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Scald – Ancient Doom Metal (2024)
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Allá por 2021 tuve la oportunidad de escribir una retrospectiva acerca de Will of Gods Is A Great Power, una joya oculta del doom metal épico editada en 1997 por Scald, banda rusa que tenía todo para hacerle frente a muchas de las agrupaciones más importantes de Occidente y a la que la tragedia de la muerte joven de su cantante Maxim “Agyl” Andrianov había llevado a su fin. La magia de la Internet ayudó a desenterrar este álbum y mostrárselo a un público de una magnitud que ni de cerca hubiera tenido en su momento, dando lugar a varias reediciones y a que en 2019 Scald decidiera reunirse, con el puesto de Agyl siendo ocupado por Felipe Plaza Kutzbach, cantante chileno que se ha convertido en una figura casi omnipresente en el mundo del doom con su trabajo junto a Procession y Capilla Ardiente.

Para saber sobre la historia de Scald hasta el 2021 ya tienen ese artículo que escribí (creo que envejeció bastante bien), así que ubiquémonos en el 2024. Luego de la salida del EP There Flies Our Wail!, que trajo la primera canción nueva de Scald en más de 20 años, las expectativas acerca de la salida de un LP estaban bastante altas, con la banda confirmando que se encontraba trabajando en un nuevo disco. El proceso se extendió durante un largo tiempo, pero en mayo de este año Scald por fin confirmó la fecha de salida de Ancient Doom Metal para el 26 de julio a través del sello alemán High Roller Records.

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Ancient Doom Metal plantea sus intenciones ya desde su título, diría que al mismo nivel de grandilocuencia del legendario Epicus Doomicus Metallicus de los suecos Candlemass, una de las mayores inspiraciones detrás de la música de Scald. Bautizar un álbum no sólo como representando todo un género musical sino como el punto de arranque de todo un estilo aparte es algo que se debe justificar con hechos en las canciones, no vaya ser que uno quede como un ridículo. ¿Logran estar a la altura de las circunstancias?

El álbum arranca con la canción título “Ancient Doom Metal”, con una introducción de teclados y sonidos ambientales que al poco tiempo da paso a los riffs gruesos y ritmos lentos pero poderosos característicos de Scald. Desde acá se plantea que el regreso de estos rusos sigue de cerca el estilo planteado en su lejano primer álbum, una maniobra que va a lo seguro y tiene todo el sentido del mundo: no creo que alguien le estuviera pidiendo a Scald que hicieran algún cambio radical en su sonido, y equipo que gana no se toca. No, Ancient Doom Metal está hecho como una segunda parte directa de aquel debut, manteniendo las guitarras con riffs melódicos de corte épico, los ritmos lentos, ese bajo pesado y las voces elevándose entre la música.

Ya que hablamos de las voces, está claro que la presencia de FPK iba a ser la mayor diferencia entre ambos discos. La voz del chileno es bastante diferente a la de Agyl, pero el no querer hacer una imitación del estilo del primer cantante es una gran decisión, permitiéndole hacer lo suyo dentro de sus propios límites. El nuevo cantante hace una muy buena tarea a lo largo de todo el álbum con su estilo recitativo, de vez en cuando sacándose de la manga unos agudos de heavy clásico como en “Young God Resurrected” y al final de “The Enemy Among Us”, o siendo acompañado por un coro de corte guerrero como en “ALU (My Protection)”. No es técnicamente perfecto, pero creo que combina perfectamente dentro de las canciones.

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Como cabría esperarse, las grandes estrellas de Ancient Doom Metal son el dúo de guitarras de Karry y Harald, no sólo con sus riffs dobles sino también los solos, con cierta influencia de melodías folk aportando a la atmósfera ancestral del álbum, de barcos vikingos cruzando mares embravecidos para enfrentarse a guerreros de tribus enemigas y conquistar sus tierras, sintiendo el favor de los dioses de su lado a cada momento. Tampoco hay que pasar por alto la tarea de Velingor en el bajo y Ottar en la batería: muchos pensarán que tocar la batería en canciones de doom metal no será tan demandante, pero la velocidad reducida hace que los errores se noten más, y la base instrumental aportada por ambos es fundamental durante las canciones.

La producción del álbum también está aprobada: al principio no estaba muy seguro con respecto al sonido de la batería o del bajo, pero después de escuchas sucesivas me di cuenta de que ya no estaba pensando en eso y que sólo era yo siendo un tanto quisquilloso. El debut tenía un sonido que se notaba un tanto amateur pero que funcionaba, y este Ancient Doom Metal suena como una versión pulida y más profesional, manteniendo algo de suciedad pero dejando que todos los elementos se noten.

¿Scald logra estar a la altura de las expectativas en su regreso? Desde ya que Ancient Doom Metal suena tal cual uno se esperaría un disco del quinteto a 27 años de su debut, manteniendo el espíritu pero sin sonar como un copiado y pegado. Así que Scald cumple con su cometido y lanza uno de los regresos del año, y hasta diría que uno de los mejores álbumes de heavy metal del 2024.

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Deep Purple – =1 (2024)
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Hablar acerca de =1, vigésimo segundo álbum de Deep Purple, es una tarea un tanto complicada. No por la calidad del trabajo en sí, de la que hablaremos en un momento, sino porque tratar de decir algo nuevo acerca del quinteto púrpura es difícil, como ocurre casi siempre con cualquier conjunto de músicos que acumula décadas de carrera, una montaña de lanzamientos y llega a un punto en su historia donde parece haber encontrado su zona de confort. Pero hoy haremos honor al estatus de Deep Purple como una leyenda del hard rock, y hablaremos de todo lo que podamos de esta nueva instancia en su obra.

Incluso antes de siquiera ponernos a escucharlo, está claro que =1 marca un cambio en la formación de la banda que seguramente en cualquier otro grupo sería mucho más importante, siendo que en 2022 el guitarrista Steve Morse anunció su salida de la banda. Habiendo operado las seis cuerdas durante nada menos que 28 años consecutivos, el estadounidense fue el guitarrista más longevo en la historia de Deep Purple, y su salida se debió a que no podía mantener sus compromisos con la banda al mismo tiempo que cuidaba de su esposa Janine, quien se encuentra con un tratamiento contra el cáncer. En su lugar el quinteto sumó a Simon McBride, un guitarrista norirlandés que es de esos trabajadores de la música con una larga trayectoria pero que no suelen ser muy conocidos por fuera de los círculos de conocedores del rock.

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Antes de la salida del álbum pudimos escuchar tres singles adelanto. El primero de ellos fue “Portable Door”, un track que arranca con todo con un riff de guitarra liderando la introducción, una buena cabalgata de bajo de parte de Roger Glover y esas líneas de teclado clásicas bien al frente, mientras que Ian Gillan se lo nota más que bien para un hombre de 78 años, aunque se lo escucha un tanto alto en la mezcla. McBride justifica su posición con un gran trabajo en los solos junto a Don Airey haciendo lo propio en las teclas. 

El segundo single fue “Pictures of You”, que aclaro que no es un cover de The Cure antes que asuman cosas. Una canción más lenta y melódica, con un estribillo marcado por un par de machaques guitarreros y versos con líneas de guitarra juguetonas. Más solos y una parte final con una sección de tintes casi ambientales que me hubiera gustado que se extendiera más como si fuera un puente. Un escalón por debajo del primer single pero decente de cualquier manera.

El tercer y último single fue “Lazy Sod”, una canción que inmediatamente recuerda a los trabajos de los setentas de la banda y no sólo porque el título recuerde al clásico “Lazy” de Machine Head: un riff como para mover la pata, líneas de teclado complementándolo y un solo de teclas con resabios progresivos. No hay mucho más que decir, pero creo que este es mi favorito de los tres adelantos, el más redondo y que mejor se sostiene en escuchas repetidas.

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Ya entrando al álbum, queda claro lo que decía antes sobre la zona de confort que encontró Deep Purple, porque todas las canciones remiten al sonido púrpura y nada más. Esto no es una falta por parte de la banda: es su sonido, es el que vienen desarrollando desde hace más de 50 años y es uno que es sinónimo de ellos. Hard rock a veces directo como en “A Bit on the Side” o en “No Money To Burn”, a veces más reposado y blusero como en “If I Were You” o en “I’ll Catch You”, donde creo que mejor funciona la voz de Gillan, usando su registro más bajo. Para los fans de los momentos más pesados queda la final “Bleeding Obvious”, con sus machaques mezclados con las acústicas en el estribillo.

Todo esto ya es conocido dentro de la fórmula de Deep Purple, pero creo que estos elementos familiares funcionan muy bien: ese sonido de teclado nunca envejece, y Deep Purple siempre logran encontrar guitarristas espectaculares. Creo que el problema está en que por momentos corren de tornarse un tanto repetitivos, y con 52 minutos =1 puede ser un toque largo para tener tan pocas variantes en el estilo. Siguiendo con los puntos negativos, un problema que se puede escuchar a lo largo de todo el disco es el sonido de la batería, por momentos sonando demasiado a “lata” y un poco desconectado del resto de la banda.

Dicho todo eso, =1 inclina la balanza para el lado positivo, aunque esté lejos de ser de los trabajos más destacados en la discografía de Deep Purple. Es un ejemplo clásico de un lanzamiento tardío en la carrera de una banda de rock clásico, de esos que claramente están dirigidos a quienes ya son fans de su sonido. Pero a pesar de ser un tanto complaciente y poco dado a intentar algo nuevo, este disco muestra a Deep Purple todavía con la capacidad de crear muy buenas canciones y presentarlas de manera óptima, aunque sea para pasar el rato.

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Liturgy – Immortal Life II EP (2024)
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Recorrer la discografía de Liturgy es todo un desafío: una exploración estética, ética, epistemológica, psicológica y espiritual. Esta afirmación podría sonar pretenciosa pero, justamente, el proyecto liderado por Hunter Ravenna Hunt-Hendrix, mujer trans oriunda de Brooklyn, tiene las ambiciones de una gran empresa intelectual. Tal como es el vicio de la intelectualidad –a la que conozco bien, y más si proviene de sexualidades disidentes- siempre se empieza por grandes declaraciones de principios: hay una necesidad de exponer y fundamentar las bases de cada acción, incluso sin esperar a que el sonido de la obra musical, en este caso, se cristalice en la memoria auditiva de la gente. Así, ya en los comienzos de la carrera de Liturgy contamos con un tratado explicativo de la naturaleza del “trascendental black metal” con su burst beat (en vez del blast beat) palpitante, inconstante, expresivo, orgánico, al igual que el trémolo, y la voz que parece comunicar un mensaje originado desde un núcleo donde se intersectan la ira por la opresión patriarcal y capitalista, con el éxtasis místico y el orgasmo antifalogocéntrico, en el marco de un cristianismo deconstruido.

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Tras el monumental disco doble “93696” (2023), una obra impresionante, Liturgy lanza este EP titulado “Immortal Life II” ya que se propone revisitar el comienzo del proyecto con el EP “Immortal Life” de 2008. Daría la impresión de que tuvieron la necesidad de reconectarse con los aspectos más elementales que la banda encarna, luego de exponer sus capacidades más grandilocuentes y épicas. En esa “prehistoria”, las raíces del noise rock, shoegaze y punk eran notables, antes de profundizar hasta el alma, no solo en el black metal, sino también en la música contemporánea “culta”, con una actitud totalmente vanguardista.

El primer track, “Immortal Life” inmediatamente nos expone a esa rítmica aceleradamente voluptuosa, esas hipnóticas líneas de guitarra y esos alaridos de goce desgarrador. “Life After Life” sigue el mismo camino, hay algo de ascética disciplina en la monotonía que, más allá del ejercicio de la espiritualidad, evoca pasajes que remiten a las primarias influencias estilísticas ya mencionadas. En “Everquest I” nos encontramos con un cambio, un espacio de calma que se abre para ampliar la sensibilidad y lleva directamente a “Everquest II”, con una melodía sobresaliente, y esa textural belleza armónica tan llena de melancolía y tan propia del post-rock. Así llega “No More Sorry”, un excelente cover de My Bloody Valentine. El final lo marca “Vessel of Everthirst”, gran título –debo decir- que representa muy bien algunas de las conceptualizaciones que tratan de dar cuenta del proceso que es Liturgy: una metafísica de la transexualidad, una oda a la transubstanciación. Si el vino puede convertirse en la sangre de Cristo, y el pan en su carne, pues los cuerpos pueden intervenirse, los géneros fluir y el black metal nutrirse de una religiosidad revolucionaria.

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Paul Di’Anno’s Warhorse – Paul Di’Anno’s Warhorse (2024)
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Desde su salida de Iron Maiden allá por 1981, Paul Di’Anno la ha tenido bastante complicada. Acá no hablamos sólo de lo que concierne a su carrera solista, sino también a su vida personal: negocios fallidos, su lucha contra el alcoholismo, una condena a prisión en 2011 por un fraude de beneficios gubernamentales relacionado con una lesión en la espalda que resultó que no tenía y, algo irónico considerando esto último, una lesión en la pierna que lo ha venido a maltraer desde hace varios años, obligándolo a trasladarse en silla de ruedas y a realizar una colecta de fondos para poder tratarla, donde sus ex compañeros de Iron Maiden aportaron el dinero que hacía falta.

La mención de sus problemas de salud no viene a cuento a esta reseña sólo para aportar color, sino también porque en ellos está la génesis de su nuevo esfuerzo como solista. Luego de mudarse a Croacia en 2021 para poder llevar a cabo su tratamiento, el cantante se encontró con Hrvoje “Flegma” Madiraca y Ante “Pupi” Pupačić, guitarristas de la banda de thrash metal Rapid Strike, con los que formó Warhorse. Tras un par de singles y un EP adelanto, el 19/7 ya pudimos tener en nuestras manos el debut homónimo de este nuevo proyecto del oriundo de Londres.

Ahora, tengo que mencionar que, en mi opinión, las complicaciones de la vida personal de Di’Anno se ven claramente reflejadas en su obra, no tanto desde la personalidad de las canciones sino en la calidad general de sus lanzamientos. Creo que hay material muy interesante en lo hecho junto a Killers, Battlezone e incluso con los efímeros Architects of Chaoz, pero la carrera solista de Di’Anno no tiene el nivel de lo hecho por Bruce Dickinson o Blaze Bayley por fuera de Maiden. 

Esto no quiere decir que Di’Anno no aporte nada con su estilo: el toque punk / hard rock de su voz fue un aspecto distintivo de aquellos dos primeros discos de Iron Maiden y él ha mostrado su valía como compositor. Sin embargo, a lo largo de toda su obra solista se lo puede escuchar probando la mano con muchos estilos diferentes sin encontrar uno donde parezca estar cómodo, algo que se siente menos como un experimento y más como un artista sin un norte en su brújula. Con esto en mente, siempre es bueno acercarse a cada nuevo lanzamiento solista de Di’Anno con precaución y sin hacerse la cabeza, de la misma manera que uno no debería esperar un platillo gourmet yendo a un puesto callejero, sin querer ofender a estos últimos. 

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Así que apretamos “play” y escuchamos el sonido de un caballo cabalgando que da comienzo a “Warhorse”, primera canción del álbum. Suena el primero de varios chillidos de guitarra, relinchos y unos riffs fuertes le dan paso a Di’Anno, que pone al frente su voz aguardentosa para esta descripción de imágenes entre bélicas y fantasiosas puesta a ritmo de metal. Es cliché y los riffs parecen copiados y pegados del manual del metal clásico, pero realmente funciona: Paul tiene de esas voces que están hechas para cantar metal así bien cuadrado en cuanto a riffs y estructuras, y este tema título es puro headbanging y choque de jarras de cerveza, y el hecho de que se lo escuche en buena forma obviamente ayuda.

“Get Get Ready” es otro track que podría describirse de la misma manera: por momentos suena como que debe haberse dado alguna pelea por ver si ésta o “Warhorse” eran la canción que abría el álbum, siendo que las dos parecen perfectas para esa tarea. “The Doubt Within” es una canción hecha para tener al público acompañando con puños extendidos, mientras que “Forever Bound” es lo más cercano a una balada, comenzando con unas guitarras acústicas delicadas y poco a poco agarrando velocidad hasta volverse una cabalgata metálica y cerrar con otro momento delicado.

El álbum incluye dos covers un tanto particulares. El primero es “Tequila” del grupo de rock’n’roll de los cincuentas The Champs que, más allá de ser casi un instrumental si no tenemos en cuenta los gritos de “¡Tequila!” de Di’Anno (¿Un chiste con respecto a su historial de problemas con la bebida?), funciona bastante bien. El otro es “Precious” de Depeche Mode: ya tendría puntos por no hacer el cover más obvio de los synthpoperos, pero además funciona con su oscuridad y dándole a Di’Anno la oportunidad de mostrar un aspecto más reposado de su voz, dando lugar a uno de los mejores momentos de la placa. ¿Le saldría a Di’Anno hacer un disco de tintes depechemodianos?

Encargados ambos de la composición, Madiraca y Pupačić no serán muy experimentales o ultra creativos pero claramente entendieron la onda de Paul Di’Anno a la perfección: riffs metaleros pero sin miedo a meter licks rockanroleros, para que suenen en un bar escuchando con amigos y armando pogos entre las mesas, con letras directas y muchos momentos para acompañar a coro. No sé si es material como para entrar en “lo mejor del año”, pero para un lanzamiento de Paul Di’Anno en 2024 Warhorse superó ampliamente las expectativas que tenía.

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Ulcerate – Cutting The Throat of God (2024)
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A cada ser que habita este plano de existencia le digo: he aquí una obra maestra. Su título, que suena violentamente nietzscheano, es absolutamente digno de su grandilocuencia creativa. Puede que todavía haya quienes no conozcan a esta banda, por eso voy a presentarla, antes de adentrarnos en los detalles de la obra sublime que han compuesto.

El proyecto surgió en Nueva Zelanda, allá por el año 2000, y no tardó demasiado en consolidarse como una expresión del movimiento más vanguardista dentro del death metal, con un estilo de gran calidad técnica, alejado de la mera intención de exhibir virtuosismo, concentrado en la elaboración de una música tan brutal como melódica, tan compleja como evocativa, con una trama estertórea de armonías atrevidas, disonancias sentimentales, cambios de compás y diversas sutilezas que se manifiestan hasta en los lapsos de más conmovedora intensidad. Para quienes necesiten algunos puntos de referencia, podríamos mencionar a Gorguts, Immolation, Cryptopsy y Deathspell Omega.

El trío de Paul Kelland (voz y bajo), Michael Hoggard (guitarra) y Jamie Saint Merat (batería), suena con un poder que parece multiplicarlos sónicamente. Ya con “Shrines of Paralysis” (2016) y “Stare into Death and Be Still” (2020) se habían consolidado como una fuerza impactante dentro de la escena del metal extremo internacional. Ahora, este nuevo trabajo cosechó el clamor tanto de la crítica como del público desde el momento mismo de su salida. La banda volvió a asociarse con Dehn Sora para realizar los videos de cada single que lanzaron.

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Decía que el nombre de este disco tiene algo de nietzscheano, por la idea de la muerte de Dios pero, además, creo que el arte de Ulcerate experimenta con esa dinámica entre lo dionisíaco y lo apolíneo que el filósofo alemán analiza en El Origen de la Tragedia. Lo dionisíaco es lo pasional, lo desbordante de potencia visceral, el éxtasis de los sentidos, el goce voluptuoso más allá de la moral. Lo apolíneo, por otro lado, representa lo equilibrado, lo racional, el cuidado en cultivar la justa belleza de las formas. Precisamente, nos hallamos ante una música trágica con todas las connotaciones posibles que eso puede tener. Resulta increíble el talento de esta banda para producir algo siempre en el límite exacto entre el poder del caos y orden del lenguaje musical.

El viaje introspectivo comienza apaciblemente con “To Flow Through Ashen Hearts”, y pronto nuestra médula espinal empieza a sentir la corriente eléctrica que generan esas notas afiladas de la guitarra y esa base rítmica de reiterados cambios orgásmicos. La voz gutural es de una profundidad insondable. Un aspecto clave en la composición que Ulcerate lleva a cabo es la construcción de un motivo, una unidad mínima con sentido expresivo, que van utilizando y mutando a lo largo de las extensas canciones (todas duran más de siete minutos). De esta manera, cuando nos impresionan esas tres o cuatro notas, por ejemplo, que casi nos hacen llorar, sabemos que van a repetirse una y otra vez, cambiando su intención, en otros contextos, con otros efectos, integrando variantes armónicas, pero siempre efectivas. “The Dawn Is Hollow” sigue con mucha energía, aunque ya somos conscientes de que sobrevendrán lapsos más calmos o atmosféricos, como suele decirse en la jerga del análisis de la música rock. Ulcerate degolla a Dios y llora esbozando una sonrisa. La maestría con que es ejecutada la batería es digna de un verdugo piadoso. “Further Opening the Wounds” va incursionando con más bravura en este miasma emocional flotando en un agujero negro que nos transporta hacia la incertidumbre. Hay gran placer en cada aceleración, cada deliberado “desfasaje”, cada arreglo percusivo, cada arpegio deforme. Dios se desangra en las manos de Ulcerate. Es como una trampa de encajes móviles a tal velocidad que la rigidez simula un flujo.

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“Transfiguration In and Out of Worlds” brinda otro tramo de espasmos menos frenéticos, y un motivo (con el significado anteriormente mencionado) que es uno de los más pregnantes de todo el disco. El artificio de los platillos merece ser legendario. Si hoy me preguntan cuál es la mejor banda de death metal en la actualidad, exclamo Ulcerate sin dudarlo. Lo que hacen es genialidad pura. “To See Death Just Once” me hace pensar que la decisión de detenerme en cada track de este álbum no le hace justicia, pues conforme avanzo se me van terminando las palabras, y usar un diccionario sería engañarme a mí mismo. Tengo que decir que es brillante algo que busca ser tremendamente oscuro. Quizás estoy viviendo algo de una dimensión con cualidades de ese ficticio inconsciente freudiano donde no existe la contradicción lógica y se generan las pesadillas. La maldad hace llorar de la alegría.

Hay pasajes que son de una delicadeza propia del jazz, caricias en una larga agonía que alterna estupor y convulsiones. “Undying as an Apparition” tiene la duración más extensa del disco. Aquí se me ocurre destacar el rasgo progresivo de la música de Ulcerate, pero podría haberlo hecho antes. Ya no sé a qué propósito sirve la linealidad que persigo para ponerle palabras a lo indescriptible. ¿Disco del año? Esa es una minucia para las redes sociales. El álbum cierra con una alucinante canción homónima. No conozco otra banda que logre nada semejante. Es como la habilidad de Miguel Ángel para esculpir el mármol: a martillazos se da lugar a las curvas más sensuales, las de un glúteo, las del espacio-tiempo.

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Horcas – El Diablo (2024)
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Luego de seis años sin nuevo material, llega a nuestras manos un nuevo álbum de Horcas editado a través del sello PopArt Discos.

La banda liderada por el Topo Yañez y Walter Meza, sumó a las filas del Horcas 2.0 a Lucas Bravo en guitarra y a Cristian Romero en la batería, dos ex Morthifera, quienes junto a Sebastián Coria lanzaron “El Diablo“, el onceavo álbum de estudio de una de las bandas pilares del metal pesado nacional.

Partiendo de la premisa de que soy un gran admirador y seguidor de la banda, este nuevo lanzamiento lo esperaba como si fuese pan caliente un domingo a las 7 am en la puerta de la panadería de mi barrio.  

Actualmente podemos encasillar a la creación de Osvaldo Civile (QEPD) como una banda de heavy metal con tintes de thrash y groove, poco a poco van quedando atrás esos discos a puro machaque y doble bombo que supieron brindarnos en anteriores entregas.

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Según se pudo conocer, el álbum fue compuesto en dos fases, la primera en tiempos de pandemia y la segunda, con el ingreso de Cristian y Lucas; Dado que eran la bocanada de aire fresco que ingresa a  la banda, se esperaba que ellos fueran el punto culminante del disco debido a su estilo innovador y energía juvenil, cosa que no terminó de cerrar bien en cada uno de los 9 temas que componen el larga duración, sacando claro está, el último track instrumental.

No hace falta aclarar que la voz de Walter es reconocida tanto en el plano nacional e internacional, con esa soltura que el frontman sabe manejar tanto arriba del escenario, como así también en las interpretaciones que contiene este nuevo lanzamiento, ya sea en las canciones más rápidas como en las power ballads, estas últimas de mayor participación en discos como “Gritando Verdades” (2018) y en “Por tu honor” (2013).

He escuchado y leído comentarios tanto de fans como de periodistas calificados, donde indicaron que este nuevo trabajo es “el mejor disco de Horcas de la historia” woow, no será mucho? entiendo el fanatismo (repito, soy un gran seguidor de la banda), pero me parece que este nuevo lanzamiento es lineal, un disco con texturas genéricas que ya hemos escuchado hace años, a  lo sumo se le pueden rescatar un par de temas que quedarán en el inconsciente colectivo e ingresarán al setlist en vivo, el primer sencillo “Ciego para ver” y “Padre nuestro“.

Ciertas letras, sobre todo en las baladas, parecen escritas por inteligencia artificial, el disco arranca fuerte y al medio con “Ciego para ver“, tema que resalta en el global pero la estructura general va desinflándose y quedando en el olvido, por lo menos para mi.

Buena producción? Claro que sí, hay buenos fills de batería, estribillos coreables, riffs de buen gusto en ciertas canciones pero no mucho más.

Personalmente encuentro en esta etapa de la agrupación un estancamiento tanto en lo sonoro como en lo compositivo.

Obviamente que no se les pide que inventen otra “Destrucción” pero estos temas carecen de ese toque que supieron tener hace más de 10 años.

En definitiva, a mi humilde opinión, el nuevo trabajo de Horcas no supera la media, se lo oye básico, un disco que está falto de ideas, si bien en vivo la banda te rompe la cabeza en cada presentación, para el oyente “no termo” como el que aplaude como foca y no es crítico, este disco pasará sin pena ni gloria.

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Julie Christmas – Ridiculous and Full of Blood (2024)
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Debo admitir que no sabía de la existencia de esta artista antes de su disco en colaboración con Cult of Luna, titulado “Mariner” (2019). En ese momento, si bien ese trabajo me sorprendió, no pensé que fuera la semilla de algo que fuera a prosperar, solo se me ocurrió compararlo con el álbum de Neurosis con Jarboe (2003) y el de Converge con Chelsea Wolfe (2021). Sin embargo, ahora que sale “Ridiculous and Full of Blood”, editado a través del sello creado por Johannes Persson, líder de Cult of Luna, entiendo que se formó una conexión trascendente, más aún si consideramos que dicho guitarrista y cantante también forma parte de la banda de Julie.

Cuando salió “Mariner” tuve que investigar acerca de esta misteriosa mujer, y descubrí que provenía de un grupo de Brooklyn llamado Made Out of Babies, que no duró mucho tiempo, pero su post-metal con toques de post-rock les valió ser editados por Neurot Recordings, el sello de los legendarios Neurosis. También integró otro fugaz proyecto en una veta similar, Battle of Mice, nuevamente lanzado por el mismo sello. En una tercera aventura, Spylacopa, la encontramos cooperando con Greg Puciato de The Dillinger Escape Plan y Jeff Caxide de Isis, siempre en territorios bastante vanguardistas.

Su primer disco solista fue “The Bad Wife” (2010) y ahora nos ofrece esta segunda entrega que la consolida como una figura con peso específico en el panorama de la música pesada con tendencias experimentales. Su estilo es muy personal, con un registro vocal particularmente agudo, de efímeros destellos casi infantiles, que la hacen sonar como una mezcla entre Björk y Cyndi Lauper, enfatizando los rasgos que hacen lucir a estas estrellas como íconos con cierta “inestabilidad emocional” y creo que a eso apunta Julie. La portada del disco es un retrato de ella sonriendo con el rostro cubierto de sangre, reminiscente de la escena de Marilyn Burns escapando en la camioneta en “The Texas Chainsaw Massacre” (1974).

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“Not Enough” es un comienzo de un lento y estridente in crescendo, donde ya volvemos a encontrarnos con ese histrionismo tan propio, y esa predilección por oscilar entre los gritos punzantes o corrosivos, y el canto más dulce. “Supernatural” es, en mi opinión, la mejor canción del álbum, junto con “End of the World”. Tiene un estribillo que perfora el cerebro y allí se aloja todo el tiempo que quiera. A los earworms no les afecta la voluntad humana. Las líneas de guitarra de Persson son maravillosas, tal como en Cult of Luna. “The Ash” tiene un principio a pura disonancia, cacofonía y acoples. El ritmo baja notablemente, todo es muy pesado, una muestra del sludge más atrevido. La mezcla es magistral, dejando que cada instrumento suene impactante y Julie pueda expresarse agresivamente cuando lo desea. Hablando de locura, los coros que irrumpen le dan a todo un halo bastante bizarro y las letras ayudan a profundizar esa impresión.

“Thin Skin” es tan simple y directa como aplastante, con un estilo que recuerda al metal alternativo de los 90’s. Una explosión que libera cantidades atroces de energía. Y llega la ya mencionada “End of the World”, en la que Persson no solamente toca la guitarra, sino que también participa con su poderosa voz. Es una de las canciones más extensas del disco y, como ya dije, uno de los puntos más altos en cuanto a la calidad compositiva. No sé qué rol tuvo Persson en la creación de la música de Julie, pero su toque singular, que es la marca registrada de Cult of Luna, se hace notar en muchos tramos de este álbum. Nos hallamos ante otro estribillo hermoso, aunque en esta ocasión, mucho más melancólico.

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En “Silver Dollars”  el bajo suena imponente, en los cimientos de una estructura construida con actitud noise rock. “Kids” es donde Julie más se parece a Björk, en un track que tiene ecos de “Hyperballad”. Luego, “The Lighthouse”, plagada de misterio, vuelve a darle protagonismo al bajo, y también al sintetizador, con guitarras sutiles y etéreas hasta que arremeten los estallidos. Aquí vale la pena aclarar que, más allá de su despliegue vocal en “End of the World”, Persson colabora en los coros de varias canciones.

“Blast” refuerza el aspecto delirante del disco, con ese ímpetu de asesino serial traumado en la infancia, y llega el final con “Seven Days”, un giro completo en comparación con el track anterior, que amablemente nos introduce en una atmósfera angustiante. Creo que “Ridiculous and Full of Blood” es un trabajo excelente, para escuchar con mucha atención y sin prejuicios. Suban el volumen y déjense llevar.

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Alburnum – The Withered Roots Of Reality (2024)
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The Withered Roots Of Reality de la banda Alburnum, proveniente de los Países Bajos, es una obra maestra que fusiona el black metal atmosférico con el folk metal de una manera que pocos pueden lograr. Lanzado de manera independiente, este disco de seis pistas transporta al oyente a un viaje sonoro que explora la naturaleza, la muerte y la espiritualidad con una profundidad que solo este género puede ofrecer.

Desde el primer track, “The Hermit Has Passed Into Another Life”, Alburnum establece un tono sombrío y reflexivo. La canción comienza con suaves melodías de guitarra acústica que lentamente se transforman en un muro de sonido impulsado por intensos riffs y voces desgarradoras. La habilidad de la banda para mezclar elementos acústicos, con una voz desgarradora y poderosa, con unos coros épicos, te tendrán atrapado los 7:21 minutos que dura la canción creando una atmósfera que es tanto melancólica como épica.

La tendencia sigue pero añaden capas adicionales de complejidad y emoción, primero con “The Wheel Spins Once More”, bien melódica, con arreglos de cuerdas y flautas, aportando un toque folclórico y con un participación mayor de la voz principal. Con “The Withered Roots Of Reality”, la canción que da nombre al álbum, cambia el panorama y pasamos a una canción bastante diferente a las anteriores, con su black metal rápido, crudo pero con una guitarra melódica haciendo un riff que se destaca junto a unos coros épicos de fondo.

“On The Bones Of Pilgrims” es quizás el punto culminante del álbum, con su épica narrativa y su construcción musical que lleva al oyente desde pasajes tranquilos y contemplativos hasta explosiones de pura energía black metal. Las transiciones fluidas entre estos momentos demuestran la maestría compositiva de Alburnum y su habilidad para mantener al oyente enganchado de principio a fin.

El quinto track, “Spring Flowers Bloom In My Hollow Skull”, ofrece un respiro melódico en medio de la oscuridad, con pasajes de guitarra acústica y voces limpias que evocan una sensación de renacimiento y esperanza, contrastando con los temas más oscuros del álbum. Este balance entre luz y oscuridad es uno de los puntos fuertes del disco, manteniendo una tensión emocional que resuena profundamente, un temazo.

Cerrando el álbum, “A Veil Of Darkness Upon My Ancestral Home” es una conclusión perfecta. La pista encapsula todo lo que Alburnum representa: una mezcla de melancolía, belleza y brutalidad que deja una impresión duradera. En resumen, The Withered Roots Of Reality es un testimonio de la habilidad de este dúo neerlandés para crear música que es tanto atmosférica como emocionalmente potente, solidificando su lugar en la escena del black metal atmosférico y folk metal.

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Jxdn – When The Music Stops (2024)
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Tras el éxito de su álbum debut Tell Me About Tomorrow hace tres años, ahora el joven artista alternativo Jxdn vuelve con su nuevo disco When The Music Stops, para demostrar que lo suyo no es flor de un día.

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Al igual que ocurrió con su predecesor, el disco es muy generoso con el tracklist, el cual se extiende hasta las 17 canciones y demuestra la gran creatividad artística que tiene este muchacho.

El disco comienza con la acústica “Lost Angel”, una suerte de intro alargada y que nos podría recordar perfectamente a artistas como Dashboard Confessional o This Wild Life, pero una vez acabada ya empezamos con los sonidos habituales que tiene este chico.

Y es que “Candles”, es un pildorazo de pop punk alternativo, donde podemos observar una madurez vocal en el tono de Jxdn y cuyo sonido podría encajar en un disco de Alkaline Trio, dejando un poquito el “exceso” de azucar que tenía a veces su primer disco.

Con “Strays”, llega la primera (gran) sorpresa del disco y es que a parte de ser mucho más alternativa que la anterior, se puede percibir cierta influencia de Deftones, por supuesto pasada por el filtro suyo, pero ese comienzo pausado, intenso, susurrante en algunos pasajes, podría pasar por un tema de los californianos si cambiáramos a Chino Moreno por Jxdn, por no hablar de ese pequeño “Scream” al final de la canción que puede sorprender a más de uno.

El binomio “Sad October” y “What The Hell”, ya lo conocíamos y poco más se puede decir que no hayamos comentado antes, la primera una suerte melódica entre The Killers y Alkaline Trio, con un resultado fantástico y que seguro hará las delicias de los que crecieron en los 2000, mientras que la segunda sigue esa línea quizás algo más luminosa, pero con ese sonido alternativo que tan bien está ejecutando Jxdn a lo largo de esta primera mitad del disco.

Las cosas vuelven a cambiar con “It Must Suck To Know You”, un tema donde vuelve a predominar el pop punk moderno a medio camino entre Blink-182, Yungblud y New Found Glory, siendo un ejercicio de nostalgia muy bien resuelto.

Tras la enérgica “Sh!T” y la acústica tristona “Baccarat”, Jxdn empieza la segunda mitad del disco con “What Can I Say” , otro de los temas más cercanos al rock alternativo y que ya hubieran querido para si mismos bandas como The All American Rejects, Simple Plan o incluso los Creeper más poperos.

“Strangers”, en cambio recuerda un poquito más a su primer disco, con ese toque vocal que solo el tiene y que lo hace reconocible a kilómetros de distancia.

Afortunadamente este segundo disco, lejos de volverse “del montón” como ha sucedido con bandas que en su día pintaban para mucho como All Time Low o Boys Like Girls y hoy han caído en la mediocridad más lastimosa y que si siguen en pie es gracias a sus hits de hace 15 años, no a lo ofrecido en la última década, Jxdn demuestra una evolución muy bien transitada y con mucha solvencia entre las diferentes piezas del disco.

La segunda gran sorpresa del disco llega con “Just Let Go”, una suerte de pop punk garage rock del 2000, como si combinaras a Blink, FOB y The Strokes, con el sonido pop punk de los primeros y ciertas reminiscencias vocales a los terceros. Sin duda una de las canciones más divertidas de todo el álbum.

Jxdn se siente cómodo en esta nueva etapa y eso se puede ver en la manera que tiene de combinar temas más pop (“Wreck Me”) con otros más cercanos al pop punk moderno de Mayday Parade o State Champs como es el caso de “You Needed Someone I Just Happened To Be There” y a su vez entre medias, se marca una pieza muy bonita y con cierto toque emo como es “How Far”, un tema que puede tocar la fibra sensible de sus seguidores si la incluye en directo.

Pero quizás en la alternativa “Wet Dream (It’s You)”, cuya instrumental es una auténtica pasada, tengamos una de las 3 mejores canciones del disco y una vez más vemos esa influencia de Deftones, con un scream muy intenso y ciertas pinceladas de Box Car Racer, que la convierten en una de las mejores canciones de Jxdn hasta la fecha y que seguramente no falte en su próxima gira, donde presentará este disco.

“Drugs”, es simplemente escalofriante, es de las canciones que si te agarra en un día regular, puede dolerte hasta decir basta, sin duda una de las más honestas y realistas del disco y que bien podría ser el “On My Own” (The Used) de este disco, la voz es simplemente una delicia para los corazones rotos y para todos los que alguna vez tocaron fondo, pero afortunadamente han sabido como salir de allí… Sin duda otra de las perlas del disco.

Para cerrar el disco, tenemos el corte que justamente le da título y que de nuevo es un canto a la esperanza, a poder cambiar lo que nos hace mal y empezar de nuevo, recordemos que Jxdn tuvo varios problemas relacionados con la ansiedad y otros asuntos delicados, que lo llevaron a cancelar su gira europea de 2022 y que retrasaron la salida de este disco, el cual esperábamos para el año pasado, afortunadamente estos problemas parecen haber quedado atrás y hoy Jxdn vuelve con un disco, en muchos momentos muy superior a su debut y que lo reafirman como uno de los artistas modernos más destacados del último tiempo, ojalá que no se pierda en el camino que está recorriendo y siga entregando obras tan destacadas y honestas como esta.

 

 

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Blodig – Graveyard Decay (2024)
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Existe alrededor de todo el mundo, una secta adoradora de un monolito que se erige en Estocolmo, desde que desgarró la tierra a finales de la década de 1980. Dicen que está hecho de piel, huesos, carne podrida y dientes humanos, y su altura es tal que, cuando sale el sol, proyecta una sombra negra como el carbón que se extiende por kilómetros. Despide un hedor insoportable, salvo para sus admiradores, y durante la noche, en especial si hay luna llena, emite enigmáticas vibraciones que generan un sonido similar al de mil motosierras. Esa siniestra estructura de pútrida materia orgánica, altiva representación de un horror indescriptible, se llama Death Metal de la Vieja Escuela Sueca. Nihilist, Entombed, Carnage, Dismember, Grave, Unleashed, Vomitory, son algunos referentes clásicos de esta morbosa locura expresada musicalmente. También hay exponentes que siguieron su camino con posterioridad, tales como Entrails, Paganizer, Lik, Crawl y Bloodbath, y fuera de Suecia, Gatecreeper, entre tantos otros.

La principal regla del dogma es simple: pedal de distorsión HM-2 con todas las perillas giradas al máximo, según la fórmula básica creada por Leif Cuzner, guitarrista de Nihilist. El Eyemaster es un sustituto aceptable, oficialmente avalado por Ola Englund (The Haunted). Otras pautas secundarias son la preferencia por la marca Gibson, las guitarras de seis cuerdas, los bajos de cuatro tocados con púa, la batería quirúrgica y la voz gutural. Las letras y la imaginería siempre versan sobre temáticas ominosamente sobrenaturales, masacres alienadas y anticristianismo. Cabe señalar que no es obligatorio cumplir con todas ellas. Lo único que no se negocia es la violencia y el sonido que debe lograrse. También vale la pena recordar el rol del mítico productor Tomas Skogsberg en la creación del estilo, ya que trabajó con las principales bandas pioneras.

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Este lúgubre séquito tiene integrantes en Argentina. Ya sabíamos de proyectos como Bloodfiend o Encoffined. Ahora es el momento de hablar de Blodig, una nueva manifestación de este culto. La banda surgió a partir del fanatismo insano de Gabriel García, conocido como cantante y guitarrista de The Conjuring (y de Mortem en los 90’s). En esta reciente encarnación del mal, se dedica a la composición y la guitarra. Después de algunos cambios de formación, el grupo actualmente se completa con figuras de muy interesante experiencia en la escena nacional: Sergio Conforti en guitarra (Banda de la Muerte, ex Los Antiguos y Avernal), Federico Fischer en bajo (Babas del Diablo, ex Matan S.A.), el baterista Leo Schworer (Montañas) y el cantante Ariel Bukato (Padre Muer7e).

“Graveyard Decay” es el segundo EP, tras el debut homónimo. Nuevamente, el esquema de cuatro tracks es más que suficiente para demostrar la calidad de la propuesta, ya que son obras originales con rasgos que las convierten en excelentes tributos al tenebroso monumento sueco. Como si fuera poco, ya pasaron exitosamente la prueba de sonar en vivo. Blodig ha tocado como soporte de Vader y volverá a hacerlo para Napalm Death, el próximo 2 de octubre en la Ciudad de Buenos Aires, en otro estupendo evento organizado por la productora Noiseground. No hay muchas vueltas: Blodig es una apuesta segura para el público amante del estilo tan específico que nos convoca en esta ocasión, y por eso, hago llegar mi más absoluta recomendación sin miedo a equivocarme.

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Scald – Ancient Doom Metal (2024)
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Allá por 2021 tuve la oportunidad de escribir una retrospectiva acerca de Will of Gods Is A Great Power, una joya oculta del doom metal épico editada en 1997 por Scald, banda rusa que tenía todo para hacerle frente a muchas de las agrupaciones más importantes de Occidente y a la que la tragedia de la muerte joven de su cantante Maxim “Agyl” Andrianov había llevado a su fin. La magia de la Internet ayudó a desenterrar este álbum y mostrárselo a un público de una magnitud que ni de cerca hubiera tenido en su momento, dando lugar a varias reediciones y a que en 2019 Scald decidiera reunirse, con el puesto de Agyl siendo ocupado por Felipe Plaza Kutzbach, cantante chileno que se ha convertido en una figura casi omnipresente en el mundo del doom con su trabajo junto a Procession y Capilla Ardiente.

Para saber sobre la historia de Scald hasta el 2021 ya tienen ese artículo que escribí (creo que envejeció bastante bien), así que ubiquémonos en el 2024. Luego de la salida del EP There Flies Our Wail!, que trajo la primera canción nueva de Scald en más de 20 años, las expectativas acerca de la salida de un LP estaban bastante altas, con la banda confirmando que se encontraba trabajando en un nuevo disco. El proceso se extendió durante un largo tiempo, pero en mayo de este año Scald por fin confirmó la fecha de salida de Ancient Doom Metal para el 26 de julio a través del sello alemán High Roller Records.

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Ancient Doom Metal plantea sus intenciones ya desde su título, diría que al mismo nivel de grandilocuencia del legendario Epicus Doomicus Metallicus de los suecos Candlemass, una de las mayores inspiraciones detrás de la música de Scald. Bautizar un álbum no sólo como representando todo un género musical sino como el punto de arranque de todo un estilo aparte es algo que se debe justificar con hechos en las canciones, no vaya ser que uno quede como un ridículo. ¿Logran estar a la altura de las circunstancias?

El álbum arranca con la canción título “Ancient Doom Metal”, con una introducción de teclados y sonidos ambientales que al poco tiempo da paso a los riffs gruesos y ritmos lentos pero poderosos característicos de Scald. Desde acá se plantea que el regreso de estos rusos sigue de cerca el estilo planteado en su lejano primer álbum, una maniobra que va a lo seguro y tiene todo el sentido del mundo: no creo que alguien le estuviera pidiendo a Scald que hicieran algún cambio radical en su sonido, y equipo que gana no se toca. No, Ancient Doom Metal está hecho como una segunda parte directa de aquel debut, manteniendo las guitarras con riffs melódicos de corte épico, los ritmos lentos, ese bajo pesado y las voces elevándose entre la música.

Ya que hablamos de las voces, está claro que la presencia de FPK iba a ser la mayor diferencia entre ambos discos. La voz del chileno es bastante diferente a la de Agyl, pero el no querer hacer una imitación del estilo del primer cantante es una gran decisión, permitiéndole hacer lo suyo dentro de sus propios límites. El nuevo cantante hace una muy buena tarea a lo largo de todo el álbum con su estilo recitativo, de vez en cuando sacándose de la manga unos agudos de heavy clásico como en “Young God Resurrected” y al final de “The Enemy Among Us”, o siendo acompañado por un coro de corte guerrero como en “ALU (My Protection)”. No es técnicamente perfecto, pero creo que combina perfectamente dentro de las canciones.

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Como cabría esperarse, las grandes estrellas de Ancient Doom Metal son el dúo de guitarras de Karry y Harald, no sólo con sus riffs dobles sino también los solos, con cierta influencia de melodías folk aportando a la atmósfera ancestral del álbum, de barcos vikingos cruzando mares embravecidos para enfrentarse a guerreros de tribus enemigas y conquistar sus tierras, sintiendo el favor de los dioses de su lado a cada momento. Tampoco hay que pasar por alto la tarea de Velingor en el bajo y Ottar en la batería: muchos pensarán que tocar la batería en canciones de doom metal no será tan demandante, pero la velocidad reducida hace que los errores se noten más, y la base instrumental aportada por ambos es fundamental durante las canciones.

La producción del álbum también está aprobada: al principio no estaba muy seguro con respecto al sonido de la batería o del bajo, pero después de escuchas sucesivas me di cuenta de que ya no estaba pensando en eso y que sólo era yo siendo un tanto quisquilloso. El debut tenía un sonido que se notaba un tanto amateur pero que funcionaba, y este Ancient Doom Metal suena como una versión pulida y más profesional, manteniendo algo de suciedad pero dejando que todos los elementos se noten.

¿Scald logra estar a la altura de las expectativas en su regreso? Desde ya que Ancient Doom Metal suena tal cual uno se esperaría un disco del quinteto a 27 años de su debut, manteniendo el espíritu pero sin sonar como un copiado y pegado. Así que Scald cumple con su cometido y lanza uno de los regresos del año, y hasta diría que uno de los mejores álbumes de heavy metal del 2024.

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Deep Purple – =1 (2024)
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Hablar acerca de =1, vigésimo segundo álbum de Deep Purple, es una tarea un tanto complicada. No por la calidad del trabajo en sí, de la que hablaremos en un momento, sino porque tratar de decir algo nuevo acerca del quinteto púrpura es difícil, como ocurre casi siempre con cualquier conjunto de músicos que acumula décadas de carrera, una montaña de lanzamientos y llega a un punto en su historia donde parece haber encontrado su zona de confort. Pero hoy haremos honor al estatus de Deep Purple como una leyenda del hard rock, y hablaremos de todo lo que podamos de esta nueva instancia en su obra.

Incluso antes de siquiera ponernos a escucharlo, está claro que =1 marca un cambio en la formación de la banda que seguramente en cualquier otro grupo sería mucho más importante, siendo que en 2022 el guitarrista Steve Morse anunció su salida de la banda. Habiendo operado las seis cuerdas durante nada menos que 28 años consecutivos, el estadounidense fue el guitarrista más longevo en la historia de Deep Purple, y su salida se debió a que no podía mantener sus compromisos con la banda al mismo tiempo que cuidaba de su esposa Janine, quien se encuentra con un tratamiento contra el cáncer. En su lugar el quinteto sumó a Simon McBride, un guitarrista norirlandés que es de esos trabajadores de la música con una larga trayectoria pero que no suelen ser muy conocidos por fuera de los círculos de conocedores del rock.

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Antes de la salida del álbum pudimos escuchar tres singles adelanto. El primero de ellos fue “Portable Door”, un track que arranca con todo con un riff de guitarra liderando la introducción, una buena cabalgata de bajo de parte de Roger Glover y esas líneas de teclado clásicas bien al frente, mientras que Ian Gillan se lo nota más que bien para un hombre de 78 años, aunque se lo escucha un tanto alto en la mezcla. McBride justifica su posición con un gran trabajo en los solos junto a Don Airey haciendo lo propio en las teclas. 

El segundo single fue “Pictures of You”, que aclaro que no es un cover de The Cure antes que asuman cosas. Una canción más lenta y melódica, con un estribillo marcado por un par de machaques guitarreros y versos con líneas de guitarra juguetonas. Más solos y una parte final con una sección de tintes casi ambientales que me hubiera gustado que se extendiera más como si fuera un puente. Un escalón por debajo del primer single pero decente de cualquier manera.

El tercer y último single fue “Lazy Sod”, una canción que inmediatamente recuerda a los trabajos de los setentas de la banda y no sólo porque el título recuerde al clásico “Lazy” de Machine Head: un riff como para mover la pata, líneas de teclado complementándolo y un solo de teclas con resabios progresivos. No hay mucho más que decir, pero creo que este es mi favorito de los tres adelantos, el más redondo y que mejor se sostiene en escuchas repetidas.

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Ya entrando al álbum, queda claro lo que decía antes sobre la zona de confort que encontró Deep Purple, porque todas las canciones remiten al sonido púrpura y nada más. Esto no es una falta por parte de la banda: es su sonido, es el que vienen desarrollando desde hace más de 50 años y es uno que es sinónimo de ellos. Hard rock a veces directo como en “A Bit on the Side” o en “No Money To Burn”, a veces más reposado y blusero como en “If I Were You” o en “I’ll Catch You”, donde creo que mejor funciona la voz de Gillan, usando su registro más bajo. Para los fans de los momentos más pesados queda la final “Bleeding Obvious”, con sus machaques mezclados con las acústicas en el estribillo.

Todo esto ya es conocido dentro de la fórmula de Deep Purple, pero creo que estos elementos familiares funcionan muy bien: ese sonido de teclado nunca envejece, y Deep Purple siempre logran encontrar guitarristas espectaculares. Creo que el problema está en que por momentos corren de tornarse un tanto repetitivos, y con 52 minutos =1 puede ser un toque largo para tener tan pocas variantes en el estilo. Siguiendo con los puntos negativos, un problema que se puede escuchar a lo largo de todo el disco es el sonido de la batería, por momentos sonando demasiado a “lata” y un poco desconectado del resto de la banda.

Dicho todo eso, =1 inclina la balanza para el lado positivo, aunque esté lejos de ser de los trabajos más destacados en la discografía de Deep Purple. Es un ejemplo clásico de un lanzamiento tardío en la carrera de una banda de rock clásico, de esos que claramente están dirigidos a quienes ya son fans de su sonido. Pero a pesar de ser un tanto complaciente y poco dado a intentar algo nuevo, este disco muestra a Deep Purple todavía con la capacidad de crear muy buenas canciones y presentarlas de manera óptima, aunque sea para pasar el rato.

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Liturgy – Immortal Life II EP (2024)
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Recorrer la discografía de Liturgy es todo un desafío: una exploración estética, ética, epistemológica, psicológica y espiritual. Esta afirmación podría sonar pretenciosa pero, justamente, el proyecto liderado por Hunter Ravenna Hunt-Hendrix, mujer trans oriunda de Brooklyn, tiene las ambiciones de una gran empresa intelectual. Tal como es el vicio de la intelectualidad –a la que conozco bien, y más si proviene de sexualidades disidentes- siempre se empieza por grandes declaraciones de principios: hay una necesidad de exponer y fundamentar las bases de cada acción, incluso sin esperar a que el sonido de la obra musical, en este caso, se cristalice en la memoria auditiva de la gente. Así, ya en los comienzos de la carrera de Liturgy contamos con un tratado explicativo de la naturaleza del “trascendental black metal” con su burst beat (en vez del blast beat) palpitante, inconstante, expresivo, orgánico, al igual que el trémolo, y la voz que parece comunicar un mensaje originado desde un núcleo donde se intersectan la ira por la opresión patriarcal y capitalista, con el éxtasis místico y el orgasmo antifalogocéntrico, en el marco de un cristianismo deconstruido.

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Tras el monumental disco doble “93696” (2023), una obra impresionante, Liturgy lanza este EP titulado “Immortal Life II” ya que se propone revisitar el comienzo del proyecto con el EP “Immortal Life” de 2008. Daría la impresión de que tuvieron la necesidad de reconectarse con los aspectos más elementales que la banda encarna, luego de exponer sus capacidades más grandilocuentes y épicas. En esa “prehistoria”, las raíces del noise rock, shoegaze y punk eran notables, antes de profundizar hasta el alma, no solo en el black metal, sino también en la música contemporánea “culta”, con una actitud totalmente vanguardista.

El primer track, “Immortal Life” inmediatamente nos expone a esa rítmica aceleradamente voluptuosa, esas hipnóticas líneas de guitarra y esos alaridos de goce desgarrador. “Life After Life” sigue el mismo camino, hay algo de ascética disciplina en la monotonía que, más allá del ejercicio de la espiritualidad, evoca pasajes que remiten a las primarias influencias estilísticas ya mencionadas. En “Everquest I” nos encontramos con un cambio, un espacio de calma que se abre para ampliar la sensibilidad y lleva directamente a “Everquest II”, con una melodía sobresaliente, y esa textural belleza armónica tan llena de melancolía y tan propia del post-rock. Así llega “No More Sorry”, un excelente cover de My Bloody Valentine. El final lo marca “Vessel of Everthirst”, gran título –debo decir- que representa muy bien algunas de las conceptualizaciones que tratan de dar cuenta del proceso que es Liturgy: una metafísica de la transexualidad, una oda a la transubstanciación. Si el vino puede convertirse en la sangre de Cristo, y el pan en su carne, pues los cuerpos pueden intervenirse, los géneros fluir y el black metal nutrirse de una religiosidad revolucionaria.

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Paul Di’Anno’s Warhorse – Paul Di’Anno’s Warhorse (2024)
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Desde su salida de Iron Maiden allá por 1981, Paul Di’Anno la ha tenido bastante complicada. Acá no hablamos sólo de lo que concierne a su carrera solista, sino también a su vida personal: negocios fallidos, su lucha contra el alcoholismo, una condena a prisión en 2011 por un fraude de beneficios gubernamentales relacionado con una lesión en la espalda que resultó que no tenía y, algo irónico considerando esto último, una lesión en la pierna que lo ha venido a maltraer desde hace varios años, obligándolo a trasladarse en silla de ruedas y a realizar una colecta de fondos para poder tratarla, donde sus ex compañeros de Iron Maiden aportaron el dinero que hacía falta.

La mención de sus problemas de salud no viene a cuento a esta reseña sólo para aportar color, sino también porque en ellos está la génesis de su nuevo esfuerzo como solista. Luego de mudarse a Croacia en 2021 para poder llevar a cabo su tratamiento, el cantante se encontró con Hrvoje “Flegma” Madiraca y Ante “Pupi” Pupačić, guitarristas de la banda de thrash metal Rapid Strike, con los que formó Warhorse. Tras un par de singles y un EP adelanto, el 19/7 ya pudimos tener en nuestras manos el debut homónimo de este nuevo proyecto del oriundo de Londres.

Ahora, tengo que mencionar que, en mi opinión, las complicaciones de la vida personal de Di’Anno se ven claramente reflejadas en su obra, no tanto desde la personalidad de las canciones sino en la calidad general de sus lanzamientos. Creo que hay material muy interesante en lo hecho junto a Killers, Battlezone e incluso con los efímeros Architects of Chaoz, pero la carrera solista de Di’Anno no tiene el nivel de lo hecho por Bruce Dickinson o Blaze Bayley por fuera de Maiden. 

Esto no quiere decir que Di’Anno no aporte nada con su estilo: el toque punk / hard rock de su voz fue un aspecto distintivo de aquellos dos primeros discos de Iron Maiden y él ha mostrado su valía como compositor. Sin embargo, a lo largo de toda su obra solista se lo puede escuchar probando la mano con muchos estilos diferentes sin encontrar uno donde parezca estar cómodo, algo que se siente menos como un experimento y más como un artista sin un norte en su brújula. Con esto en mente, siempre es bueno acercarse a cada nuevo lanzamiento solista de Di’Anno con precaución y sin hacerse la cabeza, de la misma manera que uno no debería esperar un platillo gourmet yendo a un puesto callejero, sin querer ofender a estos últimos. 

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Así que apretamos “play” y escuchamos el sonido de un caballo cabalgando que da comienzo a “Warhorse”, primera canción del álbum. Suena el primero de varios chillidos de guitarra, relinchos y unos riffs fuertes le dan paso a Di’Anno, que pone al frente su voz aguardentosa para esta descripción de imágenes entre bélicas y fantasiosas puesta a ritmo de metal. Es cliché y los riffs parecen copiados y pegados del manual del metal clásico, pero realmente funciona: Paul tiene de esas voces que están hechas para cantar metal así bien cuadrado en cuanto a riffs y estructuras, y este tema título es puro headbanging y choque de jarras de cerveza, y el hecho de que se lo escuche en buena forma obviamente ayuda.

“Get Get Ready” es otro track que podría describirse de la misma manera: por momentos suena como que debe haberse dado alguna pelea por ver si ésta o “Warhorse” eran la canción que abría el álbum, siendo que las dos parecen perfectas para esa tarea. “The Doubt Within” es una canción hecha para tener al público acompañando con puños extendidos, mientras que “Forever Bound” es lo más cercano a una balada, comenzando con unas guitarras acústicas delicadas y poco a poco agarrando velocidad hasta volverse una cabalgata metálica y cerrar con otro momento delicado.

El álbum incluye dos covers un tanto particulares. El primero es “Tequila” del grupo de rock’n’roll de los cincuentas The Champs que, más allá de ser casi un instrumental si no tenemos en cuenta los gritos de “¡Tequila!” de Di’Anno (¿Un chiste con respecto a su historial de problemas con la bebida?), funciona bastante bien. El otro es “Precious” de Depeche Mode: ya tendría puntos por no hacer el cover más obvio de los synthpoperos, pero además funciona con su oscuridad y dándole a Di’Anno la oportunidad de mostrar un aspecto más reposado de su voz, dando lugar a uno de los mejores momentos de la placa. ¿Le saldría a Di’Anno hacer un disco de tintes depechemodianos?

Encargados ambos de la composición, Madiraca y Pupačić no serán muy experimentales o ultra creativos pero claramente entendieron la onda de Paul Di’Anno a la perfección: riffs metaleros pero sin miedo a meter licks rockanroleros, para que suenen en un bar escuchando con amigos y armando pogos entre las mesas, con letras directas y muchos momentos para acompañar a coro. No sé si es material como para entrar en “lo mejor del año”, pero para un lanzamiento de Paul Di’Anno en 2024 Warhorse superó ampliamente las expectativas que tenía.

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Ulcerate – Cutting The Throat of God (2024)
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A cada ser que habita este plano de existencia le digo: he aquí una obra maestra. Su título, que suena violentamente nietzscheano, es absolutamente digno de su grandilocuencia creativa. Puede que todavía haya quienes no conozcan a esta banda, por eso voy a presentarla, antes de adentrarnos en los detalles de la obra sublime que han compuesto.

El proyecto surgió en Nueva Zelanda, allá por el año 2000, y no tardó demasiado en consolidarse como una expresión del movimiento más vanguardista dentro del death metal, con un estilo de gran calidad técnica, alejado de la mera intención de exhibir virtuosismo, concentrado en la elaboración de una música tan brutal como melódica, tan compleja como evocativa, con una trama estertórea de armonías atrevidas, disonancias sentimentales, cambios de compás y diversas sutilezas que se manifiestan hasta en los lapsos de más conmovedora intensidad. Para quienes necesiten algunos puntos de referencia, podríamos mencionar a Gorguts, Immolation, Cryptopsy y Deathspell Omega.

El trío de Paul Kelland (voz y bajo), Michael Hoggard (guitarra) y Jamie Saint Merat (batería), suena con un poder que parece multiplicarlos sónicamente. Ya con “Shrines of Paralysis” (2016) y “Stare into Death and Be Still” (2020) se habían consolidado como una fuerza impactante dentro de la escena del metal extremo internacional. Ahora, este nuevo trabajo cosechó el clamor tanto de la crítica como del público desde el momento mismo de su salida. La banda volvió a asociarse con Dehn Sora para realizar los videos de cada single que lanzaron.

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Decía que el nombre de este disco tiene algo de nietzscheano, por la idea de la muerte de Dios pero, además, creo que el arte de Ulcerate experimenta con esa dinámica entre lo dionisíaco y lo apolíneo que el filósofo alemán analiza en El Origen de la Tragedia. Lo dionisíaco es lo pasional, lo desbordante de potencia visceral, el éxtasis de los sentidos, el goce voluptuoso más allá de la moral. Lo apolíneo, por otro lado, representa lo equilibrado, lo racional, el cuidado en cultivar la justa belleza de las formas. Precisamente, nos hallamos ante una música trágica con todas las connotaciones posibles que eso puede tener. Resulta increíble el talento de esta banda para producir algo siempre en el límite exacto entre el poder del caos y orden del lenguaje musical.

El viaje introspectivo comienza apaciblemente con “To Flow Through Ashen Hearts”, y pronto nuestra médula espinal empieza a sentir la corriente eléctrica que generan esas notas afiladas de la guitarra y esa base rítmica de reiterados cambios orgásmicos. La voz gutural es de una profundidad insondable. Un aspecto clave en la composición que Ulcerate lleva a cabo es la construcción de un motivo, una unidad mínima con sentido expresivo, que van utilizando y mutando a lo largo de las extensas canciones (todas duran más de siete minutos). De esta manera, cuando nos impresionan esas tres o cuatro notas, por ejemplo, que casi nos hacen llorar, sabemos que van a repetirse una y otra vez, cambiando su intención, en otros contextos, con otros efectos, integrando variantes armónicas, pero siempre efectivas. “The Dawn Is Hollow” sigue con mucha energía, aunque ya somos conscientes de que sobrevendrán lapsos más calmos o atmosféricos, como suele decirse en la jerga del análisis de la música rock. Ulcerate degolla a Dios y llora esbozando una sonrisa. La maestría con que es ejecutada la batería es digna de un verdugo piadoso. “Further Opening the Wounds” va incursionando con más bravura en este miasma emocional flotando en un agujero negro que nos transporta hacia la incertidumbre. Hay gran placer en cada aceleración, cada deliberado “desfasaje”, cada arreglo percusivo, cada arpegio deforme. Dios se desangra en las manos de Ulcerate. Es como una trampa de encajes móviles a tal velocidad que la rigidez simula un flujo.

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“Transfiguration In and Out of Worlds” brinda otro tramo de espasmos menos frenéticos, y un motivo (con el significado anteriormente mencionado) que es uno de los más pregnantes de todo el disco. El artificio de los platillos merece ser legendario. Si hoy me preguntan cuál es la mejor banda de death metal en la actualidad, exclamo Ulcerate sin dudarlo. Lo que hacen es genialidad pura. “To See Death Just Once” me hace pensar que la decisión de detenerme en cada track de este álbum no le hace justicia, pues conforme avanzo se me van terminando las palabras, y usar un diccionario sería engañarme a mí mismo. Tengo que decir que es brillante algo que busca ser tremendamente oscuro. Quizás estoy viviendo algo de una dimensión con cualidades de ese ficticio inconsciente freudiano donde no existe la contradicción lógica y se generan las pesadillas. La maldad hace llorar de la alegría.

Hay pasajes que son de una delicadeza propia del jazz, caricias en una larga agonía que alterna estupor y convulsiones. “Undying as an Apparition” tiene la duración más extensa del disco. Aquí se me ocurre destacar el rasgo progresivo de la música de Ulcerate, pero podría haberlo hecho antes. Ya no sé a qué propósito sirve la linealidad que persigo para ponerle palabras a lo indescriptible. ¿Disco del año? Esa es una minucia para las redes sociales. El álbum cierra con una alucinante canción homónima. No conozco otra banda que logre nada semejante. Es como la habilidad de Miguel Ángel para esculpir el mármol: a martillazos se da lugar a las curvas más sensuales, las de un glúteo, las del espacio-tiempo.

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Horcas – El Diablo (2024)
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Luego de seis años sin nuevo material, llega a nuestras manos un nuevo álbum de Horcas editado a través del sello PopArt Discos.

La banda liderada por el Topo Yañez y Walter Meza, sumó a las filas del Horcas 2.0 a Lucas Bravo en guitarra y a Cristian Romero en la batería, dos ex Morthifera, quienes junto a Sebastián Coria lanzaron “El Diablo“, el onceavo álbum de estudio de una de las bandas pilares del metal pesado nacional.

Partiendo de la premisa de que soy un gran admirador y seguidor de la banda, este nuevo lanzamiento lo esperaba como si fuese pan caliente un domingo a las 7 am en la puerta de la panadería de mi barrio.  

Actualmente podemos encasillar a la creación de Osvaldo Civile (QEPD) como una banda de heavy metal con tintes de thrash y groove, poco a poco van quedando atrás esos discos a puro machaque y doble bombo que supieron brindarnos en anteriores entregas.

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Según se pudo conocer, el álbum fue compuesto en dos fases, la primera en tiempos de pandemia y la segunda, con el ingreso de Cristian y Lucas; Dado que eran la bocanada de aire fresco que ingresa a  la banda, se esperaba que ellos fueran el punto culminante del disco debido a su estilo innovador y energía juvenil, cosa que no terminó de cerrar bien en cada uno de los 9 temas que componen el larga duración, sacando claro está, el último track instrumental.

No hace falta aclarar que la voz de Walter es reconocida tanto en el plano nacional e internacional, con esa soltura que el frontman sabe manejar tanto arriba del escenario, como así también en las interpretaciones que contiene este nuevo lanzamiento, ya sea en las canciones más rápidas como en las power ballads, estas últimas de mayor participación en discos como “Gritando Verdades” (2018) y en “Por tu honor” (2013).

He escuchado y leído comentarios tanto de fans como de periodistas calificados, donde indicaron que este nuevo trabajo es “el mejor disco de Horcas de la historia” woow, no será mucho? entiendo el fanatismo (repito, soy un gran seguidor de la banda), pero me parece que este nuevo lanzamiento es lineal, un disco con texturas genéricas que ya hemos escuchado hace años, a  lo sumo se le pueden rescatar un par de temas que quedarán en el inconsciente colectivo e ingresarán al setlist en vivo, el primer sencillo “Ciego para ver” y “Padre nuestro“.

Ciertas letras, sobre todo en las baladas, parecen escritas por inteligencia artificial, el disco arranca fuerte y al medio con “Ciego para ver“, tema que resalta en el global pero la estructura general va desinflándose y quedando en el olvido, por lo menos para mi.

Buena producción? Claro que sí, hay buenos fills de batería, estribillos coreables, riffs de buen gusto en ciertas canciones pero no mucho más.

Personalmente encuentro en esta etapa de la agrupación un estancamiento tanto en lo sonoro como en lo compositivo.

Obviamente que no se les pide que inventen otra “Destrucción” pero estos temas carecen de ese toque que supieron tener hace más de 10 años.

En definitiva, a mi humilde opinión, el nuevo trabajo de Horcas no supera la media, se lo oye básico, un disco que está falto de ideas, si bien en vivo la banda te rompe la cabeza en cada presentación, para el oyente “no termo” como el que aplaude como foca y no es crítico, este disco pasará sin pena ni gloria.

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Julie Christmas – Ridiculous and Full of Blood (2024)
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Debo admitir que no sabía de la existencia de esta artista antes de su disco en colaboración con Cult of Luna, titulado “Mariner” (2019). En ese momento, si bien ese trabajo me sorprendió, no pensé que fuera la semilla de algo que fuera a prosperar, solo se me ocurrió compararlo con el álbum de Neurosis con Jarboe (2003) y el de Converge con Chelsea Wolfe (2021). Sin embargo, ahora que sale “Ridiculous and Full of Blood”, editado a través del sello creado por Johannes Persson, líder de Cult of Luna, entiendo que se formó una conexión trascendente, más aún si consideramos que dicho guitarrista y cantante también forma parte de la banda de Julie.

Cuando salió “Mariner” tuve que investigar acerca de esta misteriosa mujer, y descubrí que provenía de un grupo de Brooklyn llamado Made Out of Babies, que no duró mucho tiempo, pero su post-metal con toques de post-rock les valió ser editados por Neurot Recordings, el sello de los legendarios Neurosis. También integró otro fugaz proyecto en una veta similar, Battle of Mice, nuevamente lanzado por el mismo sello. En una tercera aventura, Spylacopa, la encontramos cooperando con Greg Puciato de The Dillinger Escape Plan y Jeff Caxide de Isis, siempre en territorios bastante vanguardistas.

Su primer disco solista fue “The Bad Wife” (2010) y ahora nos ofrece esta segunda entrega que la consolida como una figura con peso específico en el panorama de la música pesada con tendencias experimentales. Su estilo es muy personal, con un registro vocal particularmente agudo, de efímeros destellos casi infantiles, que la hacen sonar como una mezcla entre Björk y Cyndi Lauper, enfatizando los rasgos que hacen lucir a estas estrellas como íconos con cierta “inestabilidad emocional” y creo que a eso apunta Julie. La portada del disco es un retrato de ella sonriendo con el rostro cubierto de sangre, reminiscente de la escena de Marilyn Burns escapando en la camioneta en “The Texas Chainsaw Massacre” (1974).

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“Not Enough” es un comienzo de un lento y estridente in crescendo, donde ya volvemos a encontrarnos con ese histrionismo tan propio, y esa predilección por oscilar entre los gritos punzantes o corrosivos, y el canto más dulce. “Supernatural” es, en mi opinión, la mejor canción del álbum, junto con “End of the World”. Tiene un estribillo que perfora el cerebro y allí se aloja todo el tiempo que quiera. A los earworms no les afecta la voluntad humana. Las líneas de guitarra de Persson son maravillosas, tal como en Cult of Luna. “The Ash” tiene un principio a pura disonancia, cacofonía y acoples. El ritmo baja notablemente, todo es muy pesado, una muestra del sludge más atrevido. La mezcla es magistral, dejando que cada instrumento suene impactante y Julie pueda expresarse agresivamente cuando lo desea. Hablando de locura, los coros que irrumpen le dan a todo un halo bastante bizarro y las letras ayudan a profundizar esa impresión.

“Thin Skin” es tan simple y directa como aplastante, con un estilo que recuerda al metal alternativo de los 90’s. Una explosión que libera cantidades atroces de energía. Y llega la ya mencionada “End of the World”, en la que Persson no solamente toca la guitarra, sino que también participa con su poderosa voz. Es una de las canciones más extensas del disco y, como ya dije, uno de los puntos más altos en cuanto a la calidad compositiva. No sé qué rol tuvo Persson en la creación de la música de Julie, pero su toque singular, que es la marca registrada de Cult of Luna, se hace notar en muchos tramos de este álbum. Nos hallamos ante otro estribillo hermoso, aunque en esta ocasión, mucho más melancólico.

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En “Silver Dollars”  el bajo suena imponente, en los cimientos de una estructura construida con actitud noise rock. “Kids” es donde Julie más se parece a Björk, en un track que tiene ecos de “Hyperballad”. Luego, “The Lighthouse”, plagada de misterio, vuelve a darle protagonismo al bajo, y también al sintetizador, con guitarras sutiles y etéreas hasta que arremeten los estallidos. Aquí vale la pena aclarar que, más allá de su despliegue vocal en “End of the World”, Persson colabora en los coros de varias canciones.

“Blast” refuerza el aspecto delirante del disco, con ese ímpetu de asesino serial traumado en la infancia, y llega el final con “Seven Days”, un giro completo en comparación con el track anterior, que amablemente nos introduce en una atmósfera angustiante. Creo que “Ridiculous and Full of Blood” es un trabajo excelente, para escuchar con mucha atención y sin prejuicios. Suban el volumen y déjense llevar.

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Alburnum – The Withered Roots Of Reality (2024)
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The Withered Roots Of Reality de la banda Alburnum, proveniente de los Países Bajos, es una obra maestra que fusiona el black metal atmosférico con el folk metal de una manera que pocos pueden lograr. Lanzado de manera independiente, este disco de seis pistas transporta al oyente a un viaje sonoro que explora la naturaleza, la muerte y la espiritualidad con una profundidad que solo este género puede ofrecer.

Desde el primer track, “The Hermit Has Passed Into Another Life”, Alburnum establece un tono sombrío y reflexivo. La canción comienza con suaves melodías de guitarra acústica que lentamente se transforman en un muro de sonido impulsado por intensos riffs y voces desgarradoras. La habilidad de la banda para mezclar elementos acústicos, con una voz desgarradora y poderosa, con unos coros épicos, te tendrán atrapado los 7:21 minutos que dura la canción creando una atmósfera que es tanto melancólica como épica.

La tendencia sigue pero añaden capas adicionales de complejidad y emoción, primero con “The Wheel Spins Once More”, bien melódica, con arreglos de cuerdas y flautas, aportando un toque folclórico y con un participación mayor de la voz principal. Con “The Withered Roots Of Reality”, la canción que da nombre al álbum, cambia el panorama y pasamos a una canción bastante diferente a las anteriores, con su black metal rápido, crudo pero con una guitarra melódica haciendo un riff que se destaca junto a unos coros épicos de fondo.

“On The Bones Of Pilgrims” es quizás el punto culminante del álbum, con su épica narrativa y su construcción musical que lleva al oyente desde pasajes tranquilos y contemplativos hasta explosiones de pura energía black metal. Las transiciones fluidas entre estos momentos demuestran la maestría compositiva de Alburnum y su habilidad para mantener al oyente enganchado de principio a fin.

El quinto track, “Spring Flowers Bloom In My Hollow Skull”, ofrece un respiro melódico en medio de la oscuridad, con pasajes de guitarra acústica y voces limpias que evocan una sensación de renacimiento y esperanza, contrastando con los temas más oscuros del álbum. Este balance entre luz y oscuridad es uno de los puntos fuertes del disco, manteniendo una tensión emocional que resuena profundamente, un temazo.

Cerrando el álbum, “A Veil Of Darkness Upon My Ancestral Home” es una conclusión perfecta. La pista encapsula todo lo que Alburnum representa: una mezcla de melancolía, belleza y brutalidad que deja una impresión duradera. En resumen, The Withered Roots Of Reality es un testimonio de la habilidad de este dúo neerlandés para crear música que es tanto atmosférica como emocionalmente potente, solidificando su lugar en la escena del black metal atmosférico y folk metal.

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Jxdn – When The Music Stops (2024)
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Tras el éxito de su álbum debut Tell Me About Tomorrow hace tres años, ahora el joven artista alternativo Jxdn vuelve con su nuevo disco When The Music Stops, para demostrar que lo suyo no es flor de un día.

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Al igual que ocurrió con su predecesor, el disco es muy generoso con el tracklist, el cual se extiende hasta las 17 canciones y demuestra la gran creatividad artística que tiene este muchacho.

El disco comienza con la acústica “Lost Angel”, una suerte de intro alargada y que nos podría recordar perfectamente a artistas como Dashboard Confessional o This Wild Life, pero una vez acabada ya empezamos con los sonidos habituales que tiene este chico.

Y es que “Candles”, es un pildorazo de pop punk alternativo, donde podemos observar una madurez vocal en el tono de Jxdn y cuyo sonido podría encajar en un disco de Alkaline Trio, dejando un poquito el “exceso” de azucar que tenía a veces su primer disco.

Con “Strays”, llega la primera (gran) sorpresa del disco y es que a parte de ser mucho más alternativa que la anterior, se puede percibir cierta influencia de Deftones, por supuesto pasada por el filtro suyo, pero ese comienzo pausado, intenso, susurrante en algunos pasajes, podría pasar por un tema de los californianos si cambiáramos a Chino Moreno por Jxdn, por no hablar de ese pequeño “Scream” al final de la canción que puede sorprender a más de uno.

El binomio “Sad October” y “What The Hell”, ya lo conocíamos y poco más se puede decir que no hayamos comentado antes, la primera una suerte melódica entre The Killers y Alkaline Trio, con un resultado fantástico y que seguro hará las delicias de los que crecieron en los 2000, mientras que la segunda sigue esa línea quizás algo más luminosa, pero con ese sonido alternativo que tan bien está ejecutando Jxdn a lo largo de esta primera mitad del disco.

Las cosas vuelven a cambiar con “It Must Suck To Know You”, un tema donde vuelve a predominar el pop punk moderno a medio camino entre Blink-182, Yungblud y New Found Glory, siendo un ejercicio de nostalgia muy bien resuelto.

Tras la enérgica “Sh!T” y la acústica tristona “Baccarat”, Jxdn empieza la segunda mitad del disco con “What Can I Say” , otro de los temas más cercanos al rock alternativo y que ya hubieran querido para si mismos bandas como The All American Rejects, Simple Plan o incluso los Creeper más poperos.

“Strangers”, en cambio recuerda un poquito más a su primer disco, con ese toque vocal que solo el tiene y que lo hace reconocible a kilómetros de distancia.

Afortunadamente este segundo disco, lejos de volverse “del montón” como ha sucedido con bandas que en su día pintaban para mucho como All Time Low o Boys Like Girls y hoy han caído en la mediocridad más lastimosa y que si siguen en pie es gracias a sus hits de hace 15 años, no a lo ofrecido en la última década, Jxdn demuestra una evolución muy bien transitada y con mucha solvencia entre las diferentes piezas del disco.

La segunda gran sorpresa del disco llega con “Just Let Go”, una suerte de pop punk garage rock del 2000, como si combinaras a Blink, FOB y The Strokes, con el sonido pop punk de los primeros y ciertas reminiscencias vocales a los terceros. Sin duda una de las canciones más divertidas de todo el álbum.

Jxdn se siente cómodo en esta nueva etapa y eso se puede ver en la manera que tiene de combinar temas más pop (“Wreck Me”) con otros más cercanos al pop punk moderno de Mayday Parade o State Champs como es el caso de “You Needed Someone I Just Happened To Be There” y a su vez entre medias, se marca una pieza muy bonita y con cierto toque emo como es “How Far”, un tema que puede tocar la fibra sensible de sus seguidores si la incluye en directo.

Pero quizás en la alternativa “Wet Dream (It’s You)”, cuya instrumental es una auténtica pasada, tengamos una de las 3 mejores canciones del disco y una vez más vemos esa influencia de Deftones, con un scream muy intenso y ciertas pinceladas de Box Car Racer, que la convierten en una de las mejores canciones de Jxdn hasta la fecha y que seguramente no falte en su próxima gira, donde presentará este disco.

“Drugs”, es simplemente escalofriante, es de las canciones que si te agarra en un día regular, puede dolerte hasta decir basta, sin duda una de las más honestas y realistas del disco y que bien podría ser el “On My Own” (The Used) de este disco, la voz es simplemente una delicia para los corazones rotos y para todos los que alguna vez tocaron fondo, pero afortunadamente han sabido como salir de allí… Sin duda otra de las perlas del disco.

Para cerrar el disco, tenemos el corte que justamente le da título y que de nuevo es un canto a la esperanza, a poder cambiar lo que nos hace mal y empezar de nuevo, recordemos que Jxdn tuvo varios problemas relacionados con la ansiedad y otros asuntos delicados, que lo llevaron a cancelar su gira europea de 2022 y que retrasaron la salida de este disco, el cual esperábamos para el año pasado, afortunadamente estos problemas parecen haber quedado atrás y hoy Jxdn vuelve con un disco, en muchos momentos muy superior a su debut y que lo reafirman como uno de los artistas modernos más destacados del último tiempo, ojalá que no se pierda en el camino que está recorriendo y siga entregando obras tan destacadas y honestas como esta.

 

 

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Blodig – Graveyard Decay (2024)
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Existe alrededor de todo el mundo, una secta adoradora de un monolito que se erige en Estocolmo, desde que desgarró la tierra a finales de la década de 1980. Dicen que está hecho de piel, huesos, carne podrida y dientes humanos, y su altura es tal que, cuando sale el sol, proyecta una sombra negra como el carbón que se extiende por kilómetros. Despide un hedor insoportable, salvo para sus admiradores, y durante la noche, en especial si hay luna llena, emite enigmáticas vibraciones que generan un sonido similar al de mil motosierras. Esa siniestra estructura de pútrida materia orgánica, altiva representación de un horror indescriptible, se llama Death Metal de la Vieja Escuela Sueca. Nihilist, Entombed, Carnage, Dismember, Grave, Unleashed, Vomitory, son algunos referentes clásicos de esta morbosa locura expresada musicalmente. También hay exponentes que siguieron su camino con posterioridad, tales como Entrails, Paganizer, Lik, Crawl y Bloodbath, y fuera de Suecia, Gatecreeper, entre tantos otros.

La principal regla del dogma es simple: pedal de distorsión HM-2 con todas las perillas giradas al máximo, según la fórmula básica creada por Leif Cuzner, guitarrista de Nihilist. El Eyemaster es un sustituto aceptable, oficialmente avalado por Ola Englund (The Haunted). Otras pautas secundarias son la preferencia por la marca Gibson, las guitarras de seis cuerdas, los bajos de cuatro tocados con púa, la batería quirúrgica y la voz gutural. Las letras y la imaginería siempre versan sobre temáticas ominosamente sobrenaturales, masacres alienadas y anticristianismo. Cabe señalar que no es obligatorio cumplir con todas ellas. Lo único que no se negocia es la violencia y el sonido que debe lograrse. También vale la pena recordar el rol del mítico productor Tomas Skogsberg en la creación del estilo, ya que trabajó con las principales bandas pioneras.

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Este lúgubre séquito tiene integrantes en Argentina. Ya sabíamos de proyectos como Bloodfiend o Encoffined. Ahora es el momento de hablar de Blodig, una nueva manifestación de este culto. La banda surgió a partir del fanatismo insano de Gabriel García, conocido como cantante y guitarrista de The Conjuring (y de Mortem en los 90’s). En esta reciente encarnación del mal, se dedica a la composición y la guitarra. Después de algunos cambios de formación, el grupo actualmente se completa con figuras de muy interesante experiencia en la escena nacional: Sergio Conforti en guitarra (Banda de la Muerte, ex Los Antiguos y Avernal), Federico Fischer en bajo (Babas del Diablo, ex Matan S.A.), el baterista Leo Schworer (Montañas) y el cantante Ariel Bukato (Padre Muer7e).

“Graveyard Decay” es el segundo EP, tras el debut homónimo. Nuevamente, el esquema de cuatro tracks es más que suficiente para demostrar la calidad de la propuesta, ya que son obras originales con rasgos que las convierten en excelentes tributos al tenebroso monumento sueco. Como si fuera poco, ya pasaron exitosamente la prueba de sonar en vivo. Blodig ha tocado como soporte de Vader y volverá a hacerlo para Napalm Death, el próximo 2 de octubre en la Ciudad de Buenos Aires, en otro estupendo evento organizado por la productora Noiseground. No hay muchas vueltas: Blodig es una apuesta segura para el público amante del estilo tan específico que nos convoca en esta ocasión, y por eso, hago llegar mi más absoluta recomendación sin miedo a equivocarme.

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