


Los pasados 6 y 7 de julio, tuvieron lugar, dentro del programa “Las Noches del Botánico”, los conciertos de Danny Elfman’s Music from the Films of Tim Burton. Y, muy importante, nos referimos al Real Jardín Botánico Alfonso XIII de Ciudad Universitaria, no al Botánico del Paseo del Prado. Los taxistas agradecen la confusión.
Tuve la suerte de acudir en la segunda jornada, en una tarde atípica en la que cayó un pequeño diluvio que hizo retrasar la hora del concierto. Afortunadamente la lluvia paró y dejó un ambiente fresco en medio de esta apocalíptica ola de calor.
El recinto es encantador: lleno de vegetación, patitos amistosos, foodtrucks, tumbonas, tiendecitas y unos aseos de lujo. El público se paseaba relajado luciendo desde camisetas de metal a verdaderos cosplays burtonianos, pasando por los carísimos pero ya más frecuentes trajes góticos. También familias vestidas de domingo. Me dió pena no ver ningún Batman.
Subimos a las gradas con un espléndido atardecer. Los más de sesenta músicos y coristas de la Orquesta y Coro de RTVE nos esperaban vestidos de reglamentario negro. El espectáculo comenzó a cargo del maestro alemán Christian Schumann mientras se proyectaban escenas perfectamente escogidas de las películas más emblemáticas y adoradas por el público, tras lo cual, el repertorio se fué centrando una a una en trece obras (doce películas más la serie de “Miércoles”), con un generoso descanso de veinte minutos, en el que el público de los asientos más lejanos aprovechaba para ocupar algunos providenciales huecos más alante, comer y refrescarse: ¿he dicho ya que los baños estaban muy limpios?.
El orden de las piezas no fue cronológico, sino que fué saltando entre diferentes eras de la filmografía de Tim Burton. Al principio de cada pieza se mostraban algunas escenas y muy interesantes dibujos a mano del propio director, que nos acercaron a la esencia y la concepción de sus obras. Todo ello se espaciaba con un fondo de espirales para permitir al público centrarse en la música.
El gran Danny Elfman nació en 1953 y lleva más de treinta años componiendo bandas sonoras. Pero quizás lo que no todo el mundo sabe es que es un auténtico experto en rock, pop, ska, psicodelia y jazz. En su juventud fundó la extraña banda Oingo Boingo que mezclaba todos estos estilos y algún otro. Fue así como le descubrió Burton, que quiso que escribiera la partitura de “La gran aventura de Pee-Wee”, el primer largometraje de ambos artistas.
Los platos fuertes del primer acto fueron “Bitelchus” y “Batman” con cuyo tema principal varios hombres adultos saltaron del asiento y sacaron a toda prisa los móviles para inmortalizar el momento. También he de destacar la maestría del cantante infantil Dani Escrig, único artista vestido de blanco, que nos cautivó en esta primera parte para ya dejarnos totalmente boquiabiertos en la segunda con su magistral aportación a “Alicia en el país de las maravillas” (gran banda sonora para una, en mi opinión, atroz película).
El segundo acto, por su parte, brilló especialmente con “La novia cadáver” y “Eduardo Manostijeras”, en la cual pudimos disfrutar del virtuosismo de Sandy Cameron al violín, colaboradora habitual de Elfman. Su imagen recordaba enormemente al personaje de Muerte de los cómics de “Sandman”.
Finalmente llegó el momento que todos estábamos esperando, con la aparición estelar del propio Elfman, ataviado como una auténtica estrella del rock y con una actitud a juego. Con su melena rubia nos recordó al protagonista de la nueva serie “El vampiro Lestat”, aunque eso sí, con más años y más tattoos.
El público le acogió en sus brazos. Varias decenas de personas marcharon hacia las primeras filas para fotografiarle y devolverle sus carismáticas sonrisas. Nos hechizó a todos cantando los temas de “Pesadilla antes de Navidad” con una voz grave, elástica y muy juguetona.
El bis correspondió a la canción de “Oogie Boogie”, que siempre me ha dado tremendos escalofríos. Por mucho que aplaudimos, nos quedamos con las ganas de un segundo bis. Danny Elfman se despidió con todo su cariño, reiterando lo mucho que ha disfrutado su paso por nuestro país.
Una ausencia notable fueron las canciones de los Umpa Lumpas de “Charlie y la fábrica de chocolate”, así como “Esto es Halloween”, pero no se puede tener todo cuando hay tanto donde elegir. Por fin cayó la noche y, exhaustos de aplaudir, volvimos todos contentos a nuestros féretros.



Los pasados 6 y 7 de julio, tuvieron lugar, dentro del programa “Las Noches del Botánico”, los conciertos de Danny Elfman’s Music from the Films of Tim Burton. Y, muy importante, nos referimos al Real Jardín Botánico Alfonso XIII de Ciudad Universitaria, no al Botánico del Paseo del Prado. Los taxistas agradecen la confusión.
Tuve la suerte de acudir en la segunda jornada, en una tarde atípica en la que cayó un pequeño diluvio que hizo retrasar la hora del concierto. Afortunadamente la lluvia paró y dejó un ambiente fresco en medio de esta apocalíptica ola de calor.
El recinto es encantador: lleno de vegetación, patitos amistosos, foodtrucks, tumbonas, tiendecitas y unos aseos de lujo. El público se paseaba relajado luciendo desde camisetas de metal a verdaderos cosplays burtonianos, pasando por los carísimos pero ya más frecuentes trajes góticos. También familias vestidas de domingo. Me dió pena no ver ningún Batman.
Subimos a las gradas con un espléndido atardecer. Los más de sesenta músicos y coristas de la Orquesta y Coro de RTVE nos esperaban vestidos de reglamentario negro. El espectáculo comenzó a cargo del maestro alemán Christian Schumann mientras se proyectaban escenas perfectamente escogidas de las películas más emblemáticas y adoradas por el público, tras lo cual, el repertorio se fué centrando una a una en trece obras (doce películas más la serie de “Miércoles”), con un generoso descanso de veinte minutos, en el que el público de los asientos más lejanos aprovechaba para ocupar algunos providenciales huecos más alante, comer y refrescarse: ¿he dicho ya que los baños estaban muy limpios?.
El orden de las piezas no fue cronológico, sino que fué saltando entre diferentes eras de la filmografía de Tim Burton. Al principio de cada pieza se mostraban algunas escenas y muy interesantes dibujos a mano del propio director, que nos acercaron a la esencia y la concepción de sus obras. Todo ello se espaciaba con un fondo de espirales para permitir al público centrarse en la música.
El gran Danny Elfman nació en 1953 y lleva más de treinta años componiendo bandas sonoras. Pero quizás lo que no todo el mundo sabe es que es un auténtico experto en rock, pop, ska, psicodelia y jazz. En su juventud fundó la extraña banda Oingo Boingo que mezclaba todos estos estilos y algún otro. Fue así como le descubrió Burton, que quiso que escribiera la partitura de “La gran aventura de Pee-Wee”, el primer largometraje de ambos artistas.
Los platos fuertes del primer acto fueron “Bitelchus” y “Batman” con cuyo tema principal varios hombres adultos saltaron del asiento y sacaron a toda prisa los móviles para inmortalizar el momento. También he de destacar la maestría del cantante infantil Dani Escrig, único artista vestido de blanco, que nos cautivó en esta primera parte para ya dejarnos totalmente boquiabiertos en la segunda con su magistral aportación a “Alicia en el país de las maravillas” (gran banda sonora para una, en mi opinión, atroz película).
El segundo acto, por su parte, brilló especialmente con “La novia cadáver” y “Eduardo Manostijeras”, en la cual pudimos disfrutar del virtuosismo de Sandy Cameron al violín, colaboradora habitual de Elfman. Su imagen recordaba enormemente al personaje de Muerte de los cómics de “Sandman”.
Finalmente llegó el momento que todos estábamos esperando, con la aparición estelar del propio Elfman, ataviado como una auténtica estrella del rock y con una actitud a juego. Con su melena rubia nos recordó al protagonista de la nueva serie “El vampiro Lestat”, aunque eso sí, con más años y más tattoos.
El público le acogió en sus brazos. Varias decenas de personas marcharon hacia las primeras filas para fotografiarle y devolverle sus carismáticas sonrisas. Nos hechizó a todos cantando los temas de “Pesadilla antes de Navidad” con una voz grave, elástica y muy juguetona.
El bis correspondió a la canción de “Oogie Boogie”, que siempre me ha dado tremendos escalofríos. Por mucho que aplaudimos, nos quedamos con las ganas de un segundo bis. Danny Elfman se despidió con todo su cariño, reiterando lo mucho que ha disfrutado su paso por nuestro país.
Una ausencia notable fueron las canciones de los Umpa Lumpas de “Charlie y la fábrica de chocolate”, así como “Esto es Halloween”, pero no se puede tener todo cuando hay tanto donde elegir. Por fin cayó la noche y, exhaustos de aplaudir, volvimos todos contentos a nuestros féretros.











