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Especial: 30 años de “Icon”, de Paradise Lost
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Con su primer álbum Lost Paradise (1990), los ingleses Paradise Lost se habían dado a conocer al mundo como una banda un tanto tosca pero sobre todo pesada: al tomar tanto elementos del death metal como de los ritmos apesadumbrados del doom, el quinteto se estaba estableciendo como uno de los pioneros de una mezcla que sería de las que más marcarían el metal extremo durante los noventas. Y con su sucesor, también podían anotarse como uno de los artistas clave detrás de otro de los movimientos más importantes de la década, ya que Gothic (1991) no sólo ayudaría a darle nombre a lo que hacían muchos de estos grupos de “metal oscuro”, sino que la mezcla de los guturales de Nick Holmes con las voces de ópera de Sarah Marrion y los teclados ambientales serían una fórmula en la que muchos se inspiraron. 

Nada mal para una banda que se había formado cuando apenas habían cumplido los 18 años y que venían de una ciudad que no era tan conocida por su nutrida escena musical: hasta la aparición de Ed Sheeran, Paradise Lost bien podrían considerarse el acto musical más exitoso salido de Halifax. Gracias a esos dos trabajos, Paradise Lost serían incluidos en este trío de bandas del norte de Inglaterra llamado “Los Tres de Peaceville”, junto a sus paisanos My Dying Bride y los liverpudlians Anathema, como los tres grupos en la vanguardia del death doom editadas por el mismo sello. Sin embargo la estadía del quinteto en la discográfica sería corta, con su siguiente álbum Shades of God (1992) siendo editado por Music For Nations

Este tercer trabajo suele quedar un tanto opacado al estar situado entre dos de los discos más singulares de la carrera de Paradise Lost, siendo más una extensión de lo hecho en Gothic, pero aparte de su buena calidad musical marca dos momentos clave en su obra al tener no sólo dos videos musicales para las canciones “As I Die” y “Pity The Sadness”, sino también siendo el último disco con influencias deathmetaleras del grupo durante dos décadas.

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Viendo en retrospectiva los años dorados del metal gótico, queda bastante claro que lo “gótico” tiene más que ver con una actitud y cierta “atmósfera” que con una idea musical estricta, y que es por eso que casi todos los grupos grandes (y no tanto) terminaron experimentando con sonidos muy particulares e incluso, como es el caso de The Gathering y los antes mencionados Anathema, directamente dejaron de hacer metal en algún momento. Ese también sería el caso de Paradise Lost, pero aunque se suele citar a Host como su álbum más experimental, con sus sonidos synth pop a lo Depeche Mode, personalmente creo que Icon (1993) marca el primer cambio radical en la fórmula de la banda, donde demostraron que de verdad querían llegar a un público por fuera de los círculos del metal extremo.

Esto se dio primero abandonando las voces guturales: Shades of God había dado lugar a la primera gira de verdad importante de Paradise Lost, incluso tocando por primera vez en EEUU, y fue durante ella que Nick Holmes llegó a la conclusión de que sería muy complicado cantar de esa manera durante tantas semanas seguidas. Así que entre eso y un refinamiento de sus capacidades vocales, Icon sería el primer álbum del grupo sin voces deathmetaleras, con el cantante decidiendo buscar inspiración en otro lado, ¿y dónde la encontró?

Varios meses después de la salida de Gothic, al otro lado del océano Metallica sacaba su reputado Álbum Negro, aquel que los llevara de verdad al estrellato y marcara el camino del cuarteto californiano por el resto de su carrera. Aunque hubo muchos fans de su etapa thrashera de los ochentas a los que no les gustó el sonido más accesible de este quinto trabajo, las 30 millones de copias vendidas demuestran que la movida funcionó no sólo desde un punto de vista comercial, sino que además aquel disco hizo un “clic” con mucha gente, gracias a su estilo pesado pero muchísimo más digerible, con estribillos con gancho y estructuras más tradicionales. No es ninguna coincidencia que tantos de los compañeros de escena de Metallica buscaran replicar esa misma idea durante la década.

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Y aunque no creo que lo hayan dicho de manera explícita, estoy bastante seguro de que fue uno de los discos más escuchados en el seno de Paradise Lost en los años siguientes, porque la influencia de aquel polémico pero exitoso disco de Hetfield-Ulrich-Hammett-Newsted se siente a lo largo y ancho de los cincuenta minutos de Icon. Ya la inicial “Embers Fire”, primero con los riffs lentos de Greg Mackintosh, luego la introducción de batería de Matt Archer y sobre todo cuando Holmes comienza a cantar con un estilo rasposo pero limpio e incluso mete unos “¡Yeah!” al final de las líneas, bien podría haber sido una de las canciones de aquel polémico pero ultra vendedor quinto disco de Hetfield, Ulrich, Hammett y Newsted. ¿Y qué decir con el riff descendente a los 13 segundos de “Forging Sympathy”?

Bien puede sonar como que estoy acusando a Paradise Lost de “robarle” a Metallica (para muchos fanáticos, pareciera que señalar parecidos es equivalente a una herejía, o a “escupirles el asado” si uno es argentino), y la verdad es que las influencias están a simple vista, o escucha. Pero también se puede escuchar a The Cure, a The Sisters of Mercy, a Dead Can Dance, a Christian Death y bastante a The Cult, entre otros arquitectos del sonido oscuro: la voz rasposa de Nick Holmes bien podría confundirse con Hetfield, pero esos momentos donde adopta un estilo más profundo que directamente remite al rock gótico de los ochentas. ¿Y las voces femeninas, provistas por la sesionista Denise Bernard, en “Christendom”?

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Más allá de las similitudes y diferencias que podríamos estar señalando hasta que este texto tenga el largo de una novela clásica rusa, en mi opinión Paradise Lost lograron adaptar esas influencias a su “onda”: los riffs de Mackintosh y Aaron Aedy acompañados por el bajo de Steve Edmonson, los ritmos de medio tiempo a lentos pero sin perder la garra rockera, el tono melodramático de Nick Holmes y atmósfera oscura y melancólica que se cierne alrededor de todas las cancione. Todos estos son elementos inseparables del sonido de los ingleses y se ven plasmados constantemente, aunque ahora de una forma más accesible y ganchera, con esos estribillos enormes que podrían llegar incluso al chico que nunca había escuchado a Bauhaus, no sabía quién diablos eran Cocteau Twins y lo más seguro es que nunca haya usado delineador.

Con videos para “Embers Fire”, “Widow” y “True Belief”, Paradise Lost se embarcarían en su gira más importante hasta ese momento, con nada menos que noventa recitales en Europa e Israel. Tocar no sólo en lugares más grandes, para más gente, sino también en festivales venía haciendo algo de mella en el grupo, siendo el más afectado el baterista Matt Archer, que ese mismo año se iría de la banda de mutuo acuerdo al no poder manejar los nervios. Su lugar sería ocupado por Lee Morris (ex Marshall Law), quien permanecería en el puesto durante diez años, y con quien grabarían Draconian Times (1995), considerado por muchos como el punto cúlmine de esta primera etapa de la banda. Pero ya en Icon habían plantado la semilla, y habían dejado su marca en la movida gótica de los noventas.

Un aspecto negativo de la época fue que el contrato que Paradise Lost había firmado con Music For Nations marcaba que el sello se quedaría con los derechos tanto del álbum como de la portada. Es por eso que para celebrar el 30º aniversario de su salida los ingleses regrabaron el disco completo, con Icon 30 estando planeado para editarse el 1ro de diciembre a través de Nuclear Blast.

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Especial: 30 años de “Icon”, de Paradise Lost
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Con su primer álbum Lost Paradise (1990), los ingleses Paradise Lost se habían dado a conocer al mundo como una banda un tanto tosca pero sobre todo pesada: al tomar tanto elementos del death metal como de los ritmos apesadumbrados del doom, el quinteto se estaba estableciendo como uno de los pioneros de una mezcla que sería de las que más marcarían el metal extremo durante los noventas. Y con su sucesor, también podían anotarse como uno de los artistas clave detrás de otro de los movimientos más importantes de la década, ya que Gothic (1991) no sólo ayudaría a darle nombre a lo que hacían muchos de estos grupos de “metal oscuro”, sino que la mezcla de los guturales de Nick Holmes con las voces de ópera de Sarah Marrion y los teclados ambientales serían una fórmula en la que muchos se inspiraron. 

Nada mal para una banda que se había formado cuando apenas habían cumplido los 18 años y que venían de una ciudad que no era tan conocida por su nutrida escena musical: hasta la aparición de Ed Sheeran, Paradise Lost bien podrían considerarse el acto musical más exitoso salido de Halifax. Gracias a esos dos trabajos, Paradise Lost serían incluidos en este trío de bandas del norte de Inglaterra llamado “Los Tres de Peaceville”, junto a sus paisanos My Dying Bride y los liverpudlians Anathema, como los tres grupos en la vanguardia del death doom editadas por el mismo sello. Sin embargo la estadía del quinteto en la discográfica sería corta, con su siguiente álbum Shades of God (1992) siendo editado por Music For Nations

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