


En el marco de la actualidad de Harakiri for the Sky y sus próximos conciertos en España, dialogamos con J.J., voz de la banda austríaca, sobre identidad, melancolía, evolución y los desafíos de girar en estos tiempos.
Harakiri for the Sky siempre se ha caracterizado por un delicado equilibrio entre la agresividad y la melancolía. ¿Cómo trabajáis internamente esa dualidad para no perder nunca la honestidad ni la intensidad?
Creo que es bastante fácil responder a eso porque lo tomamos tal y como viene. Escribo letras que surgen en el día a día, en un 99 % autobiográficas. Y lo mismo ocurre con la música. Matthias también tiene muchas influencias diferentes. Las influencias cambian, la vida sigue, y por eso no intentamos pisar siempre el mismo terreno. Seguimos el ritmo del tiempo.
Hay cierta negatividad en nuestras mentes que nunca desaparecerá, eso es seguro. Pero también te haces mayor y algunas cosas cambian. Estás creciendo constantemente, tanto a nivel personal como artístico.
¿Qué tipo de negatividad crees que seguirás teniendo?
Sí, soy una persona bastante melancólica. Siempre estoy luchando contra el paso del tiempo, la pérdida de personas, las relaciones rotas. Todo eso me sigue entristeciendo cuando mis amigos se separan o cuando algo termina.
Ser una persona melancólica es parte de mi vida. Además, hoy en día también soy más sensible al exterior, a cómo está cambiando el mundo. Es difícil mantenerse optimista.
No creo que antes todo fuera mejor, siempre han pasado cosas estúpidas. Pero hoy, con las redes sociales, nos bombardean constantemente con malas noticias. Cada vez que abres Instagram hay algo terrible ocurriendo en algún lugar. Esta época es bastante difícil.
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Entonces, podemos decir que la música y tus letras funcionan como una especie de catarsis.
Sí, creo que “catarsis” es una de las mejores palabras para describir cómo trabajamos y por qué seguimos haciéndolo después de tantos años. Lo necesitamos para mantenernos mentalmente sanos. La creatividad, hacer arte, escribir canciones y letras siempre ha sido una buena forma de canalizar todo eso, ya sea a nivel social o personal. Es bueno tener algo con lo que puedas procesarlo todo.
¿Solo canalizas eso a través de la música o haces alguna otra actividad para desconectar?
También tengo otra banda llamada Karg. Pero, en general, lo que más me gusta y lo que siempre me ha gustado es escribir letras. Creo que eso me acompañará hasta el final.
Mirando la discografía de Harakiri for the Sky, se percibe una clara evolución. ¿Hay algún álbum o periodo que consideres especialmente decisivo?
Cada álbum fue un paso importante. El periodo entre Aokigahara y III: Trauma fue clave porque ahí todo empezó a crecer y dimos muchos más conciertos.
A nivel lírico, creo que di un gran paso de III: Trauma a Arson. Empecé a escribir de una manera más poética, trabajando más con metáforas.
Pero, en general, tanto musical como líricamente, creo que Mӕre fue el paso más grande. Lo extraño es que escribí un álbum sobre una ruptura que todavía no había ocurrido. Sucedió después de que el álbum estuviera terminado. Todo pasó exactamente como lo había escrito, casi como una premonición. Por eso ese disco ocupa un lugar muy especial en mi corazón.
Dentro del black metal moderno, la banda ha construido una identidad muy distintiva. ¿Cómo vivís esa tensión entre respetar las raíces del género y traspasar sus límites?
Es muy fácil responder a eso: simplemente hacemos lo que nos gusta. Si un riff suena bien y encaja, lo usamos. No pensamos demasiado en las críticas.
Estamos abiertos a todas las influencias: indie, grunge, post metal. Matthias tiene raíces en el death metal melódico, como In Flames, luego vinieron bandas como Insomnium, Katatonia, más tarde Deftones o Alcest. Mezcla todo lo que escucha y el resultado es una canción de Harakiri for the Sky.
Creo que esa es la razón por la que nunca hemos hecho dos álbumes iguales. Siempre seguimos adelante.
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¿En qué dirección podría ir el nuevo material? ¿Qué estás escuchando ahora?
Escucho una mezcla enorme de cosas nuevas y antiguas. Me gusta mucho el nuevo disco de Walg, de Suiza. Tambien el ultimo de Agriculture. También escuché bastante Danzig, Dinosaur Jr., el nuevo Converge. 2025 fue un año increíble en cuanto a lanzamientos.
Me gustan mucho Yellow Eyes, una banda bastante abstracta de Nueva York, y Heretoir, de Alemania, que tocarán con nosotros en algunas fechas. Y una de mis bandas favoritas es Off the Wand & the Moon, de Dinamarca, muy minimalista y triste.
¿Te dejas llevar cuando escribes o piensas mucho la estructura?
Me dejo llevar completamente. No pienso demasiado en cómo debe empezar o terminar una canción. Eso viene con el proceso. No sigo reglas del tipo “si empieza suave debe terminar pesado”. Simplemente surge.
Hoy en día parece cada vez más difícil girar y mantener una banda. ¿Qué retos afrontas?
Desde la pandemia todo es más complicado. Antes la gente estaba más interesada en ir a conciertos. Ahora las preventas son fundamentales porque necesitas saber si es seguro hacer un show.
Todo es más caro, pero la gente no quiere pagar más por la música. Los costes suben, pero los ingresos para las bandas siguen siendo los mismos. Si no tienes una gran agencia, es casi imposible hacer giras grandes.
En Europa funciona relativamente bien, pero en Estados Unidos es casi como unas vacaciones muy caras. Es un sueño tocar allí, pero vuelves con menos dinero del que llevaste. Cuando tienes veinte años es una aventura; cuando tienes familia, lo piensas dos veces.
Aun así, seguimos siendo afortunados. Hemos tocado en países como Armenia, Kazajistán o Kirguistán. Nunca imaginé visitar esos lugares, y mucho menos tocar allí.
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En directo, la intensidad emocional es muy visible. ¿Qué querés provocar en el público?
Cada concierto es diferente. Yo me meto completamente en las canciones y a veces ni siquiera interactúo mucho con el público. Las letras son tan personales que cuando las canto vuelvo a sentir lo que sentía al escribirlas.
No todos los conciertos tienen la misma intensidad, porque no todos los días eres la misma persona. Pero siempre intentamos dar lo mejor.
Pronto tocaran en España. ¿Qué recuerdos tenéis del público español?
Sí, siento una conexión especial. Los españoles y los latinoamericanos tienen una mentalidad muy abierta y apasionada. Cuando tocamos allí sentimos que realmente aprecian que estemos, que no somos simplemente otra banda más.
En Estados Unidos puedes ser una entre mil bandas tocando cada noche. En el sur de Europa o en Sudamérica se siente diferente, como algo especial. Y eso es muy bonito.



En el marco de la actualidad de Harakiri for the Sky y sus próximos conciertos en España, dialogamos con J.J., voz de la banda austríaca, sobre identidad, melancolía, evolución y los desafíos de girar en estos tiempos.
Harakiri for the Sky siempre se ha caracterizado por un delicado equilibrio entre la agresividad y la melancolía. ¿Cómo trabajáis internamente esa dualidad para no perder nunca la honestidad ni la intensidad?
Creo que es bastante fácil responder a eso porque lo tomamos tal y como viene. Escribo letras que surgen en el día a día, en un 99 % autobiográficas. Y lo mismo ocurre con la música. Matthias también tiene muchas influencias diferentes. Las influencias cambian, la vida sigue, y por eso no intentamos pisar siempre el mismo terreno. Seguimos el ritmo del tiempo.
Hay cierta negatividad en nuestras mentes que nunca desaparecerá, eso es seguro. Pero también te haces mayor y algunas cosas cambian. Estás creciendo constantemente, tanto a nivel personal como artístico.
¿Qué tipo de negatividad crees que seguirás teniendo?
Sí, soy una persona bastante melancólica. Siempre estoy luchando contra el paso del tiempo, la pérdida de personas, las relaciones rotas. Todo eso me sigue entristeciendo cuando mis amigos se separan o cuando algo termina.
Ser una persona melancólica es parte de mi vida. Además, hoy en día también soy más sensible al exterior, a cómo está cambiando el mundo. Es difícil mantenerse optimista.
No creo que antes todo fuera mejor, siempre han pasado cosas estúpidas. Pero hoy, con las redes sociales, nos bombardean constantemente con malas noticias. Cada vez que abres Instagram hay algo terrible ocurriendo en algún lugar. Esta época es bastante difícil.
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Entonces, podemos decir que la música y tus letras funcionan como una especie de catarsis.
Sí, creo que “catarsis” es una de las mejores palabras para describir cómo trabajamos y por qué seguimos haciéndolo después de tantos años. Lo necesitamos para mantenernos mentalmente sanos. La creatividad, hacer arte, escribir canciones y letras siempre ha sido una buena forma de canalizar todo eso, ya sea a nivel social o personal. Es bueno tener algo con lo que puedas procesarlo todo.
¿Solo canalizas eso a través de la música o haces alguna otra actividad para desconectar?
También tengo otra banda llamada Karg. Pero, en general, lo que más me gusta y lo que siempre me ha gustado es escribir letras. Creo que eso me acompañará hasta el final.
Mirando la discografía de Harakiri for the Sky, se percibe una clara evolución. ¿Hay algún álbum o periodo que consideres especialmente decisivo?
Cada álbum fue un paso importante. El periodo entre Aokigahara y III: Trauma fue clave porque ahí todo empezó a crecer y dimos muchos más conciertos.
A nivel lírico, creo que di un gran paso de III: Trauma a Arson. Empecé a escribir de una manera más poética, trabajando más con metáforas.
Pero, en general, tanto musical como líricamente, creo que Mӕre fue el paso más grande. Lo extraño es que escribí un álbum sobre una ruptura que todavía no había ocurrido. Sucedió después de que el álbum estuviera terminado. Todo pasó exactamente como lo había escrito, casi como una premonición. Por eso ese disco ocupa un lugar muy especial en mi corazón.
Dentro del black metal moderno, la banda ha construido una identidad muy distintiva. ¿Cómo vivís esa tensión entre respetar las raíces del género y traspasar sus límites?
Es muy fácil responder a eso: simplemente hacemos lo que nos gusta. Si un riff suena bien y encaja, lo usamos. No pensamos demasiado en las críticas.
Estamos abiertos a todas las influencias: indie, grunge, post metal. Matthias tiene raíces en el death metal melódico, como In Flames, luego vinieron bandas como Insomnium, Katatonia, más tarde Deftones o Alcest. Mezcla todo lo que escucha y el resultado es una canción de Harakiri for the Sky.
Creo que esa es la razón por la que nunca hemos hecho dos álbumes iguales. Siempre seguimos adelante.
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¿En qué dirección podría ir el nuevo material? ¿Qué estás escuchando ahora?
Escucho una mezcla enorme de cosas nuevas y antiguas. Me gusta mucho el nuevo disco de Walg, de Suiza. Tambien el ultimo de Agriculture. También escuché bastante Danzig, Dinosaur Jr., el nuevo Converge. 2025 fue un año increíble en cuanto a lanzamientos.
Me gustan mucho Yellow Eyes, una banda bastante abstracta de Nueva York, y Heretoir, de Alemania, que tocarán con nosotros en algunas fechas. Y una de mis bandas favoritas es Off the Wand & the Moon, de Dinamarca, muy minimalista y triste.
¿Te dejas llevar cuando escribes o piensas mucho la estructura?
Me dejo llevar completamente. No pienso demasiado en cómo debe empezar o terminar una canción. Eso viene con el proceso. No sigo reglas del tipo “si empieza suave debe terminar pesado”. Simplemente surge.
Hoy en día parece cada vez más difícil girar y mantener una banda. ¿Qué retos afrontas?
Desde la pandemia todo es más complicado. Antes la gente estaba más interesada en ir a conciertos. Ahora las preventas son fundamentales porque necesitas saber si es seguro hacer un show.
Todo es más caro, pero la gente no quiere pagar más por la música. Los costes suben, pero los ingresos para las bandas siguen siendo los mismos. Si no tienes una gran agencia, es casi imposible hacer giras grandes.
En Europa funciona relativamente bien, pero en Estados Unidos es casi como unas vacaciones muy caras. Es un sueño tocar allí, pero vuelves con menos dinero del que llevaste. Cuando tienes veinte años es una aventura; cuando tienes familia, lo piensas dos veces.
Aun así, seguimos siendo afortunados. Hemos tocado en países como Armenia, Kazajistán o Kirguistán. Nunca imaginé visitar esos lugares, y mucho menos tocar allí.
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En directo, la intensidad emocional es muy visible. ¿Qué querés provocar en el público?
Cada concierto es diferente. Yo me meto completamente en las canciones y a veces ni siquiera interactúo mucho con el público. Las letras son tan personales que cuando las canto vuelvo a sentir lo que sentía al escribirlas.
No todos los conciertos tienen la misma intensidad, porque no todos los días eres la misma persona. Pero siempre intentamos dar lo mejor.
Pronto tocaran en España. ¿Qué recuerdos tenéis del público español?
Sí, siento una conexión especial. Los españoles y los latinoamericanos tienen una mentalidad muy abierta y apasionada. Cuando tocamos allí sentimos que realmente aprecian que estemos, que no somos simplemente otra banda más.
En Estados Unidos puedes ser una entre mil bandas tocando cada noche. En el sur de Europa o en Sudamérica se siente diferente, como algo especial. Y eso es muy bonito.







