
Eclipsed Realms (2026)
Trascending Obscurity Records
Tracklist:
01. Serpentine Echoes
02. Veil of Desolation
03. Burning Shadows
04. Wilderness
05. Decay
06. Radiance

Dimensiones gélidas y oscuridad permanente: efectivamente, nos encontramos frente a un álbum más de la banda queretana Muerto, uno de los proyectos más consistentes de su estilo en nuestro país. Editado bajo el sello indio Transcending Obscurity, Eclipsed Realms es el tercer material de larga duración de este trío, cuyo primer álbum vio la luz en 2018 y que, desde entonces, ha tenido una evolución destacable.
Si The Settling Fire Upon Us era la carta de presentación y Dust, Fire, Dust (2023) su manifiesto a la tristeza, Eclipsed Realms suena a producto del desencanto. Al abrir con “Serpentine Echoes”, lo primero que llama la atención es la calidad de la producción; no es que esta sea mala en sí misma, pero definitivamente estamos conociendo una versión menos detallada de Muerto. A pesar de no llegar a la estética lo-fi que tantos proyectos de black metal buscan con cuidado, sí es un trabajo que está, como dirían los angloparlantes, “rough around the edges”. Y es que la profunda voz de ultratumba de Penny Smitten ya no es tanto un grito desgarrado al vacío, sino una acusación de muerte, irritada y resuelta, más que confundida; aparece apagada en la mezcla, contrastando con las agudas guitarras que nos sumergen en negrura pura y dura.
Continuando con “Veil of Desolation”, el disco se empieza a tornar volátil, dejando atrás el groove tronador de la primera canción y abriendo paso a un riff tremoleado mucho más convencional en el black metal; eso sí, con sus respectivos pasajes ambientales que nos recuerdan que no estamos ante un viaje de virtuosismo, sino de alta opresión.
Terminando abruptamente, “Burning Shadow” nos da la bienvenida a un pasaje un tanto blackened death con una cadencia vocal que recuerda muchísimo a Exercises in Futility de los polacos Mgła, banda de la que parecen haber aprendido un truco o dos en cuanto a ambientación y dinámicas, sobre todo a la hora de construir ese contraste entre el riff, los blast beats y la voz acusadora. ¿Tributo? Muy probablemente, pero hay cosas mucho peores en esta vida que escuchar un homenaje a una de las bandas más legendarias del black metal moderno, y sin duda este género tiene amplio espacio para ello.
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Con “Wilderness” ya nos damos una idea clara de lo que este disco intenta construir. A pesar de ser una banda con origen en el black/doom, este parece ser su trabajo más enfocado en una búsqueda de nihilismo sonoro. Su filosofía parece no dejar cabida a la quieta contemplación de producciones anteriores. El bajo se mezcla y casi se confunde con la guitarra; el objetivo parece ser intimidar más que deprimir. Es en este punto cuando notamos lo fuerte que se escucha la batería en la mezcla, un efecto que, junto con la cavernosidad de la voz, realiza un juego interesante: utiliza las ideas del black metal con una ejecución muy death metal, aunque de doom ya no queda mucho.
Para “Decay”, empezamos a ver aquellos destellos de armonía que nos recuerdan a momentos anteriores en la carrera de la banda, casi como prediciendo que, tras la canción anterior, empezábamos a extrañar esos pasajes profundos y retumbantes. La pieza aprovecha pasajes con voz melódica que ayudan a “limpiar el paladar” para la siguiente dosis de agresividad, lo que sucede un par de veces más, convirtiéndola en la más dinámica del disco hasta ese momento.
El cambio de canción nos deja unos instantes suspendidos en el vacío, y el cierre, “Radiance”, nos sumerge en un arpegio profundo y ominoso. Estamos en la recta final y este cuento de desolación está por llegar a su conclusión. Volvemos a sumergirnos en la espectralidad con un tempo mucho más pausado que en temas pasados. El groove abre paso una vez más a ese potente doble pedal que ha destacado a lo largo del álbum, mientras la inquietante voz parece despedirse con una advertencia de soledad.
Este es un disco que, como pocos, va de mayor a menor en cuestión de energía o intención. Mientras que lo comenzamos cayendo a altas velocidades en el negro abismo, conforme avanzamos en medio de la fría inmensidad, empezamos a reconocer los matices de oscuridad en estos reinos eclipsados. La guitarra de Juan Mondra es un talismán que invoca fuerzas oscuras ancestrales, mientras que la batería de Eddel Jared las atrapa donde deben estar; así, juntos, dan el último latido de este trabajo, sostenido en el olvido y expectante hasta una próxima reproducción.

Eclipsed Realms (2026)
Trascending Obscurity Records
Tracklist:
01. Serpentine Echoes
02. Veil of Desolation
03. Burning Shadows
04. Wilderness
05. Decay
06. Radiance

Dimensiones gélidas y oscuridad permanente: efectivamente, nos encontramos frente a un álbum más de la banda queretana Muerto, uno de los proyectos más consistentes de su estilo en nuestro país. Editado bajo el sello indio Transcending Obscurity, Eclipsed Realms es el tercer material de larga duración de este trío, cuyo primer álbum vio la luz en 2018 y que, desde entonces, ha tenido una evolución destacable.
Si The Settling Fire Upon Us era la carta de presentación y Dust, Fire, Dust (2023) su manifiesto a la tristeza, Eclipsed Realms suena a producto del desencanto. Al abrir con “Serpentine Echoes”, lo primero que llama la atención es la calidad de la producción; no es que esta sea mala en sí misma, pero definitivamente estamos conociendo una versión menos detallada de Muerto. A pesar de no llegar a la estética lo-fi que tantos proyectos de black metal buscan con cuidado, sí es un trabajo que está, como dirían los angloparlantes, “rough around the edges”. Y es que la profunda voz de ultratumba de Penny Smitten ya no es tanto un grito desgarrado al vacío, sino una acusación de muerte, irritada y resuelta, más que confundida; aparece apagada en la mezcla, contrastando con las agudas guitarras que nos sumergen en negrura pura y dura.
Continuando con “Veil of Desolation”, el disco se empieza a tornar volátil, dejando atrás el groove tronador de la primera canción y abriendo paso a un riff tremoleado mucho más convencional en el black metal; eso sí, con sus respectivos pasajes ambientales que nos recuerdan que no estamos ante un viaje de virtuosismo, sino de alta opresión.
Terminando abruptamente, “Burning Shadow” nos da la bienvenida a un pasaje un tanto blackened death con una cadencia vocal que recuerda muchísimo a Exercises in Futility de los polacos Mgła, banda de la que parecen haber aprendido un truco o dos en cuanto a ambientación y dinámicas, sobre todo a la hora de construir ese contraste entre el riff, los blast beats y la voz acusadora. ¿Tributo? Muy probablemente, pero hay cosas mucho peores en esta vida que escuchar un homenaje a una de las bandas más legendarias del black metal moderno, y sin duda este género tiene amplio espacio para ello.
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Con “Wilderness” ya nos damos una idea clara de lo que este disco intenta construir. A pesar de ser una banda con origen en el black/doom, este parece ser su trabajo más enfocado en una búsqueda de nihilismo sonoro. Su filosofía parece no dejar cabida a la quieta contemplación de producciones anteriores. El bajo se mezcla y casi se confunde con la guitarra; el objetivo parece ser intimidar más que deprimir. Es en este punto cuando notamos lo fuerte que se escucha la batería en la mezcla, un efecto que, junto con la cavernosidad de la voz, realiza un juego interesante: utiliza las ideas del black metal con una ejecución muy death metal, aunque de doom ya no queda mucho.
Para “Decay”, empezamos a ver aquellos destellos de armonía que nos recuerdan a momentos anteriores en la carrera de la banda, casi como prediciendo que, tras la canción anterior, empezábamos a extrañar esos pasajes profundos y retumbantes. La pieza aprovecha pasajes con voz melódica que ayudan a “limpiar el paladar” para la siguiente dosis de agresividad, lo que sucede un par de veces más, convirtiéndola en la más dinámica del disco hasta ese momento.
El cambio de canción nos deja unos instantes suspendidos en el vacío, y el cierre, “Radiance”, nos sumerge en un arpegio profundo y ominoso. Estamos en la recta final y este cuento de desolación está por llegar a su conclusión. Volvemos a sumergirnos en la espectralidad con un tempo mucho más pausado que en temas pasados. El groove abre paso una vez más a ese potente doble pedal que ha destacado a lo largo del álbum, mientras la inquietante voz parece despedirse con una advertencia de soledad.
Este es un disco que, como pocos, va de mayor a menor en cuestión de energía o intención. Mientras que lo comenzamos cayendo a altas velocidades en el negro abismo, conforme avanzamos en medio de la fría inmensidad, empezamos a reconocer los matices de oscuridad en estos reinos eclipsados. La guitarra de Juan Mondra es un talismán que invoca fuerzas oscuras ancestrales, mientras que la batería de Eddel Jared las atrapa donde deben estar; así, juntos, dan el último latido de este trabajo, sostenido en el olvido y expectante hasta una próxima reproducción.








