


¿Que es la magia sino la expresión más pura e intensa del alma humana? Hacer arte y transformar el mundo a través de la música es magia. Lograr estimular la mente para concebir paisajes imaginarios con atmósferas bien detalladas a través de la música es muy mágico, y Fernando Mejía el nombre detrás de A Rose Diying In The Rain, es un gran mago ya que todo lo anterior lo logra de forma sublime con su más reciente EP eternal sunset.
No basta escuchar el disco una sola vez, merece al menos un par de escuchas para poder apreciar los prodigiosos arreglos, el maravilloso manejo y concepción de la atmósfera, la complejidad de la composición y la emotividad detrás de la voz, un despliegue de talento, tanto en fondo como en forma.
El disco si bien es complejo, no es abrumador, es de hecho muy digerible y fácil de disfrutar, un exquisito ejemplo del post black metal y probablemente un buen punto de partida para aquellos que no sean tan afines al género, o para variar, a todo el metal extremo.
Si bien el principal género de la entrega es post black metal, todas las canciones que le componen gozan de atmósferas dignas de los mejores discos de black metal atmosférico, me viene a la mente el disco Hallucinogen de la banda francesa Blut Aus Nord, no porque sean similares, sino por la complejidad y magia que existe detrás de la ambientación que es “alucinante”, aunque claro, cada obra te empuja a alucinar cosas bastante distintas.
Dejando de lado el tema de la atmósfera, es justo abordar la profunda emotividad que consigue el disco. Melancolía, nostalgia, curiosidad, duda, calma y mucho misterio, es apenas una parte de todo lo que te va a hacer sentir eternal sunset, el lenguaje es insuficiente para describir lo que la música nos transmite y este álbum lo deja claro.
Cada canción es una historia distinta, compleja y bien lograda, aún así todo la obra goza de un estilo marcado y único. “spring memories” nos va a recibir con melancolía y curiosidad, es una apertura ideal ya que nos prepara apropiadamente para las otras cinco canciones, la voz cargada de nostalgia al igual que la música nos habla de la aventura que se avecina, lo de la lluvia es un gran detalle.
“dancing leaves”, arranca también con lluvia, un poco más triste y nos empieza a envolver en el aura misteriosa y calmada del disco, hemos entrado de lleno a ese paisaje tan particular del EP, las cosas empiezan a ponerse intensas para terminar con calma.
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Aunque todas las pistas son remarcables, “warm april sunset”, fue la que más me movió de la silla. ¿Qué clase de truco arcano lleno de potencia e intencionalidad es este? Es el clímax del EP, es perderse en el paisaje y encontrarse con los guardianes que lo protegen, es no entender la carga emotiva tan poderosa que eternal sunset tiene para nosotros, pero es una escalada jodidamente hermosa.
“púrpura”, ¿de qué otro color sería sino el misterio? Y está es la parte más bella de la extraña sensación de duda durante el recorrido por el místico paisaje de eternal sunset, la magia que baja de la montaña y sus árboles, no, no estás de viaje, es “solo una canción”, sigues en tu aplicación de música preferida.
¿Querías respuestas? Quizás las encuentres en “lavender garden”, en la calma de un pastizal abandonado, o cualquiera que sea la imagen mental (Seguro van a ser muchas) que te ocasionen las diversas transiciones que la canción más larga del EP tiene que ofrecerte.
¡Hemos llegado al “cielo”!, la última canción del EP. Es una pena que ya se haya terminado, y la introducción melancólica que es característica de todas estas canciones te acompaña en tu luto, pero créeme, es mejor así, todo gran viaje tiene un final, y este es uno digno de toda la aventura que es escuchar eternal sunset.
Si algún día te da por explorar un túmulo antiguo y olvidado, ubicado en algún punto desconocido de un bosque templado, en el que se dice que se oculta una magia antigua y poderosa, eternal sunset de A Rose Diying In The Rain es lo que va a estar soñando de fondo, pero también cualquier otro momento es bueno para darle play a esta chulada de disco.


Nueva entrega solista del angloamericano Slash, el hombre detrás de la Gibson Les Paul en Guns N’ Roses y que no necesita mayor introducción a esta altura del partido. Para la ocasión, el guitar hero propone un proyecto de blues colaborativo. ¿Por qué blues? Porque es un género que el melenudo viene mamando desde chico, precisamente por grandes de la guitarra como B.B. King, mundialmente conocido como el rey del blues. Y porque sencillamente sintió que era el momento de hacerlo. ¿Y por qué colaborativo? Porque el disco, editado el 17 de mayo, cuenta con un invitado por tema, a excepción del último track, instrumental y de la autoría del mismísimo Slash. La otra gran particularidad del lanzamiento es que todos los temas, a excepción del último, son versiones de otros artistas. Es decir covers. Algunos son fidedignos. Otros, con impronta propia del guitarrista. Y si a esto le sumamos que el disco fue grabado en vivo en los EastWest Studios de Los Angeles, realmente nada puede salir mal. El hecho de haber sido grabado en vivo y no en etapas, por instrumentos, hace que el disco cuente con un cierto grado de improvisación, pero que a su vez logra que el sonido sea sumamente natural y orgánico.
“Orgy Of The Damned” abre nada más ni nada menos que con Chris Robinson de The Black Crowes, de la mano de “The Pusher” de Hoyt Axton, tema mejor conocido por la versión de Steppenwolf. Le sigue el clásico “Crossroads” de Robert Johnson, otro rey del género (en esta ocasión, del delta blues), con la participación de Gary Clark Jr. en guitarra y voz. Luego es el turno de “Hoochie Coochie Man” de Willie Dixon y Muddy Waters, con Billy Gibbons de ZZ Top en voz, con todo el sonido blusero característico de Chicago. En “Oh Well”, el clásico de Fleetwood Mac, el cantante de country; bluegrass y rock sureño Chris Stapleton hace de las suyas en el micrófono en una versión a todo trapo. Le sucede “Key To The Highway” de Charlie Segar y popularizado por Eric Clapton en sus presentaciones en vivo, con la participación de la banda Dorothy, comandada por la cantante Dorothy Martin y su gran registro blusero, siendo uno de los grandes momentos del disco, junto con el tema que le sigue, “Awful Dream” de Lightnin’ Hopkins con el gran Iggy Pop como invitado de lujo. Sobre la participación de la iguana en “Orgy Of The Damned”, Slash comentó que no tenía preparada una canción para él, pero que al ponerse en contacto con él y al hablarle del proyecto, el mismísimo Iggy propuso el tema en cuestión. Quizás para un servidor, el punto más flojo del disco se dé con el gran “Born Under a Bad Sign”, compuesta por William Bell y Booker T. Jones y grabada por Albert King (otro rey del blues), con Paul Rodgers como invitado. Quizás sea una cuestión de gustos, pero por más maravillosa que sea la voz de Rodgers (sobre todo a sus 74 años), suena tibia para un tema como éste. No obstante, se trata de una gran versión.
La cantante Demi Lovato se lleva todos los premios y aplausos con la versión de “Papa Was a Rolling Stone” de The Temptations, banda ícono de Motown Records. Realmente admirable el trabajo de Lovato en la voz. A continuación, sigue el que para mí es el punto más alto del disco: “Killing Floor” de Howlin’ Wolf, con el gran Brian Johnson de AC/DC a cargo del micrófono. El tema cuenta además con la participación de Steven Tyler de Aerosmith en armónica y eventuales alaridos al mejor estilo Tyler. Todo un lujo para esta versión de un verdadero clásico del blues eléctrico de Chicago. Luego, sigue una sentida adaptación de “Living For The City” de Stevie Wonder con Tash Neal de The London Souls como invitado. Y casi para el final, llega “Stormy Monday” de T-Bone Walker, con la participación de Beth Hart y su particular voz rota al mejor estilo Janis Joplin, quien al final del tema respira y se desquita agitadamente en clara señal de satisfacción por su trabajo en el tema. El cierre de “Orgy Of The Damned” viene de la mano de “Metal Chesnut”, el único tema del registro en ser compuesto por Slash, el cual abraza al blues propio del disco pero que además coquetea con las baladas de Guns N’ Roses, con un solo super sentido y emocional que automáticamente rememora al músico, no solo por el tono de su guitarra sino por su célebre forma de tocar.
En definitiva, “Orgy Of The Damned” es un gran disco de versiones, con una producción y sonido dignos de un músico de la talla de Slash, en donde no solo sobresale la performance del músico, sino la de todos aquellos que forman parte del disco, sesionistas incluídos. ¿Uno de los mejores discos en lo que va del año? No veo por qué no.
Etiquetas: Blues, Blues Rock, Guns And Roses, Guns N' Roses, Hard Rock, Orgy Of The Damned (2024), Slash, Sony music
Fretting Obscurity, es el nombre del proyecto del multi instrumentista/vocalista ucraniano Yaroslav Yakos, quien llega a su segundo disco titulado “Das unglückliche Bewusstsein” (La infeliz conciencia) y está editado por el sello francés Bitume Productions.
Tal como sucedió en su anterior trabajo al que se lo denominó “Flags in the Dust” (2018), el artista escribió, grabó e interpretó él mismo, cada una de las cuatro pistas que se incluyeron en este nuevo material.
Fretting Obscurity transporta sobre una forma muy deprimida, sombría y opresiva de funeral doom death metal, aquí el elemento “doom” tiene que ver con pasajes extremadamente lentos, que son como la estructura básica de todo el álbum.
Básicamente construido alrededor de estructuras melódicas, Fretting Obscurity se balancea entre una amplia gama de enfoques de bandas como: My Dying Bride, Saturnus, los primeros Paradise Lost, Tristitia, Mournful Congregation, Doom:VS, entre otros.
El enfoque que le quiso dar Yakos tiene algo de depresivo pero no del tipo suicida, todas las piezas varían entre sí, algunas contienen partes acústicas o semiacústicas, otras con características y con algo de velocidad del death metal.
Desde el punto de vista lírico, Yaroslav ahonda en sus propias experiencias, emociones, pensamientos, incidentes personales y circunstancias dramáticas, ideas sobre la humanidad, la vida frente a la muerte, tragedias y placeres gozosos, momentos de catarsis espiritual y el equilibrio entre el mal y la paz (mental), todo es un brebaje de la esencia textual de Fretting Obscurity.
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Cada una de las piezas que podemos escuchar en este álbum está completamente impulsada por hilos narrativos de la guitarra principal y se convierte en un death metal antiguo con sonidos inspirados en el doom metal y funerarios que nos recuerdan a lo escuchado entre los años 1993 y 1996.
La producción del álbum es más que notable, la calidad del sonido es rica, plena y está bien equilibrada en la mezcla, con un fino balance entre los diferentes detalles instrumentales, incluyendo las partes vocales.
La experiencia auditiva es entrecortada, disonante, enrarecida, lo que la hace realmente difícil de disfrutar del trabajo de una sola vez, requiere varias escuchas y tiempo para asimilar todo lo que sucede en cada una de las canciones incluidas en el LP.
Debo aclarar que se inclina más hacia el doom que al death, pero lo encontré extrañamente satisfactorio. Si bien resulta un poco pesado en algunas secciones, los solos en espiral mantienen la tensión y los gruñidos de Yaroslav la intensidad.
En definitiva, este es un álbum que exige ser escuchado con atención y mente abierta. No es apto para todos los gustos, pero aquellos que aprecian el doom metal experimental y crudo podrían encontrar en él una experiencia auditiva gratificante.


“The Deceivers”, quinto trabajo discográfico de Dååth, oriundos de Atlanta, y marca el regreso de la banda luego de trece años. Para la ocasión, estrenando nueva formación, sumándose el austríaco Kerim “Krimh” Lechner (Septicflesh, ex-Decapitated) en batería en reemplazo de Kevin Talley, los guitarristas Jesse Zuretti (quien además se encarga de la orquestación y sintetizadores) y el también austríaco Rafael Trujillo, además del bajista David Marvuglio, quien ocupa el puesto de Jeremy Creamer.
El opus, compuesto de nueve tracks, cuenta con invitados varios, tales como el virtuoso guitarrista Spiro Dussias de Platonist en el track que abre el disco, “No Rest No End” (primer single de “The Deceivers”) y en “Unwelcome Return”, Dan Sugarman de Ice Nine Kill en “Hex Unending”, Dean Lamb de Archspire en “Ascension”, Per Nilsson de Scar Symmetry y ex-Meshuggah en “The Silent Foray”, Mark Holcomb de Periphery y el compositor de música para videojuegos Mick Gordon en “Purified by Vengeance” y el gran Jeff Loomis (ex-Nevermore, ex-Arch Enemy) en “Deserving of the Grave”.
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La propuesta actual de Dååth es un tanto más orquestal y melódica que en sus trabajos anteriores, aunque sin perder el toque brutal, progresivo y groovero que por momentos recuerda a Chimaira, banda por la que pasaron varios actuales y ex-integrantes de Dååth. Sin nada que recriminarle a Kevin Talley, ex-baterista del conjunto, la labor de Kerim Lechner tras los parches es realmente soberbia. Quien ya se encuentre familiarizado con su trabajo, no me dejará mentir que el austríaco es formidable en lo suyo, no siendo la excepción en este disco.
Salvo algún que otro paisaje o intro, el disco no da respiro. Es implacable. La producción está perfectamente lograda y la mezcla es realmente envidiable. Todos los instrumentos son protagonistas, no destacándose uno por sobre el otro. Y si bien “The Deceivers” no cuenta con un tema insignia, ese que sobresale del resto por algún u otro motivo, resulta hasta emotivo escuchar el solo de Jeff Loomis en “Deserving of the Grave”. Sumamente recomendado.
Regreso auspicioso y triunfal, a tener en cuenta, principalmente para aquellos amantes del death metal progresivo, el groove metal, el metal moderno y las orquestaciones en general.
Etiquetas: Dååth, Death Metal, Death Metal Melodico, death metal progresivo

A Uncle Acid and The Deadbeats, o simplemente Uncle Acid, les vengo siguiendo la carrera desde hace un largo tiempo, más específicamente desde que sacaron su tremendo segundo álbum Blood Lust en 2011, el cual fuera también el que los pusiera en boca de muchos. Aunque ya para ese momento la movida del “occult rock” estaba ya en plena ebullición, estos ingleses se destacaban con la atmósfera que lograban en sus canciones y porque parecían de las pocas bandas con esa etiqueta que tenían una idea artística que iba más allá de copiar y pegar riffs de Black Sabbath sobre samples de películas de terror de los setentas.
Los siguientes álbumes no tuvieron el mismo impacto en mí, pero mostraron que el cantante, guitarrista y líder Kevin Starrs y sus colaboradores eran ambiciosos, usando la estética de terror psicodélico para mucho más que lo obvio. Es por eso que no creo que sorprenda que tras seis años de espera tras Wasteland, su último LP de 2018, Uncle Acid nos traiga el álbum más ambicioso y particular de su discografía hasta el momento.
Nell’ Ora Blu es el sexto álbum de Uncle Acid, un trabajo de nada menos que 77 minutos dividido en 19 tracks, siendo el más largo que hayan lanzado hasta ahora. Esto no viene sólo por capricho de Starrs y compañía, siendo que Nell’ Ora Blu es la banda sonora de una película que no existe (por ahora), y que es a su vez un homenaje al giallo, un género fílmico de films muy popular en la década de los sesentas y setentas con largas escenas de homicidio, asesinos misteriosos de gabardina y guantes negros y pósters francamente espectaculares: se las suele considerar de misterio, pero fueron una influencia enorme en los clásicos slashers de los ochentas.
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El cine de terror siempre ha sido una influencia en la obra y estética de Uncle Acid, así que se puede decir que toda su discografía es un homenaje a ello y no tendría mucho impacto dedicarle todo un disco a ello, pero hacerlo sobre un estilo mucho más específico como es el giallo le da mucho más personalidad y es una decisión acertada. Hasta la portada está tomada del póster de una película de giallo, específicamente de Rivelazioni di un maniaco sessuale al capo della squadra mobile de 1972.
Nell’ Ora Blu (el título significa “En La Hora Azul”, haciendo referencia al momento en el que el sol está oculto pero no es completamente de noche) no es un disco típico de Uncle Acid, y esto va más allá de su duración. La idea de que sea una banda sonora, exista la película o no, se ve reflejada en la propia música, siendo que este sexto álbum es casi instrumental. Hay canciones donde Kevin Starrs mete sus voces tan características como en “Giustizia di strada – Lavora fino alla morte”, “La vipera” y “Solo la morte to ammanetta”, pero la mayor parte del disco está guiado por guitarras atmosféricas, porque obviamente tienen que acompañar cómo el oyente interpreta las distintas escenas que los tracks plantean.
Ahora, lo de “instrumental” de las otras canciones también es relativo, porque en varios momentos (“Cocktail party”, “Tortura al telefono”, “L’omicidio” y muchos más) podemos escuchar diálogos en italiano, conversaciones por teléfono y demás elementos cinematográficos. Conociendo este tipo de películas, Uncle Acid logró replicar perfectamente el estilo mostrado en el giallo, con sus llamadas misteriosas mientras cae la lluvia fuera de la ventana y esa estética por momentos psicodélica.
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“Psicodelia” es la palabra para definir también a la música misma: hay momentos donde aparece la distorsión y ruido clásico del Tío Ácido, pero la mayor parte es material mucho más rockero. La referencia más obvia a ello es Goblin, la banda que musicalizara varias de las películas italianas más famosas de esa época como Profondo Rosso, Suspiria y Buio Omega, sobre todo en los momentos más misteriosos con muchos teclados, como al inicio de “Il Sole Sorge Sempre”, que me imagino que mostraría el título y los créditos de la película. También hay elementos de lounge, como para imaginarse alguna fiesta libertina que termina con alguno de sus asistentes con una sonrisa sangrienta en el cuello.
Hacer la banda sonora de una película que no existe es una idea llamativa como riesgosa, y está claro que Nell’ Ora Blu tiene bastante como para disuadir a muchos de escucharlo, siendo que se aleja mucho del estilo típico de Uncle Acid, dura 77 minutos y la cantidad y la duración de los diálogos en italiano puede ser confusa si no se sabe aunque sea un par de palabras en el idioma de Dante Alighieri o de cómo se manejaban las típicas películas de giallo.
Personalmente es un trabajo que tardó en atraparme hasta que entendiera la manera en la que funciona, pero cuando terminé de comprender que la idea es escucharlo como si fuera una película donde sólo se utiliza audio me terminó de convencer. Ayuda también la excelente producción, abandonando un poco esa onda lo-fi que venía siendo característica de Uncle Acid pero muy lejos de sonar sobreproducidos, incorporando instrumentos como el saxofón por momentos y mostrando sus capacidades compositivas. Al final, Nell’ ora blu es un disco complicado pero satisfactorio, de esos que estoy seguro que le van a llegar a casi todos los que logren dejar de lado sus prejuicios para poder experimentarlo.
Etiquetas: doom metal, Inglaterra, Rock Psicodélico, stoner metal, Uncle Acid, Uncle Acid & The Deadbeats
El trío finlandés Draugnim, reconocido por su estilo épico y atmosférico de black metal pagano, regresa con su cuarto álbum de estudio, “Verum Malum“. Esta obra, lanzada el 26 de abril de 2024 bajo el sello Naturmacht Productions, explora los límites entre el black metal y el death metal, conservando la esencia característica de la banda.
“Northwind’s Ire“, el álbum debut de Draugnim editado en 2008, marcó un estilo similar a bandas como Summoning y Moonsorrow, Falkenbach, caracterizado por la presencia prominente de teclados. Con el paso del tiempo, la banda experimentó una evolución, reduciendo el uso de teclados y adoptando un sonido más crudo y directo en sus trabajos posteriores.
Luego de lanzados otros dos albumes, “Horizons Low” del 2010 y el mas destacado por el público y la prensa especializada “Vulturine” del 2016, este cuarto álbum de Draugnim, “Verum Malum”, continúa esta línea de evolución, fusionando elementos del pagan black metal con death metal.
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Los primeros cuatro temas del disco presentan un ritmo acelerado y riffs contundentes, sobre todo con el tema que fue single adelanto titulado Traitor’s Crown, los mismos contienen reminiscencias del black metal de mediados de los noventa.
Sin embargo, la banda no se limita a la brutalidad, y en las últimas dos canciones, “Aeons” y “Deeds Of Strife“, ralentizan el tempo y aportan un toque melancólico, creando una atmósfera envolvente y emotiva.
Este nuevo lanzamiento de los fineses ofrece una producción sólida, con una instrumentación precisa y una mezcla que permite apreciar cada detalle de la música. Los riffs atmosféricos y la dinámica de las canciones ideamos por el guitarrista y compositor conocido como “Morior” son elementos destacables, pero la voz de Chimedra quien también participó en bancas como Crimfall, Thyestean Feast y Twilight Ophera, se mantiene constante a lo largo del álbum, sin ofrecer mucha variación.
Si bien este nuevo trabajo es sólido en su conjunto y ofrece una experiencia auditiva agradable, no logra alcanzar el nivel de sus mejores trabajos. La falta de elementos distintivos y la ausencia de una identidad propia hacen que el álbum no sea memorable ni deje una huella profunda en el oyente.
“Verum Malum” es un álbum que demuestra la calidad musical de Draugnim, pero no alcanza el potencial que la banda ha demostrado en trabajos anteriores. Si bien ofrece una experiencia auditiva decente, no logra destacarse dentro del género del black metal pagano.


Cada nuevo disco de Locrian es siempre una buena y mala noticia. Buena por la música; mala porque significa que estamos más cerca del apocalipsis. Es que el trío con base en Chicago, se nutre de la distopía, o peor aún: de un realismo totalmente despojado de cualquier resto de optimismo. El grupo formado por Terence Hannum (voz y sintetizadores), André Foisy (guitarra) y Steven Hess (batería y electrónica) describe su arte como una mezcla de black metal, drone y noise rock, aunque podemos percibir pasajes con otras influencias como el post-rock, shoegaze, darkwave y metal industrial. Sucede que el rasgo más distintivo de la banda es su actitud experimental y también su perfil “academicista”. Lo que hace Locrian tiene un posicionamiento intelectual, tanto estético como ético, para mediatizar preocupaciones científicas que, en el fondo, deberían ser puramente humanas: lo que está en juego es nuestra existencia como especie. Aparte de los EP “Solar Lodge” (2023) y “Ghost Frontiers” (2022), el LP anterior de la banda fue “New Catastrophism” (2022), con un enfoque mucho más ambient. Con “End Terrain” recuperan la veta de discos como “Return to Annihilation” (2013) y “The Clearing & The Final Epoch” (2012).
Este trabajo nos presenta, quizás por primera vez, una colección de canciones propiamente dichas, directas y concisas, las más pesadas y melódicas, bastante despojadas de las exploraciones texturales y atmosféricas de estilo drone incluso improvisado. El disco presenta la visión de un mundo contaminado por los desechos, habitado por una generación resentida con sus antecesores, que dejaron un hogar irreversiblemente arruinado, donde el arrepentimiento ya no tiene sentido, la culpa se va muriendo con los cuerpos viejos, y la herencia es un castigo de muerte a la inocencia de la juventud. Algo muy interesante es que las ediciones en vinilo y CD del álbum vienen acompañadas por un libro de cuentos titulado “Our Dead Age”, los cuales desarrollan literariamente el concepto transversal al disco.
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El comienzo resulta sorpresivo y potente con “Chronoscapes” y la premisa del formato canción, estrictamente hablando, está clara. La melodía del teclado y de la guitarra es encantadora, y el canto rabioso, en un momento, se transforma en una voz gutural de una profundidad inédita. Es inevitable sacudir la cabeza mientras se escucha. Luego, “Utopias” sigue una senda de sonoridad post-metal, donde la armonía marcada por un sintetizador tiene protagonismo, junto con una batería casi ritual, estableciendo una base sobre la que resuenan vociferaciones lejanas y líneas de guitarra etéreas, hasta que irrumpe el canto limpio, y lo que antes hacían las teclas y las cuerdas da lugar a una nueva expresión sonora de una melancolía intensa y hermosa. Es inevitable sentir que Locrian ha alcanzado el punto de su máxima madurez. Se convirtió en una mariposa gris tras una larga metamorfosis, siempre creativa, pero sin el vuelo que ahora tiene.
“Umwelt” es un muy bello interludio instrumental, que nos transporta suavemente hacia “The World Is Gone, There Is No World” que empieza, nuevamente, con el par batería-sintetizadores, esta vez en plan evidentemente introductorio. El ritmo cambia cuando entran el canto y la guitarra. Locrian nos ofrece una canción tras otra: toda una novedad más que bienvenida. Nos invitan al headbanging, ¿quién lo hubiera imaginado?
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El riff de “Excarnate Light” es formidable, totalmente encantador. A esta altura ya no me quedan dudas de estar escuchando el mejor trabajo de Locrian hasta la fecha. Hay un segmento de un estilo que remite al jazz y funciona para descansar un poco los músculos del cuello y seguir bailando para disfrutar lo que nos quede de vida en un mundo agonizante. Los riffs de guitarra del final suenan a death metal melódico. “Black Prisms of Our Dead Age” es otro track que se va desplegando progresivamente, con un espíritu más calmo, donde la electrónica suena fantástica, junto con la percusión meticulosamente precisa y una guitarra de peculiar belleza.
“Innerwelt” es otro track de transición, lo que no significa de relleno: es bueno poder dar espacio para que la excelencia de los tramos más pregnantes resalte. Y llega “In the Throes of Petrification”, otra espectacular canción, donde cada elemento vuelve a brillar por sí mismo y gracias al conjunto. Llegamos al final con “After Extinction”, un final armónica y melódicamente precioso. Locrian logra, de una manera única, algo parecido a ese sentimiento que se me ocurre describir como el de un instante exacto, durante el funeral de un ser querido, cuando se recuerda con alegría lo vivido, en medio de la tristeza de la pérdida. Un disco recomendable para toda persona amante de la música pesada cuyo compromiso sea solamente con la creación más honesta. Quizás se trate del opus magnum de Locrian, el comienzo de otra era para la banda, su renacer post-apocalíptico.


Originarios de la ciudad de Azusa en California, ACxDC llevan más de 20 años atormentando el under hardcore de su estado natal. Títulos como “Vegangelical”, “Wookies Have Feelings Too”, “Sexual Fantasies With Biblical Figures”, “Turtle Power” y “Science ist Krieg”, la portada de su EP He Had It Coming mezclando la foto de la ejecución de Nguyễn Văn Lém con Jesús en lugar del oficial del Vietcong, su lanzamiento The Very Best of Antichrist Demoncore editado en un vinilo de 0,8 pulgadas y el propio nombre de la banda, demuestran que el hablamos de una banda con sentido del humor.
Claro, también puede que sea un sentido del humor muy estúpido, pero no es algo fuera de lo común en el mundo musical que los rodea. No creo que hasta el fan más ferviente me vaya a llevar la contra si digo que el grindcore es un género profundamente estúpido: bolas de ruido de 30 segundos que apenas pueden considerarse canciones, muchas veces grabadas a toda velocidad en el sótano más oscuro y húmedo que se puedan imaginar por músicos que apenas parece que saben tocar sus instrumentos, como un chiste de llevar las características del punk rock hasta sus últimas consecuencias. Tal vez por eso sea tan adictivo para mí y un público muy fiel, hay un encanto innegable en esa actitud.
A cuatro años del anterior Satan is King, ACxDC vuelven a las andadas con su tercer LP G.O.A.T., editado por la gente de Prosthetic Records. Y las cosas siguen estando donde uno se imaginaría con estos veteranos de la violencia, con sus riffs rompecuellos poniendo a prueba la integridad de los parlantes y sus ritmos a velocidades inhumanas azotando los pobres parches de la batería. “Wanna See A Dead Body?” tiene al cantante Sergio Amalfitano gritando como un desquiciado, ya sea con sus chillidos agudos o esos rugidos guturales pero siempre demostrando los extremos de las cuerdas vocales.
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Esa sería una buena manera de describir todo el álbum. Pero no todo es blastbeats y velocidad hardcore en la propuesta de ACxDC, porque hay momentos como para descansar entre cada momento de mosh mental que se genera en uno cuando lo escucha. secciones lentas dignas para repartir golpes en “Greatest Of All Time”, la primera mitad bien densa y casi doom de “Fairweather” y el doble bombo brutal de “Karoshi” son un par de ejemplos que rompen la monotonía que se podría sentir si todo siguiera el mismo estilo. Claro que eso podría pasar igual si este álbum se extendiera demasiado, pero ninguna de las canciones en G.O.A.T alcanza los dos minutos, con “Fairweather” y “Expired” siendo las que más se acercan a esa línea, lo que hace que parezcan suites progresivas de los setentas al lado de la mayoría de las bandas de la escena.
G.O.A.T. es un álbum profundamente descerebrado a primera vista y escucha, pero tiene su lado serio y con ganas de dar un mensaje cuando se analizan los detalles, como la manera en la que denuncian la manera en la que muchos hombres juzgan la vida sexual de las mujeres en “Thot Police”. Y también tenemos a un par de invitados, contando a Elliott Morrow (Spinebreaker) en “Clout Chaser”, Alexander Jones (Undeath) en “Karoshi”, Galaxy Eater en “Inside Joke”, y Henry Everitt y Roger Rivadeneira (No/Mas) en “Definition of Insanity”.
El tercer disco de ACxDC es uno que vuela a toda velocidad con 17 canciones que acumulan en apenas 23 minutos y 11 segundos, siendo su disco más largo al superar por cuatro segundos a Satan is King, lo que marca que deben ser unos vendidos de mierda que estarán grabando con David Guetta o DJ Khaled en poco tiempo. Pero hablando en serio, G.O.A.T. es toda una experiencia de violencia, velocidad y distorsión para aquellos que estén dispuestos a resistirla, con buenos riffs y una energía envidiable puesta en cada uno de los escasos segundos de las canciones. Para todo fan del grindcore y los chistes malos, es muy recomendable.
Etiquetas: ACxDC, Estados Unidos, Grindcore, Hardcore Punk, Powerviolence

Inter Arma (expresión latina que significa “en tiempos de guerra”), es un quinteto oriundo de Richmond, Virginia, que ha vuelto para impactarnos, una vez más, con su extraordinaria mezcla de doom, sludge, death y black metal borderline con lo psicodélico en su sentido más tétrico: el de un viaje mental oscuramente revelador. El grupo está formado por Mike Paparo (voz), Steven Russell (guitarra), Trey Dalton (guitarra), Joel Moore (bajo) y T.J. Childers (batería).
En esta ocasión, se trata de su cuarto álbum, dejando de lado el EP fundacional y la excelente colección de covers “Garbers Days Revisited” (2020), en la que supieron versionar desde Neil Young hasta NIN, pasando por Venom, Hüsker Dü y Prince. El disco de estudio anterior había sido el aclamado “Sulphur English” (2019). La edición, como ya es habitual, sigue a cargo del sello Relapse Records.
Creo que puede decirse que “New Heaven” es un disco brutalista. El brutalismo es un movimiento arquitectónico con una estética muy particular, de bases éticas y políticas. Se caracteriza por la construcción de estructuras imponentes, monolíticas, de concreto “en bruto”: gris, crudo, sin ornamentación. Buscaba una forma de belleza en la simpleza, el minimalismo, la fuerza, la honestidad y la funcionalidad. Un ejemplo de este tipo de arquitectura en Argentina está dado por las obras de Francisco Salamone. Más allá de las relaciones que pueden establecerse con los títulos de los tracks “Endless Grey” y “Concrete Cliffs” (y más aún con el video de este último), la extrapolación del estilo de un lenguaje artístico a otro no parece forzada, si bien, es cierto que hay quienes hablan de expresiones brutalistas en la música contemporánea “culta”. Muchos de los rasgos referidos se perciben en la actitud musical de Inter Arma, sobre todo en este nuevo disco.
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Las letras de Paparo abordan temas como las víctimas inocentes de las guerras, las adicciones, y otras formas de sufrimiento, en medio de una apatía social generalizada ante el infierno que viven muchas personas, desde niños hasta ancianos. No hay ninguna salvación que ofrecer, quizás lo máximo que se pueda hacer sea interrogarnos sinceramente acerca de las posibilidades de cambio, de alcanzar algún tipo de refugio práctico para afrontar la cotidianeidad.
El disco comienza con la canción que le da título, un golpe directo a pura disonancia que abre un portal en el que caemos vertiginosamente. La voz de Paparo es tan profundamente cavernosa como ya sabemos que puede serlo, y mientras las cuerdas erigen esas formas contundentes, la batería tiene un despliegue fenomenal. Hay pasajes que suenan a estados alterados de conciencia expresados en forma de sonido. No obstante, no importa cuán cacofónicos puedan ser los riffs, no dejan de tener cierto groove. Inter Arma no busca aproximarse al jazz como lo hace Imperial Triumphant, ni a un death metal “gótico” e intrincado como el de Ulcerate. Si bien me recuerda un poco a lo hecho por Philip H. Anselmo & the Illegals, sobre todo en su disco “Walk Through Exits Only” (2013), las comparaciones no pueden ser numerosas, porque la propuesta pretende ser, justamente, pura y genuinamente original.
“Violet Seizures” sigue asombrando con el arsenal percusivo y da la pauta de que la música de estos estadounidenses evita toda monotonía. La composición denota mucha dedicación y talento. La voz, rabiosa, adquiere un tinte similar al típico del black metal, en un track directo, más lineal en cuanto a su forma, que se acelera conforme avanza frenéticamente. El trabajo de Childers es increíble, tan preciso como implacable. Son interesantes los sutiles aportes de electrónica.
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“Desolation’s Harp” incrementa las demostraciones de bestialidad de la que Paparo es capaz. Las líneas de guitarra merecen todos los elogios posibles. Hay una belleza en lo que hacen, desde el punto de vista armónico, melódico y contrapuntístico, que merece ser resaltada a lo largo de todo el disco. “Endless Grey” es un track instrumental que sorprende con una sonoridad que remite a los primeros discos de Metallica. Es más, la ejecución del bajo recuerda a Cliff Burton, y eso es mucho decir. Ojalá hubieran extendido esta pieza un poco más. “Gardens in the Dark” nos trae la solemne voz limpia del líder, que quizás asuste más que la gutural. La canción tiene un aura darkwave que resulta tenebrosamente seductora y demuestra la increíble versatilidad de Inter Arma, algo que, de todas maneras, ya quedó claro para siempre con las versiones de clásicos que grabaron en su álbum anterior.
“The Children the Bombs Overlooked” ya desde el título, nos hace pensar en la situación que el mundo está atravesando actualmente, sobre todo el genocidio en Gaza. Aquí se me ocurre tomar como referencia la canción “Morale” de Napalm Death, una de mis favoritas de esa banda. Le sigue “Concrete Cliffs”, que fue el single con video propio, y es una sucesión inclaudicable de mazazos que, por momentos, da lugar a la expresión más melódica de la voz. El solo de guitarra que suena hacia el final es verdaderamente épico. Todo termina con “Forest Service Road Blues”, una canción acústica que incorpora piano y violín, con Paparo demostrando que puede estar a la altura de Nick Cave. Una delicia agridulce. Ya estoy en condiciones de afirmar que será muy difícil elegir los mejores discos este año, pero “New Heaven” es un candidato gigantesco.


In Vain fue claramente una de las bandas noruegas más emocionantes de los últimos 20 años. Para aquellos que no estén familiarizados, imaginen una versión más variada y melódica de Borknagar.
Firmando con Indie Recordings en 2005, In Vain sorprendió al mundo del metal con su álbum debut “The Latter Rain” dos años después. Se trató de un proyecto épico en el que participaron cerca de 20 músicos invitados, entre ellos el legendario Jan K. Transeth (ex-In the Woods…) y Kjetil Nordhus (Tristania, ex-Green Carnation, ex-Trail of Tears).
La banda cuenta hasta el momento con 6 álbumes de gran calidad incluyento este “Solemn” y siendo “Ænigma” del 2013 uno de los mas recomendados por la crítica especializada.
La música de estos muchachos se basa en innumerables géneros, incluyendo black metal, death metal melódico, rock progresivo, folk y música orquestal.
Solemn es un disco pesado, melódico, diverso y emotivo. Las canciones aquí están densamente compactadas con capas instrumentales e ideas musicales, pero nunca resultan abrumadoras. Es un disco que demanda atención, en el que podemos apreciar armonías pegadizas tanto de la guitarra como de la variedad vocal.
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“Shadows Flap Their Black Wings” es la primera canción del álbum, que nos recibe con un riff estridente y enérgico. Las voces roncas y profundas de Sindre Nedland y Andreas Frigstad, que juntas forman un dúo perfecto, se entrelazan con la melodía y las limpias del estribillo, creando una textura rica y compleja. El uso del saxofón aporta una atmósfera épica y confortable, característica de In Vain.
En “To the Gallows“, la agresividad aumenta con el cambio de voces guturales a limpias, logrando un equilibrio que se mantiene durante toda la canción. “Season of Unrest“, es un hermoso interludio a mitad del álbum, comienza con un bajo lento y constante, y las melodías se entrelazan con las voces ásperas.
“At the Going Down of the Sun“, con una estructura sinfónica, presenta la melodía característica de la banda en el estribillo. Llegando a la mitad del disco, nos encontramos con “Where the Winds Meet“, una de las mejores canciones del álbum en mi opinión, combina pasajes pesados y agresivos con momentos calmos.
“Beyond the Pale” comienza con una brutal pesadez y voces ásperas, pero de repente, las voces limpias elevan la canción a los cielos. Las ejecuciones de guitarra solista son fantásticas, abrazando la línea melódica sin perder la agresividad de la banda.
Ya acercándonos al final, encontramos a “Blood Makes the Grass Grow”, que incluye riffs con una marcada estridencia y cambios de ritmo que van desde lo épico hasta lo más íntimo.
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Y aunque “Eternal Waves” sólo alcanza su verdadero potencial alrededor de la mitad, la banda ha guardado lo mejor para el final: el fascinante cierre “Watch for Me on the Mountain” demuestra ser no solo un final fantástico para el álbum, sino una gran canción en sí misma.
Los noruegos han entregado al mundo un magnífico álbum con nueve canciones que rozan la perfección, acompañado de un excelente artwork que, en conjunto, conforman una obra maestra.
Etiquetas: Black death metal melódico, Green Carnation, In The Woods..., In Vain, noruega, solemn, Trail of Tears, Tristania


¿Que es la magia sino la expresión más pura e intensa del alma humana? Hacer arte y transformar el mundo a través de la música es magia. Lograr estimular la mente para concebir paisajes imaginarios con atmósferas bien detalladas a través de la música es muy mágico, y Fernando Mejía el nombre detrás de A Rose Diying In The Rain, es un gran mago ya que todo lo anterior lo logra de forma sublime con su más reciente EP eternal sunset.
No basta escuchar el disco una sola vez, merece al menos un par de escuchas para poder apreciar los prodigiosos arreglos, el maravilloso manejo y concepción de la atmósfera, la complejidad de la composición y la emotividad detrás de la voz, un despliegue de talento, tanto en fondo como en forma.
El disco si bien es complejo, no es abrumador, es de hecho muy digerible y fácil de disfrutar, un exquisito ejemplo del post black metal y probablemente un buen punto de partida para aquellos que no sean tan afines al género, o para variar, a todo el metal extremo.
Si bien el principal género de la entrega es post black metal, todas las canciones que le componen gozan de atmósferas dignas de los mejores discos de black metal atmosférico, me viene a la mente el disco Hallucinogen de la banda francesa Blut Aus Nord, no porque sean similares, sino por la complejidad y magia que existe detrás de la ambientación que es “alucinante”, aunque claro, cada obra te empuja a alucinar cosas bastante distintas.
Dejando de lado el tema de la atmósfera, es justo abordar la profunda emotividad que consigue el disco. Melancolía, nostalgia, curiosidad, duda, calma y mucho misterio, es apenas una parte de todo lo que te va a hacer sentir eternal sunset, el lenguaje es insuficiente para describir lo que la música nos transmite y este álbum lo deja claro.
Cada canción es una historia distinta, compleja y bien lograda, aún así todo la obra goza de un estilo marcado y único. “spring memories” nos va a recibir con melancolía y curiosidad, es una apertura ideal ya que nos prepara apropiadamente para las otras cinco canciones, la voz cargada de nostalgia al igual que la música nos habla de la aventura que se avecina, lo de la lluvia es un gran detalle.
“dancing leaves”, arranca también con lluvia, un poco más triste y nos empieza a envolver en el aura misteriosa y calmada del disco, hemos entrado de lleno a ese paisaje tan particular del EP, las cosas empiezan a ponerse intensas para terminar con calma.
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Aunque todas las pistas son remarcables, “warm april sunset”, fue la que más me movió de la silla. ¿Qué clase de truco arcano lleno de potencia e intencionalidad es este? Es el clímax del EP, es perderse en el paisaje y encontrarse con los guardianes que lo protegen, es no entender la carga emotiva tan poderosa que eternal sunset tiene para nosotros, pero es una escalada jodidamente hermosa.
“púrpura”, ¿de qué otro color sería sino el misterio? Y está es la parte más bella de la extraña sensación de duda durante el recorrido por el místico paisaje de eternal sunset, la magia que baja de la montaña y sus árboles, no, no estás de viaje, es “solo una canción”, sigues en tu aplicación de música preferida.
¿Querías respuestas? Quizás las encuentres en “lavender garden”, en la calma de un pastizal abandonado, o cualquiera que sea la imagen mental (Seguro van a ser muchas) que te ocasionen las diversas transiciones que la canción más larga del EP tiene que ofrecerte.
¡Hemos llegado al “cielo”!, la última canción del EP. Es una pena que ya se haya terminado, y la introducción melancólica que es característica de todas estas canciones te acompaña en tu luto, pero créeme, es mejor así, todo gran viaje tiene un final, y este es uno digno de toda la aventura que es escuchar eternal sunset.
Si algún día te da por explorar un túmulo antiguo y olvidado, ubicado en algún punto desconocido de un bosque templado, en el que se dice que se oculta una magia antigua y poderosa, eternal sunset de A Rose Diying In The Rain es lo que va a estar soñando de fondo, pero también cualquier otro momento es bueno para darle play a esta chulada de disco.


Nueva entrega solista del angloamericano Slash, el hombre detrás de la Gibson Les Paul en Guns N’ Roses y que no necesita mayor introducción a esta altura del partido. Para la ocasión, el guitar hero propone un proyecto de blues colaborativo. ¿Por qué blues? Porque es un género que el melenudo viene mamando desde chico, precisamente por grandes de la guitarra como B.B. King, mundialmente conocido como el rey del blues. Y porque sencillamente sintió que era el momento de hacerlo. ¿Y por qué colaborativo? Porque el disco, editado el 17 de mayo, cuenta con un invitado por tema, a excepción del último track, instrumental y de la autoría del mismísimo Slash. La otra gran particularidad del lanzamiento es que todos los temas, a excepción del último, son versiones de otros artistas. Es decir covers. Algunos son fidedignos. Otros, con impronta propia del guitarrista. Y si a esto le sumamos que el disco fue grabado en vivo en los EastWest Studios de Los Angeles, realmente nada puede salir mal. El hecho de haber sido grabado en vivo y no en etapas, por instrumentos, hace que el disco cuente con un cierto grado de improvisación, pero que a su vez logra que el sonido sea sumamente natural y orgánico.
“Orgy Of The Damned” abre nada más ni nada menos que con Chris Robinson de The Black Crowes, de la mano de “The Pusher” de Hoyt Axton, tema mejor conocido por la versión de Steppenwolf. Le sigue el clásico “Crossroads” de Robert Johnson, otro rey del género (en esta ocasión, del delta blues), con la participación de Gary Clark Jr. en guitarra y voz. Luego es el turno de “Hoochie Coochie Man” de Willie Dixon y Muddy Waters, con Billy Gibbons de ZZ Top en voz, con todo el sonido blusero característico de Chicago. En “Oh Well”, el clásico de Fleetwood Mac, el cantante de country; bluegrass y rock sureño Chris Stapleton hace de las suyas en el micrófono en una versión a todo trapo. Le sucede “Key To The Highway” de Charlie Segar y popularizado por Eric Clapton en sus presentaciones en vivo, con la participación de la banda Dorothy, comandada por la cantante Dorothy Martin y su gran registro blusero, siendo uno de los grandes momentos del disco, junto con el tema que le sigue, “Awful Dream” de Lightnin’ Hopkins con el gran Iggy Pop como invitado de lujo. Sobre la participación de la iguana en “Orgy Of The Damned”, Slash comentó que no tenía preparada una canción para él, pero que al ponerse en contacto con él y al hablarle del proyecto, el mismísimo Iggy propuso el tema en cuestión. Quizás para un servidor, el punto más flojo del disco se dé con el gran “Born Under a Bad Sign”, compuesta por William Bell y Booker T. Jones y grabada por Albert King (otro rey del blues), con Paul Rodgers como invitado. Quizás sea una cuestión de gustos, pero por más maravillosa que sea la voz de Rodgers (sobre todo a sus 74 años), suena tibia para un tema como éste. No obstante, se trata de una gran versión.
La cantante Demi Lovato se lleva todos los premios y aplausos con la versión de “Papa Was a Rolling Stone” de The Temptations, banda ícono de Motown Records. Realmente admirable el trabajo de Lovato en la voz. A continuación, sigue el que para mí es el punto más alto del disco: “Killing Floor” de Howlin’ Wolf, con el gran Brian Johnson de AC/DC a cargo del micrófono. El tema cuenta además con la participación de Steven Tyler de Aerosmith en armónica y eventuales alaridos al mejor estilo Tyler. Todo un lujo para esta versión de un verdadero clásico del blues eléctrico de Chicago. Luego, sigue una sentida adaptación de “Living For The City” de Stevie Wonder con Tash Neal de The London Souls como invitado. Y casi para el final, llega “Stormy Monday” de T-Bone Walker, con la participación de Beth Hart y su particular voz rota al mejor estilo Janis Joplin, quien al final del tema respira y se desquita agitadamente en clara señal de satisfacción por su trabajo en el tema. El cierre de “Orgy Of The Damned” viene de la mano de “Metal Chesnut”, el único tema del registro en ser compuesto por Slash, el cual abraza al blues propio del disco pero que además coquetea con las baladas de Guns N’ Roses, con un solo super sentido y emocional que automáticamente rememora al músico, no solo por el tono de su guitarra sino por su célebre forma de tocar.
En definitiva, “Orgy Of The Damned” es un gran disco de versiones, con una producción y sonido dignos de un músico de la talla de Slash, en donde no solo sobresale la performance del músico, sino la de todos aquellos que forman parte del disco, sesionistas incluídos. ¿Uno de los mejores discos en lo que va del año? No veo por qué no.
Etiquetas: Blues, Blues Rock, Guns And Roses, Guns N' Roses, Hard Rock, Orgy Of The Damned (2024), Slash, Sony music
Fretting Obscurity, es el nombre del proyecto del multi instrumentista/vocalista ucraniano Yaroslav Yakos, quien llega a su segundo disco titulado “Das unglückliche Bewusstsein” (La infeliz conciencia) y está editado por el sello francés Bitume Productions.
Tal como sucedió en su anterior trabajo al que se lo denominó “Flags in the Dust” (2018), el artista escribió, grabó e interpretó él mismo, cada una de las cuatro pistas que se incluyeron en este nuevo material.
Fretting Obscurity transporta sobre una forma muy deprimida, sombría y opresiva de funeral doom death metal, aquí el elemento “doom” tiene que ver con pasajes extremadamente lentos, que son como la estructura básica de todo el álbum.
Básicamente construido alrededor de estructuras melódicas, Fretting Obscurity se balancea entre una amplia gama de enfoques de bandas como: My Dying Bride, Saturnus, los primeros Paradise Lost, Tristitia, Mournful Congregation, Doom:VS, entre otros.
El enfoque que le quiso dar Yakos tiene algo de depresivo pero no del tipo suicida, todas las piezas varían entre sí, algunas contienen partes acústicas o semiacústicas, otras con características y con algo de velocidad del death metal.
Desde el punto de vista lírico, Yaroslav ahonda en sus propias experiencias, emociones, pensamientos, incidentes personales y circunstancias dramáticas, ideas sobre la humanidad, la vida frente a la muerte, tragedias y placeres gozosos, momentos de catarsis espiritual y el equilibrio entre el mal y la paz (mental), todo es un brebaje de la esencia textual de Fretting Obscurity.
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Cada una de las piezas que podemos escuchar en este álbum está completamente impulsada por hilos narrativos de la guitarra principal y se convierte en un death metal antiguo con sonidos inspirados en el doom metal y funerarios que nos recuerdan a lo escuchado entre los años 1993 y 1996.
La producción del álbum es más que notable, la calidad del sonido es rica, plena y está bien equilibrada en la mezcla, con un fino balance entre los diferentes detalles instrumentales, incluyendo las partes vocales.
La experiencia auditiva es entrecortada, disonante, enrarecida, lo que la hace realmente difícil de disfrutar del trabajo de una sola vez, requiere varias escuchas y tiempo para asimilar todo lo que sucede en cada una de las canciones incluidas en el LP.
Debo aclarar que se inclina más hacia el doom que al death, pero lo encontré extrañamente satisfactorio. Si bien resulta un poco pesado en algunas secciones, los solos en espiral mantienen la tensión y los gruñidos de Yaroslav la intensidad.
En definitiva, este es un álbum que exige ser escuchado con atención y mente abierta. No es apto para todos los gustos, pero aquellos que aprecian el doom metal experimental y crudo podrían encontrar en él una experiencia auditiva gratificante.


“The Deceivers”, quinto trabajo discográfico de Dååth, oriundos de Atlanta, y marca el regreso de la banda luego de trece años. Para la ocasión, estrenando nueva formación, sumándose el austríaco Kerim “Krimh” Lechner (Septicflesh, ex-Decapitated) en batería en reemplazo de Kevin Talley, los guitarristas Jesse Zuretti (quien además se encarga de la orquestación y sintetizadores) y el también austríaco Rafael Trujillo, además del bajista David Marvuglio, quien ocupa el puesto de Jeremy Creamer.
El opus, compuesto de nueve tracks, cuenta con invitados varios, tales como el virtuoso guitarrista Spiro Dussias de Platonist en el track que abre el disco, “No Rest No End” (primer single de “The Deceivers”) y en “Unwelcome Return”, Dan Sugarman de Ice Nine Kill en “Hex Unending”, Dean Lamb de Archspire en “Ascension”, Per Nilsson de Scar Symmetry y ex-Meshuggah en “The Silent Foray”, Mark Holcomb de Periphery y el compositor de música para videojuegos Mick Gordon en “Purified by Vengeance” y el gran Jeff Loomis (ex-Nevermore, ex-Arch Enemy) en “Deserving of the Grave”.
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La propuesta actual de Dååth es un tanto más orquestal y melódica que en sus trabajos anteriores, aunque sin perder el toque brutal, progresivo y groovero que por momentos recuerda a Chimaira, banda por la que pasaron varios actuales y ex-integrantes de Dååth. Sin nada que recriminarle a Kevin Talley, ex-baterista del conjunto, la labor de Kerim Lechner tras los parches es realmente soberbia. Quien ya se encuentre familiarizado con su trabajo, no me dejará mentir que el austríaco es formidable en lo suyo, no siendo la excepción en este disco.
Salvo algún que otro paisaje o intro, el disco no da respiro. Es implacable. La producción está perfectamente lograda y la mezcla es realmente envidiable. Todos los instrumentos son protagonistas, no destacándose uno por sobre el otro. Y si bien “The Deceivers” no cuenta con un tema insignia, ese que sobresale del resto por algún u otro motivo, resulta hasta emotivo escuchar el solo de Jeff Loomis en “Deserving of the Grave”. Sumamente recomendado.
Regreso auspicioso y triunfal, a tener en cuenta, principalmente para aquellos amantes del death metal progresivo, el groove metal, el metal moderno y las orquestaciones en general.
Etiquetas: Dååth, Death Metal, Death Metal Melodico, death metal progresivo

A Uncle Acid and The Deadbeats, o simplemente Uncle Acid, les vengo siguiendo la carrera desde hace un largo tiempo, más específicamente desde que sacaron su tremendo segundo álbum Blood Lust en 2011, el cual fuera también el que los pusiera en boca de muchos. Aunque ya para ese momento la movida del “occult rock” estaba ya en plena ebullición, estos ingleses se destacaban con la atmósfera que lograban en sus canciones y porque parecían de las pocas bandas con esa etiqueta que tenían una idea artística que iba más allá de copiar y pegar riffs de Black Sabbath sobre samples de películas de terror de los setentas.
Los siguientes álbumes no tuvieron el mismo impacto en mí, pero mostraron que el cantante, guitarrista y líder Kevin Starrs y sus colaboradores eran ambiciosos, usando la estética de terror psicodélico para mucho más que lo obvio. Es por eso que no creo que sorprenda que tras seis años de espera tras Wasteland, su último LP de 2018, Uncle Acid nos traiga el álbum más ambicioso y particular de su discografía hasta el momento.
Nell’ Ora Blu es el sexto álbum de Uncle Acid, un trabajo de nada menos que 77 minutos dividido en 19 tracks, siendo el más largo que hayan lanzado hasta ahora. Esto no viene sólo por capricho de Starrs y compañía, siendo que Nell’ Ora Blu es la banda sonora de una película que no existe (por ahora), y que es a su vez un homenaje al giallo, un género fílmico de films muy popular en la década de los sesentas y setentas con largas escenas de homicidio, asesinos misteriosos de gabardina y guantes negros y pósters francamente espectaculares: se las suele considerar de misterio, pero fueron una influencia enorme en los clásicos slashers de los ochentas.
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El cine de terror siempre ha sido una influencia en la obra y estética de Uncle Acid, así que se puede decir que toda su discografía es un homenaje a ello y no tendría mucho impacto dedicarle todo un disco a ello, pero hacerlo sobre un estilo mucho más específico como es el giallo le da mucho más personalidad y es una decisión acertada. Hasta la portada está tomada del póster de una película de giallo, específicamente de Rivelazioni di un maniaco sessuale al capo della squadra mobile de 1972.
Nell’ Ora Blu (el título significa “En La Hora Azul”, haciendo referencia al momento en el que el sol está oculto pero no es completamente de noche) no es un disco típico de Uncle Acid, y esto va más allá de su duración. La idea de que sea una banda sonora, exista la película o no, se ve reflejada en la propia música, siendo que este sexto álbum es casi instrumental. Hay canciones donde Kevin Starrs mete sus voces tan características como en “Giustizia di strada – Lavora fino alla morte”, “La vipera” y “Solo la morte to ammanetta”, pero la mayor parte del disco está guiado por guitarras atmosféricas, porque obviamente tienen que acompañar cómo el oyente interpreta las distintas escenas que los tracks plantean.
Ahora, lo de “instrumental” de las otras canciones también es relativo, porque en varios momentos (“Cocktail party”, “Tortura al telefono”, “L’omicidio” y muchos más) podemos escuchar diálogos en italiano, conversaciones por teléfono y demás elementos cinematográficos. Conociendo este tipo de películas, Uncle Acid logró replicar perfectamente el estilo mostrado en el giallo, con sus llamadas misteriosas mientras cae la lluvia fuera de la ventana y esa estética por momentos psicodélica.
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“Psicodelia” es la palabra para definir también a la música misma: hay momentos donde aparece la distorsión y ruido clásico del Tío Ácido, pero la mayor parte es material mucho más rockero. La referencia más obvia a ello es Goblin, la banda que musicalizara varias de las películas italianas más famosas de esa época como Profondo Rosso, Suspiria y Buio Omega, sobre todo en los momentos más misteriosos con muchos teclados, como al inicio de “Il Sole Sorge Sempre”, que me imagino que mostraría el título y los créditos de la película. También hay elementos de lounge, como para imaginarse alguna fiesta libertina que termina con alguno de sus asistentes con una sonrisa sangrienta en el cuello.
Hacer la banda sonora de una película que no existe es una idea llamativa como riesgosa, y está claro que Nell’ Ora Blu tiene bastante como para disuadir a muchos de escucharlo, siendo que se aleja mucho del estilo típico de Uncle Acid, dura 77 minutos y la cantidad y la duración de los diálogos en italiano puede ser confusa si no se sabe aunque sea un par de palabras en el idioma de Dante Alighieri o de cómo se manejaban las típicas películas de giallo.
Personalmente es un trabajo que tardó en atraparme hasta que entendiera la manera en la que funciona, pero cuando terminé de comprender que la idea es escucharlo como si fuera una película donde sólo se utiliza audio me terminó de convencer. Ayuda también la excelente producción, abandonando un poco esa onda lo-fi que venía siendo característica de Uncle Acid pero muy lejos de sonar sobreproducidos, incorporando instrumentos como el saxofón por momentos y mostrando sus capacidades compositivas. Al final, Nell’ ora blu es un disco complicado pero satisfactorio, de esos que estoy seguro que le van a llegar a casi todos los que logren dejar de lado sus prejuicios para poder experimentarlo.
Etiquetas: doom metal, Inglaterra, Rock Psicodélico, stoner metal, Uncle Acid, Uncle Acid & The Deadbeats
El trío finlandés Draugnim, reconocido por su estilo épico y atmosférico de black metal pagano, regresa con su cuarto álbum de estudio, “Verum Malum“. Esta obra, lanzada el 26 de abril de 2024 bajo el sello Naturmacht Productions, explora los límites entre el black metal y el death metal, conservando la esencia característica de la banda.
“Northwind’s Ire“, el álbum debut de Draugnim editado en 2008, marcó un estilo similar a bandas como Summoning y Moonsorrow, Falkenbach, caracterizado por la presencia prominente de teclados. Con el paso del tiempo, la banda experimentó una evolución, reduciendo el uso de teclados y adoptando un sonido más crudo y directo en sus trabajos posteriores.
Luego de lanzados otros dos albumes, “Horizons Low” del 2010 y el mas destacado por el público y la prensa especializada “Vulturine” del 2016, este cuarto álbum de Draugnim, “Verum Malum”, continúa esta línea de evolución, fusionando elementos del pagan black metal con death metal.
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Los primeros cuatro temas del disco presentan un ritmo acelerado y riffs contundentes, sobre todo con el tema que fue single adelanto titulado Traitor’s Crown, los mismos contienen reminiscencias del black metal de mediados de los noventa.
Sin embargo, la banda no se limita a la brutalidad, y en las últimas dos canciones, “Aeons” y “Deeds Of Strife“, ralentizan el tempo y aportan un toque melancólico, creando una atmósfera envolvente y emotiva.
Este nuevo lanzamiento de los fineses ofrece una producción sólida, con una instrumentación precisa y una mezcla que permite apreciar cada detalle de la música. Los riffs atmosféricos y la dinámica de las canciones ideamos por el guitarrista y compositor conocido como “Morior” son elementos destacables, pero la voz de Chimedra quien también participó en bancas como Crimfall, Thyestean Feast y Twilight Ophera, se mantiene constante a lo largo del álbum, sin ofrecer mucha variación.
Si bien este nuevo trabajo es sólido en su conjunto y ofrece una experiencia auditiva agradable, no logra alcanzar el nivel de sus mejores trabajos. La falta de elementos distintivos y la ausencia de una identidad propia hacen que el álbum no sea memorable ni deje una huella profunda en el oyente.
“Verum Malum” es un álbum que demuestra la calidad musical de Draugnim, pero no alcanza el potencial que la banda ha demostrado en trabajos anteriores. Si bien ofrece una experiencia auditiva decente, no logra destacarse dentro del género del black metal pagano.


Cada nuevo disco de Locrian es siempre una buena y mala noticia. Buena por la música; mala porque significa que estamos más cerca del apocalipsis. Es que el trío con base en Chicago, se nutre de la distopía, o peor aún: de un realismo totalmente despojado de cualquier resto de optimismo. El grupo formado por Terence Hannum (voz y sintetizadores), André Foisy (guitarra) y Steven Hess (batería y electrónica) describe su arte como una mezcla de black metal, drone y noise rock, aunque podemos percibir pasajes con otras influencias como el post-rock, shoegaze, darkwave y metal industrial. Sucede que el rasgo más distintivo de la banda es su actitud experimental y también su perfil “academicista”. Lo que hace Locrian tiene un posicionamiento intelectual, tanto estético como ético, para mediatizar preocupaciones científicas que, en el fondo, deberían ser puramente humanas: lo que está en juego es nuestra existencia como especie. Aparte de los EP “Solar Lodge” (2023) y “Ghost Frontiers” (2022), el LP anterior de la banda fue “New Catastrophism” (2022), con un enfoque mucho más ambient. Con “End Terrain” recuperan la veta de discos como “Return to Annihilation” (2013) y “The Clearing & The Final Epoch” (2012).
Este trabajo nos presenta, quizás por primera vez, una colección de canciones propiamente dichas, directas y concisas, las más pesadas y melódicas, bastante despojadas de las exploraciones texturales y atmosféricas de estilo drone incluso improvisado. El disco presenta la visión de un mundo contaminado por los desechos, habitado por una generación resentida con sus antecesores, que dejaron un hogar irreversiblemente arruinado, donde el arrepentimiento ya no tiene sentido, la culpa se va muriendo con los cuerpos viejos, y la herencia es un castigo de muerte a la inocencia de la juventud. Algo muy interesante es que las ediciones en vinilo y CD del álbum vienen acompañadas por un libro de cuentos titulado “Our Dead Age”, los cuales desarrollan literariamente el concepto transversal al disco.
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El comienzo resulta sorpresivo y potente con “Chronoscapes” y la premisa del formato canción, estrictamente hablando, está clara. La melodía del teclado y de la guitarra es encantadora, y el canto rabioso, en un momento, se transforma en una voz gutural de una profundidad inédita. Es inevitable sacudir la cabeza mientras se escucha. Luego, “Utopias” sigue una senda de sonoridad post-metal, donde la armonía marcada por un sintetizador tiene protagonismo, junto con una batería casi ritual, estableciendo una base sobre la que resuenan vociferaciones lejanas y líneas de guitarra etéreas, hasta que irrumpe el canto limpio, y lo que antes hacían las teclas y las cuerdas da lugar a una nueva expresión sonora de una melancolía intensa y hermosa. Es inevitable sentir que Locrian ha alcanzado el punto de su máxima madurez. Se convirtió en una mariposa gris tras una larga metamorfosis, siempre creativa, pero sin el vuelo que ahora tiene.
“Umwelt” es un muy bello interludio instrumental, que nos transporta suavemente hacia “The World Is Gone, There Is No World” que empieza, nuevamente, con el par batería-sintetizadores, esta vez en plan evidentemente introductorio. El ritmo cambia cuando entran el canto y la guitarra. Locrian nos ofrece una canción tras otra: toda una novedad más que bienvenida. Nos invitan al headbanging, ¿quién lo hubiera imaginado?
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El riff de “Excarnate Light” es formidable, totalmente encantador. A esta altura ya no me quedan dudas de estar escuchando el mejor trabajo de Locrian hasta la fecha. Hay un segmento de un estilo que remite al jazz y funciona para descansar un poco los músculos del cuello y seguir bailando para disfrutar lo que nos quede de vida en un mundo agonizante. Los riffs de guitarra del final suenan a death metal melódico. “Black Prisms of Our Dead Age” es otro track que se va desplegando progresivamente, con un espíritu más calmo, donde la electrónica suena fantástica, junto con la percusión meticulosamente precisa y una guitarra de peculiar belleza.
“Innerwelt” es otro track de transición, lo que no significa de relleno: es bueno poder dar espacio para que la excelencia de los tramos más pregnantes resalte. Y llega “In the Throes of Petrification”, otra espectacular canción, donde cada elemento vuelve a brillar por sí mismo y gracias al conjunto. Llegamos al final con “After Extinction”, un final armónica y melódicamente precioso. Locrian logra, de una manera única, algo parecido a ese sentimiento que se me ocurre describir como el de un instante exacto, durante el funeral de un ser querido, cuando se recuerda con alegría lo vivido, en medio de la tristeza de la pérdida. Un disco recomendable para toda persona amante de la música pesada cuyo compromiso sea solamente con la creación más honesta. Quizás se trate del opus magnum de Locrian, el comienzo de otra era para la banda, su renacer post-apocalíptico.


Originarios de la ciudad de Azusa en California, ACxDC llevan más de 20 años atormentando el under hardcore de su estado natal. Títulos como “Vegangelical”, “Wookies Have Feelings Too”, “Sexual Fantasies With Biblical Figures”, “Turtle Power” y “Science ist Krieg”, la portada de su EP He Had It Coming mezclando la foto de la ejecución de Nguyễn Văn Lém con Jesús en lugar del oficial del Vietcong, su lanzamiento The Very Best of Antichrist Demoncore editado en un vinilo de 0,8 pulgadas y el propio nombre de la banda, demuestran que el hablamos de una banda con sentido del humor.
Claro, también puede que sea un sentido del humor muy estúpido, pero no es algo fuera de lo común en el mundo musical que los rodea. No creo que hasta el fan más ferviente me vaya a llevar la contra si digo que el grindcore es un género profundamente estúpido: bolas de ruido de 30 segundos que apenas pueden considerarse canciones, muchas veces grabadas a toda velocidad en el sótano más oscuro y húmedo que se puedan imaginar por músicos que apenas parece que saben tocar sus instrumentos, como un chiste de llevar las características del punk rock hasta sus últimas consecuencias. Tal vez por eso sea tan adictivo para mí y un público muy fiel, hay un encanto innegable en esa actitud.
A cuatro años del anterior Satan is King, ACxDC vuelven a las andadas con su tercer LP G.O.A.T., editado por la gente de Prosthetic Records. Y las cosas siguen estando donde uno se imaginaría con estos veteranos de la violencia, con sus riffs rompecuellos poniendo a prueba la integridad de los parlantes y sus ritmos a velocidades inhumanas azotando los pobres parches de la batería. “Wanna See A Dead Body?” tiene al cantante Sergio Amalfitano gritando como un desquiciado, ya sea con sus chillidos agudos o esos rugidos guturales pero siempre demostrando los extremos de las cuerdas vocales.
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Esa sería una buena manera de describir todo el álbum. Pero no todo es blastbeats y velocidad hardcore en la propuesta de ACxDC, porque hay momentos como para descansar entre cada momento de mosh mental que se genera en uno cuando lo escucha. secciones lentas dignas para repartir golpes en “Greatest Of All Time”, la primera mitad bien densa y casi doom de “Fairweather” y el doble bombo brutal de “Karoshi” son un par de ejemplos que rompen la monotonía que se podría sentir si todo siguiera el mismo estilo. Claro que eso podría pasar igual si este álbum se extendiera demasiado, pero ninguna de las canciones en G.O.A.T alcanza los dos minutos, con “Fairweather” y “Expired” siendo las que más se acercan a esa línea, lo que hace que parezcan suites progresivas de los setentas al lado de la mayoría de las bandas de la escena.
G.O.A.T. es un álbum profundamente descerebrado a primera vista y escucha, pero tiene su lado serio y con ganas de dar un mensaje cuando se analizan los detalles, como la manera en la que denuncian la manera en la que muchos hombres juzgan la vida sexual de las mujeres en “Thot Police”. Y también tenemos a un par de invitados, contando a Elliott Morrow (Spinebreaker) en “Clout Chaser”, Alexander Jones (Undeath) en “Karoshi”, Galaxy Eater en “Inside Joke”, y Henry Everitt y Roger Rivadeneira (No/Mas) en “Definition of Insanity”.
El tercer disco de ACxDC es uno que vuela a toda velocidad con 17 canciones que acumulan en apenas 23 minutos y 11 segundos, siendo su disco más largo al superar por cuatro segundos a Satan is King, lo que marca que deben ser unos vendidos de mierda que estarán grabando con David Guetta o DJ Khaled en poco tiempo. Pero hablando en serio, G.O.A.T. es toda una experiencia de violencia, velocidad y distorsión para aquellos que estén dispuestos a resistirla, con buenos riffs y una energía envidiable puesta en cada uno de los escasos segundos de las canciones. Para todo fan del grindcore y los chistes malos, es muy recomendable.
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Inter Arma (expresión latina que significa “en tiempos de guerra”), es un quinteto oriundo de Richmond, Virginia, que ha vuelto para impactarnos, una vez más, con su extraordinaria mezcla de doom, sludge, death y black metal borderline con lo psicodélico en su sentido más tétrico: el de un viaje mental oscuramente revelador. El grupo está formado por Mike Paparo (voz), Steven Russell (guitarra), Trey Dalton (guitarra), Joel Moore (bajo) y T.J. Childers (batería).
En esta ocasión, se trata de su cuarto álbum, dejando de lado el EP fundacional y la excelente colección de covers “Garbers Days Revisited” (2020), en la que supieron versionar desde Neil Young hasta NIN, pasando por Venom, Hüsker Dü y Prince. El disco de estudio anterior había sido el aclamado “Sulphur English” (2019). La edición, como ya es habitual, sigue a cargo del sello Relapse Records.
Creo que puede decirse que “New Heaven” es un disco brutalista. El brutalismo es un movimiento arquitectónico con una estética muy particular, de bases éticas y políticas. Se caracteriza por la construcción de estructuras imponentes, monolíticas, de concreto “en bruto”: gris, crudo, sin ornamentación. Buscaba una forma de belleza en la simpleza, el minimalismo, la fuerza, la honestidad y la funcionalidad. Un ejemplo de este tipo de arquitectura en Argentina está dado por las obras de Francisco Salamone. Más allá de las relaciones que pueden establecerse con los títulos de los tracks “Endless Grey” y “Concrete Cliffs” (y más aún con el video de este último), la extrapolación del estilo de un lenguaje artístico a otro no parece forzada, si bien, es cierto que hay quienes hablan de expresiones brutalistas en la música contemporánea “culta”. Muchos de los rasgos referidos se perciben en la actitud musical de Inter Arma, sobre todo en este nuevo disco.
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Las letras de Paparo abordan temas como las víctimas inocentes de las guerras, las adicciones, y otras formas de sufrimiento, en medio de una apatía social generalizada ante el infierno que viven muchas personas, desde niños hasta ancianos. No hay ninguna salvación que ofrecer, quizás lo máximo que se pueda hacer sea interrogarnos sinceramente acerca de las posibilidades de cambio, de alcanzar algún tipo de refugio práctico para afrontar la cotidianeidad.
El disco comienza con la canción que le da título, un golpe directo a pura disonancia que abre un portal en el que caemos vertiginosamente. La voz de Paparo es tan profundamente cavernosa como ya sabemos que puede serlo, y mientras las cuerdas erigen esas formas contundentes, la batería tiene un despliegue fenomenal. Hay pasajes que suenan a estados alterados de conciencia expresados en forma de sonido. No obstante, no importa cuán cacofónicos puedan ser los riffs, no dejan de tener cierto groove. Inter Arma no busca aproximarse al jazz como lo hace Imperial Triumphant, ni a un death metal “gótico” e intrincado como el de Ulcerate. Si bien me recuerda un poco a lo hecho por Philip H. Anselmo & the Illegals, sobre todo en su disco “Walk Through Exits Only” (2013), las comparaciones no pueden ser numerosas, porque la propuesta pretende ser, justamente, pura y genuinamente original.
“Violet Seizures” sigue asombrando con el arsenal percusivo y da la pauta de que la música de estos estadounidenses evita toda monotonía. La composición denota mucha dedicación y talento. La voz, rabiosa, adquiere un tinte similar al típico del black metal, en un track directo, más lineal en cuanto a su forma, que se acelera conforme avanza frenéticamente. El trabajo de Childers es increíble, tan preciso como implacable. Son interesantes los sutiles aportes de electrónica.
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“Desolation’s Harp” incrementa las demostraciones de bestialidad de la que Paparo es capaz. Las líneas de guitarra merecen todos los elogios posibles. Hay una belleza en lo que hacen, desde el punto de vista armónico, melódico y contrapuntístico, que merece ser resaltada a lo largo de todo el disco. “Endless Grey” es un track instrumental que sorprende con una sonoridad que remite a los primeros discos de Metallica. Es más, la ejecución del bajo recuerda a Cliff Burton, y eso es mucho decir. Ojalá hubieran extendido esta pieza un poco más. “Gardens in the Dark” nos trae la solemne voz limpia del líder, que quizás asuste más que la gutural. La canción tiene un aura darkwave que resulta tenebrosamente seductora y demuestra la increíble versatilidad de Inter Arma, algo que, de todas maneras, ya quedó claro para siempre con las versiones de clásicos que grabaron en su álbum anterior.
“The Children the Bombs Overlooked” ya desde el título, nos hace pensar en la situación que el mundo está atravesando actualmente, sobre todo el genocidio en Gaza. Aquí se me ocurre tomar como referencia la canción “Morale” de Napalm Death, una de mis favoritas de esa banda. Le sigue “Concrete Cliffs”, que fue el single con video propio, y es una sucesión inclaudicable de mazazos que, por momentos, da lugar a la expresión más melódica de la voz. El solo de guitarra que suena hacia el final es verdaderamente épico. Todo termina con “Forest Service Road Blues”, una canción acústica que incorpora piano y violín, con Paparo demostrando que puede estar a la altura de Nick Cave. Una delicia agridulce. Ya estoy en condiciones de afirmar que será muy difícil elegir los mejores discos este año, pero “New Heaven” es un candidato gigantesco.


In Vain fue claramente una de las bandas noruegas más emocionantes de los últimos 20 años. Para aquellos que no estén familiarizados, imaginen una versión más variada y melódica de Borknagar.
Firmando con Indie Recordings en 2005, In Vain sorprendió al mundo del metal con su álbum debut “The Latter Rain” dos años después. Se trató de un proyecto épico en el que participaron cerca de 20 músicos invitados, entre ellos el legendario Jan K. Transeth (ex-In the Woods…) y Kjetil Nordhus (Tristania, ex-Green Carnation, ex-Trail of Tears).
La banda cuenta hasta el momento con 6 álbumes de gran calidad incluyento este “Solemn” y siendo “Ænigma” del 2013 uno de los mas recomendados por la crítica especializada.
La música de estos muchachos se basa en innumerables géneros, incluyendo black metal, death metal melódico, rock progresivo, folk y música orquestal.
Solemn es un disco pesado, melódico, diverso y emotivo. Las canciones aquí están densamente compactadas con capas instrumentales e ideas musicales, pero nunca resultan abrumadoras. Es un disco que demanda atención, en el que podemos apreciar armonías pegadizas tanto de la guitarra como de la variedad vocal.
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“Shadows Flap Their Black Wings” es la primera canción del álbum, que nos recibe con un riff estridente y enérgico. Las voces roncas y profundas de Sindre Nedland y Andreas Frigstad, que juntas forman un dúo perfecto, se entrelazan con la melodía y las limpias del estribillo, creando una textura rica y compleja. El uso del saxofón aporta una atmósfera épica y confortable, característica de In Vain.
En “To the Gallows“, la agresividad aumenta con el cambio de voces guturales a limpias, logrando un equilibrio que se mantiene durante toda la canción. “Season of Unrest“, es un hermoso interludio a mitad del álbum, comienza con un bajo lento y constante, y las melodías se entrelazan con las voces ásperas.
“At the Going Down of the Sun“, con una estructura sinfónica, presenta la melodía característica de la banda en el estribillo. Llegando a la mitad del disco, nos encontramos con “Where the Winds Meet“, una de las mejores canciones del álbum en mi opinión, combina pasajes pesados y agresivos con momentos calmos.
“Beyond the Pale” comienza con una brutal pesadez y voces ásperas, pero de repente, las voces limpias elevan la canción a los cielos. Las ejecuciones de guitarra solista son fantásticas, abrazando la línea melódica sin perder la agresividad de la banda.
Ya acercándonos al final, encontramos a “Blood Makes the Grass Grow”, que incluye riffs con una marcada estridencia y cambios de ritmo que van desde lo épico hasta lo más íntimo.
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Y aunque “Eternal Waves” sólo alcanza su verdadero potencial alrededor de la mitad, la banda ha guardado lo mejor para el final: el fascinante cierre “Watch for Me on the Mountain” demuestra ser no solo un final fantástico para el álbum, sino una gran canción en sí misma.
Los noruegos han entregado al mundo un magnífico álbum con nueve canciones que rozan la perfección, acompañado de un excelente artwork que, en conjunto, conforman una obra maestra.
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