


Hay discos que no se escuchan, sino que se experimentan. Procession, el nuevo trabajo de los belgas Wolvennest, pertenece a esa categoría donde la música trasciende el formato canción y se transforma en un ritual. Un viaje oscuro, hipnótico y ceremonial, en el que cada tema fluye hacia el siguiente con naturalidad, como si todo el álbum fuera una única invocación dividida en distintos pasajes.
Desde el primer compás, el grupo reafirma su identidad: un sonido denso, envolvente y espiritual, donde confluyen el doom, el black metal atmosférico y la psicodelia ritual. El tempo medio, casi meditativo, domina gran parte del álbum, generando una sensación de trance que se refuerza con la repetición hipnótica de riffs y mantras sonoros. Cada pieza está cuidadosamente construida para sumergir al oyente en un estado contemplativo, donde los matices emergen lentamente, como ecos desde una caverna.
Uno de los grandes aciertos del disco es el trabajo de guitarras. Wolvennest mantiene su característica formación con tres guitarristas, lo que permite una profundidad armónica poco común dentro del género. Lejos de saturar, las seis cuerdas dialogan entre sí con una precisión casi ritual: una base sólida sostiene el pulso principal, mientras que la guitarra solista aporta colores, texturas y solos etéreos que abren espacios dentro de la densidad. Es un equilibrio delicado entre oscuridad y belleza, entre caos y contemplación.
La presencia de Shazzula es otro punto alto. Su voz es más que un instrumento: es una entidad. Sus interpretaciones combinan lo místico y lo terrenal, lo femenino y lo ancestral. A veces recita con un tono hipnótico y ceremonial; otras, se eleva con un lamento melódico que corta la niebla instrumental. Su participación no se limita a liderar las melodías, sino que se integra al tejido sonoro, potenciando la atmósfera de misterio que recorre todo el álbum. En algunos pasajes, aparecen voces guturales o coros rituales que refuerzan el carácter espiritual del conjunto, aportando contraste sin romper la cohesión general.
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Cada canción dentro de Procession conserva una identidad propia, aunque todas forman parte de un mismo flujo. Algunas se orientan más hacia el black metal, con riffs punzantes y percusiones más marcadas, mientras que otras se adentran en terrenos más psicodélicos o ambientales, donde los sintetizadores y drones adquieren protagonismo. Este juego entre texturas es fundamental para mantener la atención del oyente: detrás de cada compás hay un detalle que revela una intención, una variación mínima que hace avanzar el viaje.
En cuanto a las letras, el grupo vuelve a sumergirse en su universo esotérico y filosófico. Los textos exploran la idea del viaje interior, la muerte simbólica y la purificación espiritual. Se percibe una conexión con lo oculto, con las fuerzas invisibles que rigen el cosmos y con el eterno ciclo de destrucción y renacimiento. Procession no habla de oscuridad desde el nihilismo, sino desde la búsqueda de sentido: el descenso a las sombras como parte necesaria del proceso de iluminación.
La producción es impecable, densa pero clara, permitiendo que cada instrumento conserve su espacio. Las guitarras forman una muralla sonora sin perder definición; el bajo sostiene el pulso con un tono profundo y cálido; la batería actúa más como guía rítmica que como protagonista, manteniendo un tempo pausado pero firme que refuerza la sensación de trance. Todo suena orgánico, natural, como si el disco hubiera sido grabado en un templo subterráneo, bajo el resplandor de antorchas.
Procession es, en definitiva, una obra que no busca complacer, sino invocar. Wolvennest entrega un álbum que funciona como una ceremonia sonora, donde cada elemento tiene su propósito y cada silencio su peso. Escucharlo es formar parte de ese ritual, avanzar lentamente por un sendero de humo y fuego hacia un estado de comunión entre lo humano y lo divino. Un disco que exige entrega, pero recompensa con una experiencia única, profunda y transformadora.
Etiquetas: Black Metal, Consouling Sounds, doom metal, Post Metal, Procession, Rock Psicodélico, Wolvennest
En el vasto paisaje del metal argentino, pocas bandas pueden hablar con la autoridad que tiene Avernal. Treinta años después de su formación, el grupo sigue siendo una columna vertebral del death metal local, una entidad que nunca se disolvió en la nostalgia ni se dejó absorber por el tiempo. Ekpyrosis, su nuevo trabajo, no es solo un disco: es una declaración de vigencia y supervivencia.
Producido por la banda junto a Jaime Gómez Arellano (Cathedral, Hexvessel, Moonspell), Ekpyrosis irradia crudeza, no hay retoques ni compresiones digitales que aplanen la emoción. Todo suena vivo, como si cada instrumento estuviera a centímetros del oyente.
Desde el inicio, la instrumental “Ekpyrosis” le da pie a “Regresión Al Caos” que llega con su ataque directo: riffs ásperos con una producción que prioriza la energía sobre la pulcritud. El sonido tiene una densidad que recuerda a los viejos días del death metal clásico, pero con un temple actual. “Tripalium” introduce un aire ritual donde las guitarras abren camino a uno de los momentos más intensos del álbum. Luego, “Logia Obscena” trae un aire más rockero, evocando una mezcla de groove y agresión. En el tramo final, “El Verdugo De Sí Mismo” e “Inefable” cierran el viaje con un tono apocalíptico y a la vez liberador.
Cristian Rodríguez entrega una de sus interpretaciones más sólidas, cargada de furia mientras que la ejecución técnica del resto de la banda está en su punto más equilibrado. Las guitarras de Gonzalo Varela y Federico Ramos sostienen el peso emocional del disco mediante esos riffs sólidos y sumando melodías que emergen entre la oscuridad. El bajo de Tulio Navia es el ancla que da espesor, mientras German Rodríguez en la batería evita el exceso de velocidad.
Todo suena sin adornos ni artificios y podemos encontrar que se privilegia el impacto y la coherencia por encima del lucimiento individual. La producción, por su parte, mantiene un balance clásico con un toque analógico.
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En un contexto donde muchas bandas argentinas de los noventa se disolvieron o quedaron atrapadas en el recuerdo, Avernal representa lo contrario: una permanencia activa. Si en Réquiem para los Rebeldes la banda había alcanzado un pico de agresión, y en Tzompantli exploraba el costado ritual y místico, Ekpyrosis se erige como el punto de equilibrio entre ambos. Es un álbum introspectivo que no busca impresionar sino afirmar una identidad. Su sonido puede dialogar con el death metal europeo o el groove sudamericano, pero su corazón está en Buenos Aires, en la crudeza del asfalto, en la urgencia de un país que no deja de arder.
No hay intención de complacer a nadie más que a sí mismos, y en esa honestidad radica su poder. Lo que podría sonar previsible en manos de otros, en Avernal se convierte en convicción, en la confirmación de que la fuerza no está en reinventar la rueda, sino en hacerla girar con la misma furia de siempre.
En tiempos de saturación sonora y fórmulas previsibles, este disco no es una pieza del pasado, sino una declaración del presente. Avernal no mira atrás ni hacia afuera: mira hacia adentro, hacia ese fuego que nunca se apaga, y lo deja arder hasta que todo —incluso ellos mismos— vuelva a renacer de las cenizas.


El proyecto unipersonal danés Afsky vuelve a editar un trabajo de larga duración luego de dos años. Una espera relativamente breve si consideramos el impacto que tuvo su anterior álbum, Om hundrede år, un disco que abrió muchas puertas a la banda y le permitió afianzarse dentro de la escena black metal europea. Ese trabajo, cargado de crudeza y melancolía, fue recibido con elogios tanto por la crítica especializada como por los seguidores del género. Por esa razón, las expectativas para Fællesskab, su nuevo lanzamiento, eran considerablemente altas.
Este álbum gira en torno al concepto de comunidad, pero no lo aborda desde un enfoque positivo. Por el contrario, propone una lectura crítica y desencantada. Las letras exponen cómo el pensamiento individual suele verse suprimido para poder encajar dentro de un colectivo, y cómo la duda es castigada con aislamiento y rechazo. Afsky logra transmitir esta idea no solo a través de las palabras, sino también mediante un tono musical sombrío y opresivo que refuerza la sensación de incomodidad. Al mismo tiempo, hay un mensaje esperanzador: la invitación a salir del conformismo y a atreverse a expresar ideas propias, sin temor a la exclusión.
En lo musical, Fællesskab marca algunos cambios significativos respecto a su predecesor. Este nuevo material presenta un perfil más melódico, sin perder la esencia áspera y emocional que caracteriza al proyecto. Las melodías no llegan a ser accesibles en el sentido tradicional, pero tienen la fuerza suficiente para permanecer en la mente del oyente. Son frías, distantes y poderosas, transmitiendo la sensación de estar frente a un paisaje invernal y desolado.
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Las guitarras son un pilar central del sonido. Hay un juego muy interesante entre las diferentes capas, que se entrelazan y se retroalimentan para construir atmósferas densas y envolventes. El resultado es hipnótico, casi como si el oyente estuviera atrapado en un eco constante. Sin embargo, hay momentos en los que la mezcla hace que sea difícil distinguir con claridad las líneas individuales de guitarra, especialmente cuando varias texturas se superponen. Aun así, este leve defecto no opaca el excelente trabajo compositivo que hay detrás. Además, por primera vez se perciben sutiles presencias de teclados, que si bien no dominan el sonido, añaden profundidad y un matiz casi espectral.
La batería brilla con una ejecución mucho más dinámica que en trabajos anteriores. No se limita a blast beats veloces y potentes —aunque abundan—, sino que incorpora fills bien colocados, arreglos de platillos y patrones rítmicos que añaden variedad y matices a las composiciones. El bajo, por su parte, tiene una presencia más notoria que en álbumes previos, aunque sigue cumpliendo un rol de acompañamiento más que protagónico.
La voz de Ole Luk mantiene su característica aspereza: un grito agudo y desgarrador que transmite dolor, frustración y melancolía. Hay momentos en que da la impresión de que sus cuerdas vocales podrían romperse en cualquier instante, lo que contribuye a reforzar el dramatismo y la intensidad emocional del disco.
Entre los puntos altos del álbum se encuentra el tema “Den der ingenting ved tvivler aldrig”, probablemente el más agresivo y directo de todo el trabajo. Es una canción que destaca por su energía cruda, su ritmo frenético y un riff central que, dentro de los parámetros del estilo, resulta particularmente pegadizo. Representa un contraste interesante con el resto del material, aportando un momento de intensidad inmediata sin perder coherencia con la propuesta conceptual del disco.
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Otros momentos memorables incluyen la introducción inicial, que comienza con una melodía casi alegre para luego desvanecerse y dar paso a un riff punzante y demoledor. También destaca “Svanesang“, la composición más extensa del proyecto hasta la fecha, con once minutos y medio de climas cambiantes, riffs hipnóticos y un desarrollo emocional profundo que sintetiza a la perfección la visión artística de Afsky.
En términos de producción sonora, Fællesskab presenta un audio muy sólido. Hay un equilibrio logrado entre crudeza y claridad, algo difícil de alcanzar en este tipo de propuestas. Aunque en ciertos pasajes las guitarras pueden enredarse un poco entre sí, el resultado final es contundente y transmite de forma efectiva la atmósfera lúgubre que busca generar.
Fællesskab no reinventa el black metal, pero refresca la trayectoria de Afsky y reafirma su posición como uno de los proyectos más consistentes y personales del panorama actual. Seguramente continuará abriéndole caminos y consolidando a Ole Luk como un compositor que no teme evolucionar sin traicionar su identidad.


En un panorama metalero saturado de reuniones nostálgicas y regresos predecibles, Coroner emerge con “Dissonance Theory” después de tres décadas de silencio para recordarnos por qué fueron una de las bandas de thrash técnico más criminalmente infravaloradas de la historia. Los suizos, formados originalmente en 1983, nunca alcanzaron el estatus de pioneros que merecían a pesar de construir una discografía casi inmaculada que influenció generaciones posteriores. Este sexto álbum de estudio no es un ejercicio de nostalgia sino una declaración de relevancia contemporánea que equilibra su firma sonora inconfundible con una modernidad orgánica que muchos veteranos del género han sido incapaces de lograr.
La producción estuvo a cargo de Jens Bogren en los estudios Fascination Street, responsable de la mezcla y masterización que permite que cada elemento respire con claridad quirúrgica sin perder un ápice de intensidad. El cambio más significativo en la formación es la ausencia de Marquis Marky detrás de la batería, reemplazado por Diego Rapacchietti, quien logra no solo llenar el vacío sino aportar una energía cinética que se adapta perfectamente a las necesidades compositivas del material. Tommy Vetterli y Ron Broder retornan como el núcleo creativo, este último asumiendo nuevamente las responsabilidades vocales con una confianza renovada que se refleja en su posición más prominente en la mezcla comparado con los álbumes clásicos.
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“Consequences” establece inmediatamente las credenciales del álbum con un ataque progresivo que muta inesperadamente hacia guitarras thrash devastadoras. Las transiciones son fluidas pero impredecibles, creando una sensación de violencia controlada que caracterizará todo el disco. El trabajo de guitarra de Vetterli es preciso y cortante, cada riff funcionando como bisturí que disecciona la mezcla antes de sumergirse en ebbs y flujos de disonancia con frenesí arácnido. Los solos trascienden la masturbación técnica típica del thrash, alcanzando niveles de virtuosismo que evocan a Revocation pero con menor énfasis en elementos death metal.
“Crisium Bound” marca el primer momento donde la banda abraza más directamente su sonido thrash clásico, aunque filtrado a través de décadas de maduración artística. Es aquí donde se hace evidente que Coroner no está interesado en simplemente recrear “Punishment for Decadence” o “Mental Vortex“, sino en perfeccionar lo que siempre fueron: pensadores musicales que utilizaban el thrash como vehículo para exploración progresiva. Las atmósferas oscuras y los toques sci-fi que alguna vez los acercaron a Voivod siguen presentes, pero refinados hasta alcanzar una cohesión que sorprende por su elegancia.
“Symmetry” y “Trinity” ejemplifican cómo Coroner ha influenciado a bandas como Meshuggah y Mastodon sin nunca recibir el crédito correspondiente. Los cambios de tiempo son sutiles pero efectivos, mientras que el chugging progresivo de las guitarras demuestra que la complejidad rítmica no requiere ostentación técnica gratuita. La sección rítmica de Broder y Rapacchietti funciona como un martillo neumático que constantemente ajusta su tempo y energía según las demandas de cada momento compositivo, creando fragmentos de calma que se construyen perfectamente hacia purgas de virtuosismo instrumental devastador.
“The Law” y “Transparent Eye” demuestran que la banda no ha agotado su arsenal de riffs memorables. Es asombroso constatar cuánto adelantados a su tiempo estuvieron los suizos en los ochenta y noventa, y cómo ahora simplemente perfeccionan lo que siempre hicieron sin que suene anacrónico. El mood denso y la tensión omnipresente que caracterizan estos temas podrían haber sido escritos ayer, encajando perfectamente con la atmósfera apocalíptica que domina el metal contemporáneo. Las letras han evolucionado hacia narrativas más directas, abandonando las metáforas crípticas de álbumes como “Masked Jackals” en favor de la historia que aborda temas de fin del mundo con la urgencia que la realidad actual demanda.
“Sacrificial Lamb” es un leviatán que machaca cráneos con doble bombo implacable, mientras que “Renewal” abraza el lado más frenético del speed metal sin perder nunca el groove característico de la banda. El cierre incluye incluso un solo de teclados que funciona como jam basado en la vibra acumulada, demostrando que Coroner sigue dispuesto a experimentar dentro de su marco sonoro establecido.
“Dissonance Theory” es un regreso triunfal que desafía las expectativas de lo que debe ser un álbum de reunión. Coroner ha creado una obra que honra su legado sin estar encadenada a él, demostrando que la maestría técnica y la escritura sofisticada no tienen fecha de caducidad cuando se ejecutan con pasión genuina y visión artística clara. Este es thrash para pensadores, metal que exige atención y recompensa la escucha repetida, un candidato innegable para los mejores álbumes del año.


DARLOTODO es una banda que califica como emergente pero que paciera que la venimos escuchando hace más de 2 décadas. Un poco porque revitaliza uno de los géneros millennials por excelencia y otro poco porque estos muchachos son más que expertos aún en su corta carrera, (sobre todo Penumbra, su líder y quien carga con un largo curriculum en varias áreas artísticas). Hace aproximadamente un año y medio estaban haciendo su debut con Darlotodo que significo una aparición sorpresiva en la escena, por lo bien que suena para ser su primer álbum. Hoy nos desayunamos con Crisálida, su segundo álbum, que eleva los niveles en todo sentido.
Crisálida salió el viernes 17 de octubre y me hice de su escucha ese mismo día. Una obra que se presenta como conceptual, con 13 piezas que invitan a la reflexión. Lo que se aborda no es una simple historia cliché sino, más bien, uno de los puntos más dolorosos, el punto de no retorno del cual muchos no logran recuperarse: aquella infancia perdida. Por eso misma razón, no estoy hoy aquí para hacer un análisis detallado y afinado del álbum, ya que Crisálida es por sobre todas las cosas un encuentro personal que cada uno de ustedes deberá transitar al escucharlo. Sin embargo, prometo darlo todo en esta reseña.
Al inicio nos encontramos con “Exclamación de Athena” como aquel rememorado ataque en la serie infantil Los Caballeros Del Zodiaco, algo que desde el vamos ya me sitúa en mis tiempos de infante. Una pieza instrumental que me fascina y que funciona a la perfección como obertura del disco, con esa leve sensación de tormenta o estallido que se avecina. “Crisálida” es la pieza que conecta con esta intro y que nos adentra más en lo profundo de nuestro ser. Quizás la más significativa de todo el disco, no solo por ser la de nombre homónimo sino porque relata de manera un poco más explicita el dolor que atraviesa nuestro narrador. Una descarga de ira por la decepción con aquellos que se suponían nuestro principal amparo y un llamado a la transformación a través de la superación. Un excelente inicio.
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De las 3 colaboraciones la que al menos para mí, se lleva todos los aplausos, es el cover “Imágenes Paganas” con Claudio Oconnor acompañando en la voz, al punto de gustarme por encima de la versión original (perdón Virus). No están para nada, nada mal, las otras 2 colaboraciones con Corvata y Matamba, pero bueno, si hay que elegir una…
El punto máximo de éxtasis, en mi opinión se alcanza con “Veneno”, mi segmento favorito de Crisálida. El estribillo es como un giro de 180 grados desde lo musical, un cambio medio inesperado a como vienen sonando las primeras estrofas, algo que particularmente me encanta. Su escucha me deja una sensación inquietante, como si el narrador estuviera luchando con sus propios demonios. Puedo percibir esa incomodidad en mí mismo y por eso, está pieza refleja la perfecta ambientación musical que el disco le da al concepto. Pasajes como “#” o “Ikki” obran como nexo entre los diferentes estados de ánimos que se van transitando en la escucha.
El cierre con “Un hermano murió” y “528” es la perfecta clausura que un disco pueda tener. Por el contrario de la intro, está última pieza me da paz y tranquilidad, pero melancolía al mismo tiempo, esa misma que uno percibe cuando todo se terminó y ya nada más queda por hacer. Un gran acierto el inicio y cierre de manera instrumental.
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Todo el disco no baja en ningún momento la vara, cada segmento es un gran aporte a la totalidad de la obra. Es un disco de escucha rápida pero profunda. Con un poco menos de 40 minutos de duración logra transportarnos más allá del momento en que lo escuchamos. Si me permiten la comparación, de cierta forma me recuerda a The Crimson Idol de WASP. Crisálida me deja esa misma sensación que el disco de Blackie, la de la transformación desde el dolor hacia la superación, logrando que el oyente se mimetice con lo que escucha y empatice con el narrador, o en otros casos se sienta acompañado por compartir ese mismo dolor.
La verdad que DARLOTODO realmente lo dio todo con este disco. Una banda nueva pero que se decidió por hacer las cosas de la manera más profesional posible, con un gran disco debut y ahora con un excelente segundo material. Cada detalle es un gran aporte a la totalidad de la obra, detalles que en el todo se vuelven totalmente homogéneos: las canciones, los videoclips, las colaboraciones y hasta el arte de tapa. Todo está muy bien pensado y logrado. Como mencioné anteriormente, Crisálida es por sobre todo un encuentro personal y por eso los invitó a cada uno de ustedes a escucharlo. Por mi parte, creo que estamos ante quizás, uno de los mejores discos del año, incluso por encima de aquellos de agrupaciones internacionales de los cuales tenía muchas expectativas. Apuesto por esta banda y por estos músicos que revitalizan la escena local.


En la música por lo general, se suelen encontrar dos tipos de bandas: en primer lugar, aquellas que nacen y construyen su nombre alrededor del mismo estilo y propuesta musical a lo largo de toda su carrera. Son las que más abundan. Se trata de grupos que apenas encuentran una fórmula que les da éxito, no se salen de ella. Se mantienen fieles. Bandas que moldean nota a nota y acorde a acorde, un sonido que los hace reconocibles y les permite consolidar una base sólida de fanáticos que a medida que sale un nuevo disco, espera encontrar la misma fórmula musical, sin ningún tipo de sorpresa o variante. En resumidas cuentas, son grupos que no se mueven de las cuatro paredes sobre que las cimentaron su estilo.
Por otro parte, están aquellas que por el contrario, son vanguardistas y presentan ambiciones musicales. Bandas que no saben quedarse quietas. Que siempre andan buscando nuevos caminos por recorrer, nuevos rumbos por explorar, y nuevos horizontes por alcanzar. Grupos y artistas trepidantes, llenos de inquietudes que año a año, se desafían, innovan, y hasta incluso rompen con las reglas de lo establecido, avanzando hacia direcciones y senderos desconocidos, nunca antes explorados.
Dentro de este conjunto podemos ubicar a Amorphis. Y es que si por algo se caracterizaron los finlandeses en sus más de 30 años de carrera, es por siempre haber mutado y evolucionado su sonido. Desde sus inicios más “pica piedras” en los que practicaban un Death Metal bien cavernoso pero con algún tinte atmosférico, hasta sus más recientes trabajos con una propuesta mucho más pulida y cercana al Metal Progresivo Melódico, los oriundos de Helsinki siempre han sabido fusionar elementos de distintos géneros para poder dar forma a su estilo musical tan particular y auténtico. Porque la realidad marca que Amorphis nunca fue una banda fácil de encasillar en un solo género. Sí, tal vez la salida más sencilla sea decir que es una banda de Metal Progresivo. Pero musicalmente, la mezcla de guturales, voces limpias, guitarras acústicas, teclados, ritmos folclóricos, y segmentos influenciados por el rock progresivo de los 70’, hacen que cada disco se sienta como un viaje ecléctico lleno de pasajes melódicos, explosivos, calmos y dinámicos.
Y acá hay que detenerse a hacer un pequeño párate. Porque si bien, es cierto que la banda se ha movido por distintos géneros y ha tenido variados rumbos musicales a lo largo y amplio de su discografía, desde hace un par de años (más concretamente desde 2010 con Skyforger), Amorphis también logró consolidar su sonido, combinando la melancolía y potencia de un Death Metal melódico similar al que practican unos Dark Tranquility o sus compatriotas Insomnium, junto un apartado instrumental más elegante y progresivo propio de grupos como Opeth o Katatonia. Todo esto, sumado a la presencia de los teclados de Santeri Kallio, que le brinda un toque más gótico y sinfónico a la música, le permitió al grupo construir una identidad 100% reconocible por el público que hace que uno al escuchar un tema de sus últimos discos, gire la cabeza y apunte directo con el dedo hacia ellos. Y ojo, con esto no quiero decir necesariamente que la banda “se estancó” o se quedó sin ideas, pero sí se puede empezar a apreciar cierta comodidad y confort en buena parte de sus composiciones. Como si el hambre y la ambición por explorar nuevos caminos ya no fuese la misma que antes.
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Y repercute un poco en las sensaciones que me deja el presente Borderland, porque por un lado me parece que estamos ante un muy buen disco dentro de su catálogo, con composiciones bastante competentes y momentos sumamente destacables (más concretamente, gracias a la sutileza de Santeri Kallio en los teclados). Pero por el otro, no puedo evitar pensar que se palpita una obra con una fórmula ya predecible, antes vista, y que no presenta ningún elemento que te generé sorpresa o te tomé desprevenido. Con patrones que se repiten, recursos ya utilizados con anterioridad, y un juego de voces limpias con guturales que ya no se siente tan fresco y novedoso como lo supo ser cuando la banda lo implementó por completo en sus obras.
Dicho esto, hay que decir que el disco aun así se disfruta. Los temas conservan el estilo de las anteriores obras, y se mantienen en la misma línea que en Queens Of Time (2018) y Halo (2022), intercalando momentos llenos de intensidad y adrenalina, junto con otros más bellos y conmovedores, de la mano de las dulces melodías que se desprenden de los dedos de sus dos guitarristas (y pilares angulares de la agrupación), Tomi Koivusaari y Esa Holopainen.
De esta forma, encontramos piezas como “The Strange”, “Dancing Shadow”, o la que abre el disco, “The Circle”, donde vemos a la banda hacer alarde de su destreza técnica y compositiva a la hora de fabricar y desplegar brillantes melodías, tanto en las guitarras como en los teclados. En un registro similar, podemos ubicar a “Light And Shadow”, aunque con un pequeño exceso de azúcar en el resultado final.
“Fog To Fog” directamente parece un tema sacado de unos referentes del Death Metal melódico actual, como lo son Omnium Gatherum, mientras que “Tempest” funciona como la balada del disco (aunque momentos deslumbrantes no le faltan). “Bones”, por su parte viene a representar la faceta más pesada y acompasada, con esos ritmos y notas más “arábicas” a las que nos tiene acostumbrado la banda.
Como verán, las conclusiones del trabajo pueden ser muy positivas según como se lo vea. Y es que la realidad dicta que Amorphis y la palabra calidad, siempre fueron de la mano, sin importar de que etapa de su carrera estemos hablando.
Pero eso no impide notar que esa calidad que suelen manejar viene bajando. O ya no tiene el mismo efecto que antes. Y en gran parte, se debe a la comodidad musical que encontró la banda hace años.
Amorphis se volvió un grupo el cual ya no tiene más platos sorpresas para servir, sino que ahora se dedica a ofrecer el especial de la casa. Siguen siendo uno de los mejores chefs, pero se echa en falta esa búsqueda por querer superarse a sí mismos.
Un escalón por debajo del brillo y esplendor que fueron sus últimos dos trabajos para este “Borderland”. 8/10.


Un poco más de un año después de que saliera a la luz “Powerlords“, el primer álbum de Elettra Storm, el sello Scarlet Records nos propone para el 24 de octubre de este 2025 el lanzamiento del segundo álbum de la banda titulado “Evertale”. Este nuevo material fue mezclado y masterizado por Simone Mularoni en los estudios Domination (Wind Rose, Vision Divine, Twilight Force) y la bellísima portada estuvo a cargo de Sheila Franco. El álbum atraviesa por momento de power metal a las chapas, matizado por tintes progresivos e interesantes cambios de ritmo, pero en todos los casos nos encontramos con refinadas melodías, bien pegadizas, que se queda en tu cabeza por horas.
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La nueva obra de Elettra Storm arranca con dos temas veloces y potentes como “Endgame” y “The Secrets Of The Universe” donde la melodía y la velocidad dicen presente de principio a fin sin permitirte un segundo de respiro. En “Hero Among Heroes” bajan un poco la velocidad, pero en función de una melodía y un coro pegadizo. En este tema aparece una nota distintiva que nos acompañara a lo largo del resto de la producción y es el contraste entre las voces limpias de Crystal Emiliani y Francis D. Mary.
Luego de ello nos encontramos con “Blue Phoenix” otro tema rápido y potente que, hasta la época de esta reseña, es el único sencillo lanzado como adelanto del disco. Una elección acertadísima: muestra todos los recursos musicales y compositivos de la banda. Power metal del mejor. Cuando llega el turno de “Ride The Rainbow” y “One Last Ray Of Light”, le ponen un poco de tranquilidad a esta tormenta de velocidad y al sonar “Master Of Fairytales” regresan a la rapidez promedio del disco y nos brindan un estribillo, a dos voces, épico y pegadizo.
Llegando a la etapa final del disco, nos deleitan con “Judgment Time”, un tema donde la voz masculina toma mayor protagonismo lo que permite resaltar la fuerza de la voz de Emiliani. Para despedirse la banda nos trae la versión de un tema sonoro de videojuegos de la década del noventa y la composición más extensa de esta nueva producción, “If The Stars Could Cry”, que musicalmente resulta muy interesante, melódico y con tintes progresivos en donde podemos oír la belleza de la voz de Emiliani mezclandose con un piano de fondo.
Las letras abarcan distintos tópicos propios del género como la épica de la batalla y el drama de la guerra, la enseñanza de los dioses antiguos, el capricho de estos mismos dioses sobre el endeble destino humano, el deseo de venganza y la fuerza del conocimiento para forjar su destino, nacidos de la pluma y mente de Davide Sportiello principal compositor de la banda.
Y si hablamos de la voz de Crystal, la misma sobresale en cada uno de los temas: sin ser la característica voz sinfónica que inunda el mundo del metal en los últimos tiempos, nos deleita con dosis por igual de melodía y fuerza. El resto de la banda, con una ejecución instrumental de alto nivel, redondea un álbum altamente recomendable. La banda destaca ampliamente cuando imprime velocidad a los temas, dejando en claro su faceta powermetalera. Cada recurso del género es empleado acertadamente en función de la melodía y la fuerza de las composiciones demostrando que, aunque pueda parecer un cliché, “lo viejo funciona” cuando es utilizado en los momentos oportunos.
Definitivamente es un disco que te deja con ganas de más y parecería que Italia nos trae una vez más una banda llamada a hacerse de un nombre importante entre los fanáticos del power metal. Para confirmarlo o no tendremos que esperar su próxima producción. Ojala no nos hagan esperar demasiado.


Pasaron casi 5 meses desde su salida y recién hoy me doy la oportunidad de reseñar tamaña obra. Y no es que haya tenido mucho que hacer, sino que simplemente, hace pocos días, en un arrebato de furia por los disgustos de la vida, fui a buscar algo para escuchar y que pudiera apaciguar mi bronca y frustración y entre idas y vueltas me topé con lo que hoy voy a definir como el mejor disco de Asspera hasta le fecha. Crónica De Una Verga Anunciada salió a fines del pasado mes de mayo y si bien no cuenta con la ventaja de disco nostálgico, al menos yo, pongo las manos en el fuego por él.
Asspera, es una banda que se define a sí misma como metal bizarro. Para mí, es una sátira metalera, el soundtrack de lo más bizarro y surrealista de un país que continuamente da mucho que hablar (más hoy en día). Tienen discazos como Bizarra Actitud De Seguir con Vida y el aclamado Hijos De Puta que estarán conmemorando por su 15avo aniversario y que nadie duda en ponerlos en primer lugar como lo mejor de su carrera, pero, aun así, siento que con este último álbum decidieron ir un poco más allá.
Crónica De Una Verga Anunciada no es solo una oda a las típicas vivencias bizarras del argentino promedio, como tener vecinos de mierda o encontrar al panadero del barrio saliendo de un motel con un travesti, es un grito de guerra para todos los que sentimos que no encajamos. Y cuando hablo de no encajar, me refiero a todos aquellos que vivimos entre la frustración de tener que lidiar con una sociedad que vive envuelta en un dilema político, que aclama y festeja la estupidez y la ignorancia y que por sobre todas las cosas, vanagloria el individualismo, como se manifiesta en la excelente “Jesucripto” o la canción de nombre homónimo al disco.
“Se tranco el sorete” es un gran tema (bueno, acá no me siento representado jaja) donde destaca un gran comienzo al mejor estilo nu metal, que ahora que los millennials estamos en plenitud laboral, logramos revivir de cierta manera. Bueno, este disco tiene mucho de eso, de tomar elementos característicos de ciertas bandas o géneros y utilizarlos a su favor (como el Papa Richar jaja). Asspera siempre fue bueno en eso. “Sin garantía” es otra gran pieza que relata las vivencias que los inquilinos pasamos día a día (llevo 7 mudanzas en el hombro) y con la que uno se logra encontrar con rapidez por su ritmo.
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Uno de mis segmentos favoritos llega con “El barrio proveerá” que con un riff super ganchero y un mejor aún estribillo nos remonta a los mejores tiempos de cuando caminábamos el barrio a pie con amigos, con una sinergia de equipo, con valores de amistad muy diferentes a los tiempos que corren y totalmente libres de la intoxicación del “Rey celular”. El quiebre intermedio con el bajo tomando mayor presencia y un excelso solo de guitarra, me vuelve simplemente loco. “Hombre Vencido” es un poco una generalización de todos los problemas que a uno lo atraviesa y tratan de abatirlo. Acá Asspera, es más Asspera que nunca, pero Rockardo pasa a otro plano existencial con el tremendo solo que decora la canción.
Sin embargo, lo mejor de este disco, el punto cúspide de esta obra, llega hacia el final con “La importancia de lo no importante”, una canción que lo tiene todo, desde la excelencia musical hasta la mejor narración. Esta pieza es verdaderamente la frutilla del postre, variando un poco la tradicional estructura musical de Asspera y apostando un poco más por lo melódico. La letra es el resumen del disco y de la mierda que hoy acontece. Un grito de guerra a los felinos y a los equinos y a todos aquellos capaces de entregar a su propia madre por 5 minutos de succionarles el órgano colgante. Acá tiran toda la carne al asador y el resultado es el mejor. Antes de olvidarme, debo hacer una mención especial para la colaboración con la reina finlandesa que nunca está de más.
Crónica De Una Verga Anunciada corona una muy buena carrera y sin dudas, pone a Asspera como uno de los principales referentes del metal argentino en este momento. Quizás no invite a reflexionar o a la introspección como lo hacía la obra de Ricardo Iorio porqué está claro que las formas son diferentes, pero sin embargo logro encontrar muchas similitudes con el resultado final: ser la voz de quienes mucho callan. Es sin duda, un abrazo metalero que muchos esperaban, un amparo y una fuente de descarga de energía para la bronca, la frustración. Musicalmente demuestra la evolución natural esperada para el nivel de músicos que conforman a Asspera. Como obra en su totalidad es, como dije, lo mejor de su carrera hasta el momento y personalmente, para mí, una buena forma de decirles a muchos LLEVENSE ESTE PAQUETE PARA MENDOZA.


A lo largo de la historia, cada década estuvo marcada por determinadas bandas y músicos que de distinta manera, moldearon un estilo y género musical. Con sus herramientas, sus influencias y sus aspiraciones personales no sólo terminaron consolidando un sonido sino que hasta llegaron a marcar una época. Existen casos de sobra dentro del metal, en los 80’ grupos como Metallica, Slayer y Exodus dieron forma al Thrash. En los 90’ fueron Deicide, Cannibal Corpse o Morbid Angel entre muchos los que redoblaron la apuesta y vieron nacer al monstruo conocido como Death Metal. Y así, muchos casos más con otros géneros como el Power, el Doom o el Black.
Decir que Revocation llegó a esos niveles, es quizás exagerar un poco. Y es que si bien los oriundos de Boston, Massachusetts, consiguieron con el tiempo en volverse en unos de los nombres más reconocidos de la escena actual Thrash/Death Metal más técnico y extremo, lo cierto es que su particular propuesta los terminó por volver en uno de los grupos más singulares de estos tiempos modernos.
En primer lugar, si bien tuvieron sus inicios hace ya casi 20 años, al mismo tiempo que se fue formando la nueva ola de Thrash Metal a principios de los 2000’ comanda por grupos como Evile, Havok o Lazarus A.D, la realidad dicta que desde un comienzo, su música estuvo muy alejada del estilo más tradicional y directo que practicaban las mencionadas bandas pertenecientes a esta corriente. Por esta razón, Revocation nunca terminó por encajar con esta camada de Thrash contemporáneo, que buscaban rendir tributo a los grandes exponentes del género.
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A su vez, su propuesta nunca alcanzó los niveles de complejidad o de extrema precisión técnica que sí trabajaron Obscura, Beyond Creation, Rivers Of Nihil o Fallujah, entre tantos.
Dicho así, pareciera que la banda liderada por David Davidson se pasó la mayoría de sus años de carrera en tierra de nadie. Pero lejos de esto, lo que su líder y guitarrista fue construyendo en este tiempo consiste en una propuesta desenfrenada y feroz pero llena de composiciones intrincadas y pulidas, en la que la variedad de riffs tanto agresivos como técnicos se van entrelazando uno detrás de otro, dando como resultado, un sonido hibrido que contiene a partes iguales elementos del Thrash y el Death más técnico del nuevo siglo. En resumidas cuentas, lograron consolidar una identidad musical que muy pocos grupos han conseguido moldear en los últimos años.
Obras como Chaos Of Forms (2011), Deathless (2014), Great Is Our Sin (2016) así lo atestiguan. Todo este preámbulo nos lleva al presente trabajo de la banda, New Gods, New Masters (2025). Un trabajo que viene a asentar una idea que se me venía gestando en la cabeza tras sus últimas obras, y es la clara inclinación en la balanza por parte del grupo, hacia sonidos más propios al Death Metal. Y esto no sólo lo digo tras ver en los créditos, colaboraciones como las de Travis Ryan, cantante y líder de Cattle Decapitation, Jonny Davy conocido por su trabajo en Job for a Cowboy o la de ni más ni menos que la del mismismo Luc Lemay, guitarrista y vocalista de los legendarios y titánicos Gorguts. Musicalmente, la propuesta de la banda se siente más compacta y uniforme. Como si de un bloque sólido hecho de concreto se tratará.
Todo se siente más comprimido. Los riffs no se escuchan tan acelerados ni desenfrenados como en sus comienzos. El bajo esta más soldado a las capas de podredumbre que ofrecen las guitarras. Mientras que la batería transmite mucha más intensidad y contundencia en vez de velocidad y aceleración como antes.
“Despiritualized”, “Dystophian Vermin”, “Confines Of Infinity” son algunos de los temas que reflejan esta dirección hacia sonidos más aletargado, acompasados y no tan estrambóticos por parte de la banda. Temas con un esquema compositivo mucho más conservador y clásico. Temas que al escucharlos, hace que se nos vengan a la mente gente como Morbid Angel o Nile.
Y es que esta dirección más orientada a los sonidos clásicos del Death Metal ya se hacía latente en sus últimos trabajos, más puntualmente en el The Outer Ones del 2018. Quizás sean las inquietudes del señor Davidson o la influencia de los distintos músicos que van rotando por la banda. Pero lo cierto es que este New Gods, New Master presenta una serie de composiciones un tanto lineales y estructuradas para los estándares de la agrupación, y sin tanto alarde de técnica o el virtuosismo al que tan acostumbrados nos tenían.
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Ojo, eso no significa que el disco no contenga su buena dosis de adrenalina y desenfreno. “Sarcophagi Of The Soul” nos devuelve a los Revocation más alocados y explosivos, mientras que temas como “Cronenberg” o la homónima, nos demuestran que la banda es capaz de poner el pie en el acelerador y ser mucho más dinamicos cuando quiere. Por su parte, la instrumental “The All Seeing”, es el claro reflejo de los recursos técnicos que maneja cada uno de los músicos.
No obstante, la sensación final que deja un tema como “Buried Epoch” que es con la que cierra la obra, es la de estar sobreviviendo a una estampida de toros pesados que te llevan puesto con toda su potencia, masa y fuerza. Una estampida que marcha de forma sincronizada, mecánica y en conjunto como si fuera un muro inquebrantable.
De este modo, la banda se despide con una obra que en líneas generales, deja dos reflexiones. La primera es la de una satisfacción por haber disfrutado de la genuina calidad que poseen las canciones. Sin embargo, la segunda reflexión es la de haber presenciado una obra que en ningún momento terminó por volarte la cabeza o dejarte con la boca babeando, pidiendo por más. Como si uno se hubiese quedado a la espera de un golpe K.O definitivo que te sacuda por completo y lleve a este disco a estar entre los mejores del año.
Es un enorme disco? Sí. Tiene grandes momentos? Pero por supuesto. Pero al lado del material previo de la banda que fue directamente, de lo mejor de sus respectivos años como Great Is Our Sin en 2016, o Netherheaven en 2022, el presente trabajo de los estadounidenses carece de ese pequeño toque de ingenio y frescura que los caracterizó y los llevó al lugar en el que están hoy. A pesar de eso, no deja de ser otro gran trabajo en su discografía. 8/10.
No todos los años se puede llegar al podio.


En el último mes de abril vio la luz el nuevo álbum de Epica, “Aspiral“, sucesor de la obra maestra de los neerlandeses “Omega” del año 2021. Epica nos trae nuevamente un disco que conjuga en dosis adecuadas la sinfonía y la agresividad musical a la que nos tiene caracterizados y que nos permite a lo largo de su poquito más de una hora de duración oscilar entre ambos estados.
Acorde con lo que venimos diciendo, la apertura del disco se encuentra a cargo de “Cross the Divide”, uno de los adelantos promocionales, que, precisamente, nos suministra esas exquisitas dosis a las que hiciéramos mención. Las nuevas tres partes de la saga de “A New Age Dawns” (Darkness Dies in Light, Metanoia y The Grand Saga of Existence) muestran una composición majestuosa y, por lejos, son lo mejor que nos ofrece el álbum: coros sinfónicos, melodías atrapantes, sinfonías por doquier, el juego entre la voz limpia y la voz gutural de Simone Simmons y Mark Jansen respectivamente, marcando un perfecto contraste entre ambas, y la banda con una ejecución suprema de principio a fin.
La primera de ellas, te permite atravesar musicalmente distintos ambientes, con intensidad y drama; simplemente, sublime. Por su parte, “Metanoia” con un comienzo marcado por violes e inmediatamente un cambio de ritmo al palo te imposibilita permanecer indiferente; unos coros sinfónicos y un estribillo que reúnen melodía y fuerza nos posicionan ante uno de los mejores temas del disco. Por último, “The Grand Saga of Existence” con un arranque sinfónico y épico y un coro operístico es donde bajan un poco, tan solo un poco, la intensidad; merece destacarse el soberbio cambio de tempo aproximadamente a mitad del tema que nos envuelve en una atmosfera perfecta de sinfonía y dureza.
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También merecen destacarse dos de los temas que fueron presentados en su reciente gira por América Latina. “Arcana” que nos arroja ante esa típica oscilación de la banda entre pasajes sinfónicos y heavies y la voz de Simone luciendo todas sus virtudes. “Aspiral”, que le da su nombre a la producción, sume a nuestro sentido auditivo en una atmósfera hipnótica, por obra y gracia del teclado y la voz de Simone casi a capela mostrando toda su belleza y gama de colores, se suma una parte narrada a mitad de la canción, para luego dar lugar al ingreso del resto de la banda para cerrar la canción incrementando la intensidad que venía trayendo el tema y culminar con una nueva hipnosis producto de la voz de la cantante.
“Apparition” y “Eye of the Storm”, de los temas más pesados del disco, realzan por la participación de los gruñidos del guitarrista y, la segunda de las mencionadas, por poseer uno de los mejores estribillos melódicos del lanzamiento y un tinte powermetalero que no se había hecho presente hasta el momento. Finalmente, la producción cuenta con “Obsidian Heart” donde la voz principal te somete a un momento de melancolía, “Fight to Survive – The Overview Effect” el tema más popero de la nueva entrega y “T.I.M.E.” con una apertura con aires cirquenses y un puente al estribillo conformado por voces guturales y blast beats que te afectaran las cervicales.
Si bien, a oídos de quien escribe estas líneas, Aspiral no se encuentra al nivel de maestría compositiva de su antecesor, es un álbum que contiene todas las notas distintivas de la agrupación. Es un álbum recomendable tanto para el fanático acérrimo de la banda como para quienes se acercan por primera vez a ella, porque podemos sintetizar estas líneas diciendo que “Epica, siempre cumple”.



Hay discos que no se escuchan, sino que se experimentan. Procession, el nuevo trabajo de los belgas Wolvennest, pertenece a esa categoría donde la música trasciende el formato canción y se transforma en un ritual. Un viaje oscuro, hipnótico y ceremonial, en el que cada tema fluye hacia el siguiente con naturalidad, como si todo el álbum fuera una única invocación dividida en distintos pasajes.
Desde el primer compás, el grupo reafirma su identidad: un sonido denso, envolvente y espiritual, donde confluyen el doom, el black metal atmosférico y la psicodelia ritual. El tempo medio, casi meditativo, domina gran parte del álbum, generando una sensación de trance que se refuerza con la repetición hipnótica de riffs y mantras sonoros. Cada pieza está cuidadosamente construida para sumergir al oyente en un estado contemplativo, donde los matices emergen lentamente, como ecos desde una caverna.
Uno de los grandes aciertos del disco es el trabajo de guitarras. Wolvennest mantiene su característica formación con tres guitarristas, lo que permite una profundidad armónica poco común dentro del género. Lejos de saturar, las seis cuerdas dialogan entre sí con una precisión casi ritual: una base sólida sostiene el pulso principal, mientras que la guitarra solista aporta colores, texturas y solos etéreos que abren espacios dentro de la densidad. Es un equilibrio delicado entre oscuridad y belleza, entre caos y contemplación.
La presencia de Shazzula es otro punto alto. Su voz es más que un instrumento: es una entidad. Sus interpretaciones combinan lo místico y lo terrenal, lo femenino y lo ancestral. A veces recita con un tono hipnótico y ceremonial; otras, se eleva con un lamento melódico que corta la niebla instrumental. Su participación no se limita a liderar las melodías, sino que se integra al tejido sonoro, potenciando la atmósfera de misterio que recorre todo el álbum. En algunos pasajes, aparecen voces guturales o coros rituales que refuerzan el carácter espiritual del conjunto, aportando contraste sin romper la cohesión general.
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Cada canción dentro de Procession conserva una identidad propia, aunque todas forman parte de un mismo flujo. Algunas se orientan más hacia el black metal, con riffs punzantes y percusiones más marcadas, mientras que otras se adentran en terrenos más psicodélicos o ambientales, donde los sintetizadores y drones adquieren protagonismo. Este juego entre texturas es fundamental para mantener la atención del oyente: detrás de cada compás hay un detalle que revela una intención, una variación mínima que hace avanzar el viaje.
En cuanto a las letras, el grupo vuelve a sumergirse en su universo esotérico y filosófico. Los textos exploran la idea del viaje interior, la muerte simbólica y la purificación espiritual. Se percibe una conexión con lo oculto, con las fuerzas invisibles que rigen el cosmos y con el eterno ciclo de destrucción y renacimiento. Procession no habla de oscuridad desde el nihilismo, sino desde la búsqueda de sentido: el descenso a las sombras como parte necesaria del proceso de iluminación.
La producción es impecable, densa pero clara, permitiendo que cada instrumento conserve su espacio. Las guitarras forman una muralla sonora sin perder definición; el bajo sostiene el pulso con un tono profundo y cálido; la batería actúa más como guía rítmica que como protagonista, manteniendo un tempo pausado pero firme que refuerza la sensación de trance. Todo suena orgánico, natural, como si el disco hubiera sido grabado en un templo subterráneo, bajo el resplandor de antorchas.
Procession es, en definitiva, una obra que no busca complacer, sino invocar. Wolvennest entrega un álbum que funciona como una ceremonia sonora, donde cada elemento tiene su propósito y cada silencio su peso. Escucharlo es formar parte de ese ritual, avanzar lentamente por un sendero de humo y fuego hacia un estado de comunión entre lo humano y lo divino. Un disco que exige entrega, pero recompensa con una experiencia única, profunda y transformadora.
Etiquetas: Black Metal, Consouling Sounds, doom metal, Post Metal, Procession, Rock Psicodélico, Wolvennest
En el vasto paisaje del metal argentino, pocas bandas pueden hablar con la autoridad que tiene Avernal. Treinta años después de su formación, el grupo sigue siendo una columna vertebral del death metal local, una entidad que nunca se disolvió en la nostalgia ni se dejó absorber por el tiempo. Ekpyrosis, su nuevo trabajo, no es solo un disco: es una declaración de vigencia y supervivencia.
Producido por la banda junto a Jaime Gómez Arellano (Cathedral, Hexvessel, Moonspell), Ekpyrosis irradia crudeza, no hay retoques ni compresiones digitales que aplanen la emoción. Todo suena vivo, como si cada instrumento estuviera a centímetros del oyente.
Desde el inicio, la instrumental “Ekpyrosis” le da pie a “Regresión Al Caos” que llega con su ataque directo: riffs ásperos con una producción que prioriza la energía sobre la pulcritud. El sonido tiene una densidad que recuerda a los viejos días del death metal clásico, pero con un temple actual. “Tripalium” introduce un aire ritual donde las guitarras abren camino a uno de los momentos más intensos del álbum. Luego, “Logia Obscena” trae un aire más rockero, evocando una mezcla de groove y agresión. En el tramo final, “El Verdugo De Sí Mismo” e “Inefable” cierran el viaje con un tono apocalíptico y a la vez liberador.
Cristian Rodríguez entrega una de sus interpretaciones más sólidas, cargada de furia mientras que la ejecución técnica del resto de la banda está en su punto más equilibrado. Las guitarras de Gonzalo Varela y Federico Ramos sostienen el peso emocional del disco mediante esos riffs sólidos y sumando melodías que emergen entre la oscuridad. El bajo de Tulio Navia es el ancla que da espesor, mientras German Rodríguez en la batería evita el exceso de velocidad.
Todo suena sin adornos ni artificios y podemos encontrar que se privilegia el impacto y la coherencia por encima del lucimiento individual. La producción, por su parte, mantiene un balance clásico con un toque analógico.
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En un contexto donde muchas bandas argentinas de los noventa se disolvieron o quedaron atrapadas en el recuerdo, Avernal representa lo contrario: una permanencia activa. Si en Réquiem para los Rebeldes la banda había alcanzado un pico de agresión, y en Tzompantli exploraba el costado ritual y místico, Ekpyrosis se erige como el punto de equilibrio entre ambos. Es un álbum introspectivo que no busca impresionar sino afirmar una identidad. Su sonido puede dialogar con el death metal europeo o el groove sudamericano, pero su corazón está en Buenos Aires, en la crudeza del asfalto, en la urgencia de un país que no deja de arder.
No hay intención de complacer a nadie más que a sí mismos, y en esa honestidad radica su poder. Lo que podría sonar previsible en manos de otros, en Avernal se convierte en convicción, en la confirmación de que la fuerza no está en reinventar la rueda, sino en hacerla girar con la misma furia de siempre.
En tiempos de saturación sonora y fórmulas previsibles, este disco no es una pieza del pasado, sino una declaración del presente. Avernal no mira atrás ni hacia afuera: mira hacia adentro, hacia ese fuego que nunca se apaga, y lo deja arder hasta que todo —incluso ellos mismos— vuelva a renacer de las cenizas.


El proyecto unipersonal danés Afsky vuelve a editar un trabajo de larga duración luego de dos años. Una espera relativamente breve si consideramos el impacto que tuvo su anterior álbum, Om hundrede år, un disco que abrió muchas puertas a la banda y le permitió afianzarse dentro de la escena black metal europea. Ese trabajo, cargado de crudeza y melancolía, fue recibido con elogios tanto por la crítica especializada como por los seguidores del género. Por esa razón, las expectativas para Fællesskab, su nuevo lanzamiento, eran considerablemente altas.
Este álbum gira en torno al concepto de comunidad, pero no lo aborda desde un enfoque positivo. Por el contrario, propone una lectura crítica y desencantada. Las letras exponen cómo el pensamiento individual suele verse suprimido para poder encajar dentro de un colectivo, y cómo la duda es castigada con aislamiento y rechazo. Afsky logra transmitir esta idea no solo a través de las palabras, sino también mediante un tono musical sombrío y opresivo que refuerza la sensación de incomodidad. Al mismo tiempo, hay un mensaje esperanzador: la invitación a salir del conformismo y a atreverse a expresar ideas propias, sin temor a la exclusión.
En lo musical, Fællesskab marca algunos cambios significativos respecto a su predecesor. Este nuevo material presenta un perfil más melódico, sin perder la esencia áspera y emocional que caracteriza al proyecto. Las melodías no llegan a ser accesibles en el sentido tradicional, pero tienen la fuerza suficiente para permanecer en la mente del oyente. Son frías, distantes y poderosas, transmitiendo la sensación de estar frente a un paisaje invernal y desolado.
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Las guitarras son un pilar central del sonido. Hay un juego muy interesante entre las diferentes capas, que se entrelazan y se retroalimentan para construir atmósferas densas y envolventes. El resultado es hipnótico, casi como si el oyente estuviera atrapado en un eco constante. Sin embargo, hay momentos en los que la mezcla hace que sea difícil distinguir con claridad las líneas individuales de guitarra, especialmente cuando varias texturas se superponen. Aun así, este leve defecto no opaca el excelente trabajo compositivo que hay detrás. Además, por primera vez se perciben sutiles presencias de teclados, que si bien no dominan el sonido, añaden profundidad y un matiz casi espectral.
La batería brilla con una ejecución mucho más dinámica que en trabajos anteriores. No se limita a blast beats veloces y potentes —aunque abundan—, sino que incorpora fills bien colocados, arreglos de platillos y patrones rítmicos que añaden variedad y matices a las composiciones. El bajo, por su parte, tiene una presencia más notoria que en álbumes previos, aunque sigue cumpliendo un rol de acompañamiento más que protagónico.
La voz de Ole Luk mantiene su característica aspereza: un grito agudo y desgarrador que transmite dolor, frustración y melancolía. Hay momentos en que da la impresión de que sus cuerdas vocales podrían romperse en cualquier instante, lo que contribuye a reforzar el dramatismo y la intensidad emocional del disco.
Entre los puntos altos del álbum se encuentra el tema “Den der ingenting ved tvivler aldrig”, probablemente el más agresivo y directo de todo el trabajo. Es una canción que destaca por su energía cruda, su ritmo frenético y un riff central que, dentro de los parámetros del estilo, resulta particularmente pegadizo. Representa un contraste interesante con el resto del material, aportando un momento de intensidad inmediata sin perder coherencia con la propuesta conceptual del disco.
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Otros momentos memorables incluyen la introducción inicial, que comienza con una melodía casi alegre para luego desvanecerse y dar paso a un riff punzante y demoledor. También destaca “Svanesang“, la composición más extensa del proyecto hasta la fecha, con once minutos y medio de climas cambiantes, riffs hipnóticos y un desarrollo emocional profundo que sintetiza a la perfección la visión artística de Afsky.
En términos de producción sonora, Fællesskab presenta un audio muy sólido. Hay un equilibrio logrado entre crudeza y claridad, algo difícil de alcanzar en este tipo de propuestas. Aunque en ciertos pasajes las guitarras pueden enredarse un poco entre sí, el resultado final es contundente y transmite de forma efectiva la atmósfera lúgubre que busca generar.
Fællesskab no reinventa el black metal, pero refresca la trayectoria de Afsky y reafirma su posición como uno de los proyectos más consistentes y personales del panorama actual. Seguramente continuará abriéndole caminos y consolidando a Ole Luk como un compositor que no teme evolucionar sin traicionar su identidad.


En un panorama metalero saturado de reuniones nostálgicas y regresos predecibles, Coroner emerge con “Dissonance Theory” después de tres décadas de silencio para recordarnos por qué fueron una de las bandas de thrash técnico más criminalmente infravaloradas de la historia. Los suizos, formados originalmente en 1983, nunca alcanzaron el estatus de pioneros que merecían a pesar de construir una discografía casi inmaculada que influenció generaciones posteriores. Este sexto álbum de estudio no es un ejercicio de nostalgia sino una declaración de relevancia contemporánea que equilibra su firma sonora inconfundible con una modernidad orgánica que muchos veteranos del género han sido incapaces de lograr.
La producción estuvo a cargo de Jens Bogren en los estudios Fascination Street, responsable de la mezcla y masterización que permite que cada elemento respire con claridad quirúrgica sin perder un ápice de intensidad. El cambio más significativo en la formación es la ausencia de Marquis Marky detrás de la batería, reemplazado por Diego Rapacchietti, quien logra no solo llenar el vacío sino aportar una energía cinética que se adapta perfectamente a las necesidades compositivas del material. Tommy Vetterli y Ron Broder retornan como el núcleo creativo, este último asumiendo nuevamente las responsabilidades vocales con una confianza renovada que se refleja en su posición más prominente en la mezcla comparado con los álbumes clásicos.
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“Consequences” establece inmediatamente las credenciales del álbum con un ataque progresivo que muta inesperadamente hacia guitarras thrash devastadoras. Las transiciones son fluidas pero impredecibles, creando una sensación de violencia controlada que caracterizará todo el disco. El trabajo de guitarra de Vetterli es preciso y cortante, cada riff funcionando como bisturí que disecciona la mezcla antes de sumergirse en ebbs y flujos de disonancia con frenesí arácnido. Los solos trascienden la masturbación técnica típica del thrash, alcanzando niveles de virtuosismo que evocan a Revocation pero con menor énfasis en elementos death metal.
“Crisium Bound” marca el primer momento donde la banda abraza más directamente su sonido thrash clásico, aunque filtrado a través de décadas de maduración artística. Es aquí donde se hace evidente que Coroner no está interesado en simplemente recrear “Punishment for Decadence” o “Mental Vortex“, sino en perfeccionar lo que siempre fueron: pensadores musicales que utilizaban el thrash como vehículo para exploración progresiva. Las atmósferas oscuras y los toques sci-fi que alguna vez los acercaron a Voivod siguen presentes, pero refinados hasta alcanzar una cohesión que sorprende por su elegancia.
“Symmetry” y “Trinity” ejemplifican cómo Coroner ha influenciado a bandas como Meshuggah y Mastodon sin nunca recibir el crédito correspondiente. Los cambios de tiempo son sutiles pero efectivos, mientras que el chugging progresivo de las guitarras demuestra que la complejidad rítmica no requiere ostentación técnica gratuita. La sección rítmica de Broder y Rapacchietti funciona como un martillo neumático que constantemente ajusta su tempo y energía según las demandas de cada momento compositivo, creando fragmentos de calma que se construyen perfectamente hacia purgas de virtuosismo instrumental devastador.
“The Law” y “Transparent Eye” demuestran que la banda no ha agotado su arsenal de riffs memorables. Es asombroso constatar cuánto adelantados a su tiempo estuvieron los suizos en los ochenta y noventa, y cómo ahora simplemente perfeccionan lo que siempre hicieron sin que suene anacrónico. El mood denso y la tensión omnipresente que caracterizan estos temas podrían haber sido escritos ayer, encajando perfectamente con la atmósfera apocalíptica que domina el metal contemporáneo. Las letras han evolucionado hacia narrativas más directas, abandonando las metáforas crípticas de álbumes como “Masked Jackals” en favor de la historia que aborda temas de fin del mundo con la urgencia que la realidad actual demanda.
“Sacrificial Lamb” es un leviatán que machaca cráneos con doble bombo implacable, mientras que “Renewal” abraza el lado más frenético del speed metal sin perder nunca el groove característico de la banda. El cierre incluye incluso un solo de teclados que funciona como jam basado en la vibra acumulada, demostrando que Coroner sigue dispuesto a experimentar dentro de su marco sonoro establecido.
“Dissonance Theory” es un regreso triunfal que desafía las expectativas de lo que debe ser un álbum de reunión. Coroner ha creado una obra que honra su legado sin estar encadenada a él, demostrando que la maestría técnica y la escritura sofisticada no tienen fecha de caducidad cuando se ejecutan con pasión genuina y visión artística clara. Este es thrash para pensadores, metal que exige atención y recompensa la escucha repetida, un candidato innegable para los mejores álbumes del año.


DARLOTODO es una banda que califica como emergente pero que paciera que la venimos escuchando hace más de 2 décadas. Un poco porque revitaliza uno de los géneros millennials por excelencia y otro poco porque estos muchachos son más que expertos aún en su corta carrera, (sobre todo Penumbra, su líder y quien carga con un largo curriculum en varias áreas artísticas). Hace aproximadamente un año y medio estaban haciendo su debut con Darlotodo que significo una aparición sorpresiva en la escena, por lo bien que suena para ser su primer álbum. Hoy nos desayunamos con Crisálida, su segundo álbum, que eleva los niveles en todo sentido.
Crisálida salió el viernes 17 de octubre y me hice de su escucha ese mismo día. Una obra que se presenta como conceptual, con 13 piezas que invitan a la reflexión. Lo que se aborda no es una simple historia cliché sino, más bien, uno de los puntos más dolorosos, el punto de no retorno del cual muchos no logran recuperarse: aquella infancia perdida. Por eso misma razón, no estoy hoy aquí para hacer un análisis detallado y afinado del álbum, ya que Crisálida es por sobre todas las cosas un encuentro personal que cada uno de ustedes deberá transitar al escucharlo. Sin embargo, prometo darlo todo en esta reseña.
Al inicio nos encontramos con “Exclamación de Athena” como aquel rememorado ataque en la serie infantil Los Caballeros Del Zodiaco, algo que desde el vamos ya me sitúa en mis tiempos de infante. Una pieza instrumental que me fascina y que funciona a la perfección como obertura del disco, con esa leve sensación de tormenta o estallido que se avecina. “Crisálida” es la pieza que conecta con esta intro y que nos adentra más en lo profundo de nuestro ser. Quizás la más significativa de todo el disco, no solo por ser la de nombre homónimo sino porque relata de manera un poco más explicita el dolor que atraviesa nuestro narrador. Una descarga de ira por la decepción con aquellos que se suponían nuestro principal amparo y un llamado a la transformación a través de la superación. Un excelente inicio.
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De las 3 colaboraciones la que al menos para mí, se lleva todos los aplausos, es el cover “Imágenes Paganas” con Claudio Oconnor acompañando en la voz, al punto de gustarme por encima de la versión original (perdón Virus). No están para nada, nada mal, las otras 2 colaboraciones con Corvata y Matamba, pero bueno, si hay que elegir una…
El punto máximo de éxtasis, en mi opinión se alcanza con “Veneno”, mi segmento favorito de Crisálida. El estribillo es como un giro de 180 grados desde lo musical, un cambio medio inesperado a como vienen sonando las primeras estrofas, algo que particularmente me encanta. Su escucha me deja una sensación inquietante, como si el narrador estuviera luchando con sus propios demonios. Puedo percibir esa incomodidad en mí mismo y por eso, está pieza refleja la perfecta ambientación musical que el disco le da al concepto. Pasajes como “#” o “Ikki” obran como nexo entre los diferentes estados de ánimos que se van transitando en la escucha.
El cierre con “Un hermano murió” y “528” es la perfecta clausura que un disco pueda tener. Por el contrario de la intro, está última pieza me da paz y tranquilidad, pero melancolía al mismo tiempo, esa misma que uno percibe cuando todo se terminó y ya nada más queda por hacer. Un gran acierto el inicio y cierre de manera instrumental.
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Todo el disco no baja en ningún momento la vara, cada segmento es un gran aporte a la totalidad de la obra. Es un disco de escucha rápida pero profunda. Con un poco menos de 40 minutos de duración logra transportarnos más allá del momento en que lo escuchamos. Si me permiten la comparación, de cierta forma me recuerda a The Crimson Idol de WASP. Crisálida me deja esa misma sensación que el disco de Blackie, la de la transformación desde el dolor hacia la superación, logrando que el oyente se mimetice con lo que escucha y empatice con el narrador, o en otros casos se sienta acompañado por compartir ese mismo dolor.
La verdad que DARLOTODO realmente lo dio todo con este disco. Una banda nueva pero que se decidió por hacer las cosas de la manera más profesional posible, con un gran disco debut y ahora con un excelente segundo material. Cada detalle es un gran aporte a la totalidad de la obra, detalles que en el todo se vuelven totalmente homogéneos: las canciones, los videoclips, las colaboraciones y hasta el arte de tapa. Todo está muy bien pensado y logrado. Como mencioné anteriormente, Crisálida es por sobre todo un encuentro personal y por eso los invitó a cada uno de ustedes a escucharlo. Por mi parte, creo que estamos ante quizás, uno de los mejores discos del año, incluso por encima de aquellos de agrupaciones internacionales de los cuales tenía muchas expectativas. Apuesto por esta banda y por estos músicos que revitalizan la escena local.


En la música por lo general, se suelen encontrar dos tipos de bandas: en primer lugar, aquellas que nacen y construyen su nombre alrededor del mismo estilo y propuesta musical a lo largo de toda su carrera. Son las que más abundan. Se trata de grupos que apenas encuentran una fórmula que les da éxito, no se salen de ella. Se mantienen fieles. Bandas que moldean nota a nota y acorde a acorde, un sonido que los hace reconocibles y les permite consolidar una base sólida de fanáticos que a medida que sale un nuevo disco, espera encontrar la misma fórmula musical, sin ningún tipo de sorpresa o variante. En resumidas cuentas, son grupos que no se mueven de las cuatro paredes sobre que las cimentaron su estilo.
Por otro parte, están aquellas que por el contrario, son vanguardistas y presentan ambiciones musicales. Bandas que no saben quedarse quietas. Que siempre andan buscando nuevos caminos por recorrer, nuevos rumbos por explorar, y nuevos horizontes por alcanzar. Grupos y artistas trepidantes, llenos de inquietudes que año a año, se desafían, innovan, y hasta incluso rompen con las reglas de lo establecido, avanzando hacia direcciones y senderos desconocidos, nunca antes explorados.
Dentro de este conjunto podemos ubicar a Amorphis. Y es que si por algo se caracterizaron los finlandeses en sus más de 30 años de carrera, es por siempre haber mutado y evolucionado su sonido. Desde sus inicios más “pica piedras” en los que practicaban un Death Metal bien cavernoso pero con algún tinte atmosférico, hasta sus más recientes trabajos con una propuesta mucho más pulida y cercana al Metal Progresivo Melódico, los oriundos de Helsinki siempre han sabido fusionar elementos de distintos géneros para poder dar forma a su estilo musical tan particular y auténtico. Porque la realidad marca que Amorphis nunca fue una banda fácil de encasillar en un solo género. Sí, tal vez la salida más sencilla sea decir que es una banda de Metal Progresivo. Pero musicalmente, la mezcla de guturales, voces limpias, guitarras acústicas, teclados, ritmos folclóricos, y segmentos influenciados por el rock progresivo de los 70’, hacen que cada disco se sienta como un viaje ecléctico lleno de pasajes melódicos, explosivos, calmos y dinámicos.
Y acá hay que detenerse a hacer un pequeño párate. Porque si bien, es cierto que la banda se ha movido por distintos géneros y ha tenido variados rumbos musicales a lo largo y amplio de su discografía, desde hace un par de años (más concretamente desde 2010 con Skyforger), Amorphis también logró consolidar su sonido, combinando la melancolía y potencia de un Death Metal melódico similar al que practican unos Dark Tranquility o sus compatriotas Insomnium, junto un apartado instrumental más elegante y progresivo propio de grupos como Opeth o Katatonia. Todo esto, sumado a la presencia de los teclados de Santeri Kallio, que le brinda un toque más gótico y sinfónico a la música, le permitió al grupo construir una identidad 100% reconocible por el público que hace que uno al escuchar un tema de sus últimos discos, gire la cabeza y apunte directo con el dedo hacia ellos. Y ojo, con esto no quiero decir necesariamente que la banda “se estancó” o se quedó sin ideas, pero sí se puede empezar a apreciar cierta comodidad y confort en buena parte de sus composiciones. Como si el hambre y la ambición por explorar nuevos caminos ya no fuese la misma que antes.
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Y repercute un poco en las sensaciones que me deja el presente Borderland, porque por un lado me parece que estamos ante un muy buen disco dentro de su catálogo, con composiciones bastante competentes y momentos sumamente destacables (más concretamente, gracias a la sutileza de Santeri Kallio en los teclados). Pero por el otro, no puedo evitar pensar que se palpita una obra con una fórmula ya predecible, antes vista, y que no presenta ningún elemento que te generé sorpresa o te tomé desprevenido. Con patrones que se repiten, recursos ya utilizados con anterioridad, y un juego de voces limpias con guturales que ya no se siente tan fresco y novedoso como lo supo ser cuando la banda lo implementó por completo en sus obras.
Dicho esto, hay que decir que el disco aun así se disfruta. Los temas conservan el estilo de las anteriores obras, y se mantienen en la misma línea que en Queens Of Time (2018) y Halo (2022), intercalando momentos llenos de intensidad y adrenalina, junto con otros más bellos y conmovedores, de la mano de las dulces melodías que se desprenden de los dedos de sus dos guitarristas (y pilares angulares de la agrupación), Tomi Koivusaari y Esa Holopainen.
De esta forma, encontramos piezas como “The Strange”, “Dancing Shadow”, o la que abre el disco, “The Circle”, donde vemos a la banda hacer alarde de su destreza técnica y compositiva a la hora de fabricar y desplegar brillantes melodías, tanto en las guitarras como en los teclados. En un registro similar, podemos ubicar a “Light And Shadow”, aunque con un pequeño exceso de azúcar en el resultado final.
“Fog To Fog” directamente parece un tema sacado de unos referentes del Death Metal melódico actual, como lo son Omnium Gatherum, mientras que “Tempest” funciona como la balada del disco (aunque momentos deslumbrantes no le faltan). “Bones”, por su parte viene a representar la faceta más pesada y acompasada, con esos ritmos y notas más “arábicas” a las que nos tiene acostumbrado la banda.
Como verán, las conclusiones del trabajo pueden ser muy positivas según como se lo vea. Y es que la realidad dicta que Amorphis y la palabra calidad, siempre fueron de la mano, sin importar de que etapa de su carrera estemos hablando.
Pero eso no impide notar que esa calidad que suelen manejar viene bajando. O ya no tiene el mismo efecto que antes. Y en gran parte, se debe a la comodidad musical que encontró la banda hace años.
Amorphis se volvió un grupo el cual ya no tiene más platos sorpresas para servir, sino que ahora se dedica a ofrecer el especial de la casa. Siguen siendo uno de los mejores chefs, pero se echa en falta esa búsqueda por querer superarse a sí mismos.
Un escalón por debajo del brillo y esplendor que fueron sus últimos dos trabajos para este “Borderland”. 8/10.


Un poco más de un año después de que saliera a la luz “Powerlords“, el primer álbum de Elettra Storm, el sello Scarlet Records nos propone para el 24 de octubre de este 2025 el lanzamiento del segundo álbum de la banda titulado “Evertale”. Este nuevo material fue mezclado y masterizado por Simone Mularoni en los estudios Domination (Wind Rose, Vision Divine, Twilight Force) y la bellísima portada estuvo a cargo de Sheila Franco. El álbum atraviesa por momento de power metal a las chapas, matizado por tintes progresivos e interesantes cambios de ritmo, pero en todos los casos nos encontramos con refinadas melodías, bien pegadizas, que se queda en tu cabeza por horas.
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La nueva obra de Elettra Storm arranca con dos temas veloces y potentes como “Endgame” y “The Secrets Of The Universe” donde la melodía y la velocidad dicen presente de principio a fin sin permitirte un segundo de respiro. En “Hero Among Heroes” bajan un poco la velocidad, pero en función de una melodía y un coro pegadizo. En este tema aparece una nota distintiva que nos acompañara a lo largo del resto de la producción y es el contraste entre las voces limpias de Crystal Emiliani y Francis D. Mary.
Luego de ello nos encontramos con “Blue Phoenix” otro tema rápido y potente que, hasta la época de esta reseña, es el único sencillo lanzado como adelanto del disco. Una elección acertadísima: muestra todos los recursos musicales y compositivos de la banda. Power metal del mejor. Cuando llega el turno de “Ride The Rainbow” y “One Last Ray Of Light”, le ponen un poco de tranquilidad a esta tormenta de velocidad y al sonar “Master Of Fairytales” regresan a la rapidez promedio del disco y nos brindan un estribillo, a dos voces, épico y pegadizo.
Llegando a la etapa final del disco, nos deleitan con “Judgment Time”, un tema donde la voz masculina toma mayor protagonismo lo que permite resaltar la fuerza de la voz de Emiliani. Para despedirse la banda nos trae la versión de un tema sonoro de videojuegos de la década del noventa y la composición más extensa de esta nueva producción, “If The Stars Could Cry”, que musicalmente resulta muy interesante, melódico y con tintes progresivos en donde podemos oír la belleza de la voz de Emiliani mezclandose con un piano de fondo.
Las letras abarcan distintos tópicos propios del género como la épica de la batalla y el drama de la guerra, la enseñanza de los dioses antiguos, el capricho de estos mismos dioses sobre el endeble destino humano, el deseo de venganza y la fuerza del conocimiento para forjar su destino, nacidos de la pluma y mente de Davide Sportiello principal compositor de la banda.
Y si hablamos de la voz de Crystal, la misma sobresale en cada uno de los temas: sin ser la característica voz sinfónica que inunda el mundo del metal en los últimos tiempos, nos deleita con dosis por igual de melodía y fuerza. El resto de la banda, con una ejecución instrumental de alto nivel, redondea un álbum altamente recomendable. La banda destaca ampliamente cuando imprime velocidad a los temas, dejando en claro su faceta powermetalera. Cada recurso del género es empleado acertadamente en función de la melodía y la fuerza de las composiciones demostrando que, aunque pueda parecer un cliché, “lo viejo funciona” cuando es utilizado en los momentos oportunos.
Definitivamente es un disco que te deja con ganas de más y parecería que Italia nos trae una vez más una banda llamada a hacerse de un nombre importante entre los fanáticos del power metal. Para confirmarlo o no tendremos que esperar su próxima producción. Ojala no nos hagan esperar demasiado.


Pasaron casi 5 meses desde su salida y recién hoy me doy la oportunidad de reseñar tamaña obra. Y no es que haya tenido mucho que hacer, sino que simplemente, hace pocos días, en un arrebato de furia por los disgustos de la vida, fui a buscar algo para escuchar y que pudiera apaciguar mi bronca y frustración y entre idas y vueltas me topé con lo que hoy voy a definir como el mejor disco de Asspera hasta le fecha. Crónica De Una Verga Anunciada salió a fines del pasado mes de mayo y si bien no cuenta con la ventaja de disco nostálgico, al menos yo, pongo las manos en el fuego por él.
Asspera, es una banda que se define a sí misma como metal bizarro. Para mí, es una sátira metalera, el soundtrack de lo más bizarro y surrealista de un país que continuamente da mucho que hablar (más hoy en día). Tienen discazos como Bizarra Actitud De Seguir con Vida y el aclamado Hijos De Puta que estarán conmemorando por su 15avo aniversario y que nadie duda en ponerlos en primer lugar como lo mejor de su carrera, pero, aun así, siento que con este último álbum decidieron ir un poco más allá.
Crónica De Una Verga Anunciada no es solo una oda a las típicas vivencias bizarras del argentino promedio, como tener vecinos de mierda o encontrar al panadero del barrio saliendo de un motel con un travesti, es un grito de guerra para todos los que sentimos que no encajamos. Y cuando hablo de no encajar, me refiero a todos aquellos que vivimos entre la frustración de tener que lidiar con una sociedad que vive envuelta en un dilema político, que aclama y festeja la estupidez y la ignorancia y que por sobre todas las cosas, vanagloria el individualismo, como se manifiesta en la excelente “Jesucripto” o la canción de nombre homónimo al disco.
“Se tranco el sorete” es un gran tema (bueno, acá no me siento representado jaja) donde destaca un gran comienzo al mejor estilo nu metal, que ahora que los millennials estamos en plenitud laboral, logramos revivir de cierta manera. Bueno, este disco tiene mucho de eso, de tomar elementos característicos de ciertas bandas o géneros y utilizarlos a su favor (como el Papa Richar jaja). Asspera siempre fue bueno en eso. “Sin garantía” es otra gran pieza que relata las vivencias que los inquilinos pasamos día a día (llevo 7 mudanzas en el hombro) y con la que uno se logra encontrar con rapidez por su ritmo.
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Uno de mis segmentos favoritos llega con “El barrio proveerá” que con un riff super ganchero y un mejor aún estribillo nos remonta a los mejores tiempos de cuando caminábamos el barrio a pie con amigos, con una sinergia de equipo, con valores de amistad muy diferentes a los tiempos que corren y totalmente libres de la intoxicación del “Rey celular”. El quiebre intermedio con el bajo tomando mayor presencia y un excelso solo de guitarra, me vuelve simplemente loco. “Hombre Vencido” es un poco una generalización de todos los problemas que a uno lo atraviesa y tratan de abatirlo. Acá Asspera, es más Asspera que nunca, pero Rockardo pasa a otro plano existencial con el tremendo solo que decora la canción.
Sin embargo, lo mejor de este disco, el punto cúspide de esta obra, llega hacia el final con “La importancia de lo no importante”, una canción que lo tiene todo, desde la excelencia musical hasta la mejor narración. Esta pieza es verdaderamente la frutilla del postre, variando un poco la tradicional estructura musical de Asspera y apostando un poco más por lo melódico. La letra es el resumen del disco y de la mierda que hoy acontece. Un grito de guerra a los felinos y a los equinos y a todos aquellos capaces de entregar a su propia madre por 5 minutos de succionarles el órgano colgante. Acá tiran toda la carne al asador y el resultado es el mejor. Antes de olvidarme, debo hacer una mención especial para la colaboración con la reina finlandesa que nunca está de más.
Crónica De Una Verga Anunciada corona una muy buena carrera y sin dudas, pone a Asspera como uno de los principales referentes del metal argentino en este momento. Quizás no invite a reflexionar o a la introspección como lo hacía la obra de Ricardo Iorio porqué está claro que las formas son diferentes, pero sin embargo logro encontrar muchas similitudes con el resultado final: ser la voz de quienes mucho callan. Es sin duda, un abrazo metalero que muchos esperaban, un amparo y una fuente de descarga de energía para la bronca, la frustración. Musicalmente demuestra la evolución natural esperada para el nivel de músicos que conforman a Asspera. Como obra en su totalidad es, como dije, lo mejor de su carrera hasta el momento y personalmente, para mí, una buena forma de decirles a muchos LLEVENSE ESTE PAQUETE PARA MENDOZA.


A lo largo de la historia, cada década estuvo marcada por determinadas bandas y músicos que de distinta manera, moldearon un estilo y género musical. Con sus herramientas, sus influencias y sus aspiraciones personales no sólo terminaron consolidando un sonido sino que hasta llegaron a marcar una época. Existen casos de sobra dentro del metal, en los 80’ grupos como Metallica, Slayer y Exodus dieron forma al Thrash. En los 90’ fueron Deicide, Cannibal Corpse o Morbid Angel entre muchos los que redoblaron la apuesta y vieron nacer al monstruo conocido como Death Metal. Y así, muchos casos más con otros géneros como el Power, el Doom o el Black.
Decir que Revocation llegó a esos niveles, es quizás exagerar un poco. Y es que si bien los oriundos de Boston, Massachusetts, consiguieron con el tiempo en volverse en unos de los nombres más reconocidos de la escena actual Thrash/Death Metal más técnico y extremo, lo cierto es que su particular propuesta los terminó por volver en uno de los grupos más singulares de estos tiempos modernos.
En primer lugar, si bien tuvieron sus inicios hace ya casi 20 años, al mismo tiempo que se fue formando la nueva ola de Thrash Metal a principios de los 2000’ comanda por grupos como Evile, Havok o Lazarus A.D, la realidad dicta que desde un comienzo, su música estuvo muy alejada del estilo más tradicional y directo que practicaban las mencionadas bandas pertenecientes a esta corriente. Por esta razón, Revocation nunca terminó por encajar con esta camada de Thrash contemporáneo, que buscaban rendir tributo a los grandes exponentes del género.
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A su vez, su propuesta nunca alcanzó los niveles de complejidad o de extrema precisión técnica que sí trabajaron Obscura, Beyond Creation, Rivers Of Nihil o Fallujah, entre tantos.
Dicho así, pareciera que la banda liderada por David Davidson se pasó la mayoría de sus años de carrera en tierra de nadie. Pero lejos de esto, lo que su líder y guitarrista fue construyendo en este tiempo consiste en una propuesta desenfrenada y feroz pero llena de composiciones intrincadas y pulidas, en la que la variedad de riffs tanto agresivos como técnicos se van entrelazando uno detrás de otro, dando como resultado, un sonido hibrido que contiene a partes iguales elementos del Thrash y el Death más técnico del nuevo siglo. En resumidas cuentas, lograron consolidar una identidad musical que muy pocos grupos han conseguido moldear en los últimos años.
Obras como Chaos Of Forms (2011), Deathless (2014), Great Is Our Sin (2016) así lo atestiguan. Todo este preámbulo nos lleva al presente trabajo de la banda, New Gods, New Masters (2025). Un trabajo que viene a asentar una idea que se me venía gestando en la cabeza tras sus últimas obras, y es la clara inclinación en la balanza por parte del grupo, hacia sonidos más propios al Death Metal. Y esto no sólo lo digo tras ver en los créditos, colaboraciones como las de Travis Ryan, cantante y líder de Cattle Decapitation, Jonny Davy conocido por su trabajo en Job for a Cowboy o la de ni más ni menos que la del mismismo Luc Lemay, guitarrista y vocalista de los legendarios y titánicos Gorguts. Musicalmente, la propuesta de la banda se siente más compacta y uniforme. Como si de un bloque sólido hecho de concreto se tratará.
Todo se siente más comprimido. Los riffs no se escuchan tan acelerados ni desenfrenados como en sus comienzos. El bajo esta más soldado a las capas de podredumbre que ofrecen las guitarras. Mientras que la batería transmite mucha más intensidad y contundencia en vez de velocidad y aceleración como antes.
“Despiritualized”, “Dystophian Vermin”, “Confines Of Infinity” son algunos de los temas que reflejan esta dirección hacia sonidos más aletargado, acompasados y no tan estrambóticos por parte de la banda. Temas con un esquema compositivo mucho más conservador y clásico. Temas que al escucharlos, hace que se nos vengan a la mente gente como Morbid Angel o Nile.
Y es que esta dirección más orientada a los sonidos clásicos del Death Metal ya se hacía latente en sus últimos trabajos, más puntualmente en el The Outer Ones del 2018. Quizás sean las inquietudes del señor Davidson o la influencia de los distintos músicos que van rotando por la banda. Pero lo cierto es que este New Gods, New Master presenta una serie de composiciones un tanto lineales y estructuradas para los estándares de la agrupación, y sin tanto alarde de técnica o el virtuosismo al que tan acostumbrados nos tenían.
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Ojo, eso no significa que el disco no contenga su buena dosis de adrenalina y desenfreno. “Sarcophagi Of The Soul” nos devuelve a los Revocation más alocados y explosivos, mientras que temas como “Cronenberg” o la homónima, nos demuestran que la banda es capaz de poner el pie en el acelerador y ser mucho más dinamicos cuando quiere. Por su parte, la instrumental “The All Seeing”, es el claro reflejo de los recursos técnicos que maneja cada uno de los músicos.
No obstante, la sensación final que deja un tema como “Buried Epoch” que es con la que cierra la obra, es la de estar sobreviviendo a una estampida de toros pesados que te llevan puesto con toda su potencia, masa y fuerza. Una estampida que marcha de forma sincronizada, mecánica y en conjunto como si fuera un muro inquebrantable.
De este modo, la banda se despide con una obra que en líneas generales, deja dos reflexiones. La primera es la de una satisfacción por haber disfrutado de la genuina calidad que poseen las canciones. Sin embargo, la segunda reflexión es la de haber presenciado una obra que en ningún momento terminó por volarte la cabeza o dejarte con la boca babeando, pidiendo por más. Como si uno se hubiese quedado a la espera de un golpe K.O definitivo que te sacuda por completo y lleve a este disco a estar entre los mejores del año.
Es un enorme disco? Sí. Tiene grandes momentos? Pero por supuesto. Pero al lado del material previo de la banda que fue directamente, de lo mejor de sus respectivos años como Great Is Our Sin en 2016, o Netherheaven en 2022, el presente trabajo de los estadounidenses carece de ese pequeño toque de ingenio y frescura que los caracterizó y los llevó al lugar en el que están hoy. A pesar de eso, no deja de ser otro gran trabajo en su discografía. 8/10.
No todos los años se puede llegar al podio.


En el último mes de abril vio la luz el nuevo álbum de Epica, “Aspiral“, sucesor de la obra maestra de los neerlandeses “Omega” del año 2021. Epica nos trae nuevamente un disco que conjuga en dosis adecuadas la sinfonía y la agresividad musical a la que nos tiene caracterizados y que nos permite a lo largo de su poquito más de una hora de duración oscilar entre ambos estados.
Acorde con lo que venimos diciendo, la apertura del disco se encuentra a cargo de “Cross the Divide”, uno de los adelantos promocionales, que, precisamente, nos suministra esas exquisitas dosis a las que hiciéramos mención. Las nuevas tres partes de la saga de “A New Age Dawns” (Darkness Dies in Light, Metanoia y The Grand Saga of Existence) muestran una composición majestuosa y, por lejos, son lo mejor que nos ofrece el álbum: coros sinfónicos, melodías atrapantes, sinfonías por doquier, el juego entre la voz limpia y la voz gutural de Simone Simmons y Mark Jansen respectivamente, marcando un perfecto contraste entre ambas, y la banda con una ejecución suprema de principio a fin.
La primera de ellas, te permite atravesar musicalmente distintos ambientes, con intensidad y drama; simplemente, sublime. Por su parte, “Metanoia” con un comienzo marcado por violes e inmediatamente un cambio de ritmo al palo te imposibilita permanecer indiferente; unos coros sinfónicos y un estribillo que reúnen melodía y fuerza nos posicionan ante uno de los mejores temas del disco. Por último, “The Grand Saga of Existence” con un arranque sinfónico y épico y un coro operístico es donde bajan un poco, tan solo un poco, la intensidad; merece destacarse el soberbio cambio de tempo aproximadamente a mitad del tema que nos envuelve en una atmosfera perfecta de sinfonía y dureza.
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También merecen destacarse dos de los temas que fueron presentados en su reciente gira por América Latina. “Arcana” que nos arroja ante esa típica oscilación de la banda entre pasajes sinfónicos y heavies y la voz de Simone luciendo todas sus virtudes. “Aspiral”, que le da su nombre a la producción, sume a nuestro sentido auditivo en una atmósfera hipnótica, por obra y gracia del teclado y la voz de Simone casi a capela mostrando toda su belleza y gama de colores, se suma una parte narrada a mitad de la canción, para luego dar lugar al ingreso del resto de la banda para cerrar la canción incrementando la intensidad que venía trayendo el tema y culminar con una nueva hipnosis producto de la voz de la cantante.
“Apparition” y “Eye of the Storm”, de los temas más pesados del disco, realzan por la participación de los gruñidos del guitarrista y, la segunda de las mencionadas, por poseer uno de los mejores estribillos melódicos del lanzamiento y un tinte powermetalero que no se había hecho presente hasta el momento. Finalmente, la producción cuenta con “Obsidian Heart” donde la voz principal te somete a un momento de melancolía, “Fight to Survive – The Overview Effect” el tema más popero de la nueva entrega y “T.I.M.E.” con una apertura con aires cirquenses y un puente al estribillo conformado por voces guturales y blast beats que te afectaran las cervicales.
Si bien, a oídos de quien escribe estas líneas, Aspiral no se encuentra al nivel de maestría compositiva de su antecesor, es un álbum que contiene todas las notas distintivas de la agrupación. Es un álbum recomendable tanto para el fanático acérrimo de la banda como para quienes se acercan por primera vez a ella, porque podemos sintetizar estas líneas diciendo que “Epica, siempre cumple”.







