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Downfall of Gaia
Silhouettes of Disgust (2023)
Metal Blade Records

Tracklist:

01. Existence of Awe
02. The Whir of Flies
03. While Bloodsprings Become Rivers
04. Bodies as Driftwood
05. Eyes to Burning Skies
06. Final Vows
07. Unredeemable
08. Optograms of Disgust


Estamos ante el sexto disco en estudio de Downfall of Gaia, esta ya consolidada banda alemana de post-black metal con fuerte influencia crust. Con quince años de historia, el grupo formado por Dominik Goncalves dos Reis (voz y guitarra), Peter Wolff (guitarra y voz), Anton Lisovoj (bajo y voz) y Michael Kadnar (batería), ha logrado en “Silhouettes of Disgust”, editado por Metal Blade Records, un balance perfecto entre la actitud cruda de sus primeros trabajos y la composición más elaborada que fueron desarrollando posteriormente y los llevaron por paisajes melancólicos.

El álbum está integrado por nueve canciones que, en total, apenas superan los 45 minutos de duración, algo que contrasta con los discos anteriores, que tenían listas más cortas de tracks que, individualmente, podían llegar a superar los diez minutos. Cada parte en esta nueva obra representa a una persona distinta, residente de alguna ciudad, luchando con la soledad, el miedo, la angustia existencial, las adicciones y otros males contemporáneos. A esas figuras hace referencia el título del disco, complementado por la fotografía en la portada, con un desolador estilo urbano. En este sentido, también se nota una diferencia con la estética que la banda venía mostrando hasta ahora. Para quienes todavía no conocen a este grupo alemán, algunas referencias posibles serían los ya separados Fall of Efrafa o Altar of Plagues, solo por nombrar algunas.

Es un trabajo bastante parejo, sólido en cuanto a su construcción en términos generales. Es por eso que quizás sea una buena idea señalar los rasgos distintivos que resaltan, y ciertas particularidades de los sucesivos tracks. El recorrido por la psicología de estas mentes atrapadas en una urbe laberíntica comienza con “Existence of Awe” y ya van apareciendo esas cualidades a las que hacía mención. Por empezar, los pasajes con ese D-beat tan típico, que retornará en varias canciones más y expresa el aspecto hardcore al que se quería dar lugar, aunque siempre alterna con un blast beat profuso o partes a mid-tempo. También se perciben el fondo que provee un sintetizador y una voz femenina, la de Lulu Black, artista de una banda gótica.

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Los lapsos más lentos se destacan, y en ellos sobresale el bajo. Cuando las guitarras hacen trémolo, desde ya que suenan bien propias del black, pero abundan los riffs con esa cadencia más punk, y los arpegios de sonoridad post-rock. En este disco, podríamos decir, los germanos echaron algunas pizcas de Mogwai y muchas de Discharge al caldo. “The Whir of Flies” es un buen ejemplo de cómo en una misma canción pasan por partes vertiginosas y otras tensamente calmas. El despliegue técnico de la batería es digno de mención: su ejecución es tan precisa como expresiva. La calidad de la mezcla es excepcional, evidente en la nitidez de cada instrumento.

Las voces suenan casi siempre sucias, oscilando entre la desesperación y la bronca. “While Bloodsprings Become Rivers” -el track más extenso- es donde quizás encontremos el enfoque más típico de los discos anteriores. Vuelven a resaltar los teclados y todo se distancia de la crudeza que se asoma en muchos otros momentos del álbum. De hecho, hay un pasaje especialmente minimalista, de esos que se dice que generan “ambiente”, “clima” o “atmósfera”. Hay una transición perfecta hacia “Bodies as Driftwood”, de inicio en una veta similar, hasta que todo se acelera en una vorágine episódica, que se va alternando con esa paz contenida, que sucede casi por inercia o habituación a lo cotidiano en contextos que creemos inevitables. Esta canción fue el single con videoclip propio.

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“Eyes to Burning Skies” profundiza la introspección. El canto femenino resurge y da espacio a otra característica de este disco, que se ve reforzada por el aporte de las guitarras, y es la influencia darkwave de algunos tramos. Se escuchan algunos cortes interesantes, que provocan un avance trabado, generando una inquietud que se libera para alzar el fuerte componente melódico que también va imponiéndose a lo largo de todo el álbum. El mismo recurso de progresión fragmentada continúa cuando empieza “Final Vows”, hasta que se adquiere la rapidez de la caída y además surgen riffs filosos y agresivos.

En “Unredeemable” regresan los lapsos que invitan al mosh y las frases de las seis cuerdas que logran ser bastante pregnantes. Todo finaliza con “Optograms of Disgust” que, tocada en vivo, sin dudas seguiría agitando al público. Emerge una voz más limpia, justo antes de un cambio abrupto en el ritmo. No me cuesta imaginarme una audiencia que se convulsiona y luego descansa, para volver a sacudirse. Este ejercicio de fantasía obedece a enfatizar un efecto colateral, si se quiere, de la decisión creativa tomada por la banda en esta ocasión.

Downfall of Gaia tiene una discografía excelente, y personalmente, disfruto mucho sus creaciones más “post-metal”, porque soy fanático de ese género. No podría afirmar que este sea su mejor álbum, pero sabiendo que querían conseguir una obra en la que hubiera un balance entre todo lo “post” (metal, black metal, rock) y la actitud rebelde del crust, debo decir que cumplieron de manera brillante con su propósito y lanzaron un muy buen disco.

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Downfall of Gaia
Silhouettes of Disgust (2023)
Metal Blade Records

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01. Existence of Awe
02. The Whir of Flies
03. While Bloodsprings Become Rivers
04. Bodies as Driftwood
05. Eyes to Burning Skies
06. Final Vows
07. Unredeemable
08. Optograms of Disgust





Estamos ante el sexto disco en estudio de Downfall of Gaia, esta ya consolidada banda alemana de post-black metal con fuerte influencia crust. Con quince años de historia, el grupo formado por Dominik Goncalves dos Reis (voz y guitarra), Peter Wolff (guitarra y voz), Anton Lisovoj (bajo y voz) y Michael Kadnar (batería), ha logrado en “Silhouettes of Disgust”, editado por Metal Blade Records, un balance perfecto entre la actitud cruda de sus primeros trabajos y la composición más elaborada que fueron desarrollando posteriormente y los llevaron por paisajes melancólicos.

El álbum está integrado por nueve canciones que, en total, apenas superan los 45 minutos de duración, algo que contrasta con los discos anteriores, que tenían listas más cortas de tracks que, individualmente, podían llegar a superar los diez minutos. Cada parte en esta nueva obra representa a una persona distinta, residente de alguna ciudad, luchando con la soledad, el miedo, la angustia existencial, las adicciones y otros males contemporáneos. A esas figuras hace referencia el título del disco, complementado por la fotografía en la portada, con un desolador estilo urbano. En este sentido, también se nota una diferencia con la estética que la banda venía mostrando hasta ahora. Para quienes todavía no conocen a este grupo alemán, algunas referencias posibles serían los ya separados Fall of Efrafa o Altar of Plagues, solo por nombrar algunas.

Es un trabajo bastante parejo, sólido en cuanto a su construcción en términos generales. Es por eso que quizás sea una buena idea señalar los rasgos distintivos que resaltan, y ciertas particularidades de los sucesivos tracks. El recorrido por la psicología de estas mentes atrapadas en una urbe laberíntica comienza con “Existence of Awe” y ya van apareciendo esas cualidades a las que hacía mención. Por empezar, los pasajes con ese D-beat tan típico, que retornará en varias canciones más y expresa el aspecto hardcore al que se quería dar lugar, aunque siempre alterna con un blast beat profuso o partes a mid-tempo. También se perciben el fondo que provee un sintetizador y una voz femenina, la de Lulu Black, artista de una banda gótica.

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Las voces suenan casi siempre sucias, oscilando entre la desesperación y la bronca. “While Bloodsprings Become Rivers” -el track más extenso- es donde quizás encontremos el enfoque más típico de los discos anteriores. Vuelven a resaltar los teclados y todo se distancia de la crudeza que se asoma en muchos otros momentos del álbum. De hecho, hay un pasaje especialmente minimalista, de esos que se dice que generan “ambiente”, “clima” o “atmósfera”. Hay una transición perfecta hacia “Bodies as Driftwood”, de inicio en una veta similar, hasta que todo se acelera en una vorágine episódica, que se va alternando con esa paz contenida, que sucede casi por inercia o habituación a lo cotidiano en contextos que creemos inevitables. Esta canción fue el single con videoclip propio.

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En “Unredeemable” regresan los lapsos que invitan al mosh y las frases de las seis cuerdas que logran ser bastante pregnantes. Todo finaliza con “Optograms of Disgust” que, tocada en vivo, sin dudas seguiría agitando al público. Emerge una voz más limpia, justo antes de un cambio abrupto en el ritmo. No me cuesta imaginarme una audiencia que se convulsiona y luego descansa, para volver a sacudirse. Este ejercicio de fantasía obedece a enfatizar un efecto colateral, si se quiere, de la decisión creativa tomada por la banda en esta ocasión.

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