Redes Sociales:

Redes Sociales:

NOTICIAS / AGENDA / CRONICAS / ENTREVISTAS / RESEÑAS / ESPECIALES / CONTACTO
Primal Fear y una cita imperdible con el acero

Primal Fear y una cita imperdible con el acero

El Power Metal más duro y potente de Alemania dice presente. Primal Fear vuelve a Argentina en el marco de su gira “Domination Tour 2026” para presentar su más reciente […]

The Prodigy desatan el caos electrónico en Glasgow

The Prodigy desatan el caos electrónico en Glasgow

Las leyendas del punk electrónico The Prodigy regresan a Glasgow para su primer concierto como cabezas de cartel en más de tres años, actuando en el OVO Hydro el 15 […]

FM está a punto de regresar a España

FM está a punto de regresar a España

  Los hard rockeros británicos FM están a punto de desembarcar nuevamente en nuestro país para celebrar los 40 años de su fantástico debut Indiscret y lo harán acompañados por […]

Saratoga inaugura su nuevo disco en Murcia

Saratoga inaugura su nuevo disco en Murcia

  Los chicos de Saratoga están muy cerca de lanzar su nuevo y esperadísimo trabajo En Estado Puro, el cual podremos conseguir en las tiendas a partir del próximo 24 […]

Converge arrasa con “Hum of Hurt”

Converge arrasa con “Hum of Hurt”

  Los norteamericanos Converge volvieron este 2026 con su apabullante nuevo disco Love is Not Enough y ahora han tirado la casa por la ventana anunciado Hum of Hurt, un […]

El MetalMad Fest desvela su cartel completo en su primera edición

El MetalMad Fest desvela su cartel completo en su primera edición

  La comunidad de Madrid será testigo de la primera edición del MetalMad Fest, un festival que reunirá a la plana mayor del metal nacional, en sus diferentes variantes y […]

Candelabrum Metal Fest se acerca a su cierre de cartel

Candelabrum Metal Fest se acerca a su cierre de cartel

El Candelabrum Metal Fest, festival número uno de metal extremo en el país se acerca a su esperado cierre de cartel con las últimas adiciones que ha anunciado, que incluye […]

Strings 2 Souls llega a México este mes de abril

Strings 2 Souls llega a México este mes de abril

Dos voces clave del metal europeo contemporáneo se cruzan en un formato íntimo y poderoso. Oliver Hartmann (Avantasia, Hartmann) y Chris Bay (Freedom Call) llegan a México con STRINGS 2 […]

Blackberry Smoke y un debut que se hizo esperar

Blackberry Smoke y un debut que se hizo esperar

Gran noticia para los amantes del rock sureño en Argentina. Y es que dentro de poco van a poder vivir el debut de uno de los mayores exponentes del género […]

Udo Dirkschneider: la voz de un clásico que no envejece

Udo Dirkschneider: la voz de un clásico que no envejece

El viernes 1° de mayo, de la mano de los amigos de ICARUS MUSIC, podremos disfrutar de una de las voces emblemáticas y más reconocibles del heavy metal: UDO DIRKSCHNEIDER […]


45º Aniversario de “Sad Wings Of Destiny” de Judas Priest
thumb image


“Sad Wings of Destiny”
es de esos clásicos que merecen un análisis bastante particular si lo comparamos con otros discos emblemáticos del género o bien con otros clásicos del inmenso catálogo de Judas Priest. Al día de hoy a nadie se le ocurre siquiera cuestionar que “Sad Wings…” es uno de los trabajos más sólidos de la primera etapa del Sacerdote. Pero allí donde un clásico casi siempre marca un quiebre en la historia de una banda y trae como consecuencia (de nuevo, casi siempre) una inmensa repercusión en lo comercial, no es este el caso del segundo LP de Judas. Más bien todo lo contrario. Como casi todo lo producido por la banda durante los años 70 ‘s, el reconocimiento para “Sad Wings of Destiny” llegó tardíamente. Faltaban todavía algunos años para las camperas de cuero, las tachas, las cadenas, la moto y toda esa estética identitaria que Judas (y más específicamente su cantante, Rob Halford) le impregnaron al género. Quizás sea por eso que los Priest son más identificados con la década de los 80’s, luego de la explosión de la New Wave of British Heavy Metal, en donde se subieron a la cresta de la ola de un movimiento que marcaría a generaciones enteras y que definiría el sonido de prácticamente toda ésa década. Pero para que todo eso sucediera primero tuvieron que sembrarse varias semillas que germinaron en lo que decantaría luego y no hay duda alguna de que “Sad Wings of Destiny” fue una de ellas. 

Lo dicho, Judas por aquellos tempranos años de carrera estaban en la búsqueda de su identidad, tanto estética como musicalmente, y ése carácter camaleónico sería prácticamente una constante en la carrera de los Priest aún cuando se los identifique con el Heavy Metal más ortodoxo. Esa inquietud artística de evolucionar disco a disco sin dudas es uno de los atributos que el grupo capitalizó como un motor propio a la hora de empujar su carrera hacia adelante aún cuando al principio el éxito masivo les resultaba esquivo. Nunca hay que perder de vista la ubicación espacio-tiempo del período que estamos analizando y cuando ponemos el foco en el Reino Unido durante la segunda mitad de los años 70’s hay que recordar que en el aquél entonces el Punk dominaba completamente la escena en Inglaterra, lo cual tornaba las cosas más complicadas para una banda como Judas Priest. El largo camino hacia la cima, tal cual lo profesaba AC/DC por aquellos años, iba a ser muy empinado para Halford y los suyos. Su disco debut “Rocka Rolla”, de 1974, fue quizás un comienzo con el pié izquierdo: una banda joven e inexperta, con poco presupuesto y con una producción bastante floja hicieron que este LP debut no pudiera demostrar todo el potencial que tenía esta banda. Todo lo contrario ocurriría con “Sad Wings of Destiny” donde la banda conformada por Rob Halford, Glenn Tipton y KK Downing en guitarras, Ian Hill en bajo y el recientemente (re)ingresado Alan Moore en batería, ya se mostraba muchísimo más afianzada. 

Con una producción mucho más acorde a las pretensiones del quinteto, “Sad Wings of Destiny” dejaría un puñado de temas para el recuerdo, los cuales se encuentran entre los favoritos de los fans. Ya desde el arranque con la épica “Victim of Changes”, sin dudas la canción más representativa de esta placa y un clásico casi infaltable en sus shows incluso al día de hoy, nos muestran a una banda que estaba totalmente adelantada a su tiempo. Esta pieza que fue compuesta con extractos de varias ideas previas, algunas de ellas incluso de la primerísima época cuando Al Atkins era el vocalista, mostraba todo el potencial de Judas Priest en un viaje sonoro de más de siete minutos donde hallamos unos riffs de guitarra bombasticos; una marcha irrefrenable; cambios de tempo desconcertantes; solos que fluctúan desde los más armoniosos hasta los más distorsionados; y un Rob Halford que nos llevaría a cuestionarnos si fue nacido en este planeta al elevar sus agudos a límites insospechados, especialmente al final del tema (de hecho, nos lleva a replantearnos lo mismo incluso hoy en día cuando con sus casi setenta años de edad hace lo mismo sobre los escenarios). Esta canción sola bien podría valer por todo el disco pero había mucho más por descubrir en esta maravillosa obra. 

El talento sobrenatural de Halford quedaría demostrado a lo largo y a lo ancho de toda la placa, probando que también los tonos más bajos de su voz funcionaban a las mil maravillas en la oscura “Dreamer Deceiver” para luego pasar nuevamente con una asombrosa facilidad a esos agudos que son capaces de despertar hasta a un muerto en el tramo final de la canción. Dicho sea de paso, este tema – de los más sombríos en todo el repertorio de los Priest – sería como la previa de una segunda parte llamada simplemente “Deceiver”, pero con un perfil mucho más rockero,un riff muy entrador, una marcha más acelerada y un Halford dejándola chiquita de nuevo en cada estrofa que finaliza con forever. Pero si bien el Metal God (apodo que Halford se ganaría unos años más tarde) se llevaría la atención de todos con su impecable performance, no hay que perder de vista la participación de otro miembro clave en la concepción de este disco y ése sin dudas es el guitarrista Glenn Tipton. A diferencia de su coequiper instrumental, KK Downing, Glenn no formó parte del génesis de la banda y quizás por ello su participación en “Rocka Rolla” pasó más desapercibida. Ahora Tipton iba a tomar las riendas del asunto y, como el mismo Halford lo reconocería en su reciente autobiografía titulada “Confess”*, Glenn estaba aportando ideas muy interesantes. De hecho, en el libro, Halford comenta como “Victim of Changes” fue el resultado de mezclar diferentes fragmentos de canciones (“Whiskey Woman”, de la época de Atkins, y una composición de Rob llamada “Red Light Lady”), algo que el vocalista en un principio consideraba inadmisible, pero que luego terminó dándose cuenta que lo que proponía Tipton estaba más que acertado. No cabe duda alguna de que el salto de calidad que Judas Priest evidenció en este disco mucho le debe al talento de Glenn Tipton como compositor quien gracias a su desenvolvimiento pudo aprovechar mejor la sociedad con su colega Downing, conformando la que quizás sea la dupla de guitarras más emblemáticas en la historia del Heavy Metal, a la vez que pavimentaba el terreno para que Halford haga y deshaga a su antojo con su prodigiosa voz. Y es por eso que en “Sad Wings of Destiny” encontramos algunos momentos de los cuales todas las generaciones venideras tomaron nota para definir el sonido del Metal en sus múltiples facetas. 

“The Ripper”, otro de los grandes clásicos de este disco frecuentados por la banda en vivo, dedicada al famoso asesino inglés de fines del Siglo XIX (Jack, El Destripador) era una auténtica profecía del sonido que engendraría años más tarde la NWOBHM, especialmente por el sonido de las guitarras con sus riffs filosos y los punteos dobles (donde las guitarras hacen el mismo solo tocando diferentes notas) de los cuales tomaron nota todos los jóvenes grupos que se estaban formando en aquél entonces. Algo similar ocurría con la poderosa “Tyrant”; precedida por el breve instrumental “Prelude” – una pieza de corte clásico, con un piano predominante – la historia de este tirano irrumpía con un potente riff y continuaba con una marcha acelerada, brevemente interrumpida en el medio para darle espacio a uno de los más maravillosos solos compartidos por Tipton y Downing. Pero si de pesadez se trata, ahí estaba la potente “Genocide”; menos acelerada pero con una fuerza de guitarras estremecedora; es interesante como este tema pasa de una marcha que recuerda a “Woman From Tokyo” de Deep Purple a un ataque feroz de las violas en el final, tal así que algunos escritores llegaron a considerar a esta pieza como una de esas canciones progenitoras del Thrash Metal.

Llegando al final de esta joya nos encontramos con la relajada “Epitaph”, la cual con su delicada melodía de piano y sus arreglos vocales dejan entrever la clara influencia del Queen de “Love of My Life”. Esta suerte de balada le da paso a una de las canciones más injustamente olvidadas en la discografía de los Priest: “Island of Domination”, la encargada de cerrar definitivamente la placa. Esta gran canción vuelve a demostrar la versatilidad de Judas Priest para trabajar sobre ideas ya creadas y llevarlas a nuevo nivel; una suerte de Rythm & Blues acelerado nos mete de lleno al comienzo de la canción, para frenar luego en el medio y que los riffs marchosos de las guitarras conformen una meseta sonora para que Halford se pare y deje en claro una vez más porqué es el protagonista del álbum.

El disco fue grabado a finales de 1975 en los estudios Rockfield en Gales. Según Rob Halford en su autobiografía*, el estudio también funcionó como alojamiento para la banda, pues su situación financiera era tan precaria que no podían costearse otro lugar para ir parar. Gull, el sello de la banda por aquellos años, les habían dado un presupuesto con el cual cada músico podía pagarse una comida por día. Los productores fueron Jeffery Calvert y Max West, pero la banda también se anotaron como co-productores y así sería a partir de ahora. Un día, durante la grabación del disco, la banda recibió un paquete en el estudio con un single que había sido un gran hit en Estados Unidos durante aquél año por parte de la cantante americana Joan Baez: “Diamonds And Rust”. El sello Gull quería que la banda grabe un cover de esta canción y que la incluya en el álbum. La banda lo hizo pero sintieron que no era el momento de usarlo para este LP. Esto es necesario de mencionar porque “Diamonds And Rust” sin dudas es otro clásico que los Judas hicieron propio pero eso sería recién en el siguiente álbum, “Sin After Sin” de 1977. 

El 23 de Marzo de 1976, “Sad Wings of Destiny” salió a las calles. La imponente portada con el Ángel Caído (inspirada principalmente en la canción “Dreamer Deceiver”) a cargo del artista Patrick Woodroffe es una de las más logradas en la historia de la banda. El collar que porta el ángel atormentado por las llamas con el tiempo se convertiría en el símbolo del grupo. El álbum llegó a los charts, al puesto 48. Para la banda significó un logro importante pero aún estaban lejos de sus ambiciones y de tener la repercusión acorde a sus expectativas. Si querían llegar más lejos, era necesario hacer algunos cambios. 

Para crecer en popularidad, había que empezar a trabajar con algún sello discográfico más grande (el cual terminaría siendo CBS Records/Columbia en lo sucesivo). Lamentablemente el grupo no acabó en buenos términos su relación con Gull Records y con sus managers de aquél entonces, y los Priest perdieron para siempre los derechos de sus primeros dos discos. Tal vez por eso al día de hoy “Sad Wings of Destiny” no es posible hallarlo en plataformas digitales como Spotify y dentro de las reediciones del catálogo es uno de los ítems más difíciles de encontrar. Una lástima, porque el mundo no debería verse privado (o al menos, limitado) de una de las placas más grandiosas de esta banda. 

Pero más allá de estas dificultades, el camino al estrellato ya estaba trazado. “Sad Wings of Destiny” fue un paso fundamental en este recorrido y a partir de aquí la pendiente la curva que marcaría el éxito de la banda solamente conocería el ascenso.  El destino les tenía aguardando un aleteo para nada triste. 

*información extraída de “Confess”, la autobiografía de Rob Halford, más específicamente del capítulo número 5: Not even a bloody fiver!


45º Aniversario de “Sad Wings Of Destiny” de Judas Priest
thumb image


“Sad Wings of Destiny”
es de esos clásicos que merecen un análisis bastante particular si lo comparamos con otros discos emblemáticos del género o bien con otros clásicos del inmenso catálogo de Judas Priest. Al día de hoy a nadie se le ocurre siquiera cuestionar que “Sad Wings…” es uno de los trabajos más sólidos de la primera etapa del Sacerdote. Pero allí donde un clásico casi siempre marca un quiebre en la historia de una banda y trae como consecuencia (de nuevo, casi siempre) una inmensa repercusión en lo comercial, no es este el caso del segundo LP de Judas. Más bien todo lo contrario. Como casi todo lo producido por la banda durante los años 70 ‘s, el reconocimiento para “Sad Wings of Destiny” llegó tardíamente. Faltaban todavía algunos años para las camperas de cuero, las tachas, las cadenas, la moto y toda esa estética identitaria que Judas (y más específicamente su cantante, Rob Halford) le impregnaron al género. Quizás sea por eso que los Priest son más identificados con la década de los 80’s, luego de la explosión de la New Wave of British Heavy Metal, en donde se subieron a la cresta de la ola de un movimiento que marcaría a generaciones enteras y que definiría el sonido de prácticamente toda ésa década. Pero para que todo eso sucediera primero tuvieron que sembrarse varias semillas que germinaron en lo que decantaría luego y no hay duda alguna de que “Sad Wings of Destiny” fue una de ellas. 

Lo dicho, Judas por aquellos tempranos años de carrera estaban en la búsqueda de su identidad, tanto estética como musicalmente, y ése carácter camaleónico sería prácticamente una constante en la carrera de los Priest aún cuando se los identifique con el Heavy Metal más ortodoxo. Esa inquietud artística de evolucionar disco a disco sin dudas es uno de los atributos que el grupo capitalizó como un motor propio a la hora de empujar su carrera hacia adelante aún cuando al principio el éxito masivo les resultaba esquivo. Nunca hay que perder de vista la ubicación espacio-tiempo del período que estamos analizando y cuando ponemos el foco en el Reino Unido durante la segunda mitad de los años 70’s hay que recordar que en el aquél entonces el Punk dominaba completamente la escena en Inglaterra, lo cual tornaba las cosas más complicadas para una banda como Judas Priest. El largo camino hacia la cima, tal cual lo profesaba AC/DC por aquellos años, iba a ser muy empinado para Halford y los suyos. Su disco debut “Rocka Rolla”, de 1974, fue quizás un comienzo con el pié izquierdo: una banda joven e inexperta, con poco presupuesto y con una producción bastante floja hicieron que este LP debut no pudiera demostrar todo el potencial que tenía esta banda. Todo lo contrario ocurriría con “Sad Wings of Destiny” donde la banda conformada por Rob Halford, Glenn Tipton y KK Downing en guitarras, Ian Hill en bajo y el recientemente (re)ingresado Alan Moore en batería, ya se mostraba muchísimo más afianzada. 

Con una producción mucho más acorde a las pretensiones del quinteto, “Sad Wings of Destiny” dejaría un puñado de temas para el recuerdo, los cuales se encuentran entre los favoritos de los fans. Ya desde el arranque con la épica “Victim of Changes”, sin dudas la canción más representativa de esta placa y un clásico casi infaltable en sus shows incluso al día de hoy, nos muestran a una banda que estaba totalmente adelantada a su tiempo. Esta pieza que fue compuesta con extractos de varias ideas previas, algunas de ellas incluso de la primerísima época cuando Al Atkins era el vocalista, mostraba todo el potencial de Judas Priest en un viaje sonoro de más de siete minutos donde hallamos unos riffs de guitarra bombasticos; una marcha irrefrenable; cambios de tempo desconcertantes; solos que fluctúan desde los más armoniosos hasta los más distorsionados; y un Rob Halford que nos llevaría a cuestionarnos si fue nacido en este planeta al elevar sus agudos a límites insospechados, especialmente al final del tema (de hecho, nos lleva a replantearnos lo mismo incluso hoy en día cuando con sus casi setenta años de edad hace lo mismo sobre los escenarios). Esta canción sola bien podría valer por todo el disco pero había mucho más por descubrir en esta maravillosa obra. 

El talento sobrenatural de Halford quedaría demostrado a lo largo y a lo ancho de toda la placa, probando que también los tonos más bajos de su voz funcionaban a las mil maravillas en la oscura “Dreamer Deceiver” para luego pasar nuevamente con una asombrosa facilidad a esos agudos que son capaces de despertar hasta a un muerto en el tramo final de la canción. Dicho sea de paso, este tema – de los más sombríos en todo el repertorio de los Priest – sería como la previa de una segunda parte llamada simplemente “Deceiver”, pero con un perfil mucho más rockero,un riff muy entrador, una marcha más acelerada y un Halford dejándola chiquita de nuevo en cada estrofa que finaliza con forever. Pero si bien el Metal God (apodo que Halford se ganaría unos años más tarde) se llevaría la atención de todos con su impecable performance, no hay que perder de vista la participación de otro miembro clave en la concepción de este disco y ése sin dudas es el guitarrista Glenn Tipton. A diferencia de su coequiper instrumental, KK Downing, Glenn no formó parte del génesis de la banda y quizás por ello su participación en “Rocka Rolla” pasó más desapercibida. Ahora Tipton iba a tomar las riendas del asunto y, como el mismo Halford lo reconocería en su reciente autobiografía titulada “Confess”*, Glenn estaba aportando ideas muy interesantes. De hecho, en el libro, Halford comenta como “Victim of Changes” fue el resultado de mezclar diferentes fragmentos de canciones (“Whiskey Woman”, de la época de Atkins, y una composición de Rob llamada “Red Light Lady”), algo que el vocalista en un principio consideraba inadmisible, pero que luego terminó dándose cuenta que lo que proponía Tipton estaba más que acertado. No cabe duda alguna de que el salto de calidad que Judas Priest evidenció en este disco mucho le debe al talento de Glenn Tipton como compositor quien gracias a su desenvolvimiento pudo aprovechar mejor la sociedad con su colega Downing, conformando la que quizás sea la dupla de guitarras más emblemáticas en la historia del Heavy Metal, a la vez que pavimentaba el terreno para que Halford haga y deshaga a su antojo con su prodigiosa voz. Y es por eso que en “Sad Wings of Destiny” encontramos algunos momentos de los cuales todas las generaciones venideras tomaron nota para definir el sonido del Metal en sus múltiples facetas. 

“The Ripper”, otro de los grandes clásicos de este disco frecuentados por la banda en vivo, dedicada al famoso asesino inglés de fines del Siglo XIX (Jack, El Destripador) era una auténtica profecía del sonido que engendraría años más tarde la NWOBHM, especialmente por el sonido de las guitarras con sus riffs filosos y los punteos dobles (donde las guitarras hacen el mismo solo tocando diferentes notas) de los cuales tomaron nota todos los jóvenes grupos que se estaban formando en aquél entonces. Algo similar ocurría con la poderosa “Tyrant”; precedida por el breve instrumental “Prelude” – una pieza de corte clásico, con un piano predominante – la historia de este tirano irrumpía con un potente riff y continuaba con una marcha acelerada, brevemente interrumpida en el medio para darle espacio a uno de los más maravillosos solos compartidos por Tipton y Downing. Pero si de pesadez se trata, ahí estaba la potente “Genocide”; menos acelerada pero con una fuerza de guitarras estremecedora; es interesante como este tema pasa de una marcha que recuerda a “Woman From Tokyo” de Deep Purple a un ataque feroz de las violas en el final, tal así que algunos escritores llegaron a considerar a esta pieza como una de esas canciones progenitoras del Thrash Metal.

Llegando al final de esta joya nos encontramos con la relajada “Epitaph”, la cual con su delicada melodía de piano y sus arreglos vocales dejan entrever la clara influencia del Queen de “Love of My Life”. Esta suerte de balada le da paso a una de las canciones más injustamente olvidadas en la discografía de los Priest: “Island of Domination”, la encargada de cerrar definitivamente la placa. Esta gran canción vuelve a demostrar la versatilidad de Judas Priest para trabajar sobre ideas ya creadas y llevarlas a nuevo nivel; una suerte de Rythm & Blues acelerado nos mete de lleno al comienzo de la canción, para frenar luego en el medio y que los riffs marchosos de las guitarras conformen una meseta sonora para que Halford se pare y deje en claro una vez más porqué es el protagonista del álbum.

El disco fue grabado a finales de 1975 en los estudios Rockfield en Gales. Según Rob Halford en su autobiografía*, el estudio también funcionó como alojamiento para la banda, pues su situación financiera era tan precaria que no podían costearse otro lugar para ir parar. Gull, el sello de la banda por aquellos años, les habían dado un presupuesto con el cual cada músico podía pagarse una comida por día. Los productores fueron Jeffery Calvert y Max West, pero la banda también se anotaron como co-productores y así sería a partir de ahora. Un día, durante la grabación del disco, la banda recibió un paquete en el estudio con un single que había sido un gran hit en Estados Unidos durante aquél año por parte de la cantante americana Joan Baez: “Diamonds And Rust”. El sello Gull quería que la banda grabe un cover de esta canción y que la incluya en el álbum. La banda lo hizo pero sintieron que no era el momento de usarlo para este LP. Esto es necesario de mencionar porque “Diamonds And Rust” sin dudas es otro clásico que los Judas hicieron propio pero eso sería recién en el siguiente álbum, “Sin After Sin” de 1977. 

El 23 de Marzo de 1976, “Sad Wings of Destiny” salió a las calles. La imponente portada con el Ángel Caído (inspirada principalmente en la canción “Dreamer Deceiver”) a cargo del artista Patrick Woodroffe es una de las más logradas en la historia de la banda. El collar que porta el ángel atormentado por las llamas con el tiempo se convertiría en el símbolo del grupo. El álbum llegó a los charts, al puesto 48. Para la banda significó un logro importante pero aún estaban lejos de sus ambiciones y de tener la repercusión acorde a sus expectativas. Si querían llegar más lejos, era necesario hacer algunos cambios. 

Para crecer en popularidad, había que empezar a trabajar con algún sello discográfico más grande (el cual terminaría siendo CBS Records/Columbia en lo sucesivo). Lamentablemente el grupo no acabó en buenos términos su relación con Gull Records y con sus managers de aquél entonces, y los Priest perdieron para siempre los derechos de sus primeros dos discos. Tal vez por eso al día de hoy “Sad Wings of Destiny” no es posible hallarlo en plataformas digitales como Spotify y dentro de las reediciones del catálogo es uno de los ítems más difíciles de encontrar. Una lástima, porque el mundo no debería verse privado (o al menos, limitado) de una de las placas más grandiosas de esta banda. 

Pero más allá de estas dificultades, el camino al estrellato ya estaba trazado. “Sad Wings of Destiny” fue un paso fundamental en este recorrido y a partir de aquí la pendiente la curva que marcaría el éxito de la banda solamente conocería el ascenso.  El destino les tenía aguardando un aleteo para nada triste. 

*información extraída de “Confess”, la autobiografía de Rob Halford, más específicamente del capítulo número 5: Not even a bloody fiver!




Guttural Disgorge en Copenhague: “Brutalidad Sin Pausas”
thumb image

Texto: Sergio Ismael Arancibia El 21 de marzo en VEGA no hubo espacio para tibiezas: Guttural Disgorge llegó a demoler Copenhague. Desde temprano se sentía en el ambiente que no […]

Subterranean en Barcelona: “Regeneración Ejemplar”
thumb image

Si el jueves pasado asistíamos al concierto de ex miembros de Suicidal Tendencies, o hace unos meses al de la escisión de los thrashers catalanes Legion, transformados ahora en Legion […]


thumb image
Neurosis
An Undying Love For a Burning World (2026)
thumb image
Mammon’s Throne
My Body To The Worms (2026)
thumb image
Chez Kane
Reckless (2026)
thumb image
Exodus
Goliath (2026)



Guttural Disgorge en Copenhague: “Brutalidad Sin Pausas”
thumb image

Texto: Sergio Ismael Arancibia El 21 de marzo en VEGA no hubo espacio para tibiezas: Guttural Disgorge llegó a demoler Copenhague. Desde temprano se sentía en el ambiente que no […]

Subterranean en Barcelona: “Regeneración Ejemplar”
thumb image

Si el jueves pasado asistíamos al concierto de ex miembros de Suicidal Tendencies, o hace unos meses al de la escisión de los thrashers catalanes Legion, transformados ahora en Legion […]


thumb image
Neurosis
An Undying Love For a Burning World (2026)
thumb image
Mammon’s Throne
My Body To The Worms (2026)
thumb image
Chez Kane
Reckless (2026)
thumb image
Exodus
Goliath (2026)