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Primal Fear
Metal Commando (2020)
Nuclear Blast Records

Tracklist:

01. I Am Alive
02. Along Came The Devil
03. Halo
04. Hear Me Calling
05. The Lost & The Forgotten
06. My Name Is Fear
07. I Will Be Gone
08. Raise Your Fists
09. Howl Of The Banshee
10. Afterlife
11. Infinity


Primal Fear es una de esas bandas de las que uno sabe exactamente qué esperar, porque uno sabe qué es lo que va a recibir y difícilmente se sienta decepcionado con la entrega. Retoños nacidos directamente de las semillas esparcidas por Judas Priest y su eterno
“Painkiller”, esta banda supo ganarse el aprecio y el respeto de buena parte del público devoto al Metal más ortodoxo gracias a una prolifera carrera que ya lleva más de 20 años. A lo largo de su ya extensa discografía es difícil encontrar un disco que pueda ser catalogado como flojo. Los germanos son una máquina imparable de crear himnos de batalla, de esos que se adhieren con extrema facilidad a la mente del oyente, y ninguno de sus trabajos carecen de ellos, como así tampoco carecen de previsibilidad. Es por eso que también es justo decir que en esta última década esa falta de sorpresa se hizo sentir en sus últimos álbumes, insistimos, sin que ello implique manchas en su catálogo. 

Está bien, nadie va a pedirle sorpresas a estas alturas de su carrera al grupo liderado por Ralf Scheepers (voz) y Mat Sinner (bajo). Ellos hacen Heavy Metal de manual y punto. Se sienten cómodos usando la misma receta de siempre que tan buenos resultados les da y no se van a salir de ella. Además, vamos, no se le puede pedir demasiada sorpresa a un disco que lleva por título “Metal Commando” y que posee una de las portadas menos inspiradas en la historia de la música pesada. De modo que lo único que nos queda es apelar a la inspiración de los músicos a la hora de entrar al estudio a concebir a su nueva criatura, y podemos decir casi sin miedo a equivocarnos que, para esta oportunidad, el sexteto estuvo bien preciso al momento de componer. De la ejecución no hace falta ni hablar; a estas alturas es sabido que tanto en vivo como en estudio la banda funciona cual perfecta maquinaria alemana. El tiempo dirá qué lugar ocupará “Metal Commando” en la historia de Primal Fear. De momento quedémonos con el análisis de este nuevo puñado de canciones que seguramente serán del agrado para los más acérrimos Defensores de la Fe metalera. 

El inicio con “I am Alive” y le seguidilla que le sigue hasta “Hear Me Calling” conforman un excelente arranque para el disco. Son esos hits que la banda saca de taquito y que ojalá formen parte de su próximo repertorio en vivo, porque son de esas canciones para cantar con el puño en alto y quedar con la garganta roja en cada estribillo cada vez que intentemos emular los agudos imposibles de Ralf Scheepers. Y ya que estamos, como también es archisabido, una vez más es el gigante alemán el que hace la mayor diferencia en esta banda gracias a su prodigiosa voz. Imposible no imaginar cómo hubiera resultado la historia si Glenn Tipton y K.K. Downing se hubieran decidido por él y no por Tim “Ripper” Owens para reemplazar a Halford en Judas Priest; o qué hubiera pasado si Ralf hubiera permanecido junto a Kai Hansen en Gamma Ray; y ni qué hablar cómo nos encogemos de hombros cada vez que nos preguntamos cómo hubieran salido los míticos “Keeper of the Seven Keys” de Helloween si el elegido hubiera sido él y no Michael Kiske. Preguntas que nunca obtendrán respuesta pero que nos dan la certeza de que estamos ante un gran vocalista. 

“The Lost & The Forgotten” y “My Name is Fear” dejan más dudas que certezas y son de esas piezas que a la larga restan más de lo que suman. Algo parecido pasa con “Raise Your Fists”; simpática pero la hemos escuchado muchas veces antes con otro nombre. Positivo es que la banda se haya reencontrado en el terreno de las baladas que en el pasado tan buenos resultados les dió; como ocurrió oportunamente con “Fighting the Darkness” o “Hands of Time”, y ahora le llega el turno a “I Will be Gone”. “Howl of the Banshee” le devuelve la credibilidad a la banda, con su melodía pegajosa y su certero estribillo; y el saldo final de “Afterlife” hubiera resultado mucho más positivo si el riff inicial no hubiera sido un auto plagio de “The End is Near”. Por fortuna, la salva los enérgicos solos de Magnus Karlsson y las líneas vocales del pelado Ralf. 

Hacia el final del disco llega lo más interesante. Los trece minutos y medio de “Infinity” la convierten en la canción más larga hasta la fecha en la historia de la banda, superando incluso a otras joyitas épicas en el catálogo de PF como “One Night in December” o “We Walk Without Fear”. Como es de suponer esta canción rompe con el molde de todas las que le preceden en el disco, con sus constantes cambios de ritmo y sus arreglos orquestales, exhibiendo el resabio dejado por discos como “Seven Seals” (2005) o “New Religion” (2007) en donde por aquel entonces se los emparentó con el Power Metal más sinfónico que con el Heavy Metal más tradicional, y demostrando una vez más que la experimentación a Primal Fear no le sienta nada mal. Vaya uno a saber por qué no insisten más en seguir ampliando su espectro. 

Los germanos lo han hecho una vez más: han sacado un álbum potente y casi sin fisuras que revalida su reputación como una de las bandas más efectivas del planeta. ¿Conformismo o equipo que gana no se toca? Le corresponde a los oyentes dictar la sentencia.

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Primal Fear
Metal Commando (2020)
Nuclear Blast Records

Tracklist:

01. I Am Alive
02. Along Came The Devil
03. Halo
04. Hear Me Calling
05. The Lost & The Forgotten
06. My Name Is Fear
07. I Will Be Gone
08. Raise Your Fists
09. Howl Of The Banshee
10. Afterlife
11. Infinity





Primal Fear es una de esas bandas de las que uno sabe exactamente qué esperar, porque uno sabe qué es lo que va a recibir y difícilmente se sienta decepcionado con la entrega. Retoños nacidos directamente de las semillas esparcidas por Judas Priest y su eterno
“Painkiller”, esta banda supo ganarse el aprecio y el respeto de buena parte del público devoto al Metal más ortodoxo gracias a una prolifera carrera que ya lleva más de 20 años. A lo largo de su ya extensa discografía es difícil encontrar un disco que pueda ser catalogado como flojo. Los germanos son una máquina imparable de crear himnos de batalla, de esos que se adhieren con extrema facilidad a la mente del oyente, y ninguno de sus trabajos carecen de ellos, como así tampoco carecen de previsibilidad. Es por eso que también es justo decir que en esta última década esa falta de sorpresa se hizo sentir en sus últimos álbumes, insistimos, sin que ello implique manchas en su catálogo. 

Está bien, nadie va a pedirle sorpresas a estas alturas de su carrera al grupo liderado por Ralf Scheepers (voz) y Mat Sinner (bajo). Ellos hacen Heavy Metal de manual y punto. Se sienten cómodos usando la misma receta de siempre que tan buenos resultados les da y no se van a salir de ella. Además, vamos, no se le puede pedir demasiada sorpresa a un disco que lleva por título “Metal Commando” y que posee una de las portadas menos inspiradas en la historia de la música pesada. De modo que lo único que nos queda es apelar a la inspiración de los músicos a la hora de entrar al estudio a concebir a su nueva criatura, y podemos decir casi sin miedo a equivocarnos que, para esta oportunidad, el sexteto estuvo bien preciso al momento de componer. De la ejecución no hace falta ni hablar; a estas alturas es sabido que tanto en vivo como en estudio la banda funciona cual perfecta maquinaria alemana. El tiempo dirá qué lugar ocupará “Metal Commando” en la historia de Primal Fear. De momento quedémonos con el análisis de este nuevo puñado de canciones que seguramente serán del agrado para los más acérrimos Defensores de la Fe metalera. 

El inicio con “I am Alive” y le seguidilla que le sigue hasta “Hear Me Calling” conforman un excelente arranque para el disco. Son esos hits que la banda saca de taquito y que ojalá formen parte de su próximo repertorio en vivo, porque son de esas canciones para cantar con el puño en alto y quedar con la garganta roja en cada estribillo cada vez que intentemos emular los agudos imposibles de Ralf Scheepers. Y ya que estamos, como también es archisabido, una vez más es el gigante alemán el que hace la mayor diferencia en esta banda gracias a su prodigiosa voz. Imposible no imaginar cómo hubiera resultado la historia si Glenn Tipton y K.K. Downing se hubieran decidido por él y no por Tim “Ripper” Owens para reemplazar a Halford en Judas Priest; o qué hubiera pasado si Ralf hubiera permanecido junto a Kai Hansen en Gamma Ray; y ni qué hablar cómo nos encogemos de hombros cada vez que nos preguntamos cómo hubieran salido los míticos “Keeper of the Seven Keys” de Helloween si el elegido hubiera sido él y no Michael Kiske. Preguntas que nunca obtendrán respuesta pero que nos dan la certeza de que estamos ante un gran vocalista. 

“The Lost & The Forgotten” y “My Name is Fear” dejan más dudas que certezas y son de esas piezas que a la larga restan más de lo que suman. Algo parecido pasa con “Raise Your Fists”; simpática pero la hemos escuchado muchas veces antes con otro nombre. Positivo es que la banda se haya reencontrado en el terreno de las baladas que en el pasado tan buenos resultados les dió; como ocurrió oportunamente con “Fighting the Darkness” o “Hands of Time”, y ahora le llega el turno a “I Will be Gone”. “Howl of the Banshee” le devuelve la credibilidad a la banda, con su melodía pegajosa y su certero estribillo; y el saldo final de “Afterlife” hubiera resultado mucho más positivo si el riff inicial no hubiera sido un auto plagio de “The End is Near”. Por fortuna, la salva los enérgicos solos de Magnus Karlsson y las líneas vocales del pelado Ralf. 

Hacia el final del disco llega lo más interesante. Los trece minutos y medio de “Infinity” la convierten en la canción más larga hasta la fecha en la historia de la banda, superando incluso a otras joyitas épicas en el catálogo de PF como “One Night in December” o “We Walk Without Fear”. Como es de suponer esta canción rompe con el molde de todas las que le preceden en el disco, con sus constantes cambios de ritmo y sus arreglos orquestales, exhibiendo el resabio dejado por discos como “Seven Seals” (2005) o “New Religion” (2007) en donde por aquel entonces se los emparentó con el Power Metal más sinfónico que con el Heavy Metal más tradicional, y demostrando una vez más que la experimentación a Primal Fear no le sienta nada mal. Vaya uno a saber por qué no insisten más en seguir ampliando su espectro. 

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