


Los días 9 y 10 de octubre de 2026, el CastellHell Metal Fest regresó con la que se presentó como su edición más ambiciosa hasta la fecha, bajo el sello de CastellHell Reborns. Durante 48 horas, el Pabellón Polideportivo de Castellvell del Camp (Tarragona) se convirtió en el epicentro del metal extremo en Cataluña: un territorio de guitarras abrasivas, baterías demoledoras y una comunidad unida por la pasión más visceral.
Más de 800 devotos del género, llegados de distintos puntos del país y del sur de Europa, respondieron a la llamada. El recinto, optimizado para la ocasión, contó con una zona de acampada habilitada, varios food trucks y una barra a pleno rendimiento. Sin embargo, el verdadero combustible del festival fue su propuesta musical: una descarga de contundencia que no dio respiro.
La organización estuvo a la altura del desafío. El sonido mantuvo una pegada poderosa, limpia y orgánica de principio a fin. Un engranaje bien engrasado para dos jornadas en las que la oscuridad, la velocidad y la brutalidad fueron las auténticas protagonistas.
Las puertas se abrieron puntualmente. El público fue entrando poco a poco, mientras crecía la expectación ante una noche que prometía riffs densos, violencia sonora y una buena dosis de oscuridad.
La responsabilidad de inaugurar esta edición recayó en Herschell, formación local de Castellvell del Camp que jugaba con la ventaja —y la responsabilidad— de actuar en casa. Su propuesta transitó entre el sludge, los pasajes progresivos y unas voces desgarradas que marcaron el carácter de la actuación. La banda ofreció un directo sólido, contundente y bien recibido por los asistentes más madrugadores. Un comienzo firme para poner en marcha la maquinaria del festival.
Con el ambiente ya caldeado, los catalanes Aimless pisó el acelerador y elevó varios grados la temperatura del pabellón. Su nu-core moderno, cargado de breakdowns pesados y agresividad sin filtros, convirtió la actuación en una auténtica descarga de energía. No tardaron en aparecer los primeros moshpits en el centro de la pista. La banda desplegó una presencia escénica arrolladora y dejó claro que el público no había acudido al CastellHell a quedarse quieto.
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Con sello catalan Bocc, el festival se sumergió en una atmósfera mucho más opresiva. La banda desplegó un death doom cavernoso y arrastrado, construido sobre afinaciones muy graves y pasajes de una densidad casi asfixiante. Durante el concierto presentaron temas de su trabajo más reciente y levantaron una muralla sonora hipnótica. La sensación era la de quedar atrapado en una penumbra acústica de la que costaba escapar: un cambio de registro que demostró la amplitud de matices del cartel.
Desde Francia llegó Embrace Your Punishment, dispuesta a dinamitar aquella densidad a base de beatdowns y violencia sonora sin concesiones. Su combinación de hardcore y deathcore convirtió la pista en un campo de batalla, con hardcore dancing constante y una energía que parecía no tener freno. El asalto arrancó con la intro y la descarga de “Ascension”. A partir de ahí, la banda no levantó el pie del acelerador: “Worthless Hound” y “Aeons of Fire” prolongaron la ofensiva, antes de que “Fear the Wolves”, “Allegiance” y “Minotaur’s Wrath” siguieran castigando al público. La recta final mantuvo la misma intensidad con “Fallen Kingdom”, “Human Warfare” y “Oppression”. Después llegaron “Alone in This Pit” y “Nameless King”, antes de rematar la actuación con la atronadora “Masters of Hate”. Tras el último acorde, los músicos inmortalizaron el momento con el ya tradicional selfie de toda la banda junto al público. Una despedida cercana después de una descarga que había convertido la pista en una auténtica zona de combate.
Uno de los platos fuertes de la noche era el esperado debut en el país de los finlandeses Galvanizer. La banda respondió a las expectativas con una descarga de death/grind clásico ejecutada con precisión quirúrgica y a una velocidad vertiginosa. Abrieron fuego con “Heretic” y la rabiosa “Enjoyment of Annihilation”. Después llegó “Groove”, un pasaje de ritmo denso que dio paso a nuevos tramos de destrucción: “Servants of the Scourge”, “The Inexorable” y “Putrefaction Blues”. La velocidad volvió a tomar el control con “Mood for the Blade”. A continuación, la cadencia crust/grind de “D-beat” abrió camino a los ritmos implacables de “Dominus” y “Kotitcollisuus”. En la recta final, Galvanizer repasó material de sus dos trabajos de estudio, Sanguine Vigil y Prying Sight of Imperception, con “Flesh To Contentment” y “Wounds”. El broche de oro llegó con el tema titular, “Sanguine Vigil”, que puso el colofón a una actuación tan precisa como demoledora.
El cierre de la primera jornada quedó en manos de los colosos griegos Dead Congregation, cabezas de cartel del viernes. Su actuación fue una auténtica lección de death metal oscuro, cavernoso y majestuoso: una ceremonia de riffs abismales y violencia contenida que envolvió el pabellón de principio a fin. La liturgia negra arrancó con “Martyrdoom” y enlazó directamente con “Hostis Humani Generis”, “Schisma” y la implacable “Wind’s Bane”. El recinto tembló con los primeros acordes de “Graves of the Archangels” y la devastadora “Only Ashes Remain”. Con la noche ya entregada a su oscuridad, la banda encaró el tramo final con “Promulgation of the Fall”, “Serpentskin” y “Quintessence Maligned”. La jornada culminó con la imponente “Teeth Into Red”, recibida entre una ovación cerrada. Un final a la altura de una primera jornada que había transitado de la densidad más opresiva a la velocidad extrema sin perder un ápice de intensidad.



Los días 9 y 10 de octubre de 2026, el CastellHell Metal Fest regresó con la que se presentó como su edición más ambiciosa hasta la fecha, bajo el sello de CastellHell Reborns. Durante 48 horas, el Pabellón Polideportivo de Castellvell del Camp (Tarragona) se convirtió en el epicentro del metal extremo en Cataluña: un territorio de guitarras abrasivas, baterías demoledoras y una comunidad unida por la pasión más visceral.
Más de 800 devotos del género, llegados de distintos puntos del país y del sur de Europa, respondieron a la llamada. El recinto, optimizado para la ocasión, contó con una zona de acampada habilitada, varios food trucks y una barra a pleno rendimiento. Sin embargo, el verdadero combustible del festival fue su propuesta musical: una descarga de contundencia que no dio respiro.
La organización estuvo a la altura del desafío. El sonido mantuvo una pegada poderosa, limpia y orgánica de principio a fin. Un engranaje bien engrasado para dos jornadas en las que la oscuridad, la velocidad y la brutalidad fueron las auténticas protagonistas.
Las puertas se abrieron puntualmente. El público fue entrando poco a poco, mientras crecía la expectación ante una noche que prometía riffs densos, violencia sonora y una buena dosis de oscuridad.
La responsabilidad de inaugurar esta edición recayó en Herschell, formación local de Castellvell del Camp que jugaba con la ventaja —y la responsabilidad— de actuar en casa. Su propuesta transitó entre el sludge, los pasajes progresivos y unas voces desgarradas que marcaron el carácter de la actuación. La banda ofreció un directo sólido, contundente y bien recibido por los asistentes más madrugadores. Un comienzo firme para poner en marcha la maquinaria del festival.
Con el ambiente ya caldeado, los catalanes Aimless pisó el acelerador y elevó varios grados la temperatura del pabellón. Su nu-core moderno, cargado de breakdowns pesados y agresividad sin filtros, convirtió la actuación en una auténtica descarga de energía. No tardaron en aparecer los primeros moshpits en el centro de la pista. La banda desplegó una presencia escénica arrolladora y dejó claro que el público no había acudido al CastellHell a quedarse quieto.
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Con sello catalan Bocc, el festival se sumergió en una atmósfera mucho más opresiva. La banda desplegó un death doom cavernoso y arrastrado, construido sobre afinaciones muy graves y pasajes de una densidad casi asfixiante. Durante el concierto presentaron temas de su trabajo más reciente y levantaron una muralla sonora hipnótica. La sensación era la de quedar atrapado en una penumbra acústica de la que costaba escapar: un cambio de registro que demostró la amplitud de matices del cartel.
Desde Francia llegó Embrace Your Punishment, dispuesta a dinamitar aquella densidad a base de beatdowns y violencia sonora sin concesiones. Su combinación de hardcore y deathcore convirtió la pista en un campo de batalla, con hardcore dancing constante y una energía que parecía no tener freno. El asalto arrancó con la intro y la descarga de “Ascension”. A partir de ahí, la banda no levantó el pie del acelerador: “Worthless Hound” y “Aeons of Fire” prolongaron la ofensiva, antes de que “Fear the Wolves”, “Allegiance” y “Minotaur’s Wrath” siguieran castigando al público. La recta final mantuvo la misma intensidad con “Fallen Kingdom”, “Human Warfare” y “Oppression”. Después llegaron “Alone in This Pit” y “Nameless King”, antes de rematar la actuación con la atronadora “Masters of Hate”. Tras el último acorde, los músicos inmortalizaron el momento con el ya tradicional selfie de toda la banda junto al público. Una despedida cercana después de una descarga que había convertido la pista en una auténtica zona de combate.
Uno de los platos fuertes de la noche era el esperado debut en el país de los finlandeses Galvanizer. La banda respondió a las expectativas con una descarga de death/grind clásico ejecutada con precisión quirúrgica y a una velocidad vertiginosa. Abrieron fuego con “Heretic” y la rabiosa “Enjoyment of Annihilation”. Después llegó “Groove”, un pasaje de ritmo denso que dio paso a nuevos tramos de destrucción: “Servants of the Scourge”, “The Inexorable” y “Putrefaction Blues”. La velocidad volvió a tomar el control con “Mood for the Blade”. A continuación, la cadencia crust/grind de “D-beat” abrió camino a los ritmos implacables de “Dominus” y “Kotitcollisuus”. En la recta final, Galvanizer repasó material de sus dos trabajos de estudio, Sanguine Vigil y Prying Sight of Imperception, con “Flesh To Contentment” y “Wounds”. El broche de oro llegó con el tema titular, “Sanguine Vigil”, que puso el colofón a una actuación tan precisa como demoledora.
El cierre de la primera jornada quedó en manos de los colosos griegos Dead Congregation, cabezas de cartel del viernes. Su actuación fue una auténtica lección de death metal oscuro, cavernoso y majestuoso: una ceremonia de riffs abismales y violencia contenida que envolvió el pabellón de principio a fin. La liturgia negra arrancó con “Martyrdoom” y enlazó directamente con “Hostis Humani Generis”, “Schisma” y la implacable “Wind’s Bane”. El recinto tembló con los primeros acordes de “Graves of the Archangels” y la devastadora “Only Ashes Remain”. Con la noche ya entregada a su oscuridad, la banda encaró el tramo final con “Promulgation of the Fall”, “Serpentskin” y “Quintessence Maligned”. La jornada culminó con la imponente “Teeth Into Red”, recibida entre una ovación cerrada. Un final a la altura de una primera jornada que había transitado de la densidad más opresiva a la velocidad extrema sin perder un ápice de intensidad.





































