


Dark Tranquillity, pioneros del death metal melódico de Gotemburgo, continúan evolucionando y redefiniendo su sonido con su decimotercer álbum, Endtime Signals. Este nuevo trabajo refleja esa trayectoria, mezclando riffs contundentes, melodías oscuras y la inconfundible voz de Mikael Stanne para crear un álbum que es tanto un regreso a sus inicios como una muestra de madurez artística.
Con nuevas incorporaciones que revitalizan su sonido, el álbum demuestra que Dark Tranquillity sigue siendo una fuerza vital en la escena del metal, capaz de adaptarse y sorprender sin perder su identidad. Sin mas prólogo, los dejo con la reseña.
La canción de apertura se llama “Shivers and Voids“, es una pieza que captura la esencia distintiva de la banda con su mezcla característica de riffs afilados a cargo de Johan Reinholdz, teclados fríos y la poderosa voz de Mikael Stanne. La misma marca un inicio fuerte y prometedor para el álbum.
“Unforgivable” se caracteriza por su intensidad y mezcla de elementos tradicionales y modernos del death metal melódico. El tema presenta un estribillo que evoca una sensación cálida gracias a su producción fresca y dinámica. Se destaca por ser una de las más pesadas del disco, con claras influencias thrasheras y una batería rápida y precisa a cargo de Joakim Strandberg-Nilsson.
Mikael Stanne aporta una voz más enfadada en comparación con la primera canción reforzando el tono agresivo de la pieza. Los riffs de guitarra varían entre pasajes melódicos intensos y solos virtuosos, lo que conforma una experiencia auditiva intensa y energética.
Es turno de la tercera canción “Neuronal Fire“. En ella podemos notar que el tono vocal de Stanne suena más potente en comparación con el primer tema del álbum.
“Not Nothing” a mi gusto, la mejor del nuevo trabajo de DT, incluye un sonido tranquilo que conduce a una ruptura pesada y épica, alentando al oyente a perseverar contra la oscuridad que puedan estar experimentando en sus vidas a través de su grito de batalla de “Estamos aquí para resistir/Estamos aquí para desafiar“.
“Drowned Out Voices” abre con un muy buen riff junto con una batería acelerada.
La canción es un death metal melódico más directo con ligeros toques de atmósfera en comparación con los temas anteriores del álbum. Sobre el final, Stanne vuelve a cantar limpio y le acompañan sintetizadores hasta que de un momento al otro vuelve a la tierra con fuerza y pesadez, incorporando nuevamente su voz gruñona.
“One of Us is Gone” tiene un comienzo de piano y una sección de cuerdas (cortesía de la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo) acompañando a Stanne que aporta su voz limpia mientras la batería entra lentamente en escena.
Una bella pieza que ofrece un cambio agradable de la impresionante embestida melodeath.
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Llegamos a la mitad de la placa, “The Last Imagination” es una muy buena canción, mantiene ese gancho tan tradicional como los que hacían hace unos 30 años.
Stanne está en su punto con sus gruñidos y entrega, especialmente en sus inflexiones en ciertos puntos del estribillo.
“Enforced Perspective” es lo más cercano al Dark Tranquillity clásico posterior a 1999 en su arreglo con su movimiento enérgico, muchos solos y la progresión de guitarra.
Al inicio de la novena canción del álbum, “Our Disconnect“, Brändström introduce teclados psicodélicos que se convierten en el elemento central de la composición. A lo largo del tema, se suceden cambios de ritmo que van construyendo la estructura de la canción mientras se van incorporando voces agresivas, añadiendo una capa adicional de intensidad.
El tema “Wayward Eyes” es un ejemplo perfecto de esta energía. Elegida como corte de difusión cuenta con un videoclip, es quizás la más predecible de Endtime Signals.
“A Bleaker Sun“, Stanne suena en su forma más gutural y áspera en esta pista. Con un ritmo acelerado, el doble bombo siguiendo el riff y un excelente solo de guitarra justo después de la mitad de la canción, la convierten en un punto destacado de este nuevo trabajo de los oriundos de Gotemburgo.
El tema final se titula “False Reflection” e incluye la contribución de Nicklas Sundin, ex miembro de la banda. Stanne entra en escena junto a la batería, el piano y voces limpias con el peso emocional, melancólico y atmosférico en todo momento .
Una pista emocionalmente pesada para cerrar un muy buen álbum de la banda.
Etiquetas: Century Media Records, Dark Tranquillity, Death Metal Melodico, Endtime Signals, Suecia


Blues Pills es una banda que ha capturado la esencia del rock psicodélico y el blues desde su formación allá por 2011, en este nuevo álbum se presentan más electrizantes. Formados en Örebro, Suecia, la banda se ha destacado por su capacidad para fusionar la energía del rock de los años 60 y 70 donde los oyentes obtenemos un viaje de sonidos, riffs potentes, una base rítmica y la poderosa voz de Elin Larsson.
Centrándonos en esta nueva entrega, el álbum abre con “Birthday“, un himno desafiante que encapsula la intensidad y el talento vocal de Larsson. Su interpretación es nada menos que emocionante y nos recuerda a artistas de la talla de Janis Joplin, pero con un enfoque fresco y contemporáneo.
Mientras suenan “Don’t You Love It” y “Bad Choices“, la banda continúa el viaje con una mezcla contagiosa de soul, funk y melodías brillantes. En canciones como estas, Blues Pills no teme explorar nuevos territorios sonoros.
“Top Of The Sky” ofrece un respiro introspectivo, con una producción rica que destaca la madurez de la agrupación, la canción suena como si Adele o Lady Gaga estuviesen haciendo una de sus baladas de estadio. De lo mejor del álbum
“Like A Drug” recupera la crudeza y la introspección que han sido siempre parte integral de su sonido. Es en estos momentos donde se percibe la madurez de la banda, tanto en la ejecución como en la composición.
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La segunda mitad de la placa arranca con el trinomio “Piggyback Ride“, “Holding Me Back” y “Somebody Better” donde se destacan por su experimentación con nuevas texturas. Cabe destacar que todos los sonidos se oyen nítidos con una excelente mezcla y producción.
La influencia de sus primeros trabajos está presente en “Shadows” pero con un enfoque moderno que evita caer en clichés vintage, aportando una frescura bienvenida al blues pantanoso.
Para el final, “I Don’t Wanna Get Back On That Horse Again” y “What Has This Life Done To You” cierran el álbum con una carga emocional palpable, explorando temas de aceptación y redención en dos baladas de gran emotividad.
Aun manteniendo parte de su esencia, etiquetas como “revival” o “retro” deberían empezar a desaparecer a la hora de referirnos a la nueva obra de los suecos. En este álbum podemos notar la evolución de Blues Pills hacia un sonido más accesible y moderno, sin perder su esencia blues-rock y que no ha quedado atrapado en el pasado.
Etiquetas: birthday, Blues Pills, Blues Rock, Rock Psicodélico, Suecia


Si hay una banda alternativa y de la escena numetalera que ha sido incomprendida y me atrevería a decir “maltratada” esa es sin duda, Mushroomhead y es que los norteamericanos han sido objetivo de mofa durante sus primeros años de carrera debido a la “similitud sospechosa” en terrenos musicales y de imagen con los enmascarados más famosos de Iowa, si evidentemente me refiero a Slipknot, banda con la que han sido comparados hasta la saciedad, a pesar de que no necesariamente tenían el mismo estilo musical, aunque si puntos en común.
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A pesar de que los Head’ nunca han sido una banda de nu metal al 100% si que su combinación del estilo con toques industriales les hizo ganar muchos seguidores en su día al igual que bandas afines a su sonido como Static-X, Orgy o Coal Chamber, entre otras, pero tuvieron en contra que su imponente imagen digna de una peli de terror noventera, era parecida a la que Slipknot uso desde su explosivo e histórico debut allá por 1999 y con el cual se convirtieron en una de las bandas de metal más importantes de la historia, mientras que Mushroomhead han quedado como eternos segundones y vieron como bandas como Mudvayne o Disturbed los pasaban por encima en cuanto a popularidad y ventas se refiere.
Sea como fuere, la banda vuelve este 2024 con su noveno disco de estudio para demostrar que aún tienen mucho para dar en su estilo dentro de una escena, que si bien está venida a menos, sigue ahí dándonos discos y momentos interesantes cada cierto tiempo, a ejemplos como el gran regreso de Kittie me refiero.
El disco cuenta con trece canciones y quizás pueda parecer excesivo para estos tiempos que corren donde todo es tan efímero que la paciencia no está entre las prioridades del oyente medio, pero si uno le da el tiempo y el mimo que el disco y la banda requieren, estoy convencido que acabará por conquistarte.
Si nos sumergimos en el interior del álbum, veremos como hay momentos para todo, desde el nu metal propio de los 2000 en “Prepackaged”, donde viajas sin escalas a los dias dorados del Ozzfest y el Family Values Tour, pero con ese toque oscuro, retorcido y actual que la banda ha adquirido durante todos estos años de trayectoria.
A cortes algo más cercanos al industrial como “Fall in Line”, con esas reminiscencias a Korn y Fear Factory, pero con una Jackie Laponza brillante y que demuestra lo acertado que ha sido su incorporación a la banda norteamericana.
Y es que esta chica le aporta a la banda un toque diferencial que ya les venía haciendo falta hace tiempo y gracias al cual estas nuevas canciones ganan muchos más puntos de los que uno podría esperar.
Y luego el lado más groove/nu metal lo podremos percibir en cortes como “Eye to Eye”, con un particular intro que deja paso a un rockero riff y luego se transforma en un pelotazo de metal moderno con toques groove que seguro suena de muerte en directo.
El disco en si, no es muy diferente de sus trabajos previos, pero se intuye una intención clara por parte de la banda de querer evolucionar un poco sobre todo en la combinación de estilos y no quedarse anclados como muchos de sus compañeros de generación y lo cierto es que tras varias escuchas, creo que lo han logrado con bastante solvencia.
Sin que sea el disco que vaya a cambiarte la vida, Mushroomhead vuelven con fuerza este 2024 y al menos con lo que hay aquí, creo que todos deberíamos darle un voto más de confianza porque los chicos han cumplido y con creces.
Etiquetas: Alternative. Metal moderno, Industrial Nu Metal, Mushroomhead, Napalm Records, New Album 2024


Tras el fantástico comeback que supuso el año pasado Villains, las chicas de Dreamcacther vuelven este 2024 con su nuevo mini album Virtuous, que continúa el nexo de unión con su anterior trabajo y que las sigue posicionando como una de las mejores y más destacadas bandas de su generación.
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En esta ocasión, el disco comienza una vez más con una extensa intro, quizás la más larga de la formación surcoreana hasta la fecha y que para mi representa el único punto débil del disco y es que se alarga demasiado y teniendo en cuenta que es un mini álbum quita minutaje a la inclusión de al menos una canción más.
A pesar de todo, le da al disco una bienvenida épica con un toque de misterio y progresividad que te mantiene en vilo justo antes de que los primeros acordes de “Justice” se hagan presentes y hagan explotar todo por los aires.
Y es que que se puede decir ante uno de los mejores temas alternativos del año, con un comienzo brillante de Jiu y esa voz tan aterciopelada que tiene y que narra la lucha contra todo y contra todos y que deja paso a Yoohyeon lucir su voz en contraste con la voz grave de Dami y la más poderosa de Handong, para que Siyeon y Sua hagan un pre estribillo poderoso y todas juntas entonen ese “Justice Makes Me Fight!” que ya es uno de los momentos más destacados del año en su estilo.
Gahyun brilla solita y deja paso tras el potente estribillo al momento más oscuro de rap que se marca Dami, todo acompañado de una base rítmica potentísima y que bien podría ser obra de bandas como Polyphia.
Para el final y demostrando que las siete miembros de Dreamcacther son un portento vocal, tenemos ese “Fight” entonado a doble voz entre Siyeon y Gahyun, que antes habían hecho las demas y que le ponen la guinda a uno de los mejores singles de DC hasta la fecha.
Pero esto no para y con “Stomp”, las chicas vuelven a la carga con otro tema en la línea de su anterior, Gahyun es la que lo empieza de forma más dulzona y que es seguida por Handong y Yoohyeon para que en el puente sea Jiu la que se luzca con un tono más agudo y Siyeon la que remate el estribillo con su impresionante rango vocal junto a la ayuda de Sua.
Dami, una vez vuelve a hacer de las suyas con unos fraseos rapeados que dejarían en ridículo a muchas bandas de rap/rock actuales y es que lo de esta chica es brutal, la versatilidad que tiene y la capacidad para cambiar de un tono más melódico a versos más rápidos y complejos.
Siyeon vuelve a destacar con un agudo imponente y que ahora que esta de reposo, en el directo ha sido muy bien recreado por sus compañeras, demostrando como Dreamcacther no necesitan ayuda de samplers de voz, ellas seis ahora mismo pueden hacer los agudos de su compañera y que apenas se note la diferencia.
Por si alguna vez alguien se ha preguntado si Dreamcatcher necesitaban alguna canción algo menos “rebuscada” que las que suelen tener en sus discos, aunque la respuesta es un no rotundo, en este mini álbum y con “2 Rings”, las chicas se han marcado la canción más “sensual” de su carrera y es que ese tono rockero pero mezclado con pop de la pieza, bien podría haber encajado en un disco de Demi Lovato e incluso de Sleep Token, con esa mezcla de sonidos y las voces de todas que suenan muy sexys juntas y por separado.
Esta canción en un bar un sábado a las tantas de la madrugada y viendo a señoritas bailar, podría ser algo habitual a partir de este momento.
Es sin duda la sorpresa del álbum, pero que demuestra que no hay estilo que se les resista a Dreamcacther y del cual no solo salgan bien paradas, si no que te regalen un temazo y este lo es y con diferencia.
Para cerrar el disco, tenemos la bella balada “Fireflies”, una delicada pieza que le da al álbum la paz que necesitaba tras tres temas más cañeros y donde Jiu, Gahyun, Dami, Handong, Sua, Yoohyeon y Siyeon, nos muestran su cara más vulnerable y delicada y como sus voces te erizan la piel en cada nota que entonan en esta canción que hará emocionar a todo aquel que le de una oportunidad al álbum.
El disco acaba si, pero a veces menos es más y Dreamcacther vuelven con estas 4 (+1) canciones a posicionarse como una de las bandas más originales, completas y destacadas de su generación y ya contamos los días para su siguiente movimiento discográfico, porque siempre que vuelven lo hacen a lo grande y este disco es la última prueba de ello.
Etiquetas: Alternative, Dreamcatcher, KRockPop, New Album 2024, Virtuous


Category 7 es un grupo de músicos de la élite del metal que se reunieron luego de haber descubierto que comparten los mismos intereses y mucha química. Tanto es así que decidieron crear un superdisco.
La banda está compuesta por John Bush (Armored Saint, Anthrax) en la voz, Phil Demmel (Vio-lence, Machine Head, Kerry King) en la guitarra, Jason Bittner (Shadows Fall, Overkill, Flotsam & Jetsam) en la batería, Mike Orlando (Adrenaline Mob) en la guitarra, y Jack Gibson (Exodus) en el bajo.
Cuenta la leyenda que la banda plantó sus semillas en un bar de heavy metal, Dingbatz, en Nueva Jersey, cuando Orlando se reunió con Demmel y Bittner, quienes en aquel entonces tocaban con Overkill.
El proyecto o “supergrupo”, lleva el nombre de la designación numérica de las tormentas de viento más poderosas, se formó a principios de 2023, y el 26 de julio del presente 2024 se lanzó mundialmente a través del histórico sello underground Metal Blade Records.
La placa arranca con “In Stitches”, una excelente elección para la apertura: una canción cargada de riffs de guitarras y mucho doble bombo que se fusiona con el trabajo vocal de John Bush, quien mantiene el registro con el cual grabó excelentes discos de Anthrax en los años 90. Influenciado por el thrash y sumando tintes de NWOBHM de los dorados ochenta, la composición marca el comienzo de un álbum de metal de alto voltaje.
Las dos canciones que le siguen son “Land I Used to Love” y “Apple of Discord”, y es aquí donde la banda, en su conjunto, expone su talento y experiencia en hacer música. Se escuchan melodías épicas junto a la increíble voz armonizada de Bush.
Aunque la mayoría de las canciones del álbum están puntuadas por impresionantes solos de guitarra y ritmos de Demmel y Orlando, es la feroz batería de Bittner lo que realmente las impulsa.
En este repaso llegamos a la que para mí es la mejor canción de la placa, lanzada como uno de los singles de promoción. En “Exhausted” podemos escuchar una canción cuya influencia abarca distintas épocas: combina algo de speed metal de los 80 y una sección rítmica que captura la precisión del post-milenio. Tiene un comienzo intermitente y entrecortado con riffs contundentes que dominan el sonido, y nuevamente John Bush despliega su potente voz, mezclando gruñidos con su canto melódico.
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El bombardeo y la explosión de “Runaway Truck” combinan la enérgica batería de Bittner, la poderosa voz de Bush, y el dúo Demmel y Orlando en la guitarra, logrando que el título de la canción sea muy apropiado, ya que es un subidón de energía constante.
Otra de las canciones destacables del álbum es “White Flags & Bayonets”, un corte extremo aunque por momentos ralentizado donde las vocales de John Bush no dan descanso en ningún momento, así como tampoco lo hacen ninguno de los otros músicos participantes. El outro de esta canción es uno de los trabajos más ajustados de la banda.
Con un pequeño solo de batería arranca “Mousetrap”, un potente single donde el trabajo de la guitarra está más controlado, pero han logrado que se encarnen el espíritu y la esencia del heavy metal en los poco más de 4 minutos que dura el tema.
Y vamos llegando al tercio final. En “Waver at the Breaking Point”, la agresividad y la fuerza de voluntad de Bush llevan al oyente a participar de una actitud punk y disfrutar de uno de los mejores ganchos de la entrega.
La penúltima canción del álbum es “Through Pink Eyes”, donde se nos ofrece otra demostración del talento de Bush para las voces serenas y calmadas entre ritmos complejos y riffs extremos.
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Todo conduce a un final increíble: el instrumental de ocho minutos “Etter Stormen” (“Después de la tormenta”). Es sobre todo un ataque frenético de riffs en el que hay un duelo épico de guitarras entre Demmel y Orlando, un solo de bajo de Gibson, y Bittner “prendido fuego”, donde toda la banda fluye con naturalidad.
Las referencias al heavy metal, cortes thrash de la “vieja escuela” son altamente notorias, y todo este álbum es una prueba de los sonidos que estos músicos han manifestado a lo largo de sus respectivas carreras, pero con una moderna producción que envuelve todo en un preciso paquete musical.
Etiquetas: adrenaline mob, anthrax, armored saint, Category 7, exodus, Flotsam & Jetsam, Heavy Metal, Kerry King, Machine Head, NWOBHM, Overkill, Shadows Fall, speed metal, Thrash Metal, VIO-LENCE

Siete años después de su último álbum, SIX (2017), Dream Evil regresa con Metal Gods, un título que desde el principio sugiere la ambición del disco. La banda sueca, conocida por su estilo heavy / Power metal, sigue fiel a su sonido característico, pero con una producción más pulida y un enfoque aún más épico.
Niklas Isfeldt, quien previamente fue parte de Dragonslayer, vuelve a brillar en este álbum con su poderosa voz. Su desempeño vocal en Metal Gods es destacable, mostrando una versatilidad que aporta tanto agresividad como melodía a las canciones. Isfeldt maneja perfectamente tanto las baladas como los himnos más pesados, consolidándose como el corazón emocional del disco.
El álbum ofrece una colección sólida de temas que capturan la esencia del metal clásico, con riffs contundentes y solos de guitarra que recuerdan a los grandes del género. Sin embargo, Dream Evil no se contenta con solo repetir fórmulas; en Metal Gods, experimentan con arreglos más complejos y una estructura de canciones que mantiene al oyente enganchado de principio a fin.
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La producción es impecable, logrando un equilibrio perfecto entre la crudeza del metal y la claridad necesaria para apreciar cada instrumento. Los fans de Dream Evil encontrarán en Metal Gods una evolución natural de su sonido, mientras que aquellos que se acercan por primera vez a la banda descubrirán un álbum lleno de energía, autenticidad y diversion (mas, si ven los videos oficiales).
En resumen, Metal Gods es una obra que reafirma a Dream Evil como uno de los pilares del heavy metal contemporáneo. Con la voz inconfundible de Niklas Isfeldt al frente, la banda entrega un álbum que, sin duda, resonará con fuerza en la escena del metal.


HammerFall es una de las bandas responsables de mantener en alto la bandera del Heavy Metal en la segunda mitad de los 90s cuando no muchos lo hacían, en años en los que el género no gozaba de su mejor forma. Era necesario poner la cara, afilar las espadas y los suecos entendieron todo con su disco debut allá por 1997: “Glory to the Brave”. Revitalizando la escena, se ganaron un merecido lugar el cual fueron revalidando con sucesivas entregas, siempre navegando en ese gran océano que va del Metal Clásico al Power Metal.
Hoy en día, ya establecidos como un número internacional de gran cartel dentro del estilo, hace varios años que HammerFall encuentra su papel más cómodo en brindar excelentes conciertos, aunque esa excelencia no tenga eco en su discografía. Es que, no vamos a negar que a esta banda le sobra músculo, pero rara vez pasan de lo correcto en cuanto a ideas y, sobre todo, no ofrecen ningún aspecto inesperado ni amagan con hacerlo. Para este “Avenge the Fallen” del 2024 tampoco hay sorpresas como era previsible. La receta no cambia en nada con respecto a sus últimos lanzamientos. Después de todo, es el cuarto disco al hilo donde repiten formación: el fundador Oscar Dronjak en guitarras, Joacim Cans en voces, Fredrik Larsson en el bajo, Pontus Norgren en guitarras y David Wallin en batería.
Entonces, entendiendo que el factor de lo novedoso queda fuera de la ecuación lo que nos depara esta flamante placa es un álbum colmado de canciones pensadas como himnos de batalla en la más arraigada tradición de su propuesta. Arreglos pomposos, coros aguerridos, guitarras virtuosas y la inoxidable voz de Cans bien arriba conduciendo esas melodías épicas, quizás la clave del éxito de la fórmula.
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Avenge the Fallen, el tema, es la contundente apertura con ayuda de varios amigos para esos coros que claman venganza: Thomas Vikström de Therion, John Bush de Armored Saint, Jake E de Cyhra, Niklas Isfeldt de Dream Evil y Marc Lopez de Metal Church. The End Justifies, quizás la más destacada es la bomba que remite a los primeros años del conjunto con esos estribillos pulidos con los que tan bien se desempeñan. Algo similar sucede con Hero to All, pero antes podemos apreciar Hail to the King, primer corte de la placa. Acertada decisión en tanto captura todo lo bueno que la banda le aporta al género. Gran videoclip también.
Hope Springs Eternal es una balada ubicada atinadamente en el centro de la placa que sirve como respiro para encarar las últimas descargas que bajo ningún punto de vista están de relleno. La vertiginosa Burn It Down o Capture the Dream con un comienzo climático que da pie a ese recurso que tan bien les sienta de contrapunto entre la línea vocal y los coros. A modo de cierre Time Immemorial aporta un buen machaque para culminar una placa muy sólida.
No hay novedades ni hay un rasgo distintivo en “Avenge the Fallen” puesto en contraste con anteriores placas, pero sí tiene un nivel de convicción, de compromiso y de confianza de quien se sabe ganador, que basta para poner sobre la mesa la vigencia de este clásico que es HammerFall.
Como reza la canción “The End Justifies”:
“We´re the H in Heavy Metal
solid F in Fundamental,
all in all, we are HammerFall”


King Gizzard and The Lizard Wizard es uno de esos fenómenos que aparecen muy de vez en cuando: una banda de rock que interactúa y experimenta con una variedad de estilos musicales sin dejar de sonar como una banda ni que se sienta como un intento desesperado de andar tirando cosas a la pared a ver qué queda pegado, y al mismo tiempo logrando ganarse no sólo el favor de los críticos sino también el del público. Y acá no hablo sólo de la típica audiencia “melómana” / hipster que tiene OK Computer e In The Aeroplane Over The Sea en vinilo: incluso lograron llamar la atención de muchos metaleros con Infest The Rats’ Nest y Petrodragonic Apocalypse, promocionados por la misma banda como sus “discos metaleros”, una declaración donde no puedo decir que hayan mentido.
2024 ha sido un año extrañamente poco prolífico para King Gizzard, siendo que recién ahora en agosto tenemos a Flight b741, su primer lanzamiento del año: tengan en cuenta que hablamos de un grupo que editó cinco álbumes en 2017 y cuatro en 2022. El sexteto (antes un septeto con dos bateristas) viene en una de sus habituales seguidillas de eclecticismo, luego del menjunje R&B/pop/jazz del apropiadamente titulado Changes, el thrash/doom del antes mencionado Petrodragonic Apocalypse y el electrodisco de The Silver Cord, todos estos lanzados en 2023: está claro que no todos los seguidores de la banda serán fans de todos estos álbumes, pero esa disposición para probar diferentes estilos y estéticas es algo admirable.
Esta seguidilla continúa con Flight b741, que tiene a King Gizzard explorando el hard rock de fines de los sesentas y mediados de los setentas. Ya se podían ver ejemplos de este sonido en Fishing for Fishies de 2019, aunque acá no hay tanta influencia psicodélica sino un estilo mucho más directo en sus riffs: imaginen un escenario rodeado de gente tomando cerveza y detrás un montón de muscle cars con la toma de aire atravesando el capó del auto haciendo mucho ruido y tendrán la imagen perfecta que genera este disco al escucharlo. Piensen no tanto en Led Zeppelin o Deep Purple. sino en gente como Faces, Foghat, Canned Heat, Status Quo y demás bandas que compensaban su actitud bastante descerebrada con riffs llenos de groove y ritmos para ponerse a bailar, a lo que se suman varias instancias de un sonido sureño a lo Lynyrd Skynyrd.
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“Mirage City” arranca con unos machaques antes de pasar a unos versos con esa onda relajada sureña característica de los setentas, con una pizca de Crosby Stills Nash & Young en las armonías y unas líneas inquietas de guitarra y armónica. Es un gran inicio y aporta mucho el uso de diferentes cantantes principales dividiéndose los versos antes de finalizar con un break instrumental bien denso.
Una curiosidad es que la canción no tiene estribillo, y no es esta sola: con excepción de “Field of Vision”, “Hog Calling Contest”, “Sad Pilot” y “Daily Blues”, ninguna de las canciones de Flight b741 tiene un estribillo tradicional. Esto podrá sonar extraño, pero es algo que se tarda varias escuchas en notar, entre las melodías que utilizan en los versos que dan gancho a las canciones. Esta también es una manera de darle un sello propio a este sonido, además de mantener la idea conceptual desarrollada a través de sus numerosos álbumes, con elementos de ciencia ficción y ecologismo que se entrecruzan relacionando muchas de sus canciones.
Combinar ese tipo de letras y estructuras con este estilo de rock cuadrado funciona mejor de lo que uno se esperaría: a fin de cuentas, querer meter las letras de Coheed and Cambria en una canción de Grand Funk Railroad es una mejor idea que querer meter las letras de Grand Funk Railroad en una canción de Coheed and Cambria. Y la falta de estribillos no es algo que se note de inmediato (a mí me tomó múltiples excusas para darme cuenta) porque los versos tiene unas melodías que se quedan en la mente: mientras escribía esto me puse a tararear algo y recién ahora me di cuenta de que era el inicio de “Field of Vision”, otro gran tema con una onda medio Rolling Stones por momentos.
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“Le Risque” es un temazo de principio a fin, tomando los riffs glam de T-Rex y pasándolos al pantano sureño estadounidense: ese “Hello, Evel Knievel!” que gritan todos juntos sale completamente de la nada y lo tengo grabado en la cabeza como si fuera alguna canción que hubiera acumulado 50 años de reproducciones en las radios. ¿Y el ritmo repetitivo pero adictivo de “Rats in the Sky”? Hay bandas que están años para sacarse algo así de la manga.
El sonido del álbum es otra parte importante detrás de su encanto: no es para nada “lo-fi”, pero tampoco es esa producción ultra limpia que aqueja a mucho del rock moderno y que no me imagino que pudiera llegar a mezclarse con este sonido tan asociado con la suciedad. Casi todos los integrantes se encargaron de diferentes instrumentos en diferentes canciones, por primera vez todos aportaron voces en las canciones y están acreditados en overdubs y demás así que no se grabó todo en vivo en el estudio, pero bien suenan de esa manera con los seis integrantes metidos en la cabina de grabación.
Flight b741 es un disco con buenos riffs, buenos ritmos, buenos arreglos y buenos ganchos en las canciones, pero que ante todo es un álbum extremadamente divertido y muy entretenido: es la banda sonora perfecta para poner en un viaje en auto con amigos por el medio del campo y ver cómo pasan las granjas a los lados. Si la lista de Creedence Clearwater Revival está un poco quemada para eso, lo nuevo de King Gizzard es perfecto como acompañamiento, porque estos australianos volvieron a marcarse todo un logro en su discografía.


Pasaron seis largos años desde su último lanzamiento, y los británicos de Orange Goblin regresan con su décimo álbum, mostrando que su fuerza y creatividad siguen intactas. Con Ben Ward en la voz, Joe Hoare en la guitarra, Chris Turner en la batería y el nuevo bajista Harry Armstrong, la banda nos ofrece una mezcla potente de stoner rock y heavy metal, reforzada por la producción y mezcla de Mike Exeter (Black Sabbath) y la masterización de Peter Hewitt-Dutton.
El álbum arranca con “The Fire At The Centre Of The Earth Is Mine”, un tema que empieza con un galope creciente en intensidad, estableciendo un tono energético y envolvente que promete mantener al oyente enganchado desde el primer momento. A continuación, “(Not) Rocket Science” presenta riffs pesados que fusionan perfectamente el stoner rock con el heavy metal, mostrando la habilidad de la banda para mezclar géneros de manera efectiva.
“Ascend The Negative” destaca por sus riffs atrapantes y una estructura directa, una canción que se adentra rápidamente en la mente del oyente y no lo suelta. “False Hope Diet” suena a los viejos tiempos de Black Sabbath, con una atmósfera oscura y psicodélica que transporta al oyente a los inicios del heavy metal. “Cemetery Rats” comienza lentamente, pero rápidamente toma velocidad con un riff ganchero, demostrando la habilidad de Orange Goblin para cambiar de ritmo sin perder su esencia.
Orange Goblin sigue fiel a sus raíces pero introduce suficiente variación en sus patrones clásicos para mantener las cosas frescas y emocionantes. Cada canción tiene su propia identidad, desde la intensa “The Fury Of A Patient Man” hasta la compleja y espacial “End Of Transmission”. Después de casi 30 años de carrera, la banda británica continúa entregando material nuevo y fresco, demostrando que su relevancia en la escena del rock y el metal sigue siendo tan fuerte como siempre.
Otro excelente trabajo de estos oriundos del Reino Unido, que no paran de sorprendernos con su consistencia y capacidad de innovación.
Etiquetas: 2024, Orange Goblin, Peaceville Records, stoner metal

La llegada del nuevo milenio no ha tratado bien a The Smashing Pumpkins. Durante los noventas, el cuarteto fue una de las bandas líderes del rock alternativo estadounidense, incorporando elementos shoegaze, psicodélicos, y hasta góticos que le dieron un sello característico en sus clásicos Gish, Siamese Dream, Mellon Collie y Adore, este último con una carga electrónica que en su momento causó controversia pero que se vio revalorizada con el paso del tiempo. Ya para este último disco las tensiones dentro de la banda, una constante durante los años dorados del grupo, llegaron a su punto más alto, y a pocos meses de la salida del decepcionante Machina (2000), el cantante, guitarrista y líder Billy Corgan anunció que The Smashing pumpkins se separarían a fines de ese mismo año, dando su último show el 2 de diciembre.
Las cosas podrían haber terminado ahí, pero tras formar el efímero supergrupo Zwan en 2001, declarar que The Smashing Pumpkins nunca volverían, lanzar su debut Mary Star of the Sea en enero de 2003, anunciar la separación de Zwan en septiembre de 2003 argumentando “conflictos entre los miembros” y dar comienzo a su carrera solista, Corgan dio a conocer la vuelta de The Smashing Pumpkins en 2005, aunque sólo con Corgan y el baterista Jimmy Chamberlin como representantes de la formación original, mientras que el guitarrista James Iha (a quien Corgan había acusado de haber sido el causante de la separación) y la bajista D’Arcy Wretzky (a quien Corgan había tratado de “drogadicta malintencionada”) no quisieron formar parte de la vuelta.
Juntos grabarían Zeitgeist (2007), álbum que sería recibido de manera tibia y que inauguraría esta nueva etapa de los Pumpkins, marcada por una seguidilla de álbumes que en ningún caso lograron llegar ni cerca del nivel de sus lanzamientos de los noventas. Claro que una banda teniendo problemas para que dejen de comparar sus discos nuevos con sus discos viejos está muy lejos de ser algo nuevo, pero en el caso de los Smashing Pumpkins esto se vio acompañado con que, luego de la salida de Chamberlin en 2009, rápidamente la banda se volviera un proyecto solista de Corgan: aunque ya en la etapa “clásica” el músico compusiera 99% de las canciones en solitario, nunca antes la banda se había sentido menos como una banda, algo que no se revirtió siquiera con la vuelta de Chamberlin e Iha y la salida de Shiny and Oh So Bright en 2018.
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Considerando que entre 2020 y 2023 la discografía de Smashing Pumpkins había llegado a su punto más bajo, primero con la salida del synthpopero y obscenamente largo Cyr y más tarde con el obscenamente largo y aburrido disco triple ATUM, el anuncio de que el grupo se encontraba en el estudio grabando un nuevo trabajo era un tanto preocupante, y más todavía cuando se anunció este nuevo álbum apenas dos semanas antes de que saliera y el nombre Aghori Mhori Mei, siguiendo la seguidilla de títulos raros y/o difíciles de pronunciar (“ágori morí mey”, para los que quieran saber la pronunciación) característicos del grupo, hacía que preocuparse fuera casi una inevitabilidad. Pero con el disco ya disponible, sólo quedaba escucharlo y ver si hacíamos bien en desconfiar.
Teniendo un largo historial detrás creo que es mejor tomar todo lo que dice Billy Corgan con unas enormes pinzas, siendo que el líder de Smashing Pumpkins tiene la costumbre de contradecirse en tiempo récord, pero ahora puedo decir que cuando describió a Aghori Mhori Mei como “un disco de guitarras rockeras” el músico no mentía. El inicio con “Edin”, marca las intenciones más rifferas y directas del álbum, con una introducción tranquila que da paso a unas guitarras gruesas y que compone un muy buen inicio para la placa, incluso siendo la canción más larga del disco. Buenos arreglos de batería por parte de Chamberlin en el puente.
“Pentagrams” es otra canción larga, densa y melancólica, que mantiene las guitarras gruesas y las influencias progresivas de la primera canción, un elemento que se puede decir que siempre ha sido parte de una manera u otra del material clásico de Smashing Pumpkins y sobre todo de los últimos discos, aunque acá con un elemento rockero (léase, las guitarras) mucho más presente.
Tras estas dos canciones tenemos a “Sighommi”, track mucho más directo y accesible, con coros delicados mezclados con unas guitarras que recuerdan a los momentos más rockeros de su material de los noventas. Por otro lado, “Pentecost” es un cambio importante de ritmo, ya que es una balada con teclados y pianos, aunque su corta duración me hace sentir que hay cosas sin desarrollar tanto como se podría.
La canción “Who Goes There” viene con teclados prominentes y un estribillo melódico que me imagino que 20 años atrás podría haber sido furor en la radio alternativa, y es seguida por “999”, una canción lenta pero con unos riffs entrecortados como para hacer headbanging en medio de la oscuridad, como algo que podría haber grabado Deftones por momentos.
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En el final tenemos dos de las canciones más diferentes de Aghori Mhori Mei. La primera es “Sicarus”, la más metalera del disco tanto en riffs como en estilo general: traten de escuchar el riff del inicio sin ningún contexto y traten de decirme que no suena como algo que podría haber grabado Megadeth en su etapa más rockera de los noventas. Y la otra es “Murnau”, otra balada que contrasta fuertemente con casi todos los tracks anteriores por sus sonidos orquestados, alejándose incluso más del rock que “Pentecost”, que al menos tenía unas guitarras eléctricas al final.
Con 44 minutos y monedas, Aghori Mhori Mei es el álbum más corto desde Shiny and Oh So Bright, que originalmente se había pensado como dos EPs, y Monuments to an Elegy, que se había pensado como parte del proyecto de 44 canciones Teargarden by Kaleidyscope que Corgan terminó cancelando. Smashing Pumpkins siempre han tirado más para los discos largos, algo típico de los noventas, pero en este caso la duración más limitada permite que el material no termine arrastrándose ni aburriendo, manteniendo un buen ritmo.
Claro que Aghori Mhori Mei no es un trabajo perfecto. Aparte de un par de ideas que podrían haberse desarrollado más, uno de los puntos más débiles del disco está en una de las características principales de Smashing Pumpkins: Billy Corgan detrás del micrófono. El fuerte técnico del también dueño de la National Wrestling Alliance siempre ha sido la guitarra, mientras que su voz nasal y hasta casi diría chillona me hace pensar en él como una versión rockera alternativa de Geddy Lee y, de la misma manera que el cantante de Rush, Corgan ha logrado trabajar alrededor de ella y convertirla en un sello propio, al punto de que es imposible imaginarse a la banda con cualquier otra voz.
Pero está claro que es un gusto adquirido, y uno con el que hay que lidiar al momento de trabajar tanto en la composición como en el estudio: que se note que está allí, pero que la música no te haga pensar en la manera en la que Corgan suena. En Aghori Mhori Mei Corgan suena por momentos demasiado al frente en la mezcla y eso no le hace ningún favor, sobre todo durante esas baladas que claramente requerirían un cantante completamente diferente.
Más allá de eso, estoy seguro al decir que Aghori Mhori Mei es el mejor trabajo de Smashing Pumpkins durante esta segunda etapa, mucho más conciso, directo y entretenido en su material que los otros experimentos raros en los que se han metido Corgan y compañía, sumado a la mejor producción que han tenido en bastante tiempo. ¿Puede que este disco augure buenas cosas para el futuro material del por ahora power trío? La verdad es que no quiero decir nada porque el seno de la banda es volátil y nunca se sabe qué puede llegar a pasar mañana, pero me sorprendió de manera positiva y eso es siempre un alivio.



Dark Tranquillity, pioneros del death metal melódico de Gotemburgo, continúan evolucionando y redefiniendo su sonido con su decimotercer álbum, Endtime Signals. Este nuevo trabajo refleja esa trayectoria, mezclando riffs contundentes, melodías oscuras y la inconfundible voz de Mikael Stanne para crear un álbum que es tanto un regreso a sus inicios como una muestra de madurez artística.
Con nuevas incorporaciones que revitalizan su sonido, el álbum demuestra que Dark Tranquillity sigue siendo una fuerza vital en la escena del metal, capaz de adaptarse y sorprender sin perder su identidad. Sin mas prólogo, los dejo con la reseña.
La canción de apertura se llama “Shivers and Voids“, es una pieza que captura la esencia distintiva de la banda con su mezcla característica de riffs afilados a cargo de Johan Reinholdz, teclados fríos y la poderosa voz de Mikael Stanne. La misma marca un inicio fuerte y prometedor para el álbum.
“Unforgivable” se caracteriza por su intensidad y mezcla de elementos tradicionales y modernos del death metal melódico. El tema presenta un estribillo que evoca una sensación cálida gracias a su producción fresca y dinámica. Se destaca por ser una de las más pesadas del disco, con claras influencias thrasheras y una batería rápida y precisa a cargo de Joakim Strandberg-Nilsson.
Mikael Stanne aporta una voz más enfadada en comparación con la primera canción reforzando el tono agresivo de la pieza. Los riffs de guitarra varían entre pasajes melódicos intensos y solos virtuosos, lo que conforma una experiencia auditiva intensa y energética.
Es turno de la tercera canción “Neuronal Fire“. En ella podemos notar que el tono vocal de Stanne suena más potente en comparación con el primer tema del álbum.
“Not Nothing” a mi gusto, la mejor del nuevo trabajo de DT, incluye un sonido tranquilo que conduce a una ruptura pesada y épica, alentando al oyente a perseverar contra la oscuridad que puedan estar experimentando en sus vidas a través de su grito de batalla de “Estamos aquí para resistir/Estamos aquí para desafiar“.
“Drowned Out Voices” abre con un muy buen riff junto con una batería acelerada.
La canción es un death metal melódico más directo con ligeros toques de atmósfera en comparación con los temas anteriores del álbum. Sobre el final, Stanne vuelve a cantar limpio y le acompañan sintetizadores hasta que de un momento al otro vuelve a la tierra con fuerza y pesadez, incorporando nuevamente su voz gruñona.
“One of Us is Gone” tiene un comienzo de piano y una sección de cuerdas (cortesía de la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo) acompañando a Stanne que aporta su voz limpia mientras la batería entra lentamente en escena.
Una bella pieza que ofrece un cambio agradable de la impresionante embestida melodeath.
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Llegamos a la mitad de la placa, “The Last Imagination” es una muy buena canción, mantiene ese gancho tan tradicional como los que hacían hace unos 30 años.
Stanne está en su punto con sus gruñidos y entrega, especialmente en sus inflexiones en ciertos puntos del estribillo.
“Enforced Perspective” es lo más cercano al Dark Tranquillity clásico posterior a 1999 en su arreglo con su movimiento enérgico, muchos solos y la progresión de guitarra.
Al inicio de la novena canción del álbum, “Our Disconnect“, Brändström introduce teclados psicodélicos que se convierten en el elemento central de la composición. A lo largo del tema, se suceden cambios de ritmo que van construyendo la estructura de la canción mientras se van incorporando voces agresivas, añadiendo una capa adicional de intensidad.
El tema “Wayward Eyes” es un ejemplo perfecto de esta energía. Elegida como corte de difusión cuenta con un videoclip, es quizás la más predecible de Endtime Signals.
“A Bleaker Sun“, Stanne suena en su forma más gutural y áspera en esta pista. Con un ritmo acelerado, el doble bombo siguiendo el riff y un excelente solo de guitarra justo después de la mitad de la canción, la convierten en un punto destacado de este nuevo trabajo de los oriundos de Gotemburgo.
El tema final se titula “False Reflection” e incluye la contribución de Nicklas Sundin, ex miembro de la banda. Stanne entra en escena junto a la batería, el piano y voces limpias con el peso emocional, melancólico y atmosférico en todo momento .
Una pista emocionalmente pesada para cerrar un muy buen álbum de la banda.
Etiquetas: Century Media Records, Dark Tranquillity, Death Metal Melodico, Endtime Signals, Suecia


Blues Pills es una banda que ha capturado la esencia del rock psicodélico y el blues desde su formación allá por 2011, en este nuevo álbum se presentan más electrizantes. Formados en Örebro, Suecia, la banda se ha destacado por su capacidad para fusionar la energía del rock de los años 60 y 70 donde los oyentes obtenemos un viaje de sonidos, riffs potentes, una base rítmica y la poderosa voz de Elin Larsson.
Centrándonos en esta nueva entrega, el álbum abre con “Birthday“, un himno desafiante que encapsula la intensidad y el talento vocal de Larsson. Su interpretación es nada menos que emocionante y nos recuerda a artistas de la talla de Janis Joplin, pero con un enfoque fresco y contemporáneo.
Mientras suenan “Don’t You Love It” y “Bad Choices“, la banda continúa el viaje con una mezcla contagiosa de soul, funk y melodías brillantes. En canciones como estas, Blues Pills no teme explorar nuevos territorios sonoros.
“Top Of The Sky” ofrece un respiro introspectivo, con una producción rica que destaca la madurez de la agrupación, la canción suena como si Adele o Lady Gaga estuviesen haciendo una de sus baladas de estadio. De lo mejor del álbum
“Like A Drug” recupera la crudeza y la introspección que han sido siempre parte integral de su sonido. Es en estos momentos donde se percibe la madurez de la banda, tanto en la ejecución como en la composición.
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La segunda mitad de la placa arranca con el trinomio “Piggyback Ride“, “Holding Me Back” y “Somebody Better” donde se destacan por su experimentación con nuevas texturas. Cabe destacar que todos los sonidos se oyen nítidos con una excelente mezcla y producción.
La influencia de sus primeros trabajos está presente en “Shadows” pero con un enfoque moderno que evita caer en clichés vintage, aportando una frescura bienvenida al blues pantanoso.
Para el final, “I Don’t Wanna Get Back On That Horse Again” y “What Has This Life Done To You” cierran el álbum con una carga emocional palpable, explorando temas de aceptación y redención en dos baladas de gran emotividad.
Aun manteniendo parte de su esencia, etiquetas como “revival” o “retro” deberían empezar a desaparecer a la hora de referirnos a la nueva obra de los suecos. En este álbum podemos notar la evolución de Blues Pills hacia un sonido más accesible y moderno, sin perder su esencia blues-rock y que no ha quedado atrapado en el pasado.
Etiquetas: birthday, Blues Pills, Blues Rock, Rock Psicodélico, Suecia


Si hay una banda alternativa y de la escena numetalera que ha sido incomprendida y me atrevería a decir “maltratada” esa es sin duda, Mushroomhead y es que los norteamericanos han sido objetivo de mofa durante sus primeros años de carrera debido a la “similitud sospechosa” en terrenos musicales y de imagen con los enmascarados más famosos de Iowa, si evidentemente me refiero a Slipknot, banda con la que han sido comparados hasta la saciedad, a pesar de que no necesariamente tenían el mismo estilo musical, aunque si puntos en común.
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A pesar de que los Head’ nunca han sido una banda de nu metal al 100% si que su combinación del estilo con toques industriales les hizo ganar muchos seguidores en su día al igual que bandas afines a su sonido como Static-X, Orgy o Coal Chamber, entre otras, pero tuvieron en contra que su imponente imagen digna de una peli de terror noventera, era parecida a la que Slipknot uso desde su explosivo e histórico debut allá por 1999 y con el cual se convirtieron en una de las bandas de metal más importantes de la historia, mientras que Mushroomhead han quedado como eternos segundones y vieron como bandas como Mudvayne o Disturbed los pasaban por encima en cuanto a popularidad y ventas se refiere.
Sea como fuere, la banda vuelve este 2024 con su noveno disco de estudio para demostrar que aún tienen mucho para dar en su estilo dentro de una escena, que si bien está venida a menos, sigue ahí dándonos discos y momentos interesantes cada cierto tiempo, a ejemplos como el gran regreso de Kittie me refiero.
El disco cuenta con trece canciones y quizás pueda parecer excesivo para estos tiempos que corren donde todo es tan efímero que la paciencia no está entre las prioridades del oyente medio, pero si uno le da el tiempo y el mimo que el disco y la banda requieren, estoy convencido que acabará por conquistarte.
Si nos sumergimos en el interior del álbum, veremos como hay momentos para todo, desde el nu metal propio de los 2000 en “Prepackaged”, donde viajas sin escalas a los dias dorados del Ozzfest y el Family Values Tour, pero con ese toque oscuro, retorcido y actual que la banda ha adquirido durante todos estos años de trayectoria.
A cortes algo más cercanos al industrial como “Fall in Line”, con esas reminiscencias a Korn y Fear Factory, pero con una Jackie Laponza brillante y que demuestra lo acertado que ha sido su incorporación a la banda norteamericana.
Y es que esta chica le aporta a la banda un toque diferencial que ya les venía haciendo falta hace tiempo y gracias al cual estas nuevas canciones ganan muchos más puntos de los que uno podría esperar.
Y luego el lado más groove/nu metal lo podremos percibir en cortes como “Eye to Eye”, con un particular intro que deja paso a un rockero riff y luego se transforma en un pelotazo de metal moderno con toques groove que seguro suena de muerte en directo.
El disco en si, no es muy diferente de sus trabajos previos, pero se intuye una intención clara por parte de la banda de querer evolucionar un poco sobre todo en la combinación de estilos y no quedarse anclados como muchos de sus compañeros de generación y lo cierto es que tras varias escuchas, creo que lo han logrado con bastante solvencia.
Sin que sea el disco que vaya a cambiarte la vida, Mushroomhead vuelven con fuerza este 2024 y al menos con lo que hay aquí, creo que todos deberíamos darle un voto más de confianza porque los chicos han cumplido y con creces.
Etiquetas: Alternative. Metal moderno, Industrial Nu Metal, Mushroomhead, Napalm Records, New Album 2024


Tras el fantástico comeback que supuso el año pasado Villains, las chicas de Dreamcacther vuelven este 2024 con su nuevo mini album Virtuous, que continúa el nexo de unión con su anterior trabajo y que las sigue posicionando como una de las mejores y más destacadas bandas de su generación.
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En esta ocasión, el disco comienza una vez más con una extensa intro, quizás la más larga de la formación surcoreana hasta la fecha y que para mi representa el único punto débil del disco y es que se alarga demasiado y teniendo en cuenta que es un mini álbum quita minutaje a la inclusión de al menos una canción más.
A pesar de todo, le da al disco una bienvenida épica con un toque de misterio y progresividad que te mantiene en vilo justo antes de que los primeros acordes de “Justice” se hagan presentes y hagan explotar todo por los aires.
Y es que que se puede decir ante uno de los mejores temas alternativos del año, con un comienzo brillante de Jiu y esa voz tan aterciopelada que tiene y que narra la lucha contra todo y contra todos y que deja paso a Yoohyeon lucir su voz en contraste con la voz grave de Dami y la más poderosa de Handong, para que Siyeon y Sua hagan un pre estribillo poderoso y todas juntas entonen ese “Justice Makes Me Fight!” que ya es uno de los momentos más destacados del año en su estilo.
Gahyun brilla solita y deja paso tras el potente estribillo al momento más oscuro de rap que se marca Dami, todo acompañado de una base rítmica potentísima y que bien podría ser obra de bandas como Polyphia.
Para el final y demostrando que las siete miembros de Dreamcacther son un portento vocal, tenemos ese “Fight” entonado a doble voz entre Siyeon y Gahyun, que antes habían hecho las demas y que le ponen la guinda a uno de los mejores singles de DC hasta la fecha.
Pero esto no para y con “Stomp”, las chicas vuelven a la carga con otro tema en la línea de su anterior, Gahyun es la que lo empieza de forma más dulzona y que es seguida por Handong y Yoohyeon para que en el puente sea Jiu la que se luzca con un tono más agudo y Siyeon la que remate el estribillo con su impresionante rango vocal junto a la ayuda de Sua.
Dami, una vez vuelve a hacer de las suyas con unos fraseos rapeados que dejarían en ridículo a muchas bandas de rap/rock actuales y es que lo de esta chica es brutal, la versatilidad que tiene y la capacidad para cambiar de un tono más melódico a versos más rápidos y complejos.
Siyeon vuelve a destacar con un agudo imponente y que ahora que esta de reposo, en el directo ha sido muy bien recreado por sus compañeras, demostrando como Dreamcacther no necesitan ayuda de samplers de voz, ellas seis ahora mismo pueden hacer los agudos de su compañera y que apenas se note la diferencia.
Por si alguna vez alguien se ha preguntado si Dreamcatcher necesitaban alguna canción algo menos “rebuscada” que las que suelen tener en sus discos, aunque la respuesta es un no rotundo, en este mini álbum y con “2 Rings”, las chicas se han marcado la canción más “sensual” de su carrera y es que ese tono rockero pero mezclado con pop de la pieza, bien podría haber encajado en un disco de Demi Lovato e incluso de Sleep Token, con esa mezcla de sonidos y las voces de todas que suenan muy sexys juntas y por separado.
Esta canción en un bar un sábado a las tantas de la madrugada y viendo a señoritas bailar, podría ser algo habitual a partir de este momento.
Es sin duda la sorpresa del álbum, pero que demuestra que no hay estilo que se les resista a Dreamcacther y del cual no solo salgan bien paradas, si no que te regalen un temazo y este lo es y con diferencia.
Para cerrar el disco, tenemos la bella balada “Fireflies”, una delicada pieza que le da al álbum la paz que necesitaba tras tres temas más cañeros y donde Jiu, Gahyun, Dami, Handong, Sua, Yoohyeon y Siyeon, nos muestran su cara más vulnerable y delicada y como sus voces te erizan la piel en cada nota que entonan en esta canción que hará emocionar a todo aquel que le de una oportunidad al álbum.
El disco acaba si, pero a veces menos es más y Dreamcacther vuelven con estas 4 (+1) canciones a posicionarse como una de las bandas más originales, completas y destacadas de su generación y ya contamos los días para su siguiente movimiento discográfico, porque siempre que vuelven lo hacen a lo grande y este disco es la última prueba de ello.
Etiquetas: Alternative, Dreamcatcher, KRockPop, New Album 2024, Virtuous


Category 7 es un grupo de músicos de la élite del metal que se reunieron luego de haber descubierto que comparten los mismos intereses y mucha química. Tanto es así que decidieron crear un superdisco.
La banda está compuesta por John Bush (Armored Saint, Anthrax) en la voz, Phil Demmel (Vio-lence, Machine Head, Kerry King) en la guitarra, Jason Bittner (Shadows Fall, Overkill, Flotsam & Jetsam) en la batería, Mike Orlando (Adrenaline Mob) en la guitarra, y Jack Gibson (Exodus) en el bajo.
Cuenta la leyenda que la banda plantó sus semillas en un bar de heavy metal, Dingbatz, en Nueva Jersey, cuando Orlando se reunió con Demmel y Bittner, quienes en aquel entonces tocaban con Overkill.
El proyecto o “supergrupo”, lleva el nombre de la designación numérica de las tormentas de viento más poderosas, se formó a principios de 2023, y el 26 de julio del presente 2024 se lanzó mundialmente a través del histórico sello underground Metal Blade Records.
La placa arranca con “In Stitches”, una excelente elección para la apertura: una canción cargada de riffs de guitarras y mucho doble bombo que se fusiona con el trabajo vocal de John Bush, quien mantiene el registro con el cual grabó excelentes discos de Anthrax en los años 90. Influenciado por el thrash y sumando tintes de NWOBHM de los dorados ochenta, la composición marca el comienzo de un álbum de metal de alto voltaje.
Las dos canciones que le siguen son “Land I Used to Love” y “Apple of Discord”, y es aquí donde la banda, en su conjunto, expone su talento y experiencia en hacer música. Se escuchan melodías épicas junto a la increíble voz armonizada de Bush.
Aunque la mayoría de las canciones del álbum están puntuadas por impresionantes solos de guitarra y ritmos de Demmel y Orlando, es la feroz batería de Bittner lo que realmente las impulsa.
En este repaso llegamos a la que para mí es la mejor canción de la placa, lanzada como uno de los singles de promoción. En “Exhausted” podemos escuchar una canción cuya influencia abarca distintas épocas: combina algo de speed metal de los 80 y una sección rítmica que captura la precisión del post-milenio. Tiene un comienzo intermitente y entrecortado con riffs contundentes que dominan el sonido, y nuevamente John Bush despliega su potente voz, mezclando gruñidos con su canto melódico.
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El bombardeo y la explosión de “Runaway Truck” combinan la enérgica batería de Bittner, la poderosa voz de Bush, y el dúo Demmel y Orlando en la guitarra, logrando que el título de la canción sea muy apropiado, ya que es un subidón de energía constante.
Otra de las canciones destacables del álbum es “White Flags & Bayonets”, un corte extremo aunque por momentos ralentizado donde las vocales de John Bush no dan descanso en ningún momento, así como tampoco lo hacen ninguno de los otros músicos participantes. El outro de esta canción es uno de los trabajos más ajustados de la banda.
Con un pequeño solo de batería arranca “Mousetrap”, un potente single donde el trabajo de la guitarra está más controlado, pero han logrado que se encarnen el espíritu y la esencia del heavy metal en los poco más de 4 minutos que dura el tema.
Y vamos llegando al tercio final. En “Waver at the Breaking Point”, la agresividad y la fuerza de voluntad de Bush llevan al oyente a participar de una actitud punk y disfrutar de uno de los mejores ganchos de la entrega.
La penúltima canción del álbum es “Through Pink Eyes”, donde se nos ofrece otra demostración del talento de Bush para las voces serenas y calmadas entre ritmos complejos y riffs extremos.
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Todo conduce a un final increíble: el instrumental de ocho minutos “Etter Stormen” (“Después de la tormenta”). Es sobre todo un ataque frenético de riffs en el que hay un duelo épico de guitarras entre Demmel y Orlando, un solo de bajo de Gibson, y Bittner “prendido fuego”, donde toda la banda fluye con naturalidad.
Las referencias al heavy metal, cortes thrash de la “vieja escuela” son altamente notorias, y todo este álbum es una prueba de los sonidos que estos músicos han manifestado a lo largo de sus respectivas carreras, pero con una moderna producción que envuelve todo en un preciso paquete musical.
Etiquetas: adrenaline mob, anthrax, armored saint, Category 7, exodus, Flotsam & Jetsam, Heavy Metal, Kerry King, Machine Head, NWOBHM, Overkill, Shadows Fall, speed metal, Thrash Metal, VIO-LENCE

Siete años después de su último álbum, SIX (2017), Dream Evil regresa con Metal Gods, un título que desde el principio sugiere la ambición del disco. La banda sueca, conocida por su estilo heavy / Power metal, sigue fiel a su sonido característico, pero con una producción más pulida y un enfoque aún más épico.
Niklas Isfeldt, quien previamente fue parte de Dragonslayer, vuelve a brillar en este álbum con su poderosa voz. Su desempeño vocal en Metal Gods es destacable, mostrando una versatilidad que aporta tanto agresividad como melodía a las canciones. Isfeldt maneja perfectamente tanto las baladas como los himnos más pesados, consolidándose como el corazón emocional del disco.
El álbum ofrece una colección sólida de temas que capturan la esencia del metal clásico, con riffs contundentes y solos de guitarra que recuerdan a los grandes del género. Sin embargo, Dream Evil no se contenta con solo repetir fórmulas; en Metal Gods, experimentan con arreglos más complejos y una estructura de canciones que mantiene al oyente enganchado de principio a fin.
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La producción es impecable, logrando un equilibrio perfecto entre la crudeza del metal y la claridad necesaria para apreciar cada instrumento. Los fans de Dream Evil encontrarán en Metal Gods una evolución natural de su sonido, mientras que aquellos que se acercan por primera vez a la banda descubrirán un álbum lleno de energía, autenticidad y diversion (mas, si ven los videos oficiales).
En resumen, Metal Gods es una obra que reafirma a Dream Evil como uno de los pilares del heavy metal contemporáneo. Con la voz inconfundible de Niklas Isfeldt al frente, la banda entrega un álbum que, sin duda, resonará con fuerza en la escena del metal.


HammerFall es una de las bandas responsables de mantener en alto la bandera del Heavy Metal en la segunda mitad de los 90s cuando no muchos lo hacían, en años en los que el género no gozaba de su mejor forma. Era necesario poner la cara, afilar las espadas y los suecos entendieron todo con su disco debut allá por 1997: “Glory to the Brave”. Revitalizando la escena, se ganaron un merecido lugar el cual fueron revalidando con sucesivas entregas, siempre navegando en ese gran océano que va del Metal Clásico al Power Metal.
Hoy en día, ya establecidos como un número internacional de gran cartel dentro del estilo, hace varios años que HammerFall encuentra su papel más cómodo en brindar excelentes conciertos, aunque esa excelencia no tenga eco en su discografía. Es que, no vamos a negar que a esta banda le sobra músculo, pero rara vez pasan de lo correcto en cuanto a ideas y, sobre todo, no ofrecen ningún aspecto inesperado ni amagan con hacerlo. Para este “Avenge the Fallen” del 2024 tampoco hay sorpresas como era previsible. La receta no cambia en nada con respecto a sus últimos lanzamientos. Después de todo, es el cuarto disco al hilo donde repiten formación: el fundador Oscar Dronjak en guitarras, Joacim Cans en voces, Fredrik Larsson en el bajo, Pontus Norgren en guitarras y David Wallin en batería.
Entonces, entendiendo que el factor de lo novedoso queda fuera de la ecuación lo que nos depara esta flamante placa es un álbum colmado de canciones pensadas como himnos de batalla en la más arraigada tradición de su propuesta. Arreglos pomposos, coros aguerridos, guitarras virtuosas y la inoxidable voz de Cans bien arriba conduciendo esas melodías épicas, quizás la clave del éxito de la fórmula.
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Avenge the Fallen, el tema, es la contundente apertura con ayuda de varios amigos para esos coros que claman venganza: Thomas Vikström de Therion, John Bush de Armored Saint, Jake E de Cyhra, Niklas Isfeldt de Dream Evil y Marc Lopez de Metal Church. The End Justifies, quizás la más destacada es la bomba que remite a los primeros años del conjunto con esos estribillos pulidos con los que tan bien se desempeñan. Algo similar sucede con Hero to All, pero antes podemos apreciar Hail to the King, primer corte de la placa. Acertada decisión en tanto captura todo lo bueno que la banda le aporta al género. Gran videoclip también.
Hope Springs Eternal es una balada ubicada atinadamente en el centro de la placa que sirve como respiro para encarar las últimas descargas que bajo ningún punto de vista están de relleno. La vertiginosa Burn It Down o Capture the Dream con un comienzo climático que da pie a ese recurso que tan bien les sienta de contrapunto entre la línea vocal y los coros. A modo de cierre Time Immemorial aporta un buen machaque para culminar una placa muy sólida.
No hay novedades ni hay un rasgo distintivo en “Avenge the Fallen” puesto en contraste con anteriores placas, pero sí tiene un nivel de convicción, de compromiso y de confianza de quien se sabe ganador, que basta para poner sobre la mesa la vigencia de este clásico que es HammerFall.
Como reza la canción “The End Justifies”:
“We´re the H in Heavy Metal
solid F in Fundamental,
all in all, we are HammerFall”


King Gizzard and The Lizard Wizard es uno de esos fenómenos que aparecen muy de vez en cuando: una banda de rock que interactúa y experimenta con una variedad de estilos musicales sin dejar de sonar como una banda ni que se sienta como un intento desesperado de andar tirando cosas a la pared a ver qué queda pegado, y al mismo tiempo logrando ganarse no sólo el favor de los críticos sino también el del público. Y acá no hablo sólo de la típica audiencia “melómana” / hipster que tiene OK Computer e In The Aeroplane Over The Sea en vinilo: incluso lograron llamar la atención de muchos metaleros con Infest The Rats’ Nest y Petrodragonic Apocalypse, promocionados por la misma banda como sus “discos metaleros”, una declaración donde no puedo decir que hayan mentido.
2024 ha sido un año extrañamente poco prolífico para King Gizzard, siendo que recién ahora en agosto tenemos a Flight b741, su primer lanzamiento del año: tengan en cuenta que hablamos de un grupo que editó cinco álbumes en 2017 y cuatro en 2022. El sexteto (antes un septeto con dos bateristas) viene en una de sus habituales seguidillas de eclecticismo, luego del menjunje R&B/pop/jazz del apropiadamente titulado Changes, el thrash/doom del antes mencionado Petrodragonic Apocalypse y el electrodisco de The Silver Cord, todos estos lanzados en 2023: está claro que no todos los seguidores de la banda serán fans de todos estos álbumes, pero esa disposición para probar diferentes estilos y estéticas es algo admirable.
Esta seguidilla continúa con Flight b741, que tiene a King Gizzard explorando el hard rock de fines de los sesentas y mediados de los setentas. Ya se podían ver ejemplos de este sonido en Fishing for Fishies de 2019, aunque acá no hay tanta influencia psicodélica sino un estilo mucho más directo en sus riffs: imaginen un escenario rodeado de gente tomando cerveza y detrás un montón de muscle cars con la toma de aire atravesando el capó del auto haciendo mucho ruido y tendrán la imagen perfecta que genera este disco al escucharlo. Piensen no tanto en Led Zeppelin o Deep Purple. sino en gente como Faces, Foghat, Canned Heat, Status Quo y demás bandas que compensaban su actitud bastante descerebrada con riffs llenos de groove y ritmos para ponerse a bailar, a lo que se suman varias instancias de un sonido sureño a lo Lynyrd Skynyrd.
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“Mirage City” arranca con unos machaques antes de pasar a unos versos con esa onda relajada sureña característica de los setentas, con una pizca de Crosby Stills Nash & Young en las armonías y unas líneas inquietas de guitarra y armónica. Es un gran inicio y aporta mucho el uso de diferentes cantantes principales dividiéndose los versos antes de finalizar con un break instrumental bien denso.
Una curiosidad es que la canción no tiene estribillo, y no es esta sola: con excepción de “Field of Vision”, “Hog Calling Contest”, “Sad Pilot” y “Daily Blues”, ninguna de las canciones de Flight b741 tiene un estribillo tradicional. Esto podrá sonar extraño, pero es algo que se tarda varias escuchas en notar, entre las melodías que utilizan en los versos que dan gancho a las canciones. Esta también es una manera de darle un sello propio a este sonido, además de mantener la idea conceptual desarrollada a través de sus numerosos álbumes, con elementos de ciencia ficción y ecologismo que se entrecruzan relacionando muchas de sus canciones.
Combinar ese tipo de letras y estructuras con este estilo de rock cuadrado funciona mejor de lo que uno se esperaría: a fin de cuentas, querer meter las letras de Coheed and Cambria en una canción de Grand Funk Railroad es una mejor idea que querer meter las letras de Grand Funk Railroad en una canción de Coheed and Cambria. Y la falta de estribillos no es algo que se note de inmediato (a mí me tomó múltiples excusas para darme cuenta) porque los versos tiene unas melodías que se quedan en la mente: mientras escribía esto me puse a tararear algo y recién ahora me di cuenta de que era el inicio de “Field of Vision”, otro gran tema con una onda medio Rolling Stones por momentos.
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“Le Risque” es un temazo de principio a fin, tomando los riffs glam de T-Rex y pasándolos al pantano sureño estadounidense: ese “Hello, Evel Knievel!” que gritan todos juntos sale completamente de la nada y lo tengo grabado en la cabeza como si fuera alguna canción que hubiera acumulado 50 años de reproducciones en las radios. ¿Y el ritmo repetitivo pero adictivo de “Rats in the Sky”? Hay bandas que están años para sacarse algo así de la manga.
El sonido del álbum es otra parte importante detrás de su encanto: no es para nada “lo-fi”, pero tampoco es esa producción ultra limpia que aqueja a mucho del rock moderno y que no me imagino que pudiera llegar a mezclarse con este sonido tan asociado con la suciedad. Casi todos los integrantes se encargaron de diferentes instrumentos en diferentes canciones, por primera vez todos aportaron voces en las canciones y están acreditados en overdubs y demás así que no se grabó todo en vivo en el estudio, pero bien suenan de esa manera con los seis integrantes metidos en la cabina de grabación.
Flight b741 es un disco con buenos riffs, buenos ritmos, buenos arreglos y buenos ganchos en las canciones, pero que ante todo es un álbum extremadamente divertido y muy entretenido: es la banda sonora perfecta para poner en un viaje en auto con amigos por el medio del campo y ver cómo pasan las granjas a los lados. Si la lista de Creedence Clearwater Revival está un poco quemada para eso, lo nuevo de King Gizzard es perfecto como acompañamiento, porque estos australianos volvieron a marcarse todo un logro en su discografía.


Pasaron seis largos años desde su último lanzamiento, y los británicos de Orange Goblin regresan con su décimo álbum, mostrando que su fuerza y creatividad siguen intactas. Con Ben Ward en la voz, Joe Hoare en la guitarra, Chris Turner en la batería y el nuevo bajista Harry Armstrong, la banda nos ofrece una mezcla potente de stoner rock y heavy metal, reforzada por la producción y mezcla de Mike Exeter (Black Sabbath) y la masterización de Peter Hewitt-Dutton.
El álbum arranca con “The Fire At The Centre Of The Earth Is Mine”, un tema que empieza con un galope creciente en intensidad, estableciendo un tono energético y envolvente que promete mantener al oyente enganchado desde el primer momento. A continuación, “(Not) Rocket Science” presenta riffs pesados que fusionan perfectamente el stoner rock con el heavy metal, mostrando la habilidad de la banda para mezclar géneros de manera efectiva.
“Ascend The Negative” destaca por sus riffs atrapantes y una estructura directa, una canción que se adentra rápidamente en la mente del oyente y no lo suelta. “False Hope Diet” suena a los viejos tiempos de Black Sabbath, con una atmósfera oscura y psicodélica que transporta al oyente a los inicios del heavy metal. “Cemetery Rats” comienza lentamente, pero rápidamente toma velocidad con un riff ganchero, demostrando la habilidad de Orange Goblin para cambiar de ritmo sin perder su esencia.
Orange Goblin sigue fiel a sus raíces pero introduce suficiente variación en sus patrones clásicos para mantener las cosas frescas y emocionantes. Cada canción tiene su propia identidad, desde la intensa “The Fury Of A Patient Man” hasta la compleja y espacial “End Of Transmission”. Después de casi 30 años de carrera, la banda británica continúa entregando material nuevo y fresco, demostrando que su relevancia en la escena del rock y el metal sigue siendo tan fuerte como siempre.
Otro excelente trabajo de estos oriundos del Reino Unido, que no paran de sorprendernos con su consistencia y capacidad de innovación.
Etiquetas: 2024, Orange Goblin, Peaceville Records, stoner metal

La llegada del nuevo milenio no ha tratado bien a The Smashing Pumpkins. Durante los noventas, el cuarteto fue una de las bandas líderes del rock alternativo estadounidense, incorporando elementos shoegaze, psicodélicos, y hasta góticos que le dieron un sello característico en sus clásicos Gish, Siamese Dream, Mellon Collie y Adore, este último con una carga electrónica que en su momento causó controversia pero que se vio revalorizada con el paso del tiempo. Ya para este último disco las tensiones dentro de la banda, una constante durante los años dorados del grupo, llegaron a su punto más alto, y a pocos meses de la salida del decepcionante Machina (2000), el cantante, guitarrista y líder Billy Corgan anunció que The Smashing pumpkins se separarían a fines de ese mismo año, dando su último show el 2 de diciembre.
Las cosas podrían haber terminado ahí, pero tras formar el efímero supergrupo Zwan en 2001, declarar que The Smashing Pumpkins nunca volverían, lanzar su debut Mary Star of the Sea en enero de 2003, anunciar la separación de Zwan en septiembre de 2003 argumentando “conflictos entre los miembros” y dar comienzo a su carrera solista, Corgan dio a conocer la vuelta de The Smashing Pumpkins en 2005, aunque sólo con Corgan y el baterista Jimmy Chamberlin como representantes de la formación original, mientras que el guitarrista James Iha (a quien Corgan había acusado de haber sido el causante de la separación) y la bajista D’Arcy Wretzky (a quien Corgan había tratado de “drogadicta malintencionada”) no quisieron formar parte de la vuelta.
Juntos grabarían Zeitgeist (2007), álbum que sería recibido de manera tibia y que inauguraría esta nueva etapa de los Pumpkins, marcada por una seguidilla de álbumes que en ningún caso lograron llegar ni cerca del nivel de sus lanzamientos de los noventas. Claro que una banda teniendo problemas para que dejen de comparar sus discos nuevos con sus discos viejos está muy lejos de ser algo nuevo, pero en el caso de los Smashing Pumpkins esto se vio acompañado con que, luego de la salida de Chamberlin en 2009, rápidamente la banda se volviera un proyecto solista de Corgan: aunque ya en la etapa “clásica” el músico compusiera 99% de las canciones en solitario, nunca antes la banda se había sentido menos como una banda, algo que no se revirtió siquiera con la vuelta de Chamberlin e Iha y la salida de Shiny and Oh So Bright en 2018.
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Considerando que entre 2020 y 2023 la discografía de Smashing Pumpkins había llegado a su punto más bajo, primero con la salida del synthpopero y obscenamente largo Cyr y más tarde con el obscenamente largo y aburrido disco triple ATUM, el anuncio de que el grupo se encontraba en el estudio grabando un nuevo trabajo era un tanto preocupante, y más todavía cuando se anunció este nuevo álbum apenas dos semanas antes de que saliera y el nombre Aghori Mhori Mei, siguiendo la seguidilla de títulos raros y/o difíciles de pronunciar (“ágori morí mey”, para los que quieran saber la pronunciación) característicos del grupo, hacía que preocuparse fuera casi una inevitabilidad. Pero con el disco ya disponible, sólo quedaba escucharlo y ver si hacíamos bien en desconfiar.
Teniendo un largo historial detrás creo que es mejor tomar todo lo que dice Billy Corgan con unas enormes pinzas, siendo que el líder de Smashing Pumpkins tiene la costumbre de contradecirse en tiempo récord, pero ahora puedo decir que cuando describió a Aghori Mhori Mei como “un disco de guitarras rockeras” el músico no mentía. El inicio con “Edin”, marca las intenciones más rifferas y directas del álbum, con una introducción tranquila que da paso a unas guitarras gruesas y que compone un muy buen inicio para la placa, incluso siendo la canción más larga del disco. Buenos arreglos de batería por parte de Chamberlin en el puente.
“Pentagrams” es otra canción larga, densa y melancólica, que mantiene las guitarras gruesas y las influencias progresivas de la primera canción, un elemento que se puede decir que siempre ha sido parte de una manera u otra del material clásico de Smashing Pumpkins y sobre todo de los últimos discos, aunque acá con un elemento rockero (léase, las guitarras) mucho más presente.
Tras estas dos canciones tenemos a “Sighommi”, track mucho más directo y accesible, con coros delicados mezclados con unas guitarras que recuerdan a los momentos más rockeros de su material de los noventas. Por otro lado, “Pentecost” es un cambio importante de ritmo, ya que es una balada con teclados y pianos, aunque su corta duración me hace sentir que hay cosas sin desarrollar tanto como se podría.
La canción “Who Goes There” viene con teclados prominentes y un estribillo melódico que me imagino que 20 años atrás podría haber sido furor en la radio alternativa, y es seguida por “999”, una canción lenta pero con unos riffs entrecortados como para hacer headbanging en medio de la oscuridad, como algo que podría haber grabado Deftones por momentos.
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En el final tenemos dos de las canciones más diferentes de Aghori Mhori Mei. La primera es “Sicarus”, la más metalera del disco tanto en riffs como en estilo general: traten de escuchar el riff del inicio sin ningún contexto y traten de decirme que no suena como algo que podría haber grabado Megadeth en su etapa más rockera de los noventas. Y la otra es “Murnau”, otra balada que contrasta fuertemente con casi todos los tracks anteriores por sus sonidos orquestados, alejándose incluso más del rock que “Pentecost”, que al menos tenía unas guitarras eléctricas al final.
Con 44 minutos y monedas, Aghori Mhori Mei es el álbum más corto desde Shiny and Oh So Bright, que originalmente se había pensado como dos EPs, y Monuments to an Elegy, que se había pensado como parte del proyecto de 44 canciones Teargarden by Kaleidyscope que Corgan terminó cancelando. Smashing Pumpkins siempre han tirado más para los discos largos, algo típico de los noventas, pero en este caso la duración más limitada permite que el material no termine arrastrándose ni aburriendo, manteniendo un buen ritmo.
Claro que Aghori Mhori Mei no es un trabajo perfecto. Aparte de un par de ideas que podrían haberse desarrollado más, uno de los puntos más débiles del disco está en una de las características principales de Smashing Pumpkins: Billy Corgan detrás del micrófono. El fuerte técnico del también dueño de la National Wrestling Alliance siempre ha sido la guitarra, mientras que su voz nasal y hasta casi diría chillona me hace pensar en él como una versión rockera alternativa de Geddy Lee y, de la misma manera que el cantante de Rush, Corgan ha logrado trabajar alrededor de ella y convertirla en un sello propio, al punto de que es imposible imaginarse a la banda con cualquier otra voz.
Pero está claro que es un gusto adquirido, y uno con el que hay que lidiar al momento de trabajar tanto en la composición como en el estudio: que se note que está allí, pero que la música no te haga pensar en la manera en la que Corgan suena. En Aghori Mhori Mei Corgan suena por momentos demasiado al frente en la mezcla y eso no le hace ningún favor, sobre todo durante esas baladas que claramente requerirían un cantante completamente diferente.
Más allá de eso, estoy seguro al decir que Aghori Mhori Mei es el mejor trabajo de Smashing Pumpkins durante esta segunda etapa, mucho más conciso, directo y entretenido en su material que los otros experimentos raros en los que se han metido Corgan y compañía, sumado a la mejor producción que han tenido en bastante tiempo. ¿Puede que este disco augure buenas cosas para el futuro material del por ahora power trío? La verdad es que no quiero decir nada porque el seno de la banda es volátil y nunca se sabe qué puede llegar a pasar mañana, pero me sorprendió de manera positiva y eso es siempre un alivio.





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