convocatoria de Alesana se mantiene firme, demostrando que su música logró trascender la moda pasajera para convertirse en un clásico de culto para las distintas tribus urbanas que se hicieron presentes.
Los encargados de abrir la jornada fueron los locales Portland. El grupo salió a escena con su propuesta más ligada al hardcore pero que encajó perfectamente con el clima de la noche. Si bien el sonido por momentos retumbaba demasiado, la banda supo sobreponerse con actitud.
Entre el set de los locales y el inicio de Alesana, hubo un punto para criticar: el excesivo volumen de la música ambiente. Era prácticamente imposible hablar con la persona de al lado, un detalle que podría haberse cuidado para hacer más amena la espera, pero que no opacó el entusiasmo general.
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Sinceramente, llegué a Uniclub esperando una jornada tranquila, quizás apoyada más en la nostalgia que en la intensidad. Sin embargo, al primer acorde, el recinto explotó por los aires. Alesana entregó un show enérgico tanto arriba como abajo de las tablas. La recepción del público fue sorprendente; desde el pogo más violento hasta los coros que tapaban por momentos la voz de Dennis Lee y Shawn Milke.
El quinteto desplegó esa mezcla característica de teatralidad y agresividad. Fue una hora y pico de despliegue físico absoluto, con una banda que se nota que disfruta volver a estas latitudes. No hubo inconvenientes técnicos de relevancia durante su set, permitiendo que la arquitectura sónica de temas se luciera con toda la furia. Es destacable el trabajo vocal de la banda, que mantiene esa dualidad entre la limpieza melódica y los gritos desgarradores sin perder calidad en vivo.
El público, un mix de edades entre los +15 y los 35 años, filmó, cantó y saltó cada una de las canciones como si fuera la última vez. Esa conexión entre banda y audiencia es lo que realmente definió la noche. Alesana no vino a cumplir un trámite; vino a reafirmar su vigencia frente a una hueste que los esperaba.
Me fui de Uniclub con la sensación de haber presenciado un show que superó las expectativas iniciales. Alesana demostró que su fórmula sigue funcionando y que el público argentino tiene un vínculo especial con su discografía. Fue una jornada más que satisfactoria por donde se la mire, confirmando que la “escena” sigue teniendo sus refugios y sus héroes vigentes.
Agradecimientos especiales a la producción de Noiseground por las facilidades para realizar la cobertura y por dejarnos estar presentes en este regreso.
Etiquetas: Alesana, Hardcore, Noiseground, Portland, Screamo


Foto de portada: Nico Cardinale, gentileza Nepenthe Rock
Tras dos años de espera, Alesana, el quinteto de regresó a la Argentina para dar una cátedra de post-hardcore en el Abasto con una premisa, ejecutar de manera íntegra el disco The Emptines (2010) y más. En una noche que desbordó nostalgia y energía, Uniclub fue el refugio de una audiencia que demostró que la estética y el sentimiento de la Bond Street siguen más vivos que nunca.
Un jueves, fue el día elegido para realizarse un show en donde la zona del Abasto se tiñó de negro y flequillos para recibir nuevamente a los norteamericanos. La cita en Uniclub no era una más; marcaba el retorno de la banda después de dos años y la oportunidad de ver cómo envejeció una propuesta que fue estandarte de toda una generación. Al llegar al venue, cerca de las 20:10, la postal era clara: una “Generación Bond Street 2.0” copaba el venue de Guardia Vieja al 3300. Desde adolescentes que descubren el género hasta treinteañeros que llevan el legado de la mítica galería porteña en la piel, todos se congregaron para lo que prometía ser un ritual de gritos y melodías.
El lugar presentaba un marco impecable, con un 80% de su capacidad cubierta. A pesar de los años, el poder de convocatoria de Alesana se mantiene firme, demostrando que su música logró trascender la moda pasajera para convertirse en un clásico de culto para las distintas tribus urbanas que se hicieron presentes.
Los encargados de abrir la jornada fueron los locales Portland. El grupo salió a escena con su propuesta más ligada al hardcore pero que encajó perfectamente con el clima de la noche. Si bien el sonido por momentos retumbaba demasiado, la banda supo sobreponerse con actitud.
Entre el set de los locales y el inicio de Alesana, hubo un punto para criticar: el excesivo volumen de la música ambiente. Era prácticamente imposible hablar con la persona de al lado, un detalle que podría haberse cuidado para hacer más amena la espera, pero que no opacó el entusiasmo general.
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Sinceramente, llegué a Uniclub esperando una jornada tranquila, quizás apoyada más en la nostalgia que en la intensidad. Sin embargo, al primer acorde, el recinto explotó por los aires. Alesana entregó un show enérgico tanto arriba como abajo de las tablas. La recepción del público fue sorprendente; desde el pogo más violento hasta los coros que tapaban por momentos la voz de Dennis Lee y Shawn Milke.
El quinteto desplegó esa mezcla característica de teatralidad y agresividad. Fue una hora y pico de despliegue físico absoluto, con una banda que se nota que disfruta volver a estas latitudes. No hubo inconvenientes técnicos de relevancia durante su set, permitiendo que la arquitectura sónica de temas se luciera con toda la furia. Es destacable el trabajo vocal de la banda, que mantiene esa dualidad entre la limpieza melódica y los gritos desgarradores sin perder calidad en vivo.
El público, un mix de edades entre los +15 y los 35 años, filmó, cantó y saltó cada una de las canciones como si fuera la última vez. Esa conexión entre banda y audiencia es lo que realmente definió la noche. Alesana no vino a cumplir un trámite; vino a reafirmar su vigencia frente a una hueste que los esperaba.
Me fui de Uniclub con la sensación de haber presenciado un show que superó las expectativas iniciales. Alesana demostró que su fórmula sigue funcionando y que el público argentino tiene un vínculo especial con su discografía. Fue una jornada más que satisfactoria por donde se la mire, confirmando que la “escena” sigue teniendo sus refugios y sus héroes vigentes.
Agradecimientos especiales a la producción de Noiseground por las facilidades para realizar la cobertura y por dejarnos estar presentes en este regreso.
Etiquetas: Alesana, Hardcore, Noiseground, Portland, Screamo




