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Solitude
Exogenesis (2021)
Concreto Records

1. Exogenesis
2. Arbitrium Incorporea
3. Descending into Flesh
4. Of Thought and Blood
5. As the Sun Hides
6. Theogony
7. Unshrouded
8. Hyadian Slumber
9. Shadowbreed

Oriundos de la ciudad de Victoria, en el estado de Tamaulipas, los mexicanos Solitude lleva ya 25 años de carrera conservando la mayor parte de los miembros de su formación original, algo que no se ve muy seguido. Y otra cosa que tampoco se ve tan seguido es un grupo que vuelva al estudio luego de una década y media de inactividad, como es también el caso de esta banda tamaulipeca: su tercer álbum Exogenesis, editado en marzo de este año por Concreto Records, es el primer material nuevo del quinteto en quince años.

Antes de ponerse a hablar acerca de este nuevo lanzamiento de Solitude, sería interesante compararlo con sus álbumes anteriores, considerando el tiempo que pasó y la evolución que se puede encontrar en su sonido. En su debut The Glorious Shine of Life, del año 2000, mostraba a unos músicos extremadamente influenciados por el melodeath de la escena sueca de Gotemburgo, con In Flames y Dark Tranquillity a la cabeza: riffs gancheros y ultra melódicos, voces guturales y limpias, estructuras cancioneras y todo el manual clásico del estilo. Nada que se pueda considerar de verdad original, pero el grupo lograba hacer bastante con el material que tenía, y la producción poco pulida le daba un toque distintivo si el oyente se había cansado del sonido ultra limpio y profesional que se estaba poniendo de moda por esa época en el estilo.

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En Introjection, de 2006, ya la producción era bastante mejor, y la composición de las canciones se había vuelto más compleja tanto en estructuras como en sus riffs, además de ser más variada. Seguía siendo un disco de death melódico y que tenía todos los elementos antes mencionados, pero es muy seguro decir que una canción como “Cataleptic”, con sus voces limpias que por momentos hacen recordar a ciertas bandas emo de los noventas como Mineral o The Promise Ring (una comparación que hago de manera positiva y con la mejor intención, para que no se me malinterprete), no podría haber estado en el álbum debut.

Es así que llegamos a Exogenesis, álbum que muestra a Solitude refinando su sonido como nunca antes. Al igual que con sus trabajos anteriores, la base de su fórmula sigue siendo la misma combinación de brutalidad y melodía, pero los años le permitieron al grupo construir el set de canciones más sólido de su carrera.

Tomemos por ejemplo la inicial “Exogenesis”, con sus versos brutales hechos para romper cuellos, a los que combinan con pasajes llenos de emoción, entrelazando las voces limpias y podridas, ámbitos donde el cantante David Frayre nunca ha sonado mejor. La siguiente “Arbitrium Incorporea” tiene a los guitarristas Antonio Rivera y Arael Delgado sacándose chispas en la introducción, mientras que el baterista Diego Delgado y el bajista Habib Florencio demuestran ser una base formidable.

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Mucho de esto tiene que ver con que este tercer álbum de Solitude sea el de mejor sonido hasta el momento en la discografía de la banda, con una mezcla bien balanceada y un gran sonido de guitarra, gordo pero claro y discernible en cada una de sus notas. También se nota en las guitarras acústicas, con “Theogony”, donde proveen la melodía principal, y la instrumental “Hyadian Slumber” como mejores muestras de ello.

Hablar de cada canción de manera individual sería un tanto tedioso, siendo que Exogenesis es un disco bastante directo en su propuesta: no tendrá la variedad del álbum anterior, pero lo compensa condensando las ideas musicales de Solitude en canciones de menos de cinco minutos, algo que casi no se veía en The Glorious Shine of Life e Introjection, pero que acá es la regla, dejando un trabajo de cómodos 37 minutos. Sin embargo, quiero destacar a la final “Shadowbreed”, que cierra de manera magistral al disco con un corte casi completamente a medio tiempo pero que no deja de lado nada de la intensidad de canciones anteriores.

Solitude se sacaron de la galera un gran álbum de death melódico, con un gancho adictivo en cada una de sus canciones, en sus riffs y estribillos. No traerán nada nuevo, pero tienen la composición que a muchos les falta. En un año que no ha tenido muchos lanzamientos por parte de las más tradicionalmente grandes del género, no está mal buscar entre el under, donde siempre es posible encontrar pequeñas joyas como este nuevo álbum de parte de estos mexicanos.

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6. Theogony
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9. Shadowbreed




Oriundos de la ciudad de Victoria, en el estado de Tamaulipas, los mexicanos Solitude lleva ya 25 años de carrera conservando la mayor parte de los miembros de su formación original, algo que no se ve muy seguido. Y otra cosa que tampoco se ve tan seguido es un grupo que vuelva al estudio luego de una década y media de inactividad, como es también el caso de esta banda tamaulipeca: su tercer álbum Exogenesis, editado en marzo de este año por Concreto Records, es el primer material nuevo del quinteto en quince años.

Antes de ponerse a hablar acerca de este nuevo lanzamiento de Solitude, sería interesante compararlo con sus álbumes anteriores, considerando el tiempo que pasó y la evolución que se puede encontrar en su sonido. En su debut The Glorious Shine of Life, del año 2000, mostraba a unos músicos extremadamente influenciados por el melodeath de la escena sueca de Gotemburgo, con In Flames y Dark Tranquillity a la cabeza: riffs gancheros y ultra melódicos, voces guturales y limpias, estructuras cancioneras y todo el manual clásico del estilo. Nada que se pueda considerar de verdad original, pero el grupo lograba hacer bastante con el material que tenía, y la producción poco pulida le daba un toque distintivo si el oyente se había cansado del sonido ultra limpio y profesional que se estaba poniendo de moda por esa época en el estilo.

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En Introjection, de 2006, ya la producción era bastante mejor, y la composición de las canciones se había vuelto más compleja tanto en estructuras como en sus riffs, además de ser más variada. Seguía siendo un disco de death melódico y que tenía todos los elementos antes mencionados, pero es muy seguro decir que una canción como “Cataleptic”, con sus voces limpias que por momentos hacen recordar a ciertas bandas emo de los noventas como Mineral o The Promise Ring (una comparación que hago de manera positiva y con la mejor intención, para que no se me malinterprete), no podría haber estado en el álbum debut.

Es así que llegamos a Exogenesis, álbum que muestra a Solitude refinando su sonido como nunca antes. Al igual que con sus trabajos anteriores, la base de su fórmula sigue siendo la misma combinación de brutalidad y melodía, pero los años le permitieron al grupo construir el set de canciones más sólido de su carrera.

Tomemos por ejemplo la inicial “Exogenesis”, con sus versos brutales hechos para romper cuellos, a los que combinan con pasajes llenos de emoción, entrelazando las voces limpias y podridas, ámbitos donde el cantante David Frayre nunca ha sonado mejor. La siguiente “Arbitrium Incorporea” tiene a los guitarristas Antonio Rivera y Arael Delgado sacándose chispas en la introducción, mientras que el baterista Diego Delgado y el bajista Habib Florencio demuestran ser una base formidable.

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Mucho de esto tiene que ver con que este tercer álbum de Solitude sea el de mejor sonido hasta el momento en la discografía de la banda, con una mezcla bien balanceada y un gran sonido de guitarra, gordo pero claro y discernible en cada una de sus notas. También se nota en las guitarras acústicas, con “Theogony”, donde proveen la melodía principal, y la instrumental “Hyadian Slumber” como mejores muestras de ello.

Hablar de cada canción de manera individual sería un tanto tedioso, siendo que Exogenesis es un disco bastante directo en su propuesta: no tendrá la variedad del álbum anterior, pero lo compensa condensando las ideas musicales de Solitude en canciones de menos de cinco minutos, algo que casi no se veía en The Glorious Shine of Life e Introjection, pero que acá es la regla, dejando un trabajo de cómodos 37 minutos. Sin embargo, quiero destacar a la final “Shadowbreed”, que cierra de manera magistral al disco con un corte casi completamente a medio tiempo pero que no deja de lado nada de la intensidad de canciones anteriores.

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