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Iron Maiden
Senjutsu (2021)
Parlophone Records

Tracklist:
01. Senjutsu
02. Stratego
03. The Writing On The Wall
04. Lost In A Lost World
05. Days Of Future Past
06. The Time Machine
07. Darkest Hour
08. Death Of The Celts
09. The Parchment
10. Hell On Earth


Me veo en la obligación de escribir esta review porque hace un par de meses atrás cuando Helloween editaba su glorioso LP autotitulado, el cual marcó el retorno de  Michael Kiske y Kai Hansen a la banda, me envalentoné en sentenciar que si para el resto del año alguna de las bandas grandes como Iron Maiden o Metallica no editaban material nuevo, el oro del 2021 estaba garantizado para las calabazas alemanas. Dicha afirmación encontraba su sustento en el hecho de que en el campamento de ambas bandas mencionadas no se detectaba movimiento alguno. Y mientras Ulrich y cía. solamente se dedicaron a homenajear los treinta años de su emblemático Álbum Negro, una quietud inquietante reinaba en las filas de Harris, más allá de que a principios de año el guitarrista Adrian Smith cuando lanzó su (muy recomendable) disco junto a Richie Kotzen dejó entrever en algunas entrevista que se venían novedades para los fans de Maiden. Así fue como llegamos al 28 de Junio del corriente donde durante una entrevista realizada para Sky News, el vocalista Bruce Dickinson comenzó a insinuar algo sobre lo que se conocería luego como el
Belshazzar ‘s Feast

Dicho evento no era otra cosa que el lanzamiento del single “The Writing On The Wall”, para el cual la banda armó una excelente campaña de promoción arrojando en sus redes toda clase de pistas y acertijos que tuvieron a los fans quemándose las pestañas por semanas para descifrar de qué se trataba todo esto. Finalmente la canción fue revelada el 15 de Julio, con su correspondiente y asombroso vídeo animado (que contó con la dirección del propio Dickinson) y unos días más tarde finalmente se supo el nombre del 17mo. álbum de estudio de Iron Maiden: “Senjutsu”.

Te puede interesar, Reseña: Smith / Kotzen – Smith / Kotzen (2021)

Ya habiendo visitado el antiguo Egipto, mundos futuristas, realidades virtuales; después de haber bailado con la muerte y de internarse en la antigua civilización Maya, ahora a la mascota Eddie le tocó disfrazarse de Samurai y viajar al antiguo Japón, puesto que el título de esta nueva placa está relacionado a “tácticas y estrategias” vinculadas al arte de la guerra. Pero, una vez más, no se trata de una historia conceptual ni mucho menos sino que se trata del arte gráfico elegido el cual seguramente servirá para diseñar los escenarios que la banda utilizará en la correspondiente gira. 

Pero estamos aquí para hablar del aspecto musical y no del visual que acompaña a la presente obra. Como muchos supusieron, el disco se encontraba grabado desde comienzos de 2019. En recientes declaraciones, la banda confesó que la idea era terminar las fechas pendientes que le quedaban de su impactante gira “Legacy of the Beast” y luego salir a la cancha con este nuevo disco; planes que se vieron frustrados, lógicamente, por causa del maldito COVID19. Los rumores habían comenzado a circular cuando para esa fecha algunas publicaciones en internet dejaron entrever a miembros de la banda deambulando por París, más específicamente en las inmediaciones de los estudios Guillaume Tell, donde la banda registró “Brave New World” (2000) y el que era hasta entonces su último LP doble de estudio “The Book of Souls” (2015). “Senjutsu” también ha sido lanzado en formato de disco doble pero el total de su duración es menor respecto a su antecesor. El hecho de contar con el mismo formato y el haber sido grabado en el mismo lugar (con Kevin Shirley, una vez más, como productor) podría haber llevado a pensar que el disco iba a recorrer lo mismos senderos sonoros que “The Book of Souls” ¿Fue tan así? Ni. 

Empecemos por lo obvio: desde que comenzó la era de las tres guitarras (o sea, hace más de 20 años) y desde el regreso de Dickinson a la banda el elemento progresivo, de canciones extensas, ha sido la fórmula con la que la banda se siente más cómoda y le ha dado excelentes resultados tanto artística como comercialmente, mal que le pese a muchos. De modo que si no te viene interesando esta última etapa de la carrera de Iron Maiden, justamente por estar alejado de los viejos hits que eternizaron su historia allá por los años 80 ‘s, mejor seguí de largo porque casi nada de eso hay en este disco. O no. Porque si hay algo realmente apasionante si sos seguidor de Maiden es ver la disparidad de opiniones que hay entre los fans. Porque vas a leer gente que va odiar este disco de la misma forma en que ama “The Final Frontier” (2010), o viceversa; mientras que otros van a considerar a “Senjutsu” el mejor disco de Iron Maiden en mucho tiempo pero que no lo prefieren por sobre “Dance of Death” (2003). Curioso. Y podría gastar millones de caracteres en ejemplos así.

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Pero siguiendo con los paralelismos con “The Book of Souls”, el cual siendo el antecesor inmediato resulta ser el mejor punto de partida, aún cuando “Senjutsu” no lo supera en su duración total, este último es poseedor de una tónica musical cargada de un dramatismo que el Libro de Las Almas no tiene. O si las tiene, en dosis más disminuidas. Porque si bien aquél contaba con extensas composiciones con intrincados desarrollos instrumentales (“If Eternety Should Fail”, “Empire of the Clouds”), también tenía momentos más explosivos como “Speed of Light”, “Death or Glory” o “When The River Runs Deep”; canciones de esas que a Maiden le salen de taquito y por las cuales miles de bandas matarían por tenerlas en su repertorio. Se trataba de un álbum más balanceado en ése sentido. Pero, lo dicho, poco y nada de eso se puede hallar aquí. Mismo en “The Writing On The Wall” la cual, más allá de su arranque con aires de Rock Sureño y su estribillo incuestionablemente ganador, despide un drama en sus melodías que difícilmente sea uno de esos singles que en vivo agiten a la audiencia. Similar caso con “Stratego”, el segundo single de adelanto: la marcha y la cabalgata del bajo marca registrada de Steve Harris están presentes; las melodías vocales y de las guitarras invitan a levantar el puño en alto en señal de batalla; pero los teclados no hacen solamente las veces de colchón de acompañamiento sino que adquieren un protagonismo tal que en algún punto me hicieron pensar en Nightwish (!). 

Este cambio atmosférico, de generar ése clima de canciones que parece que en cualquier momento van a estallar y nunca lo hacen, sin dudas responden al hecho de que Harris retomó las riendas de las composiciones bajo su autonomía. No es que alguna vez las haya dejado; estamos hablando del fundador y alma mater de esta banda. Pero volviendo (sí, de nuevo) a “The Book of Souls”, si en aquél predominaba un carácter más heterogéneo en las composiciones era justamente por las tareas estaban más repartidas entre los demás miembros. Se puede apreciar que la firma de Dickinson, y la de los guitarristas Adrian Smith y Janick Gers, aparecían más seguido. Hasta la viola de Dave Murray tuvo espacio para meter un tema en aquél momento. Aquí, de los 82 minutos que tenemos de música, aproximadamente 45 corresponden a Harris en su totalidad (repartidos en cuatro canciones). Y eso se nota, porque el jefe Steve es muy apegado a una metodología de composición que le ha dado muchos buenos resultados pero también unos cuantos traspiés. “Lost in a Lost World” es quizás el mejor ejemplo de esto último: una pieza que parece extraída directamente de “The X Factor” (1995), con un arranque y un inicio muy relajados que son muy interesantes pero que en el medio de la canción se pierde en unas reiteraciones de notas que alargan innecesariamente a la canción. Claro, la diferencia radica en que acá el que canta es ése titán llamado Bruce Dickinson que te saca las papas del fuego en cualquier situación. Algo similar ocurre con “Death of the Celts”, la cual tranquilamente pudo haber sido titulada la segunda parte de “The Clansman” aunque sin los momentos explosivos de esta última. De nuevo, la falta de explosión en pos de darle más lugar a los teclados y a los climas melodramáticos. Ahora, cuando Harris hace sociedad con alguno de los guitarristas los resultados son muy interesantes aún cuando haya también algo de autoplagio. En “The Time Machine”, el bajista une fuerzas con Janick Gers y le dan vida a una canción que también tiene muchos guiños hacia la era de Blaze Bayley, aunque también a algunas melodías que remiten al tema “Dance of Death” (otra composición co-escrita con Gers) y eso le da un toque de dinamismo que mejora con cada audición. Eso sí, el palo va también para vos Janick, que esa intro con la guitarra acústica ya la escuchamos miles de veces (agarren “The Legacy” o “The Talisman” y fíjense).

Ahora bien, si Harris y Gers decidieron revisitar su época en la banda hacia finales de los 90’s, Dickinson y Smith hicieron lo propio revisitando la carrera solista del vocalista. “Days of the Future Past” es una trompada al mentón que pareciera que fuera extraída directamente de “Accident of Birth” (1997). Un auténtico golazo, de los pocos momentos directos que tiene el disco. “Darkest Hour” también es dueña de una oscuridad que recuerda a lo último de la etapa solista de Bruce, con una densidad que cuesta asimilar al principio pero que también mejora con el paso de las escuchas. Y cuando le llega el turno a Smith de hacer sociedad con Harris, la química demuestra que la experimentación llega a resultados insospechados como lo ocurre en el tema que le da el título a la presente placa. “Senjutsu” se encuentra entre los arranques más atípicos en toda la discografía de La Doncella. Lejos de la inmediatez de bombas como “Aces High”, “The Wicker Man” o “Different World”, los 8 minutos de esta pieza comienzan con unos tambores tribales – apartado aquí para Nicko McBrain quien es increíble como siendo el más veterano de la banda logra en este disco una de sus performances más sólidas – y un clima denso de batalla sostenido a lo largo de toda la canción pero que más allá de los filosos riffs nunca termina de arrancar. Y todo esto, claro, acompañado por la emotividad que le pone Dickinson a cada nota que entona. Sin dudas es una pieza por demás interesante para arrancar un show como para variar un poco de los típicos mazazos de apertura. Apertura que termina de cobrar sentido con la mencionada “Stratego” pegada a continuación.

Bien, hasta aquí a excepción del tema-título pareciera ser que estamos hablando de un recauchutado de ideas. Bueno, sí. El tema es que tampoco sería la primera vez (podemos encontrar miles de ejemplos más a lo largo de toda la discografía de la banda) y que Iron Maiden sabe como autor reciclarse efectivamente. Quizás ésa sea la mayor virtud de la banda, la cual no todas tienen: el saber reinventarse sin perder jamás su identidad. Además, si tantas bandas le plagian a Maiden ¿por qué ellos no habrían de hacérselo a ellos mismos?

Y si hablamos de saber reciclarse, yendo hacia el final del disco, Steve Harris vuelve a dejar en claro que por más críticas que le podamos achacar es una de las mentes más brillantes que parió el Heavy Metal. Porque para la última media hora del álbum, el tipo se pone la 10 y se pasa por el orto todas las críticas que le señalan la dirección musical que tiene que tomar su banda. Y lo hace con un tridente no apto para aquellos que no tengan paciencia para darle a una pieza musical el tiempo necesario para que se desarrolle. Arranca con la ya citada “Death of the Celts” que si bien carece de exploción no por ello merma en intensidad; cierra con la hermosa melodía de “Hell on Earth” que es tan llevadera que cuando finaliza no se puede creer que hayan pasado más de diez minutos; y que si no la elijo como mi predilecta del disco es solamente porque antes tiene ésa joya colosal llamada “The Parchment”: un Harris en plena forma y un Dickinson en MODO DIOS le dan vida a una de las composiciones más espectaculares de Iron Maiden en esta última etapa. 

Respecto a la producción, soy de los que cree que Kevin Shirley a partir de “The Final Frontier” ha sabido encontrarle vuelta de tuerca para que todo suene (especialmente las tres guitarras) en perfecta armonía. ¿Qué si podría mejorar? Siempre. Pero tampoco hay demasiados detalles para objetar. Leí por ahí que varios dicen que la voz de Bruce está muy atrás pero en lo personal no percibí eso. El cambio, para mí, viene por lo ya dicho con respecto a los teclados que están al frente más que de costumbre. Pero estos detalles ya son hilar demasiado fino y honestamente quedará a gusto del consumidor como así también a la capacidad del reproductor de audio del cual disponga. Por lo pronto, celebro que uno de los nombres más importantes que nos dió la música pesada sigan hambrientos y con ganas de crear cosas nuevas pese a la repetición de ciertas fórmulas. A algunos no les bastará con eso. Yo, por mi parte, hoy me voy a descansar sabiendo que mañana tengo a mi disposición para escuchar una y otra vez el disco del año.

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Senjutsu (2021)
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01. Senjutsu
02. Stratego
03. The Writing On The Wall
04. Lost In A Lost World
05. Days Of Future Past
06. The Time Machine
07. Darkest Hour
08. Death Of The Celts
09. The Parchment
10. Hell On Earth





Me veo en la obligación de escribir esta review porque hace un par de meses atrás cuando Helloween editaba su glorioso LP autotitulado, el cual marcó el retorno de  Michael Kiske y Kai Hansen a la banda, me envalentoné en sentenciar que si para el resto del año alguna de las bandas grandes como Iron Maiden o Metallica no editaban material nuevo, el oro del 2021 estaba garantizado para las calabazas alemanas. Dicha afirmación encontraba su sustento en el hecho de que en el campamento de ambas bandas mencionadas no se detectaba movimiento alguno. Y mientras Ulrich y cía. solamente se dedicaron a homenajear los treinta años de su emblemático Álbum Negro, una quietud inquietante reinaba en las filas de Harris, más allá de que a principios de año el guitarrista Adrian Smith cuando lanzó su (muy recomendable) disco junto a Richie Kotzen dejó entrever en algunas entrevista que se venían novedades para los fans de Maiden. Así fue como llegamos al 28 de Junio del corriente donde durante una entrevista realizada para Sky News, el vocalista Bruce Dickinson comenzó a insinuar algo sobre lo que se conocería luego como el
Belshazzar ‘s Feast

Dicho evento no era otra cosa que el lanzamiento del single “The Writing On The Wall”, para el cual la banda armó una excelente campaña de promoción arrojando en sus redes toda clase de pistas y acertijos que tuvieron a los fans quemándose las pestañas por semanas para descifrar de qué se trataba todo esto. Finalmente la canción fue revelada el 15 de Julio, con su correspondiente y asombroso vídeo animado (que contó con la dirección del propio Dickinson) y unos días más tarde finalmente se supo el nombre del 17mo. álbum de estudio de Iron Maiden: “Senjutsu”.

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Ya habiendo visitado el antiguo Egipto, mundos futuristas, realidades virtuales; después de haber bailado con la muerte y de internarse en la antigua civilización Maya, ahora a la mascota Eddie le tocó disfrazarse de Samurai y viajar al antiguo Japón, puesto que el título de esta nueva placa está relacionado a “tácticas y estrategias” vinculadas al arte de la guerra. Pero, una vez más, no se trata de una historia conceptual ni mucho menos sino que se trata del arte gráfico elegido el cual seguramente servirá para diseñar los escenarios que la banda utilizará en la correspondiente gira. 

Pero estamos aquí para hablar del aspecto musical y no del visual que acompaña a la presente obra. Como muchos supusieron, el disco se encontraba grabado desde comienzos de 2019. En recientes declaraciones, la banda confesó que la idea era terminar las fechas pendientes que le quedaban de su impactante gira “Legacy of the Beast” y luego salir a la cancha con este nuevo disco; planes que se vieron frustrados, lógicamente, por causa del maldito COVID19. Los rumores habían comenzado a circular cuando para esa fecha algunas publicaciones en internet dejaron entrever a miembros de la banda deambulando por París, más específicamente en las inmediaciones de los estudios Guillaume Tell, donde la banda registró “Brave New World” (2000) y el que era hasta entonces su último LP doble de estudio “The Book of Souls” (2015). “Senjutsu” también ha sido lanzado en formato de disco doble pero el total de su duración es menor respecto a su antecesor. El hecho de contar con el mismo formato y el haber sido grabado en el mismo lugar (con Kevin Shirley, una vez más, como productor) podría haber llevado a pensar que el disco iba a recorrer lo mismos senderos sonoros que “The Book of Souls” ¿Fue tan así? Ni. 

Empecemos por lo obvio: desde que comenzó la era de las tres guitarras (o sea, hace más de 20 años) y desde el regreso de Dickinson a la banda el elemento progresivo, de canciones extensas, ha sido la fórmula con la que la banda se siente más cómoda y le ha dado excelentes resultados tanto artística como comercialmente, mal que le pese a muchos. De modo que si no te viene interesando esta última etapa de la carrera de Iron Maiden, justamente por estar alejado de los viejos hits que eternizaron su historia allá por los años 80 ‘s, mejor seguí de largo porque casi nada de eso hay en este disco. O no. Porque si hay algo realmente apasionante si sos seguidor de Maiden es ver la disparidad de opiniones que hay entre los fans. Porque vas a leer gente que va odiar este disco de la misma forma en que ama “The Final Frontier” (2010), o viceversa; mientras que otros van a considerar a “Senjutsu” el mejor disco de Iron Maiden en mucho tiempo pero que no lo prefieren por sobre “Dance of Death” (2003). Curioso. Y podría gastar millones de caracteres en ejemplos así.

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Este cambio atmosférico, de generar ése clima de canciones que parece que en cualquier momento van a estallar y nunca lo hacen, sin dudas responden al hecho de que Harris retomó las riendas de las composiciones bajo su autonomía. No es que alguna vez las haya dejado; estamos hablando del fundador y alma mater de esta banda. Pero volviendo (sí, de nuevo) a “The Book of Souls”, si en aquél predominaba un carácter más heterogéneo en las composiciones era justamente por las tareas estaban más repartidas entre los demás miembros. Se puede apreciar que la firma de Dickinson, y la de los guitarristas Adrian Smith y Janick Gers, aparecían más seguido. Hasta la viola de Dave Murray tuvo espacio para meter un tema en aquél momento. Aquí, de los 82 minutos que tenemos de música, aproximadamente 45 corresponden a Harris en su totalidad (repartidos en cuatro canciones). Y eso se nota, porque el jefe Steve es muy apegado a una metodología de composición que le ha dado muchos buenos resultados pero también unos cuantos traspiés. “Lost in a Lost World” es quizás el mejor ejemplo de esto último: una pieza que parece extraída directamente de “The X Factor” (1995), con un arranque y un inicio muy relajados que son muy interesantes pero que en el medio de la canción se pierde en unas reiteraciones de notas que alargan innecesariamente a la canción. Claro, la diferencia radica en que acá el que canta es ése titán llamado Bruce Dickinson que te saca las papas del fuego en cualquier situación. Algo similar ocurre con “Death of the Celts”, la cual tranquilamente pudo haber sido titulada la segunda parte de “The Clansman” aunque sin los momentos explosivos de esta última. De nuevo, la falta de explosión en pos de darle más lugar a los teclados y a los climas melodramáticos. Ahora, cuando Harris hace sociedad con alguno de los guitarristas los resultados son muy interesantes aún cuando haya también algo de autoplagio. En “The Time Machine”, el bajista une fuerzas con Janick Gers y le dan vida a una canción que también tiene muchos guiños hacia la era de Blaze Bayley, aunque también a algunas melodías que remiten al tema “Dance of Death” (otra composición co-escrita con Gers) y eso le da un toque de dinamismo que mejora con cada audición. Eso sí, el palo va también para vos Janick, que esa intro con la guitarra acústica ya la escuchamos miles de veces (agarren “The Legacy” o “The Talisman” y fíjense).

Ahora bien, si Harris y Gers decidieron revisitar su época en la banda hacia finales de los 90’s, Dickinson y Smith hicieron lo propio revisitando la carrera solista del vocalista. “Days of the Future Past” es una trompada al mentón que pareciera que fuera extraída directamente de “Accident of Birth” (1997). Un auténtico golazo, de los pocos momentos directos que tiene el disco. “Darkest Hour” también es dueña de una oscuridad que recuerda a lo último de la etapa solista de Bruce, con una densidad que cuesta asimilar al principio pero que también mejora con el paso de las escuchas. Y cuando le llega el turno a Smith de hacer sociedad con Harris, la química demuestra que la experimentación llega a resultados insospechados como lo ocurre en el tema que le da el título a la presente placa. “Senjutsu” se encuentra entre los arranques más atípicos en toda la discografía de La Doncella. Lejos de la inmediatez de bombas como “Aces High”, “The Wicker Man” o “Different World”, los 8 minutos de esta pieza comienzan con unos tambores tribales – apartado aquí para Nicko McBrain quien es increíble como siendo el más veterano de la banda logra en este disco una de sus performances más sólidas – y un clima denso de batalla sostenido a lo largo de toda la canción pero que más allá de los filosos riffs nunca termina de arrancar. Y todo esto, claro, acompañado por la emotividad que le pone Dickinson a cada nota que entona. Sin dudas es una pieza por demás interesante para arrancar un show como para variar un poco de los típicos mazazos de apertura. Apertura que termina de cobrar sentido con la mencionada “Stratego” pegada a continuación.

Bien, hasta aquí a excepción del tema-título pareciera ser que estamos hablando de un recauchutado de ideas. Bueno, sí. El tema es que tampoco sería la primera vez (podemos encontrar miles de ejemplos más a lo largo de toda la discografía de la banda) y que Iron Maiden sabe como autor reciclarse efectivamente. Quizás ésa sea la mayor virtud de la banda, la cual no todas tienen: el saber reinventarse sin perder jamás su identidad. Además, si tantas bandas le plagian a Maiden ¿por qué ellos no habrían de hacérselo a ellos mismos?

Y si hablamos de saber reciclarse, yendo hacia el final del disco, Steve Harris vuelve a dejar en claro que por más críticas que le podamos achacar es una de las mentes más brillantes que parió el Heavy Metal. Porque para la última media hora del álbum, el tipo se pone la 10 y se pasa por el orto todas las críticas que le señalan la dirección musical que tiene que tomar su banda. Y lo hace con un tridente no apto para aquellos que no tengan paciencia para darle a una pieza musical el tiempo necesario para que se desarrolle. Arranca con la ya citada “Death of the Celts” que si bien carece de exploción no por ello merma en intensidad; cierra con la hermosa melodía de “Hell on Earth” que es tan llevadera que cuando finaliza no se puede creer que hayan pasado más de diez minutos; y que si no la elijo como mi predilecta del disco es solamente porque antes tiene ésa joya colosal llamada “The Parchment”: un Harris en plena forma y un Dickinson en MODO DIOS le dan vida a una de las composiciones más espectaculares de Iron Maiden en esta última etapa. 

Respecto a la producción, soy de los que cree que Kevin Shirley a partir de “The Final Frontier” ha sabido encontrarle vuelta de tuerca para que todo suene (especialmente las tres guitarras) en perfecta armonía. ¿Qué si podría mejorar? Siempre. Pero tampoco hay demasiados detalles para objetar. Leí por ahí que varios dicen que la voz de Bruce está muy atrás pero en lo personal no percibí eso. El cambio, para mí, viene por lo ya dicho con respecto a los teclados que están al frente más que de costumbre. Pero estos detalles ya son hilar demasiado fino y honestamente quedará a gusto del consumidor como así también a la capacidad del reproductor de audio del cual disponga. Por lo pronto, celebro que uno de los nombres más importantes que nos dió la música pesada sigan hambrientos y con ganas de crear cosas nuevas pese a la repetición de ciertas fórmulas. A algunos no les bastará con eso. Yo, por mi parte, hoy me voy a descansar sabiendo que mañana tengo a mi disposición para escuchar una y otra vez el disco del año.

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