


La noche del 22 de febrero arrancó un poco demorada de la mano de la banda británica Dvne. Fue a eso de las 19:50 cuando abrieron el show para un Amager Bio casi lleno, con un setlist corto pero contundente. Si bien tocaron cuatro canciones, fue un gran show de treinta minutos para calentar motores con un estilo más progresivo. Una picardía, la verdad: nos hubiera encantado que se prolongara un par de temas más. El conjunto solo dio una breve muestra de su sonido sludgy, pujando por su trabajo más reciente, Voidkind, con “Abode of the Perfect Soul” a destacar por su groove.
El sonido estuvo correcto, nada que destacar, con la fuerza necesaria para que retumbe el pecho y con buena claridad. Por otro lado, el escenario quedó reducido para la banda soporte, ya que la mitad del espacio estaba ocupado por el setup de Igorrr. Esto empujó levemente a la banda hacia un lado y dejó al tecladista y cantante Victor Vicart con menos espacio.
Fue a las 21 en punto cuando el escenario se pintó con una roja neblina para arrancar el diabólico show del proyecto inclasificable que es Igorrr. Este conjunto fusiona metal extremo, breakcore, barroco e industrial en un blend único de locura y pasión francesa. Una fusión de géneros que no genera solo caos y fiesta, sino también pasajes hermosos, dignos de una ópera.
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Arrancaron con “Daemoni” en su dantesco setlist, dominado por temas de su trabajo más reciente, Amen, pero que siempre fue salpicando piezas de las dos placas previas como “Spaghetti Forever” y “Nervous Waltz”. Tejiendo así hilos enfocados más en el lado breakcore, seguidos por momentos de puro death extremo donde el público se picó tremendamente. Tampoco faltó el sonido típico de Medio Oriente, con las canciones que más nos transportan allá, como “Blastbeat Falafel” y, sobre el cierre, “Camel Dancefloor”.
El sonido fue uno de los puntos más altos de la noche: impecable, con un balance que rozaba lo perfecto. Algo clave para gozar de la gran instrumentalización. Una atmósfera llena de contrastes y quiebres que nos mantiene enganchados al ritmo de la ópera con blast beats de fondo.
Arriba de su tarima, el multiinstrumentista Gautier Serre hizo de director de orquesta con su batuta, que de a ratos utilizaba mientras tocaba el teclado; en otros momentos se encargaba de la percusión, la guitarra, la flauta dulce y, no menos importante, la cowbell, una favorita de la gente. La actuación de los músicos y la montaña rusa de emociones que hacen vivir al público es algo único. Desde la espectacular voz mezzo soprano de Marthe Alexandre, que más de una vez me piantó un lagrimón con sus cánticos orquestales, hasta las cruzadas de miradas de lo más intimidantes con JB Le Bail mientras arrasaba con guturales.
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Un show para el recuerdo: se pudo disfrutar de una versión de Igorrr que lo da todo en el escenario y se involucra con la audiencia. La incorporación más reciente del baterista Rémi Serafino, una total bestia y con una carrera por delante, fue un gran acierto y completa el grupo francés de manera excelente.
Luego de hora y media de puro espectáculo y cuando el humo se disipó, quedó la sensación de haber presenciado algo irrepetible, pero también de estar frente a una historia que recién se está escribiendo. Igorrr demuestra que el riesgo, la mezcla imposible y la entrega total no son un experimento pasajero, sino un universo en plena expansión. Si esta noche en Copenhague fue una muestra del presente, el futuro promete aún más vértigo, más belleza inesperada y nuevos capítulos de este caos cuidadosamente orquestado que nos recuerda por qué seguimos volviendo a la primera fila. Me gusta creer que este lineup va a perdurar, seguir girando y continuar produciendo nuevo material.
Etiquetas: Amager Bio, Avant Garde metal, Copenhague, Death Metal, Dvne, Igorrr, Industrial Metal, Live Nation DK, Progressive Metal


La noche del 22 de febrero arrancó un poco demorada de la mano de la banda británica Dvne. Fue a eso de las 19:50 cuando abrieron el show para un Amager Bio casi lleno, con un setlist corto pero contundente. Si bien tocaron cuatro canciones, fue un gran show de treinta minutos para calentar motores con un estilo más progresivo. Una picardía, la verdad: nos hubiera encantado que se prolongara un par de temas más. El conjunto solo dio una breve muestra de su sonido sludgy, pujando por su trabajo más reciente, Voidkind, con “Abode of the Perfect Soul” a destacar por su groove.
El sonido estuvo correcto, nada que destacar, con la fuerza necesaria para que retumbe el pecho y con buena claridad. Por otro lado, el escenario quedó reducido para la banda soporte, ya que la mitad del espacio estaba ocupado por el setup de Igorrr. Esto empujó levemente a la banda hacia un lado y dejó al tecladista y cantante Victor Vicart con menos espacio.
Fue a las 21 en punto cuando el escenario se pintó con una roja neblina para arrancar el diabólico show del proyecto inclasificable que es Igorrr. Este conjunto fusiona metal extremo, breakcore, barroco e industrial en un blend único de locura y pasión francesa. Una fusión de géneros que no genera solo caos y fiesta, sino también pasajes hermosos, dignos de una ópera.
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El sonido fue uno de los puntos más altos de la noche: impecable, con un balance que rozaba lo perfecto. Algo clave para gozar de la gran instrumentalización. Una atmósfera llena de contrastes y quiebres que nos mantiene enganchados al ritmo de la ópera con blast beats de fondo.
Arriba de su tarima, el multiinstrumentista Gautier Serre hizo de director de orquesta con su batuta, que de a ratos utilizaba mientras tocaba el teclado; en otros momentos se encargaba de la percusión, la guitarra, la flauta dulce y, no menos importante, la cowbell, una favorita de la gente. La actuación de los músicos y la montaña rusa de emociones que hacen vivir al público es algo único. Desde la espectacular voz mezzo soprano de Marthe Alexandre, que más de una vez me piantó un lagrimón con sus cánticos orquestales, hasta las cruzadas de miradas de lo más intimidantes con JB Le Bail mientras arrasaba con guturales.
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Luego de hora y media de puro espectáculo y cuando el humo se disipó, quedó la sensación de haber presenciado algo irrepetible, pero también de estar frente a una historia que recién se está escribiendo. Igorrr demuestra que el riesgo, la mezcla imposible y la entrega total no son un experimento pasajero, sino un universo en plena expansión. Si esta noche en Copenhague fue una muestra del presente, el futuro promete aún más vértigo, más belleza inesperada y nuevos capítulos de este caos cuidadosamente orquestado que nos recuerda por qué seguimos volviendo a la primera fila. Me gusta creer que este lineup va a perdurar, seguir girando y continuar produciendo nuevo material.
Etiquetas: Amager Bio, Avant Garde metal, Copenhague, Death Metal, Dvne, Igorrr, Industrial Metal, Live Nation DK, Progressive Metal




