

Madrid, 10 de octubre de 2026. Se acerca la noche de los muertos y las fuerzas de la oscuridad se congregan en la capital. Un elenco internacional de músicos y artistas gráficos rinden culto a las tinieblas en un festival lleno de alma.
El sol brilla en el exterior, pero dentro del templo de la sala Revi se despliega una noche artificial, tapizada de imágenes impactantes y evocadoras, que bailan al ritmo de música extrema.
Counteractt es la primera banda en subirse al escenario y la única nacional dentro de la propuesta. El vocalista Lewis, incansable, desarrolla un excelente trabajo mientras a la vez anima y calienta al público, que todavía pasea por la sala maravillado por la atmósfera visual. Su blackened deathcore pega fuerte y sienta las bases de la velada en cuanto a saturación de sonidos y emociones, además de ofrecer una iluminación impactante, que golpea y matiza las obras expuestas en las paredes. Mención especial merece su compañero Fenrir, que estuvo magistral con su bajo fretless (sin trastes).
En el primer intermedio, quedo hipnotizada por la zona artística, con una amplia galería de obras expuestas, así como stands atendidos por algunos de los propios creadores. Allí tengo la oportunidad de conversar especialmente con la magnífica Esther Limones, una mujer que me fascina tanto por su trabajo como por su agradable carácter. Entre reproducciones de sus icónicos collages, encontramos también su baraja de tarot ilustrado y piezas de coleccionista originales, enmarcadas o en tres dimensiones. No es de extrañar que músicos de primer nivel como Alissa White-Gluz o Johannes Eckerstrom aprecien su obra y la sigan en redes sociales.
Junto a ella se sitúa la polaca Sylwia Mazurek, una artista a quien sigo desde hace años por sus evocadoras y a la vez perturbadoras creaciones en tinta, inspiradas en la naturaleza. Es un lujo poder verla en persona.
Es el momento de Alta Rossa, con una impresionante entrada teatral y mística. El carisma de la banda francesa es arrollador. Tras un primer tema que encadenó las miradas del público al escenario, el vocalista Antoine Lauzel pidió oscuridad en la sala, para continuar con su muy personal post-metal, mezcla de agresividad y melancolía. Fue mi actuación favorita de la noche, y eso que aún quedaban dos pesos pesados en el menú que nos hicieron disfrutar a todos.
En este segundo intermedio, tengo la oportunidad de saludar a la anfitriona del evento, Jaqueline Vanek, quien no para de trabajar, fotografiando, utilizando la pértiga y coordinando todo con gran profesionalidad. Su trabajo artístico no se exhibe hoy ni está a la venta, permitiendo con humildad que los protagonistas sean sus invitados. Y lo está consiguiendo excelentemente, con una tremenda atención al detalle, desde las exquisitas acreditaciones y cartelería, hasta la medición de los tiempos. Todo discurre suave, como guante de terciopelo, y la audiencia está encantada.
También visito en esta pausa el stand de la artista mexicana Melissa Antunez. Me impresionan sus “Pig Zombies”. Un arte muy visceral y crudo, plasmado con técnicas de asombroso realismo: la materia prima de la que están compuestas las pesadillas. Por su parte, Melissa es una persona tremendamente cálida y agradable, que ha afirmado en entrevistas inspirarse precisamente en sus sueños a la hora de crear.
Tras ella, se exhiben piezas de Matthew Lombard: sobrecogedores rostros rotos de su serie titulada Dementia. Este artista digital estadounidense es meritoriamente reconocido en el mundo del metal extremo, habiendo trabajado para bandas tales como Falling In Reverse, Cradle of Filth o Combichrist.
La tercera actuación es de Orly, banda originaria de Lyon, sumergiendo a la sala en un abismo de blackened-sludge. Se trata de un sonido muy crudo y directo. Temas largos, centrados en la instrumentalidad, con un trabajo vocal desgarrador, pero que sólo aparece en los momentos clave. Buscando el estado de trance, realizaron un setlist continuo, sin pausas ni interacciones con el público, envueltos en un denso humo y luces estroboscópicas.
Al finalizar el grupo, puedo dedicar tiempo a admirar la obra que presentan allí los artistas Jorge Romero y Nihil. El primero, procedente de Colombia, explora el retrato sombrío y casi onírico, colocando ante el espectador rostros que parecen ser capaces de comunicarse con él o incluso servirle de inquietante espejo. Por su parte, el artista francés afincado en Noruega, ofrece un arte psicodélico de inspiración religiosa y trascendente, conectando sus pinturas con las imágenes que pueblan nuestro inconsciente.
Cerca de ellos se exhiben también obras de Michał Karcz, quien no solo ha trabajado para artistas del mundo de la música, sino que ha realizado portadas de novelas de ciencia ficción de autores tan clásicos e imprescindibles como Ursula K. Le Guin, Arthur C. Clarke, o Kim Stanley Robinson.
Este último intermedio es el más largo de todos y es que hay que cambiar varios elementos de sonido e iluminación para realzar el último acto de la noche. El gran final corre a cargo de Moth Gatherer, originaria de Suecia. Una banda veterana que desarrolla una música de enorme calidad. Muy profesionales, sobrios y humildes captan totalmente la atención del público. Su sonido es único, ya que suma las voces tanto de Víctor (guitarrista y vocalista principal), como las de Ronny y Henrik (guitarra y bajo, respectivamente), creando distintas capas de intensidad. Su concierto resulta en toda una experiencia con su narrativa propia, que a mí me evocó un descenso a los infiernos, tanto de forma musical como visual, evolucionando las luces desde las vibrantes moradas amarillas hacia una iluminación roja, flanqueada por columnas de humo. Y después ¡volvemos a renacer! con un bis sorpresa, que sentó excelentemente a la audiencia y a la banda, poniendo el broche de oro, o de oscuridad, a una noche redonda.
Esta primera edición de “Molded in Blackness” ha demostrado ser un evento solvente, maduro y necesario, que eleva el concepto de festival al fusionar la música extrema con las artes plásticas de vanguardia. Le deseamos lo mejor en su recién comenzada andadura hasta convertirse en una referencia internacional para la cultura Dark.



Madrid, 10 de octubre de 2026. Se acerca la noche de los muertos y las fuerzas de la oscuridad se congregan en la capital. Un elenco internacional de músicos y artistas gráficos rinden culto a las tinieblas en un festival lleno de alma.
El sol brilla en el exterior, pero dentro del templo de la sala Revi se despliega una noche artificial, tapizada de imágenes impactantes y evocadoras, que bailan al ritmo de música extrema.
Counteractt es la primera banda en subirse al escenario y la única nacional dentro de la propuesta. El vocalista Lewis, incansable, desarrolla un excelente trabajo mientras a la vez anima y calienta al público, que todavía pasea por la sala maravillado por la atmósfera visual. Su blackened deathcore pega fuerte y sienta las bases de la velada en cuanto a saturación de sonidos y emociones, además de ofrecer una iluminación impactante, que golpea y matiza las obras expuestas en las paredes. Mención especial merece su compañero Fenrir, que estuvo magistral con su bajo fretless (sin trastes).
En el primer intermedio, quedo hipnotizada por la zona artística, con una amplia galería de obras expuestas, así como stands atendidos por algunos de los propios creadores. Allí tengo la oportunidad de conversar especialmente con la magnífica Esther Limones, una mujer que me fascina tanto por su trabajo como por su agradable carácter. Entre reproducciones de sus icónicos collages, encontramos también su baraja de tarot ilustrado y piezas de coleccionista originales, enmarcadas o en tres dimensiones. No es de extrañar que músicos de primer nivel como Alissa White-Gluz o Johannes Eckerstrom aprecien su obra y la sigan en redes sociales.
Junto a ella se sitúa la polaca Sylwia Mazurek, una artista a quien sigo desde hace años por sus evocadoras y a la vez perturbadoras creaciones en tinta, inspiradas en la naturaleza. Es un lujo poder verla en persona.
Es el momento de Alta Rossa, con una impresionante entrada teatral y mística. El carisma de la banda francesa es arrollador. Tras un primer tema que encadenó las miradas del público al escenario, el vocalista Antoine Lauzel pidió oscuridad en la sala, para continuar con su muy personal post-metal, mezcla de agresividad y melancolía. Fue mi actuación favorita de la noche, y eso que aún quedaban dos pesos pesados en el menú que nos hicieron disfrutar a todos.
En este segundo intermedio, tengo la oportunidad de saludar a la anfitriona del evento, Jaqueline Vanek, quien no para de trabajar, fotografiando, utilizando la pértiga y coordinando todo con gran profesionalidad. Su trabajo artístico no se exhibe hoy ni está a la venta, permitiendo con humildad que los protagonistas sean sus invitados. Y lo está consiguiendo excelentemente, con una tremenda atención al detalle, desde las exquisitas acreditaciones y cartelería, hasta la medición de los tiempos. Todo discurre suave, como guante de terciopelo, y la audiencia está encantada.
También visito en esta pausa el stand de la artista mexicana Melissa Antunez. Me impresionan sus “Pig Zombies”. Un arte muy visceral y crudo, plasmado con técnicas de asombroso realismo: la materia prima de la que están compuestas las pesadillas. Por su parte, Melissa es una persona tremendamente cálida y agradable, que ha afirmado en entrevistas inspirarse precisamente en sus sueños a la hora de crear.
Tras ella, se exhiben piezas de Matthew Lombard: sobrecogedores rostros rotos de su serie titulada Dementia. Este artista digital estadounidense es meritoriamente reconocido en el mundo del metal extremo, habiendo trabajado para bandas tales como Falling In Reverse, Cradle of Filth o Combichrist.
La tercera actuación es de Orly, banda originaria de Lyon, sumergiendo a la sala en un abismo de blackened-sludge. Se trata de un sonido muy crudo y directo. Temas largos, centrados en la instrumentalidad, con un trabajo vocal desgarrador, pero que sólo aparece en los momentos clave. Buscando el estado de trance, realizaron un setlist continuo, sin pausas ni interacciones con el público, envueltos en un denso humo y luces estroboscópicas.
Al finalizar el grupo, puedo dedicar tiempo a admirar la obra que presentan allí los artistas Jorge Romero y Nihil. El primero, procedente de Colombia, explora el retrato sombrío y casi onírico, colocando ante el espectador rostros que parecen ser capaces de comunicarse con él o incluso servirle de inquietante espejo. Por su parte, el artista francés afincado en Noruega, ofrece un arte psicodélico de inspiración religiosa y trascendente, conectando sus pinturas con las imágenes que pueblan nuestro inconsciente.
Cerca de ellos se exhiben también obras de Michał Karcz, quien no solo ha trabajado para artistas del mundo de la música, sino que ha realizado portadas de novelas de ciencia ficción de autores tan clásicos e imprescindibles como Ursula K. Le Guin, Arthur C. Clarke, o Kim Stanley Robinson.
Este último intermedio es el más largo de todos y es que hay que cambiar varios elementos de sonido e iluminación para realzar el último acto de la noche. El gran final corre a cargo de Moth Gatherer, originaria de Suecia. Una banda veterana que desarrolla una música de enorme calidad. Muy profesionales, sobrios y humildes captan totalmente la atención del público. Su sonido es único, ya que suma las voces tanto de Víctor (guitarrista y vocalista principal), como las de Ronny y Henrik (guitarra y bajo, respectivamente), creando distintas capas de intensidad. Su concierto resulta en toda una experiencia con su narrativa propia, que a mí me evocó un descenso a los infiernos, tanto de forma musical como visual, evolucionando las luces desde las vibrantes moradas amarillas hacia una iluminación roja, flanqueada por columnas de humo. Y después ¡volvemos a renacer! con un bis sorpresa, que sentó excelentemente a la audiencia y a la banda, poniendo el broche de oro, o de oscuridad, a una noche redonda.
Esta primera edición de “Molded in Blackness” ha demostrado ser un evento solvente, maduro y necesario, que eleva el concepto de festival al fusionar la música extrema con las artes plásticas de vanguardia. Le deseamos lo mejor en su recién comenzada andadura hasta convertirse en una referencia internacional para la cultura Dark.
























