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Sanguisugabogg en Copenhague: “Death metal sin frenos en el corazón de la capital danesa”

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Xasthur en Copenhague: “Un Ritual Minimalista de Dolor y Silencio”

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Un nombre muy conocido en la escena underground del black metal norteamericano es Xasthur, proyecto solista de Scott Conner. Sacudió la escena a principios de los 2000 con álbumes muy […]

Obituary en Buenos Aires: “Tampa siempre estuvo cerca”

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Born of Osiris en Barcelona: “El Preámbulo a una Tormenta Sonora de Primavera”
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La noche del 5 de junio de 2025 quedó grabada a fuego en el calendario de todo metalero en la ciudad condal. La sala se transformó en un auténtico bastión de la música en vivo, vibrando hasta sus cimientos para marcar el crepúsculo de la primavera con una descarga sin precedentes de metalcore técnico y progresivo. Born Of Osiris, la influyente banda de Chicago que ha redefinido el género desde su explosivo debut en 2007, regresaba a la península ibérica. No era una visita cualquiera; era la continuación de la estela que dejaron tras su aclamada actuación en el Resurrection Fest 2023. Esta vez lideraban una gira con un cartel de auténtico lujo. Les acompañaban titanes del metal extremo: la furia desatada de los británicos Ingested, que están reformulando el brutal death y el deathcore con su propuesta demoledora; la vanguardia técnica y extrema de Entheos, procedentes de California con un estilo innovador; y la ya consolidada destreza y precisión de los portugueses The Voynich Code. Una alineación que garantiza una velada de pura adrenalina, virtuosismo técnico y una inmersión total en la brutalidad sonora.

Con el verano pisando los talones en las últimas semanas primaverales y los grandes festivales ya en el horizonte, era comprensible que parte del público habitual optara por reservar energías y presupuesto. Aunque la sala no alcanzó el codiciado “sold out” —algo frecuente en otros eventos de similar envergadura— logró reunir una asistencia considerable, generando una atmósfera palpable de expectación y entusiasmo creciente, especialmente a medida que avanzaba la noche y se intensificó la anticipación por la banda principal. Las puertas se abrieron con una inusual y bienvenida puntualidad, marcando el inicio de una jornada que prometía ser intensa y, sin duda, memorable.

A las 18:00 en punto, los primeros acordes de The Voynich Code retumbaron en la sala, dando el pistoletazo de salida a la velada. Los portugueses, liderados por la contundente y versátil voz de Jack Kinsey, desplegaron un set de deathcore implacable y técnicamente brillante. Temas como la arrolladora “Amunet”, la decisiva “The Decider I”, la cruda “The Weak” y la visceral “Born to Suffer” resonaron con una fuerza brutal. El público presente coreó sus letras con fervor, inyectando una dosis temprana de energía que animó a los asistentes desde el primer momento. Fue una descarga breve pero poderosa, un excelente aperitivo que dejó al público clamando por más. No obstante, la temprana hora de inicio —una constante en estas giras con múltiples bandas— significó que muchos asistentes se perdieran parte o la totalidad de su actuación, víctimas del carácter vespertino de estos conciertos que terminan pronto.

El turno de los innovadores californianos Entheos llegó puntualmente a las 18:50. Su actuación, aunque cargada de energía, se vio comprometida por serios problemas de sonido que mermaron su impacto. La música de Entheos, técnica y extrema, exige una claridad sonora prístina para desplegar toda su riqueza: capas complejas, heterogeneidad rítmica y matices melódicos. Desafortunadamente, la mezcla fue descuidada, sucia y poco definida, opacando tanto la poderosa voz de Chaney Crabb —que transita entre guturales y melodías con maestría— como los virtuosos riffs de guitarra. Temas como “All for Nothing”, “An End to Everything”, “I Am the Void”, “A Thousand Days” y “The Sinking Sun” no alcanzaron su dimensión real bajo estas condiciones, perdiendo parte de su complejidad y fuerza. Pese a los inconvenientes, la banda no bajó la intensidad. Su set encendió al público, provocando circle pits y walls of death enérgicos que cumplieron su cometido. Sin embargo, la cierta linealidad en la estructura de su propuesta, sumada a los fallos técnicos, hizo que su actuación tuviera más sombras que luces.

TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR:Scowl en Barcelona: “Versatilidad en carne viva”

La temperatura en la sala y la excitación colectiva alcanzaron un nuevo pico con la llegada de Ingested a las 19:40. Los británicos, que están redefiniendo el brutal death y el deathcore con una mezcla de potencia y técnica depurada, demostraron rápidamente por qué son una fuerza imparable en la escena contemporánea. Con una presencia arrolladora y ejecución impecable, Ingested lanzó al público al mosh desde la primera nota. Temas como “Titanomachy”, “Impending Dominance”, “Copremesis” y “Skinned and Fucked” sonaron con una potencia descomunal. El pit explotó con una ferocidad inédita hasta ese momento: empujones, patadas voladoras y puños al aire convirtieron el centro de la sala en un torbellino. Durante los treinta minutos que duró su set, la banda dejó una huella imborrable, elevando la adrenalina y preparando el terreno para la gran culminación de la noche.

Born Of Osiris: La Sinfonía Atronadora de la Precisión y el Espectáculo Visual

A las 20:45, las luces se apagaron y una tensión eléctrica envolvió Razzmatazz 2. Born Of Osiris apareció con majestuosidad, y desde los primeros acordes, la conexión con el público fue total e inmediata. Presentándose en formato de trío —algo que sorprendió a más de uno—, la banda desplegó una potencia sonora que superó todas las expectativas. Ronnie Canizaro dominó con su voz, alternando guturales y pasajes limpios con asombrosa potencia; Cameron Losch desató una tormenta rítmica desde la batería con precisión quirúrgica; y Nick Rossi brilló como pieza clave, encargándose del bajo, guitarras, sintetizadores y teclados, e incluso asumiendo el rol de guitarra principal.

A pesar del uso de secuencias programadas —necesarias en un género tan complejo—, el trío mostró una solvencia absoluta. Su distintivo djent sonó demoledor, técnico y visceral. La fusión entre elementos electrónicos y agresividad metálica se ejecutó a la perfección, construyendo un muro de sonido envolvente. La escenografía y el espectáculo visual fueron claves: luces estroboscópicas cegadoras, sombras dramáticas, proyecciones hipnóticas y un diseño lumínico multisensorial elevaban la experiencia a una dimensión casi mitológica.

Abrieron con “Open Arms to Damnation”, desatando la euforia colectiva. Temas como “Bow Down”, “Elevate”, “Divergency”, “White Nile” y “Empires Erased” fueron recibidos con entusiasmo desenfrenado, convertidos en himnos coreados a pulmón. Rossi, en particular, dejó una impresión imborrable con una ejecución técnica impecable que cubrió con creces la ausencia de Lee McKinney, consolidando su papel como figura clave en la nueva etapa de la banda.

La intensidad no decae: “In Desolation”, “Through Shadows”, “Ascension” y “Torchbearer” mantuvieron la energía al máximo. La complejidad técnica de “Abstract Art” y la agresividad de “Brace Legs” fueron puntos culminantes, seguidos por un cierre monumental con “The War That You Are” y la melódica pero brutal “Rosecrance”. Cuando el público ya pensaba que todo había terminado, el broche de oro, un himno atemporal de Born Of Osiris de su álbum Tomorrow We Die ∆live (2013). “Machine” es una canción icónica, con sus sintetizadores penetrantes, sus breakdowns memorables y un coro pegadizo que hace que toda la sala explote en un coro unificado. Es la despedida perfecta para un concierto inolvidable.

Aunque el concierto duró solo una hora, este setlist refleja la mezcla de clásicos y material más reciente que Born Of Osiris ofrece con la intensidad, calidad sonora y conexión con el público hicieron de esta noche una experiencia inolvidable. Reafirmaron su estatus como pioneros del metal moderno, dejando a Barcelona marcada por la precisión, brutalidad y belleza de su música. Muchos salieron convertidos en nuevos fieles del metal del siglo XXI llevándose consigo una experiencia que superó todas las expectativas.


 

 

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Con el verano pisando los talones en las últimas semanas primaverales y los grandes festivales ya en el horizonte, era comprensible que parte del público habitual optara por reservar energías y presupuesto. Aunque la sala no alcanzó el codiciado “sold out” —algo frecuente en otros eventos de similar envergadura— logró reunir una asistencia considerable, generando una atmósfera palpable de expectación y entusiasmo creciente, especialmente a medida que avanzaba la noche y se intensificó la anticipación por la banda principal. Las puertas se abrieron con una inusual y bienvenida puntualidad, marcando el inicio de una jornada que prometía ser intensa y, sin duda, memorable.

A las 18:00 en punto, los primeros acordes de The Voynich Code retumbaron en la sala, dando el pistoletazo de salida a la velada. Los portugueses, liderados por la contundente y versátil voz de Jack Kinsey, desplegaron un set de deathcore implacable y técnicamente brillante. Temas como la arrolladora “Amunet”, la decisiva “The Decider I”, la cruda “The Weak” y la visceral “Born to Suffer” resonaron con una fuerza brutal. El público presente coreó sus letras con fervor, inyectando una dosis temprana de energía que animó a los asistentes desde el primer momento. Fue una descarga breve pero poderosa, un excelente aperitivo que dejó al público clamando por más. No obstante, la temprana hora de inicio —una constante en estas giras con múltiples bandas— significó que muchos asistentes se perdieran parte o la totalidad de su actuación, víctimas del carácter vespertino de estos conciertos que terminan pronto.

El turno de los innovadores californianos Entheos llegó puntualmente a las 18:50. Su actuación, aunque cargada de energía, se vio comprometida por serios problemas de sonido que mermaron su impacto. La música de Entheos, técnica y extrema, exige una claridad sonora prístina para desplegar toda su riqueza: capas complejas, heterogeneidad rítmica y matices melódicos. Desafortunadamente, la mezcla fue descuidada, sucia y poco definida, opacando tanto la poderosa voz de Chaney Crabb —que transita entre guturales y melodías con maestría— como los virtuosos riffs de guitarra. Temas como “All for Nothing”, “An End to Everything”, “I Am the Void”, “A Thousand Days” y “The Sinking Sun” no alcanzaron su dimensión real bajo estas condiciones, perdiendo parte de su complejidad y fuerza. Pese a los inconvenientes, la banda no bajó la intensidad. Su set encendió al público, provocando circle pits y walls of death enérgicos que cumplieron su cometido. Sin embargo, la cierta linealidad en la estructura de su propuesta, sumada a los fallos técnicos, hizo que su actuación tuviera más sombras que luces.

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A las 20:45, las luces se apagaron y una tensión eléctrica envolvió Razzmatazz 2. Born Of Osiris apareció con majestuosidad, y desde los primeros acordes, la conexión con el público fue total e inmediata. Presentándose en formato de trío —algo que sorprendió a más de uno—, la banda desplegó una potencia sonora que superó todas las expectativas. Ronnie Canizaro dominó con su voz, alternando guturales y pasajes limpios con asombrosa potencia; Cameron Losch desató una tormenta rítmica desde la batería con precisión quirúrgica; y Nick Rossi brilló como pieza clave, encargándose del bajo, guitarras, sintetizadores y teclados, e incluso asumiendo el rol de guitarra principal.

A pesar del uso de secuencias programadas —necesarias en un género tan complejo—, el trío mostró una solvencia absoluta. Su distintivo djent sonó demoledor, técnico y visceral. La fusión entre elementos electrónicos y agresividad metálica se ejecutó a la perfección, construyendo un muro de sonido envolvente. La escenografía y el espectáculo visual fueron claves: luces estroboscópicas cegadoras, sombras dramáticas, proyecciones hipnóticas y un diseño lumínico multisensorial elevaban la experiencia a una dimensión casi mitológica.

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