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Deep Purple
Whoosh! (2020)
earMUSIC

Tracklist:

1. Throw My Bones
2. Drop the Weapon
3. We’re All the Same in the Dark
4. Nothing at All
5. No Need to Shout
6. Step by Step
7. What the What
8. The Long Way Round
9. The Power of the Moon
10. Remission Possible
11. Man Alive
12. And the Address
13. Dancing in My Sleep

Qué difícil es tener que hablar de un nuevo disco de Deep Purple. ¿Cómo encontrar las palabras justas para hablar de una leyenda viviente que hace más de medio siglo viene Rockeando como muy pocos saben hacerlo en este mundo?. ¿Cómo no caer en redundancias?. ¿Es Deep Purple una banda redundante?. Si vamos a encararlo por el lado del sonido de la banda sería algo injusto de decir porque el espectro del Hard Rock que practican posee un abanico con infinidad de matices si uno lo compara, por ejemplo, con el sonido de AC/DC.

Pero también hay cierto carácter de previsibilidad en Deep Purple, sobre todo en esta asentada formación con Steve Morse en guitarra y Don Airey en teclados que ya va para veinte años. Porque tampoco podemos hablar de la misma banda de cuando todavía estaban Ritchie Blackmore y Jon Lord aunque se trate igualmente de la misma banda. Incluso esta encarnación de Deep Purple es consciente de que su pico creativo lo tuvieron en el primer lustro de los años 70 ‘s. Así queda asentado en los registros en vivo que la banda saca casi de manera constante, porque la magia de Deep Purple radica allí, arriba de los escenarios. ¿Eso significa que a la banda le falta inspiración a la hora de componer nuevo material? Si se tratara de otra banda la respuesta quizás sea afirmativa pero estamos hablando de Deep Purple, y en el caso de ellos hay algo que no podemos perder de vista. Para hacer referencia voy a remitir a algo que leí en una revista hace ya muchos años y que decía algo más o menos así: ”Deep Purple está siempre pasándola bien. Se lo nota en los gestos de sus músicos cada vez que salen a tocar; están siempre disfrutando de crear sobre lo que ya crearon y eso le marca una diferencia con el resto de las bandas”.

Esto que puede sonar como una verdad de perogrullo no lo es tan así. Porque ésa armonía reinante entre los músicos, algo que era imposible que sucediera en la época de Blackmore (en donde, paradójicamente, los resultados obtenidos eran frutos de la tensión constante que había especialmente entre él y el cantante Ian Gillan), se plasma a la hora en que el quinteto entra al estudio a grabar. Y este nuevo “Whoosh!” es otra prueba cabal de eso. Con todo el background comentado anteriormente, ya de por sí es admirable que estos señores con edad suficiente para ser abuelos de muchos de sus seguidores aún tengan ganas de seguir creando música nueva.

La buena nueva que trae “Whoosh!” es que la banda mantiene el interesantísimo nivel alcanzado en sus dos antecesores: “Now What?” (2013) e “Infinite” (2017), y esto no es una casualidad, porque una vez más la leyenda británica contó con la asistencia de otra leyenda para asistirlos en la producción: el célebre productor Bob Ezrin. Efectivamente el viejo Bob, quien entre sus pergaminos figuran sus trabajos junto a gente como Pink Floyd, Kiss, Alice Cooper, Peter Gabriel, entre otros, en estos tres últimos discos parece haberle encontrado la vuelta para aprovechar todo el potencial de la magia púrpura. Y quizás ahí resida la clave: en sacarle todo el jugo posible al talento de estos músicos, algo que quizás no ocurría en los primeros años con Morse en la banda. Porque hablar del talento de los integrantes de Deep Purple es caer en otra de las redundancias antes mencionadas. Es sabido que estos veteranos son auténticos artesanos con sus instrumentos y no tienen que demostrarle nada a nadie. ¿Hace falta reafirmar que la base que conforman Ian Pacie (batería) y Roger Glover (bajo) es una de las más sólidas en la historia del Rock?. ¿O que a Morse y a Airey les sobra técnica para ocupar los inmensos lugares que están ocupando?. ¿Y qué decir de Ian Gillan?. Sinceramente me produce una úlcera cada vez que tengo que leer comentarios que dicen que “el tipo ya no grita como en ”Made in Japan”. El hecho de que ”el tipo” con 75 años a cuestas sigue parándose delante de un micrófono y siga sacando adelante un show de manera más que digna, es suficiente para cualquier alabanza.

Volviendo al álbum en sí, entonces lo que nos queda por decir es que lo que aquí encontramos es a Deep Purple en plena forma. Con un Hard Rock refinado, lejos de aquel estruendoso “In Rock” que hace exactamente 50 años rompió todo los cimientos de la música pesada y le marcó el norte a seguir a cuanta banda de Heavy Metal vino después, pero que por más elegante no por ello es menos disfrutable. El coqueteo con el Funk sigue presente, y básicamente eso es lo que resalta en la primera mitad del disco. Ahí están “Throw My Bones”, “We’re All the Same in the Dark” (un poco más blusera) “What the What” (más para bailar) o “No Need to Shout” con ese colchón sonoro de teclados tan a la Purple que son fácilmente reconocibles a lo largo de toda su discografía. Tal vez por eso se me antoja que lo mejor del disco está en la segunda mitad, por ser menos predecible.

Después de la interesante “The Long Way Round”, con un estribillo y una marcha memorables, siempre bajo el comando de la melodía de los teclados de Airey (quien dicho sea de pasa le quita un poco de protagonismo en esta oportunidad a Morse) y un hueco genial en el medio para que los instrumentistas se luzcan, viene el tridente conformado por “The Power of the Moon”, “Remission Possible” y “Man Alive” el cual nos muestra a un Purple navegando en una oscuridad sonora muy poco frecuente. Esa rotura del molde “Funkesco” muestra que a Deep Purple cualquier variante le calza como anillo al dedo. El final con “And the Address” y “Dancing in My Sleep” que nos hacen desfilar por todas las coordenadas a donde sale disparado el sonido de la banda, nos termina de sacar una sonrisa cuando caemos en la cuenta que a estos setentones todavía les quedan ganas de seguir partiendo cabezas cada vez que se lo proponen. Y eso, amigos míos, es algo que siempre es motivo para celebrar.

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Deep Purple
Whoosh! (2020)
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Tracklist:

1. Throw My Bones
2. Drop the Weapon
3. We’re All the Same in the Dark
4. Nothing at All
5. No Need to Shout
6. Step by Step
7. What the What
8. The Long Way Round
9. The Power of the Moon
10. Remission Possible
11. Man Alive
12. And the Address
13. Dancing in My Sleep




Qué difícil es tener que hablar de un nuevo disco de Deep Purple. ¿Cómo encontrar las palabras justas para hablar de una leyenda viviente que hace más de medio siglo viene Rockeando como muy pocos saben hacerlo en este mundo?. ¿Cómo no caer en redundancias?. ¿Es Deep Purple una banda redundante?. Si vamos a encararlo por el lado del sonido de la banda sería algo injusto de decir porque el espectro del Hard Rock que practican posee un abanico con infinidad de matices si uno lo compara, por ejemplo, con el sonido de AC/DC.

Pero también hay cierto carácter de previsibilidad en Deep Purple, sobre todo en esta asentada formación con Steve Morse en guitarra y Don Airey en teclados que ya va para veinte años. Porque tampoco podemos hablar de la misma banda de cuando todavía estaban Ritchie Blackmore y Jon Lord aunque se trate igualmente de la misma banda. Incluso esta encarnación de Deep Purple es consciente de que su pico creativo lo tuvieron en el primer lustro de los años 70 ‘s. Así queda asentado en los registros en vivo que la banda saca casi de manera constante, porque la magia de Deep Purple radica allí, arriba de los escenarios. ¿Eso significa que a la banda le falta inspiración a la hora de componer nuevo material? Si se tratara de otra banda la respuesta quizás sea afirmativa pero estamos hablando de Deep Purple, y en el caso de ellos hay algo que no podemos perder de vista. Para hacer referencia voy a remitir a algo que leí en una revista hace ya muchos años y que decía algo más o menos así: ”Deep Purple está siempre pasándola bien. Se lo nota en los gestos de sus músicos cada vez que salen a tocar; están siempre disfrutando de crear sobre lo que ya crearon y eso le marca una diferencia con el resto de las bandas”.

Esto que puede sonar como una verdad de perogrullo no lo es tan así. Porque ésa armonía reinante entre los músicos, algo que era imposible que sucediera en la época de Blackmore (en donde, paradójicamente, los resultados obtenidos eran frutos de la tensión constante que había especialmente entre él y el cantante Ian Gillan), se plasma a la hora en que el quinteto entra al estudio a grabar. Y este nuevo “Whoosh!” es otra prueba cabal de eso. Con todo el background comentado anteriormente, ya de por sí es admirable que estos señores con edad suficiente para ser abuelos de muchos de sus seguidores aún tengan ganas de seguir creando música nueva.

La buena nueva que trae “Whoosh!” es que la banda mantiene el interesantísimo nivel alcanzado en sus dos antecesores: “Now What?” (2013) e “Infinite” (2017), y esto no es una casualidad, porque una vez más la leyenda británica contó con la asistencia de otra leyenda para asistirlos en la producción: el célebre productor Bob Ezrin. Efectivamente el viejo Bob, quien entre sus pergaminos figuran sus trabajos junto a gente como Pink Floyd, Kiss, Alice Cooper, Peter Gabriel, entre otros, en estos tres últimos discos parece haberle encontrado la vuelta para aprovechar todo el potencial de la magia púrpura. Y quizás ahí resida la clave: en sacarle todo el jugo posible al talento de estos músicos, algo que quizás no ocurría en los primeros años con Morse en la banda. Porque hablar del talento de los integrantes de Deep Purple es caer en otra de las redundancias antes mencionadas. Es sabido que estos veteranos son auténticos artesanos con sus instrumentos y no tienen que demostrarle nada a nadie. ¿Hace falta reafirmar que la base que conforman Ian Pacie (batería) y Roger Glover (bajo) es una de las más sólidas en la historia del Rock?. ¿O que a Morse y a Airey les sobra técnica para ocupar los inmensos lugares que están ocupando?. ¿Y qué decir de Ian Gillan?. Sinceramente me produce una úlcera cada vez que tengo que leer comentarios que dicen que “el tipo ya no grita como en ”Made in Japan”. El hecho de que ”el tipo” con 75 años a cuestas sigue parándose delante de un micrófono y siga sacando adelante un show de manera más que digna, es suficiente para cualquier alabanza.

Volviendo al álbum en sí, entonces lo que nos queda por decir es que lo que aquí encontramos es a Deep Purple en plena forma. Con un Hard Rock refinado, lejos de aquel estruendoso “In Rock” que hace exactamente 50 años rompió todo los cimientos de la música pesada y le marcó el norte a seguir a cuanta banda de Heavy Metal vino después, pero que por más elegante no por ello es menos disfrutable. El coqueteo con el Funk sigue presente, y básicamente eso es lo que resalta en la primera mitad del disco. Ahí están “Throw My Bones”, “We’re All the Same in the Dark” (un poco más blusera) “What the What” (más para bailar) o “No Need to Shout” con ese colchón sonoro de teclados tan a la Purple que son fácilmente reconocibles a lo largo de toda su discografía. Tal vez por eso se me antoja que lo mejor del disco está en la segunda mitad, por ser menos predecible.

Después de la interesante “The Long Way Round”, con un estribillo y una marcha memorables, siempre bajo el comando de la melodía de los teclados de Airey (quien dicho sea de pasa le quita un poco de protagonismo en esta oportunidad a Morse) y un hueco genial en el medio para que los instrumentistas se luzcan, viene el tridente conformado por “The Power of the Moon”, “Remission Possible” y “Man Alive” el cual nos muestra a un Purple navegando en una oscuridad sonora muy poco frecuente. Esa rotura del molde “Funkesco” muestra que a Deep Purple cualquier variante le calza como anillo al dedo. El final con “And the Address” y “Dancing in My Sleep” que nos hacen desfilar por todas las coordenadas a donde sale disparado el sonido de la banda, nos termina de sacar una sonrisa cuando caemos en la cuenta que a estos setentones todavía les quedan ganas de seguir partiendo cabezas cada vez que se lo proponen. Y eso, amigos míos, es algo que siempre es motivo para celebrar.

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