

Texto: Bianca Trinchieri
Siempre es un placer volver a Amager Bio, donde la calidad de sonido nunca falla. Todas las bandas sonaron increíble de principio a fin. El lugar tiene muy buena acústica y un ambiente muy íntimo. Hasta tuve la suerte de moverme al ritmo de Iotunn al lado de Tijn Bosters, vocalista de Nephylim, entre la gente.
La noche arrancó con Nephylim, que claramente se está ganando un lugar como una joya dentro del metal underground. Esta banda neerlandesa de death metal melódico tiene un estilo que te atrapa muy fácil desde el primer tema. No es solo “ruido pesado”, ni mucho menos: se nota que hay mucha intención detrás de cada composición. Todo está muy cuidado, desde la estructura de los temas hasta ese juego de guitarras duales, creando capas que se van cruzando constantemente. A eso se le suma una voz con muchísima potencia, que no solo impone por fuerza sino también por cómo transmite.
En vivo, la banda sube todavía más el nivel. Tienen mucha energía en el escenario; se nota que están metidos de lleno en lo que hacen y lo disfrutan. Más allá de la excelente ejecución, lo que termina de cerrar la experiencia es la cercanía con el público. No hay sensación de distancia fría entre la banda y la gente; al contrario, el público está incluido en el show. Cada tema te va llevando de un clima a otro sin perder intensidad, y eso hace que no te desconectes en ningún momento. Nephylim en vivo realmente termina de convencer con una propuesta honesta, intensa y muy bien trabajada.
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Arrancó el turno de In Vain, que desde el primer momento deja en claro que se diferencia del montón. Originarios de Noruega, se destacan por mezclar death metal progresivo con ritmos melódicos, black metal y mucha atmósfera. El resultado es un sonido muy propio, difícil de encasillar y que se siente como un viaje espiritual podrido.
Una de las cosas que más llama la atención es el trabajo vocal. No hay un solo cantante principal: las voces se reparten entre cuatro integrantes de la banda, creando por momentos un coro dinámico que parece un soundtrack de película de fantasía. Pasan de guturales profundos a voces limpias, finas y etéreas que arman coros hipnóticos. Bajan un cambio y te hacen sentir en paz por unos segundos antes de devolverte a la intensidad. Se percibe una dualidad muy marcada entre melodías inspiradoras y guturales más crudos, con un balance muy bien logrado y transiciones fluidas.
Musicalmente también están muy arriba. Hay riffs pesados y largos que te hacen cabecear sin darte cuenta, mientras que el juego entre los músicos mantiene todo en constante movimiento. Las voces entran y salen, se combinan de a dos, de a tres o de a cuatro, creando superposiciones melódicas que hacen que siempre esté pasando algo interesante. Es difícil construir esas líneas sin caer en lo meloso, pero ellos logran mantenerse en un terreno épico sin exagerar.
Un detalle a destacar es que el cantante principal llevaba una remera de Wardruna, y en algunos momentos eso se nota. Hay pasajes donde aparece una influencia más folk y espiritual, aportando un aire nórdico tradicional dentro de ese muro sonoro. No es dominante, pero suma identidad. Queda claro que In Vain no es una banda para escuchar de fondo: es para meterse de lleno y dejarse llevar.
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Finalmente, llegó el turno de Iotunn, oriundos de Dinamarca y las Islas Feroe, con un enfoque progresivo muy marcado dentro del death metal melódico, creando un sonido amplio, dinámico y lleno de matices.
En vivo, lo primero que llama la atención es su estética y presencia. Jón Aldará, el vocalista, aparece con su característica túnica tipo capa y un báculo con aro de luz, aportando una vibra mística, como si fuera un guía en medio de la oscuridad. Su presencia escénica encaja perfecto con la atmósfera: cuando no está cantando, realiza movimientos que parecen una danza ritualista. Su voz es uno de los grandes puntos fuertes de la banda, alternando de forma impecable entre registros limpios, melódicos e hipnóticos, y guturales profundos y agresivos. Todo fluye sin forzarse, logrando una combinación entre lo hermoso y lo brutal.
A su alrededor, los hermanos Jesper y Jens Gräs en guitarras crean paisajes sonoros que te sumergen en un estado de trance, con riffs largos que evolucionan constantemente. La base rítmica, con Eskil Rask en bajo y Bjørn Wind Andersen en batería, sostiene todo con una solidez impresionante. El doble pedal hace vibrar literalmente el piso y el pecho, generando esa sensación física que todo show extremo debería tener. La agresividad de la batería, en contraste con la voz celestial de Jón Aldará, genera momentos que erizan la piel.
Canciones como “Mistland” y “Kinship Elegiac” se destacaron especialmente, con una carga mística enorme y una atmósfera envolvente. Con duraciones extensas, de nueve y trece minutos respectivamente, van guiando por distintas emociones sin perder esa esencia contemplativa. Otros temas como “The Anguished Ethereal” se mueven en terrenos más instrumentales y atmosféricos, llevando a viajes introspectivos. Se abordan temáticas existenciales, reflexiones y una especie de rebelión contra el cambio.
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Cada instrumento tiene su espacio, pero todos funcionan de manera integrada. Es una construcción sonora equilibrada, donde cada elemento se percibe con claridad y, en conjunto, genera una experiencia inmersiva. Las letras aportan un componente emocional fuerte, con historias personales que conectan fácilmente. Se nota una entrega total en la interpretación, tanto de la banda como del público, que acompaña con la misma intensidad.
Es un claro ejemplo de cómo el melodeath progresivo puede ser técnico sin perder emoción. Manejan estructuras complejas sin dejar de lado la sensibilidad, alternando entre agresividad y momentos más abiertos con total naturalidad. Ese equilibrio es justamente lo que los hace destacar.
Un detalle original fue que, al ser el último concierto de la gira, integrantes de las distintas bandas y miembros del staff subieron al escenario durante algunos temas. Caminaban con luces y molestaban de forma graciosa a los músicos con objetos random. Se notaba el buen ambiente y que todos estaban disfrutando el cierre tanto como el público.
En definitiva, Iotunn no solo toca bien: construye mundos. Y en vivo, esos mundos se sienten místicos, inmersivos y difíciles de olvidar.

Etiquetas: Amager Bio, Blackened Death Metal, Copenhague, In Vain, Iotunn, Melodic Death Metal, Nephylim, Progressive Metal


Texto: Bianca Trinchieri
Siempre es un placer volver a Amager Bio, donde la calidad de sonido nunca falla. Todas las bandas sonaron increíble de principio a fin. El lugar tiene muy buena acústica y un ambiente muy íntimo. Hasta tuve la suerte de moverme al ritmo de Iotunn al lado de Tijn Bosters, vocalista de Nephylim, entre la gente.
La noche arrancó con Nephylim, que claramente se está ganando un lugar como una joya dentro del metal underground. Esta banda neerlandesa de death metal melódico tiene un estilo que te atrapa muy fácil desde el primer tema. No es solo “ruido pesado”, ni mucho menos: se nota que hay mucha intención detrás de cada composición. Todo está muy cuidado, desde la estructura de los temas hasta ese juego de guitarras duales, creando capas que se van cruzando constantemente. A eso se le suma una voz con muchísima potencia, que no solo impone por fuerza sino también por cómo transmite.
En vivo, la banda sube todavía más el nivel. Tienen mucha energía en el escenario; se nota que están metidos de lleno en lo que hacen y lo disfrutan. Más allá de la excelente ejecución, lo que termina de cerrar la experiencia es la cercanía con el público. No hay sensación de distancia fría entre la banda y la gente; al contrario, el público está incluido en el show. Cada tema te va llevando de un clima a otro sin perder intensidad, y eso hace que no te desconectes en ningún momento. Nephylim en vivo realmente termina de convencer con una propuesta honesta, intensa y muy bien trabajada.
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Arrancó el turno de In Vain, que desde el primer momento deja en claro que se diferencia del montón. Originarios de Noruega, se destacan por mezclar death metal progresivo con ritmos melódicos, black metal y mucha atmósfera. El resultado es un sonido muy propio, difícil de encasillar y que se siente como un viaje espiritual podrido.
Una de las cosas que más llama la atención es el trabajo vocal. No hay un solo cantante principal: las voces se reparten entre cuatro integrantes de la banda, creando por momentos un coro dinámico que parece un soundtrack de película de fantasía. Pasan de guturales profundos a voces limpias, finas y etéreas que arman coros hipnóticos. Bajan un cambio y te hacen sentir en paz por unos segundos antes de devolverte a la intensidad. Se percibe una dualidad muy marcada entre melodías inspiradoras y guturales más crudos, con un balance muy bien logrado y transiciones fluidas.
Musicalmente también están muy arriba. Hay riffs pesados y largos que te hacen cabecear sin darte cuenta, mientras que el juego entre los músicos mantiene todo en constante movimiento. Las voces entran y salen, se combinan de a dos, de a tres o de a cuatro, creando superposiciones melódicas que hacen que siempre esté pasando algo interesante. Es difícil construir esas líneas sin caer en lo meloso, pero ellos logran mantenerse en un terreno épico sin exagerar.
Un detalle a destacar es que el cantante principal llevaba una remera de Wardruna, y en algunos momentos eso se nota. Hay pasajes donde aparece una influencia más folk y espiritual, aportando un aire nórdico tradicional dentro de ese muro sonoro. No es dominante, pero suma identidad. Queda claro que In Vain no es una banda para escuchar de fondo: es para meterse de lleno y dejarse llevar.
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Finalmente, llegó el turno de Iotunn, oriundos de Dinamarca y las Islas Feroe, con un enfoque progresivo muy marcado dentro del death metal melódico, creando un sonido amplio, dinámico y lleno de matices.
En vivo, lo primero que llama la atención es su estética y presencia. Jón Aldará, el vocalista, aparece con su característica túnica tipo capa y un báculo con aro de luz, aportando una vibra mística, como si fuera un guía en medio de la oscuridad. Su presencia escénica encaja perfecto con la atmósfera: cuando no está cantando, realiza movimientos que parecen una danza ritualista. Su voz es uno de los grandes puntos fuertes de la banda, alternando de forma impecable entre registros limpios, melódicos e hipnóticos, y guturales profundos y agresivos. Todo fluye sin forzarse, logrando una combinación entre lo hermoso y lo brutal.
A su alrededor, los hermanos Jesper y Jens Gräs en guitarras crean paisajes sonoros que te sumergen en un estado de trance, con riffs largos que evolucionan constantemente. La base rítmica, con Eskil Rask en bajo y Bjørn Wind Andersen en batería, sostiene todo con una solidez impresionante. El doble pedal hace vibrar literalmente el piso y el pecho, generando esa sensación física que todo show extremo debería tener. La agresividad de la batería, en contraste con la voz celestial de Jón Aldará, genera momentos que erizan la piel.
Canciones como “Mistland” y “Kinship Elegiac” se destacaron especialmente, con una carga mística enorme y una atmósfera envolvente. Con duraciones extensas, de nueve y trece minutos respectivamente, van guiando por distintas emociones sin perder esa esencia contemplativa. Otros temas como “The Anguished Ethereal” se mueven en terrenos más instrumentales y atmosféricos, llevando a viajes introspectivos. Se abordan temáticas existenciales, reflexiones y una especie de rebelión contra el cambio.
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Cada instrumento tiene su espacio, pero todos funcionan de manera integrada. Es una construcción sonora equilibrada, donde cada elemento se percibe con claridad y, en conjunto, genera una experiencia inmersiva. Las letras aportan un componente emocional fuerte, con historias personales que conectan fácilmente. Se nota una entrega total en la interpretación, tanto de la banda como del público, que acompaña con la misma intensidad.
Es un claro ejemplo de cómo el melodeath progresivo puede ser técnico sin perder emoción. Manejan estructuras complejas sin dejar de lado la sensibilidad, alternando entre agresividad y momentos más abiertos con total naturalidad. Ese equilibrio es justamente lo que los hace destacar.
Un detalle original fue que, al ser el último concierto de la gira, integrantes de las distintas bandas y miembros del staff subieron al escenario durante algunos temas. Caminaban con luces y molestaban de forma graciosa a los músicos con objetos random. Se notaba el buen ambiente y que todos estaban disfrutando el cierre tanto como el público.
En definitiva, Iotunn no solo toca bien: construye mundos. Y en vivo, esos mundos se sienten místicos, inmersivos y difíciles de olvidar.

Etiquetas: Amager Bio, Blackened Death Metal, Copenhague, In Vain, Iotunn, Melodic Death Metal, Nephylim, Progressive Metal





















