


En Poolen, Copenhague, se vivió una jornada que prometía ser especial desde el momento en que se anunció el co-headliner entre Epica y Amaranthe, dos bandas europeas que, aunque comparten escenario dentro del metal moderno, representan mundos sonoros bastante diferentes. Sumado a eso, la apertura quedaba en manos de Charlotte Wessels, una artista que muchos conocen por haber sido durante años la voz de Delain y que actualmente está transitando una etapa solista mucho más personal y experimental con su banda The Obsessessed. Con ese contexto, la expectativa era alta y la sala ya mostraba bastante movimiento desde temprano.
La encargada de abrir el show fue justamente Charlotte Wessels, y la verdad es que el arranque no pudo haber sido mejor. La cantante neerlandesa, que durante más de una década ayudó a definir el sonido del metal sinfónico moderno con Delain, viene construyendo en su carrera solista un universo bastante diferente, con más electrónica, más atmósferas y un enfoque mucho más oscuro y cinematográfico. Acompañada por su banda The Obsession, ofreció un set corto pero muy sólido, de unas siete canciones, donde lo primero que destacó fue el sonido: claro, potente y muy bien equilibrado para una banda que estaba abriendo el recital.
La voz de Charlotte sonó impecable, demostrando una vez más por qué es considerada una de las cantantes más elegantes dentro del género, y la banda la acompañó con mucha precisión, generando un clima muy envolvente desde el escenario. Hacia el final del set aparecieron algunos desperfectos técnicos que obligaron a detener momentáneamente el show, pero lejos de incomodarse, lo manejaron con muy buen humor y profesionalismo. Después de unos minutos regresaron para cerrar con “The Exorcism”, una pieza que terminó funcionando como una verdadera explosión final y dejó la sensación de que la apertura había estado a un nivel muy alto. Para ser la banda telonera, la producción y el sonido estuvieron más que a la altura, y mientras el set terminaba la sala seguía llenándose cada vez más.
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Luego de unos veinte minutos extra para preparar el escenario llegó el turno de Epica, y ahí fue cuando el concierto empezó a tomar dimensiones realmente grandes. La banda neerlandesa fundada en 2002 por el guitarrista y compositor Mark Jansen, después de su salida de After Forever, se ha convertido con el tiempo en uno de los nombres más importantes del metal sinfónico mundial. Con discos conceptuales ambiciosos, una mezcla muy particular de orquestaciones, coros, guitarras pesadas y elementos progresivos, Epica lleva más de dos décadas expandiendo los límites del género. Y, por supuesto, al frente de todo está Simone Simons, una de las voces más reconocibles del metal europeo.
Desde el primer momento quedó claro que el despliegue escénico que habían montado parecía directamente el de un headliner absoluto. Visualmente todo estaba preparado como si ellos fueran quienes cerraban el recital, algo que más adelante terminaría generando una sensación bastante clara entre el público.
El repertorio estuvo armado en gran parte alrededor de sus grandes clásicos, aunque también hubo un foco en material más reciente, con canciones como “Eye of the Storm” y “Cross the Divide”, que demostraron que la banda sigue evolucionando sin perder su esencia. Pero obviamente también hubo lugar para momentos que conectaron directamente con los fans de toda la vida. “Never Enough”, del monumental The Divine Conspiracy, sonó con una fuerza tremenda, y tampoco faltaron piezas muy queridas de Design Your Universe como “Unleashed” y “Tides of Time”, que mantuvieron a la sala completamente enganchada.
Uno de los momentos más especiales del show llegó cuando interpretaron “Sirens – Of Blood and Water”, donde apareció nuevamente Charlotte Wessels sobre el escenario como invitada. Y como si eso fuera poco, también se sumó Myrkur, la artista danesa conocida por su particular mezcla de black metal atmosférico con folk nórdico y elementos corales, algo que le dio a ese momento una dimensión casi ritual.
Para ese punto el lugar estaba completamente lleno y la energía seguía creciendo. Cuando llegó el turno del clásico eterno “Cry for the Moon”, Mark Jansen se dirigió directamente al público con un pedido claro: quería movimiento, quería circle pits, quería ver la sala realmente activada. Y cualquiera que haya ido a recitales en Dinamarca sabe que muchas veces el público puede ser un poco más reservado. Pero esta vez no. Primero unos pocos comenzaron a reunirse en el centro del lugar, después se sumaron más, y de repente el pit estaba armado y la sala se transformó en una verdadera fiesta. Fue uno de esos momentos donde banda y público se conectan completamente.
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El final del set llegó con tres canciones más, incluyendo el clásico “The Last Crusade” del álbum Consign to Oblivion, un tema perfecto para empezar a cerrar una actuación que había sido de altísimo nivel. Finalmente el cierre vino con “Beyond the Matrix”, donde la gente no dejó de saltar ni un segundo mientras Simone y compañía despedían el show. En total fueron alrededor de una hora y diez minutos de recital, pero la sensación fue de haber visto un espectáculo enorme. Y sinceramente, viendo la reacción del público y lo lleno que estaba el lugar durante su actuación, quedó bastante claro que perfectamente podrían haber sido ellos quienes cerraran la jornada.
Después de unos treinta minutos de descanso llegó el turno de Amaranthe, la banda sueca formada en 2008 por el guitarrista y compositor Olof Mörck, conocida por haber creado una fórmula muy particular dentro del metal moderno. Su sonido combina metal melódico, elementos de power metal, producción electrónica y estructuras cercanas al pop, pero lo que realmente los distingue es su sistema vocal único con tres cantantes al mismo tiempo.
Por un lado Elize Ryd, con su voz limpia y melódica; Nils Molin, encargado de las voces limpias masculinas; y Mikael Sehlin, responsable de los registros guturales. Esa combinación genera un contraste constante entre melodía, agresividad y coros extremadamente pegadizos que definen el estilo de la banda.
El show arrancó con una voz robótica que se dirigía al público como si fuera una especie de inteligencia artificial introduciendo el espectáculo, y apenas terminó la introducción la banda entró con toda la potencia acompañada por un despliegue visual impresionante. El escenario estaba completamente teñido de azul y atravesado por potentes rayos láser que recorrían toda la sala, generando una atmósfera futurista muy acorde al sonido de la banda.
Desde el primer tema el show fue muy dinámico, con los tres vocalistas alternándose constantemente entre melodías, armonías y ataques guturales mientras la banda mantenía una intensidad muy alta. Canciones como “The Catalyst”, “The Nexus” y “Amaranthine” fueron algunos de los momentos donde el público reaccionó con más fuerza, cantando los estribillos y acompañando cada subida de energía.
Musicalmente Amaranthe se mueve en un terreno donde las guitarras pesadas conviven sin problema con bases electrónicas y hooks pop gigantes, algo que en vivo termina generando una experiencia muy directa y muy efectiva.
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El show se extendió durante aproximadamente una hora y cuarenta minutos, con una energía constante que nunca bajó. Algo que sí se notó fue que después del show de Epica parte del público se había retirado, dejando la sala un poco menos llena que antes. Pero quienes se quedaron siguieron muy activos y participativos durante todo el recital.
Después de un falso final la banda regresó al escenario para un encore de tres canciones más, culminando el recital con uno de sus temas más conocidos, “Drop Dead Cynical”, que terminó funcionando como el cierre perfecto para una jornada cargada de potencia.
Al final, más allá de cualquier debate sobre quién debería haber cerrado el show, lo cierto es que el público de Copenhague vivió un recital de altísimo nivel. Desde la elegante y poderosa apertura de Charlotte Wessels, pasando por la monumental actuación de Epica, hasta la explosión moderna y futurista de Amaranthe, el evento tuvo de todo.
Y como suele pasar cada vez que uno entra a Poolen, el sonido volvió a ser impecable. Es uno de esos lugares donde sabés que, más allá de la banda que toque, vas a escuchar el show como realmente tiene que sonar. Una jornada intensa, variada y muy bien producida que dejó claro, una vez más, que la escena metalera europea sigue más viva que nunca.



En Poolen, Copenhague, se vivió una jornada que prometía ser especial desde el momento en que se anunció el co-headliner entre Epica y Amaranthe, dos bandas europeas que, aunque comparten escenario dentro del metal moderno, representan mundos sonoros bastante diferentes. Sumado a eso, la apertura quedaba en manos de Charlotte Wessels, una artista que muchos conocen por haber sido durante años la voz de Delain y que actualmente está transitando una etapa solista mucho más personal y experimental con su banda The Obsessessed. Con ese contexto, la expectativa era alta y la sala ya mostraba bastante movimiento desde temprano.
La encargada de abrir el show fue justamente Charlotte Wessels, y la verdad es que el arranque no pudo haber sido mejor. La cantante neerlandesa, que durante más de una década ayudó a definir el sonido del metal sinfónico moderno con Delain, viene construyendo en su carrera solista un universo bastante diferente, con más electrónica, más atmósferas y un enfoque mucho más oscuro y cinematográfico. Acompañada por su banda The Obsession, ofreció un set corto pero muy sólido, de unas siete canciones, donde lo primero que destacó fue el sonido: claro, potente y muy bien equilibrado para una banda que estaba abriendo el recital.
La voz de Charlotte sonó impecable, demostrando una vez más por qué es considerada una de las cantantes más elegantes dentro del género, y la banda la acompañó con mucha precisión, generando un clima muy envolvente desde el escenario. Hacia el final del set aparecieron algunos desperfectos técnicos que obligaron a detener momentáneamente el show, pero lejos de incomodarse, lo manejaron con muy buen humor y profesionalismo. Después de unos minutos regresaron para cerrar con “The Exorcism”, una pieza que terminó funcionando como una verdadera explosión final y dejó la sensación de que la apertura había estado a un nivel muy alto. Para ser la banda telonera, la producción y el sonido estuvieron más que a la altura, y mientras el set terminaba la sala seguía llenándose cada vez más.
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Desde el primer momento quedó claro que el despliegue escénico que habían montado parecía directamente el de un headliner absoluto. Visualmente todo estaba preparado como si ellos fueran quienes cerraban el recital, algo que más adelante terminaría generando una sensación bastante clara entre el público.
El repertorio estuvo armado en gran parte alrededor de sus grandes clásicos, aunque también hubo un foco en material más reciente, con canciones como “Eye of the Storm” y “Cross the Divide”, que demostraron que la banda sigue evolucionando sin perder su esencia. Pero obviamente también hubo lugar para momentos que conectaron directamente con los fans de toda la vida. “Never Enough”, del monumental The Divine Conspiracy, sonó con una fuerza tremenda, y tampoco faltaron piezas muy queridas de Design Your Universe como “Unleashed” y “Tides of Time”, que mantuvieron a la sala completamente enganchada.
Uno de los momentos más especiales del show llegó cuando interpretaron “Sirens – Of Blood and Water”, donde apareció nuevamente Charlotte Wessels sobre el escenario como invitada. Y como si eso fuera poco, también se sumó Myrkur, la artista danesa conocida por su particular mezcla de black metal atmosférico con folk nórdico y elementos corales, algo que le dio a ese momento una dimensión casi ritual.
Para ese punto el lugar estaba completamente lleno y la energía seguía creciendo. Cuando llegó el turno del clásico eterno “Cry for the Moon”, Mark Jansen se dirigió directamente al público con un pedido claro: quería movimiento, quería circle pits, quería ver la sala realmente activada. Y cualquiera que haya ido a recitales en Dinamarca sabe que muchas veces el público puede ser un poco más reservado. Pero esta vez no. Primero unos pocos comenzaron a reunirse en el centro del lugar, después se sumaron más, y de repente el pit estaba armado y la sala se transformó en una verdadera fiesta. Fue uno de esos momentos donde banda y público se conectan completamente.
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El final del set llegó con tres canciones más, incluyendo el clásico “The Last Crusade” del álbum Consign to Oblivion, un tema perfecto para empezar a cerrar una actuación que había sido de altísimo nivel. Finalmente el cierre vino con “Beyond the Matrix”, donde la gente no dejó de saltar ni un segundo mientras Simone y compañía despedían el show. En total fueron alrededor de una hora y diez minutos de recital, pero la sensación fue de haber visto un espectáculo enorme. Y sinceramente, viendo la reacción del público y lo lleno que estaba el lugar durante su actuación, quedó bastante claro que perfectamente podrían haber sido ellos quienes cerraran la jornada.
Después de unos treinta minutos de descanso llegó el turno de Amaranthe, la banda sueca formada en 2008 por el guitarrista y compositor Olof Mörck, conocida por haber creado una fórmula muy particular dentro del metal moderno. Su sonido combina metal melódico, elementos de power metal, producción electrónica y estructuras cercanas al pop, pero lo que realmente los distingue es su sistema vocal único con tres cantantes al mismo tiempo.
Por un lado Elize Ryd, con su voz limpia y melódica; Nils Molin, encargado de las voces limpias masculinas; y Mikael Sehlin, responsable de los registros guturales. Esa combinación genera un contraste constante entre melodía, agresividad y coros extremadamente pegadizos que definen el estilo de la banda.
El show arrancó con una voz robótica que se dirigía al público como si fuera una especie de inteligencia artificial introduciendo el espectáculo, y apenas terminó la introducción la banda entró con toda la potencia acompañada por un despliegue visual impresionante. El escenario estaba completamente teñido de azul y atravesado por potentes rayos láser que recorrían toda la sala, generando una atmósfera futurista muy acorde al sonido de la banda.
Desde el primer tema el show fue muy dinámico, con los tres vocalistas alternándose constantemente entre melodías, armonías y ataques guturales mientras la banda mantenía una intensidad muy alta. Canciones como “The Catalyst”, “The Nexus” y “Amaranthine” fueron algunos de los momentos donde el público reaccionó con más fuerza, cantando los estribillos y acompañando cada subida de energía.
Musicalmente Amaranthe se mueve en un terreno donde las guitarras pesadas conviven sin problema con bases electrónicas y hooks pop gigantes, algo que en vivo termina generando una experiencia muy directa y muy efectiva.
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El show se extendió durante aproximadamente una hora y cuarenta minutos, con una energía constante que nunca bajó. Algo que sí se notó fue que después del show de Epica parte del público se había retirado, dejando la sala un poco menos llena que antes. Pero quienes se quedaron siguieron muy activos y participativos durante todo el recital.
Después de un falso final la banda regresó al escenario para un encore de tres canciones más, culminando el recital con uno de sus temas más conocidos, “Drop Dead Cynical”, que terminó funcionando como el cierre perfecto para una jornada cargada de potencia.
Al final, más allá de cualquier debate sobre quién debería haber cerrado el show, lo cierto es que el público de Copenhague vivió un recital de altísimo nivel. Desde la elegante y poderosa apertura de Charlotte Wessels, pasando por la monumental actuación de Epica, hasta la explosión moderna y futurista de Amaranthe, el evento tuvo de todo.
Y como suele pasar cada vez que uno entra a Poolen, el sonido volvió a ser impecable. Es uno de esos lugares donde sabés que, más allá de la banda que toque, vas a escuchar el show como realmente tiene que sonar. Una jornada intensa, variada y muy bien producida que dejó claro, una vez más, que la escena metalera europea sigue más viva que nunca.




















