


En el marco de un frío polar desorbitante asistimos a una cita esperada por muchos. Tres exponentes del hard rock hicieron vibrar las paredes del K.B. Hallen, una sala que desde 1938 recibe artistas de distintos géneros y colores, incluyendo a The Beatles, Led Zeppelin y Black Sabbath.
En esta ocasión, el recinto se encontraba colmado, con una capacidad para 4500 personas y un sold out total.
Abriendo la noche se presentaron los veteranos de Atlanta, Sevendust, una banda con más de 30 años de trayectoria y 14 álbumes de estudio. Todo ese recorrido fue condensado en apenas media hora de show, una decisión algo injusta teniendo en cuenta que era la primera vez que tocaban en vivo en Dinamarca, aunque todavía quedaba mucho por llegar.
A las 19 horas se apagaron las luces del escenario y comenzó a sonar de fondo la intro de “Black”, uno de los temas más emblemáticos de la banda. Enseguida se hicieron presentes los músicos para descargar una explosión de energía y adrenalina. La voz inconfundible de Lajon Witherspoon fue una ráfaga de potencia desde el primer momento, pasando de guturales agresivos a suaves melodías soul.
Con “Denial”, el público estalló coreando cada estribillo de otro clásico infaltable. Sobre el escenario se pudo apreciar la química intacta entre los miembros, una formación que no ha tenido grandes variaciones en sus tres décadas de historia. Los duelos de guitarras, sumados al bajo, construyeron un muro de sonido imponente.
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Los aportes de Morgan Rose en la batería fueron otra pieza fundamental en la maquinaria, manejando los palillos con maestría y haciendo malabares con los mismos en más de una ocasión para el deleite de los presentes. La banda lo dio todo con solo seis canciones, y Lajon Witherspoon prometió volver pronto con un setlist más extenso. La recepción del público fue de agradecimiento genuino y aplausos sostenidos.
A continuación, Daughtry tomó el escenario como acto de soporte intermedio, trayendo consigo una historia que es casi cinematográfica en su arco narrativo. Formada en 2006, inmediatamente después de que Chris Daughtry terminara cuarto en la quinta temporada de American Idol, la banda desafió todas las expectativas y estereotipos asociados a artistas surgidos de shows de talento televisivo, desarrollando un estilo orientado al hard rock con tintes de metal por momentos.
El setlist de Daughtry incluyó 11 canciones, entre las que se destacaron “Home”, “Artificial” y “Separate Ways”, cover de Journey popularizado recientemente como parte de la banda sonora de la serie Stranger Things. La banda sonó compacta y el audio fue impecable. La voz de Chris Daughtry se escuchó bien afinada, con melodías pegadizas y potentes.
Su apertura al compartir luchas personales, especialmente tras tragedias familiares, humanizó aún más su figura y generó una conexión profunda con una audiencia que coreó sus canciones más populares.
Media hora más tarde hizo su aparición el plato fuerte de la noche: Alter Bridge.
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Entre luces estroboscópicas y cortinas de humo, la banda norteamericana subió al escenario entre ovaciones y aplausos, comenzando con “Silent Divide”. Debido a problemas técnicos con el bajo, la canción fue interpretada únicamente con guitarras y batería, una situación que Miles Kennedy resolvió con humor al finalizar el tema.
Acto seguido continuaron con “Addicted to Pain”, esta vez con Brian Marshall ya incorporado al bajo, quien a lo largo del show dio una verdadera clase magistral sobre cómo dominar un bajo de cinco cuerdas sin púa y hacerlo sonar perfectamente alineado.
El entusiasmo del público se hizo notar sobre todo en el sector del campo medio. Sin embargo, también se observó la presencia de muchos curiosos, especialmente en las vallas frontales, que parecían no conocer a la banda: no coreaban las canciones, no movían brazos ni cabezas y tampoco aplaudían. Esto ocurrió principalmente al comienzo del concierto, ya que con el correr de la actuación el ambiente mejoró y el entusiasmo fue en aumento.
Gran parte de esto se debió al constante ir y venir del carismático Miles Kennedy, tocando la guitarra con maestría y demostrando toda su capacidad y rango vocal para alcanzar las complejas cuatro octavas que exigen sus canciones.
Las capacidades técnicas de Mark Tremonti tampoco pasaron desapercibidas. Sus riffs, coros de acompañamiento y su desempeño cantando y tocando simultáneamente en “Burn It Down” fueron algunos de los puntos más altos de la noche. Todo esto estuvo respaldado por un trabajo sólido y preciso en la batería, sosteniendo cada complejidad rítmica a lo largo de un setlist de 17 canciones que inundó el recinto de platillos y doble pedal.
Decir que fue una noche mágica es quedarse corto, pero si tenemos en cuenta que la banda regaló canciones como “Rise Today”, “Black Bird” y “Fortress”, queda claro que el público se fue más que satisfecho, entre aplausos y cuernos en alto. Alter Bridge dejó en claro que, lejos de casa, esta vez jugó como local gracias a la excelente recepción, la gran convocatoria de su fiel audiencia y el interés de los curiosos de turno.




En el marco de un frío polar desorbitante asistimos a una cita esperada por muchos. Tres exponentes del hard rock hicieron vibrar las paredes del K.B. Hallen, una sala que desde 1938 recibe artistas de distintos géneros y colores, incluyendo a The Beatles, Led Zeppelin y Black Sabbath.
En esta ocasión, el recinto se encontraba colmado, con una capacidad para 4500 personas y un sold out total.
Abriendo la noche se presentaron los veteranos de Atlanta, Sevendust, una banda con más de 30 años de trayectoria y 14 álbumes de estudio. Todo ese recorrido fue condensado en apenas media hora de show, una decisión algo injusta teniendo en cuenta que era la primera vez que tocaban en vivo en Dinamarca, aunque todavía quedaba mucho por llegar.
A las 19 horas se apagaron las luces del escenario y comenzó a sonar de fondo la intro de “Black”, uno de los temas más emblemáticos de la banda. Enseguida se hicieron presentes los músicos para descargar una explosión de energía y adrenalina. La voz inconfundible de Lajon Witherspoon fue una ráfaga de potencia desde el primer momento, pasando de guturales agresivos a suaves melodías soul.
Con “Denial”, el público estalló coreando cada estribillo de otro clásico infaltable. Sobre el escenario se pudo apreciar la química intacta entre los miembros, una formación que no ha tenido grandes variaciones en sus tres décadas de historia. Los duelos de guitarras, sumados al bajo, construyeron un muro de sonido imponente.
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Los aportes de Morgan Rose en la batería fueron otra pieza fundamental en la maquinaria, manejando los palillos con maestría y haciendo malabares con los mismos en más de una ocasión para el deleite de los presentes. La banda lo dio todo con solo seis canciones, y Lajon Witherspoon prometió volver pronto con un setlist más extenso. La recepción del público fue de agradecimiento genuino y aplausos sostenidos.
A continuación, Daughtry tomó el escenario como acto de soporte intermedio, trayendo consigo una historia que es casi cinematográfica en su arco narrativo. Formada en 2006, inmediatamente después de que Chris Daughtry terminara cuarto en la quinta temporada de American Idol, la banda desafió todas las expectativas y estereotipos asociados a artistas surgidos de shows de talento televisivo, desarrollando un estilo orientado al hard rock con tintes de metal por momentos.
El setlist de Daughtry incluyó 11 canciones, entre las que se destacaron “Home”, “Artificial” y “Separate Ways”, cover de Journey popularizado recientemente como parte de la banda sonora de la serie Stranger Things. La banda sonó compacta y el audio fue impecable. La voz de Chris Daughtry se escuchó bien afinada, con melodías pegadizas y potentes.
Su apertura al compartir luchas personales, especialmente tras tragedias familiares, humanizó aún más su figura y generó una conexión profunda con una audiencia que coreó sus canciones más populares.
Media hora más tarde hizo su aparición el plato fuerte de la noche: Alter Bridge.
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Entre luces estroboscópicas y cortinas de humo, la banda norteamericana subió al escenario entre ovaciones y aplausos, comenzando con “Silent Divide”. Debido a problemas técnicos con el bajo, la canción fue interpretada únicamente con guitarras y batería, una situación que Miles Kennedy resolvió con humor al finalizar el tema.
Acto seguido continuaron con “Addicted to Pain”, esta vez con Brian Marshall ya incorporado al bajo, quien a lo largo del show dio una verdadera clase magistral sobre cómo dominar un bajo de cinco cuerdas sin púa y hacerlo sonar perfectamente alineado.
El entusiasmo del público se hizo notar sobre todo en el sector del campo medio. Sin embargo, también se observó la presencia de muchos curiosos, especialmente en las vallas frontales, que parecían no conocer a la banda: no coreaban las canciones, no movían brazos ni cabezas y tampoco aplaudían. Esto ocurrió principalmente al comienzo del concierto, ya que con el correr de la actuación el ambiente mejoró y el entusiasmo fue en aumento.
Gran parte de esto se debió al constante ir y venir del carismático Miles Kennedy, tocando la guitarra con maestría y demostrando toda su capacidad y rango vocal para alcanzar las complejas cuatro octavas que exigen sus canciones.
Las capacidades técnicas de Mark Tremonti tampoco pasaron desapercibidas. Sus riffs, coros de acompañamiento y su desempeño cantando y tocando simultáneamente en “Burn It Down” fueron algunos de los puntos más altos de la noche. Todo esto estuvo respaldado por un trabajo sólido y preciso en la batería, sosteniendo cada complejidad rítmica a lo largo de un setlist de 17 canciones que inundó el recinto de platillos y doble pedal.
Decir que fue una noche mágica es quedarse corto, pero si tenemos en cuenta que la banda regaló canciones como “Rise Today”, “Black Bird” y “Fortress”, queda claro que el público se fue más que satisfecho, entre aplausos y cuernos en alto. Alter Bridge dejó en claro que, lejos de casa, esta vez jugó como local gracias a la excelente recepción, la gran convocatoria de su fiel audiencia y el interés de los curiosos de turno.

















