
Cathexis (2026)
Independiente
Tracklist:
01. Lamento
02. Cathexis
03. Sentience
04. The Effigy & The Titan

El disco empieza con una calidad orquestal, con esas pequeñas notas contextuales que presagian una gran obra. Es el equivalente a un título en negro antes de la película, seguido de los primeros compases en forma de, justamente, orquestación clásica y una voz femenina narrando en off la obertura temática. Un intro cinematográfico y misterioso que sugiere epicidad, pero que curiosamente da paso al calmado y pastoril inicio de Cathexis, la primera canción del disco.
Con una marcada cualidad jazzística, coqueteando con lo avant-garde, esta primera pieza cuenta con melodías en vaivén y arreglos de vientos proporcionados por el inigualable Adrián Terrazas (The Mars Volta, Omar Rodríguez-López) y la dulce voz de Ana Bitrán, que contrasta con los segmentos más agresivos, jugando con una dinámica clásica que te pasea entre segmentos y emociones, de nuevo, como un suave meceo de contrastes, interrumpidos ocasionalmente por ideas abstractas en forma de saxofón o flauta, que recuerdan por momentos a algunos pasajes álgidos de Amputechture. Todo esto bajo un sólido contexto de post-black, trayendo también a la memoria a bandas como White Ward y Numenorean.
Sentience, la tercera canción del disco, abre con un riff disonante al estilo del metal avant-garde neoyorquino (a la Liturgy o Imperial Triumphant, aunque quizá un poco menos disonante que dichos ejemplos). Sin embargo, no se queda ahí por mucho tiempo, pues pronto evoluciona hacia algo que se asemeja incluso al folk metal, con esa rítmica voz femenina, de carácter élfico o druídico. Siendo probablemente uno de los momentos más dinámicos del álbum, evidencia el caleidoscopio sónico que representa este trabajo. Naturalmente, la canción cuenta con pasajes puros y duros de black metal, con un guiño en las baterías del veterano Richard Schill (Shining, Dead by April, The Unguided) a Exercises in Futility y un solo melódico, casi progresivo, que se asemeja también a Enslaved.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: SWALLOW THE SUN ANUNCIA GIRA POR MÉXICO JUNTO A EVERCLOUD
Finalmente, llegamos a la cumbre del álbum, y de hecho a su segunda mitad (algo que, por alguna razón, no parece ser extraño en trabajos donde Adrián Terrazas haya colaborado). The Effigy & The Titan es una pieza monumental y grandilocuente que, con esa misma cualidad sinfónica con la que abre la primera mitad, nos envuelve en un pasaje instrumental, atmosférico y lúgubre que guía hacia una batería muy jazzeada, la cual le confiere, una vez más, ese dinamismo estilístico que ya ha quedado bien cimentado en el resto de la producción. Es justo después cuando una de las colaboraciones más importantes del disco se hace presente con la voz de Daniel Droste, cantante y miembro fundador de la institución del funeral doom, AHAB.
A partir de ahí, la pieza sigue en crecimiento y evolución, profunda y ominosa, hasta que las guitarras y la batería explotan en un riff complejo y dominante, que a su vez da paso a todo el peso death metalero que termina por definir esta segunda etapa del álbum. Es en esta última pieza donde las ideas propuestas durante las primeras tres canciones se exploran en su totalidad, con más tiempo (y compases) para desarrollar la propuesta sónica de Phendrana. Existen pausas, movimientos y múltiples secciones que nos recuerdan que esto no fue un trabajo apresurado, sino una carta de amor no a uno, dos o tres géneros, sino a toda una concepción de la música pesada, melancólica y experimental.
El disco culmina, una vez más, en el post-black, género pilar de este experimento, dándole una redondez al trabajo que, aunque no era obligatoria, funciona muy bien para terminar de cuajar la experiencia.
No cabe duda de que, hasta el momento, este ha sido uno de los mejores trabajos del año, no solo del metal nacional o latinoamericano, sino que también representa, a mi parecer, un punto álgido en la producción de música extrema. Sus alcances superan con creces muchos de los trabajos promedio de bandas mexicanas, no solo por su increíble roster de artistas invitados, sino por la ambición de la mente maestra detrás de este trabajo, el capitalino Anuar Salum. Una escucha obligada para los amantes del post-black, atmosférico, DSBM, jazz, spoken word, funeral doom, melodic death y gothic metal, por mencionar lo más destacado. Y aunque en esta reseña se le comparó con muchas bandas, discos o sonidos, esto no es con el afán de delimitar un estilo, sino de reconocer las probables influencias tan distintivas que componen este excelente trabajo.

Cathexis (2026)
Independiente
Tracklist:
01. Lamento
02. Cathexis
03. Sentience
04. The Effigy & The Titan

El disco empieza con una calidad orquestal, con esas pequeñas notas contextuales que presagian una gran obra. Es el equivalente a un título en negro antes de la película, seguido de los primeros compases en forma de, justamente, orquestación clásica y una voz femenina narrando en off la obertura temática. Un intro cinematográfico y misterioso que sugiere epicidad, pero que curiosamente da paso al calmado y pastoril inicio de Cathexis, la primera canción del disco.
Con una marcada cualidad jazzística, coqueteando con lo avant-garde, esta primera pieza cuenta con melodías en vaivén y arreglos de vientos proporcionados por el inigualable Adrián Terrazas (The Mars Volta, Omar Rodríguez-López) y la dulce voz de Ana Bitrán, que contrasta con los segmentos más agresivos, jugando con una dinámica clásica que te pasea entre segmentos y emociones, de nuevo, como un suave meceo de contrastes, interrumpidos ocasionalmente por ideas abstractas en forma de saxofón o flauta, que recuerdan por momentos a algunos pasajes álgidos de Amputechture. Todo esto bajo un sólido contexto de post-black, trayendo también a la memoria a bandas como White Ward y Numenorean.
Sentience, la tercera canción del disco, abre con un riff disonante al estilo del metal avant-garde neoyorquino (a la Liturgy o Imperial Triumphant, aunque quizá un poco menos disonante que dichos ejemplos). Sin embargo, no se queda ahí por mucho tiempo, pues pronto evoluciona hacia algo que se asemeja incluso al folk metal, con esa rítmica voz femenina, de carácter élfico o druídico. Siendo probablemente uno de los momentos más dinámicos del álbum, evidencia el caleidoscopio sónico que representa este trabajo. Naturalmente, la canción cuenta con pasajes puros y duros de black metal, con un guiño en las baterías del veterano Richard Schill (Shining, Dead by April, The Unguided) a Exercises in Futility y un solo melódico, casi progresivo, que se asemeja también a Enslaved.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: SWALLOW THE SUN ANUNCIA GIRA POR MÉXICO JUNTO A EVERCLOUD
Finalmente, llegamos a la cumbre del álbum, y de hecho a su segunda mitad (algo que, por alguna razón, no parece ser extraño en trabajos donde Adrián Terrazas haya colaborado). The Effigy & The Titan es una pieza monumental y grandilocuente que, con esa misma cualidad sinfónica con la que abre la primera mitad, nos envuelve en un pasaje instrumental, atmosférico y lúgubre que guía hacia una batería muy jazzeada, la cual le confiere, una vez más, ese dinamismo estilístico que ya ha quedado bien cimentado en el resto de la producción. Es justo después cuando una de las colaboraciones más importantes del disco se hace presente con la voz de Daniel Droste, cantante y miembro fundador de la institución del funeral doom, AHAB.
A partir de ahí, la pieza sigue en crecimiento y evolución, profunda y ominosa, hasta que las guitarras y la batería explotan en un riff complejo y dominante, que a su vez da paso a todo el peso death metalero que termina por definir esta segunda etapa del álbum. Es en esta última pieza donde las ideas propuestas durante las primeras tres canciones se exploran en su totalidad, con más tiempo (y compases) para desarrollar la propuesta sónica de Phendrana. Existen pausas, movimientos y múltiples secciones que nos recuerdan que esto no fue un trabajo apresurado, sino una carta de amor no a uno, dos o tres géneros, sino a toda una concepción de la música pesada, melancólica y experimental.
El disco culmina, una vez más, en el post-black, género pilar de este experimento, dándole una redondez al trabajo que, aunque no era obligatoria, funciona muy bien para terminar de cuajar la experiencia.
No cabe duda de que, hasta el momento, este ha sido uno de los mejores trabajos del año, no solo del metal nacional o latinoamericano, sino que también representa, a mi parecer, un punto álgido en la producción de música extrema. Sus alcances superan con creces muchos de los trabajos promedio de bandas mexicanas, no solo por su increíble roster de artistas invitados, sino por la ambición de la mente maestra detrás de este trabajo, el capitalino Anuar Salum. Una escucha obligada para los amantes del post-black, atmosférico, DSBM, jazz, spoken word, funeral doom, melodic death y gothic metal, por mencionar lo más destacado. Y aunque en esta reseña se le comparó con muchas bandas, discos o sonidos, esto no es con el afán de delimitar un estilo, sino de reconocer las probables influencias tan distintivas que componen este excelente trabajo.
Etiquetas: Adrián Terrazas, Ahab, Ana Bitrán, Anuar Salum, atmospheric black metal, Black Metal, Daniel Droste, Death Metal, doom metal, Funeral Doom, Jazz, Melodic Death Metal, metal progresivo, post-black, Prog Metal, Richard Schill, Shining, The Mars Volta








