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Auðn
Vökudraumsins fangi (2020)
Season of Mist

Tracklist:

01. Einn um alla tíð
02. Eldborg
03. Birtan hugann brennir
04. Verður von að bráð
05. Drepsótt
06. Næðir um
07. Horfin mér
08. Á himin stara
09. Ljóstýra
10. Vökudraumsins fangi


Auðn
es una banda islandesa de Black Metal en franco ascenso dentro de una escena que se desarrolla con gran proyección internacional. Este es el tercer larga duración que editan en seis años (segundo lanzado por el sello Season of Mist) lo que da cuenta de la energía y el paso firme con los que viene avanzando el grupo. Se trata de un quinteto que, lejos del corpse paint, las máscaras, y la búsqueda del anonimato, simplemente usa sus nombres reales y elegantes trajes negros para tocar en vivo. Sus letras en islandés expresan diversas emociones y se inspiran en la naturaleza que los rodea y sus elementos.

El álbum fue grabado por Stephen Lockhart en el estudio Sundlaugin de Islandia, mientras la mezcla y la masterización estuvieron a cargo de Jens Bogren en el estudio Fascination Street de Suecia. El arte de tapa fue realizado por el mismo artista que hizo el de los trabajos precedentes: Viðir ‘Mýrmann’, quien pinta mientras escucha a la banda tocar, pues comparten un mismo espacio creativo en la ciudad de Hveragerði.

“Einn um alla tíð” tiene una introducción de guitarra acústica que da paso a la electricidad de un sonido con reminiscencias del Black Metal de antaño, tal como sucede con la voz. Hay una crudeza, ya no en la calidad de la grabación, sino en la cadencia y el timbre, que son grandes aciertos. El trémolo de las guitarras y los blast beats de la batería van también en ese sentido. No obstante, se abren paso momentos de calma y melodías elaboradas.

Aðalsteinn Magnússon, guitarrista de la banda, dijo en entrevista con Headbanger.es que este disco combinaba las cualidades de sus dos predecesores: “el primero fue frío y crudo, el segundo más refinado y nostálgico, (…) ‘Vökudraumsins Fangi’ combina estos elementos con cierta semblanza mística”. Sus palabras son bastante adecuadas, pues justamente eso es lo que se anuncia desde el primer tema: una “refinada crudeza”, valga el oxímoron.

El siguiente tema, “Eldborg” –primer corte de difusión- arranca con potencia y la voz de Hjalti Sveinsson dando continuidad a esa mayor agresividad que encontramos en este trabajo, en comparación con los anteriores. Hay que destacar su rango vocal, que va desde gritos agudos hasta cavernosos guturales.

“Birtan hugann brennir” vuelve a cambiar el clima, algo que sucederá varias veces a lo largo del disco, y que quizás le valga a la música del grupo la ambigua etiqueta de “atmosférica”. Se destacan nuevamente los riffs de sonoridad clásica dentro del género, pero también los arpegios sutiles y los evocativos solos de guitarra.

El track más dado al “headbanging” quizás sea “Verður von að bráð”, donde la banda, sin dejar de lado los elementos más típicos del estilo, abreva en esa veta que Satyricon –por nombrar a un gran exponente- se animó a explotar: la de la musicalidad del Rock, con todas las letras, tomando distancia del fundamentalismo absurdo de quienes tocaban metal pretendiendo ignorar sus raíces en esa música que, a su vez, deriva del blues y que, por consecuencia lógica, son negras en el sentido étnico.

“Drepsótt” sigue haciendo proliferar esas combinaciones y alternancias entre ira y nostalgia, entre riffs bien delimitados y fraseos etéreos. “Næðir um” vuelve a transformar el panorama, en plan netamente melancólico. Esto es así hasta el estallido que -hay que decirlo- a esta altura era predecible. La labor de las guitarras no deja, por ello, de ser destacable. La de Auðn es una apuesta más melódica que la de la mayoría de las bandas de Black Metal actuales, pero sin ameritar el mote de “Post”, tan caro a la ortodoxia o elitismo “guardián de la pureza”.

El siguiente tema, “Horfin mér” continúa desarrollando la trama que los islandeses consiguieron fabricar para este trabajo, entretejiendo recursos que balancean fuerzas de distintas intensidades y sentidos. Las guitarras, por dar el ejemplo obvio: riffs de calidad –ya sea con trémolo o machaques-, arpegios, solos extensos, incluso con breves pasajes acústicos.

“Á himin stara” mantiene ese equilibrio, sumando la agradable sorpresa de una batería con cierto groove en los momentos calmos y unos fills interesantes. El bajo cumple a la perfección dando pesada corporeidad a la cambiante masa sónica. El segundo corte de difusión, con video animado, fue “Ljóstýra”, tal vez la canción con los segmentos más tranquilos. La melodía que trazan las guitarras vuelve a ser digna de mención. Todo se intensifica hacia el final del tema.

La canción homónima al disco es la última, y nos deleita con momentos que destilan esa angustia que, solamente quienes viajan mucho, saben que se puede extrañar. Ese balance que la banda consiguió en este trabajo, hizo que la totalidad fuera bastante pareja, sin grandes ascensos, ni descensos. El relieve islandés es así: una gran meseta. El pico más alto tiene poco más de 2.000 metros, no hay grandes fosas, ni siquiera edificios altos. Pero hay volcanes, glaciares, géiseres, cascadas y playas, todos de una belleza cautivante.

En la ya mencionada entrevista, Magnússon sostuvo: “la diferencia en la calidad del sonido y la exploración del paisaje sonoro que logramos, es lo que estábamos buscando en nuestros esfuerzos previos y creo que nuestro nuevo disco es el que mejor refleja nuestros verdaderos colores.”

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Auðn
Vökudraumsins fangi (2020)
Season of Mist

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01. Einn um alla tíð
02. Eldborg
03. Birtan hugann brennir
04. Verður von að bráð
05. Drepsótt
06. Næðir um
07. Horfin mér
08. Á himin stara
09. Ljóstýra
10. Vökudraumsins fangi





Auðn
es una banda islandesa de Black Metal en franco ascenso dentro de una escena que se desarrolla con gran proyección internacional. Este es el tercer larga duración que editan en seis años (segundo lanzado por el sello Season of Mist) lo que da cuenta de la energía y el paso firme con los que viene avanzando el grupo. Se trata de un quinteto que, lejos del corpse paint, las máscaras, y la búsqueda del anonimato, simplemente usa sus nombres reales y elegantes trajes negros para tocar en vivo. Sus letras en islandés expresan diversas emociones y se inspiran en la naturaleza que los rodea y sus elementos.

El álbum fue grabado por Stephen Lockhart en el estudio Sundlaugin de Islandia, mientras la mezcla y la masterización estuvieron a cargo de Jens Bogren en el estudio Fascination Street de Suecia. El arte de tapa fue realizado por el mismo artista que hizo el de los trabajos precedentes: Viðir ‘Mýrmann’, quien pinta mientras escucha a la banda tocar, pues comparten un mismo espacio creativo en la ciudad de Hveragerði.

“Einn um alla tíð” tiene una introducción de guitarra acústica que da paso a la electricidad de un sonido con reminiscencias del Black Metal de antaño, tal como sucede con la voz. Hay una crudeza, ya no en la calidad de la grabación, sino en la cadencia y el timbre, que son grandes aciertos. El trémolo de las guitarras y los blast beats de la batería van también en ese sentido. No obstante, se abren paso momentos de calma y melodías elaboradas.

Aðalsteinn Magnússon, guitarrista de la banda, dijo en entrevista con Headbanger.es que este disco combinaba las cualidades de sus dos predecesores: “el primero fue frío y crudo, el segundo más refinado y nostálgico, (…) ‘Vökudraumsins Fangi’ combina estos elementos con cierta semblanza mística”. Sus palabras son bastante adecuadas, pues justamente eso es lo que se anuncia desde el primer tema: una “refinada crudeza”, valga el oxímoron.

El siguiente tema, “Eldborg” –primer corte de difusión- arranca con potencia y la voz de Hjalti Sveinsson dando continuidad a esa mayor agresividad que encontramos en este trabajo, en comparación con los anteriores. Hay que destacar su rango vocal, que va desde gritos agudos hasta cavernosos guturales.

“Birtan hugann brennir” vuelve a cambiar el clima, algo que sucederá varias veces a lo largo del disco, y que quizás le valga a la música del grupo la ambigua etiqueta de “atmosférica”. Se destacan nuevamente los riffs de sonoridad clásica dentro del género, pero también los arpegios sutiles y los evocativos solos de guitarra.

El track más dado al “headbanging” quizás sea “Verður von að bráð”, donde la banda, sin dejar de lado los elementos más típicos del estilo, abreva en esa veta que Satyricon –por nombrar a un gran exponente- se animó a explotar: la de la musicalidad del Rock, con todas las letras, tomando distancia del fundamentalismo absurdo de quienes tocaban metal pretendiendo ignorar sus raíces en esa música que, a su vez, deriva del blues y que, por consecuencia lógica, son negras en el sentido étnico.

“Drepsótt” sigue haciendo proliferar esas combinaciones y alternancias entre ira y nostalgia, entre riffs bien delimitados y fraseos etéreos. “Næðir um” vuelve a transformar el panorama, en plan netamente melancólico. Esto es así hasta el estallido que -hay que decirlo- a esta altura era predecible. La labor de las guitarras no deja, por ello, de ser destacable. La de Auðn es una apuesta más melódica que la de la mayoría de las bandas de Black Metal actuales, pero sin ameritar el mote de “Post”, tan caro a la ortodoxia o elitismo “guardián de la pureza”.

El siguiente tema, “Horfin mér” continúa desarrollando la trama que los islandeses consiguieron fabricar para este trabajo, entretejiendo recursos que balancean fuerzas de distintas intensidades y sentidos. Las guitarras, por dar el ejemplo obvio: riffs de calidad –ya sea con trémolo o machaques-, arpegios, solos extensos, incluso con breves pasajes acústicos.

“Á himin stara” mantiene ese equilibrio, sumando la agradable sorpresa de una batería con cierto groove en los momentos calmos y unos fills interesantes. El bajo cumple a la perfección dando pesada corporeidad a la cambiante masa sónica. El segundo corte de difusión, con video animado, fue “Ljóstýra”, tal vez la canción con los segmentos más tranquilos. La melodía que trazan las guitarras vuelve a ser digna de mención. Todo se intensifica hacia el final del tema.

La canción homónima al disco es la última, y nos deleita con momentos que destilan esa angustia que, solamente quienes viajan mucho, saben que se puede extrañar. Ese balance que la banda consiguió en este trabajo, hizo que la totalidad fuera bastante pareja, sin grandes ascensos, ni descensos. El relieve islandés es así: una gran meseta. El pico más alto tiene poco más de 2.000 metros, no hay grandes fosas, ni siquiera edificios altos. Pero hay volcanes, glaciares, géiseres, cascadas y playas, todos de una belleza cautivante.

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