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35º Aniversario de Master Of Puppets de Metallica
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Año 1986. Para muchos académicos EL año del Thrash Metal. Las razones para tamaña afirmación están bien fundadas puesto que hace treinta y cinco años atrás algunas de las bandas líderes en este sub-género estaban editando algunas de sus obras más emblemáticas. Para el caso de Metallica, esto se vio materializado con el lanzamiento de “Master of Puppets”, su tercer LP, el cual los encumbraría definitivamente como los líderes del movimiento en aquellos años. Si bien por aquél entonces el liderazgo de Iron Maiden y Judas Priest en la escena del Rock Pesado era indiscutido, y si bien aún faltaban algunos años para que Metallica sacudiera al mundo entero con la llegada de su álbum negro, lo cierto es que desde su mismísima génesis en 1981 la banda de Lars Ulrich (batería) y James Hetfield (guitarra y voz) venía creciendo a pasos agigantados; y con “Master of Puppets” continuarían su irrefrenable marcha hacia el estrellato. Fue tan alta la escalada que Metallica dió con este disco que ni siquiera una tragedia en su propio seno fue capaz de detener su camino, pero de esto hablaremos más luego.  

Ya con su segundo álbum, “Ride The Lightning” (1984), Metallica dejó en claro que no eran solamente unos melenudos de garaje que habían tomado las enseñanzas de lo más crudo de Motörhead, las cuales plasmaron en su debut “Kill em’ All” (1983), sino que además eran capaces de componer canciones con complicados cambios de ritmos y estructuras a la vez que sonaban más pesados que la mierda. Con “Master of Puppets” llevarían todo eso a un nuevo nivel. A diferencia de algunos de sus pares del género como Exodus o Slayer (quienes también ese año editaron su inmortal “Reign in Blood”) quienes hacían foco principalmente en la furia que supieron mamar del Punk, Metallica se animaba a componer canciones de extensa duración, cargadas de arreglos que las tornaban memorables sin por ello perder un ápice de agresividad. En alguna oportunidad Lars Ulrich llegó a declarar que si sabían que las canciones las iban a tocar durante tantos años no las hubieran hecho tan complejas a la hora de componerlas. 

Lo sorprendente en esta época de Metallica – en donde sus integrantes vivían a pleno toda la bronca juvenil al igual que el consumo de excesos (especialmente con el alcohol) – era que, además del altísimo nivel compositivo que ostentaban con cada nuevo lanzamiento, no se podía pasar por alto la madurez musical que tenían tanto para los trabajados arreglos de sus canciones como para sus letras. Para este disco, el cuarteto (que completaban Kirk Hammett en guitarra y Cliff Burton en bajo) se focalizó en perfeccionar sus técnicas como músicos; Lars Ulrich tomó clases de batería y Kirk Hammet trabajó un tiempo con el célebre guitarrista Joe Satriani para mejorar sus habilidades.  Al igual que su antecesor, “Master of Puppets” fue grabado en los estudios Sweet Silence en Copenhague, Dinamarca, junto al productor Flemming Rasmussen. Con la mezcla del disco finalizada a comienzos de 1986 por Michael Wagner, “Master of Puppets” (El Amo de las Marionetas) impacta desde el arte de tapa. Un cementerio plagado de cruces sujetadas por dos manos que se asoman desde un cielo rojo tirando de los hilos, al día de hoy sigue siendo una imagen estremecedora. 

Pero la cosa no terminaba ahí. Era cuestión nomás de darle play al disco y dejarse llevar por este tornado sonoro. La intro acústica de “Battery” repetía un poco el patrón de “Fight Fire With Fire” del disco anterior pero con una majestuosidad mayor; 37 segundos de una bella melodía desenchufada hasta que la banda explota en todo su esplendor para desgranar toda su potencia comandada por el riff de Hetfield en el minuto 1:05. Una musicalización sublime para un tema que trata de la ira inducida por una locura incontenible. 

Pero si de riffs se trata Hetfield demostraría, como ya lo había demostrado y como lo seguiría demostrando, que tenía la mano derecha tan afilada como su antiguo coequiper Dave Mustaine. Porque el riff de la canción que le da título al álbum es uno de los más celebrados en toda la discografía de la banda. “Master of Puppets”, la canción, quizás sea el resumen perfecto de esa madurez musical de la cual hablamos antes. El arranque furioso; el estribillo memorable; la sección del medio que tiene uno de los solos más melódicos y maravillosos de Kirk Hammett – y que ofrece uno de los pocos momentos de reposo que tiene el disco – hacen de estos ocho minutos y medio una las piezas musicales más perfectas en toda la historia del Thrash. La portada podría llevar a pensar que las letras están relacionadas con las muertes en vano durante las guerras pero a decir verdad sus líricas hablan puntualmente de las drogas (Taste me, you will see // More is all you need // Dedicated to How I’m killing you // Pruebame y ya verás // Más vas a necesitar // Estás entregado a la forma en que voy a matarte). La letra que quizás esté más cercana a una interpretación de lo que ocurre en la portada posiblemente sea la de “Disposable Heroes” (Héroes Descartables), otra canción de ocho minutos pero a diferencia de “Master…” aquí tenemos ocho minutos de pura furia Thrash (Back to the front – You will do what I say, when I say – Back to the front – You will die when I say, you must die – Back to the front // Vuelve al frente – Tú harás lo que yo te diga, cuando yo lo diga – Vuelve al frente – Tú morirás cuando yo diga que tienes que morir – Vuelve al frente).

“The Thing That Should Not Be” relega velocidad en pos de darle más aire a un Groove que de alguna manera serviría para profetizar hacia dónde iría el sonido de Metallica. Algo similar ocurre con “Leper Messiah” (una mordaz crítica a las instituciones religiosas) pero con unos cambios de tiempo hechos con una precisión digna de admirar. También “Welcome Home (Sanitarium)” ofrece algunos breves momentos de reposo en su arranque para acelerar luego en la segunda mitad del tema y dejar entrever alguna influencia de Iron Maiden en los armoniosos solos de guitarra del final. 

El final con “Damage Inc.” ofrece alguno de los momentos más violentos en la carrera de Metallica con un cierre de disco a puro trapo y dejando en claro que si bien el grupo era permeable a la progresión de su sonido, en aquellos años eran una de las bandas más pesadas del planeta. Pero antes de este final a pura furia nos encontramos con el instrumental “Orion”; por los acontecimientos que ocurrieron posterior a la salida del disco quizás sea apropiado dejar este tema para el final porque se trata de una composición que nos trae al bajista Cliff Burton en todo su esplendor; un abanico sonoro que mostraba todo lo que ofrecía el menú de Metallica en su carta, con el bajo distorsionado de Burton comandando al resto de la banda y dejando relucir todo su enorme talento que ya se percibía desde discos anteriores. 

“Master of Puppets” salió al mercado y fue el primer disco de la banda en recibir la certificación de Disco de Oro en EEUU tras vender más de 500.000 copias en su primer año. La gira por Norteamérica teloneando a Ozzy Osbourne marcó otro hito en la historia de la banda porque a partir de aquí Metallica ya se presentaría ante audiencias masivas en casi cualquier rincón del mundo. Pero no todo iba a ser color rosa para Los Cuatro Jinetes y como se dijo al comienzo de este texto, Metallica estaba a punto de recibir uno de sus golpes más duros: durante la gira que llevó al cuarteto a presentarse en Europa, el bus que trasladaba a la banda por Suecia volcó provocando un terrible accidente que se cobraría la vida de Cliff Burton. Tenía tan solo 24 años de edad. Este trágico acontecimiento provocaría uno de los más grandes contrafácticos en la historia del Metal: ¿Qué hubiera sido de la carrera de Metallica si Burton no hubiera fallecido? Es mucho más enigmática esta pregunta que la de si Dave Mustaine hubiera permanecido en la banda, porque ahí ya sabemos que el colorado cabrón fue capaz de reescribir su propia historia con Megadeth. Si bien Metallica osciló siempre entre las decisiones de Ulrich y Hetfield, Burton fue una pieza clave en los primeros años de la banda, demostrando un talento sin igual para el género que encontró su máximo esplendor en “Master of Puppets” y, más precisamente, en la mencionada “Orion”. 

Pero como se dijo también antes: ni siquiera este fatal hecho sería capaz de torcer el destino de la banda. La bola de nieve ya había crecido demasiado y estaba arrasando con todo a su paso, y todavía le quedaría mucho volumen aún por adquirir. Con Jason Newsted (ex Flotsam and Jetsam)  en reemplazo del fallecido bajista, la banda iniciaría otro capítulo de su apasionante historia. Mientras tanto el legado de “Master Of Puppets” sigue tan intacto como en el momento en que llegó al mundo. “Battery”, “Welcome Home” y la canción-título son prácticamente inamovibles en los setlists de la banda, aunque todas sus canciones fueron ejecutadas en vivo alguna vez. En 2006 la banda tocó el disco completo conmemorando sus 20 años de vida. La reedición en formato box set de lujo de 2017 es una de esas joyas por las que vale la pena agotar el límite de la tarjeta de crédito puesto que estamos hablando de uno de los discos más geniales de todos los tiempos. Y así es como 35 años después, al igual que al final de su canción, el amo de las marionetas sigue riendo consciente de su dominio y de su legado en la escena de la música más caliente.

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Año 1986. Para muchos académicos EL año del Thrash Metal. Las razones para tamaña afirmación están bien fundadas puesto que hace treinta y cinco años atrás algunas de las bandas líderes en este sub-género estaban editando algunas de sus obras más emblemáticas. Para el caso de Metallica, esto se vio materializado con el lanzamiento de “Master of Puppets”, su tercer LP, el cual los encumbraría definitivamente como los líderes del movimiento en aquellos años. Si bien por aquél entonces el liderazgo de Iron Maiden y Judas Priest en la escena del Rock Pesado era indiscutido, y si bien aún faltaban algunos años para que Metallica sacudiera al mundo entero con la llegada de su álbum negro, lo cierto es que desde su mismísima génesis en 1981 la banda de Lars Ulrich (batería) y James Hetfield (guitarra y voz) venía creciendo a pasos agigantados; y con “Master of Puppets” continuarían su irrefrenable marcha hacia el estrellato. Fue tan alta la escalada que Metallica dió con este disco que ni siquiera una tragedia en su propio seno fue capaz de detener su camino, pero de esto hablaremos más luego.  

Ya con su segundo álbum, “Ride The Lightning” (1984), Metallica dejó en claro que no eran solamente unos melenudos de garaje que habían tomado las enseñanzas de lo más crudo de Motörhead, las cuales plasmaron en su debut “Kill em’ All” (1983), sino que además eran capaces de componer canciones con complicados cambios de ritmos y estructuras a la vez que sonaban más pesados que la mierda. Con “Master of Puppets” llevarían todo eso a un nuevo nivel. A diferencia de algunos de sus pares del género como Exodus o Slayer (quienes también ese año editaron su inmortal “Reign in Blood”) quienes hacían foco principalmente en la furia que supieron mamar del Punk, Metallica se animaba a componer canciones de extensa duración, cargadas de arreglos que las tornaban memorables sin por ello perder un ápice de agresividad. En alguna oportunidad Lars Ulrich llegó a declarar que si sabían que las canciones las iban a tocar durante tantos años no las hubieran hecho tan complejas a la hora de componerlas. 

Lo sorprendente en esta época de Metallica – en donde sus integrantes vivían a pleno toda la bronca juvenil al igual que el consumo de excesos (especialmente con el alcohol) – era que, además del altísimo nivel compositivo que ostentaban con cada nuevo lanzamiento, no se podía pasar por alto la madurez musical que tenían tanto para los trabajados arreglos de sus canciones como para sus letras. Para este disco, el cuarteto (que completaban Kirk Hammett en guitarra y Cliff Burton en bajo) se focalizó en perfeccionar sus técnicas como músicos; Lars Ulrich tomó clases de batería y Kirk Hammet trabajó un tiempo con el célebre guitarrista Joe Satriani para mejorar sus habilidades.  Al igual que su antecesor, “Master of Puppets” fue grabado en los estudios Sweet Silence en Copenhague, Dinamarca, junto al productor Flemming Rasmussen. Con la mezcla del disco finalizada a comienzos de 1986 por Michael Wagner, “Master of Puppets” (El Amo de las Marionetas) impacta desde el arte de tapa. Un cementerio plagado de cruces sujetadas por dos manos que se asoman desde un cielo rojo tirando de los hilos, al día de hoy sigue siendo una imagen estremecedora. 

Pero la cosa no terminaba ahí. Era cuestión nomás de darle play al disco y dejarse llevar por este tornado sonoro. La intro acústica de “Battery” repetía un poco el patrón de “Fight Fire With Fire” del disco anterior pero con una majestuosidad mayor; 37 segundos de una bella melodía desenchufada hasta que la banda explota en todo su esplendor para desgranar toda su potencia comandada por el riff de Hetfield en el minuto 1:05. Una musicalización sublime para un tema que trata de la ira inducida por una locura incontenible. 

Pero si de riffs se trata Hetfield demostraría, como ya lo había demostrado y como lo seguiría demostrando, que tenía la mano derecha tan afilada como su antiguo coequiper Dave Mustaine. Porque el riff de la canción que le da título al álbum es uno de los más celebrados en toda la discografía de la banda. “Master of Puppets”, la canción, quizás sea el resumen perfecto de esa madurez musical de la cual hablamos antes. El arranque furioso; el estribillo memorable; la sección del medio que tiene uno de los solos más melódicos y maravillosos de Kirk Hammett – y que ofrece uno de los pocos momentos de reposo que tiene el disco – hacen de estos ocho minutos y medio una las piezas musicales más perfectas en toda la historia del Thrash. La portada podría llevar a pensar que las letras están relacionadas con las muertes en vano durante las guerras pero a decir verdad sus líricas hablan puntualmente de las drogas (Taste me, you will see // More is all you need // Dedicated to How I’m killing you // Pruebame y ya verás // Más vas a necesitar // Estás entregado a la forma en que voy a matarte). La letra que quizás esté más cercana a una interpretación de lo que ocurre en la portada posiblemente sea la de “Disposable Heroes” (Héroes Descartables), otra canción de ocho minutos pero a diferencia de “Master…” aquí tenemos ocho minutos de pura furia Thrash (Back to the front – You will do what I say, when I say – Back to the front – You will die when I say, you must die – Back to the front // Vuelve al frente – Tú harás lo que yo te diga, cuando yo lo diga – Vuelve al frente – Tú morirás cuando yo diga que tienes que morir – Vuelve al frente).

“The Thing That Should Not Be” relega velocidad en pos de darle más aire a un Groove que de alguna manera serviría para profetizar hacia dónde iría el sonido de Metallica. Algo similar ocurre con “Leper Messiah” (una mordaz crítica a las instituciones religiosas) pero con unos cambios de tiempo hechos con una precisión digna de admirar. También “Welcome Home (Sanitarium)” ofrece algunos breves momentos de reposo en su arranque para acelerar luego en la segunda mitad del tema y dejar entrever alguna influencia de Iron Maiden en los armoniosos solos de guitarra del final. 

El final con “Damage Inc.” ofrece alguno de los momentos más violentos en la carrera de Metallica con un cierre de disco a puro trapo y dejando en claro que si bien el grupo era permeable a la progresión de su sonido, en aquellos años eran una de las bandas más pesadas del planeta. Pero antes de este final a pura furia nos encontramos con el instrumental “Orion”; por los acontecimientos que ocurrieron posterior a la salida del disco quizás sea apropiado dejar este tema para el final porque se trata de una composición que nos trae al bajista Cliff Burton en todo su esplendor; un abanico sonoro que mostraba todo lo que ofrecía el menú de Metallica en su carta, con el bajo distorsionado de Burton comandando al resto de la banda y dejando relucir todo su enorme talento que ya se percibía desde discos anteriores. 

“Master of Puppets” salió al mercado y fue el primer disco de la banda en recibir la certificación de Disco de Oro en EEUU tras vender más de 500.000 copias en su primer año. La gira por Norteamérica teloneando a Ozzy Osbourne marcó otro hito en la historia de la banda porque a partir de aquí Metallica ya se presentaría ante audiencias masivas en casi cualquier rincón del mundo. Pero no todo iba a ser color rosa para Los Cuatro Jinetes y como se dijo al comienzo de este texto, Metallica estaba a punto de recibir uno de sus golpes más duros: durante la gira que llevó al cuarteto a presentarse en Europa, el bus que trasladaba a la banda por Suecia volcó provocando un terrible accidente que se cobraría la vida de Cliff Burton. Tenía tan solo 24 años de edad. Este trágico acontecimiento provocaría uno de los más grandes contrafácticos en la historia del Metal: ¿Qué hubiera sido de la carrera de Metallica si Burton no hubiera fallecido? Es mucho más enigmática esta pregunta que la de si Dave Mustaine hubiera permanecido en la banda, porque ahí ya sabemos que el colorado cabrón fue capaz de reescribir su propia historia con Megadeth. Si bien Metallica osciló siempre entre las decisiones de Ulrich y Hetfield, Burton fue una pieza clave en los primeros años de la banda, demostrando un talento sin igual para el género que encontró su máximo esplendor en “Master of Puppets” y, más precisamente, en la mencionada “Orion”. 

Pero como se dijo también antes: ni siquiera este fatal hecho sería capaz de torcer el destino de la banda. La bola de nieve ya había crecido demasiado y estaba arrasando con todo a su paso, y todavía le quedaría mucho volumen aún por adquirir. Con Jason Newsted (ex Flotsam and Jetsam)  en reemplazo del fallecido bajista, la banda iniciaría otro capítulo de su apasionante historia. Mientras tanto el legado de “Master Of Puppets” sigue tan intacto como en el momento en que llegó al mundo. “Battery”, “Welcome Home” y la canción-título son prácticamente inamovibles en los setlists de la banda, aunque todas sus canciones fueron ejecutadas en vivo alguna vez. En 2006 la banda tocó el disco completo conmemorando sus 20 años de vida. La reedición en formato box set de lujo de 2017 es una de esas joyas por las que vale la pena agotar el límite de la tarjeta de crédito puesto que estamos hablando de uno de los discos más geniales de todos los tiempos. Y así es como 35 años después, al igual que al final de su canción, el amo de las marionetas sigue riendo consciente de su dominio y de su legado en la escena de la música más caliente.

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