


La noche primaveral en el enclave del Poble Espanyol arrancó puntual con la energía de Eterns, los encargados de caldear el ambiente en una velada de punk rock y compromiso. A las 20:15, el quinteto de Manresa tomó el escenario para demostrar por qué son un referente del hardcore melódico cantado en catalán.
Abrieron fuego con “Come Out Play” y “Periferia”, marcando desde el inicio un ritmo frenético que no dio tregua. La banda sonó compacta, entrelazando la velocidad propia del género con esas melodías cuidadas que evocan a los mejores Bad Religion. Con “Nit Solitària” y la reciente “Vella Escola”, el Poble Espanyol ya vibraba al unísono; la conexión con el público fue inmediata, especialmente en los estribillos cargados de mensaje social.
Uno de los puntos álgidos llegó con “Ho serem tot”, un himno de resistencia que preparó el terreno para el momento nostálgico y combativo de la noche: su versión de “Ciutat Podrida”. El homenaje a La Banda Trapera del Río fue ejecutado con una rabia impecable, reivindicando las raíces del punk local ante una audiencia entregada.
Cerraron su descarga con “El món és nostre”, dejando el listón altísimo y la adrenalina a tope para lo que vendría después. Eterns no solo cumplió como telonero, sino que dio un golpe de autoridad presentando su nuevo material de Històries d’odi i amor.
Tras la descarga de Eterns, a las 21:00 llegó el turno de Revenja. La banda barcelonesa, consolidada como un nombre propio de la escena Oi! local, transformó la Sala Upload en un hervidero de actitud callejera y ritmos crudos. Su directo, puro street punk de la vieja escuela y sin artificios, arrancó con la declaración de intenciones de “Despierta”, conectando de inmediato con una audiencia volcada en la lucha de clase.
El bloque inicial marcó el paso marcial de la noche. Con “Cançons de Guerra”, tema homónimo de su aclamado segundo álbum, los potentes coros de taberna envolvieron la sala, seguidos por la crítica directa de “Muntatge Policial” y la intensidad emocional de “Cicatrius”. La sección rítmica, contundente y acelerada, no dio tregua al pogo mientras sonaban “Son Tiempos” y “On Anem”, manteniendo las guitarras saturadas pero nítidas en la cercanía del aforo reducido.
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El ecuador del concierto llegó con la fuerza de “Sofregit”, el ritmo de “Johnny Too Bad” y la crudeza de “L’Agonia”. Entre canción y canción, las proclamas antifascistas y la honestidad brutal de la banda reafirmaron su identidad política, alcanzando un clímax de hermandad obrera con su tema bandera, “Soms Als Revenja”.
En el tramo final, la energía explotó con la velocidad de “Tu ja No Hi Ets” y la atmósfera combativa de “Runa i Cendra”. El cierre llegó de la mano de “Poble” y un explosivo “Kop de cap”, dejando el listón en lo más alto. Con el catalán como lengua de combate y una puesta en escena visceral, Revenja reafirmó su potencia en directo.
Cuando las luces de la Sala Upload se atenuaron para recibir a Bull Brigade, el ambiente ya estaba cargado de esa electricidad que solo el punk rock con conciencia de clase sabe generar. No era un concierto más; era la parada barcelonesa del tour “Perché non si sa mai” (2026), y la expectación por ver cómo los de Turín defendían su legado de casi dos décadas se palpaba en el aire.
El arranque con “Primo sguardo” sirvió para establecer las reglas del juego. Desde el primer acorde, quedó claro que la barrera del idioma no existía. Eugenio “Eugy” Borra tomó el micro con esa voz áspera pero melódica que es ya una institución en el street punk europeo, logrando una comunión instantánea. Fue el primer vistazo a una noche donde la música actuó como puente emocional entre Italia y Catalunya.
La banda, una maquinaria perfectamente aceitada, encadenó “My Friend”, “Sopra i muri” y “Mai confonderla”. La sección rítmica, con Stefano Gnani al bajo y la pegada contundente de Marco Bertasi en la batería, sostenía un muro de sonido que permitía que la poética de los barrios obreros llenara la sala.
Con “Quaranta”, “Prendere fuoco” e “Il quindicesimo inverno”, la intensidad subió de nivel. En el escenario, la interacción de los músicos era pura energía. Durante “Lividi”, fuimos testigos de un juego escénico vibrante: los guitarristas Diego Cecchetto y Alessio Serena intercambiaron posiciones constantemente, cruzando el escenario para jalear a las primeras filas, demostrando que tras 20 años de trayectoria, la pasión sigue intacta.
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Uno de los momentos más esperados fue “Ansia”. Aunque la voz de Samall Ali (Slander) resonaba en el imaginario de todos, fue la interpretación cruda y directa de la banda lo que convirtió el tema en un grito colectivo contra las luchas internas. Le siguieron clásicos como “Boots”, “Ragazza come noi” y la melancólica pero potente “Partirò per te”, que prepararon el terreno para el clímax final.
El tramo final fue una explosión de sentimiento. Con “Cuori stanchi”, la sala ya era un solo pulmón. Sin embargo, el momento definitivo llegó con “Il fuoco non si è spento”. En un gesto de pura actitud punk y entrega, Eugy abandonó la seguridad del escenario para cantar directamente en la primera fila, rodeado de una fanaticada catalana antifascista que desbordó en energía. Fue una simbiosis emocional perfecta: el rugido de Turín abrazando la rebeldía de Barcelona.
La jornada cerró con “Farewell”, un adiós que supo a “hasta pronto”. Bull Brigade no solo trajo su street punk refinado y su hardcore melódico: trajo la prueba de que el fuego de la clase trabajadora, cuando se alimenta de honestidad y guitarras afiladas, nunca se apaga. Frente a la maldad que reina en el mundo, al son de venceremos todo un símbolo internacional de resistencia que sigue vivo en las nuevas generaciones.



La noche primaveral en el enclave del Poble Espanyol arrancó puntual con la energía de Eterns, los encargados de caldear el ambiente en una velada de punk rock y compromiso. A las 20:15, el quinteto de Manresa tomó el escenario para demostrar por qué son un referente del hardcore melódico cantado en catalán.
Abrieron fuego con “Come Out Play” y “Periferia”, marcando desde el inicio un ritmo frenético que no dio tregua. La banda sonó compacta, entrelazando la velocidad propia del género con esas melodías cuidadas que evocan a los mejores Bad Religion. Con “Nit Solitària” y la reciente “Vella Escola”, el Poble Espanyol ya vibraba al unísono; la conexión con el público fue inmediata, especialmente en los estribillos cargados de mensaje social.
Uno de los puntos álgidos llegó con “Ho serem tot”, un himno de resistencia que preparó el terreno para el momento nostálgico y combativo de la noche: su versión de “Ciutat Podrida”. El homenaje a La Banda Trapera del Río fue ejecutado con una rabia impecable, reivindicando las raíces del punk local ante una audiencia entregada.
Cerraron su descarga con “El món és nostre”, dejando el listón altísimo y la adrenalina a tope para lo que vendría después. Eterns no solo cumplió como telonero, sino que dio un golpe de autoridad presentando su nuevo material de Històries d’odi i amor.
Tras la descarga de Eterns, a las 21:00 llegó el turno de Revenja. La banda barcelonesa, consolidada como un nombre propio de la escena Oi! local, transformó la Sala Upload en un hervidero de actitud callejera y ritmos crudos. Su directo, puro street punk de la vieja escuela y sin artificios, arrancó con la declaración de intenciones de “Despierta”, conectando de inmediato con una audiencia volcada en la lucha de clase.
El bloque inicial marcó el paso marcial de la noche. Con “Cançons de Guerra”, tema homónimo de su aclamado segundo álbum, los potentes coros de taberna envolvieron la sala, seguidos por la crítica directa de “Muntatge Policial” y la intensidad emocional de “Cicatrius”. La sección rítmica, contundente y acelerada, no dio tregua al pogo mientras sonaban “Son Tiempos” y “On Anem”, manteniendo las guitarras saturadas pero nítidas en la cercanía del aforo reducido.
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El ecuador del concierto llegó con la fuerza de “Sofregit”, el ritmo de “Johnny Too Bad” y la crudeza de “L’Agonia”. Entre canción y canción, las proclamas antifascistas y la honestidad brutal de la banda reafirmaron su identidad política, alcanzando un clímax de hermandad obrera con su tema bandera, “Soms Als Revenja”.
En el tramo final, la energía explotó con la velocidad de “Tu ja No Hi Ets” y la atmósfera combativa de “Runa i Cendra”. El cierre llegó de la mano de “Poble” y un explosivo “Kop de cap”, dejando el listón en lo más alto. Con el catalán como lengua de combate y una puesta en escena visceral, Revenja reafirmó su potencia en directo.
Cuando las luces de la Sala Upload se atenuaron para recibir a Bull Brigade, el ambiente ya estaba cargado de esa electricidad que solo el punk rock con conciencia de clase sabe generar. No era un concierto más; era la parada barcelonesa del tour “Perché non si sa mai” (2026), y la expectación por ver cómo los de Turín defendían su legado de casi dos décadas se palpaba en el aire.
El arranque con “Primo sguardo” sirvió para establecer las reglas del juego. Desde el primer acorde, quedó claro que la barrera del idioma no existía. Eugenio “Eugy” Borra tomó el micro con esa voz áspera pero melódica que es ya una institución en el street punk europeo, logrando una comunión instantánea. Fue el primer vistazo a una noche donde la música actuó como puente emocional entre Italia y Catalunya.
La banda, una maquinaria perfectamente aceitada, encadenó “My Friend”, “Sopra i muri” y “Mai confonderla”. La sección rítmica, con Stefano Gnani al bajo y la pegada contundente de Marco Bertasi en la batería, sostenía un muro de sonido que permitía que la poética de los barrios obreros llenara la sala.
Con “Quaranta”, “Prendere fuoco” e “Il quindicesimo inverno”, la intensidad subió de nivel. En el escenario, la interacción de los músicos era pura energía. Durante “Lividi”, fuimos testigos de un juego escénico vibrante: los guitarristas Diego Cecchetto y Alessio Serena intercambiaron posiciones constantemente, cruzando el escenario para jalear a las primeras filas, demostrando que tras 20 años de trayectoria, la pasión sigue intacta.
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Uno de los momentos más esperados fue “Ansia”. Aunque la voz de Samall Ali (Slander) resonaba en el imaginario de todos, fue la interpretación cruda y directa de la banda lo que convirtió el tema en un grito colectivo contra las luchas internas. Le siguieron clásicos como “Boots”, “Ragazza come noi” y la melancólica pero potente “Partirò per te”, que prepararon el terreno para el clímax final.
El tramo final fue una explosión de sentimiento. Con “Cuori stanchi”, la sala ya era un solo pulmón. Sin embargo, el momento definitivo llegó con “Il fuoco non si è spento”. En un gesto de pura actitud punk y entrega, Eugy abandonó la seguridad del escenario para cantar directamente en la primera fila, rodeado de una fanaticada catalana antifascista que desbordó en energía. Fue una simbiosis emocional perfecta: el rugido de Turín abrazando la rebeldía de Barcelona.
La jornada cerró con “Farewell”, un adiós que supo a “hasta pronto”. Bull Brigade no solo trajo su street punk refinado y su hardcore melódico: trajo la prueba de que el fuego de la clase trabajadora, cuando se alimenta de honestidad y guitarras afiladas, nunca se apaga. Frente a la maldad que reina en el mundo, al son de venceremos todo un símbolo internacional de resistencia que sigue vivo en las nuevas generaciones.

















