


El género progresivo ha tomado gran protagonismo en la escena de la música pesada. A partir de la década pasada han surgido muchas bandas que interpretan este estilo, mientras que otras se han volcado hacia él. Esto hace que hoy en día el género goce de buena salud, aunque también se haya saturado.
La forma actual de hacer progresivo radica principalmente en la polirritmia, sobre todo en la batería y el bajo. Luego se crean atmósferas pesadas con las guitarras, mientras que los teclados apoyan las partes más melancólicas. El trabajo de los vocalistas suele consistir en aportar melodías complejas pero dulces, haciendo más ameno el despliegue técnico de los otros instrumentos y la complejidad de las composiciones.
Una de las bandas emblema de esta escena es Soen, nacida como proyecto del exbaterista de Opeth, Martin Lopez. Lejos de comenzar como una continuación de Opeth, lo hizo con un sonido muy inspirado en Tool. Con el correr de los discos encontraron un estilo más cancionero y melódico.
En este tour, la banda se encuentra presentando su flamante Reliance, editado en enero de 2026. Si bien no es un mal disco, demuestra que han encontrado una fórmula y se están apegando a ella.
Los encargados de abrir la noche, en nuestro querido Pumpehuset, fueron los suecos Vulkan, una banda progresiva en la misma sintonía que la principal.
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La propuesta se basó en ritmos intrincados que se entrecruzaban entre el bajo y la batería, mientras que la guitarra y el teclado dibujaban paisajes sonoros y atmósferas. La voz aparecía solo en los momentos necesarios, aportando juegos melódicos y dinamismo a las canciones. El sonido acompañó durante toda la presentación, permitiendo disfrutar del despliegue musical del grupo. Un set corto, de apenas 40 minutos, les bastó para convencer a los presentes, que aplaudieron con entusiasmo y pidieron una canción extra, aunque esta no llegó.
Desafortunadamente, la noche tuvo un punto flojo: la presentación de Xandria. Grupo cercano al gothic metal con voz femenina, tan popular en los 2000, aunque sus canciones más modernas tienen un enfoque más pesado.
El sonido fue inferior al de la banda anterior, ya que le faltaba fuerza al bajo y a la guitarra. Las pistas estaban muy altas, lo que hacía evidente que la vocalista tenía mucho apoyo de ellas. La voz principal tuvo un rol protagónico en la mezcla, algo que no molestó, ya que la cantante posee una buena voz. El principal problema fue la batería, demasiado alta en la mezcla. Sumado a que el baterista golpeaba muy fuerte, dejó en evidencia varias imperfecciones.
Todo esto, junto con que el estilo de Xandria no combinaba del todo con el de la banda principal, hizo que la respuesta del público fuera bastante fría. La banda intentó animar a la gente para que hiciera palmas o levantara los puños, pero no hubo conexión entre artistas y audiencia.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:Entrevista Martín López (Soen): “Reliance es una aventura entre la agresividad y la melancolía”
Puntualmente a las 22 horas, las luces se apagaron y la clásica canción de inicio de 20th Century Fox dio comienzo al concierto. El tema elegido para abrir fue “Mercenary”, perteneciente al disco a presentar.
Desde el inicio, Soen sonó como una aplanadora, con un sonido contundente y nítido. La batería de Martin sonó excelente, algo más que agradecido, ya que es un deleite visual y auditivo verlo tocar. El bajo no tuvo gran protagonismo en la mezcla, al igual que la segunda guitarra. Sin embargo, se escuchaban y se podía apreciar su trabajo rítmico. El teclado, por momentos, estuvo muy presente, al igual que la guitarra principal, que literalmente brilló, exquisita tanto en sonido como en interpretación.
La voz tuvo un rol protagónico en la mezcla, y con razón: lo que canta Joel Ekelöf es extraordinario. Más allá de su amplio registro y capacidad técnica, posee un gran carisma, lo que facilita la conexión con el público.
El show dejó varios momentos memorables, como “Fraccions” del primer álbum Cognitive. En esta, el vocalista mencionó la clara influencia de Tool y cantó desde el fondo del escenario, referenciando a Maynard James Keenan.
Para la balada “Hollowed”, invitaron a la vocalista de Xandria para las partes femeninas. Si bien hubo química entre ambos, la diferencia de técnica y carisma fue notoria, a favor del cantante masculino.
El final de la primera parte llegó con las súper festejadas “Lascivious” y “Violence”, coreadas por todo el recinto, dejando a la gente pidiendo más.
Los bises llegaron con la balada “Indifference”, que debutó en el tour, y la poderosa “Unbreakable”. Un cierre a puro poder para un show que transitó todos los estados posibles: de la alegría a la tristeza y de la emoción a la melancolía.
Si bien, a mi gusto, hubo un exceso de baladas, Soen dio un show excelente. La banda demostró que tiene con qué sustentar el alto lugar que ocupa en la escena progresiva y que en vivo sigue teniendo mucho para ofrecer.




El género progresivo ha tomado gran protagonismo en la escena de la música pesada. A partir de la década pasada han surgido muchas bandas que interpretan este estilo, mientras que otras se han volcado hacia él. Esto hace que hoy en día el género goce de buena salud, aunque también se haya saturado.
La forma actual de hacer progresivo radica principalmente en la polirritmia, sobre todo en la batería y el bajo. Luego se crean atmósferas pesadas con las guitarras, mientras que los teclados apoyan las partes más melancólicas. El trabajo de los vocalistas suele consistir en aportar melodías complejas pero dulces, haciendo más ameno el despliegue técnico de los otros instrumentos y la complejidad de las composiciones.
Una de las bandas emblema de esta escena es Soen, nacida como proyecto del exbaterista de Opeth, Martin Lopez. Lejos de comenzar como una continuación de Opeth, lo hizo con un sonido muy inspirado en Tool. Con el correr de los discos encontraron un estilo más cancionero y melódico.
En este tour, la banda se encuentra presentando su flamante Reliance, editado en enero de 2026. Si bien no es un mal disco, demuestra que han encontrado una fórmula y se están apegando a ella.
Los encargados de abrir la noche, en nuestro querido Pumpehuset, fueron los suecos Vulkan, una banda progresiva en la misma sintonía que la principal.
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La propuesta se basó en ritmos intrincados que se entrecruzaban entre el bajo y la batería, mientras que la guitarra y el teclado dibujaban paisajes sonoros y atmósferas. La voz aparecía solo en los momentos necesarios, aportando juegos melódicos y dinamismo a las canciones. El sonido acompañó durante toda la presentación, permitiendo disfrutar del despliegue musical del grupo. Un set corto, de apenas 40 minutos, les bastó para convencer a los presentes, que aplaudieron con entusiasmo y pidieron una canción extra, aunque esta no llegó.
Desafortunadamente, la noche tuvo un punto flojo: la presentación de Xandria. Grupo cercano al gothic metal con voz femenina, tan popular en los 2000, aunque sus canciones más modernas tienen un enfoque más pesado.
El sonido fue inferior al de la banda anterior, ya que le faltaba fuerza al bajo y a la guitarra. Las pistas estaban muy altas, lo que hacía evidente que la vocalista tenía mucho apoyo de ellas. La voz principal tuvo un rol protagónico en la mezcla, algo que no molestó, ya que la cantante posee una buena voz. El principal problema fue la batería, demasiado alta en la mezcla. Sumado a que el baterista golpeaba muy fuerte, dejó en evidencia varias imperfecciones.
Todo esto, junto con que el estilo de Xandria no combinaba del todo con el de la banda principal, hizo que la respuesta del público fuera bastante fría. La banda intentó animar a la gente para que hiciera palmas o levantara los puños, pero no hubo conexión entre artistas y audiencia.
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Puntualmente a las 22 horas, las luces se apagaron y la clásica canción de inicio de 20th Century Fox dio comienzo al concierto. El tema elegido para abrir fue “Mercenary”, perteneciente al disco a presentar.
Desde el inicio, Soen sonó como una aplanadora, con un sonido contundente y nítido. La batería de Martin sonó excelente, algo más que agradecido, ya que es un deleite visual y auditivo verlo tocar. El bajo no tuvo gran protagonismo en la mezcla, al igual que la segunda guitarra. Sin embargo, se escuchaban y se podía apreciar su trabajo rítmico. El teclado, por momentos, estuvo muy presente, al igual que la guitarra principal, que literalmente brilló, exquisita tanto en sonido como en interpretación.
La voz tuvo un rol protagónico en la mezcla, y con razón: lo que canta Joel Ekelöf es extraordinario. Más allá de su amplio registro y capacidad técnica, posee un gran carisma, lo que facilita la conexión con el público.
El show dejó varios momentos memorables, como “Fraccions” del primer álbum Cognitive. En esta, el vocalista mencionó la clara influencia de Tool y cantó desde el fondo del escenario, referenciando a Maynard James Keenan.
Para la balada “Hollowed”, invitaron a la vocalista de Xandria para las partes femeninas. Si bien hubo química entre ambos, la diferencia de técnica y carisma fue notoria, a favor del cantante masculino.
El final de la primera parte llegó con las súper festejadas “Lascivious” y “Violence”, coreadas por todo el recinto, dejando a la gente pidiendo más.
Los bises llegaron con la balada “Indifference”, que debutó en el tour, y la poderosa “Unbreakable”. Un cierre a puro poder para un show que transitó todos los estados posibles: de la alegría a la tristeza y de la emoción a la melancolía.
Si bien, a mi gusto, hubo un exceso de baladas, Soen dio un show excelente. La banda demostró que tiene con qué sustentar el alto lugar que ocupa en la escena progresiva y que en vivo sigue teniendo mucho para ofrecer.

















