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Eric Martin en Barcelona: “Un corazón abierto entre cuerdas acústicas”
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En un mundo saturado de conciertos mastodónticos y espectáculos sobreproducidos, donde abundan la ostentación y los precios prohibitivos, esas noches íntimas y despojadas de artificios se vuelven verdaderos tesoros. La velada de Eric Martin en Razzmatazz 3 fue justamente eso: un oasis de autenticidad, lejos del estruendo de los mediáticos Mr. Big o de su reciente paso por la gira de Avantasia, apenas una semana atrás.

El inconfundible frontman estadounidense llegó a Barcelona el jueves 17 de abril, junto a su cómplice de escenario, el talentoso guitarrista británico David Cotterill, para ofrecer un recital acústico como parte del tour Unleashed & Unplugged. Una noche que fue mucho más que un concierto: un encuentro entre amigos, con música, humor y calidez como protagonistas indiscutibles.

Acompañado únicamente por su inconfundible voz —que conserva intacta su calidez, fuerza y expresividad—, una guitarra acústica y el respaldo técnico-musical de Cotterill (guitarrista de la banda inglesa Demon) y el baterista Pablo Garrocho, de la Rockschool Barcelona, Eric Martin volvió a demostrar por qué sigue siendo una de las voces más elegantes del hard rock melódico. Sin artificios ni efectos, en ese formato íntimo su talento brilló aún más

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La noche comenzó con una grata sorpresa: una poderosa versión de “I Just Want to Make Love to You”, clásico de Willie Dixon. Desde ese primer acorde quedó claro que no habría un guion rígido, sino una sucesión de momentos únicos, entre versiones inesperadas, humor espontáneo y una química palpable con el público. El viaje emocional continuó con un salto directo al repertorio de Mr. Big: “Daddy, Brother, Lover, Little Boy (The Electric Drill Song)”, donde Cotterill se lució pese a la ausencia del icónico taladro. La audiencia, de unas doscientas personas, respondió con entusiasmo desde el primer acorde, coreando y vibrando con cada tema.

Luego llegaron “Take Cover” y “Fragile”, con una energía más introspectiva que permitió a Martin explorar registros más emocionales, aprovechando el formato acústico para mostrar su lado más vulnerable. Entre canciones, las anécdotas fluyeron con naturalidad: historias de giras, confesiones personales, bromas sobre su eterno desafío con el español —“¡No sé cómo es posible que todavía no lo hable!”, bromeó entre risas—. El groove también tuvo su espacio con “Voodoo Kiss” y “Shine”, recordándonos que no hacen falta amplificadores a todo volumen para transmitir fuerza. La conexión con el público fue total, y en varios pasajes la sala se volvió un gran coro en comunión con el escenario.

Uno de los momentos más emotivos llegó con “Superfantastic”, interpretada con una calidez entrañable. La compenetración con Cotterill —quien aportó arreglos sutiles y precisos— redondeó una versión memorable, que arrancó aplausos prolongados y algún que otro suspiro. También destacaron la sentida interpretación de “Wild World”, de Cat Stevens —tema que Martin confesó haber grabado casi obligado por la discográfica— y su simpática queja al ver a varios fans grabando con el móvil: “¡Estáis muy tontos, tíos!”, lanzó entre carcajadas.

El clímax emocional llegó con “Just Take My Heart”, coreada con devoción por toda la sala. A pesar de haberla interpretado cientos de veces, en ese entorno íntimo sonó como una confesión directa al alma. Le siguieron gemas menos conocidas como “What If We Were New?” y un impresionante instrumental de “Misirlou”, donde Cotterill se ganó una ovación cerrada.

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Antes del cierre, “Back In Blue” trajo un respiro melódico, preparando el terreno para el tramo final con “Electrified” y, por supuesto, “To Be With You”, coreada como un verdadero himno personal. Un broche perfecto para una noche que quedará en la memoria de todos los presentes.

El show duró casi dos horas, pero el ambiente cálido y familiar hizo que el tiempo pareciera volar. Tras el último acorde, Eric Martin se quedó firmando discos, sacándose fotos y conversando con los fans. Su sonrisa y cercanía no se desdibujaron en ningún momento. Cotterill, siempre discreto pero esencial, también fue rodeado de admiradores, consolidando su rol como pieza clave en esta aventura musical.

Este Unleashed & Unplugged fue mucho más que un repaso acústico a los éxitos de una leyenda del rock melódico: fue una lección de carisma, humildad y conexión con el público. Una experiencia sencilla, sí, pero profundamente inolvidable.

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Eric Martin en Barcelona: “Un corazón abierto entre cuerdas acústicas”
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Acompañado únicamente por su inconfundible voz —que conserva intacta su calidez, fuerza y expresividad—, una guitarra acústica y el respaldo técnico-musical de Cotterill (guitarrista de la banda inglesa Demon) y el baterista Pablo Garrocho, de la Rockschool Barcelona, Eric Martin volvió a demostrar por qué sigue siendo una de las voces más elegantes del hard rock melódico. Sin artificios ni efectos, en ese formato íntimo su talento brilló aún más

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Uno de los momentos más emotivos llegó con “Superfantastic”, interpretada con una calidez entrañable. La compenetración con Cotterill —quien aportó arreglos sutiles y precisos— redondeó una versión memorable, que arrancó aplausos prolongados y algún que otro suspiro. También destacaron la sentida interpretación de “Wild World”, de Cat Stevens —tema que Martin confesó haber grabado casi obligado por la discográfica— y su simpática queja al ver a varios fans grabando con el móvil: “¡Estáis muy tontos, tíos!”, lanzó entre carcajadas.

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