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Tankard en Buenos Aires: “Fiesta, cerveza y Thrash”
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Como se dice hoy en día: noche loca de sábado. Solo que en vez de sábado, fue un lunes. Y en vez de decirlo en un sentido irónico, lo decimos literal. Porque fue una noche descontrol y fiesta de la mano de los alemanes más borrachos y alegres de la movida. Y sí, nos estamos refiriendo a Tankard, quienes nuevamente montaron un show alocado como solo ellos saben.

Todo tuvo lugar el pasado 27 de abril, en el Teatrito (Sarmiento 1752) en pleno corazón de la Ciudad de Buenos Aires. Se trataba de un día movido, con varios eventos a los cuales asistir como Black Label Society o Jinjer. Sin embargo, nuestro espíritu cervecero prevaleció por sobre todas las adversidades (y opciones) y de esta manera, se hizo inevitable no asistir a la velada que prometía cerveza, pogo y thrash. En especial, mucho thrash.

Tres eran las bandas que se presentaban antes que los germanos. Dos nacionales: Lazaro y IA-58 Pucará. Y una peruana: Metal Crucifier. Una entrada mucho más que apetecible y picante para arrancar la jornada.

Pero antes de meterme de lleno en cada actuación, debo remarcar el pequeño detalle del cual pecaron los tres grupos a lo largo de la previa y fue el excesivo volumen que manejaron. Los tres contaron con un nivel de audio más fuerte del debido y eso provocó que el público presente se tuviera que tirar un par de pasos atrás para poder procesar todo el torrente musical que transcurría bajo las cuatro paredes del recinto.

Exceptuando este punto, no hay nada más para recriminar. Cada uno cumplió con lo que se propuso y desató su propia barbarie. Lazaro, de la mano de Jorge Moreno, fue una picadora total. Pucará con su estilo más crossover, muy de la escuela de Nuclear Assault, subió las revoluciones, mientras que nuestros hermanos peruanos de Metal Crucifier le dieron más brillo y epicidad a la noche con su heavy/speed tradicional.

Tres bandas. Tres actos soportes que dejaron en claro que al que no le gustaba la potencia desmedida y la velocidad a tope, se había equivocado de recital.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Death To All & Destruction en Buenos Aires: “Thrash ‘til Death”

Sin ningún tipo de demora y tal como estaba pautado, Tankard salió a escena a las 21:30hs, bajo un marco de fanáticos que los recibió de forma efusiva y apasionada. Quizás, lo único organizado de toda su presentación. Ya que lo que vino a continuación, dejó patas arriba al Teatrito.

“One Foot In The Grave” fue la primera pieza en sonar y se encargó de romper el poco orden que había presente para dar paso al descontrol: grandes rondas de pogo, a gente saltando y volando hacia adelante, y a varios vasos de cerveza saliendo de la barra al mismo ritmo acelerado que iba la música. Todo en cuestión de segundos. La banda ni había entrado en calor y ya había marcado el tono que se manejaría a lo largo del show.

“Rapid Fire (A Tyrant’s Elegy)” no hizo más que subir la intensidad y ya para “The Morning After” no había un alma en todo el lugar que no estuviera prendida a la fiesta.

Y es que de eso se trató la actuación de los alemanes en gran parte. De incentivar, de agitar, de contagiar. Si algo ha caracterizado a la banda desde sus inicios, es su estilo humorístico e irreverente. Tankard nunca se propuso ser un grupo serio y técnico sobre el escenario. Todo lo contrario. Ellos siempre fueron los graciosos de la clase. Y eso lo dejaron bien en claro.

“Gerre” con su orgullosa panza, no hizo más que compartir la misma energía alegre y festiva que estaba viviendo su público. En ningún momento se percibió un gesto de falsedad en su sonrisa o en sus interacciones. Para nada. Toda su gracia y simpatía se sintió honesta. Transparente. Porque al final del día, los músicos son unos más de nosotros. Compañeros que solo buscan en la música un espacio de desconexión y diversión.

Dicho esto, llegó la hora de enfrentarnos a la verdad: la banda no sonó bien ¿Que digo? Sonó fatal. Con Andy errando algunas notas, con Gerre desafinando y Frank cubriendo con su bajo la ausencia de una segunda guitarra. Un grupo de estudiantes de secundario pudo haber tocado con apenas un amplificador y haber dado una presentación más profesional. Pero seamos sinceros ¿A quién carajos le importa eso? Es parte de su encanto. Ser imperfectos, desprolijos, espontáneos. La banda no se subió al escenario para dar una interpretación calcada de lo que hacen en estudio, se subió a mostrarse tal cual son. Un grupo de amigos que hacen un thrash directo, potente e incluso, bailable. Y en ese sentido, Tankard cumplió más que de sobras.

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Al tratarse de un show sin presentación de nuevo disco, el set estuvo enfocado mayormente en los grandes éxitos que hicieron que los de Frankfurt, completaran la cuarta pata de “Big Teutonic Four” alemán. Es decir, que no faltaron “Chemical Invasion” “Alien”, o “Zombie Attack”.

Sin embargo, si el grupo tiene una ventaja por sobre el resto de sus compatriotas, es que nunca dejaron de componer himnos nuevos que se volvieran indispensables para sus presentaciones. Y “Rules For Fools”, “A Girl Called Cerveza” y la representative “Die With a Beer In Your Hand”, así lo atestiguan.

Ya para el cierre, no faltó el baile de Gerre con una aficionada del público y el final con todos los presentes alzando sus vasos de birra al son del “We need another fucking beer” en “Empty Tankard”. Su mayor clásico el cual quedó pendiente en 2016, cuando habían venido.

Con el corazón alegre y la barriga llena, la gente vivió y disfruto de una noche diferente y atípica para lo que suelen ser los lunes. Llena de fiesta, thrash y cerveza. Más, no se puede pedir. Y es que como dijo el público: “Pan y vino, pan y vino, pan y vino. El que no escucha Tankard para qué carajo vino”.

Agradecemos a Icarus por la gestión, producción y acreditación. El brindis va para ellos y los alemanes.

 

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Tankard en Buenos Aires: “Fiesta, cerveza y Thrash”
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Como se dice hoy en día: noche loca de sábado. Solo que en vez de sábado, fue un lunes. Y en vez de decirlo en un sentido irónico, lo decimos literal. Porque fue una noche descontrol y fiesta de la mano de los alemanes más borrachos y alegres de la movida. Y sí, nos estamos refiriendo a Tankard, quienes nuevamente montaron un show alocado como solo ellos saben.

Todo tuvo lugar el pasado 27 de abril, en el Teatrito (Sarmiento 1752) en pleno corazón de la Ciudad de Buenos Aires. Se trataba de un día movido, con varios eventos a los cuales asistir como Black Label Society o Jinjer. Sin embargo, nuestro espíritu cervecero prevaleció por sobre todas las adversidades (y opciones) y de esta manera, se hizo inevitable no asistir a la velada que prometía cerveza, pogo y thrash. En especial, mucho thrash.

Tres eran las bandas que se presentaban antes que los germanos. Dos nacionales: Lazaro y IA-58 Pucará. Y una peruana: Metal Crucifier. Una entrada mucho más que apetecible y picante para arrancar la jornada.

Pero antes de meterme de lleno en cada actuación, debo remarcar el pequeño detalle del cual pecaron los tres grupos a lo largo de la previa y fue el excesivo volumen que manejaron. Los tres contaron con un nivel de audio más fuerte del debido y eso provocó que el público presente se tuviera que tirar un par de pasos atrás para poder procesar todo el torrente musical que transcurría bajo las cuatro paredes del recinto.

Exceptuando este punto, no hay nada más para recriminar. Cada uno cumplió con lo que se propuso y desató su propia barbarie. Lazaro, de la mano de Jorge Moreno, fue una picadora total. Pucará con su estilo más crossover, muy de la escuela de Nuclear Assault, subió las revoluciones, mientras que nuestros hermanos peruanos de Metal Crucifier le dieron más brillo y epicidad a la noche con su heavy/speed tradicional.

Tres bandas. Tres actos soportes que dejaron en claro que al que no le gustaba la potencia desmedida y la velocidad a tope, se había equivocado de recital.

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Sin ningún tipo de demora y tal como estaba pautado, Tankard salió a escena a las 21:30hs, bajo un marco de fanáticos que los recibió de forma efusiva y apasionada. Quizás, lo único organizado de toda su presentación. Ya que lo que vino a continuación, dejó patas arriba al Teatrito.

“One Foot In The Grave” fue la primera pieza en sonar y se encargó de romper el poco orden que había presente para dar paso al descontrol: grandes rondas de pogo, a gente saltando y volando hacia adelante, y a varios vasos de cerveza saliendo de la barra al mismo ritmo acelerado que iba la música. Todo en cuestión de segundos. La banda ni había entrado en calor y ya había marcado el tono que se manejaría a lo largo del show.

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Y es que de eso se trató la actuación de los alemanes en gran parte. De incentivar, de agitar, de contagiar. Si algo ha caracterizado a la banda desde sus inicios, es su estilo humorístico e irreverente. Tankard nunca se propuso ser un grupo serio y técnico sobre el escenario. Todo lo contrario. Ellos siempre fueron los graciosos de la clase. Y eso lo dejaron bien en claro.

“Gerre” con su orgullosa panza, no hizo más que compartir la misma energía alegre y festiva que estaba viviendo su público. En ningún momento se percibió un gesto de falsedad en su sonrisa o en sus interacciones. Para nada. Toda su gracia y simpatía se sintió honesta. Transparente. Porque al final del día, los músicos son unos más de nosotros. Compañeros que solo buscan en la música un espacio de desconexión y diversión.

Dicho esto, llegó la hora de enfrentarnos a la verdad: la banda no sonó bien ¿Que digo? Sonó fatal. Con Andy errando algunas notas, con Gerre desafinando y Frank cubriendo con su bajo la ausencia de una segunda guitarra. Un grupo de estudiantes de secundario pudo haber tocado con apenas un amplificador y haber dado una presentación más profesional. Pero seamos sinceros ¿A quién carajos le importa eso? Es parte de su encanto. Ser imperfectos, desprolijos, espontáneos. La banda no se subió al escenario para dar una interpretación calcada de lo que hacen en estudio, se subió a mostrarse tal cual son. Un grupo de amigos que hacen un thrash directo, potente e incluso, bailable. Y en ese sentido, Tankard cumplió más que de sobras.

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Al tratarse de un show sin presentación de nuevo disco, el set estuvo enfocado mayormente en los grandes éxitos que hicieron que los de Frankfurt, completaran la cuarta pata de “Big Teutonic Four” alemán. Es decir, que no faltaron “Chemical Invasion” “Alien”, o “Zombie Attack”.

Sin embargo, si el grupo tiene una ventaja por sobre el resto de sus compatriotas, es que nunca dejaron de componer himnos nuevos que se volvieran indispensables para sus presentaciones. Y “Rules For Fools”, “A Girl Called Cerveza” y la representative “Die With a Beer In Your Hand”, así lo atestiguan.

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